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lunes, 10 de julio de 2017

Yubal Paz / Atentado




















Es fácil presentir al asesino. Mas esto:
contener la muerte, toda la muerte, desde
antes de la vida, tan dulcemente contenerla
y no ser malvado, esto es inefable.

Rainer Maria Rilke





Los alumnos me preguntan
qué pienso acerca del atentado.
Aún antes de poder decir
qué pienso acerca del atentado
comienzan los gritos: hay que matar.

Pienso que mis alumnos 
son como piedras, cuchillos, 
molotovs, cohetes, tiros:
no saben qué pensar acerca del atentado.

Después regresan con naturalidad
a la historia del olvido,
a la matemática de la negación

y a la sencilla agricultura
por goteo de sangre
para que brote y se enraíce el odio.



Traducción: Gerardo Lewin



Yubal Paz (1969) nació en Tel Aviv y es maestro de literatura en escuelas secundarias. Publicó en 2013 su poemario Deja en paz a los monstruos/Ten lamiflatzoth besheket. Publica artículos y reseñas en los suplementos culturales de distintos periódicos. (Traducción del texto de R. M. Rilke: Juan Rulfo).


viernes, 4 de julio de 2014

Naim Araidi / Les dejo la ira a otros





















Todos se asombran:
“¿No sientes enojo alguno?”
Respondo que – si alguna vez la tuve –
mi ira se fue hace tiempo 
de visita en ajenos sembradíos
donde plantó semillas muchas.
Algunas prosperaron
y engendraron espinas;
otras hubo que no lograron
adaptarse al clima.

Ahora descanso,
me tomo un tiempo hasta que el tiempo
se fatigue y se tome él, a su vez, un tiempo
y vuelta a empezar.
Esta noche he perdido algunas esperanzas,
innúmeras estrellas se precipitaron a tierra
y me siento bastante optimista.
Quizás mi enojo próximo, que se irá acumulando,
me permita desprenderme –
y sea él quien permanezca.




Traducción: Gerardo Lewin


Naim Araidi es poeta, traductor y profesor de literatura. De origen druso, escribe en árabe y en hebreo. Fue embajador israelí en Noruega. Obtuvo el Premio Primer Ministro de Literatura Hebrea, El Premio Senado de París y otros.

sábado, 18 de agosto de 2012

Meir Wieseltier / Soneto contra los que hablan en nombre de la sangre derramada



















Si algún día muriera por la bala asesina de un joven palestino
que cruzó la frontera norte o por la onda expansiva de una granada
o por la explosión de una bomba en el momento en que miraba vagamente
el precio del pepino en algún tenderete del mercado,

no os atreváis a decir que hallaréis en mi sangre razón alguna
para vuestros errores; que mis desencajados ojos os fortalecen
en vuestra ceguera; que mis desperdigados órganos confirman 
que con ellos es imposible dialogar con palabras o aspirar a un acuerdo;

que sólo es posible exterminarlos por las armas, 
en los sótanos de la tortura, sitiándolos, encarcelándolos, expulsándolos,
confiscando sus tierras, engañándolos, tratándolos con mano dura,
con la determinación que destruyó Gomorra y con la que combatimos a Amalec.

Ya fue absorbida la sangre en tierra derramada. La sangre es sangre, 
no palabras. Terrible – la ilusión del Reino en los obtusos corazones.



Traducción: Gerardo Lewin


viernes, 12 de junio de 2009

David Avidan / Mancha en el muro





























Alguien trató de quitar la mancha del muro.
Pero la mancha era demasiado oscura
(o por el contrario, demasiado clara).
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Le dije entonces a un pintor que lo pintara de verde
Pero la mancha era demasiado clara.
Contraté a un albañil para que le diera una mano de cal.
Pero la mancha era demasiado oscura.
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Tomé en ese momento un cuchillo de cocina
y traté de raspar la mancha del muro.
El cuchillo era dolorosamente agudo
(ayer nomás lo habían afilado)
y sin embargo. (*)
Empuñe un hacha y la descargué contra el muro.
Me detuve al instante.
No sé por qué pensé de pronto
que el muro podría derrumbarse
y aun así la mancha quedaría.
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.

Y cuando me pusieron contra el muro
pedí pararme junto a ella.
Saqué pecho tratando de ocultarla (quizás, quién sabe).
Cuando azotaron mi espalda brotó abundante sangre.

Disparos.

Y yo, que tanto creí que la sangre taparía la mancha.

Nueva carga de disparos.

Y yo, que tanto creí que la sangre taparía la mancha.
De un modo u otro, la mancha aún está en el muro.




Traducción: Gerardo Lewin

NT: En el poema aparecen algunas contracciones neológicas, características de la poética de Avidan, por ejemplo "ysinembargo". Al ser el mecanismo de contracción tan frecuente en hebreo y tan infrecuente en español, decidí no trasladar esos efectos.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Ayman Agbaria / ¿Por qué deberíamos enseñar a nuestros enemigos a criar palomas?






















¿Por qué entrenarlos en el arte de la dispersión de migas?
¿Por qué estamos tan decididos a mostrarles
cómo nuestros panes simpatizan con los picos?
¿Por qué deberíamos enseñar a nuestros enemigos a criar palomas?
Quizás
porque el pan es el nombre de Dios sobre la tierra
y subsiste, en la memoria de las palomas, un diluvio anterior.
No somos los últimos salvados
pero quizás nuestro enemigo nos rescate de sí mismo
si lograra comprender que somos dúo: muerto y asesino,
que somos dos en la arena sangrienta y que debemos aguardar
la salida del astro Tierra.
Quizás porque se dedica a hacer crecer nuestro odio
tras innecesarias barreras.
Cuánto nos odian las palomas a las que cebamos para comer.
Las criamos fuera de las jaulas
y aun así, su fascinación por el cuchillo las derrota.
Quizás cuando le enseñemos a esperar, como nosotros,
sabrá mejor cómo seducirnos
sin necesidad de cazarnos a distancia, con balas de plomo.
Sin temor, como palomas, nos acercaremos a él
y nos permitirá engordar de sus sobras,
nos obligará a andar en vez de volar
y fundará para nuestro beneficio
la República de las Gallinas.
Quizás
porque cuanto más se nos asemeja más odiamos a nuestro enemigo.
Quizás
porque la ironía es lo último que nos queda
antes de que todos nuestros chistes
terminen traducidos al hebreo.


Traducción (del hebreo): Gerardo Lewin, basada en la traducción del original (en árabe) de Boaz Rotam. Fuente: Revista DAKA, N°3, 2008.


Ayman Agbaria: Poeta y dramaturgo Palestino-Israeli, nacido en Umm Al-Fahm (Israel) el 27 de Mayo de 1968. Agbaria es el autor de la colección de poemas "Disperso... Por favor no me reúna" (árabe), publicada en Shfaamre (Israel) en 1997. Escribió también "El Autobús" (drama, 2003) y su última obra teatral ("El blanco del ojo", 2004), fue producida por el Teatro Almedan en Haifa en 2005. Sus poemas fueron traducidos al hebreo, ha aparecido en repetidas ocasiones en revistas literarias y recibió críticas muy favorables. (fuente: PIW)

viernes, 29 de agosto de 2008

Ilan Sheinfeld / Para dormir en paz necesito arrojar niños muertos de mi cama




















Un niño arrugado, de abultado vientre, yace sobre mi cama.
Sus ojos se derraman, lentamente, con una paz indescriptible.
Las moscas devoran la comisura de sus labios pálidos
y aterrizan en sus cabellos: pegoteados, revueltos, salvajes.

No es sencillo dormir junto a un niño muerto.

Un extranjero niño yace en mi cama;
hay acidez en el ambiente y avanzada pudrición.
Su sangre sobre mi colcha coagula en grandes manchas.

Es una pena arrojar a un niño muerto
para que lo devoren en las calles.
Pero ya es tarde, estoy cansado, necesito mi cama
y de ningún modo sería capaz de dormir
con un muerto, niño y extranjero,
en mis brazos.


Traducción: Gerardo Lewin


Ilan Sheinfeld: Nacido en 1960, tiene un segundo título en Literatura Hebrea de la Universidad de Tel Aviv. Ha dado lecciones en poesía en la Universidad de Tel Aviv y otras instituciones, desarrolló tareas de periodista cultural y coordina talleres de escritura. Se desempeñó como vocero del Teatro Kameri y de la Municipalidad de Tel Aviv. Ha fundado y actualmente dirige una empresa de relaciones públicas. Entre sus numerosas obras, publicó Historia de un anillo(Maasé be taba´at) acerca de la Zvi Migdal, la mafia de judíos polacos que dominó la prostitución en Buenos Aires y otras ciudades argentinas a principios del siglo XX. (fuente: shireshet/poetas israelíes y otros).

viernes, 30 de marzo de 2007

Agi Mishol / La jóven mártir

























"Oscurece, y tú tienes sólo veinte años." 


Nathan Alterman
Atardecer en el mercado




Sólo tienes veinte años

y tu primer embarazo es una bomba.
Bajo tu amplio vestido estás encinta de explosivos
y esquirlas de metal. Así paseas por el mercado,
un tictac entre la gente, tú, Andaleeb Takatkah.

Alguien cambió un tornillo en tu cabeza

y te envió a la ciudad.
Como provenías de Belén,
la casa del pan, elegiste una panadería.
Allí activaste algún
detonador interior
y, junto a los panes del sábado,
el sésamo y las semillas de amapola,
te elevaste al cielo.

Te fuiste junto con Rebeca Fink,

Ilena Konreeb del Cáucaso,
Nissim Cohen de Afganistán
y Suhila Houshy de Irán.
Y también con dos chinos que arrastraste
contigo a la muerte.

Desde entonces, otras cuestiones

ocultaron tu historia,
acerca de la cual hablo y hablo
sin tener, en realidad, nada para decir.


Traducción: Gerardo Lewin



Agi Mishol (Hungría, 1947) proviene de sobrevivientes del Holocausto. Doctorada en Literatura Hebrea. Su primer libro de poesía apareció en 1972. Co-ganadora de la primera edición del premio de poesía Iehuda Amichai en 2002, (y previamente de los premios Fundación Tel Aviv y Prime Minister’s Price). Es parte del concejo editorial de la revista de poesía Helicon. Libros publicados: Nanny y Nosotros Dos (1972); El Arañazo del Gato (1978); Gallop (1980); Agenda de Labranza (1986); El Fax de la Alondra (1991); La Planicie Interior (1995); El Cuaderno de los Sueños (2001).