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Martinez Assa Historia de Tabasco

Este documento describe brevemente la geografía y los ríos de Tabasco, incluyendo el Usumacinta y el Grijalva. También menciona que Tabasco tiene más agua que tierra y recibe grandes lluvias cada año. Finalmente, hace referencia a la importancia histórica de sus ríos para la comunicación y el transporte.

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Martinez Assa Historia de Tabasco

Este documento describe brevemente la geografía y los ríos de Tabasco, incluyendo el Usumacinta y el Grijalva. También menciona que Tabasco tiene más agua que tierra y recibe grandes lluvias cada año. Finalmente, hace referencia a la importancia histórica de sus ríos para la comunicación y el transporte.

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Comentario de la Obra

Breve historia de Tabasco es una reflexión madura sobre la historia de una entidad que posee
gran poder de atracción, "por el embrujo de sus pantanos, por la delicadeza de sus
comidas y por el trato llano, a veces desprendido, de quienes lo habitan". Su evolución data
de un largo e intenso proceso, desde que Juan de Grijalva descubrió la desembocadura del
río que hoy mantiene su nombre, hasta los acontecimientos más recientes.

La intención de este libro se orienta a interpretar las características de un territorio tan


peculiar por su situación geográfica —que lo mantuvo aislado del resto del país hasta bien
avanzado este siglo— así como a rescatar los elementos naturales, parte constitutiva de su
historia y estrechamente vinculados al transcurrir de la vida tabasqueña.

Esta Breve historia de Tabasco recoge nuevas evidencias sobre la Colonia, la Independencia
y la Revolución; sobre el comercio, la piratería y la cultura; sobre la economía y la política.
Sin duda la apertura de nuevos archivos y el trabajo sistemático para ordenar los existentes
han abierto una fuente inimaginable de posibilidades para escribir la historia apasionante de
este hermoso estado.

Cuatrocientos años de historia dibujaron con lentas pinceladas lo que hoy es el paisaje social
tabasqueño. Tierra de agua por sus abundantes recursos acuíferos, tierra de aire por el viento
de Sotavento, tierra de fuego por el petróleo y por las numerosas batallas que albergó. En
este libro el lector encontrará hecha realidad la frase de que "aquí las cosas suceden de otro
modo; y vislumbrará, a través de sus páginas, un futuro que llega a Tabasco —como a todo
México— precedido de fuertes transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales,
pero llenas de profunda esperanza.
Edición
Primera edición, 1996
D.R. © 1996, FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉRICAS
D.R. © 1996, EL COLEGIO DE MÉXICO
Camino al Ajusco, 20; Pedregal de Santa Teresa; 10740 México, D.F.
D.R. © 1996, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14200 México, D.F.
ISBN 968-16-4562-6
En la portada: "Muelle de San Juan Bautista",
Tabasco, grabado de Taylor (s.f), toma.do de
América pintoresca de Carlos Wiener et al.,
Barcelona, Montaner y Simón Editores, 1884.
Fotografía: Carlos Franco.
Dedicatoria
Para
ALONSO Y ORLANDO,
SOL, IAN Y RODRIGO
entre las raíces del bodhi y el flamboyán
Introducción

TABASCO ES UNA TIERRA ATRACTIVA por su historia tan particular, por sus
caudalosos ríos, por su abundante vegetación y porque, como dice el personaje de una
novela, "aquí las cosas suceden de otro modo". Su escenario es diferente porque tiene las
temperaturas más elevadas del país, las lluvias más torrenciales y las pasiones más
desbocadas. Hablar o escribir sobre ese estado es adentrarse también en el territorio de las
polémicas, y para argumentar en favor o en contra no hay como los nacidos con la marca
del Grijalva o del Usumacinta.

Pero ésta no es cualidad exclusiva de los tabasqueños, sino también de quienes hemos
intentado una explicación de lo acontecido en ese territorio, atraídos por el embrujo de sus
pantanos, por la delicadeza de sus comidas y por el trato llano, a veces desprendido, de
quienes lo habitan. Cuando en 1979 publiqué mi libro El laboratorio de la Revolución. El
Tabasco garridista, creí conjurada esa atracción; pero conforme recorría los caminos de este
extenso país volvía a encontrarme con el verdor de sus selvas, la extensión de sus aguas y el
ritmo de su poesía, y como Carlos Pellicer, su mayor exponente, en "el dolor nocturno de
algún buque lejano".

En estos 15 años muchas cosas pasaron, porque cada vez hubo mayor interés en su
territorio de más de 25 000 km², que atrajo a un ejército de especialistas, entre los cuales
destacaron los historiadores que se propusieron rescatar y ampliar el magnífico fresco que
ofrecía. Ahora existen nuevas evidencias sobre la Colonia, la Independencia y la
Revolución; sobre el comercio, la piratería y la cultura; sobre la economía y la política. La
apertura de nuevos archivos y el trabajo sistemático para ordenar los existentes ha abierto
una fuente inimaginable de posibilidades a profesionistas de todas las disciplinas, y no hay
que negar el interés de algunos gobernantes por ofrecer mayores incentivos a la cultura.

El problema mayor, sin embargo, ha sido escribir sobre un tiempo tan largo como los 500
años transcurridos entre la ya remota llegada de los españoles a la desembocadura del
Grijalva y el auge petrolero que tanto ha influido en su presente. Pensar desde la
perspectiva de la larga duración, de acuerdo con Fernand Braudel, no es fácil; menos
cuando se busca la globalidad y no sólo algún aspecto en particular. Sin embargo,
constantes como la búsqueda del equilibrio del hombre con el medio, la lucha por el poder,
las preocupaciones religiosas y la cultura me permitieron unir una serie de historias,
orientado por la metodología y las técnicas de investigación de la historia regional, puntal
de la nueva historia nacional que se construye.

Al mismo tiempo pienso que los elementos naturales son parte constitutiva de lo que debía
escribir, porque el agua, la tierra, el fuego y el aire están estrechamente vinculados al
transcurrir de la vida tabasqueña. Dice José Carlos Becerra:

Todos los ríos levantan su copa hacia las nubes


pidiendo que se las llenen de infinito
para beber lentamente sobre la sombra.
Ésta es tierra de agua por sus abundantes ríos, lagunas, albuferas, y por sus litorales del
golfo de México. Es una región de aire por el viento de sotavento que impide a las
embarcaciones su tranquilo navegar y que ha sido el responsable de numerosas catástrofes
naturales. Es tierra de fuego por las muchas batallas que albergó y por los mecheros de gas
que alumbran sus noches oscuras; lo es igualmente por lo religioso, pues con Lucas se
escucha decir: "He venido a traer el fuego sobre la tierra, y ¿cuál es mi deseo, sino que se
incendie?"

Siempre pensé que algún día escribiría otra vez sobre Tabasco, aunque no estaba seguro
cuándo. La oportunidad de volver como se vuelve al país natal me la dio la doctora Alicia
Hernández al invitarme al proyecto coordinado por el doctor Luis González para realizar
una serie de historias breves de los estados, en concertación con el Fondo de Cultura
Económica. Debo decir que mis reticencias estuvieron a punto de hacer naufragar tan
interesante propuesta, porque sabía del intenso trabajo realizado por numerosos
especialistas, jóvenes y no tanto, sobre Tabasco, y porque, además, no veía la posibilidad
de escribir sin hacer una consulta nueva e intensiva de los archivos.

El trabajo fue arduo, pero tuve la ventaja de contar con diversos apoyos. En principio con el
de los libros clásicos y los recientemente escritos, que ya suman una centena y que fueron
realizados por autores que me son cercanos. Muchos archivos pudieron ser consultados
gracias a la generosidad del maestro Samuel Rico, quien siempre me dio señales valiosas
sobre varias fuentes y en torno a las novedades editoriales. Por lo demás, sé que el equipo
formado por el maestro Carlos Ruiz Abreu todavía hará varios aportes a la historia
tabasqueña. Además conté con las valiosas orientaciones de los doctores Mario Humberto
Ruz, Jan de Vos y Enrique Canudas, quienes, en ocasiones sin saberlo, fueron mis
interlocutores a través de sus libros.

La localización y el ordenamiento de los documentos fue posible por la ayuda ardua del
maestro Rubén Pliego, quien me sostuvo con esa tarea día con día y me resolvió muchos
problemas, apoyado en parte por Rosa María Mendoza y Patricia Malca. Siempre encontré
en el doctor Manuel Miño la orientación debida para resolver varias cuestiones. El maestro
José Luis Barros, como director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede
México, me ofreció su hospitalidad para que pudiera dedicar varios de los meses del
periodo sabático que pasé allí en la realización de esta obra.

Ahora sólo espero que cuando el lector termine este libro entienda un poco más el devenir
de Tabasco y no tenga que decir con José Gorostiza:
Como se pierden las barcas
¡ay de mí!
como se pierden las nubes
y las barcas, me perdí.
I. EN EL PRINCIPIO

1. El territorio
ANCLADO EN LA REGIÓN SURESTE del país, Tabasco limita al norte con el golfo de
México, al este con Campeche y con la República de Guatemala; al sur continúa hasta
Chiapas y de nuevo con Guatemala, y al oeste con Veracruz. Su superficie es de 25 337
km2, y cuenta con más agua que tierra porque, aparte de los grandes ríos que la atraviesan,
recibe la precipitación pluvial más alta del país; en algunos lugares ésta rebasa los 3 000
mm anuales. Cuenta con 110 km de litorales, varias barras naturales y con los ríos
Usumacinta (El mono sagrado, al que dan origen los ríos Salinas y de la Pasión) y Grijalva
(nacido en Huehuetenango, Guatemala); también se le conoció con el nombre de
Mezcalapa en Guatemala y todavía en el siglo XVI seguía un curso distinto para
desembocar en el mar por el tramo que luego se llamó Río Seco. El primero, navegable en
400 km de su recorrido, hizo posible la comunicación expedita de los tabasqueños con
Guatemala. Por su parte, el río Grijalva, además de ser el primer medio de comunicación
utilizado por los españoles para sus campañas de conquista, en su tránsito navegable de 117
km unió a nueve de los 17 municipios en que más tarde se dividiría el estado. Existen
también los ríos San Pedro y San Pablo, Macuspana o Puxcatán, Chilapa y Chilapilla,
Tacotalpa o de la Sierra, Puyacatengo, Teapa, Pichucalco o Oxtacomitán, Carrizal y
Samaria. En su libro Oro verde. La conquista de la selva lacandona por los madereros
tabasqueños 1822-1949, Jan de Vos cuenta:

Por los ríos, sobre todo el Usumacinta, el Grijalva y el Mezcalapa, se erigió, majestuosa,
una cultura fluvial que se deslizó durante muchos años en pequeños barcos. Las
embarcaciones fueron aparición y promesa, ilusión y desencanto; llevaban la vida y los
sueños de los tabasqueños.

El clima tabasqueño es tropical húmedo, y sus suelos, compuestos de llanuras de aluvión,


dan origen a las selvas y a las sabanas; su flora y fauna pertenecen a la rica variedad que
propician las selvas tropicales; a éstas cantó el poeta tabasqueño Carlos Pellicer:
Pudrió el tiempo los años que en las selvas pululan.
Yo era un gran árbol tropical.

En mi cabeza tuve pájaros;


sobre mis piernas un jaguar.
Se aceptó dividir al estado en cuatro regiones, tanto por fines geoeconómicos como
administrativos:

a) Los ríos, que incluye los municipios de Tenosique, Balancán, Emiliano Zapata (antes
Montecristo), Jonuta y Centla
b) la sierra, compuesta por Teapa, Tacotalpa, Jalapa y Macuspana;
c) el centro, donde se ubica la capital, Villahermosa; y
d) la Chontalpa, formada por los municipios de Huimanguillo, Cárdenas, Cunduacán,
Nacajuca, Jalpa, Paraíso y Comalcalco.
La importancia que han tenido estas regiones para Tabasco puede entenderse en función de
sus dimensiones; las más grandes son la de los ríos y la de la Chontalpa con 10 426.61 y 8
407.74 km², respectivamente, mientras que la de la sierra cuenta con un territorio de 4
060.77, y la del centro con apenas 1 765.88 km².

La agricultura cacaotera y cafetalera de exportación se practicó en la región de la


Chontalpa, y en la de los ríos surgió el gran negocio de las monterías y la ganadería. Fueron
históricamente las regiones con mayor rivalidad por haber sido las más ricas y porque la
capital estuvo en poder de algún grupo influyente o aliado con los notables de esas
regiones. La historia que se construía tuvo por lo general alguna de ellas como escenario.

En sus orígenes, Tabasco reconocía como límites coloniales el desierto del Petén, que
colindaba en un mismo punto con el estado de Chiapas y la República de Centro-América,
y a partir de allí, entre los 16 y 17 grados de latitud norte, encerraba todo el distrito de
Ahualulcos (Huimanguillo), como lo había sugerido el padre José Eduardo de Cárdenas;
luego se dirigía sobre la barra de Tonalá, y desde este punto, por toda la costa, tocaba en
punta a Xicalango, desde donde descendía por las márgenes antiguas del río de la
Conquista hasta tocar otra vez los campos del Petén.

Hasta 1743, los tabasqueños poseyeron una parte del sureste del estado de Chiapas, que
perdieron luego de la sublevación de los indios tzeltales. Antes habían entrado en esa parte
del territorio para ayudar a la pacificación; pero en virtud de que muchos de los sublevados
huyeron a las montañas llamadas Bulujíes, construyeron allí sus viviendas y atrajeron con
el tiempo a los habitantes de los pueblos abandonados para formar las rancherías llamadas
Bulují y Chinal, apropiadas por Chiapas porque sus pobladores vinieron a posesionarse de
esos terrenos.

Las frecuentes incursiones de los piratas que penetraban por el río de Dos Bocas (Río
Seco), en la Chontalpa, auspiciaron su desvío para darle impulso más abajo de
Huimanguillo para hacerlo entrar en el álveo que hoy recorre con el nombre del Mezcalapa,
y desde Villahermosa con el de Grijalva.

Los cambios en la población tabasqueña habían sido considerables, aunque no se


comparaban con los de otros centros importantes de la Colonia. En 1794 Tabasco tenía dos
villas, 53 pueblos, 200 haciendas y 6 767 ranchos; la población de las concentraciones más
importantes se distribuía de la siguiente manera: Villahermosa tenía 2 700 habitantes,
Cunduacán 2 626, Tacotalpa 2 029, Teapa 2 877 y Nacajuca 1 380. Sin embargo, de
acuerdo con el patrón indígena de poblamiento, había una fuerte dispersión, como lo hizo
notar el padre De Cárdenas:

muchos infelices por allá arman sus tristes chozas en sitios remotos de los pueblos,
viviendo en la mayor miseria y casi desnudos. Estas gentes, ni asisten a la celebridad de los
días festivos, ni cumplen con la confesión y comunión pascual, carecen de enseñanza, y en
dos palabras, pasan su vida sin ley, ni rey...

La situación era todavía más difícil porque, además, se trataba de fronteras muy movedizas
que muchas veces fueron fijadas por el curso de los ríos. Pero en la época colonial el trazo
de Tabasco era muy parecido al de la actualidad, aun cuando perdió la rica región de los
ahualulcos, la península de Atasta y la Laguna de Términos. Desde luego el Imperio
español intentó crear jurisdicciones y límites que le permitieran una administración
coherente, pero esto no fue completamente posible. Desde 1529 hasta 1787 Tabasco y
Chiapas dependieron por periodos de Guazacualco, de la Intendencia de Yucatán, de la
Capitanía de Guatemala y de la capital de la Nueva España. La provincia llegó a estar
dividida, según el mismo De Cárdenas, en "... 9 partidos y 9 curatos, cuyas cabeceras eran:
Tacotalpa, Villahermosa, Teapa, Jalapa, Cunduacán, Jalupa, Nacajuca, Macuspana y
Usumacinta, con 55 pueblos en total". Sin embargo, esta versión contrasta con la siguiente,
aunque probablemente expresa para este caso los sentimientos de una época:
Además en épocas más recientes, el año de 1817, el Contador de indios D. Marcos Riveyro
emprendió por orden superior el empadronamiento de todos los indios y castas de la
provincia, y empezando por Palizada y llegó hasta Sabancuy, con excepción de la Isla del
Carmen, presidio en aquel tiempo. Estos mismos son los linderos que se señalaron a
Tabasco, por el Art. lº y más expresamente en la última parte del Art. 7º de la Acta
Constitutiva de la Nación de 1824, y solamente la punible apatía de los gobernantes desde
esa época, ha podido permitir que el Estado se desmembrase hasta quedar reducido a su
casi nulidad actual.

Por fin, para dar la última prueba conveniente de que el territorio de este Estado ha sido
cercenado por todas partes, véase su censo de 1811 que arrojaba sesenta mil habitantes.
Pues bien, si seguimos los cálculos de Euler, en razón de una tercera parte anual de que en
los 45 años corridos, la población de Tabasco debía estar con mucho duplicada; siendo así
que por los últimos empadronamientos se ha hecho subir y con esfuerzos la población a 75
000 habitantes. (Palacio del Gobierno de Tabasco, en San Juan Bautista, a los 4 días del
mes de junio de 1856. Señor José Víctor Jiménez.- Lic. José Manuel Puig, secretario).
La cuestión de los límites siempre preocupó a los tabasqueños. Con los avatares que trajo el
siglo XIX era importante deslindar lo que pertenecía a su estado y las fronteras con
Veracruz, Chiapas, Campeche y Yucatán. Su territorio, después de innumerables
peripecias, se organizó en tres departamentos que se denominaron de la Capital, de la Sierra
y de la Chontalpa, de acuerdo con el decreto del Congreso Constituyente del Estado de
Tabasco del 25 de marzo de 1825, y quedaba de la siguiente manera:

Artículo 1º
Departamento de la Capital
Total de almas 17 646
Cabecera del Departamento: Villahermosa y sus adyacentes 4 821
Atasta 1 073
Tamulté 1 265
San Francisco - Estancia Vieja 0 087
San Fernando de la Victoria 0 863
Jonuta 1 282
Usumacinta y sus adyacentes 0 830
Tenosique 0 485
Kanisán 0 076
Estapilla 0 124
Balancán 1 066
Nacajuca y sus adyacentes 1 990
Tucta 0 089
Mazateupa 0 400
Tapotzingo 0 077
Guaitalpa 0 445
Tecoluta 0 262
Guatacalca 0 142
Amatitán 0 561
Oxiacaque 0 180
Pueblo Nuevo - Ocuiltzapotlán 0 336
Tamulté de la Sabana 1 192
Artículo 2º
Departamento de la Sierra
Total de almas 20 412
Cabecera del Departamento: Teapa y su adyacente Tecomaxiaca 5 802
Tacotalpa y sus adyacentes 3 493
Tapijulapa 1 414
Ocsolotán 0 233
Puscatán 0 283
Jalapa y sus adyacentes 1 463
Jahuacapa 0 527
Astapa 0 624
Cacaos 1 006
Pueblo Nuevo o Oxiacaque 0 953
Macuspana y sus adyacentes 1 984
San Carlos 0 765
San Fernando 0 569
Tepetitán 1 536
Artículo 3º
Departamento de la Chontalpa
Total de almas 16 774
Cabecera del Departamento: Cunduacán y sus adyacentes 4 995
Pechucalco 0 363
Huaymango 0 886
Cúlico 0 212
Boquiapa 0 378
Anta 0 144
San Antonio 3 099
Jalpa y sus adyacentes 2 201
Jalupa 0 477
Soyataco 0 173
Mecoacan 0 444
Ayapa 0 295
Yquinapa 0 097
Amatitán 0 090
Chichicapa 2 196
Cupilco 0 656
Tecoluta de las montañas 0 158
TOTAL DE ALMAS..... 54 832
No obstante esa división, contenida en los documentos del ramo Gobernación del Archivo
General de la Nación, se promulgaron varios decretos en los que se llamaba a los
inconformes a que expusieran sus diferencias. Previendo los cuestionamientos, el Congreso
estatal estableció que a cada pueblo se le otorgaran "por cada rumbo mil varas de tierra en
circunferencias", y aclaró que en caso de que ésta resultara titulada por el gobierno español,
poseída desde diez años atrás o afectada por tocar el territorio del pueblo vecino, sería
repuesta por otros terrenos. Según el decreto del 5 de septiembre de 1825, la porción de
tierra destinada al servicio del pueblo "no podrá venderse o señalarse en dominio o
propiedad particular por ningún titular, y solo la parte ocupada en labor permanente o que
en lo sucesivo se ocupare podrá arrendarla el Ayuntamiento o Junta de Policía".

El 15 de julio de 1854, por un decreto del general Santa Anna, se le arrebató a Tabasco casi
todo el partido del Usumacinta y el territorio de nueva creación de la isla del Carmen,
donde los tabasqueños habían expulsado desde 1765 y 1770 a los piratas ingleses. Ya el
diputado De Cárdenas había insistido, años atrás, en las Cortes de Cádiz, respecto al
problema que significaban los difíciles e insuperables linderos y reclamaba que fuera
devuelto lo que la tradición le concedía a Tabasco.

Sus fronteras se fueron dibujando con el transcurrir de los años y de los ríos, razón por la
cual tiene más agua que tierra. Todo parece indicar que el peso de la geografía se impuso
sobre la política; todavía en 1886 no se definía oficialmente si los ríos de Lacantún, Chixoy
y Pasión pertenecían a México o a Guatemala. Esta indefinición de fronteras favoreció a
quienes se dedicaron al lucrativo negocio de las maderas en las monterías que se
establecieron en esa área recóndita para dar origen a las fortunas más grandes de la época
en Tabasco.

Con los años se fue aceptando la división departamental del periodo centralista, que
señalaba con precisión las regiones conformadas y que integrarían el estado de Tabasco,
aun cuando su posterior definición incluyó algunos lugares y villas que no aparecían en
aquella división. Tal es el caso de Huimanguillo, que perteneció a Veracruz, aunque su
acontecer afectaba más a Tabasco. Un ejemplo de lo contrario fue la isla del Carmen: no
obstante que en ella funcionaba una prisión administrada por los tabasqueños, desde donde
hicieron frente a las invasiones piratas, pasó a formar parte del estado de Campeche cuando
éste fue creado, luego del fraccionamiento de Yucatán.

2. La conquista y la formación del Tabasco colonial


El área maya había conocido un florecimiento cultural importante desde el año 300 hasta el
900 d.C., pero su repercusión no fue homogénea; algunas regiones participaron de ese
desarrollo clásico, vinculado a la influencia de Teotihuacan, de manera tangencial. En lo
que es hoy territorio tabasqueño se distinguieron los chontales, un pueblo maya con fuerte
influencia nahua y compuesto por excelentes navegantes marítimos, habilidad que les
permitió controlar el comercio costero alrededor de la península de Yucatán. Las continuas
incursiones de los guerreros nahuas, sin embargo, debilitaron la integración de la zona, de
tal forma que los chontales fueron fácilmente dominados por los toltecas y después por los
itzaes. Jan de Vos, en Las fronteras de la frontera sur, resume bien ese itinerario y señala
que de la "antigua tradición maya apenas sobrevivía, bajo una capa de costumbres ajenas",
una cultura mixta.
El 8 de junio "del año del Señor de 1518", los conquistadores españoles llegaron a la
entrada de un gran río por la que éste desembocaba desde el continente. Debido a la gran
potencia de su afluente no pudieron anclar en la desembocadura. Le llamaron Grijalva,
como el apellido del capitán, de nombre Juan, que dirigió esa expedición que los llevó de la
isla de Cuba a Cozumel, luego a Champotón y, rodeando la bahía, a Puerto Deseado, hasta
llegar a esa región "...tan fértil y atractiva que todos decidimos establecer nuestras casas en
aquel lugar". Según fray Juan de Torquemada en su Monarquía indiana, los naturales
designaban a ese río como Tabasco, nombre que, de acuerdo con Bernal Díaz del Castillo
en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, correspondía al del cacique de
aquel lugar.
El 12 de marzo del año de 1519, "del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo", según los
cronistas, cuando su Iglesia era gobernada por el sumo pontificado de Roma, el papa León
X, y era monarca de los príncipes cristianos el muy católico emperador don Carlos V de las
Españas, el famosísimo y venturosísimo capitán don Hernán Cortés desembarcó con toda
su armada en la desembocadura del río Grijalva. Dejó los navíos mayores en el mar, y en
los pequeños bateles sus hombres fueron a desembarcar en los Palmares.
Entre los manglares, los habitantes de esa región, montados en sus canoas, no daban
indicios de hospitalidad y ya le habían pedido a Juan de Grijalva, un año atrás, que se
retirara de sus dominios. Cortés decidió emprender el ataque frente a lo que parecía una
muy fuerte resistencia, que los cronistas han considerado compuesta por miles de hombres.
Es de suponer que los caballos, tan desconocidos por los indios como las ballestas que
escupían fuego, tuvieron en ellos efectos desalentadores. Los españoles se habían
consolado durante la guerra con los gritos de "Santiago y San Pedro", y cuando terminó el
enfrentamiento declaraban: "...el cielo debe haber peleado por nuestra parte, puesto que
nuestra fuerza nunca podía haber prevalecido contra tal multitud de enemigos", según contó
William H. Prescott en Historia de la conquista de México.
Con esa batalla Cortés abrió la puerta a la evangelización del nuevo mundo para que "...se
restaurase y recompensase la Iglesia católica con conversión de muchas ánimas, la pérdida
y daño grande que el maldito Lutero había de causar en la misma sazón y tiempo en la
antigua cristiandad", decía fray Gerónimo de Mendieta en su Historia eclesiástica indiana a
finales del siglo XVI.
Fiel al mandato de la Iglesia, Cortés hizo llamar al lugar de la batalla Santa María de la
Victoria "para dar gracias a Dios y a su bendita madre"; tiempo después sería en las
inmediaciones de ese lugar donde se constituyó la capital de la provincia, muy próxima
probablemente a aquella ciudad que deslumbró a Pedro Mártir, según su relato en Décadas
del nuevo mundo:
Cuentan que a la orilla del río se extiende una ciudad tan grande que no me atrevo a decirlo.
El piloto Alaminos asegura que tiene legua y media y 25 mil casas [...] Sus casas, muy bien
construidas de piedras y cal con arte arquitectónico, están separadas por huertos. Súbese a
sus habitaciones por diez o doce escalones. A nadie le está permitido cargar con vigas o
maderos el muro de su vecino. Están los edificios todos separados entre sí por un espacio
de tres pies, y, en su mayoría, cubiertos de paja, cañas u ovas palustres, aunque muchas
exhiben losas de piedra.
No se sabe a ciencia cierta qué contempló el cronista; pudo ser Comalcalco aunque sus
construcciones son de ladrillo, en virtud de la dificultad que significaba localizar piedra en
la región. Los conquistadores coincidieron en destacar la fertilidad y riqueza de las tierras
de Tabasco, más que las fabulosas ciudades encontradas. La región resultó todavía más
importante porque allí le fue presentada a Cortés la Malinche, que después sería bautizada
con el nombre de doña Marina. Nativa de Guazacualco, hablaba nahua, pero además
conocía el maya, lengua que también entendía Jerónimo de Aguilar, quien transmitía a doña
Marina los deseos de Cortés para que los comunicara a los nativos. De esa forma, los
conquistadores entraron en relación directa con las dos lenguas más extendidas en México.
La estancia de los españoles en Tabasco fue definitiva para la evangelización, porque allí se
asentó su primera ciudad y porque a partir de su conquista se les abrieron las puertas de los
nuevos territorios, aunque difícilmente entendieron las diferencias que existían entre un
pueblo y otro, porque cuando llegaron a América ésta era un crisol de civilizaciones, y
Tabasco no era sino una muestra de esa diversidad.
La geografía histórica está llena de cambios, y la extensa zona sur y sureste del país estuvo
expuesta a ellos. Aunque identificada con la cultura maya, ésta adquirió varios elementos
de la vecina cultura olmeca, considerada la cultura madre por ser la primera de
Mesoamérica. Más tarde sufrió también la influencia de los toltecas, hasta que la región fue
ocupada militarmente por los hablantes del nahua, quienes con el tiempo adquirieron el
idioma y las costumbres de los súbditos. Por esta razón, a la llegada de los españoles la
lengua maya se hablaba en una zona muy extendida, que abarcaba desde Comalcalco hasta
el Petén.
Ese gran territorio debió de haber conformado una sola provincia de acuerdo con sus rasgos
culturales, pero fue fragmentándose hasta quedar dividido, ya en la época colonial, en dos
grandes zonas: "la que caía bajo el control del gobierno español y la que escapaba a dicho
control", según el mismo Jan de Vos.

3. Los efectos del contacto con los españoles


Los efectos de la conquista fueron complejos y afectaron lo más profundo de una
civilización que ya tenía varías fisuras, porque incluso el dominio teocrático en la región ya
no era tan fuerte. En su libro Un rostro encubierto: los indios del Tabasco colonial, Mario
Humberto Ruz cuenta: "El mundo de las canoas y el comercio comenzó a desmoronarse, y
con él buena parte de la economía de Tabasco, que después de ser tenida por provincia rica
incluso en el lejano Tenochtitlan, pasó a ocupar durante la época colonial el rango de las
regiones pobres y despreciables". Contribuyeron a ello las pestes y enfermedades que
diezmaron a los indios, así como las dificultades propias de un territorio pantanoso, lleno de
selvas y de ríos que lo hacían de muy difícil tránsito. A la accidentada orografía del terreno,
lo malsano del clima, la pobreza de la zona y la mortandad indígena, se sumó la
arbitrariedad de las autoridades.
La mayoría de los pueblos y villas de los españoles fueron establecidos en las riberas de los
ríos, como San Juan Bautista —a la que Felipe II le dio el título de Villahermosa a finales
del siglo XVI—, Tacotalpa, Teapa, Jalpa, Cunduacán, Jonuta, Nacajuca, Macuspana y
Oxolotán.
La mayor parte de esta jurisdicción ocupó la zona oriente de Veracruz y el occidente de
Tabasco; es una llanura ancha extendida desde la costa del Golfo hacia el sur hasta la mitad
del Istmo de Tehuantepec:
Las abundantísimas lluvias que caen durante todo el año alimentan numerosos ríos (los más
grandes son el Coatzacoalcos, el Mezcalapa o Grijalva y el Tonalá) que corren hacia el
Golfo e inundan las tierras más bajas durante el verano. Las partes más altas están cubiertas
por una densa selva lluviosa.
Al contrario de la acogida que los españoles tuvieron en otros lugares, en Tabasco los
flechadores hicieron blanco en ellos a lo largo del avance de los conquistadores por el
territorio. Hubo batallas feroces, entre las que destacó la de Centla. La resistencia en la
región fue muy fuerte por parte de algunos pueblos, como el de los nahuas de Cimatán, los
chontales de Potonchán o los zoques de la sierra, quienes se rebelaron en diferentes
momentos, aunque los de Xicalango y los chontales de Acalán habían dado su apoyo
moderado a los intrusos.
La pérdida de población natural en la provincia fue tan grande que en sólo 56 años ésta
disminuyó 94.68%. Se calcula que cuando los españoles comenzaron a recorrer sus aguas y
a poblar sus escasas tierras habría entre 160 000 y 185 000 indios, de los cuales sólo
quedaban 8 766 en 1579, según las aproximaciones de Ciprián Cabrera Bernart en La
población de Tabasco durante la Colonia. En el sureste, que incluía Tabasco, Chiapas,
Soconusco y Yucatán, la población pasó de 1 700 000 personas en 1521 a apenas 400 000
en 1550. Su reducción fue de más de 75%, de acuerdo con Peter Gerhard en su libro
Geografía histórica de la Nueva España 1519-1821.
El famoso puerto prehispánico de Xicalango ejemplifica el sufrimiento y las consecuencias
de la sobreexplotación del indio. Despoblado a raíz de estas vejaciones y de las epidemias
de viruela que se presentaron de 1519 a 1520, desapareció alrededor de 1574; el mar borró
incluso todo vestigio de su existencia. Es muy probable que hubiese sucedido lo mismo con
otros poblados como Tixchel, que desapareció del mapa, y Cunduacán, que se hundió, por
lo que fue cambiado el sitio de su asentamiento original.

4. Los ejes de la colonia en Tabasco


Los indios que sobrevivieron al primer encuentro y no huyeron de Tabasco se convirtieron
en tributarios, y los españoles buscaron acoplarlos a las instituciones de gobierno que se
iban creando, como las alcaldías mayores y las regidurías, que no resultaron comprensibles
para los indios, quienes pasaron a constituir un grupo subordinado. A pesar de las órdenes
de la Corona de disminuir los tributos, los pueblos contribuían con cacao en almendra —
grano muy preciado en la cultura prehispánica, y del que Tabasco era el principal
productor— un hogar producía en 1541 entre 4 000 y 8 000 almendras, además de maíz,
miel, chile, frijol y mantas; todos ellos productos con valor de cambio desde tiempos
inmemoriales.
La encomienda fue el medio utilizado por los españoles para subordinar a los diferentes
pueblos que, pese a las resistencias, eran articulados mediante esa forma de dominio.
Probablemente, como en el resto de la Nueva España, el virrey Antonio de Mendoza envió
en 1542 desde la ciudad de México a un alcalde ordinario con funciones de visitador a la
provincia de Tabasco para investigar lo concerniente a los tributos y al trato que recibían
los indios de encomenderos, corregidores y calpixques. Como un ejemplo de las reacciones
posteriores ante los procedimientos de los españoles con autoridad, Francisco de Montejo
fue despojado de la alcaldía mayor de Tabasco por una orden real, según cuenta Mario
Humberto Ruz.
La conquista y posterior colonización tuvo una justificación religiosa, y con seguridad
muchos españoles actuaron convencidos de que ése era el único fin; para los cronistas, se
trataba de llevar a los indios la santa fe católica y la doctrina cristiana. Algunos de ellos,
por vistas o por intersección de terceros, escribieron sobre los sacrificios humanos y la
idolatría. Poco se sabe del panteón de los chontales, y casi nada del de los zoques y nahuas
de la región. Los rasgos del panteón mesoamericano, sin embargo, estuvieron presentes en
la adoración a Kukulkán-Quetzalcóatl. Ídolos de barro y piedra que nombraban
chalchihuites, según los cronistas, eran deidades del sol, del viento, del maíz. Los
adoratorios de piedra y los vestigios de sacrificios humanos dieron lugar a toda suerte de
fantasías.
Como la luz del cristianismo difícilmente penetraba en las tierras descubiertas, Cortés se
propuso, según Francisco Javier Clavijero, "...separar a los nativos de su grosera idolatría y
sustituir una forma más pura de culto. Para conseguirlo, estaba dispuesto a usar de la fuerza
si las medidas suaves eran ineficaces. Sabía que nada deseaban los soberanos españoles
más ardientemente que la conversión de los indios". Según los cronistas, ésas eran las
devotas intenciones caballerescas de los conquistadores. Sus creencias los llevarían a
emprender una nueva cruzada para sembrar la semilla de la verdadera fe. Para el mismo
historiador:
La religión católica, debe confesarse, tiene algunas ventajas decididas sobre la protestante
para el fin de hacer prosélitos. La deslumbrante pompa de sus ceremonias, y su patética
interpretación a la sensibilidad, afectan la imaginación del rudo hijo de la naturaleza más
intensamente que las frías abstracciones del protestantismo, que dirigiéndose sólo a la
razón, exigen un grado de refinamiento y cultura mental en el auditorio para
comprenderlas.
Asimilar lo nuevo sobre lo viejo fue una de las estrategias puestas en práctica por los
conquistadores desde que, asombrados, encontraron que los indios adoraban un emblema
en forma de cruz, que simbolizaba al dios de la lluvia. Sobre esa adoración y la mitología
del benéfico Quetzalcóatl harían recaer la advocación a la Virgen y al Redentor. Pero la
consigna de "a sangre y fuego" prevaleció en los hechos. Luego de la batalla de Centla,
Cortés instruyó a Jerónimo de Aguilar para que hablara en contra de la idolatría y de los
sacrificios humanos; así, mientras se destruían los ídolos del templo mayor de Potonchán,
De Aguilar predicaba las bondades del catolicismo.
En 1527 el obispado de la región, con sede en Yucatán, incluyó a Tabasco, así como la
parte que abarca desde el río Grijalva hasta Chiapas; en 1539, al crearse la diócesis de ese
lugar, la provincia tabasqueña pasó entonces a formar parte de ella. En los años previos
algunos franciscanos pasaron por la región predicando desde Guazacualco y Santa María de
la Victoria hasta Xicalango, pero el territorio sería de los dominicos, quienes realizaron una
ofensiva evangelizadora. Esto se debió, en parte, a la influencia que fray Bartolomé de las
Casas tenía sobre el rey y su Consejo de Indias en España. A su paso como obispo a Ciudad
Real en 1545, Las Casas visitó Tabasco y tuvo muy buena impresión, porque ya había
rituales católicos entre los indios, la mayoría de los cuales estaba bautizada. Su obispado
incluyó además Soconusco, Tezulutlán y Yucatán, extensión que mantuvo hasta 1562.
Las Casas logró neutralizar la influencia de Montejo en la región, pero la evangelización
sufrió serios tropiezos por la resistencia que manifestaron los indios durante un largo
periodo; superficialmente se definían como católicos, pero en sus prácticas privadas
adoraban a las deidades prehispánicas, que mantuvieron ocultas, e incluso algunos de ellos
huyeron a resguardarse con sus ídolos en los bosques y en las selvas.
El ordenamiento civil, por su parte, no lograba prosperar, porque Tabasco inicialmente fue
ligado a la Nueva España, junto con Yucatán y Cozumel, luego a la Audiencia de los
Confines en 1543, y alternadamente perteneció a Guatemala y a México. La Audiencia de
la Nueva España asumió finalmente, en 1560, la jurisdicción definitiva sobre Yucatán,
Tabasco y Cozumel.
Un hecho importante que ejemplifica la oposición entre el poder civil y el eclesiástico se
presentó en 1620, cuando el alcalde mayor propuso el traslado de Santa María de la
Victoria. Para ello era necesaria la mudanza de españoles, indios y mulatos de la villa a San
Juan, que asumiría el nombre de Santa María de la Victoria la Nueva, para evitar que
cayera en el olvido el nombre de la primera ciudad española en Tabasco. Pero el obispo de
Yucatán, Gonzalo de Salazar, después de escuchar las inconformidades, decidió
inmiscuirse en la esfera de lo civil y desobedecer el mandato del virrey, por lo que el
traslado acontecería varios años después. En el cambio de ubicación influyó de manera
determinante el asedio constante de los piratas quienes atacaron el lugar en varias ocasiones
a partir de 1600, y aunque continuaron sus hostilidades durante muchos años, el devastador
ataque del 24 de febrero de 1665, como cuenta Mario Humberto Ruz, fue decisivo para el
cambio:
En 1666 se trasladó la capital de la provincia a Tacotalpa de la Real Corona, pueblo indio
cuyo florecimiento provocó que los españoles intentaran enseñorearse con él: ya no se
conformaban con avecindarse en las comunidades indígenas o cerca de ellas para mejor
explotarlas.
El gobernador, los regidores y el común del pueblo apelaron en 1678 a la Audiencia para
que invalidase los autos del alcalde mayor, don Diego de Loyola, interesado desde hacía
varios años en transformar el pueblo en una villa española, cabecera de los poderes locales,
y amparase "en la posesión" de su pueblo obligando al alcalde a mantener los poderes en la
villa vieja llamada Villahermosa.
No obstante, el procedimiento fue finalmente detenido por no convenir a los interesados
que pretendían conservar sus prebendas, como tierras, iglesia y pueblos sujetos.
En cuanto a los edificios del culto católico no se había avanzado gran cosa, porque eran
construidos con materiales efímeros de esa región que el clima y las intensas lluvias
destruían con facilidad.
En un territorio como ése pocas acciones podía desarrollar el Santo Oficio, pero lo que
pudo hacer lo hizo, y en la mayoría de los casos asumió el papel tanto de vigilante de la
preservación de las buenas costumbres como de defensor abierto de la población; así,
cuando los frailes no ejercieron la protección de los indios sino que, por el contrario,
aprovecharon su situación para instigar a la feligresía a la concupiscencia, fueron
perseguidos.
En 1568 se tiene noticia del proceso contra un fraile franciscano por proferir palabras
heréticas en sus sermones pronunciados en la villa de Santa María de la Victoria. Por los
procedimientos seguidos, este caso parece haberse derivado de las pugnas que tenían lugar
en toda la Nueva España entre el clero regular y el secular. Los juicios contra clérigos y
frailes continuaron, así como contra autoridades civiles, como alcaldes y miembros de la
milicia; contra encomenderos que maltrataban a los indios o contra quienes los incitaban a
ingerir bebidas embriagantes.

5. Destrucción de ídolos y acciones inquisitoriales


Como la población había sido sometida a un proceso de cambio sin precedentes, los juicios
inquisitoriales recayeron en castellanos, portugueses, mulatos, negros y pardos. Las
acusaciones más frecuentes fueron las de bigamia y perjurio. Los juicios a los indios
parecían inexistentes, y sólo se documentan expedientes de casos de brujería, en los que se
buscaba aplicar medidas correctivas. Por ejemplo, en 1575 fray Diego de Landa, obispo de
Yucatán, denunció ante los inquisidores de México que los pueblos de la sierra de Tabasco
estaban infestados de hechiceros; al parecer trataba de encontrar justificación para castigar
a los indios, pues existía la prohibición expresa de hacerlo, de acuerdo con la medida
tomada por la Real Audiencia de México el 12 de agosto de 1573.
Tal decisión se tomó para evitar hechos como el proceso de Maní en 1561, como relatan
France V. Scholes y Eleanor B. Adams en su libro Don Diego Quijada, alcalde mayor de
Yucatán, 1561-1565, donde los autos de fe fueron tan crueles que el indio era azotado,
luego "lo colgaban públicamente en la ramada de la iglesia, por las muñecas y echándole
mucho peso a los pies y quemándole la espalda y la barriga con hachas". Con el fin de
escapar al suplicio, muchos indios se ahorcaron. Entonces sus libros eran quemados y sus
ídolos destruidos. Hechos similares sucedieron en Cimatán y en los pueblos de la
Chontalpa, con el convencimiento de los misioneros de que, al arrasar los templos de los
indios y las deidades que adoraban, hacían un servicio a la fe y a la Corona de España.
Otra de las primeras acciones inquisitoriales del Santo Oficio en México ocurrió en 1628 y
es contada por Samuel Rico Medina en Los predicamentos de la fe. La Inquisición en
Tabasco 1567-1811: el comisario residente en Tabasco destituyó por mal comportamiento a
un sacerdote que actuaba como notario, y al alguacil por hacer cobros excesivos a los
indios. Pero como se trataba de la época de mayor acoso de los piratas, el comisario debía
"...inspeccionar cautelosamente a todas las naves que por allí traficaban, interrogando a sus
tripulantes y registrando su cargamento".
Las autoridades inquisitoriales tuvieron mayor actividad durante el siglo XVII, y su mayor
atención recayó en peninsulares acusados de blasfemos, bígamos y anticristianos.
Asimismo, las denuncias fueron constantes contra frailes y sacerdotes solicitantes que sin
recato alguno seducían a las doncellas en el confesionario. Por esta razón las autoridades
eclesiásticas establecieron que toda confesión debía realizarse con las puertas abiertas de la
iglesia. No obstante, todavía al finalizar el siglo XVIII seguían presentándose cargos contra
clérigos solicitantes.
La rebelión de los tzeltales en 1712 puso de manifiesto la religiosidad de los indios de la
región, porque el hecho coincidió con la supuesta aparición, en el pueblo de Cancuc, de una
virgen que, según la población, anunciaba el fin de la opresión española. La advocación al
Cristo negro de Tila, de probable procedencia guatemalteca, era ya una costumbre previa
que atraía a múltiples peregrinos. El "tumulto" provocado por la mencionada anunciación,
sin embargo, terminó con el ahorcamiento y el destierro de varios de los involucrados por
parte de la justicia del gobernador Joan Sánchez Andrés, quien, aunque recibió algunas
críticas por haber procedido sin consultar a las instancias correspondientes, salió bien
librado.
En 1727 corrieron rumores de que iba a presentarse una nueva rebelión en la cual estaría
implicada la misma virgen, "aparecida" ahora en Bachajón. La respuesta de las autoridades
fue la de "poner en armas a toda la provincia" y aumentar la vigilancia sobre los indios, en
particular los de Temoxiaca e Ixtapan. Sin que la revuelta se hubiese desatado, pese a las
profecías involucradas con los milenaristas, varios indios fueron confinados al presidio de
la isla del Carmen, y sus bienes, que incluían haciendas de cacao, tomados por los
españoles.
Otra advocación importante de los tabasqueños es la del venerado señor de Esquipulas, que
sobrevive hasta nuestros días. El Cristo negro fue llevado a la región por el obispo Diego de
Peredo, quien murió en 1775 cuando estaba de visita en la provincia. La cruz del redentor
medía una vara de alto, y fue el padre Francisco Barrera quien ofreció la imagen a las
familias que vivían entre lomas y hondanadas llenas de jahuactales y tintales, a cambio de
que construyeran una ermita. Allí, en una de las escasas partes altas, formaron una iglesia
con paja y setos de 15 varas de largo, según la versión del padre Manuel Gil y Sáenz en su
famosa Historia de Tabasco. Sin embargo, no prevaleció el crucifijo fundador, porque al
poco tiempo fue cambiado por uno más grande, que se descompuso al ser retocado y que
fue sustituido por otro confeccionado en Campeche y traído el 15 de enero de 1842 para la
celebración de su festividad.

6. La disputa entre los dos poderes

Con la llegada de los Borbones al poder en España en 1700, cuando fue entronizado Felipe
de Anjou, el quinto de ese nombre y quien se mantendría durante 46 años en el trono, las
condiciones para las colonias se transformaron. Mediante un profundo cambio organizativo
se buscaba mejorar las recaudaciones a través de tributos, alcabalas, estancos y bienes
desamortizados para resarcir a la Corona los usufructos que la piratería desviaba. Esa
modernización administrativa significaba poner fin al paternalismo, reforzar la vigilancia
interna y secularizar a la sociedad.
Se estableció un fuerte en la barra principal y aumentaron los vigías para custodiar el
creciente negocio de la producción de cacao, cuya almendra para elaborar el chocolate se
imponía en la dieta de los europeos. De acuerdo con Gil y Sáenz, el gobierno eclesiástico
también se reformó:
Se estableció un vicario in capite o provincial que regenteara el gobierno de la mitra,
vigilando sobre los individuos del clero diseminados por la provincia, para conocer de las
causas eclesiásticas en lo contencioso y en primera instancia, como un comisionado del
obispo de Yucatán; un promotor fiscal que consulta en los negocios y en cada cabecera un
cura y al mismo tiempo vicario foráneo y juez eclesiástico en su feligresía.
Para entonces, en 1794, Tacotalpa se había convertido en la capital de la provincia
gobernada por Miguel de Castro. Nueve partidos la componían con 55 pueblos y 55 903
habitantes, en tanto que 26 clérigos atendían las necesidades de nueve parroquias, así como
de las iglesias existentes en las "reducciones de indios". Por lo que se ve, la presencia de la
institución eclesiástica no era significativa, aunque los frailes dominicos del convento de
Oxolotán no sólo aumentaron el número de conversos, sino la propiedad que se convirtió en
hacienda.
En dos siglos la población también se había transformado. De la mezcla de indios y
españoles surgieron los "pardos"; más adelante, con el establecimiento de la esclavitud,
llegaron negros que también marcaron el mestizaje, que dio lugar a las castas que se
conformaron en Tabasco. Sin embargo, la población indígena disminuyó notablemente
debido a las plagas y, en ocasiones, a lo brutal de la represión, como la que siguió al
levantamiento de los tzeltales en 1712. Otros indios abandonaron sus sitios originales y se
refugiaron en la selva para dejar de ser tributarios.
Uno de los acontecimientos más graves en la provincia sucedió en la segunda mitad del
siglo XVIII. Las intensas lluvias y crecientes provocaron una inevitable tragedia, que los
pobladores llamaron el Diluvio de Santa Rosa, en virtud de que ocurrió un 30 de agosto de
1782. La riqueza fue arrasada: se inundaron las haciendas de ganado, que se habían
introducido con particular éxito, así como las plantaciones de cacao, por lo que muchas
familias quedaron en la miseria. Francisco de Amuzquívar, el primer gobernador con título
del rey que llegó a Villahermosa en 1780, poco pudo hacer para administrar la justicia en
esas condiciones. Tabasco, sin embargo, se preparó para sortear eventualidades como
aquélla, que se han repetido a lo largo de su historia, aunque no siempre con esa gravedad,
y sus habitantes saben bien lo que procede hacer para enfrentarlas, pues forman parte de la
cultura del agua, que tanto los ha marcado.
Las reformas borbónicas permitieron superar, no sin dificultades la bancarrota de la
economía regional, pero escasamente lograron influir en los asuntos eclesiásticos. Durante
el siglo XVIII pocos clérigos permanecieron en Tabasco, y los obispos de Yucatán, a cuya
diócesis pertenecía esa provincia, la visitaban muy poco. Cuando fray Pedro de los Reyes
estuvo ahí en 1715 habían pasado 30 años desde la última visita de un obispo. Durante sus
estadías, los obispos confirmaban a cuanto indio fuera posible y escuchaban los reclamos
de la población por el maltrato y los abusos de los religiosos, que sometían al indígena para
que trabajara en sus haciendas, lo obligaban a pagar diezmos y aranceles, y aun abusaban
sexualmente de las mujeres; pues, según Ruz,
...mientras algunos pueblos penaban por falta de ministro, otros lo hacían a causa de él
como San Carlos de Macuspana, cuyos habitantes no sólo tenían que sufrir el ser tratados
de "puercos" por el clérigo José Antonio de la Barrera, sino que oían maldecir sus milpas y
su pueblo todo: tratar al rey de "mierda" y habían de tolerar que "manoseara" a las
doncellas "queriéndolas forzar".
Aunque desde el siglo XVII se había comenzado a delinear la estructura eclesiástica del
Tabasco colonial, es hasta el siglo XVIII cuando, con el establecimiento de las capellanías,
ésta se vuelve más organizada. Como parte de dicha estructura destacan las iglesias de
Jalapa y Teapa, y en 1776 se crea la ermita del Señor de Esquipulas en Villahermosa,
precisamente cuando la provincia alcanza la categoría de gobernación en lugar de alcaldía
mayor.
Con las reformas borbónicas se acentuaron las diferencias entre las órdenes religiosas que
mantenían algún referente en Tabasco, como los dominicos, los franciscanos, los
mercedarios y los jesuitas. Estos últimos, como se sabe, fueron conminados a abandonar el
territorio de la Nueva España por sus diferendos con la Corona.
Por el año de 1791, al finalizar el siglo XVII, el conde de Revillagigedo, a través del obispo
de Yucatán, como dice Rico Medina, solicitó informes sobre las cofradías y hermandades
existentes en Tabasco, para dar "... noticia individual de cuantas sean, de sus fondos, sin
contar con los que constan en los bienes de comunidad, o en lo que de ellos se saca para
gastos, expresando las que se hallen fundadas con licencia real". De las respuestas,
contenidas en el ramo de Cofradías y Archicofradías del Archivo General de la Nación
(AGN), puede establecerse que existía un capital considerable para la época, distribuido de
la siguiente manera:
— De Jalapa, el cura beneficiado Dn. Miguel de la Rueda informaba de las cofradías de
Nuestra Señora de la Concepción con 1 811 pesos y 4 reales, la del Santo Nombre de Jesús
con 800 pesos, la de las Ánimas del Purgatorio con 2 000 pesos.
— De Cunduacán, el cura coadjunto Dn. Ignacio Ramón Sartré, daba cuenta de la
archicofradía del Santísimo Sacramento con 3 600 pesos invertidos en fincas, que reditúan
180 pesos y sus gastos de 300 pesos completándolos con limosnas. Contaban, además, con
las cofradías de Nuestra Señora del Rosario con 1 000 pesos y gastos de 70 pesos
sufragados con las limosnas, de Nuestra Señora de la Natividad con 500 pesos perdidos y
un fondo de 1 400 pesos y gastos por 100 pesos, de las Ánimas Benditas con fondos de 11
530 pesos y 3 reales y con 200 pesos por gastos de obras.
— De San Juan Bautista, el cura, vicario y juez eclesiástico informa de las cofradías de
Animas con 3 000 pesos repartidos en fincas, cobrándose sólo 82 pesos con los cuales la
cofradía no puede vivir; la de Nuestra Señora del Rosario con capital inicial de 2 000 pesos
que apenas si recibe réditos de 5 pesos que no alcanzan a cubrir sus gastos; la Hermandad
del Dulce Nombre de Jesús con licencia diocesana, lo cual le permite realizar sus
festividades con limosnas.
— De Teapa, Joseft Joaquín Barbosa informa de los Altares y de las capellanías. La del
Santísimo Sacramento con 1 000 pesos al 9% de la Hacienda de Dn. Juan Balboa, 300
pesos sobre la de Dn. Manuel Vuelta Quiñones, 1 500 pesos sobre la de Dn. José Gurría,
500 pesos en pleito sobre la de Dn. Juan Arrieta. Los réditos de los 3 500 pesos se destinan
a misas, aceite y velas.
— El del Santísimo Cristo, con la advocación del Señor de las Lluvias, tiene 1 210 pesos al
5% y 10% a diez años, aunque sus bienes principales están embargados, más 50 pesos
sobre la hacienda de Bartolomé Acosta y 250 pesos en poder de Dn. Juan Arrieta en litigio;
con los réditos de este Altar se cantan misas dos viernes de cada mes y los gastos se
complementan con las limosnas.
— El Altar de las Ánimas tiene fincados 2 237 pesos y 5 reales en la hacienda de Dn. Martín
Demetrio; 250 pesos sobre la hacienda de Dn. Manuel Arrieta y 500 pesos embargados. El
total del principal es de 2 987 y 5 reales con cuyos réditos se pagan las misas de los lunes
de todo el año y funciones de los finados. El Altar de San José con 1 150 pesos distribuidos
entre diferentes personas; el del Rosario con 600 pesos entre individuos que mantienen el
capital oculto por no aparecer en las escrituras.
— De Tacotalpa, el párroco José Benito de Vera informa de las cofradías del Sagrario con
un fondo de 1 150 pesos sobre la hacienda de Cacaguatal a 5%; de Nuestra Señora de la
Asunción con 753 pesos y 1 real; de Nuestra Señora de los Naturales con 250 pesos; de las
Benditas Ánimas con 1 800 pesos al 5%, pero sus réditos junto con las limosnas no
alcanzan para sostener las capellanías y los mayordomos encargados tienen que
complementar los gastos de sus funciones.
— De Macuspana, el párroco José González informa de una sola cofradía donde hay una
población de ganado bajo la advocación del Señor de la Salud con 60 pesos que apenas
alcanzan para el gasto de la fiesta del patrón que cuesta 52 pesos.
— De Usumacinta, el padre Juan Alonso de Vera, cuenta que tiene 16 cofradías en su distrito
con aprobación episcopal, pero en deplorable estado por las "crecidas" de los ríos acaecidas
entre 1784 y 1786 por lo cual no puede informar de sus capitales.
— De Nacajuca, el párroco Francisco de Olivera da información de las cofradías de Nuestra
Señora de los Remedios con capital de 1 392 y 6 y medio reales, fincada sobre diferentes
ramos al 5%, la del Santísimo Cristo de Opacagne con 1 471 pesos al 5% y la del Santísimo
Cristo de Ampoyas con 250 pesos al 5%.
Pero, durante el gobierno de Francisco de Amuzquívar (1784-1791), las pugnas entre
autoridades civiles y religiosas se incrementaron, en parte porque con los Borbones se
inició un proceso de secularización que comenzó a definir las dos esferas del poder, y
porque el mismo gobernador llegó nutrido de las ideas del pensamiento iconoclasta francés
del periodo del iluminismo. Entre sus primeras acciones destacó la de frenar los privilegios
eclesiásticos; cuestionó el incumplimiento reiterado de las funciones del clero y se
inconformó con la falta de "provisión espiritual de los pueblos de la Sierra, a pesar de
existir cuatro sacerdotes en Tacotalpa y [que] cobran con rigor sus derechos parroquiales".
Pero el caso que más llamó la atención, de acuerdo con Rico Medina, fue "...el testimonio
remitido por las autoridades de Oxolotán sobre el fallecimiento del mulato José Toribio,
que murió sin sacramento porque a su mujer no le fue posible ir por algún cura a Tacotalpa
por la distancia y por el mal tiempo". Por si fuera poco, "el 6 de enero de 1791, Nicolás
Acosta, alcalde de Tapijulapa, le comunica a su vez la muerte de dos indios mayores de
edad que expiraron sin auxilio religioso".
El gobernador decidió comunicar al virrey, el conde de Revillagigedo, lo que sucedía en
Tabasco, y éste ordenó al obispo de Yucatán que atendiera los pueblos que carecían de
ministerio eclesiástico. El vicario de Tabasco, José Benito Vera, quien se desempeñaba
como cura de Tacotalpa desde hacía más de 20 años, reaccionó respondiendo que el clero
subsistía gravando apenas con 5% a las 39 cofradías existentes y la única archicofradía de
Cunduacán; lo mismo sucedía con las capellanías. Vera sostuvo que en raras ocasiones sus
feligreses habían carecido de sacerdotes, y revertía la cuestión para acusar a Amuzquívar de
irreverente, porque trataba a los santos de "virotes de palo", impedía el repicar de las
campanas el tiempo necesario y había "enfriado la devoción de los fieles" con su mal
ejemplo.
Lejos de que tales acusaciones arredraran al gobernador, según Rico Medina, éste volvió a
arremeter contra los eclesiásticos, acusándolos de practicar amancebamiento, de robo a sus
feligreses y de que "...ocultan una tercera parte de sus emolumentos que perciben y omiten
los ingresos provenientes de lo que llaman accidentes del baptismo, casamiento [...] además
de las continuas funciones de la iglesia, octavarios y novenarios [...]. Con estos
procedimientos las autoridades episcopales de Mérida defraudan al rey cometiendo una
falta de consideración a favor del real erario".
Las acusaciones entre la autoridad civil y la eclesiástica fueron y vinieron, e incluso estuvo
a punto de iniciarse un proceso inquisitorial contra Amuzquívar poco antes de que muriera.
Del enfrentamiento quedaba claro que Tabasco no aportaba las mejores condiciones para
que la labor espiritual fuera más profunda; ni siquiera se había arraigado ahí una orden
religiosa, a diferencia de lo que sucedió en Chiapas y en Yucatán; además, dicha labor se
limitaba también por la dependencia del clero tabasqueño respecto de la diócesis de
Yucatán. Las disputas entre los dos poderes continuaron presentándose, y todavía en 1812
el gobernador Andrés Girón envió un documento al virrey en el que le informaba que a su
llegada había encontrado la iglesia parroquial cerrada, así como múltiples goteras que
maltrataban las imágenes y los cuadros, y añadía que las tres ermitas del lugar eran
insuficientes para dar cabida a los feligreses. Se nombró entonces a un responsable que se
hiciera cargo de la reconstrucción, y al mismo tiempo el pueblo procedió a solicitar cuentas
al mayordomo anterior, Juan Ignacio Martínez, porque la fábrica de la iglesia se componía
tanto de diezmos como de obras pías y de una casa de campo.
Como el mayordomo no recordaba, según el mismo amo de Cofradías y Archicofradías del
AGN, cómo ni de quién había recibido los libros de cuentas en el obispado, fue arrestado
por órdenes del gobernador, el cual solicitó un asesor y un escribano al virrey
...para que puedan desempeñar los extraordinarios negocios contenciosos que descubro
cada día en esta provincia por los mismos forasteros (porque sólo con ese apoyo)
responderé al equilibrio con las armas en las manos hasta perder la última gota de sangre,
imitando con ello a mi padre, hermanos, hijo y pariente, que así lo han verificado en la
metrópoli.
El inculpado alegó que él mismo había entregado al párroco 3 396 pesos, y que luego éste
le exigió otros 7 000 pesos de caridad; y aun así, añadió, pasados ocho años no había
realizado ninguna reparación en la iglesia. Denunciaba además que el clérigo y el ministro
de Hacienda estaban en su contra, e incluso alegaba que la esposa del administrador
acompañaba al párroco en viajes que duraban hasta tres meses, por lo cual suponía que
existía una estrecha amistad entre uno y otro para actuar en su contra.
El acusado se convirtió en acusador cuando le manifestó al virrey que el gobernador había
promovido la formación de bandas e hizo repartir diez cartuchos a la Compañía de
Veteranos, "quién sabe con qué perspectiva". Insistió en que la provincia estaba dominada
por el administrador José Llergo, el párroco Jossef Eugenio Quiroga, el comandante
Lorenzo Santa María y otros cercanos a ellos. Según su denuncia, este grupo atentaba
contra "...todo vecino honrado y hombre de bien", y ".... .se ha formado una Compañía de
Artilleros con gran perjuicio de la agricultura pues los individuos sólo son labradores y
viven de 6 a 7 leguas en esta villa y en rigor se les hace venir todos los sábados [...]
habiendo de estos hombres algunos que no tienen medios para comer". Por estas razones, el
gobernador desposeyó al mayordomo de su título de regidor y lo mantuvo preso, atado a los
grilletes.
El fiscal civil envió una nota a Andrés Girón en la que le recordaba la intención que debía
obrar en los mayordomos de fábrica de las iglesias y que fue expedida por su majestad el 23
de julio de 1797, cuyo artículo 23 indicaba la obligación de presentar cuentas a los
vicepatronos.
Finalmente Girón dejó en libertad a Martínez, pero inmediatamente envió ocurso a Pedro
Agustín, obispo de Mérida, para manifestarle el "celo y desvelo" con los que tanto él como
el vecindario se preocupaban por el arreglo de las iglesias, en alusión a la del Santo Cristo
de Esquipulas, que "se haya en el día con un magnífico frontispicio de moderna
arquitectura, con cuatro campanas". Le comentaba que para los arreglos contaba ya con el
apoyo del vicario y le solicitaba el suyo, amén de indicarle que pronto comenzarían las
reparaciones de la iglesia principal con 3 000 cargas de cal, barcadas de piedra y todo el
material del antiguo templo. Girón le indicaba al obispo que a su parecer era indigno de la
casa de Dios el estado de los recintos sagrados, lo cual le resultaba extraño porque Tabasco
contribuía con 84 000 pesos a los diezmos de la catedral cada cuatro años. Pero le
extrañaba más todavía que la provincia no contara con el modo de educar a sus hijos,
porque no había escuela ni de gramática ni de primeras letras.
El obispo estuvo de acuerdo con los requerimientos y le respondió autorizándolo a pedir al
mayordomo que entregara las cuentas, y lamentándose por no poder reducir la carga
impositiva. El fiscal civil también lo apoyó para que manejara los fondos de la fábrica y
reedificara la iglesia con ellos.
Así transcurrió el orden colonial en la provincia tabasqueña: con la creación de nuevas
instituciones y la implantación de las traídas por los españoles, quienes hicieron a un lado
las costumbres y las formas de organización que encontraron a su llegada. La religión fue
probablemente el caso más paradigmático porque, pese a la escasa presencia de clérigos,
lograron imponerse las nuevas creencias, arrasando con las de la población nativa.
II. LA INDEPENDENCIA

1. La hostilidad contra la corona


CON EL NUEVO SIGLO vendrían nuevos problemas a la Nueva España, y en Tabasco
aparecieron signos inequívocos de malos presagios: otra vez se presentaron las
inundaciones, y los plantíos de las tierras que quedaron secas fueron arrasados por la
langosta. La carestía fue tan alta que el 27 de mayo de 1805, según Mario Humberto Ruz,
los párrocos pidieron que se hiciera una "rogación general" por el buen éxito de una
solicitud hecha a Nueva Orleáns para que les surtieran 2 000 barriles de maíz, 200 de
harina, carne, manteca de cerdo y aceite sin el pago correspondiente a derechos reales y
municipales, para alentar a los vendedores, y se establecía que sólo en el caso de que el rey
no aprobara el pedido, éste debería ser pagado con los fondos de la provincia.
El pueblo, sobresaltado, mostraba por otra parte una actitud hostil hacia la Corona, lo que
sucedía no sólo en las colonias, sino en la misma España, donde se desencadenaba el
conflicto político que suscitó la invasión napoleónica de 1807, a raíz de la cual Carlos IV
abdicó un año después en favor de su hijo Fernando VII; pero otro año más tarde, en 1809,
Napoleón impuso como monarca a su hermano José —llamado por los españoles Pepe
Botella por su fama de bebedor— para mantener su influencia sobre los tronos de Europa.
La deposición de Fernando VII coincidió con la instalación en Villahermosa del primer
ayuntamiento, cuando Tabasco contaba con 60 000 habitantes, distribuidos en 50 poblados
de diferentes tamaños. Mientras tanto, en España, en ausencia de un monarca legítimo, se
establecieron las juntas provinciales de Sevilla, Asturias y Galicia. Pero, al mismo tiempo,
la nobleza y el clero, preocupados por que la soberanía estuviera en manos del pueblo,
convocaron a Cortes el 29 de enero de 1810. A ellas deberían asistir diputados elegidos en
representación de 50 000 habitantes.
Cuando aún los ecos de los cañones de la Independencia no se escuchaban en Tabasco,
comenzaba a descollar la figura de José Eduardo de Cárdenas, quien resultaría diputado
electo por esa provincia. Su precocidad e ingenio hicieron que su fama se extendiera
rápidamente. Recibió la tonsura sacerdotal cuando todavía no salía de la adolescencia, y
después de estudiar filosofía y recibir las órdenes mayores en la ciudad de México partió a
la Real y Pontificia Universidad de Guatemala, donde cursó el doctorado en teología.
Luego de su regreso, aceptó en 1805 el nombramiento de vicario in capite y juez
eclesiástico honorario de toda la provincia tabasqueña.
Seis años antes se había visto involucrado en la denuncia contra uno de los últimos
procesados por la Inquisición, y su prestigio había crecido tanto a partir de entonces que
recibió apoyo unánime para que saliera de su curato en Cunduacán y se convirtiera en uno
de los 33 diputados que en las Cortes de Cádiz representaron a América. Para llamar la
atención sobre su tierra, el 24 de julio de 1811 presentó su Memoria a favor de la Provincia
de Tabasco.
Una de las partes más sobresalientes de su alocución concernía a lo deplorable del trabajo
eclesiástico debido a su dependencia con el obispado de Yucatán. Los curas enviados a las
parroquias tabasqueñas consideraban "estos destinos como ínfimos escalones para subir a
los más altos de su provincia donde empieza o donde termina y habiendo venido pobres y
empeñados, se tornan bastante desahogados y aun ricos". Desde luego, lo que buscaba De
Cárdenas era la autonomía del clero tabasqueño respecto del obispado de Yucatán, al cual
aportaba la nada despreciable suma de 30 000 pesos anuales. Sus colegas, fortalecidos al
final del siglo XVIII, habían intentado la autonomía en diferentes ocasiones; incluso, el
asunto había sido ya sometido a consideración desde el reinado de Felipe II, pero sin
alcanzar el éxito.
José Eduardo de Cárdenas propuso varias iniciativas de importancia, como la anexión a
Tabasco de la región de los Agualulcos, con lo cual la provincia ampliaría sus límites hasta
el río Tonalá. También propuso el establecimiento de la enseñanza pública y gratuita para
todas las clases sociales, sin excluir a los indios, así como la organización de sociedades
agrícolas y arreglos para la hacienda local. También propugnó por la libertad de comercio,
por la creación de ayuntamientos mediante elecciones populares y por la división del
gobierno en tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Pero nadie tenía la certeza de
que Fernando VII pudiera ser restituido, y cuando sucedió, en 1814, restableció el
absolutismo y canceló el régimen constitucional; sometió a los diputados y partidarios de
las Cortes a una vigilancia estrecha y a vivir con grandes dificultades. No obstante, el
monarca fue constreñido a aceptar la Carta Fundamental de 1812 el 5 de marzo de 1820. De
Cárdenas, quien había regresado a su iglesia de Cunduacán luego de proclamarse la
Constitución, por medio de la cual se crearon ayuntamientos y cabildos y se introdujo la
elección de funcionarios, vivió en ella para ver el final del proceso, y murió ahí en los
últimos días de 1821.
Los primeros anuncios del periodo que se avecinaba fueron dados por el gobernador
Andrés Girón, quien el 21 de febrero de 1811 informaba de la falta de organización en
todos los ramos de la provincia y confiaba en que ésta pudiera contar en abril con cerca de
1 000 hombres de infantería y caballería con rudimentarios conocimientos sobre la
disciplina militar, y a los que se unirían solteros y otros vecinos. Antes de terminar el año
aseguró que había rehabilitado el batallón de milicias tabasqueñas y la Compañía de los
voluntarios patriotas de Fernando Séptimo.
Como probable reacción a los intentos restauradores, varias personas se habían agrupado en
defensa de la Carta de Cádiz, lo cual les valió el nombre de constitucionalistas. Entre ellos
destacaban el mismo De Cárdenas y otros que con el tiempo llegarían a ser ampliamente
conocidos, como Agustín Ruiz de la Peña, José Puich, José Pérez Medina y Fernández, y
Antonio de Serra y Aulet.

2. Aires de independencia

En poco tiempo los aires independentistas soplaron por todo el sureste, frente a lo cual, en
el mes de noviembre de 1815 Juan Nepomuceno, gobernador de Chiapas, expresaba su
lealtad al régimen virreinal al informar de la llegada a esa provincia del Capitán General de
Guatemala, cuyos "fines particulares no son en servicio del Rey". De Yucatán, Miguel de
Castro Araoz enviaba otro curso donde se decía que esta provincia "vive en la mayor
vigilancia para mantener la tranquilidad y obediencia a la soberanía del Rey". Este envió,
además, auxilios a Tabasco con el fin de prever los proyectos de los rebeldes, que en la
próxima seca amenazaban incursionar en Acayucan e incluso insistió ante el virrey sobre la
necesidad de enviar tropas a esa provincia. Ya en marzo de 1816, Castro, enterado de la
cercanía de los rebeldes en Huimanguillo, respondió al llamado del gobernador tabasqueño
Francisco de Heredia y Vergara y le envió fusiles, pólvora, sables y 2 000 pesos, además de
algunas consignaciones que debían ir a parar a las Cajas Reales de Mérida.
El virrey agradeció los buenos oficios de De Castro para mantener la paz en Tabasco,
provincia que no aceptó la insistencia del infidente Juan Nepomuceno Batres, gobernador
intendente de Ciudad Real, quien expresaba su desafecto por los europeos, para unirse al
movimiento separatista. De acuerdo con el ramo Infidencias del AGN, el mismo Heredia y
Vergara consideraba que:
Sin un soldado veterano y la milicia compuesta de pardos e indios laboriosos muy poco
disciplinados y subordinados, acostumbrados a la deserción y a que se les ampare por un
comandante no se puede ocultar lo expuesto que se está a conservar el orden interior. Con
oficiales realistas, fieles, blancos de cuyo amor por el rey no se puede dudar, las milicias se
someterían más fácilmente.
Pese a todo, el 12 de febrero de 1816, el infidente Atanasio de la Cruz tomó Huimanguillo,
y se decía que tenía contactos en Villahermosa para alzarse en armas entre el 23 de
diciembre y el 1° de enero. Pretendía tomar también Cunduacán, Acayucan, la barra de
Guazacoalcos y Tonalá, así como pedir al gobierno de Veracruz "...que no nombre quien
los gobierne, pues ellos pondrán un hijo de su tierra, pues no quieren ser gobernados por
forasteros ni gachupines, que no miran por los criollos y por esto están perdidos estos
países".
El gobernador tomó las medidas pertinentes para abortar la conspiración y ordenó reunir
400 hombres armados en San Antonio (hoy Cárdenas), dispuso que 50 de infantería y 80 de
caballería fueran a restablecer el orden a Huimanguillo, envió hombres también a Acayucan
y afirmó que contaba con los habitantes de los Agualulcos, donde, aseguró más de 3 000
hombres dispuestos a tomar las armas contra los rebeldes.
No obstante, se insistía en que la situación de la provincia era crítica porque el estado de las
milicias era deplorable, así que tuvieron que pedir al gobierno de Veracruz 10 cajones de
pólvora y 50 000 balas de fusil. Había además la posibilidad de contaminarse por las
sublevaciones ocurridas en Palenque, Cancuc, Citala, San Bartolomé Guaytiapan y
Simojovel en Chiapas. Por si fuera poco, los rebeldes amagaban con atacar Cosamaloapan,
los indios de Jalapa estaban disgustados por el restablecimiento de las obtenciones a los
párrocos y existía inseguridad en el presidio de la isla del Carmen.
El 5 de marzo, Francisco de Heredia y Vergara informó al virrey Félix María Calleja de los
dispositivos tomados en toda la provincia para frenar la rebelión, y envió un comunicado a
Huimanguillo y su jurisdicción para informar que "... unos hombres inmorales sin religión y
sin principios [...] intentaron formar un plan seductivo y revolucionario contra el Rey
nuestro señor". varios infidentes habían sido apresados, entre ellos Atanasio de la Cruz,
"casado, de 34 años y no sabe escribir", según decía su declaración. Contó que la noche del
24 de diciembre pasado fue a saludar a don Juan García con una botella de aguardiente.
Hablaron de los pobres y éste le preguntó si estaba dispuesto a "coger este pueblo",
refiriéndose a Huimanguillo, a lo cual De la Cruz respondió afirmativamente. Una vez
tomada la población convocarían a los principales cabos para tomar Villahermosa;
comprarían pólvora de libra en libra para no despertar sospechas. Pero, a pesar de acordar
una reunión posterior con todos los partidarios, De la Cruz no asistió porque había estado
bebiendo en algunos lugares hasta que fue hecho prisionero.
Al parecer, todo quedó en intenciones porque el movimiento no logró realizarse en Tabasco
y los de Veracruz no pudieron, como supuestamente querían, elegir a quien los gobernara.
No queda muy claro si la revuelta fue sofocada por la eficiente actuación de los
gobernadores de Tabasco y de Veracruz, o si simplemente aquélla no había sido posible
debido a que no contaba con los seguidores necesarios, de los que alardearon quienes
encabezaban el movimiento. No obstante, los reos fueron juzgados, y algunos de ellos
condenados a seis y hasta ocho años de prisión, reservando la "pena del último suplicio de
la horca" a Atanasio de la Cruz y a Juan Gómez. Las sentencias no se cumplieron porque el
25 de enero de 1817 se les indultó por Real Gracia, previa ratificación de obediencia al
Rey, sólo se trató de dar un escarmiento a quienes optaran de manera más decidida por la
causa de la independencia respecto de España.
El caso de Atanasio de la Cruz, pese a sus inconsistencias, conforme al libro El fin del
dominio español. El caso de los infidentes tabasqueños, de Enrique Canudas Sandoval,
puso de manifiesto la exigencia de un cambio en el ordenamiento político
...de los intereses criollos regionales; como se desprende de la pobre confesión del
principal inculpado, los españoles-tabasqueños se sublevaron contra la práctica inveterada
de nombrarles y enviarles gobernantes forasteros o gachupines, que vinieran de la
metrópoli o de la capital de la Nueva España, [y] por lo mismo, exigían expresamente un
gobierno administrado por ellos mismos.
No obstante, hacia 1821 esa causa pareció adquirir verdaderos adeptos, porque las tropas
imperiales se hacían fuertes en diversos partidos de la provincia, donde algunos se
adhirieron al Plan de Iguala, como en Cunduacán, Macuspana, Huimanguillo y Teapa. El
Plan de las Tres Garantías no fue secundado de inmediato, debido a las reticencias de los
criollos tabasqueños, sino hasta que Timoteo Sánchez dio a conocer el "Glorioso sistema
independiente" en Villahermosa, tomada por los independentistas el 5 de julio, y que
volvería a los realistas antes de adquirir definitivamente su independencia el 31 de agosto
de ese año, cuando Juan Nepomuceno Fernández Mantecón consiguió la capitulación de
Ángel del Toro, el último gobernador colonial.
El juramento del Plan de Iguala en Tabasco
Antonio López de Santa Anna, nombrado por Agustín de Iturbide comandante general del
sureste, envió a Fernández Mantecón, al mando de 300 hombres, a proclamar la
independencia por esas acuosas tierras. Mantecón entró triunfalmente en Villahermosa el 7
de septiembre sin encontrar resistencia de los realistas y, al día siguiente, precisamente en
domingo, el Plan de Iguala fue jurado en la capital de Tabasco. La Independencia se había
consumado.
Fernández Mantecón organizó el gobierno local, cargo en el cual se mantuvo poco tiempo,
porque tocó a Manuel María Leytón proclamar emperador a Agustín de Iturbide en un acto
celebrado en la Plaza Mayor de Villahermosa el 10 de junio de 1822. Por otro lado Iturbide
disolvía el Congreso y creó la Junta Instituyente, que decretó la formación de la Diputación
Provincial Tabasqueña, con fines legislativos, el lº de enero del año siguiente. Pero Iturbide
no pudo sostener sobre sus hombros el manto púrpura ribeteado de armiño, y antes de un
año tuvo que tomar el camino del destierro.
Su salida del país fue un éxito a medias de los mexicanos, ya que, al proclamarse la
República, los estados que secundaron el movimiento de Casa Mata se dividieron en
federalistas y centralistas, escisión que dio origen a numerosos conflictos durante todo el
siglo XIX. Sin embargo, se creó el Congreso Constituyente Mexicano y a él se adscribieron
tanto la Diputación Provincial como el Ayuntamiento; obediencia y fidelidad fueron
juradas por los tabasqueños en la Plaza Mayor de Villahermosa el 25 de mayo de 1822.
Tabasco eligió como diputado al Segundo Congreso Constituyente al presbítero José María
Ruiz de la Peña y a él correspondió solicitar que se le reconociera calidad de Estado, lo cual
terminó por aceptarse.
En ese entonces se creó el pueblo de San Fernando, un lugar curiosamente habitado desde
hacía unos años sólo por el vigía que atendía la entrada y salida de los buques. Sin
embargo, para 1822 su población aumentó a 200 almas, y ni Villahermosa ni Nacajuca
aceptaron encargarse de los auxilios espirituales de sus habitantes. El capitán de Milicias y
Disciplinado de esta provincia, Cayetano Carensí, consideró que la falta de servicios
religiosos había auspiciado un terrible desorden, por lo que, por propia iniciativa, hizo
construir un oratorio y solicitó la presencia de un capellán. Don Juan de Dios Helguera,
debido a la persecución de que fue víctima por "constitucional" y por haber cometido el
"sacrilegio así llamado entonces de propender al sistema de Independencia", había fijado su
residencia a una legua de la Barra Principal de Tabasco cuando en 1816 el obispo
diocesano le confirió el cargo de capellán interino de la tropa destacada en ese lugar.
Casi de manera inmediata se le presentaron 30 familias de indios con el objeto de
establecerse en aquel lugar. El capellán los alojó en su casa para que observaran el terreno,
"que miraron con agrado por su fertilidad y llanura", y luego decidieron establecerse en un
cañaveral, sobre el cual el gobernador aceptó se hiciera el trazo y el arreglo del nuevo
establecimiento.
Durante ocho años el capellán trabajó intensamente en la construcción de la villa, facilitó
buques y bongos para transportar a las familias, recaudó los granos para la subsistencia
inicial. La población aumentó considerablemente si aceptamos el dato de la visita del
gobernador don Francisco de Heredia y Vergara, en el sentido de que en la temprana fecha
de 1817 había encontrado que en la población de San Fernando de la Victoria había 593
indios y vecinos. En su organización contemplaba la posibilidad de formar una Compañía
de Milicias Pardas destinada a defender la barra.
El 25 de mayo de 1820 Helguera fue reconocido como el verdadero fundador de la villa,
por lo cual el fiscal de Hacienda Pública dispuso asignarle la cantidad de 300 pesos anuales
para su subsistencia. Sin duda, el gobierno otorgó esa recompensa debido al carácter
estratégico del nuevo emplazamiento, tanto para el comercio como para la defensa del
estado. En plena guerra de Independencia se daba el ánimo suficiente para que los
habitantes hicieran un paréntesis y dedicaran sus esfuerzos a la construcción de un
proyecto, que incluyó una traza urbanística con clara idea de un poblado moderno, según
documentos del ramo de Justicia Eclesiástica:
...que dejen una plaza de 150 varas en cuadro, para poner en uno de sus frentes la Iglesia,
Casa del padre, Casa Real y Casa del Gobernador (...) que esté inmediato el pueblo al río;
las casas y los solares tirados a cordel en igual capacidad y cada 150 varas una calle en
travesía; que las calles sean rectas de oriente a poniente y de norte a sur que todos cerquen
sus solares dejando de calle quince varas de ancho y que siembren sus solares de árboles
frutales.
En otro orden de cosas, el 14 de enero de 1824 Tabasco declaró la forma de gobierno
republicano, representativo, popular y federal en el marco del derecho imprescriptible de la
Independencia, declaratoria encontrada en el ramo Gobernación aceptada por el Congreso
Constituyente el 7 de febrero y comunicada por José Rincón mediante una circular con la
leyenda "Dios y Libertad". En ella expresaba a las corporaciones políticas del estado hasta
el último grado "... cuáles son los heroicos sentimientos de los Supremos Poderes en favor
de la Patria único objeto que ha llamado siempre sus Paternales miras para hacer felices a
los Estados de la Federación y elevarlos a su propio engrandecimiento..."
De acuerdo con la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, proclamada el 4
de octubre de 1824, se eligió al general Guadalupe Victoria primer presidente de la
República; en la capital de Tabasco se procedió a la organización de las festividades que tal
proclama ameritaba. Se estableció que la publicación del Bando Nacional se realizaría el
sábado 20 de diciembre con toda la solemnidad y que se juraría el domingo siguiente,
"yendo a la cabeza el primer Alcalde y cuatro regidores". Ese día, a las 9 de la mañana, el
presidente del Congreso prestaría el juramento del decreto del 4 de octubre ante los
secretarios y demás diputados. El gobernador del estado protestaría como tal en el salón del
Congreso y sería recibido por los empleados, corporaciones y autoridades, tanto civiles
como eclesiásticas, en el paraje designado por el secretario de Gobierno.
Se previó que posteriormente el gobernador se dirigiera a la iglesia parroquial, donde se
cantaría un solemne te deum, se daría misa en acción de
gracias y el eclesiástico de mayor dignidad pronunciaría un discurso de tan alta dignidad
como el solemne acto. Las calles se adornarían y serían iluminadas por las noches, y habría
diversiones públicas y repiques generales. En los pueblos, los alcaldes debían prestar
juramento ante los ayuntamientos; actos todos en los que también debía participar el
pueblo.

4. Las dificultades del nuevo estado

Una vez configurado el federalismo en Tabasco, los problemas no se superaron; era


necesario reestructurar el poder político y reorganizar la economía. Desde el 8 de mayo de
1824 el gobierno provisional quedó en manos del cunduacanense Agustín Ruiz de la Peña,
quien emprendió una carrera política que estaría vinculada al desarrollo ulterior de su
estado. Pero, sin adivinar los problemas que se generarían más tarde, el coronel José
Antonio Rincón quedó al mando de las tropas, en representación del supremo gobierno, lo
cual motivó un enfrentamiento entre ambos, pues Rincón había reunido a un grupo de
adeptos y se había negado a acatar las disposiciones del Congreso local, así como a
obedecer al gobernador. Por las pugnas internas, el ayuntamiento de Villahermosa hubo de
trasladarse a Cunduacán, y por medio de una conjura Rincón fue relevado y sometido a
prisión durante dos meses.
Enterado de la conflictiva situación en Tabasco, el presidente Victoria envió al batallón de
línea dirigido por el coronel Francisco Hernández, quien asumió el mando como
comandante general de Tabasco, apoyado por 400 hombres del coronel Antonio Facio y del
capitán Ricardo Toscano; juntos derrotaron a los oponentes. Pero finalmente el gobernador
Ruiz de la Peña fue despojado de su cargo por órdenes del general Manuel Mier y Terán,
secretario de Guerra, y enviado para ser juzgado a la ciudad de México. Al resolverse esos
conflictos, el 5 de febrero de 1825 se promulgó la primera Constitución Política del Estado
de Tabasco.
Como una evidencia de las dificultades internas que privaron entonces en Tabasco, los
senadores electos se quejaban de no poder realizar sus funciones. Así, don José María
Alpuche e Infante se lamentaba de que su compañero senador segundo por Tabasco, don
José Salvador Calcáneo, no había podido presentarse a la Cámara porque el ayuntamiento
de Teapa le había entorpecido el viaje, en virtud de que tenía pendiente "una contrata que
hizo de techar la iglesia, que podría cumplir el año entrante concluida su comisión", según
una carta del 20 de septiembre de 1825 localizada en el ramo Gobernación. Luego de una
explicación del mismo Calcáneo de que los del pueblo no le habían entregado las maderas
sobrantes, y de que los jornaleros fallaron al negarse a trabajar por 2 reales, como se pagaba
en todo el país, llegó incluso a mencionar que su casa había sido atacada en varias
ocasiones. No obstante, el ayuntamiento respondió que nunca había negado auxilio al
senador segundo; de cualquier modo, éste no podía forzar a los operarios a trabajar por ese
salario, pues exigían 2 reales y medio. Alegaba además que Calcáneo había tenido el abasto
de carne por un año para cumplir con la obligación de techar la parroquia que hizo con el
común. Finalmente se decidió que la obra fuera concluida en agosto para que el senador
segundo pudiera luego dar cumplimiento a sus obligaciones políticas.
Para 1827 dos grupos políticos se disputaron la conducción del estado. Por un lado se
encontraban los liberales-federalistas, vinculados a los diputados que formaron parte de la
Segunda Legislatura, encabezados por el gobernador Agustín Ruiz de la Peña; y, por el
otro, los centralistas, que al renovarse la Cámara obtuvieron la mayoría de las curules. Este
grupo reconocía en Marcelino Margalli, entonces vicegobernador, a su líder.
Desde ese cargo, Margalli dio a conocer varios decretos, que seguramente contaron con el
aval del gobernador, y que atendían las inquietudes del clero, que prácticamente no había
aumentado en número: en 1822 tenía 55 miembros más que en 1794, cuando registró 626
clérigos, según datos del ramo Justicia Eclesiástica; además, después de la Independencia
su presencia disminuyó casi a la mitad. Los controles que se estatuyeron seguramente
hicieron poca gracia a las autoridades eclesiásticas, porque el gobierno estableció como su
facultad proveer los templos, lo que antes era decisión del vicepatronato del estado de
Yucatán. Para llenar las vacantes del nuevo patronato, el gobierno eclesiástico
metropolitano debía hacer llegar una lista de los candidatos al gobernador de Tabasco;
asimismo se creó una junta de diezmos constituida por el vicario general del estado, el
vicegobernador y el administrador de rentas particulares.
En las medidas había ya una clara disposición para buscar la independencia del clero
tabasqueño respecto de la diócesis de Yucatán, si hemos de tomar como prueba la activa
presencia del vicario José María Alpuche e Infante. Esto se desprende de varios
documentos que el mismo presbítero suscribió. A mediados de 1827 preguntaba al ministro
de Justicia Miguel Ramos Arizpe acerca de la inquietud del vicario general, don José
Eugenio Quiroga, y del gobernador de Tabasco de que a pesar de estar prohibido por la
Constitución Federal "... la data en propiedad de piezas eclesiásticas [...] vienen de Yucatán
al estado de Tabasco curas propios y beneficiados despachados con título expreso y
colocación canónica cuando de hecho y de derecho en ninguna diócesis se ha dado esta
clase de beneficio sino en interinato hasta que se arregle el ejercicio del patronato".
Al mismo tiempo se dio a conocer la prohibición de una serie de libros por parte del
papado, aunque éstos difícilmente podían afectar la vida cotidiana de los tabasqueños,
porque varios de ellos fueron publicados en lenguas diferentes a la castellana. Destacaban:
O Cidadao Lucitano, Breve Compendio en que se demostrao os frutos da Contituçao, é os
deberes do Cidadao Constitucional y Difesa del Purgatorio dallo moderne opinioni o assía
il Purgatorio vendicato dalle impostura. De las producidas en la lengua de uso fueron: Carta
escrita al Papa Pío VII, y Disertación sobre el poder que los reyes españoles coercieron
hasta el siglo duodécimo en la división de obispados y otros puntos concisos de la
disciplina eclesiástica, pero probablemente los más leídos fueron la Colección de cuentos
divertidos en verso y prosa con algunas fábulas y Cuentos en verso castellano, este último
de Tomás Hermenegildo de las Torres.
De nuevo reaccionó el presbítero Alpuche, quien solicitó al ministro de Justicia se
investigara sobre dicha prohibición que el párroco del Sagrario de Mérida remitió al vicario
general del estado de Tabasco. A tal requisitoria, el gobierno eclesiástico de Yucatán
respondió a don José Eugenio Quiroga, vicario de Tabasco:
...que no he recibido Bula, Breve, ni rescripto alguno de la Curia romana que el celo
ordinario de esta Diócesis no me hubiera permitido circular [...] sin el pase correspondiente
del Gobierno Supremo de la Nación. Lo que se remitió en correspondencia personal al
Vicario de Tabasco es copia de varios libros prohibidos por la Sagrada Congregación del
índice con aprobación de León XII, con fecha 6 de septiembre de 1824.
Pocos años más tarde, después del fallido intento de Tabasco por alcanzar la independencia
eclesiástica de Yucatán en 1829, el Congreso General dio a conocer un decreto el 15 de
abril de 1834 por medio del cual se reconocía que, luego de escuchar a los gobernadores de
Yucatán y de Tabasco, además de la Santa Sede, la silla episcopal debía ser ocupada por
"un eclesiástico mexicano por nacimiento, de conocida virtud e ilustración". El documento
fue firmado por el senador Alpuche y por el resto del senado, así como por Valentín Gómez
Farías y Andrés Quintana Roo.

5. Las primeras medidas


Al mismo tiempo, el Congreso Constituyente del Estado de Tabasco fijó impuestos a "todo
efecto extranjero" del "tres por ciento sobre los abonos hechos en la Aduana Marítima de
rutas generales al tiempo de su introducción". Tal medida, encontrada en el ramo
Gobernación, tenía claramente una razón antiespañola y de defensa de la nueva articulación
social, porque quienes controlaban hasta entonces el comercio eran principalmente
españoles, y su influencia se extendía hasta Galveston. La reticencia de los tabasqueños
para permitir la introducción de "maíces y harinas extranjeras" provocó circulares del
gobernador Margalli, quien en 1827 insistía en que podía comerciarse tanto con buques
nacionales como con extranjeros; pero finalmente no dejó de imponer algunas medidas
proteccionistas, y estableció cuotas de a "cien barriles de harina" por "cada cien cargas de
lo primero", de acuerdo con el artículo segundo del Soberano Decreto del Congreso de la
Unión del 29 de marzo de ese año.
Casi en el mismo sentido y por medio del Decreto número 10, se reglamentó la destilación
del aguardiente. En principio sólo el gobierno quedaba autorizado para otorgar permisos y
sólo aceptaba que la ubicación de establecimientos fuera "en las orillas de poblaciones
donde los jueces puedan celar el mejor orden público y los dependientes de rentas el
ingreso de derecho". Establecía un sistema de multas que llegaba hasta 200 pesos para los
alambiques grandes, y hasta 20 pesos en el caso de los chicos, de "pailita o tinaja", que
usaban los pobres.
Pero no todo era economía, también había una preocupación por normar la cuestión
política. En 1827 el Congreso Constitucional del Estado Libre de Tabasco implantó
reglamentos para los juzgados y tribunales. Concebía a los alcaldes constitucionales como
"verdaderos pacificadores", porque debían resolver las desaveniencias entre los habitantes
en las 24 horas siguientes a la comparecencia de las partes; y los interesados tenían el
mismo plazo para conformarse o inconformarse con la providencia conciliatoria. Cuando
las demandas civiles no eran mayores de 100 pesos, los alcaldes podían sancionar
definitivamente, sin "apelación", mediante juicios verbales.
A los alcaldes correspondía igualmente resolver sobre cuestiones de gobierno, de economía
y de policía. Los que fungían como tales donde no se contaba con escribano público,
podían "autorizar escrituras, testamentos, poderes y toda clase de instrumentos, cobrando
derechos con arreglo a arancel y teniendo a su efecto sus protocolos que custodiarán con
todo cuidado". Se estableció igualmente que en cada cabecera de departamento hubiera un
juez letrado, a "quien toca substanciar y determinar en primera instancia tanto de las causas
civiles y criminales que ocurran dentro del mismo departamento, a excepción de los
eclesiásticos o militares." Y algo interesante es que estos jueces se hallaban facultados para
conocer sobre las causas civiles y criminales de los delitos comunes cometidos por los
alcaldes. Las sentencias de los jueces podían causar ejecución cuando se trataba de juicios
de propiedad; en los plenarios de posesión, cuando la cuantía del pleito no excediera los
200 pesos, y en los juicios de posesión cualquiera que fuese su cuantía. Los jueces podían
visitar las cárceles sin fijar día ni hora, para conocer las condiciones de los procesados.
Asimismo se crearon reglas para los tribunales de segunda y de tercera instancia con el
objetivo claro de lograr una buena administración de la justicia. La preocupación sobre la
impartición de la justicia continuó, porque el 11 de diciembre de 1828 el Decreto número
15 concedió "... a todos los destinados a presidio hasta el día de hoy, remisión de una
tercera parte del tiempo porque hubiesen sido condenados".
Con seguridad esas instancias legales aumentaron sus trabajos cuando el sentimiento
antiespañol se generalizó en el estado y una gran cantidad de españoles tuvieron que
abandonarlo durante el lustro que va de 1826 a 1831, en un proceso muy parecido a un
ajuste de cuentas por lo acontecido en los años de la lucha independentista, como se pone
de relieve en los documentos del ramo Expulsión de españoles. En principio se negó a los
eclesiásticos extranjeros ejercer su ministerio sin aprobación del supremo gobierno, según
deja ver la respuesta del gobernador Ruiz de la Peña a la orden del 18 de marzo de 1826.
Un caso interesante es el del capitán de milicias activas, don Antonio Serra, considerado
desafecto a la Independencia, ya que en el año de 1821 intentó oponerse a la entrada de las
fuerzas independentistas que se acercaban al estado y, además, con sus paisanos catalanes
despojó al gobernador Andrés Girón, porque no defendió sus intereses comerciales. En
mayo de 1828 se le encontró sospechoso y propenso a "revolucionar", según lo denunció el
cura José María Jiménez Garrido, quien lo sorprendió con más de 60 hombres. Fue
sentenciado a destierro de la República, pero apeló porque estaba casado con una mexicana,
tenía hijos y era enfermo habitual.
Por otra parte, el gobierno de Ruiz llegó a su fin acusado de prevaricato y de atentar contra
la soberanía popular; la nueva legislatura inició sus funciones el 1º de agosto y lo
desconoció al día siguiente. El 3 de agosto de 1827, Marcelino Margalli lo sustituyó, siendo
reconocido un mes después por el presidente de la República. A su vez, Margalli fue
sustituido por el vicegobernador Santiago Duque de Estrada, quien, apoyado por la mayoría
del Congreso, lo hizo renunciar el 20 de septiembre de 1828. Pero de nueva cuenta Agustín
Ruiz de la Peña asumiría el cargo en 1829, con lo que se muestra que el relevo de gobiernos
efímeros marcó una época de inestabilidad que auspiciaba la formación de un nuevo orden.
En 1827, con la ley de expulsión de españoles, otros muchos fueron declarados desafectos a
la Independencia y expulsados con base en listas proporcionadas por el todavía gobernador
Margalli, quien, por otra parte, informaba que españoles avecindados en Villa Teapa y
Macuspana habían prestado juramento acompañados por dos testigos; esta ley, sin
embargo, aún no procedía en Jalapa y Usumacinta. Por puñados, los españoles debían
regresar a Andalucía Baja, Tenerife, Galicia, Cataluña, Castilla la Vieja, Cádiz, Isla de
Mallorca, Vizcaya y Extremadura. En dos de las listas conocidas se incluyeron 49 nombres
en una y 70 en otra. Esta ley decretaba que los españoles o súbditos del gobierno no podían
ejercer cargos o empleo alguno del Estado, ni votar hasta que España reconociera la
Independencia. Tampoco podían llevar armas en los poblados, y para hacerlo fuera de ellos
requerían licencia. Si se demostraba que eran desafectos a la Independencia, eran
expulsados del estado.
Sólo como muestra de la ideología que privaba en torno al problema, vale la pena citar el
informe que Josef Rovirosa, el nuevo gobernador de Tabasco, envió a Lucas Alamán,
ministro de Relaciones, el 30 de octubre de 1830: con el fin de "... acallar las voces
seductoras con que los malvados pretenden alucinar a los incautos inspirándoles inicuas
desconfianzas a virtud de la internación de españoles [...] previendo este gobierno tan
infaustos planes [...] realizó las medidas necesarias para embarcar a los españoles [...] todos
con destino a Campeche". El supremo gobierno respondió pidiendo informes al gobernador
sobre "qué causas residían dichos españoles en ese estado". El gobernador pidió a los jefes
políticos que exigieran a los españoles los documentos que acreditaran su permanencia.
No habrá sido fácil para los expulsados renunciar a sus negocios y a las redes familiares
establecidas, superar sus enfermedades y los años, en el caso de los más viejos, ni disimular
su ignorancia, pues algunos habían sido expulsados por usar documentos falsos: borraban el
nombre que aparecía originalmente en el documento y sobreponían el suyo; de algunos ni
siquiera se tenía la certeza de que habían abandonado el territorio. El 4 de junio de 1831,
Rovirosa, en otro oficio dirigido a la Secretaría de Relaciones, decía: "Los expulsados de
aquí sellados con la pública animadversión por su conducta anterior, se reunieron en
Campeche a espiar una ocasión favorable para introducirse en el Estado clandestina o
legítimamente. A su logro y dando maliciosas o equivocadas interpretaciones a las órdenes
[...] se agolparon por tres veces al puerto, penetrando a esta capital otras tantas". Y en la
última de tales incursiones "la irritabilidad del pueblo se exaltó", y de no haber tomado el
gobernador las medidas "activas y vigorosas" para regresar a los españoles a la frontera no
se sabe lo que hubiera sucedido.
El asunto fue tomado tan a pecho por Rovirosa que llegó a informar al ministro de
Relaciones, el 12 de marzo de 1831, que tenía en su poder la cantidad de 176 pesos y 3
reales, reunidos mediante una colecta para sostener la guerra en caso de una invasión de los
españoles. Aclaró que la cortedad de la cantidad no significaba falta de patriotismo, ya que
tabasqueños "hicieron sus compromisos para verificar tan luego como se presentase en sus
costas el enemigo".
Fue conmovedora la protesta que los españoles de Tabasco firmaron antes de abandonar el
territorio de la República. En ella expresaron un sentido testimonio del transcurso de sus
vidas en México:
...verifican su salida del contra su voluntad porque dejan un país en donde han contraído
afecciones muy fuertes y privilegiadas, así por el largo tiempo de su vecindad y las
relaciones amigables consiguientes a esta, así también por las propiedades o intereses que
tenían adquiridas, como por los estrechos y sagrados vínculos de sus pueblos y otros de
otros puntos, comparecieron y dijeron esposos que unen a la mayor parte de los exponentes
con sus respectivas familias, de donde van dolorosamente a separarse, dejándolas expuestas
a los riesgos y demás fatales consecuencias del desamparo y orfandad...
Así salieron los españoles que se consideraron desafectos al régimen establecido después de
la Independencia. Con este episodio se clausuraba un periodo crucial de la historia de
México que, como parteaguas, marcaba lo que llegaba a su fin lo que comenzaba.
III LA ÉPOCA DEL DESORDEN
1. Los avatares de la economía
ADEMÁS DE LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA, era prioritario ordenar la administración
económica del estado. Hacia 1826 y 1828 las dos terceras partes de los tabasqueños vivían
del cultivo y venta del tabaco, por lo que el gobierno estatal lamentaba las trabas que
imponía el federal para su producción y venta. También se reglamentó una contribución
sobre la tierra, su venta, su amparo y distribución, y se ratificaron los títulos de propiedad
agraria. Se trató de impulsar el corte del palo de tinte y el cultivo de la pimienta. En esta
nueva organización se asignaron los terrenos baldíos como propiedad del estado, y los
ejidos para servicio y utilidad de los pueblos. Los nuevos gravámenes que se estipularon
entre 1824 y 1834 frenaron el desarrollo de la agricultura y la ganadería, que desde el
periodo colonial habían sido la base económica de la región. De todas formas, hacia 1831
se contabilizaban en el estado 1 823 haciendas de cacao, 605 sitios dedicados a la siembra
de la caña; 10 cafetales; 25 lugares establecidos para la tala del palo de tinte; cinco para la
explotación de pimienta y 172 áreas dedicadas a la ganadería mayor.
En resumen, el cacao, el café, la pimienta, la caña de azúcar, la vainilla y el añil
constituyeron la base de la agricultura tabasqueña de ese tiempo y de la economía local,
como lo fue la cría de ganado vacuno, bovino y caprino. En términos de especialización
intrarregional, la región más rica fue la de la Chontalpa, debido a que Cunduacán albergaba
a la mayor parte de la población y poseía importantes áreas para la ganadería, así como
haciendas agrícolas, particularmente de cacao. En cambio, la prosperidad de la Sierra, como
sostienen Arias, Lau y Sepúlveda, descansó en Macuspana, que se dedicaba al cultivo de la
caña y a la cría de ganado.
Los nuevos impuestos y el desarrollo del comercio del palo de tinte provocaron que las
rentas estatales fueran suficientes para satisfacer los gastos y necesidades del estado. Sólo
entre 1823 y 1825 el comercio interior y exterior produjo una ganancia de más de medio
millón de pesos. Sin embargo, para poder subsistir, la región debía importar maíz, harina y
arroz del extranjero. Los puntos más importantes del comercio exterior fueron la Barra
Principal —que conectaba con Veracruz y Campeche—, las bocas de los ríos San Pedro, San
Pablo, Chiltepec y Dos Bocas, y el puerto de Frontera.
La industria, en cambio, descansó en la producción artesanal, básicamente manual; en la
producción de alcohol de caña —trapiches y alambiques—, y en la elaboración de tejidos de
algodón, para los que se había incorporado el uso del torno de hilar. De hecho, la actividad
fundamental del estado consistió en favorecer el cultivo del algodón y el trabajo del mismo,
así como en vigilar la destilación de aguardiente. En lo primero participaban maestros, y se
empleaban máquinas para hilar y tejer.
El panorama anterior no cambió con el centralismo; en algunos casos se agravó, por ello,
entre 1835 y 1841 los pequeños propietarios mostraban dificultades para mantener sus
fincas rústicas, lo que se agravó cuando, por los conflictos por Texas, el gobierno
determinó que la mitad de las rentas de sus departamentos debían ser tomadas bajo el rubro
de gastos necesarios. En este contexto la educación se abandonó, como se abandonaron las
obras públicas. Los productos alimenticios se encarecieron y se especuló con los artículos
básicos que debían llegar del extranjero para satisfacer la demanda. Para entonces, los
productos agrícolas que formaban la base de la economía eran el tabaco y el palo de tinte,
sobre los cuales los productores solicitaban facilidades y apoyo. Con excepción de 1842,
los demás años parecen estar marcados por la restricción y el gravamen.
De todas formas Tabasco era pródigo y generoso, pues, no obstante el fuerte calor, las
inundaciones y las plagas, proliferaban los bosques de maderas preciosas, las siembras de
cacao, vainilla y yuca. El maíz, el frijol y el arroz se cosechaban dos veces al año.
Asimismo, la flora y la fauna satisfacían las necesidades básicas de los pobladores. A pesar
de estas posibilidades, el café estaba descuidado por falta de demanda, la pimienta era poco
costeable, y el estanco del tabaco impedía la expansión de su cultivo. Como ironía y
contradicción, "carestía, hambre, especulación, alza de precios e impuestos afectan a los
tabasqueños" en este periodo, al decir de Arias, Lau y Sepúlveda.
El comercio, por su parte, dada la ubicación geográfica de Tabasco, se hacía principalmente
por mar y por vía fluvial. El transporte terrestre hacia el interior conoció también cierto
impulso. El primero se hacía a través de la Barra Principal y San Juan Bautista, mientras
que el fluvial por los ríos Grijalva, Mezcalapa y Usumacinta que, con el terrestre, formaban
la red principal de abastecimiento del interior.
En general, la falta de recursos económicos contribuyó al atraso del estado, particularmente
en el ámbito de la educación, pues al iniciarse la segunda etapa federal, hacia 1847, se
constataba que "no hay planteado un solo establecimiento científico, ni aún escuelas de
primeras letras en muchos de sus pueblos". Existían, en cambio, varios periódicos, como El
Temístocles (1846), sustituido luego por La Restauración, El Tabasqueño, de carácter
oficial (1847), y El Diablo Cojuelo. De México llegaban La Palanca y El Republicano; y de
Veracruz, El Iniciador.
Al empezar la segunda mitad del siglo XIX, Tabasco "presenta una imagen oscura, por su
bancarrota y atraso". Pero no por esto la vida se detenía. Los tabasqueños, amantes de sus
costumbres, conocían también "la pompa, el cuchicheo y la risa" en sus procesiones; sus
bailes contagiaban una alegría general, en especial aquellos que se realizaban en un
pequeño salón, sencillo pero elegante. Allí, "señoritas y cotorronas, hermosas y ricamente
ataviadas a la última moda, con enaguas de muselina blanca, huipilitos o camisas bordadas
de seda y encajes; con medias de algodón en rejilla o de seda; con sus peines de carey y
filigrana de oro, piedras o perlas engarzadas y aretes o argollas también de oro". Entonces
bailaban valses, contradanzas, jarabes, cuadrillas y zapateados. El teatro fue otro lugar
importante de recreo, pero tal vez lo fueron más, para los hombres sobre todo, las casas de
juego.
Así transcurría la vida en Tabasco, mientras los grupos y las facciones se diputaban el
control del poder a mediados del siglo XIX, como lo habían venido haciendo desde la
consumación de la independencia.

2. La inestabilidad política

A finales de octubre de 1829 Yucatán se sustrajo a la federación con un rápido triunfo del
centralismo cuando, por medio del Plan de Jalapa, Anastasio Bustamante desconoció la
presidencia del general Vicente Guerrero. En Tabasco los diputados reafirmaron su
fidelidad al sistema federal, pero los enemigos de Ruiz de la Peña se adhirieron a ese plan;
Santiago Duque de Estrada y Sebastián López Llergo ingresaron al estado encabezando un
ejército de 300 campechanos, en lo que se llamó la primera invasión de los chenes, al
comienzo de 1830. Sin embargo, Francisco Puich, con la milicia armada local, la Compañía
de Dragones y la Primera Compañía Activa, retomó San Juan Bautista y sus partidarios
recuperaron Cunduacán y Huimanguillo.
La escasez de presupuesto para cubrir los gastos de las tropas y los temores de un nuevo
derramamiento de sangre fueron suficientes para dar al Ejecutivo facultades más extensas.
Debido a los odios que la medida despertó, José Antonio Arce, gobernador de Tabasco,
pidió al Congreso el cese de dichas facultades. En un discurso pronunciado el 21 de enero
de 1830, aludió al estremecimiento de la máquina política por las agitaciones en los estados
de Yucatán y de Tabasco como consecuencia de la criminal declaración del centralismo.
Decía que:
El pronunciamiento del ejército de reserva en la Villa de Jalapa y los movimientos
consiguientes en la Capital de la República y de algunos estados, hicieron subir de punto
los temores y nadie dudaba de que la sangre de los mexicanos iba a derramarse a torrentes a
la vista de tamañas ocurrencias; pero el supremo de los seres, que vela constantemente
sobre la conservación y buen nombre de la nación mexicana, en los mismos momentos en
que parecía que iba a hundirse en el abismo de su ruina, hizo cambiar del modo más
portentoso la tremenda borrasca que la amenazaba...
En respuesta, Ignacio García de la Mora, presidente de la Asamblea, se expresó así ante la
posibilidad de una guerra civil, según documentos del ramo de Gobernación: "El Congreso
se complace de la firmeza heroica con que su diputación permanente siguió el sendero
constitucional en los momentos más apurados: aprecia mucho la majestuosa serenidad del
poder judicial y considera los compromisos en que se halló el ejecutivo". Y terminaba
tajante: "... Quede pues abolido el funesto espíritu de división entre los hijos de un mismo
suelo que prefieren el cruel suplicio a la servidumbre". El Congreso ratificó "sostener a
todo trance la integridad de la constitución federal".
San Juan Bautista, capital del estado y elevada al rango de ciudad desde el 27 de octubre de
1826, fue sorprendida el 29 de marzo de 1830, y su cuartel fue tomado por "un perverso
enemigo extranjero", haciendo varios prisioneros, que por fortuna fueron rápidamente
puestos en libertad. Las villas de Tacotalpa, Jalapa y Teapa —donde se estableció la capital—
se propusieron defender el sistema federal; para lo cual acordaron facilitar recursos al
gobierno, con el propósito de conservar la integridad del territorio y repeler a las fuerzas
invasoras; de no transigir con el caudillo centralista y "prestar el cuello al yugo antes de
caer en una vergonzosa tiranía".
Anastasio Bustamante, como vicepresidente, expidió un decreto del Congreso, firmado,
entre otros, por el cura tabasqueño José María Alpuche e Infante, y alusivo a la situación en
las provincias que éste representaba:
En las providencias que se tomen para restituir a los estados de Yucatán y Tabasco al
sistema Federal, no se causaría perjuicio alguno a los comprometidos con ellos, por la
conducta política que hayan observado desde el pronunciamiento hasta la vuelta al orden
constitucional...
Pese a tal preocupación, Bustamante ocupó la presidencia de la República con tendencias
claramente centralistas en agosto de 1830 y, aun con las divisiones internas en Tabasco, las
elecciones de 1831 se realizaron para darle el triunfo a Rovirosa, quien el 15 de noviembre
de ese mismo año hizo que la Legislatura del estado proclamara una nueva Constitución
política, reformando la de 1825. Se inició desde entonces un juego de relevos en el que se
alternaron gobiernos simpatizantes del centralismo y del federalismo.
Cuando el levantamiento general de Antonio López de Santa Anna depuso a Bustamante,
los seguidores de éste en Tabasco presenciaron de nuevo la intervención por parte de
Yucatán y de 500 hombres de la guarnición de Campeche al mando de José del Rosario Gil
y de Manuel Lara Bonifaz, en lo que se llamó la segunda invasión de los chenes. Los
invasores fueron derrotados y Rovirosa volvió al gobierno, donde permaneció hasta su
muerte, ocurrida el 26 de septiembre de 1832. Entonces los liberales, con Manuel Buelta
como gobernador, recuperaron el poder en el estado.
No es extraño que en medio de tanta trifulca, y debido probablemente a las diferencias con
el Yucatán de tendencia centralista, el Congreso del estado de Tabasco promulgara, por
medio del Decreto 24, la separación del ramo eclesiástico que dependía de la sede episcopal
de Mérida el 29 de febrero de 1829. Sin embargo, considerando que dicho Congreso no
tenía todas las facultades necesarias para emitir un decreto de tal envergadura, se propuso
que dicho documento fuera redactado como iniciativa de las Cámaras de la Unión.
Entre los aspectos fundamentales del decreto, de acuerdo con el mismo ramo de
Gobernación, se establecía que Tabasco quedaba libre e independiente, en la parte de la
administración eclesiástica, de la autoridad y el poder de Yucatán. Además, se establecía
que en Tabasco habría un vicario general y un teniente vicario, y proponía para ocupar
dichos cargos a José Eugenio Quiroga y a José María Alpuche e Infante. Asimismo, el
gobernador tendría en exclusiva la provisión de los empleos eclesiásticos. Los curatos
interinos debían aportar a la tesorería general una tercera parte de la renta íntegra
perteneciente al párroco respectivo, para destinarla exclusivamente a la instrucción pública.
Se nombrarían mayordomos de fábrica para evitar los abusos cometidos con los fondos y
caudales, que estarían sujetos a la inspección de los ayuntamientos. Se estableció que los
diezmos fueran impuestos a los pueblos para mantener el culto y a los ministros; que la
junta de diezmos inspeccionara la recaudación y aplicación de los mismos, y que las
actividades de dicha junta fueran normadas por una ley.
Sin embargo, el clero tabasqueño, compuesto principalmente por franciscanos y dominicos,
alentaba al "gallinero" al ubicarse al lado de los centralistas, porque, según explicaba el
gobernador de Chiapas en 1832, "...todos son por instinto enemigos del actual orden de
cosas y abusando del púlpito y del confesionario, mueven el fanatismo a su placer".
La situación en Tabasco, como el mismo Alpuche la calificó, era "anárquica", y al gobierno
de Buelta se le fue en sofocar levantamientos, como el de Evaristo Sánchez en San Antonio
de los Naranjos, quien, derrotado, fue a refugiarse a Huimanguillo. Después tuvo que
expulsar del estado a los supuestos involucrados en el fallido intento de tomar la Casa Mata
o de La Pólvora, entre ellos al cónsul francés y a don Simón Sarlat García. Los diputados
tuvieron que dirigirse luego a la capital del país, denunciar la actuación y pedir la
destitución de Martínez de Lejarza, el comandante militar que hacía de las suyas en el
estado.
La conflictiva situación política, así como la inestabilidad militar causada por los continuos
levantamientos con su secuela de muertos, heridos y hambruna, desencadenaron una
epidemia de cólera morbus que provocó más de 4 000 decesos entre la población
tabasqueña. Las calles, plazas y mercados quedaron desolados; el silencio sólo era
interrumpido por los gritos de los dolientes, y la única botica, propiedad del doctor
Francisco Corroy, no se daba abasto para atender a los enfermos quienes buscaban todo
tipo de medicamentos, como infusiones de calahuala, huaco, cortezas de guayaba y
cocohite, árnica y palo mulato. Durante más de seis meses los pobladores se familiarizaron
con las banderitas amarillas que marcaban las casas de los enfermos, negras donde había
muertos y blancas para los sanos.
En su Viaje pintoresco y arqueológico en la Provincia de Yucatán, Federico de Waldeck
narró las dificultades que tuvo al tratar de ayudar a la población tabasqueña, así como los
problemas que enfrentó cuando buscó salir del territorio de la epidemia en la primera
semana del mes de diciembre de 1833:
Al pasar delante del fuerte Pedraza, supimos que el cólera desolaba Frontera y toda la
provincia; sin embargo desembarcamos en este pueblo. Ni un aduanero asistió a nuestro
desembarque; el terror detenía en su casa a los mismos individuos a quienes su profesión
obligaba a un servicio público. Las calles estaban desiertas y silenciosas; el espanto y la
desesperación hacían mudo a este pobre burgo al que la plaga visitaba de un modo
inopinado y cuya población segaba despiadadamente.
Y aun en medio de tanta desolación, los problemas políticos no tuvieron tregua. El 25 de
marzo se supo que el ex inspector Maldonado atacaría San Juan Bautista; como pudieron,
sus habitantes se parapetaron en las construcciones más resistentes, y al día siguiente el
agresor se encontraba dominando el barrio de Esquipulas a medio tiro de cañón de la
ciudad, con el consabido pánico de los pobladores. Mariano Martínez, el comandante de
armas, ofreció dimitir si Maldonado y su gente se retiraban, lo cual no sucedió, y el ataque
dio comienzo. Ese miércoles santo de 1834 las tropas agresoras perdieron la batalla por
errores estratégicos. Se retiraron a Huimanguillo para intentar atacar de nuevo el día 28,
pero un nuevo brote de cólera los disuadió.
Los ires y venires de los centralistas y federalistas en el ámbito nacional, así como las
salidas y llegadas de Santa Anna al poder, influyeron definitivamente en la organización
política de Tabasco, aunque quizá no operaron de manera tan nítida los grupos que se
identificaban con una y otra facción. Sin embargo continuaron conspirando en favor de los
primeros Evaristo Sánchez y los hermanos Manuel y Eugenio Llergo. Santa Anna volvió a
la presidencia de la República, y por medio del Plan de Cuernavaca dio el réquiem al
federalismo; con el lema de "religión y fueros" canceló las iniciativas de Valentín Gómez
Farías, y disolvió el Congreso cuando en Tabasco resultaron electos Narciso Santa María y
Eduardo Correa como gobernador y vicegobernador, respectivamente. Asimismo, los
diputados electos demostraron la orientación que prevalecería, porque todos eran
connotados partidarios del centralismo, como Santiago Duque de Estrada, Vicente
González, Simón Sarlat García y Juan Medrano.
El 8 de noviembre de 1834 el gobernador fue facultado por el Congreso del Estado para
negociar un préstamo y sufragar los gastos de 800 pesos para su marcha a Chiapas, a
cuenta, como en otros casos de expediciones militares, del adeudo a la federación. El gasto
militar se imponía y poco importaba que no fluyeran los recursos hacia la población para
atacar la epidemia de cólera que acabó con tantas vidas humanas. Por lo demás, había
escasez de alimentos, de modo que el gobierno estatal aceptó de nuevo la introducción de
víveres comprados en el extranjero, lo que no se practicaba desde la prohibición impuesta
luego de la Independencia.
La orientación militar del gasto buscaba poner fin a los continuos enfrentamientos contra
ese estado, protagonizados a veces por centralistas y en ocasiones por federalistas para,
desde su territorio, incitar los levantamientos de Huimanguillo. El gobierno también
informó en diferentes ocasiones de las deserciones, que fueron castigadas retirando a los
militares "por haber hecho armas contra el Estado". Incluso llegó a dar las listas de
oficiales, tropa y ciudadanos que participaron el 26 de marzo de ese año en los actos para
repeler a la tropa venida de Huimanguillo.
Aún otro acontecimiento levantaría los ánimos de los tabasqueños en favor de las armas. Se
trataba del problema de Texas, provocado en gran parte por la prepotencia del presidente de
la República. A finales de septiembre de 1835 la Secretaría de Relaciones Exteriores envió
circulares a los gobernadores y jefes políticos del país pidiéndoles que conservaran la calma
frente al alzamiento de los colonos en Texas. El coronel Orihuela respondió desde Tabasco
poniéndose a las órdenes para la campaña contra aquel departamento y ofreciendo 800
hombres. Pero no fue sino hasta el año siguiente cuando, unidos, Cunduacán y Comalcalco
formaron la Compañía de los Voluntarios de la Patria, que se puso a las órdenes del
comandante Ignacio Gutiérrez para hacer frente a quienes pretendían desmembrar el
territorio de la patria.
Cuando entre 1835 y 1836 se publicaron las Siete Leyes que fundamentaban el régimen
centralista y organizaban a la República en departamentos, distritos y partidos, las simpatías
por esa facción se afianzaron. Ello provocó que disminuyera la fuerza del gobernador Santa
María y se reforzara la tendencia del comandante y general Joaquín Orihuela. La situación
respondía también a una ley emitida por el Congreso de la Unión el 31 de julio de 1835,
mediante la cual se redujeron las milicias de lo estados que habían fungido como el brazo
armado de los gobiernos estatales.
Eduardo Correa, quien había sido vicegobernador durante el gobierno de Santa María,
sustituyó a Orihuela, y a la muerte de éste el comandante Ignacio Gutiérrez, apoyado en los
Tratados de Tacubaya, tomó el poder luego de entrar en Tabasco el 10 de junio de 1836,
para ser nombrado más adelante, el 15 de mayo del año siguiente, gobernador del
departamento de Tabasco, cuando Bustamante era de nuevo presidente y Santa Anna se
encontraba refugiado en su hacienda de Manga de Clavo.
Durante el gobierno de Gutiérrez se mantuvo cierta calma, pero no tanta, en cuanto que el
cura José María Alpuche e Infante tuvo que salir de Cunduacán y de la República a causa
de la cruel persecución militar en su contra. En febrero de 1837 se dirigió al presidente
solicitando garantías para su regreso a México. Llegó al puerto de Tampico en la barca
Anselmo, pero se impidió su desembarco por sólo unos días. Al parecer fue expulsado por
Santa Anna, y su salida tuvo que ver con los desacuerdos con la mitra yucateca, que en
connivencia con la metropolitana "... intentaron alucinar a este Gobierno y a la nación
dando el testimonio más auténtico de mala fe, y de la más corrompida moral pública".
Alpuche e Infante negaba tener participación en el hecho de que cuando fue presidente del
Senado en 1834 se declaró vacante la mitra de Yucatán; entonces lo declararon "cismático
y sedicioso". Pese a los numerosos oficios en los que reclamó sus derechos y fijó su
posición frente a la diócesis en cuestión, pese a sus entradas y salidas del país —que le
hicieron viajar por Portugal, Texas y Nueva Orleáns— Alpuche concluyó en una carta del 16
de noviembre de 1833, localizada en el ramo Justicia Eclesiástica: "desclerigado, vendí
sotana y compré espada como ordena el evangelio para atacar de frente, y por las vías
legales al despotismo del alto clero".
Los federalistas intentaron de nuevo tomar posiciones en el estado cuando en todo el país
surgieron protestas contra el nuevo orden. En Yucatán hubo pronunciamientos desde 1839,
y en 1840 volvió a separarse de la República mientras no se restableciera el régimen
federal. En ese mismo año continuaba en Tabasco el gobierno férreo y personalista de
Gutiérrez cuando aparecieron acaudillando la revolución federalista Fernando Nicolás
Maldonado, Francisco de Sentmanat y Juan Pablo Anaya. Después de algunos descalabros,
el último logró llegar a San Juan Bautista en la goleta General Mejía y el bergantín Imán, y
tomó la plaza. Convocó inmediatamente a formar la Junta Restauradora del Federalismo
para nombrar un gobierno provisional que pudiera llamar a elecciones conforme la
Constitución estatal de 1831.
El 13 febrero de 1841 el Congreso tabasqueño decidió separarse de la República mientras
ésta estuviese en manos de los centralistas, y el 3 de septiembre anexó a su territorio el
cantón de Huimanguillo, que pertenecía a Veracruz, convirtiéndolo en departamento. Algo
similar haría también respecto al de Pichucalco, que estaba adscrito a Chiapas. Hacia
finales del año el gobernador Francisco Díaz del Castillo y el comandante de las armas,
Francisco de Sentmanat, tuvieron que recibir a un comisionado de Santa Anna para resolver
las controversias. Como consecuencia de esta negociación se estableció un nuevo gobierno
en el estado, encabezado por Justo Santa Anna, y, luego de devolver Huimanguillo a
Veracruz, el 14 de noviembre Tabasco se reintegró a México.
Sin embargo, ni las Bases de Tacubaya ni el establecimiento de una junta departamental
lograron poner fin a los conflictos. Ésta envió una terna al presidente de la República para
que nombrara gobernador, pero éste la hizo a un lado y prefirió otorgar el cargo a
Sentmanat. Los federalistas volvieron a tomar posiciones en el país, y en 1842 se reunió el
Congreso Constituyente de México para elaborar un proyecto de Constitución con
tendencias liberales, pero sin lograr ningún avance.
El nuevo gobernador no continuó mucho tiempo en el cargo, por razones no muy claras;
aunque probablemente compartía algunas ideas con los liberales, tuvo que abandonar el
territorio, asediado por las tropas del general en jefe de Yucatán, Pedro de Ampudia. Corrió
el rumor en Tabasco de que sus fuerzas padecían del vómito negro, y el gobernador se
sumó al temor del pueblo. Por disposiciones del supremo gobierno, 2 500 hombres
desembarcaron en San Juan Bautista en 1843, sin que aparentemente hubiese alguna
explicación. Sentmanat huyó e intentó rehacer su ejército, solicitando apoyo en los estados
vecinos, incluso en La Habana y Nueva Orleáns. Volvió con unos cuantos pertrechos para
morir finalmente ejecutado con 38 de sus hombres en junio de 1844. Santa Arma terminó
por imponer sus decisiones y por mucho tiempo Tabasco no encontró la tranquilidad.
3. Las invasiones de los Estados Unidos y de Francia
Como secuela de la permanente discusión entre liberales y conservadores, entre 1846 y
1866 el estado vio interrumpido su transcurrir, porque quedó en la mira de los dos grandes
invasores del siglo; primero los Estados Unidos, con su ambición expansionista, y después
Francia, con su efímero sueño de construir un imperio en ultramar.
Aunque Tabasco se encontraba lejos de lo que sería el punto de mayor atracción para los
invasores estadounidenses, éstos buscaron interrumpir el comercio entre ese estado y
Yucatán, lo cual fue posible porque tomaron posiciones en el puerto de Veracruz después
del descalabro sufrido en Alvarado. Así, el 21 de octubre de 1846 se encontraron en la
desembocadura del Grijalva los barcos de la escuadrilla al mando del comodoro Mathew C.
Perry, compuesta por los vapores Mississipi y Vixen, y por las goletas Bonita, Reefer y
Nonata. Conduciendo a varias centenas de soldados, se apoderaron de Frontera dos días
después, y cuando la flotilla fue avizorada desde San Juan Bautista, el gobernador Juan
Bautista Traconis hizo todos los preparativos para rechazarla.
Cuentan que cuando una bala de cañón partió por la mitad el asta de la bandera, ésta se vino
abajo, por lo que el fuego cesó de inmediato; un comisionado de Perry se presentó ante los
defensores para indagar si eso significaba la rendición. Según uno de los veteranos de esa
guerra, expone Gil y Sáenz, Traconis respondió:
...diga Ud. al Sr. Comodoro Perry, que la plaza no se rinde ni se rendirá jamás; que por
azar la bandera se ha venido abajo; que no tengo otra asta para tremolarla de nuevo, pero
que la voy a fijar en la torre de la iglesia, que por fortuna tengo tan cerca; que se lo aviso
para que si quiere dirigir sus fuegos sobre dicha torre, lo haga, con la seguridad de que, o
soy muerto en aquel sitio o pongo la bandera de mi patria en la cruz de hierro que está en el
remate de la torre.
Los invasores no lograron tomar la capital, pero dejaron dos buques en Frontera, con lo que
el estado permaneció asediado por varios meses. Mientras tanto, un nuevo movimiento
político se realizaba con el nombramiento de Justo Santa Anna como gobernador, ante la
renuncia "forzada" del comandante de la plaza. Como acusó a Traconis de despótico y
usurpador, éste lo retó a duelo, que pudo evitarse gracias a la intervención de los amigos.
En junio de 1847 San Juan Bautista volvió a ser blanco del fuego, esta vez de los vapores
Scorpión, Spit Fire y Washington, la bombardera Etna y los bergantines Vesubio y
Stromboli; conducidos también por Perry. En esta ocasión la ciudad capital cayó, y
permaneció durante 35 días en poder de los invasores. Cuando el comandante
estadunidense abandonó la ciudad, dejó en su guarnición 420 hombres al mando de un
gobernador provisional y salió para Frontera. Las guerrillas tabasqueñas no dejaron ni a sol
ni a sombra a los agresores y el transcurrir de la vida se alteró, y de acuerdo con la síntesis
realizada en Tabasco. Textos de su historia, Diógenes López Reyes contó:
En vista de que el comercio en su mayor parte cerró sus establecimientos mercantiles, el
invasor los obligó a abrir y muchos tuvieron que forzar las puertas y candados. Los
campesinos no llevaban sus frutas, aves, pescados, leche, etc., como lo acostumbraban para
abastecer su ciudad, llegándose a padecer grandemente por falta de bastimentos.
Como consecuencia de esa guerra, y por las torpezas del presidente Santa Anna respecto de
los territorios de Texas y de la Alta California, México perdió más de la mitad de su
territorio, pero finalmente la paz llegó con los Tratados de Guadalupe Hidalgo, firmados el
28 de febrero de 1848. De Tabasco, los invasores se fueron como llegaron, pero su salida
estuvo asociada a un fuerte contrabando de cacao, que sacaron del estado subrepticiamente
escudados en las fragatas de guerra.
Terminado en 1846 el periodo de las constituciones centralistas, se restableció la vigencia
de la de 1824; y en Tabasco se expidió la tercera Constitución, el 13 de agosto de 1850, que
reafirmaba la convicción de que el gobierno sería republicano, representativo y popular.
Debido a la reciente invasión, iniciaba declarando:
El Estado de Tabasco es libre e independiente de toda otra potencia, y de los demás Estados
Unidos de la Nación Mexicana, con los cuales conservará las relaciones que establece la
confederación nacional de todos ellos.
Había suficientes razones para suponer debilitado el gobierno de López de Santa Anna,
pero aún contaba con simpatizantes. Sin embargo, los problemas llegaron al límite cuando
el 1º de marzo de 1854 surgió la Revolución de Ayutla, encabezada por Juan Álvarez, el
viejo insurgente que buscaba elegir un presidente interino y convocar a un Congreso que
diera al país la organización de República representativa y popular. En Tabasco, Victoriano
Dueñas, del pueblo de Jalpa, se levantó inmediatamente en armas apoyando el plan de esa
revolución; aunque su liderazgo no resultó plenamente aceptado y su elección fue difícil,
con el fin de lograr la paz, ofreció garantías, así como seguridades personales y de intereses
a todos los tabasqueños.
El 5 de febrero de 1857 se proclamó la nueva Constitución, eminentemente liberal, que
incluyó algunas de las Leyes de Reforma proclamadas en los años previos, con la
presidencia del capitán Ignacio Comonfort, quien contó con el licenciado Benito Juárez en
la Suprema Corte de Justicia.
En Tabasco, la nueva Carta Magna fue jurada el 5 de abril, y un mes más tarde se realizó la
elección de Victoriano Dueñas, quien con visión apoyó el Plan de Ayutla. Posteriormente
contó con la ayuda del presidente de la Suprema Corte para hacerse de una posición sólida
en San Juan Bautista. El país pronto sería sorprendido con una especie de dualidad de
poderes, porque el 11 de enero de 1858 Félix Zuloaga era designado presidente en la capital
de la República que, mientras Benito Juárez se proclamaba presidente desde el estado de
Guanajuato. En Tabasco se reflejó esa situación porque coexistieron dos gobernadores, y no
fue sino hasta después de vencer muchos problemas cuando Dueñas logró retomar San Juan
Bautista el 8 de noviembre de 1858.
La guerra continuó, y apenas tres años después la Armada Tripartita, compuesta por
ingleses, españoles y franceses tomaba las playas veracruzanas con el fin de cobrar los
adeudos de préstamos, cuyos pagos Juárez había suspendido; pero, sobre todo, el objetivo
era lograr posiciones en ultramar para Napoleón III —llamado el Pequeño— este interés
llevó
a los otros países, en violación de los acuerdos preliminares de La Soledad, a una aventura
que costaría muchas vidas. Para 1862, las tropas francesas habían conquistado algunas
posiciones, pese a los continuos ataques de los guerrilleros. Los tabasqueños pronto se
aprestaron a la defensa de su territorio cuando conocieron los avances de los invasores,
quienes ya habían tomado Alvarado y Tlacotalpan en diciembre de ese año. El 7 de enero
de 1863, las tropas del conde de Lorencez se posesionaron del puerto de Veracruz como
parte de una estrategia destinada a apoyar la instauración del Imperio, ofrecido a
Maximiliano, de la casa austriaca de los Habsburgo.
El buque de guerra Darien, como otrora los barcos estadounidenses, fondeó frente a la
población de Frontera. El 9 de marzo de ese año el ayuntamiento se reunió para tomar una
decisión, según reportó un testigo:
Que hace como quince o veinte días que tenemos situado en la barra un vapor de guerra
francés que ha establecido el bloqueo y hasta la fecha ha conducido para el Carmen tres
buques que venían dirigidos a este puerto: Que últimamente ha sabido por unos señores que
vinieron de Laguna, que el día nueve o diez del presente, debían venir algunos lanchones y
cañoneras con el fin de invadir esta Villa.
El 18 de junio llegó a aguas tabasqueñas un vapor procedente de Laguna del Carmen con
80 hombres a bordo comandados por Eduardo Gonzalo Arévalo, de origen español. Les
llamaron los "colorados" porque llevaban uniforme de chaquetín rojo. Después de
bombardear durante varias horas lograron desembarcar y tomar la capital. Arévalo trató de
llegar a algún acuerdo con el gobernador Dueñas, pero éste no aceptó y decidió marchar
con su Batallón Juárez rumbo a la región de la Sierra, para evitar la destrucción de San Juan
Bautista.
Don Gregorio Méndez, de Comalcalco, estaría destinado a ser una de las figuras
paradigmáticas de la resistencia a la invasión francesa, porque tuvo la capacidad y la
inteligencia para hacerle frente, a pesar de que todos veían en él solamente al comerciante
en pequeño, propietario de "La flor comalcalqueña", y al profesor de música interesado en
formar una banda y en difundir sus enseñanzas. Sus actividades lo llevaron a coincidir con
el coronel de la Chontalpa, Andrés Sánchez Magallanes, y juntos se propusieron rebelarse
en los primeros días de octubre de 1863 contra Arévalo y las autoridades nombradas por él.
Lino Merino se levantó en Tacotalpa, y los hermanos Rosario y José María Bastar en
Teapa. En Macuspana, Comalcalco y Cunduacán fueron tomando posiciones los
republicanos. A este último lugar llegó Méndez el 29 de octubre, después se unió a las
tropas de Sánchez Magallanes y juntos consiguieron la caída de Arévalo en una emboscada
en El Jahuactal; con esta victoria la República se apuntó un triunfo significativo.
El avance sobre San Juan Bautista se había iniciado. Después de tomar los pueblos que
encontraron a su paso, las tropas libertarias se fortalecieron. Para el 14 de enero se
encontraron en Esquipulas y el 18 ocuparon la Plazuela del Águila, en el centro. Un mes
después, Gregorio Méndez, coronel en jefe de la brigada de operaciones del estado, se
dirigió a "sus leales y valientes compañeros" para agradecerles su participación en la
liberación del estado:
Por fin, después de tantos y tan nobles esfuerzos, de tan grandes y heroicos sacrificios,
brilla la luz de la libertad para Tabasco; el enemigo, los aventureros y traidores, no
pudiendo rendir ni cansar vuestra bravura, han tenido que retirarse, a pesar de sus vapores,
de sus buques y lanchas de guerra, a pesar de los formidables atrincheramientos desde
donde ha estado, hace hoy cuarenta y tres días, escombrada la capital del Estado.
El 27 de febrero de 1864 los franceses dejaron el suelo tabasqueño, aunque tuvieron el
cuidado de controlar las recaudaciones de la aduana en la Barra de Frontera. Sin embargo,
su aventura continuó en el resto del país, y éste no se vería librado de los invasores sino
unos años después. Todavía cuando el 28 de mayo llegó a playas mexicanas el archiduque
Maximiliano declarado emperador de México por los conservadores, acompañado de la
bella archiduquesa Carlota, los representantes por el estado de Tabasco Justo F. Santa
Anna, Eleuterio Pérez Andrade, Benito C. Sastré, Manuel Sánchez Mármol y Carlos
Zepeda dieron a conocer una protesta que, entre otras cosas, decía:
El gran crimen está consumado; la farsa intervencionista ha realizado el más descabellado
de sus planes; el inicuo proyecto de una política obcecada y perversa, parece tocar ya a su
término [...] Os anunciamos este gran suceso, con el corazón estremecido de indignación
[...] No necesitáis decirnos una palabra sobre lo que sentís y pensáis de ese horrible
atentado que perpetran en el suelo de la Patria la traición y la perfidia [...] El Archiduque
Austriaco está entre nosotros. Tanto mejor; así podrá convencerse por sus propios ojos de
que el pueblo mexicano detesta, con soberana detestación, ese gran retroceso que se llama
la monarquía [...] .
En 1866, Napoleón III retiró sus tropas dejando a Maximiliano a la deriva en un país que
nunca entendió, y en junio de 1867 los liberales lograron vencer a los partidarios del
Imperio. Juárez fue restablecido como presidente y Sebastián Lerdo de Tejada fue electo
presidente de la Suprema Corte y, por lo tanto, vicepresidente de la República. A los grupos
de juaristas y lerdistas se agregaba uno que respondía al liderazgo de otra persona destacada
en las operaciones de guerra contra la intervención: los adictos al coronel Porfirio Díaz. En
Tabasco se convocó a elecciones, en las cuales Felipe de Jesús Serra fue declarado
triunfador; el general Méndez, en tanto que gobernador y comandante militar, le transfirió
el mando el 1º de enero de 1868.
Hubo, sin embargo, nuevos conflictos locales, como el levantamiento del teniente coronel
Eduardo R. Bastar Zozaya. Patriota juarista y jefe de la Brigada Zaragoza, se distinguió en
el asalto al Principal, en lo que los tabasqueños consideraron la epopeya del 27 de febrero
del año contra el gobernador Serra. Otros movimientos alteraron la tranquilidad, pero ya no
resultaron tan significativos para la historia local.
Luego vino la reelección de Juárez y el levantamiento de Díaz, quien con la bandera de la
No reelección se le opuso por medio del Plan de la Noria. Al morir el líder de la Reforma el
18 de julio de 1872, Lerdo asumió la presidencia de la República por cuatro años y el país
conoció una paz precaria que fue interrumpida cuando trató de reelegirse. Con la proclama
del Plan de Tuxtepec, Díaz enarboló su antigua consigna de respeto a la Constitución de
1857, obteniendo el éxito que no logró cuando lo intentó contra el prestigio de Juárez.
Después de vencer a las fuerzas defensoras del gobierno de Lerdo, el 23 de noviembre de
1876 Díaz entró triunfante en la ciudad de México. Tres meses después asumió
provisionalmente la presidencia de la República y el 5 de mayo de 1877 inauguró su primer
gobierno constitucional. México comenzaba un periodo de estabilidad política y de paz
cuando el régimen logró imponer orden, aun en las regiones más apartadas del país, bajo el
esquema de una concentración político-administrativa. Simón Sarlat Nova fue elegido
gobernador de Tabasco el 1º de julio de 1877. Con la etapa que terminaba, caracterizada
por el desorden político y la inmadurez de las instituciones, Tabasco había tenido
aproximadamente 150 gobernadores, en el transcurso de su vida independiente, sin dejar de
considerar que varios de ellos ocuparon el cargo en repetidas ocasiones.
A pesar de todo, en aquel violento periodo Tabasco se convirtió en Estado Soberano e
Independiente y se integró al sistema político republicano, representativo y federal. Se
consagró en su territorio la abolición de la esclavitud y se establecieron las libertades de los
ciudadanos, y se reglamentaron las elecciones para los poderes estatales, la creación de los
ayuntamientos, la regulación de las funciones de los jefes políticos y las rentas particulares
del estado.

IV. ENTRE EL FIN DEL SIGLO Y LA REVOLUCIÓN


1. Noticia económica

TABASCO CONTABA EN 1869 con 89 000 habitantes, y en 1873 albergaba ya a 95 600,


lo cual significaba un rápido crecimiento, pero aun así su densidad era de menos de cuatro
pobladores por kilómetro cuadrado. Entre los grupos indígenas destacaban los chontales,
que sólo representaban un cuarto de la población. De los 475 extranjeros que residían en su
territorio, 300 eran españoles. En la ciudad de San Juan Bautista moraban 8 000 personas.
Los tabasqueños vivían de la cosecha del cacao, grano del que se obtenían 1 600 libras, de
1 000 árboles. De maíz se producían 120 arrobas en cada siembra, y 80 de arroz. Se
cultivaba también la caña de azúcar, y se obtenían muchos beneficios de la riqueza
generada por el corte del palo de caoba, así como de la cría de ganado, de acuerdo con la
Historia moderna de México.
El cacao había sido conocido desde tiempos inmemoriales; su almendra fue tan preciada
por la bebida que producía que pronto se extendió por toda Mesoamérica con su nombre
original: chocolate. Así, existieron condiciones para elaborar la bebida predilecta de los
indios de la zona, quienes mezclaban el cacao con maíz disuelto en agua y le llamaban
posol. La almendra sirvió como medio de intercambio por otros productos en la época
prehispánica, y durante la Colonia la bebida se impuso no sólo entre los españoles que
habitaban la Nueva España, sino entre los residentes de los países europeos. Un Boletín de
la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística explica:
El cacao se siembra a la sombra de otros árboles, que en Tabasco llaman "madre". A los
cinco o seis años de sembrado empieza a dar fruto, y llega a la plenitud de su producción de
los diez a los doce. Alcanza generalmente el árbol una altura de cinco varas, y el grueso de
su tronco llega ordinariamente a siete u ocho pulgadas de diámetro. El fruto de este árbol
nace directamente del tronco y de las ramas, formando en su total desarrollo una cápsula de
seis u ocho pulgadas de longitud, a dos o tres de diámetro, encerrando en su cavidad interna
de veinte a veinticinco almendras.
El árbol del cacao produce tres cosechas al año: la primera y principal en abril y mayo; la
segunda en octubre y noviembre, y la tercera en diciembre y enero.
La producción de cacao estuvo estrechamente vinculada a las condiciones climáticas del
estado con mayor precipitación pluvial del país, al territorio más acuoso, dibujado por sus
grandes ríos, pantanos y albuferas. Esto es muy importante, porque las tierras existentes
resultaron escasas, aunque muy propias para los cultivos de plantación y la existencia de las
monterías.
Desde mediados del siglo XIX se fue estableciendo el perfil de la propiedad territorial que
imponía la legislación del derecho romano introducido por los españoles, en un proceso que
desintegró las posesiones y las formas tradicionales de trabajo de los indios, de tal forma
que ya para entonces sus tierras fueron expropiadas mediante diferentes estrategias, como
los repartimientos y la formación de nuevos centros de poblamiento. La modernización
orientada a la formación de ciudadanos, contrariamente a la tradición comunitaria, dejó a
los indios en la indefensión, y se inició el gran proceso de acaparamiento de las tierras, que
se reforzó con las leyes que fueron aplicándose a lo largo del siglo.
Con la Ley de Desamortización del 5 de junio de 1856 (conocida como Ley Lerdo) los
bienes eclesiásticos fueron expropiados o rematados, lo que generó en principio varios
problemas entre los mismos tabasqueños, que después derivaron en grandes
concentraciones de tierra en un amplio proceso susceptible de ser documentado.

2. Efectos de la Ley Lerdo

El conflicto de San Antonio de Cárdenas del 18 de diciembre de 1855, encabezado por el


presbítero Francisco Gutiérrez Echegaray, pudo haberse relacionado ya con la nueva
legalidad que se anunciaba. El entonces gobernador de Tabasco, don José de Castro,
intervino para encarcelarlo y evitar así el desorden que estaba fomentando en Cunduacán y
en la Villa de Guadalupe de la Frontera. Incluso, siguiendo los documentos del ramo de
justicia Eclesiástica, se dirigió al vicario in capite para pedirle que tomara las disposiciones
para evitar las "instigaciones subversivas" del eclesiástico.
El comportamiento del clero dejaba mucho que desear, y por lo general los procesos
estuvieron relacionados con cuestiones económicas. También se procedió contra otro
presbítero, Manuel Urraña de Frontera. Cuando el comandante de policía, acompañado de
sus subordinados, se presentó para aprehenderlo, aquél hizo valer su "fuero" con una tranca.
Dicho sacerdote había dispuesto de tres velas de lona compradas por la Iglesia al bergantín
hamburgués Clara María, el cual se perdió a sotavento de este puerto. Las hermosas velas
fueron pagadas con las limosnas; y el padre, que según se informaba "bebe licor, juega y
tiene mala conducta", además de que nunca había predicado, simplemente las vendió. Sólo
después de un amplio proceso se le encontró culpable, y el fiscal le impuso como sentencia
"...practicar ejercicios espirituales en el tiempo de ocho días en el Convento de la Mejorada,
los que concluidos pueden habilitarlo nuevamente pagando además el coste de las velas
vendidas y las costas de este expediente causadas en la curia".
Otro caso más claramente asociado a la cuestión económica, depositado también en el ramo
Bienes Nacionales, fue el del prior del convento de los dominicos de San Cristóbal de
Chiapas en relación con las disposiciones para el remate de la hacienda de Poposá, ubicada
en el partido de Tacotalpa. El prior fray Mauricio Paniagua se dirigió al jefe político para
solicitar que le aclarara cuáles eran sus facultades para decidir sobre los bienes de la Iglesia,
y porque, aun con base legal, le parecía que "se produce sacrilegio despojando al clero de
sus bienes", y que quien obrara de esa manera "jamás podrá obtener absolución de sus
culpas, quedando sepultados en los eternos calabozos del infierno".
También otro gobernador tabasqueño, José J. Álvarez, envió al ministro del estado y al
delegado de justicia, al vicario in capite y al cura de la parroquia del partido de Jalapa una
serie de documentos —depositados en el ramo de Justicia Eclesiástica—, en los cuales
demostraba que el último de los mencionados había quedado sin "derechos y obvenciones
parroquiales", que, de acuerdo con la ley, consistían en el producto de bautismos,
casamientos y entierros. Y, aunque señalaba que su afán no era atesorar, indicaba que con
la citada disposición la parroquia sufriría menoscabo en sus emolumentos.
El cura respondió que de esa forma sería "incuplementada la ley y cuanto en ella se ha
dicho", y alegó además que en lo referente a efectuar por caridad las inhumaciones de los
pobres, ello era muy difícil, porque la parroquia no contaba con un cantor para hacerlas,
como lo exigía la ley del 11 de abril. Finalmente el ministro de Hacienda informó al
gobierno de Tabasco que el presidente de la República se había servido dotar a ese curato
con la cantidad de 762 pesos anuales, ordenando que de los 63 pesos 4 reales que le
correspondían al párroco cada mes se satisfaciera con preferencia a cualquier otro pago, por
la jefatura de hacienda del estado.
Con las nuevas leyes, los presbíteros que obtenían beneficios por algún medio no muy
legal, como "vender estampas, medallas o imágenes", fueron castigados, y el gobierno tomó
medidas respecto del manejo de los cementerios. Gobernación solicitó informes sobre el
número de templos con el "nombre del pueblo en el que se ubican y culto a que se
destinan".
Pero las acciones que esas leyes suponían continuaron provocando dificultades para
reordenar los bienes adquiridos con antelación. Don Juan Manuel de Torres, de la villa de
Cunduacán, declaró ser legítimo poseedor del Patronato Real de Legos, adquirido a través
de una herencia, y de ninguna manera consideraba que pudiera pertenecer al clero. Había
sido obtenido desde el siglo XVIII a título de mayorazgo perpetuo y, según el ramo de
Bienes Nacionales, entre sus posesiones incluía: "Una planta de cacaguatal nombrada de
Jesús, que tendría como cinco mil árboles de cacao de dos, a tres años de edad con el fondo
de tierras que le pertenecen [...] agregándole una caballería de tierras de las que poseemos
en Río Seco [...]" El patronato fue fundado en las condiciones de inviolable y se legaba al
primer patrono, es decir al hijo primogénito. Se prefería "siempre suceder tal posesión al
mayor sobre el menor de los descendientes y al varón sobre la hembra". Y sólo en caso de
que no se cumplieran dichas disposiciones, los bienes y la renta dotada pasarían a los
religiosos del convento de San Francisco para que "puedan formar convento en dicho
paraje".
Se indicaba además que no podía gozar del patronato "ninguno que no sea nacido de
legítimo matrimonio aunque sea descendiente nuestro, ni tampoco el que cometiere delito
de infamia [...] herejía [...] o traición a la Corona". El legado terminaba estableciendo que:
[...] no perjudicamos a nuestros hijos en lo que legítimamente les debe pertenecer de su
herencia a nuestro fallecimiento pues hacemos y fundamos el Patronato dentro del quinto
de nuestros bienes [...] en lo que corresponde a la Ermita sus alhajas y ornamentos no
traspasamos a los patrones ninguna propiedad, ni de sus demás bienes porque no la
tenemos; y estamos apartados de ellos como cosas que hemos dedicado y consagrado al
culto divino [...] solo concedemos la administración como bienes que son y pertenecen a la
Iglesia.
Por su parte, el súbdito español Agustín Cano reclamó para sí cuatro capellanías de 5 000
pesos cada una, y pedía que no fueran comprendidas en el artículo 11 de la ley general del
1º de julio. Las capellanías habían sido usufructuadas por un sobrino fallecido, y
equivocadamente el excelentísimo señor diocesano hizo pegar edictos en el pueblo de
Teapa, donde no había parientes.
Erasmo de Santa María, según la misma fuente del ramo de Bienes Nacionales, en tanto
que vecino de Tacotalpa, acudió a las autoridades para reclamar en beneficio de su hijo
Teófilo, menor de edad, dos capellanías de sangre. La primera tenía valor de 3 000 pesos y
obligación de tres misas rezadas. Había sido fundada en Mérida en favor del patrono, y a
falta de éste, del mayor al menor; prefiriendo a los hijos que fueran sacerdotes o estuvieran
próximos a serlo. La otra, fundada en el mismo lugar, tenía un capital de 2 000 pesos y
obligación de 25 misas rezadas. Se declaró favorable el fallo por medio del cual el señor
Santa María, en representación de su hijo, recibiría los goces de las capellanías.
Existen otros documentos que aluden a la falta de descendientes, al desconocimiento del
albacea o a los pleitos iniciados por quienes pretendían fungir como tutores, y, desde luego,
aquellos en que las capellanías recaían en algún seminarista o sacerdote. El clero adquirió
de esta manera varias de las propiedades que con la Ley Lerdo se convirtieron en bienes
enajenables y, por lo tanto, susceptibles de compraventa.
Así, la mayoría de los grandes propietarios de tierras en Tabasco comenzaron a adquirirlas
entre 1867 y 1910 por la denuncia de terrenos que nadie reclamó, en un proceso que llevó a
la acaparación en pocas manos, sobre todo con la operación de las compañías
deslindadoras. En 1877, el entonces diputado Manuel Sánchez Mármol obtuvo de la
Secretaría de Fomento los derechos para el deslinde de terrenos baldíos, huecos y demasías
en Tabasco; pero ese mismo año trasladó el contrato a Policarpo Valenzuela, de acuerdo
con Marcela Tostado Gutiérrez en El Tabasco porfiriano. El porfiriato en el estado estuvo
estrechamente vinculado a las actividades de unos cuantos hombres, entre los que
destacaban los mencionados, más los Bulnes y los Casasús.

3. La formación de los grupos económicos

Desde los años sesenta Valenzuela explotaba los árboles de cedro y caoba en el Alto
Usumacinta y buscaba la concesión para realizar trabajos en las cuencas de los ríos
Lacantún y Ocosingo. Las tareas en las primeras monterías fueron modestas, porque se
cortaban entre 100 y 200 árboles al año. Pero de 1857 a 1872 el desmonte pasó de 273
toneladas a 16 000, provenientes del río de la Pasión y del Alto Usumacinta, las que fueron
exportadas. No importaba que los territorios se confundieran, porque los tabasqueños
penetraron tanto en Chiapas como en Guatemala; incluso, la montería San Nicolás,
perteneciente a Valenzuela, fue destruida por el ejército guatemalteco sin que hubiera
reacción alguna en contra del hecho.
La mayoría de los terrenos baldíos pasaron en pocos años al dominio de los madereros
tabasqueños, con extensión, cada uno de ellos, de 2 500 hectáreas. Sin embargo, con la ley
agraria de 1883, que autorizó a los colonos nacionales y extranjeros a denunciar tierras
baldías que tuvieran ese límite como máximo, éstos fueron ampliando sus extensiones de
tal forma que en la primera década del siglo XX había propiedades hasta de 215 000
hectáreas, como la de L. Negrete y Cía., que rebasaban las fronteras de Tabasco. Quizá esto
motivó que en 1909 se fijara el límite 45 000 hectáreas para la propiedad individual.
Los contrastes entre la gran propiedad y las superficies pequeñas en Tabasco no fueron tan
marcados como en otros estados, porque los denunciantes de tierras baldías aspiraban a
superficies pequeñas, si se considera que 52% de los solicitantes obtuvo solamente 3.5%
del área total. Aunque hay que poner atención en el hecho de que 1.1% buscó poseer 53.7%
de la superficie del estado. Según Tostado Gutiérrez, mientras 224 denunciaron superficies
moderadas, sólo cinco pretendieron terrenos desproporcionadamente más grandes. En este
caso destacaron la Casa Bulnes y hermanos, así como Policarpo Valenzuela. Este último
realizó los trámites de los terrenos baldíos, equivalentes a más de la mitad de la superficie
estatal, y mantuvo un contrato con el gobierno federal para explotar las maderas preciosas
durante diez años en una superficie de más de 247 000 hectáreas.
Los Bulnes ganaron el control sobre la cuenca del río Usumacinta, incluyendo sus afluentes
chiapanecos. La red fluvial permitió el acceso a los árboles que crecían en las riberas y,
además, les dio salida, porque tumbados y cortados en trozos eran transportados por los
mismos ríos a sus lugares de destino sin tener que recurrir a los caminos abiertos con
machete a través de la selva, que volvía a crecer casi al mismo tiempo que era cortada.
Asimismo, la empresa creó en Tenosique una sucursal para que supervisara y actuara como
intermediaria entre San Juan Bautista y las posesiones ubicadas en la boca del río Lacantún.
Los Bulnes y Policarpo Valenzuela fueron llevados por sus intereses no solamente al
productivo negocio de las monterías, sino que controlaron el comercio local, el que el
estado mantenía con Campeche y Veracruz, y el internacional. Además fueron los
concesionarios del transporte público.
La Casa Bulnes estableció en 1878 el primer contrato de transporte fluvial con el gobierno
federal; con el vapor Frontera realizaba cuatro viajes al mes entre San Juan Bautista y la
barra de Frontera, donde los viajeros transbordaban en la línea marítima estadounidense
New York, Havana and Mexican Mail Steamship Line para dirigirse a Veracruz, o a
Galveston y Nueva Orleáns. Poseía además el transporte urbano de ferrocarril y carretas de
tracción animal.
Don Polo, como se le llamaba familiarmente a Policarpo Valenzuela, tenía sin embargo un
par de ventajas sobre los Bulnes: era tabasqueño, mientras que aquéllos eran españoles, y,
además, presumía de su amistad con el presidente Porfirio Díaz, lo cual le permitió aspirar
al poder político. En 1887 fue nombrado gobernador interino en un par de ocasiones. El
haber nacido en la Chontalpa le permitía igualmente conocer las difíciles condiciones de los
terrenos pantanosos, así como de las consecuencias de las fuertes lluvias y de las crecidas
anuales en el estado. Por eso las denuncias de terrenos baldíos que hizo la Casa Bulnes, que
no pudo consolidar, fueron aprovechadas por él. Visionario como era, se interesó además
en los transportes, muy necesarios en una región tan apartada del resto del país. Creó la
empresa fluvial Compañía de Navegación en los ríos Mezcalapa, Grijalva, Usumacinta y
Palizada, por cuyos lechos transitaban, llevando y trayendo viajeros, al igual que correo, los
vapores Cárdenas, Usumacinta, Tres Hermanos, Chontalpa, Hidalgo y Capitán. Pero la
Gasa Bulnes amplió luego su participación en ese negocio con botes como Frontera,
Asturias y Canuto Bulnes.
Rivalizando con esos dos grandes empresarios que tenían visión de la modernidad
anunciada por el régimen, se encontraban los Romano, los Berreteaga, los Jamet y Sastré,
los Schlindler y Gabucio, los Troncoso y Silveti, quienes se interesaban en los negocios de
las maderas y continuaron en el camino hacia la selva lacandona, que, por lo demás, los
tabasqueños concebían como parte de su estado, o al menos consideraban como natural la
explotación de sus recursos. La tala desmedida se convirtió en una fuente de riqueza
considerable, porque se podía eludir el pago de impuestos, se cortaban más árboles de los
autorizados y en supuestos terrenos particulares; aunque eran nacionales, se aseguraba que
la madera venía de Guatemala, cuando la mayor parte de ella procedía del mismo estado de
Tabasco, o de Chiapas.
Con el tiempo, la economía de Tabasco descansó principalmente en la producción para el
exterior. Fue tal la cantidad de maderas exportadas que solamente el monto de hule caucho
vendido internacionalmente pasó de 459 kg en 1888 a 415 725 kg en 1910. Igualmente
podría decirse respecto de los cueros de res vendidos en el extranjero, que tuvieron un
incremento impresionante: de 7 416 unidades en 1890 a 756 816 en 1910. EI ganado
vacuno mostró sin lugar a dudas un fuerte incremento, aunque éste no corresponde con los
índices de exportación de cueros, porque las cabezas de ese tipo de ganado pasaron apenas
de 2 232 a 9 770 entre 1890 y 1910.
Al parecer, la actividad económica de Tabasco se encontraba en un buen momento entre los
siglos XIX y XX. Las industrias extractivas, incluyendo cortes de palo de tinte, maderas
preciosas y monterías, registraban un capital de 93 850 pesos; y las manufacturas, donde
destacaban alambiques, panaderías, carpinterías y cigarreras, tenían un capital de 56 241
pesos. Pero además existían en el estado varios ingenios azucareros que abastecían el
mercado interno de panela (piloncillo), mientras que el azúcar refinada se exportaba. La
producción en este rubro pasó de 339 744 kg en 1888 a 1 060 450 kg en 1910. Junto al
trapiche apareció el alambique, y don Polo fue de los principales fabricantes de
aguardiente, entre los cuales se encontraban también los Berreteaga, los Jamet y los Ponz.
Los españoles impulsaron tanto la elaboración de ron como la fabricación de puros, y para
1885 existían dos cigarreras en San Juan Bautista, y aumentaron a 14 en el estado al
finalizar el siglo. Dicha actividad auspició la apertura de dos bancos: el Nacional de
México y el de Tabasco.
Los habitantes de San Juan Bautista podían además comprar en las tiendas más grandes,
como la "Berreteaga", donde se vendía desde un puro habanero hasta telas para los
atuendos de hombres y de mujeres; "El botín de oro", donde se podían adquirir también
zapatos; y la "Casa Pizá", que sobrevivió hasta muchos años después. También existían las
casas comerciales de Benito y Cía., Romano y Cía., Bulnes y Cía., Ripoll y Cía., José
María Graham Ponz y Juan Ferrer, entre las más importantes. Con todos esos negocios se
expresó la existencia de una oligarquía articulada en muy pocos años y, por lo tanto, con
debilidades que le dieron escasas posibilidades de sobrevivencia por la competencia que
implicaban la apertura del estado hacia los mercados internacionales y los cambios políticos
que se avecinaban.
Junto a las riquísimas maderas y sus derivados, como los tintes, el hule y el chicle; el cacao,
el café, el azúcar, el tabaco y el maíz, comenzaron a surgir otros productos como los
frutales, entre los que destacaría el plátano para convertirse en pivote del desarrollo
económico, ampliando las posibilidades del comercio estatal con el mercado internacional.
En 1906 la Southern Steam Ship and Importing Co., apoyada por empresarios locales y
funcionarios públicos que concedieron subvenciones de 1 000 pesos por viaje mensual,
realizó el primer embarque de plátano hacia los Estados Unidos; llevando además naranja,
limón, piña y berenjena. En 1899 la producción de frutas ascendía ya a 2 424 482
kilogramos.
La actividad económica permitió, entre otras cosas, que hubiera más propietarios agrícolas,
que no propietarios, en una correlación seguramente muy distinta a la de los grandes
estados norteños; en ello quizá también influyeron las condiciones geográficas de la región.
El hecho es que para 1910 había 24 516 propietarios rurales, y solamente 19 766
trabajadores agrícolas. Esta última situación no dejó de expresar la miseria que, por
ejemplo, orilló a un importante sector del campo a dedicarse a trabajar como sirvientes o
mozos, quienes vivían endeudados en las fincas y en las monterías, donde recibían un pago
de 4 pesos mensuales (casi la mitad recibida por otros trabajadores), que con las
concesiones de la economía paternalista podría elevarse a 7 pesos.
Ese tipo de trabajadores originó una de las leyendas negras del transcurrir de la vida en
Tabasco, porque la servidumbre fue utilizada en un sentido ideológico que, por lo pronto,
tuvo la ventaja de conseguir más adelante un buen contingente de adeptos para la
Revolución. El testimonio sobre la vida de un mozo es conmovedor, de acuerdo con el
relato de José Domingo Ramírez Garrido incluido en La esclavitud en Tabasco:
Mi edad le dará confianza para creer lo que me sucedió durante nueve largos años que
estuve trabajando en la labranza de madera, en San Román y Sendales. Y esos nueve años
que yo padecí las humillaciones de aquella gente sin sentimientos humanitarios, son para
mis compañeros más antiguos, un rosario infinito de penas.
Entre esa población era difícil distinguir a la indígena, porque a pesar de que sobrevivieron
los grupos zoques, choles y chontales de la familia mayense, sólo los últimos tuvieron
cierta presencia, aun cuando permanecieron confinados en el norte de la Chontalpa y pese a
que el desarrollo del siglo XIX trajo consigo un fuerte proceso de ladinización. Pero, en
todo caso, sería interesante indagar quiénes eran los más afectados por las epidemias que
asolaron al estado, como las de viruela, fiebre amarilla, cólera, sarampión y paludismo,
padecimiento este último causante de 47% de las muertes.
No obstante, la población creció, y aunque resulte extraño, dadas las condiciones
climatológicas, la morbilidad infantil no tuvo las dimensiones de otras regiones, debido
probablemente a que, pese a todo, era más o menos fácil encontrar alimento, como las
frutas, que nacían por doquier, y el pejelagarto, que podía pescarse en cualquier arroyo, río
o albufera. Sólo las cabeceras municipales contaron con el servicio de agua potable, y fue
en la primera década de este siglo cuando San Juan Bautista, Cárdenas, Tenosique y
Frontera contaron con electricidad. El rezago era, como puede verse, muy acusado en la
mayor parte del estado. Pese a todo, la población aumentó de 100 000 personas que
registraba en 1879, a 158 107 al comenzar el siglo, para alcanzar la suma de 188 000 en
1910.

4. En el porfiriato

Con el triunfo del Plan de Tuxtepec, que dio origen a la generación que Daniel Cosío
Villegas llamó tuxtepecadora, como para señalar que en el nombre llevaba la penitencia,
Porfirio Díaz asumió provisionalmente la presidencia de la República el 5 de mayo de
1877, con la bandera del respeto a la Constitución de 1857. El país entraba finalmente en un
periodo de tranquilidad luego de los aciagos días de levantamientos, insurrecciones y
entradas y salidas de gobernantes. El nuevo presidente se propondría terminar con la
influencia de los caudillos y jefes políticos locales, para lo cual impuso "su" orden, aun en
las regiones más apartadas.
Casi al mismo tiempo, el 1º de julio de ese mismo año, fue elegido gobernador de Tabasco
Simón Sarlat Nova, quien ocupó en diez oportunidades el cargo y transfirió gradualmente el
control a Abraham Bandala. En las numerosas ocasiones en que éste fue gobernador, más
de 18, marcó una huella profunda al adecuar la vida del estado al porfiriato, y
prácticamente mantuvo el control definitivo cuando menos durante última década de la
dictadura. Durante el gobierno de Sarlat Nova, Díaz recibió cartas en las que ponía de
manifiesto la urgente necesidad de mejorar la administración para levantar al estado de sus
"abatimientos" y "desarrollar sus inmensas riquezas naturales". A propósito de los
conflictos que enfrentaban los poderosos comerciantes locales, Juan Sánchez Azcona se
dirigió el 3 de mayo de 1887 al presidente Porfirio Díaz —según correspondencia del
archivo que lleva su nombre, la cual es resguardada por la Universidad Iberoamericana—
para opinar que el gobernador Sarlat
...puede tomar informes imparciales [...] teniendo en cuenta que los que se quejan de la
mala administración de justicia en Tabasco, unos lo hacen sólo porque las injusticias y
atentados no se cometen en su beneficio y otros los hacen de buena fe y porque desean que
la justicia y la moralidad imperen.
Entre las críticas al gobierno de Sarlat, las más frecuentes fueron sobre la falta de
administración de justicia. Por ello, Abraham Bandala —quien llegara a Tabasco como jefe
de armas en 1885—, en su primera oportunidad como gobernador, diez días después de
asumir el cargo, escribió al presidente, para informarle que estaba satisfecho "...del empeño
que muestran todos los funcionarios y empleados por contribuir al mejoramiento de la
Administración y sólo tengo quejas del ramo justicia, el cual deja mucho que desear por
ocuparse sus componentes de hacer política". Bandala también respondía a las intenciones
del presidente en el sentido de hacer cambios favorables para ubicar hombres de su entera
confianza en los puestos clave, sobre todo en vísperas de las elecciones para los poderes
Legislativo y Judicial.
Aunque como gobernador provisional, Bandala comenzaba apenas su larga estancia en el
poder; ponía de manifiesto su condescendencia con las pretensiones del presidente Díaz,
cuando le respondió: "...agradecido a la confianza que Ud. me dispensa le protesto una vez
más que he de hacer cuanto de mí dependa para corresponder a sus nobles propósitos para
que el día que entre el Gobierno propietario encuentre encarrilada la administración". Y
muy pronto le fue recompensada su actuación, porque resultó electo gobernador
constitucional en 1894; entonces pidió a las personalidades más influyentes de Tabasco
...sus patrióticos consejos que atenderé debidamente como encaminados a la realización del
ideal de mis aspiraciones que son la unión, el progreso, la paz y la libertad bien entendida
en este Estado, del que tengo el orgullo de ser hijo adoptivo; proponiéndome firmemente
cooperar con todos los elementos de que pueda disponer a la magna obra de la República
que con tan noble y patriótica decisión ha emprendido y está llevando a cabo el Primer
Magistrado de la Nación, Benemérito General Porfirio Díaz.
Durante el porfiriato no solamente se encauzaban la política y la economía, también las
expresiones de la sociedad moderna se iban imponiendo. Uno de los hechos más
sobresalientes fue el tan buscado fraccionamiento de Tabasco de la diócesis de Yucatán,
vínculo que tantos conflictos y problemas causara a lo largo de más de tres siglos.
Finalmente, el 25 de mayo de 1880, siendo arzobispo de México don Pelagio de Labastida
y Dávalos, se creó la diócesis tabasqueña "por súplicas y deseos del Santísimo Padre Papa
León XIII", según rezaba la Bula. La iglesia parroquial de Esquipulas en San Juan Bautista
fue erigida en catedral con todas las prerrogativas y la facultad de hacer estatutos y
constituciones, conforme al derecho eclesiástico y decretos apostólicos, el 12 de febrero de
1882. Tabasco no sólo adquirió su autonomía eclesiástica, sino que además le concedían
para el ejercicio del ministerio áreas que hasta entonces habían pertenecido a la diócesis de
Chiapas, como los territorios y departamentos de Pichucalco, Palenque, Rosario, Pueblo
Nuevo, Amatán, Sacati, Moyos, Sabanilla, Almendro, Yajalón, toda la zona habitada por
los lacandones, Palenque en sus confines por Montecristo con el río Usumacinta, y de este
lugar hasta la línea divisoria con el departamento de Comitán, así como con la ciudad de
Chilón y los pueblos de Bachajón, Pueblo Viejo y El Real. Al doctor José de Jesús Torres y
Hernández correspondió el honor de ser ungido primer obispo de Tabasco.
Nunca imaginó el clero tabasqueño que su influencia se extendería hasta tales latitudes,
pero ya no eran los mejores tiempos para el ejercicio de su ministerio, incluso el número de
sacerdotes había disminuido considerablemente. Hay quien supone que había entonces tres
o cuatro sacerdotes y que 42 templos dedicados al culto católico estaban semiabandonados,
aunque ya funcionaban cuatro dedicados a algún culto protestante. Se supone que el primer
pastor llegó en 1881 y permaneció seis meses en Comalcalco predicando su evangelio,
donde formó una pequeña congregación que tuvo alguna importancia, porque durante la
cuaresma de 1895 católicos agresivos intentaron linchar a un grupo de personas
identificadas como protestantes. Al poco tiempo, en 1896, estableció el presbisterio del
golfo de México, que organizaba la iglesia presbiteriana en el sureste de México. También
se crearon escuelas evangélicas en San Juan Bautista, Cárdenas, Paraíso, Frontera, Jalapa y,
desde luego, en Comalcalco.
También se afirma que el coronel Gregorio Méndez invitó en la ciudad de México, para
que visitaran San Juan Bautista, a los pastores presbiterianos Mariano Olivera, José
Nevares, Eligio N. Granados y Salomón Díaz, quienes, además, eran por añadidura
liberales y masones. Supuestamente se enfilaron hacia la Chontalpa, y en Comalcalco el
mismo Méndez cedió un terreno para establecer un templo presbiteriano, como cuenta
Samuel Rico Medina en La Revolución mexicana en Tabasco.
El presbiterianismo creció con cierta rapidez a raíz de la lucha política que se daba para
contrarrestar el poder económico de los comerciantes españoles de San Juan Bautista.
Desde luego hubo algunas diferencias con los católicos, y los no católicos tuvieron que
pedir protección al gobernador Bandala, en particular en Paraíso y Comalcalco, contra el
hostigamiento. De cualquier modo, la nueva prédica logró arraigarse en la región de la
Chontalpa, y se calcula que al comenzar el siglo había ya más de 2 500 tabasqueños
convencidos. La debilidad con que se impuso el catolicismo así como la presencia de un
liberalismo masón fueron sin duda elementos explicativos de la inserción de una ideología
que mostraría su eficacia durante la Revolución.
En 1881, por otra parte, se estableció el servicio telegráfico, que comunicó a San Juan
Bautista con la capital de la República, y al poco tiempo comenzó la instalación del
alumbrado público en las cabeceras municipales. Antes de finalizar el siglo se realizaron
varios contratos con inversionistas extranjeros para introducir el ferrocarril, sin que las
obras llegaran a concluirse. Tal fue el caso del contrato firmado por el gobernador
constitucional con el señor W. H. Manners, representante de The Mexican Pacific Railway
Limited, el 11 de octubre de 1889, para unir Tabasco y Chiapas.

En 1901, los festejos de la batalla del 5 de mayo, que recordaba el triunfo de los
mexicanos sobre los franceses en Puebla, fueron el marco propicio para la inauguración del
nuevo vapor de río Lumijá, construido en Frontera por los señores Miller y Schreiner, el
cual llegó a ser legendario porque transportó a un sinnúmero de enganchados a las
monterías. Su propietario, Henry D. Buschnel, había pedido que tuviera capacidad para
transportar 200 toneladas y llevar a bordo 185 pasajeros.
Al año siguiente se dio a conocer el informe que J. W. Walley rindió al gobierno de
México desde el 27 de agosto de 1836, en el que indicaba que había petróleo en abundancia
en la entidad. Ello coincidía con los descubrimientos del presbítero Manuel Gil y Sáenz,
quien logró extraer varios barriles de kerosene; algunos de ellos fueron enviados a Nueva
York para ser analizados.
Asimismo, se hicieron algunos intentos por ampliar la red de comunicaciones internas, y
así fue como llegó a San Juan Bautista el ingeniero Cabuis, quien contrató a 200
trabajadores para construir los primeros kilómetros del pomposamente llamado Ferrocarril
Central Tabasqueño, que uniría a la capital estatal con el municipio de Cunduacán, pasando
por Jalpa y Nacajuca. Poco se había avanzado en las obras cuando las crecientes periódicas
del Grijalva impidieron continuarlas. En esa ocasión, los habitantes de Huimanguillo
velaron ante el temor de que la inundación tuviera mayores consecuencias.
La preocupación por ampliar las redes de comunicación fue transmitida más tarde a
Francisco I. Madero, quien logró que la Cámara de Diputados aprobara un contrato con la
North American Dredgin Co., que en tres años realizaría el dragado de la barra de Frontera
con un costo de 3 600 000 pesos aportados por el gobierno federal, tan interesado como las
compañías extranjeras en explotar las riquezas tabasqueñas.

5. Las expresiones culturales

Si Tabasco es una tierra prolífica en ríos, pantanos y selvas, lo ha sido también en


publicaciones periódicas. La palabra ha sido tan exuberante como el verde y azul de su
paisaje. Francisco J. Santamaría contabiliza más de 400 diarios, semanarios y revistas de
todo género: literario, político, histórico, comercial, etc., en el transcurso de un siglo: desde
la publicación El Argos, en 1825, hasta Tabasco Nuevo, en 1935. En la primera se empleó
el sistema de Gutenberg en Tabasco, y la segunda se produjo fuera de la entidad; para ser
más precisos, en el Distrito Federal. Este periodo se caracterizó por la aceptación formal del
estado a sumarse a la Federación hasta integrarse realmente a los vaivenes de la política
nacional cuando llegó a su fin el periodo dominado por Tomás Garrido Canabal.
Los tiempos de esas publicaciones fueron marcados por los momentos estelares de la
política. La Bohemia Tabasqueña, cuya primera época se inició el 23 de octubre de 1898,
en tanto que la segunda duró de 1903 a 1904, fue la más depurada, por sus intenciones
abiertamente literarias. Reunió a poetas y narradores como Carlos Ramos, su fundador,
Andrés Calcáneo Díaz, Arcadio Zentella (hijo), Felipe A. Margalli, Lorenzo Calzada,
Salomón Taracena y Fernando Duke de Estrada (Ferdu De Essan). "Esta publicación —decía
la presentación—, exclusivamente literaria, trae el contingente con que un grupo de jóvenes
tabasqueños contribuye a las labores del pensamiento [...]. Así pues, La bohemia
Tabasqueña no es otra cosa que un álbum, una galería en donde cada nuevo artista
depositará sus trabajos con el único objeto de dar una muestra de vida regional en el
vigoroso movimiento literario de la presente época histórica".
Sin el reconocimiento foráneo que alcanzaron entonces sus antecesores Arcadio Zentella,
Sánchez Mármol y Manuel Mestre Ghigliazza, fue Andrés Calcáneo Díaz quien logró una
mayor impresión con sus escritos, precisamente por su mestizaje entre la literatura y la
política. Calcáneo sería la primera víctima del Comité de Salubridad Pública que, luego del
asesinato de Francisco I. Madero, lo enjuició y condenó por su participación política y por
dedicarle a éste uno de sus versos: "Fue tu labor insigne cristiana y justiciera:/ por ti los
mercaderes huyeron del santuario;/ y, negado y vendido, moriste en un calvario, de frente a
lo futuro, soñando en tu Quimera".
La Revista Tabasco, publicada también en San Juan Bautista en 1906, fue fundada por
Manuel Mestre Ghigliazza, impulsor y creador de otras revistas. Aunque su nombre se
había utilizado en diferentes ocasiones, la etapa en que circuló era importante, porque
imperaba la crítica contra la dictadura; eso la convirtió en una revista de franca oposición a
Porfirio Díaz y, en la entidad, al gobierno de Abraham Bandala. La Revista Tabasco dio
origen al primer litigio político en contra de un grupo "revolucionario". En balde, varios
obreros firmaron una hoja suelta con el título de Alerta, distribuida el 25 de marzo de 1906;
pero la imprenta fue cerrada y hubo orden de aprehensión contra Andrés Calcáneo Díaz y
Andrés González. Mestre fue a dar a la cárcel, como le ocurrió en otras ocasiones.
Con la aparición de Tabasco Gráfico el 11 de enero de 1914, la política está ya más
claramente orientada; cuando menos en ese estado, porque Victoriano Huerta sigue en el
poder, pero las indefiniciones internas han cesado y los acontecimientos futuros no habrán
de cancelar una publicación que sobrevive hasta el 7 de julio de 1917. Dirigido por Justo A.
Santa Anna, muy destacado por su promoción de las letras, Surgió con el objetivo de
sintetizar "toda el alma artística tabasqueña", con la participación de Bernardo del Águila,
César Pellicer, Manuel Antonio Romero, Alfonso Taracena y Ernesto Trujillo.
Combinaba versos con prosa, información artística con reportajes sobre las funciones en el
teatro Merino, con espectáculos de bataclanas, entre las que destacó María Conesa, y sobre
el teatro de altura que hacía doña Virginia Fábregas. Sus reportajes políticos consistían en
mencionar la presencia de algún funcionario o político en las tertulias de las mejores
familias de la sociedad tabasqueña. Difícil de olvidar resulta la fotografía en la cual se da
cuenta de la asistencia a un baile del general Francisco J. Múgica, ya como enviado de don
Venustiano Carranza. Aparecía en un jardín, rodeado de señoritas con ligeros vestidos de
gasa blanca, apoyado en un enorme jarrón chino. Los mismos redactores hacen una síntesis
de lo que fue su revista:
...Todos en cordial camaradería contribuimos a hacer el periódico en que quedó grabada
como en un disco, la fisonomía intelectual artística y literaria del viejo Tabasco, del
Tabasco que fue hasta antes del régimen constitucionalista; la historia cultural de un
florecimiento con el cual termina la época moderna de Tabasco y principia la
contemporánea.
En general, durante el porfiriato la cultura en Tabasco estuvo marcada por la creación del
Instituto Juárez el 1º de enero de 1879, semillero desde el cual serían reivindicados los
pensadores que dejaron huella en el pasado, como Cárdenas, Ruiz de la Peña y Alpuche.
Como formador de nuevas generaciones, en cuyas ideas los alumnos podrían contemplar
"Nuestro siglo, la época en que vivimos está presenciando la animada, la deslumbradora
contienda renovada bajo nuevas formas por el materialismo y el espiritualismo".
Las narraciones literarias que tuvieron como escenario el territorio tabasqueño muestran
particularidades que las distinguen de aquellas que se ubican en otros lugares del país. "En
estas tierras las cosas pasan de otro modo", la literatura se mueve entre la indomable
naturaleza del sureste y la pasión amorosa o política. Son escasos los ejemplos de novelas
intimistas; el paisaje tabasqueño propició más bien historias abiertas, orientadas casi
siempre a la propaganda política. Quizá por eso la mayoría de las novelas permanecen
ocultas por olvido, o porque no alcanzaron el estatus que pretendían y se limitaron a dar a
conocer una posición, un mero testimonio del partido que sus autores tomaron, con su
respectivo sesgo ideológico.
Poetas y narradores poblarán el territorio tabasqueño como para demostrar que sus
hombres y mujeres difícilmente pueden sustraerse a sus encantos y a las pasiones que
despierta. Manuel Sánchez Mármol abrirá el camino de la novela a los nativos de Tabasco
con El misionero de la cruz (1860), que se ubica más bien en Yucatán, a cuyo destino ha
estado históricamente unido ese estado. Durante un siglo se escribirán una cincuentena de
novelas, entre históricas, costumbristas, patrióticas y románticas. Sin embargo, dos
periodos han atraído particularmente la atención de los escritores: el revolucionario y el
garridista. Este último ha servido incluso de motivo para la creación de un par de buenas
novelas escritas por extranjeros.
Entre las novelas del siglo XIX destaca, si se mide por su repercusión nacional, la novela
Perico (1885), que se propuso crear una literatura con sabor local; los episodios que la
conforman habían aparecido ya en el semanario La idea, con el nombre de En esta tierra
(Esbozos de la brocha). En México fue considerada una de las primeras novelas realistas,
aunque con pincelazos románticos; pero Perico es ante todo "una verdadera tragedia
campesina", decía Sánchez Mármol, y tiene un ineludible carácter de denuncia del
porfiriato. Esta obra fue publicada en la capital del estado: San Juan Bautista, (hoy
Villahermosa) y no en la ciudad de México, tal vez para burlar la censura del régimen.
Como El Periquillo Sarniento, Perico es la aventura de un don nadie que se hace hombre
burlando las condiciones sociales y políticas de un orden que está por extinguirse. En este
sentido, es uno de los relatos que presienten la Revolución. Se simpatiza con el personaje, y
el lector respira tranquilo cuando, ¡al fin!, aquél logra cruzar el río Mezcalapa y se interna
en la jurisdicción de Chiapas, fuera del alcance de sus perseguidores. Aquí la naturaleza
aparece como aliada, pero lo positivo o favorable de esa relación sólo aparecerá en esta
novela.

6. El fin de la dictadura

Pocos son los acontecimientos que perturbaron la calma en el estado bajo el dominio del
general Bandala. Las clases poderosas protestaron contra el pago de impuestos. Pero de
hecho la crítica más o menos consistente a su gobierno se dio en las postrimerías del
porfiriato, y es que nadie podía negar que favorecía a los grandes terratenientes, con los
cuales mantuvo vínculos estrechos.

Cuando en el año de 1904 se editó la obra crítica de Francisco Bulnes, El verdadero Juárez;
el doctor Manuel Mestre Ghigliazza y el licenciado Simón Pérez Nieto hicieron la defensa
del Benemérito, lo cual fue aprovechado para hacer una crítica al gobernador Bandala.
Los tabasqueños, prolijos en publicaciones periódicas, atacaron a Porfirio Díaz desde las
páginas del Monitor Tabasqueño, fundado precisamente por el doctor Mestre, y luego desde
La Verdad, cuyo único número apareció el 29 de octubre de 1905. Lorenzo Casanova y
Andrés Calcáneo Díaz se unieron a Mestre para fundar un año después la Revista Tabasco,
que se dio a conocer el 4 de febrero de 1906. Desde sus páginas se dirigieron al general
Díaz con motivo de las elecciones del Ejecutivo en la entidad, y le reiteraron: "No
simpatizamos con el sistema de gobierno que habéis implantado en el país, pero tenemos
suficiente buen juicio y recto criterio para no pensar en revueltas ni en postulaciones
ridículas, dado que no es el pueblo quien ha de resolver sobre el candidato que rija sus
destinos".
En la larga misiva, transcrita por Alfonso Taracena en su Historia de la Revolución en
Tabasco, se quejaban de la pésima administración de Bandala:
Nuestro estado sufre mucho y sólo puede y quiere pensar que le curen este cáncer que agota
todas sus energías, que envenena todas sus horas. Abrumados por las contribuciones
siempre en aumento, con pésimas vías de comunicación que para el desarrollo de nuestra
abatida agricultura son rémora poderosísima en la que no se ha pensado en tantos años de
cacareado progreso [...] Durante muchos años, señor presidente, Tabasco ha dado pruebas
de la más estoica disciplina, si así puede llamársele. Ni sus ciudadanos, ni su prensa local,
han tratado de poner vigorosamente reales obstáculos a una administración funesta que sólo
vive gracias al gran respeto que inspira vuestro nombre.
Se supone que por entonces el movimiento magonista entraba en la Chontalpa debido a la
acción del ranchero Ignacio Gutiérrez, quien entró en relación con Hilario C. Salas,
divulgador del movimiento de Acayucan. Bandala pidió la captura de Gutiérrez al jefe
político Ignacio Luque, pero el rebelde huyó hacia Coatzacoalcos con su familia dejando su
finca de San Felipe Río Nuevo; era el momento de las huelgas de Río Blanco y de Santa
Rosa. Existe también la versión de que su traslado obedeció a su interés por que sus hijos
estudiaran en una escuela presbiteriana; sin embargo, es importante señalar la coincidencia.
Mientras tanto, en Villahermosa, el licenciado Andrés Calcáneo Díaz y Andrés González
Aguilera denuncian el 29 de marzo de 1906 una maniobra en contra del doctor Mestre y,
entre otras cosas, declaran:
El gobierno central ya ha decretado fríamente nuestra ruina [...] ¿Don Abraham Bandala y
sus adeptos tratan de engañar al Presidente Díaz haciéndole creer que el pueblo tabasqueño
pide la reelección del primero? ¿Quieren intimidar a los tabasqueños demostrando con la
proclamación de dicha candidatura que el gobierno del Centro lo apoya aunque hasta hoy
no se haya recibido terminantemente la consigna?
Como consecuencia de la publicación de ese documento fueron detenidos el doctor
Mestre, don Domingo Borrego y otros ciudadanos que se consideraban independientes. Al
alboroto que esto provocó se sumaron algunos estudiantes del Instituto Juárez; uno de ellos
respondía al nombre de Tomás Garrido Canabal.
Los primeros síntomas de descontento tienen poca consistencia, lo cual dificulta entender
sus alcances. La Chontalpa, subregión que ya en el pasado había mostrado su combatividad,
sería también de las más activas en los años subsecuentes; ahí se creó, en 1904, el primer
club liberal con referencia al Club Ponciano Arriaga de San Luis Potosí.
En el club antirreleccionista que se fundó en Huimanguillo en 1909 participaron y
coincidieron destacados tabasqueños como Fernando Aguirre, Aúreo L. Calles, Ernesto
Aguirre y otros. La primera asociación de los revolucionarios de la Chontalpa fue
suspendida dos días después por el jefe político del poblado.
En 1910 comienzan a aparecer pequeños grupos dedicados a la agitación política, aunque
sin consecuencias. Sin embargo, Bandala renunció a la gubernatura más por el desarrollo de
los acontecimientos nacionales que por las presiones internas, y el 1º de enero de 1911
tomó posesión como nuevo gobernador don Policarpo Valenzuela, el conocido
terrateniente, montero y comerciante. El cambio con respecto a Bandala, como
inmediatamente se apreciaría, no fue significativo.
Es Ignacio Gutiérrez quien se hará notar por sus continuas manifestaciones de rebeldía,
supuestamente desde 1906, y es posible que haya huido a Guatemala, pues se le perseguía
por agitador y rebelde. Además se le consideraba activo miembro de la iglesia
presbiteriana; con fundamento en su fe creó incluso una escuela donde se educaron sus
hijos, así como los hijos de otros rancheros de la zona. Su vínculo con el pastor José Coffin
pondría en evidencia el arraigo de las sociedades religiosas no católicas entre los disidentes
de la primera época. En 1910 Gutiérrez había escrito al doctor Mestre que, aunque el
Partido Antirreleccionista no llenaba sus aspiraciones, había que unirse como un solo
hombre para derribar al "Gobierno dictatorial que jamás ha respetado la voluntad del
pueblo mexicano". Gutiérrez, un personaje puritano que leía la Biblia a sus hijos, pudo
haber sido influido por el magonismo. Se ha dicho que participó en el Partido Liberal
Mexicano, y tal vez escribió algún artículo para el diario Regeneración. Acusado de estar
en contacto con los rebeldes de Acayucan y de Río Nuevo, su finca de San Pedro fue
incendiada en 1909 y obligado, por lo tanto, a llevar una azarosa existencia. Con otros
rancheros de la Chontalpa programó su levantamiento contra Díaz para el día de la
celebración de la Independencia de 1910; es decir, antes de la fecha del 20 de noviembre,
señalada por los maderistas. Pero luego se programó para la noche de la Navidad.
En Río Nuevo coincidieron los capitanes veracruzanos Daniel Gavilla, indígena y
presbiteriano, Cruz Santanón, Pascual Santiago y Carmen Torres. En Huimanguillo se
comprometían Fernando Aguirre y Amado Malpica; en Cárdenas, los señores Gallegos; en
Comalcalco y Paraíso, el coronel Pedro Sánchez Magallanes; en la Otra Banda, Gerónimo
Ramos; en Santana, Santiago Ramírez; y en Río Nuevo, J. J. Escobar. Todos se
concentrarían en Cárdenas para, desde ahí, marchar sobre San Juan Bautista, la capital del
estado.
Terminaba el año de los presagios augurados por la plaga de langosta que encareció los
alimentos en el mercado. El coronel Andrés E. Sosa fue enviado desde San Juan Bautista
para detener la acción rebelde, lo cual pudo hacer en la barra de Santa Ana y luego en San
Felipe Río Nuevo; finalmente logró hacer huir a los rebeldes. De los casi 300 hombres que
sumaban éstos, 18 murieron y varios resultaron heridos.
Al comenzar el nuevo año, Policarpo Valenzuela tomó posesión como gobernador y se
inició una fuerte persecución contra Gutiérrez, quien, para escapar, tocó varios puntos antes
de llegar a El Chichonal y luego al rancho de Manuel Torres. Para ello contó con el apoyo
de toda su familia, en particular con el de su hermano Polo, el de su esposa y el de sus hijos
Ignacio y Pedro. Tuvo que sortear los obstáculos de la agreste región, según contó el único
de sus acompañantes, José Coffin, en su libro El general Gutiérrez; quien como testigo
pudo relatar sus hazañas:
Durante tres días cruzamos en medio de mil penalidades los extensos popales de la región.
El pantano nos llegaba a veces hasta los pechos; nos faltaban alimentos y no podíamos
cazar algún jabalí de los que por allí abundan por no disparar tiros que podrían
comprometernos y por absoluta falta de tiempo; además del chaquiste, tábanos, jejenes y
roedores que nos atormentaban día y noche, sufrimos el terrible azote de las anguillas o
sanguijuelas que abundan en aquellos pantanos y se nos pegaban por todas partes del
cuerpo, desangrándonos insensiblemente y obligándonos a cuidarnos con desesperación.
Para dormir teníamos que redoblar nuestra vigilancia pues estábamos en el territorio de los
tigres, ellos no andaban lejos de nosotros.
Las plagas y las enfermedades mermaron el ánimo de Gutiérrez, quien logró recuperarse
gracias a las nuevas adhesiones, que incluían a Juan Sosa, Ramón Torres, Nicolás Aguilera,
Fernando Villar, Felipe Ordóñez, Isidro Cortés y José Mercedes Gamas, y a los muy
conocidos Fernando Aguirre y Aúreo L. Calles; con ellos tomó Huimanguillo el 6 de abril
de 1911. En su Memoria de la Revolución maderista en la Chontalpa del estado de
Tabasco, el general Isidro Cortés R. contó cómo se estableció el vínculo:
...varios amigos teníamos ya conocimiento del Plan Maderista, pero carecíamos de Jefe y
de armas suficientes para enfrentarnos al régimen porfiriano, de esta manera permanecimos
mucho tiempo, hasta que una vez paseando muy temprano por el Mangal de don Piedad
Gallegos, próximo a la Ciudad de Huimanguillo, se encontró el que esto escribe con don
Fernando Aguirre y don José Mercedes Gamas, este último venía de su finca a corta
distancia de aquella Ciudad, y como los tres estábamos de acuerdo con otros amigos para
levantarnos en armas en favor del Maderismo, en ese momento acordamos ponernos en
contacto con el General Ignacio Gutiérrez que considerábamos ser la persona indicada para
ponerse al frente de nuestro movimiento...
Luego llegaría a combatirlos el coronel Nicolás Pizarro Suárez; sin embargo, los rebeldes
—con gran movilidad— tomaron Cárdenas, donde se les unieron los veteranos Pedro
Sánchez
Magallanes y Ramón Sosa Torres, entre otros. El día 11 la gente de Gutiérrez tomó Paraíso,
para luego dirigirse a Comalcalco.
Al parapetarse en su cuartel de Aldama, pronto tuvieron que hacer frente a los
gobiernistas, quienes llegaron por el camino de Reforma. Cuentan que el capitán Juan
Torres corría sobre su caballo tordillo repartiendo aguardiente y ni una bala le tocó. En
cambio, Gutiérrez, apostado detrás de un jobo disparaba una escopeta cuando una bala
expansiva le hirió la pierna. Murió al poco rato y la desmoralización se apoderó de todo el
contingente. El resultado de la lucha fue atroz: 45 maderistas murieron, y hay quien eleva el
número de muertos a una centena. Era el 21 de abril de 1911. El aguerrido Gutiérrez había
estado levantado en armas sólo unas cuantas semanas.
El mismo general Cortés cuenta que los sobrevivientes tuvieron tiempo para dirigirse a la
ciudad de México y presentarse ante Madero, y por instrucciones de éste, el licenciado
Emilio Vázquez Gómez, su secretario de Gobernación, los hizo uniformar y les entregó 800
pesos, así como un automóvil oficial con una inscripción al frente que decía: "Ejército
Libertador Tabasqueño", para que los condujera a una recepción. Después volvieron a
Tabasco.
Mientras tanto, Francisco I. Madero y el doctor Mestre intercambiaban cartas. El primero
reiteraba a Mestre su amistad, y éste ponía en claro su antiporfirismo; ambos coincidieron
para actuar en forma conjunta. Con toda justeza, éste fue el contacto político más sólido del
maderismo en Tabasco. El otro vínculo importante fue José María Pino Suárez, nacido en
Tenosique, y aunque sus relaciones fueron mayores con Yucatán, los tabasqueños se
sentían muy orgullosos del origen del segundo compañero de fórmula de Madero.
Los vientos eran favorables para el doctor Mestre, y cuando Policarpo Valenzuela
renunció a la gubernatura el 3 de junio de 1911, aquél fue designado gobernador
provisional. Ante la imposibilidad de que un gobernante provisional participara en las
siguientes elecciones, según consigna de Madero, Mestre renuncia y toma el cargo don
Domingo Borrego.
Finalmente Mestre es electo gobernador el 1º de septiembre de 1911. El principal motivo
de preocupación para el nuevo gobernante fue el reyismo —movimiento articulado en torno
a Bernardo Reyes—, que coincidía en la región de Teapa. Los buenos oficios de Madero
lograron que el 31 batallón salvara la situación. La rebelión del 8 de diciembre de 1911 en
Cárdenas y en Huimanguillo fue encabezada, curiosamente, por Pedro R. Gutiérrez, hijo de
Ignacio. Cobijados bajo la bandera reyista, los rebeldes, apoyados por los familiares del ex
gobernador Policarpo Valenzuela, pusieron fin a su rebeldía con la rendición de Bernardo
Reyes y una carta en la que aseguraban a Madero que su lucha era en contra del gobierno
estatal, y no del federal.
Otro de los partidarios del reyismo fue el ex cura español José Gurdiel Fernández, también
cercano a Valenzuela. En 12 huyó a Galveston presionado por Mestre, a quien había
atacado desde la Revista Tabasco, fundada por él, haciendo mención de los amoríos que
tuvo el gobernador con Rosa Sibaja, una guapa joven que soñaba con el amor; la libertad y
la poesía, y a la cual "raptó", aunque esto es mucho decir, porque los amantes actuaron de
común acuerdo. Pero el 2 de septiembre Gurdiel Fernández regresó a Tabasco y apareció a
la cabeza de seis cubanos a caballo, con los que tomó la plaza de Balancán, sin encontrar
resistencia. Se cuenta que la entrega estuvo a cargo de Regino Hernández Llergo, un
muchacho de 14 años que fuera su alumno. No se conocen las peripecias posteriores de
Gurdiel Fernández, pero lo cierto es que fue hecho prisionero a los pocos días y fusilado,
sin juicio previo, por órdenes de Mestre.
En las elecciones al Congreso local se puso a prueba el reacomodo político sufrido por el
país y se hicieron patentes las dificultades para aplicar en la práctica los principios de la
democracia. Mestre tenía que oponerse a cualquier influencia de Bandala y de los reyistas
en la entidad. Por eso tuvo que recurrir a varias componendas que aseguraran la inclusión
de sus amigos en su equipo. La situación se resolvió, pero permanecieron algunas tensiones
que se pusieron de manifiesto cuando se anunció el cuartelazo en la ciudad de México.

7. La revolución

El maderismo comenzaba a abrirse brecha en el estado. Y siguiendo los documentos del


Fondo Francisco I. Madero, puede establecerse que Adolfo Urbina, de Tenosique, se dirigió
al apóstol de la democracia el 14 de noviembre de 1911 para felicitarlo, porque "ya está Ud.
en el puesto que merecidamente le corresponde, ya sus subalternos descansarán de ser
víctimas del caciquismo y de la tiranía. Hoy podemos decir con orgullo, somos libres, la
lucha terminó". Sin embargo, la misiva estaba dirigida desde la cárcel, a donde fue
confinado por apoyar el Plan de San Luis y haber difundido la candidatura de Madero en el
Usumacinta, y por formar clubes liberales en Montecristo, Balancán y Tenosique.
Habiendo sido presidente municipal de las dos últimas villas, denunciaba que "El 29 de
agosto, formó una junta un grupo de privilegiados de la fortuna en Tenosique, imponiendo
a las masas populares las candidaturas para munícipes para el año de 1912 [...] sin darles al
pueblo el derecho del voto". Urbina, defendiéndose como demócrata, refutó la imposición
y, aunque Francisco Vázquez Gómez lo reconoció como fundador del Club
Antirreleccionista Independencia de Balancán, y después de haber sido encarcelado por el
jefe político por apoyar la "santa causa" en 1910, volvió de nuevo a una prisión.
La versión de Urbina coincidía hasta cierto punto con la de Andrés Calcáneo, presidente
de la Cámara de Diputados, quien se dirigió al presidente Madero para informarle que "La
abstención de las clases ilustradas en el movimiento electoral último dio por resultado de
que integraran el Congreso y los ayuntamientos algunos individuos de filiación demagógica
y disolvente". Esto provocó la hostilidad de dos o tres diputados contra el gobernador, pero
los seis restantes, entre los que se contaba Calcáneo, se encontraban dispuestos a "sostener
el principio de autoridad y fortalecer por todos los medios legales el nuevo régimen en
Tabasco". En la declaración aludía a la rebelión de Huimanguillo, aparentemente
organizada por seguidores de Policarpo Valenzuela que buscaban deponer a Mestre.
Era obvio que se habían suscitado problemas en las elecciones porque, en marzo, Madero
felicitaba a Adolfo Martínez, creyéndolo presidente municipal de Frontera, aunque ni
siquiera llegaba a regidor; pero, además, y esto era lo más grave, se encontraba preso. Se
trataba de alguien que había seguido el ascenso de Madero desde la Convención en la que
fue declarado candidato del Partido Antirreleccionista, el cual conoció por medio de un
programa. Había leído La sucesión presidencial en 1910, "cuya circulación era perseguida
encarnizadamente en este Estado". Con el análisis de dicho libro transcurrían las tertulias
que se realizaban en su tienda de abarrotes, a las cuales asistían varias personas. Se negó a
trabajar por la última reelección de Bandala y, junto con el doctor Platón Tapia, Juan Lara
Severino y otros más, organizó varias manifestaciones, la primera fue el 30 de mayo de
1911, para celebrar la toma de Ciudad Juárez. Después del mitin del 23 de marzo, donde
proclamó su adhesión al régimen maderista, fue aprehendido.
En esas condiciones, era de suponerse que las elecciones de diputados de 1912 trajeran
dificultades. El 29 de abril llegó a San Juan Bautista el ingeniero Félix F. Palavicini y, junto
con Andrés Calcáneo, asistió a una conferencia con el gobernador. El segundo declinó
participar en la contienda, dejando el campo libre a Palavicini, siempre y cuando éste
aceptara al licenciado Rómulo Becerra Fabre para la posición de senador, porque "fue el
primer rebelde que se encaró con el general Díaz, motivo por el que fue apresado en
altamar por un barco de guerra y deportado a Yucatán" en 1887; Calcáneo no aclaraba que
Becerra era su pariente. Palavicini no dio muestras de aceptar el trato y Calcáneo se
conformó con expresarle al presidente que "Tal vez [...] tendré la honra de presentar a Ud.
personalmente mis respetos e informarle de palabra acerca de los asuntos políticos en el
Estado".
Por su parte, Justo Cecilio Santa Anna, en su correspondencia con Juan Sánchez Azcona,
secretario particular de Madero, al mencionar cómo transcurrió la reñida campaña en favor
de Palavicini por el Partido Cívico Tabasqueño daba una visión acertada de lo que eran las
tan llevadas y traídas elecciones en el país. Con una misiva, el 24 de junio de 1912 remitía a
Nacajuca 1 000 boletas para diputados y otras tantas para senadores, e indicaba que, de
faltar otras, podía solicitarlas. Pero, "... si a estas les hace falta el disco rojo que llevan las
que hoy te mando; puedes ponérselo tú con un corcho empapándolo con fuschina roja
preparada como la que se usa en los sellos". Le ofrecía, además, enviarle tres leyes
electorales y sus formas respectivas, y 100 proclamas del candidato.
Sin embargo, los partidarios de esa candidatura fueron arrollados, porque surgió la de Luis
A. Vidal y Flor con enorme fuerza. En Ocuilzapotlán, el comisario de policía echó de la
casilla al representante, y en la Chontalpa intervino el jefe político de Cunduacán en el
momento del cómputo, y "nos restaron, sepa Dios cómo, más de mil y pico, para conseguir
que el candidato a diputado contrario resultara victorioso". Pero varios fueron aprehendidos
y acusados de "sediciosos". Todo parecía indicar que se trataba del grupo apoyado por los
grandes comerciantes, porque Santa Anna concluía que la solución podía ser la de llamar al
doctor Mestre a la ciudad de México, y nombrar en su lugar a una persona respetable y de
juicio para que volviera la tranquilidad, algo que aún estaba lejano, pues Mestre tuvo
primero que hacer a un lado a todos los allegados a Policarpo Valenzuela, quien, se decía,
había logrado sustraer algunas armas cuando fue gobernador y podía estar auspiciando un
levantamiento, en el que coincidiría con los reyistas. Esto motivó el envío de refuerzos
desde la capital del país, lo cual no inhibió el levantamiento de Pedro Padilla Duarte en
1912; en una proclama del 28 de junio, éste decía: "los expoliadores del pueblo, a pesar de
la revolución de 1910, siguen tan dueños y tan fuertes como antes". Se le consideró
orozquista, pero sin importarle el adjetivo, Padilla atacó Frontera, Paraíso, Comalcalco y
Huimanguillo. Luego del asedio de Balancán por un grupo de hombres comandado por el
ex presbítero español, José Gurdiel Fernández identificado como partidario del reyismo y
quien había regresado de Galveston, fue capturado, junto con seis aventureros cubanos, y
ajusticiado el 2 de septiembre de 1912. La acción provocó reacciones encontradas; algunos
responsabilizaron del hecho a Mestre por sus anteriores altercados con la Revista Tabasco,
que Gurdiel dirigía y desde cuyas páginas criticó sus amoríos con Rosa Sibaja. El
maderismo en Tabasco, como en el resto del país, daba pasos inciertos y mostraba debilidad
para orientar a la sociedad hacia las metas que le había propuesto.
8. La soberanía que despierta
Al conocerse la noticia del cuartelazo en la ciudad de México y los consecuentes asesinatos
del presidente y del vicepresidente, los maderistas se agruparon en Huimanguillo. Los
hermanos Aguirre Colorado, Isidro Cortés, Aúreo L. Calles, Aureliano y Pedro Colorado se
percataron de la indecisión del gobernador Manuel Mestre Ghigliazza para desconocer al
usurpador Victoriano Huerta.
El 25 de febrero de 1913, Mestre se manifestó al respecto, enviándole un telegrama que
decía: "Un alto deber de patriotismo, que usted sabrá apreciar debidamente, me obliga a
coadyuvar en mi puesto en la obra de paz nacional". Años más tarde Mestre justificaba esa
postura con el aislamiento en que se encontraba Tabasco y su distancia respecto del centro,
además de las dificultades que hubiera implicado el enfrentarse a las fuerzas federales. El
28 de abril el Congreso local reconoció al gobierno de Huerta, con la excepción de varios
futuros revolucionarios.
Con el asesinato de Madero tomó forma en Tabasco un nuevo movimiento con mayor
articulación y coherencia para acercarse a la nueva corriente política nacional que el
coahuilense Venustiano Carranza articulaba. El 5 de abril se lanzó el grito de rebelión en
Cárdenas en contra de Huerta. Ramón Sosa Torres Rafael, Juan Gutiérrez y Fernando
Aguirre Colorado, así como Aureliano y Pedro Colorado, junto con Aúreo L. Calles y
Pedro Torruco, encabezaron a un grupo de 100 hombres a caballo que tomaron esa
población, y al día siguiente Huimanguillo.
Estos revolucionarios, a los que se unieron los hermanos Carlos y Alejandro Greene,
lanzaron varios planes a partir del 8 de abril de 1913: en ellos desconocían al gobierno de
Huerta, se pronunciaban contra la restauración del porfirismo, en defensa de los principios
del sufragio efectivo y la no reelección, contra la servidumbre y por las garantías
individuales.
En el extremo sur del estado, surgió un movimiento similar a partir de que, el 27 de
febrero, llegó a Balancán el vapor de río Sánchez Mármol y los pasajeros compungidos
contaron la infausta noticia del cuartelazo militar y de cómo habían perdido la vida Madero
y Pino Suárez. El 16 de marzo, el coronel Luis Felipe Domínguez convocó a sus amigos a
una reunión en su rancho El Caracol. Allí, los revolucionarios de la región de los ríos
acordaron levantarse en armas contra Victoriano Huerta.
Aun trataron de convencer al gobernador Mestre para que, en nombre de su vocación
maderista, se sumara a ese desconocimiento; pero la gestión fracasó y decidieron contactar
al gobernador de Coahuila, don Venustiano Carranza, quien había desconocido al
usurpador y había asumido la dirección del movimiento en rebeldía que se manifestaba en
todo el país. Entonces, Carranza le dio a Domínguez la responsabilidad de organizar a las
fuerzas del estado.
Mientras se articulaban los dos brazos de la Revolución en Tabasco, el doctor Mestre
pidió licencia a su cargo de gobernador el 25 de abril, y en su lugar fue designado el
huertista Agustín Valdez, quien al mando del 18º batallón había llegado a San Juan Bautista
para restablecer el orden, debido a que el 31º batallón se había sublevado. Así pagaba el
antiguo gobernador su indefinición frente a la caída de Madero, y aún así llegó a la ciudad
de México a solicitar audiencia en el Palacio Nacional, donde dio la mano a Huerta el 9 de
mayo de 1913; algo que incluso sus amigos más cercanos no le perdonaron.
El 24 de mayo se declaró constituido el Ejército Constitucionalista del Occidente de la
Chontalpa y se proclamó primer jefe a Pedro C. Colorado. Éste, junto con Carlos Greene y
Aurelio Sosa, se fortaleció y adquirió un gran peso militar, y sobre todo político, en el
estado.
En la región de los Ríos, por Tenosique, el núcleo encabezado por Luis Felipe Domínguez
(familiar de Belisario Domínguez) había comenzado su actuación; destacaban entre sus
filas Pablo Gamas y varios agricultores chicleros, así como las gentes de Pablo Marenco y
Pedro Sánchez Magallanes, integrando la Brigada Usumacinta. Se completaba así un
proceso en el que los dos grupos más fuertes de Tabasco hicieron supuestamente a un lado
sus diferencias y se unieron para luchar por una sola causa.
Los triunfos de los carrancistas por todo el país, así como el asedio a Veracruz por parte
de tropas estadounidenses, pusieron fin al gobierno de Huerta. En Tabasco, la guerra
continuaba y los revolucionarios adquirían grandes victorias. El 20 de enero de 1914, en la
Chontalpa, Carlos Greene y Ramón Sosa Torres ocuparon la Barra de Santa Ana,
guarnecida por 250 soldados federales. Y en los ríos, el general Domínguez tomó la plaza
de Balancán el 26 de agosto. Fue un año decisivo para los revolucionarios, porque mientras
Carranza firmaba los Tratados de Teoloyucan, pidió a Domínguez que se dirigiera a San
Juan Bautista para hacerse cargo del gobierno y de las operaciones militares, de acuerdo
con el Plan de Guadalupe. El general Alberto Yarza, como nuevo gobernador huertista,
estuvo de acuerdo en negociar, y el 1º de septiembre entregó el gobierno del estado al
cabecilla de la Brigada Usumacinta.
El mismo día salieron las autoridades depuestas y algunas familias pudientes que
aprovecharon la ocasión para abandonar el estado. El testimonio de Andrés Iduarte, Un
niño en la Revolución mexicana, dibuja los hechos:
Los soldados venían muy cansados, muy tristes y muy sucios; familias enteras no estaban
de acuerdo en abandonar sus pertenencias, pero el temor a los revolucionarios les hizo huir.
En un muelle improvisado tomamos el barco que nos llevaría a la isla del Carmen, en el
estado de Campeche, por la maravillosa red fluvial de Tabasco.
El 2 de septiembre de 1914, luego de librar varios combates, los revolucionarios entraron
en la capital de Tabasco. El pueblo vitoreó a los generales Pedro C. Colorado, Carlos
Greene, Ramón Sosa Torres, Isidro Cortés, José Domingo Ramírez Garrido, Ernesto
Aguirre Colorado, Aúreo L. Calles y demás miembros del ejército de la Chontalpa. Los
hechos han trascendido gracias a la polémica entre los generales José Domingo Ramírez
Garrido y Mario J. Domínguez Vidal. Los revolucionarios fueron agasajados con arcos
triunfales y varios festejos. Fue el general Domínguez quien firmó como gobernador militar
del estado de Tabasco, de acuerdo con las promesas que hiciera la revolución de la
Chontalpa y de los Ríos, el decreto de amortización de las deudas de los peones y el de la
abolición de la servidumbre, y en el que se establecían sanciones para los hacendados que
violaran las disposiciones de los decretos del 18 y 19 de septiembre de 1914.
A la capital pudieron entrar juntos los dos grupos revolucionarios por decisión de
Domínguez, quien llamó a los compañeros en armas para compartir ese momento. Las
pugnas internas, sin embargo, habían comenzado a hacer mella en el grupo. Los jefes de los
Ríos eran transigentes y con un sentido de justicia que impedía cualquier exabrupto;
asimismo, daban garantías a los hacendados y a los comerciantes poderosos de la entidad.
Su acción se circunscribió a una porción reducida del territorio tabasqueño; la Brigada
Usumacinta tenía pocos hombres, y sus acciones no armadas no fueron tan determinantes
en la caída de Huerta.
En cambio, los revolucionarios de la Chontalpa eran radicales y no ponían freno ni al
saqueo de sus tropas ni a sus acciones anticlericales. Eran poco caballerosos y hasta
ignorantes. Por ejemplo, de los hermanos Greene se decía que Carlos tenía "aspecto de
peluquero [?] y es de una ignorancia aplastante; Alejandro es de torvos instintos". Sin
embargo, fueron los de esa región quienes realizaron las acciones militares de mayor
envergadura, lo cual dio garantías a Domínguez para negociar con los huertistas, que
salieron tranquilos, con toda clase de garantías; la capital fue recuperada sin mayor
derramamiento de sangre.
Domínguez y Colorado declinaron su posible postulación para el cargo de gobernador con
el fin de evitar fricciones, así que la responsabilidad recayó en Carlos Greene, mientras
Sosa Torres era nombrado comandante militar, según cuenta Alfonso Taracena en Mi vida
en el vértigo de la Revolución mexicana. Greene ocupó la gubernatura de octubre de 1914 a
febrero de 1915, con lo que se lograba una alianza que pudo mantener unidos a los ejércitos
de la Chontalpa y de los Ríos. Al final se reconsideró el punto y Domínguez fungió como
gobernador, seguramente con la desaprobación de los de la Chontalpa, que habían mostrado
una gran disposición para la lucha y habían estado en la primera línea de fuego. Varios
gobernadores se sucedieron como producto de las diferencias que se presentaban en el
estado, las cuales no constituían solamente un problema tabasqueño.
Podría decirse que Domínguez tuvo una visión más conciliatoria de la Revolución, en
tanto que Greene escogió una orientación más acorde con la práctica política que el
momento exigía. Las fuerzas internas continuaron en un precario equilibrio, con
permanentes desacuerdos y ajustes, y ninguna parecía tener el poder suficiente para
imponerse a la otra. No obstante, Greene consiguió el apoyo del primer jefe gracias a su
amistad con el yerno de éste, Cándido Aguilar. Quizá la decisión fue consecuencia de las
simpatías y la cercanía de Pedro C. Colorado con Carranza, mientras que algunos
consideraban justa la postura de Francisco Villa. Los carrancistas decidieron participar en
la campaña en contra de Villa y fueron a combatirlo a El Ébano, en Tamaulipas. Al regresar
a Tabasco, Colorado fue asesinado, y sus colaboradores más cercanos apresados. La unidad
y la tranquilidad en el estado habían durado muy poco tiempo.
Carranza, conocedor de la situación y ante la muerte de uno de sus jefes más
incondicionales, decidió enviar a Tabasco al general Francisco J. Múgica, quien al mando
de 700 hombres desembarcó en el puerto de Dos Bocas. Era el mes de septiembre de 1915
cuando el coronel Aquileo Juárez entregó el mando al enviado del constitucionalismo. Pero
la decisión no fue del agrado de ninguno de los dos bandos, de modo que ambos
propusieron a Carranza en la ciudad de México que destituyera a Múgica, el cual fue
retirado después de dos meses y le sustituyó Domínguez; pero las pugnas entre los dos
grupos de la Revolución en Tabasco no se resolvieron, y Múgica regresó para proseguir su
labor del 24 de febrero al 13 de septiembre de 1916. Más adelante salió para intervenir en
los debates de la nueva Constitución en Querétaro.
Durante sus dos cortas administraciones Múgica, demostró su inflexibilidad para resolver
problemas. Restituyó a la capital su antiguo nombre de Villahermosa y aplicó los preceptos
derivados de las Leyes de Reforma. Devolvió el carácter civil a los cementerios e inició las
reivindicaciones que prometió la Revolución. Por ejemplo, decidió el primer reparto agrario
el 13 de mayo de 1916 y puso fin al litigio entre la Compañía Agrícola Tabasqueña y los
demandantes de tierra de la Villa de Jonuta. De esa manera entregó a los vecinos una
porción de la isla de la Hacienda El Chinal, más meritorio aún porque lo hizo en
desacuerdo con Carranza, quien hizo todo lo posible por que las propiedades fueran
devueltas a sus dueños.
Además, Múgica mandó perseguir a las fuerzas de Gil Morales, responsable de la muerte
de Pedro C. Colorado, hasta que las derrotó cerca de Palenque e hizo fusilar a los
sobrevivientes. Sin embargo, los alzamientos continuaron, pese a todos los esfuerzos de
recomposición política. Los felicistas asediaron Teapa y luego fueron perseguidos hasta
Chiapas por más de 100 combatientes de la Brigada Usumacinta; pero volvieron al ataque
sobre Pichucalco, hasta que el 28 de abril de 1917 Félix Díaz designó gobernador y
comandante militar a Fernando Villar. El carrancista Salvador Alvarado llegó a Tabasco el
2 de septiembre de 1917 a dirigir la campaña en contra de los felicistas, para la cual buscó
el apoyo del para entonces general Carlos Greene.
Se iniciaba así la transición hacia una nueva etapa que asegurara una relación más
expedita entre Tabasco y el resto del país. Las diferencias personales se supeditaron a las
políticas, los localismos respondieron a una sola intención política de orientación nacional;
se pretendió, en suma, que a la violencia se antepusiera la razón.

9. Vientos nuevos

En la administración de Múgica fue puesto al frente del Departamento Legal del Tribunal
del Pueblo un licenciado recomendado por José Domingo Ramírez Garrido; se trataba de
Tomás Garrido Canabal, aquel muchacho que había visto los alborotos de los primeros
maderistas. Su carrera política fue meteórica, y sin hacer méritos entre los grupos
revolucionarios que se destacaron en diferentes momentos, fue quien daría solución a sus
querellas.
Cuando Múgica dejó Tabasco para atender el llamado de Carranza al Congreso
Constituyente de 1917, dos grupos se disputaron el poder, unos representando los intereses
del Partido Liberal Constitucionalista, y otros los del Partido Radical Tabasqueño. En el
primero destacaba el general Domínguez a la cabeza, y Carlos Greene dirigía el segundo.
Era obvio que la vieja disputa entre las dos grandes regiones del estado no había sido
resuelta, aunque ahora podían actuar con algún tinte de madurez política. Los rojos
lograron imponerse sobre los azules, y luego de constantes enfrentamientos partidistas,
Carlos Greene tomó posesión como gobernador constitucional el 10 de marzo de 1919.
Los rojos estaban identificados con los revolucionarios radicales, con los humildes y los
oprimidos, aunque ya en el poder se hicieron aborrecer por sus enemigos; los azules eran
los antiguos expoliadores, ahora vinculados al movimiento revolucionario, gente de orden
que abominaba la violencia. Para otros era una diferenciación más cotidiana que política:
Don Carlos era el jefe del Partido Rojo; don Luis Felipe, el jefe del Partido Azul. Yo no sé
si los de don Carlos ostentaban el rojo con intención y conocimientos históricos de lo que
significaba, o si sólo fue una coincidencia muy explicable por la inclinación del gusto del
pueblo hacia el color vivo y vital; lo que sí sé es que los rojos eran los radicales,
revolucionarios. Por eso el general Greene tenía más partidarios en el pueblo y don Luis
Felipe los tenía en la clase media y en la clase rica. Por ejemplo, mi familia materna —
incluso mis hermanas— eran "azules". Una pariente mía usaba, al mismo tiempo, el lazo
celeste y el retrato de Félix Díaz, el sobrino de don Porfirio que fracasó como militar, como
político y hasta como desterrado, porque nadie supo nunca en México cuándo dejó de serlo.
Otra pariente mía se ponía blusas azules y zapatos rojos, para ir pisoteando a cada paso el
símbolo del bando enemigo.
Por otra parte, es mucho decir que lo acontecido en Tabasco entre el 2 y el 3 de febrero,
cuando debía elegirse al primer gobierno constitucional, fue parte de un proceso electoral,
porque los disparos duraron todo el día y el saldo fue sangriento. Greene fue reconocido
triunfador y tomó posesión el 10 de marzo, pero los partidarios de Domínguez instalaron su
propia legislatura en Boca de Amatitlán, y dispuestos a todo decidieron apoderarse de
Frontera para marchar sobre Villahermosa.
La suerte de Greene no fue la de Garrido, quien gracias a un golpe de la fortuna lo
sustituyó, en un interinato entre el 5 de agosto de 1919 y enero de 1920. Luego, con el
triunfo de Agua Prieta, el joven licenciado fue nombrado gobernador interino del estado de
Yucatán, donde permaneció del 14 de mayo al 26 de junio de 1920. Greene y Garrido
siguieron manteniendo buenas relaciones en lo político. El primero, sin embargo, no contó
con las simpatías del general Plutarco Elías Calles, secretario de Gobernación del régimen
obregonista, quien lo hizo prisionero en cuanto se le presentó la primera oportunidad;
después de un enfrentamiento entre diputados en el que murieron dos de ellos, se culpó a
Greene de haber instigado el conflicto, pero luego recuperó su libertad. Fue su hermano
Alejandro quien, en compañía de su lugarteniente, disparó a los diputados Lezcano, Cámara
y Jiménez Calleja; sólo este último sobrevivió.
Se le acusó después de asumir una actitud rebelde, por lo que fue encarcelado en Santiago
Tlatelolco, en la ciudad de México. Su relación con Calles no fue muy cordial. En una carta
que le envió le reiteró su "pacífica actitud" y le recordó haber aportado como
revolucionario "...mi modesto contingente espontáneo y desinteresado en el movimiento de
Agua Prieta". Acusaba de los malentendidos a "...la camarilla que encabezan en ésa los
Martínez de Escobar y los Ramírez Garrido, eficazmente secundados por sus lugartenientes
radicados en Villahermosa, han logrado crear y fomentar cerca de usted una atmósfera cuya
densidad me hace aparecer como un hombre de instintos perversos, como un gobernante
arbitrario y como un revolucionario inquieto".
En 1922 Garrido luchó finalmente por la gubernatura del estado de Tabasco, apoyado por
el general Obregón, por el Partido Radical Tabasqueño y por el Partido Cooperatista.
Garrido se enfrentaría precisamente al primo que le abrió las puertas de la política, José
Domingo Ramírez Garrido, quien era respaldado por el Partido Liberal Constitucionalista.
En esa situación, definida desde el centro del país, Garrido llevaba las de ganar, así que sus
opositores, aun tratándose de revolucionarios de reconocido prestigio, habían perdido su
oportunidad.

V. EL TIEMPO DE GARRIDO
1. En familia

NO RESULTA FÁCIL ENTENDER cómo el licenciado Tomás Garrido Canabal fue


encumbrado al poder político formal en Tabasco ni cómo adquirió la fuerza que le permitió
rebasar a los combatientes revolucionarios, quienes primero habían tomado las armas
contra Porfirio Díaz y después contra el usurpador Victoriano Huerta. Entenderlo resulta
más complejo si se considera que tuvo que hacer a un lado al prestigiado general José
Domingo Ramírez Garrido, su primo hermano y, además, subsecretario de Gobierno del
general Francisco J. Múgica y secretario general de Carlos Greene.
La fuerza del centro sobre la región es lo que puede explicar el hecho de que, finalmente,
Garrido haya logrado imponerse, pues supo contar con los apoyos del presidente Álvaro
Obregón y de su secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles. Las elecciones son un
factor importante para entender la política regional, aunque la negociación cupular aparece
a veces como algo más definitivo para el nombramiento de un gobernador que el mismo
proceso electoral.
Garrido Canabal inició su primer gobierno constitucional exhibiendo las cualidades más
apreciadas entonces: gran capacidad negociadora y buen pragmatismo político.
El 5 de julio de 1922, cuando el humo de la pólvora no se había dispersado totalmente, el
Partido Liberal Constitucionalista Tabasqueño (PLCT) postuló al general Ramírez Garrido
como candidato a gobernador. Su programa resultaba atractivo para el momento, porque
planteaba una utilización de los recursos encaminada al bienestar de la población; una
selección de los hombres más "aptos" para la administración, sin tomar en cuenta su
filiación política; la libertad de sufragio como "una cuestión de honor"; la independencia
municipal de acuerdo con las disposiciones del artículo 115 constitucional; el desarrollo de
la riqueza agropecuaria y el impulso a la industria; el mejoramiento de las relaciones entre
capital y trabajo según la normatividad del artículo 123 constitucional; garantías a la
pequeña propiedad, y evitar "los atropellos a que está expuesta la gran propiedad por las
interpretaciones erróneas o malévolas de la Ley". El programa de Ramírez Garrido
consagraba especial deferencia a la instrucción pública y, finalmente, aseguraba completar
las obras de la Barra de Frontera, cuestión que consideraba como el problema más
importante del estado, y la "vida o la muerte para Tabasco, y que afecta, también, a una rica
región de Chiapas".
Su programa, sin embargo, no era suficiente para alcanzar la gubernatura. Sabía que era
necesario contar con la aprobación de su primo, y para ello lo citó el 29 de julio en la
ciudad de México. A la reunión asistieron, aparte de los dos Garrido, Rafael Martínez de
Escobar y Clotario Margalli. El acuerdo que buscaba era simple: establecer el compromiso
de que el único candidato para el próximo periodo constitucional como gobernador del
estado sería José Domingo. Éste ofrecía —lo cual daba muestras del poder de Tomás,
entonces gobernador interino— que en la elección del 21 de agosto la legislatura quedaría
integrada por cinco elementos del partido y 12 de Garrido. Además, éste garantizaba que
sus elementos apoyarían la candidatura acordada. Y como todo quedaba en familia, se
formalizó también el acuerdo de que en las siguientes elecciones, en las que se elegirían a
tres diputados y un senador, cada una de las partes propondría a los candidatos.
Todo parece indicar que tres días después el licenciado Garrido acordó con sus partidarios
lanzar su candidatura por el Partido Radical Demócrata Social Tabasqueño (PRDST),
presidido por el diputado Miguel Torruco Jiménez. Éste, junto con Manuel Garrido
Lacroix, Alejandro Lastra, Santiago y Alejandro Ruiz, Fernando García y Juan Bautista de
Dios Torres, constituyeron su bloque en el Congreso local. El del general Ramírez, por su
parte, estaba integrado por Clotario Margalli, José Bartlet, Emiliano Pérez Rosas, Carlos
Fidias Sáenz y Prisciliano Sala Gurría, del PLCT, con distintivo azul; Lauro Aguilar Palma
y Leonel Magaña pertenecían al PRDST, con distintivo rojo; y Francisco Pintado,
postulado por el Club Independiente Aniceto Calcáneo, con distintivo blanco. Por alguna
razón los colores que se utilizaron para distinguir a los grupos políticos tabasqueños fueron
los de la bandera francesa.
Aparentemente los más pertenecían al PLCT, pero no era así porque dos de los diputados
de este partido se encontraban en prisión. Había ocurrido que, ante una supuesta agresión
en su contra, Aguilar disparó a sus contrincantes, Torruco entre ellos; Magaña, compañero
de Aguilar, se refugió con su familia, pues había sido amenazado de muerte a raíz del
hecho. Finalmente, el 16 de septiembre de 1922, Garrido cambió la sede del Congreso a
Jalapa, donde presentó su informe de gobierno, solamente frente a los diputados de su
bloque, arguyendo la "falta de garantías" por el ataque que había sufrido el diputado Miguel
Torruco Jiménez.
Ése fue el momento de la ruptura de José Domingo Ramírez Garrido con las autoridades
nacionales, porque el presidente Obregón tomó partido por el primo de aquél, Tomás
Garrido Canabal. En la correspondencia que intercambiaron Ramírez y el Ejecutivo federal,
éste manifestó que le resultaba difícil intervenir en el conflicto por carecer de "facultades
para ello", y el 21 de septiembre le envió un telegrama en el que respondía a sus
acusaciones: "Creo no encuéntranse fundados por ahora temores abriga usted pues
repugnantes asesinatos registrados aquella capital han sido en personas que militaban
partido opuestos su candidatura". Para el día siguiente, Obregón era más claro respecto de
la persona por la que había tomado partido, al telegrafiarle: "deploro ligereza está usted
usando para juzgar casos tan delicados y para descargar a sus partidarios de
responsabilidades que sobre ellos pesan por estos crímenes que rechazan la civilización y la
moral".
Ese mismo día, como buen entendedor, el general Ramírez Garrido renunció a su
candidatura, no sin dejar clara denuncia de los hechos, revelada por José Bartlet Bautista y
Clotario Margalli Lara en La cuestión electoral tabasqueña (1923-1926):
Las maquinaciones de Tomás Garrido y sus incondicionales en la Cámara de Diputados y
la manifiesta complicidad o debilidad del gobernador Casanova, dieron margen a los
sucesos sangrientos que todos conocemos y que sinceramente hemos lamentado; aunque en
pueblos pasionales como el nuestro y en ánimos exacerbados por intrigas burdas, estos
sucesos son perfectamente explicables.
También los partidarios de Ramírez renunciaron a sus postulaciones, pero solicitaron a
Garrido que retirara la suya para demostrar que "no lo guiaban intereses bastardos ni
rastreras ambiciones". La idea era que una persona imparcial ocupara la gubernatura,
postura que hasta cierto punto había avalado Adolfo de la Huerta, el secretario de
Hacienda; en un telegrama enviado a Ramírez, pedía a los dos partidos "atenuar sus
pasiones y antagonismos luchando siempre sobre el verdadero terreno democrático".
Entonces, De la Huerta no imaginaba que en unos cuantos meses reforzaría el poder de
Tomás Garrido Canabal con la rebelión que habría de encabezar, y que emprendió cuando
el nuevo gobernador constitucional de Tabasco acababa de tomar posesión para un periodo
de cuatro años.

2. El fin de otra familia


Al finalizar el gobierno constitucional del general Álvaro Obregón, el relevo debía ser
tomado por Calles o por De la Huerta. Al grupo que formaron estas tres figuras se le llamó
el triunvirato sonorense. Se suponía que la sucesión no iba a causar conflicto, pero sucedió
lo contrario: el 2 de septiembre de 1923 Calles anunció sus intenciones de participar en la
contienda electoral, acción que desde entonces se conoce como "madruguete".
En este contexto, los militares efectuaron reuniones partidarias, como la descrita en un
informe confidencial del 19 de octubre del mismo año, en el que se recordaba lo siguiente:
la decisión de Porfirio Díaz para que Ramón Corral lo sustituyera había provocado la
Revolución, la pretendida imposición de José María Pino Suárez por parte de Francisco I.
Madero había desencadenado el cuartelazo del Ejército Federal, Venustiano Carranza había
pretendido designar a Bonillas y provocó la rebelión de Agua Prieta. Por lo tanto, como
consta en la Unidad de la Secretaría Particular de la Presidencia, concluían:
El gobierno actual intenta imponer la candidatura de Calles y si esto es así, sucederá [...]
una nueva revolución [...] Los sonorenses se han repartido todos los puestos públicos de la
Nación y ellos no son la República. Todos tenemos derecho a tomar parte en la cuestión
pública, por eso debemos unirnos para evitar la imposición y el nepotismo sonorense.
Resultaban obvias las fisuras en el interior del ejército; por ello, de no haber aparecido la
figura de Adolfo de la Huerta para encabezar su descontento, habría surgido otro personaje
entre los militares. La gota que derramó el vaso fue la candidatura de Calles, pero también
se consideraba que el grupo en el poder había violentado el pacto federal, como lo
demostraban las complicadas campañas gubernamentales en San Luis Potosí, Michoacán,
Coahuila y Nuevo León, que afectaron directamente los intereses del Partido Nacional
Cooperatista (PNC). En el primero de los estados citados, había sido afectado Jorge Prieto
Laurens, líder natural de este organismo político.
Ese mismo mes, De la Huerta renunció a la secretaría de Hacienda, como evidencia
irrefutable de su rompimiento con los sonorenses. En los medios políticos todavía se decía
que su actitud respondía al desacuerdo con la firma de los Tratados de Bucareli, porque
cuando Alberto J. Pani lo sustituyó, éste cuestionó la situación financiera del país, en
particular las diferencias detectadas entre las erogaciones y los ingresos, lo que amenazaba
con llevar al país a la bancarrota. Obregón reforzó la crítica al declarar que el erario y el
crédito se encontraban en crisis. El presidente contribuyó de esta manera al desprestigio de
los militares descontentos, con lo cual favoreció la candidatura de Calles.
Pani siempre intrigó en contra de De la Huerta, tal como él mismo lo reconoció en su libro
Bajo el continuismo callista. Así pues, por problemas de índole política, el 7 de diciembre
de 1923 De la Huerta decidió establecer "su" gobierno en Veracruz, presionado por sus
partidarios que no compartían su punto de vista sobre la resolución pacífica de los
problemas mediante la vía parlamentaria. Al parecer prevalecieron las presiones del general
Rafael Zubarán Capmany, de Jorge Prieto Laurens, Antonio Villarreal y del general
Guadalupe Sánchez en Veracruz.
El hecho de que el lugar donde se estableció el gobierno rebelde fuera una plaza del sur
del país y en pleno golfo de México determinó que esa parte del territorio se considerara de
importancia estratégica, además de que entre Veracruz y Villahermosa no había mucha
distancia. El 23 de diciembre de 1923 cayó Jalapa, y el 10 de enero de 1924 Villahermosa
fue tomada por 2 500 hombres al mando de los generales Carlos Greene y Fernando
Segovia, sin que pudieran ser contenidos por las fuerzas leales al gobierno de Obregón,
comandadas por Vicente González y Miguel Henríquez Guzmán. Los generales Alberto
Pineda, Rodolfo H. Vivanco y Gregorio Lozano, a cuyos mandos estaban los regimientos
67, 38 y 3º de Comalcalco, Huimanguillo y Frontera, respectivamente, pertenecientes a la
12ª Zona Militar, al mando del general Vicente González, se sumaron al movimiento. Quizá
el avance fue aconsejado por los partidarios de Múgica, quien al haber sido depuesto del
gobierno en Michoacán tenía suficientes motivos para sumarse a la rebelión, pero decidió
permanecer neutral. También pudo haber influido el general Salvador Alvarado, que
conocía la región como la palma de su mano. Sin embargo, lo más seguro es que Greene
haya sido uno de los principales instigadores, pues había roto con Calles cuando, siendo
éste secretario de Gobernación, influyó en su desaforo como gobernador de Tabasco y lo
hizo prisionero en Santiago Tlatelolco.
Greene podía resultar la pieza clave por su cercanía con Garrido Canabal, quien acababa
de tomar posesión como gobernador constitucional y se destacaba ya como el hombre
fuerte de la entidad. Pero Calles sospechaba fuertemente de Garrido, a quien le dijo que
había recibido "[...] informes de que el gobierno que usted preside está de acuerdo con los
planes del general Greene [...]" Garrido le respondió a la brevedad para deslindarse; le
comunicó estar dispuesto a demostrar su desaprobación a la actitud asumida por el rebelde,
para reafirmar su lealtad. Pero decidió ir más lejos al mostrarse disponible para aceptar
instrucciones: "[...] qué es lo que debo hacer para que mis enemigos políticos no continúen
tratando [de] complicarme en asuntos que nunca he pensado, ni siquiera tenido
conocimiento, y que desde luego repruebo con toda energía".
Resulta extraño que Garrido no haya secundado la revuelta como lo hicieron sus amigos
más cercanos. Quizá tuvo una percepción clara de lo que podía suceder, aunque esto no era
fácil, pues los datos eran contundentes: de 508 generales del ejército federal defeccionaron
102; de los 2 758 jefes que tenía, 576 se pasaron al bando rebelde; de 8 583 oficiales, 2 477
se integraron a las filas del delahuertismo, junto con 23 224 miembros de la tropa, formada
con 50 030 efectivos.
Debido a su aislamiento geográfico, Tabasco se convirtió en el reducto más seguro para
los rebeldes, quienes nombraron como gobernador provisional al general Manuel Antonio
Romero, que ocupó el cargo del 18 de enero al 20 de junio de 1924. El rico anecdotario
tabasqueño cuenta que Garrido se escondió tras de la cabecera de enferma de doña Carmen
Greene, hermana de Carlos, de donde fue sacado en la noche y llevado por los hermanos
Jaidar en cayuco hasta Montecristo. De otra forma hubiera sido difícil que quedara con
vida. Como Tabasco fue considerado inexpugnable, el mismo De la Huerta abandonó
Veracruz el 5 de febrero para dirigirse a Villahermosa, donde permaneció durante algo más
de un mes hasta que decidió abandonar el país cuando los gobiernistas retomaron Córdoba.
El 11 de marzo dejó Villahermosa y el 12 llegó a Laguna del Carmen; allí, Jorge Prieto
Laurens le suplicó que bajara del vapor que lo conducía, pero no aceptó y le aseguró que
sólo iba a Campeche.
La desbandada delahuertista fue un hecho cuando las tropas federales tomaron Mérida y
marcharon sobre Tabasco, convertido en el último reducto de los rebeldes. El general
Vicente González, quien al principio se había identificado con la rebelión, al final se
encontró de parte de las fuerzas federales y se posesionó del puerto de Frontera. El general
Cándido Aguilar, otro de los rebeldes connotados, no pudo sostenerse en Campeche y se
encaminó hacia la Chontalpa con las fuerzas que lo seguían. En su travesía se fue quedando
sin soldados, y aunque unió sus fuerzas con las de Alvarado, no pudieron resistir... y
Villahermosa fue recuperada por las tropas leales el 17 de junio. La rebelión delahuertista
había durado seis meses, el mismo lapso que Tabasco estuvo sustraído de facto al pacto
federal.
Algunos de los jefes más importantes, como Guadalupe Sánchez y Cándido Aguilar, se
refugiaron en los Estados Unidos, pero otros de conocida filiación revolucionaria fueron
pasados por las armas, entre ellos los hermanos Greene y Salvador Alvarado.
Si en el nivel nacional el grupo en el poder pudo ejercer un ajuste de cuentas mediante la
rebelión, cuando Garrido regresó a Tabasco hizo lo propio, y no sólo logró deshacerse de
sus enemigos, sino que encontró los fundamentos ideológico-políticos de su acción. A
partir de entonces, "delahuertista" fue el calificativo empleado para señalar a quien no
estaba de acuerdo con su dirección política.

3. Garrido afianza su poder


Del resultado de las elecciones de 1926 dependía la continuidad del garridismo; por eso
fueron tan disputadas. A partir de ese momento la fuerza de este grupo se acrecentó ante la
dispersión de las otras facciones locales, todavía más mermadas después de la rebelión
delahuertista. De nueva cuenta un revolucionario probado decidía aceptar su postulación;
correspondía ahora al general Luis Felipe Domínguez tratar de obtener el gobierno
constitucional, para lo cual aceptó los requerimientos del Partido Político Unión de Obreros
y Comerciantes, que buscaba el "mejoramiento material y espiritual de la clase laborante,
propuesta de hombres acostumbrados desde nuestros primeros años a cultivar la tierra y a
mover el comercio".
Los miembros de dicho partido veían en el general Domínguez "una esperanza para la
reorganización y fomento de las riquezas de aquel estado en donde todo ciudadano gozará
de todas las garantías que las leyes le otorguen". En realidad, lo que buscaban eran
seguridades que les permitieran realizar actividades políticas, que sólo estaban permitidas a
los garridistas. Con esta apreciación coincidían el general Manuel Pedrero Valenzuela,
postulado por el Partido Renovador Estudiantil; Belisario Carrillo, propuesto por el Partido
Radical Nacional, y un candidato sin partido: el teniente coronel Arturo Jiménez de Lara,
quien por medio de un manifiesto público aparecido en Jonuta, según consta en la
Dirección General de Gobierno, dio a conocer sus intenciones:
El poder público en Tabasco no puede seguir siendo el monopolio de unos cuantos que
han hecho de nuestra pródiga tierra un feudo y de las instituciones sociales un medio de
explotación.
En consecuencia, es absolutamente necesario e indispensable demostrar con hechos ante la
Nación entera, que en el estado de Tabasco hay hombres desinteresados y animados de un
gran espíritu público, que somos capaces de considerar los intereses sociales y el poder
político muy por encima de los bajos propósitos de los hombros sin escrúpulos.
Vamos, pues, valerosos y denotados hijos de Tabasco, a cambiar resueltamente la abatida
condición de nuestro sufrido pueblo.
Gobernación respondió: pidió al jefe de las operaciones militares en el estado que
ofreciera garantías a los postulantes; pero no estaba en capacidad de brindarlas porque,
cuando después de muchos avisos y de la advertencia de que por falta de condiciones
Jiménez de Lara entraría por Pichucalco, su ayudante y delegado en la Chontalpa fue
asesinado el 6 de septiembre cerca de aquel lugar. Por su parte, Carrillo hizo saber al
presidente que los armadores de Veracruz se negaban a vender pasajes a sus partidarios
para ingresar en Tabasco.
Como era de suponerse, esas garantías no podían ser concedidas porque Garrido Canabal,
recientemente electo senador ante el Congreso de la Unión, también tenía su candidato: el
diputado Ausencio C. Cruz, quien había sido su colaborador cercano en su cargo de
secretario de la Liga Nacional de Resistencia y ahora postulado a la gubernatura por el
Partido Socialista Radical Tabasqueño. Su campaña tampoco estaba exenta de sobresaltos,
y en una manifestación realizada en Frontera, sus partidarios fueron agredidos por un grupo
de campechanos encabezados por el coronel Cristóbal Miranda, quien, según el mismo
Garrido, había sido delahuertista y se encontraba entre "los enemigos del proletariado". El
saldo fue de dos personas muertas. Pero según Carrillo no se trataba de "campechanos",
sino de sus partidarios, que habían sido agredidos por los seguidores de Cruz y acusaba a
Francisco Trujillo, secretario de Gobierno, de haber ordenado el ataque.
En un telegrama dirigido al presidente Calles, los garridistas terminaron por echarse de
cabeza. En él aseguraban que las organizaciones obreras de Frontera tuvieron información
de que a bordo del vapor San Juan venían propagandistas a sueldo del "reaccionario
Belisario Carrillo", por lo que acordaron preparar una manifestación para demostrarle "su
impopularidad y el error en que están al pretender encajar en la era revolucionaria a un
individuo que en la época de Victoriano Huerta fuera secretario de la Jefatura política de
Macuspana". No obstante, hubo reacciones hasta de la Alianza de Partidos Socialistas de la
República, cuyo presidente era Gonzalo N. Santos, para protestar ante el secretario de
Gobernación por haber intervenido "el ejército contra el proletariado" (¡)
El coronel Adalberto Tejeda, secretario de Gobernación, continuó recibiendo
innumerables quejas sobre la falta de garantías y el autoritarismo prevaleciente en Tabasco,
donde los "ligueros", partidarios de Cruz, hacían lo posible para boicotear las campañas de
los otros candidatos, en particular la de Jiménez de Lara.
El gobernador interino S. Ruiz y las mismas autoridades federales se cruzaban de brazos
ante las agresiones físicas y destrucción de propaganda, así como ante la imposibilidad de
contratar imprentas, alquilar medios de transporte y de registrar, de acuerdo con la ley, los
clubes y asociaciones políticas creados para apoyar la candidatura de Jiménez de Lara. Así
sucedió con la propuesta del partido político Usumacinta, de los clubes políticos Pino
Suárez, Independiente Ignacio Gutiérrez y el de Francisco I. Madero.
Hacia el 7 de octubre —fecha límite para los registros— las autoridades correspondientes en
el estado no habían dado cauce a las solicitudes de numerosos grupos políticos ni a los
comités electorales, por lo que ni Carrillo ni Jiménez eran formalmente aspirantes a la
gubernatura, "pues no registraron a tiempo sus candidaturas". En tal virtud pidieron al
secretario de Gobernación que dictara disposiciones a fin de que se dieran por cumplidos
los preceptos de ley. Como única respuesta, Tejeda solicitó al gobernador que le remitiera
el decreto de la convocatoria a elecciones y la ley electoral, porque supuestamente Jiménez
no podía ser candidato, según lo establecía una reforma a la Constitución local del 28 de
octubre de 1925, en la que, para neutralizarlo, se legisló que los candidatos debían estar
retirados del servicio activo del ejército federal y de las guardias nacionales auxiliares
cuando menos tres años (¡) antes del día de las elecciones.
Tomando como excusa las acusaciones en contra de los propagandistas de Jiménez de
Lara, especialmente una de las más delicadas, la de responsabilizarlos de la muerte de
Mario Pino Suárez, hermano de José María, los partidarios de Cruz solicitaron
inmediatamente justicia ante Gobernación. Tejeda, en ese caso, respondió tajante que
debían hacer las denuncias correspondientes ante las autoridades locales.
Ausencio C. Cruz, por su parte, se dejaba retratar en un Ford descapotado, rodeado de
obreros y campesinos y portando las banderas rojinegras del Partido Socialista Radical.
Después de realizar manifestaciones por el estado, contando siempre con el apoyo de la
fuerte organización de la Liga Central de Resistencia, fue el único candidato al cual se le
otorgó el registro para fungir como el abanderado de ese partido. Tanto él como los otros
candidatos pidieron al secretario de Gobernación que enviara una comisión para dar fe de lo
que sucediera el domingo 7 de octubre durante las elecciones y, según los seguidores de
Cruz, para que pudiera "darse cuenta de manera verídica sobre acontecimientos que puedan
suscitarse".
Como era de esperarse, tanto Jiménez de Lara como Carrillo se declararon triunfadores,
pero poco importaban sus anuncios, porque aun antes de la campaña estaba decidido que
Ausencio C. Cruz fuera el gobernador para el periodo 1927-1930, pues con él Garrido
aseguraba su "maximato" local, adelantándose al nacional. Así que de nada valieron las
acusaciones de que Cruz había participado en la rebelión delahuertista al lado de los
infidentes, que los contrincantes hicieran a un lado al prestigiado general Luis Felipe
Domínguez, ni las protestas avaladas por el voto de miles de tabasqueños que apoyaron a
los opositores; tampoco importaba que los candidatos salieran cuidándose las espaldas por
las amenazas de muerte, porque el 1º de enero Cruz tomó posesión del cargo más
importante del estado, sin programa ni plataforma para su desempeño como gobernador.
Cuando la campaña política de Cruz estaba en su apogeo, en el mes de agosto, y Carrillo
publicaba el manifiesto donde se refería al "éxodo de Tabasco de la clase propietaria" que
había abandonado "el amado terruño", por la mañana del día 19, cuando Garrido Canabal se
dirigía a presentar sus credenciales como senador electo por Tabasco, al salir del hotel
Iturbide, en el corazón de la ciudad de México, sufrió una emboscada. El líder tabasqueño
resultó herido, pero tres de sus acompañantes, entre los que se encontraban los diputados
Santiago Caparroso y Marcos Díaz, murieron.
Por supuesto, las reacciones en Tabasco fueron de endurecimiento hacia los opositores,
pero el efecto más importante del hecho fue la articulación del grupo que mostraría más
efectividad en su lucha a muerte contra Garrido. Destacaban el coronel Fernando Alipi
Oropeza, Amado Pedrero, Ulises González Blengio, Federico y Rafael Martínez Escobar y
Salvador Camelo. Sólo los tres primeros fueron acusados formalmente; según el ramo
Obregón-Calles, Alipi fue el único que paró en la cárcel de Belén, pero en menos de un año
salió libre gracias a la defensa que hizo en su favor Querido Moheno, el célebre penalista
de la época.
Sin embargo, el grupo sembró la semilla que más adelante, y con muchos esfuerzos, daría
sus frutos. En 1929 decidieron participar en las elecciones y Alipi encabezó lo que Rodulfo
Brito Foucher —quien también se les unió— llamó "una verdadera cruzada de honor y de
justicia". Sin embargo, para adentrarse en territorio tabasqueño, pidieron garantías a
Gobernación, porque sabían que el gobernador del estado, apoyado por Garrido Canabal,
"ha destacado gente armada a fin de atacarnos en distintos puntos del trayecto". El
recibimiento en Tabasco para los miembros del Partido Reconstructor Tabasqueño,
formado en la ciudad de México y adherido al Partido Socialista Revolucionario, creado en
Tabasco, fue como había sido previsto. Se les negó el registro y sus simpatizantes fueron
agredidos con armas de fuego, encarcelados o simplemente desaparecidos. La casa de
Amado Pedrero, presidente del partido y uno de los acusados del atentado contra Garrido,
fue rodeada por la policía para impedirle el acceso.
Pese a todo, la campaña continuó y el partido celebró reuniones que eran disueltas, fijaba
propaganda que luego era retirada, y los integrantes de la mesa directiva en Huimanguillo
fueron atacados después de que lograron reunir 200 firmas de apoyo. Alipi siguió pidiendo
apoyo a Gobernación, e incluso emplazó: "nosotros estamos dispuestos a retirarnos de la
política tabasqueña si las autoridades federales lo desean". El precandidato presidencial,
ingeniero Pascual Ortiz Rubio, hubo de intervenir a propuesta de los "reconstructores". El
18 de febrero solicitó al licenciado Felipe Canales, subsecretario de Gobernación, "se sirva
usted ordenar se practiquen las investigaciones necesarias y de que, de ser ciertos esos
hechos, se presten las garantías a que tienen derecho mis partidarios en el estado de
Tabasco". Lo de "partidarios" respondía al hecho de que los garridistas apoyaban a Aarón
Sáenz para la presidencia de la República (al parecer de acuerdo con Calles), pero en la
Convención Nacional Revolucionan, celebrada en Querétaro en las primeras semanas de
marzo, además de constituirse el Partido Nacional Revolucionario, Sáenz decidió hacer
suya la candidatura de Ortiz Rubio.
Las agresiones físicas y los encarcelamientos continuaron, y aunque seguían siendo
denunciados, el gobernador Cruz sostenía que las protestas provenían de los enemigos de su
gobierno "refugiados" en la ciudad de México. En realidad, con ello se trataba de dar
cobertura a la postulación de Tomás Garrido Canabal, quien, aprovechándose de las
reformas constitucionales de los obregonistas para la reelección de su líder, se proponía de
nuevo para gobernador, algo de lo que solamente él y Adalberto Tejeda en Veracruz se
sirvieron para reelegirse, con una gestión de por medio.
Y en ese complejo escenario se valía de todo, como la misiva que el subsecretario de
Gobernación envió a Domingo Narváez informándole que daría cauce a su denuncia sobre
las irregularidades cometidas con motivo de las elecciones presidenciales. El 16 de
noviembre, el susodicho respondió que le imputaban una acusación que no había realizado,
y aseguró que respetaba la personalidad de Tomás Garrido Canabal, de quien podía decir
que "cuando he solicitado su ayuda me la ha prestado gustoso como impártesela a todos los
campesinos trabajadores, por ser el representante de organizaciones obreras, su ardua labor
ha sabido levantar muy alto el nivel moral y material del proletariado de Tabasco".
Finalmente, y como era de suponerse, Garrido volvió a tomar posesión como gobernador
del estado el 1 de enero de 1930; pero los reconstructores demostraron que podían ingresar
en Tabasco, y en sus reuniones en la ciudad de México continuaron rumiando sus rencores
y pensando en la venganza. El 23 de abril de 1931 dieron a conocer su Plan de Tonalá,
quizá porque el mayor número de exiliados tabasqueños se ubicaban en la colonia Roma.
En él aludían a "la influencia funesta" que desde hacía 12 años imponía Garrido, escudado
en "su decantado socialismo". Luego de denunciar los crímenes, robos, incendios y "los
atentados contra el pudor, contra el hogar", daban a conocer los contenidos de su plan.
Desconocían 105 poderes del estado de Tabasco y "las llamadas elecciones del 11 de mayo
de 1930 y la declaración que la llamada Legislatura local hizo en favor del tirano".
Anunciaban la creación del Ejército Reivindicador de Tabasco, cuya jefatura designaría, en
las plazas que fuera ocupando, "una junta de administración civil que se encargue de
organizar los servicios públicos del lugar y de prestar garantías a la sociedad". La acción
expresa del ejército sería cambiar al gobierno local, y su lucha terminaría si "el Gobierno
Federal dispone el cambio absoluto del régimen motivo de nuestra campaña".
Y una vez más, los "cruzados" decidieron internarse en Tabasco para contender en las
elecciones legislativas de 1932. De nueva cuenta fueron asediados, pero debe reconocerse
que la campaña transcurrió con menos sobresaltos con Garrido como gobernador, aunque
con similar dosis de violencia y, algo diferente, con un abierto sentido del humor. El
diputado Homero Margalli declaró a El Nacional, a su arribo a la ciudad de México el 24 de
junio de 1932, que en Tabasco no ocurría nada "desde que Salvador Camelo Soler puso el
pie (pues sólo tiene uno) [...] llevando la representación genuina de los reaccionarios
clericales, lo único que le ha acontecido es convertirse en burla de todos los trabajadores
[...]".
El 3 de julio fueron electos Ausencio C. Cruz para senador, y Daniel J. Castillo y Manuel
Lastra para diputados. Garrido se encontraba probablemente en el momento culminante de
su vida como líder regional con la respuesta de una nueva generación cuya vida cotidiana
había transcurrido en el garridismo. Ese mismo año nacieron los Camisas Rojas. Pero
también contaba en su éxito la debilidad del gobierno central durante el maximato, y
porque había apostado todo a su amigo el general Plutarco Elías Calles.
4. El garridismo en acción
Si algo caracterizó al Tabasco gobernado por Tomás Garrido Canabal, elegido en dos
ocasiones gobernador constitucional, fue el hincapié que puso en el proceso de
modernización a lo largo de los 15 años en que virtualmente manejó el estado. Los motivos
para su actuación los dieron el radicalismo anticlerical, la enseñanza racionalista, la
campaña antialcohólica, la organización de profesores y de las mujeres, así como la
estructuración social con base en la Liga Central de Resistencia.
El radicalismo anticlerical se fundamentó tanto en el de los primeros revolucionarios como
en las posibilidades otorgadas por el artículo 130 constitucional, que dio a los estados la
posibilidad de que sus legislaturas tuvieran autonomía para regular el ejercicio del culto
religioso. Amparado en la ley, Garrido emprendió una fuerte propaganda contra la fe y para
formar las conciencias antidogmáticas de los hombres nuevos surgidos de la Revolución.
Desde que fue gobernador interino, el 13 de diciembre de 1919 tomó una de las medidas
más radicales sobre reglamentación de los cultos al limitar el número de sacerdotes a uno
por cada 30 000 habitantes. Recuperaba también los antecedentes del paso de Múgica por
Tabasco, quien entre otros actos irreligiosos hizo alojar a su batallón en la catedral de
Esquipulas.
En 1925, Garrido limitó a seis el número de sacerdotes que podían oficiar los servicios
religiosos y dio todo el apoyo a la creación de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana. En
1929 la legislatura local dispuso que sólo se autorizaría un ministro del culto católico por
cada 100 000 habitantes. El gobernador títere que le siguió, Ausencio C. Cruz, decretó que
las rancherías, villas y pueblos que detentaran nombres religiosos debían cambiarlos por
nombres de héroes nacionales o locales.
Con un plan pedagógico ensayado previamente en Yucatán e inspirado en el anarquismo
libertario catalán de acuerdo con las enseñanzas de Francisco Ferrer Guardia, la nueva
escuela se propuso dar una explicación científica del universo y del hombre para sustituir lo
que previamente sólo se explicaba por causas sobrenaturales. Entre 1925 y 1926 se
iniciaron las escuelas racionalistas eminentemente prácticas y técnicas. Dentro del mismo
plan se incluía la escuela productiva; las escuelas al aire libre; las escuelas-granja,
destinadas a preparar a la juventud para dar servicio a la colectividad y mejorar los
conocimientos de los maestros en cuanto a la enseñanza práctica de la agricultura, la
ganadería y las actividades industriales.
Las primeras manifestaciones del propósito educativo de Garrido aspiraban a lograr "el
mejoramiento económico y social de las grandes masas trabajadoras". Consideraba que la
escuela "debía orientar a la niñez y a la juventud tabasqueña hacia ese régimen de
convivencia social perfectamente definido por la Revolución mexicana".
Todas las escuelas eran mixtas, tenían sus propias cooperativas, se definieron con un
sentido desfanatizador, contra los dogmas y por la razón. Por ello, los profesores y
profesoras se organizaron en la Liga de Maestros Ateos. El gobierno se propuso crear una
escuela racionalista, democrática, activa, desfanatizada, libre y nacionalista.
El estado de Tabasco se hizo responsable de la educación y le dio un sello muy especial
con la estrategia de descentralización educativa, pese a los esfuerzos de la Federación por
estar presente. Se pretendió así crear una opción educativa opuesta al centralismo y al
diseño vasconcelista, considerado conservador y ajeno a los intereses de las regiones,
aunque esto se dio cuando José Vasconcelos había caído ya en desgracia luego de su
frustrada campaña como candidato a la presidencia de la República por el Partido
Antirreleccionista. Durante el periodo garridista se establecieron las bases para una
organización muy particular de la sociedad tabasqueña. El medio de difusión de las ideas y
acciones del garridismo fue el diario Redención, cuyo primer número apareció el 23 de
julio de 1924, cuando el líder afianzaba su poder. Desde sus páginas se dieron a conocer los
profesores y profesoras que dieron vida al sistema educativo, como José Ochoa Lobato,
Rosendo Taracena, Celerina González de Oropeza y María Luisa Chacón de Ramírez
Garrido; políticos como Trinidad Malpica, Carlos A. Madrazo, Arnulfo Pérez H. y Vicente
Lombardo Toledano; escritores como José Mancisidor, Luciano Kubli, Mariano Tovar y
muchos otros.
En Redención se convocaba a la sociedad a las famosas "culturales", consistentes en
representaciones teatrales con fines propagandísticos y cuyos principales objetivos fueron
divulgar "las mentiras de la religión" y lo nefasto del consumo de las bebidas embriagantes.
Se realizaban en teatros o en las aulas de las escuelas, y, por otra parte, los "autos de fe", en
los que se quemaban objetos religiosos, se efectuaban al aire libre.
El proyecto modernizador de Garrido incluía, además, una propuesta de creación de
cooperativas. El presidente Calles había dado a ese sistema un fuerte impulso, el cual se
había experimentado ampliamente en Yucatán durante el gobierno de Felipe Carrillo
Puerto. Sólo en su segundo gobierno Garrido creó más de 176 cooperativas; de ellas, 115
eran de consumo, 58 de producción y 3 mixtas, y lograron reunir a más de 10 000 socios
con un capital de 115 974 pesos. Destacaban la Nacional Platanera, S.C.L. de los
hacendados plataneros y, en varios de los municipios, las Cooperativas de Transportes
Fluviales, las agrupaciones para productores agrícolas y comerciantes, así como las
cooperativas de cacaoteros, pescadores, campesinos y ganaderos. Los productores de cacao
fueron presionados por el mismo Garrido para que se organizaran.
Mientras los productores seguían esa iniciativa, los trabajadores lo hacían en las ligas de
resistencia del Partido Socialista Radical Tabasqueño. Dicho organismo siguió el modelo
del Partido Socialista del Sureste. En la Liga Central de Resistencia se unían representantes
de todas las ligas en una estructura piramidal bastante sólida y en cuya base se encontraban
todos los "ligueros", mientras que en la punta se ubicaba la Central. Las ligas no sólo
expresaban la organización gremial; ahí también se acordaban las medidas
políticoadministrativas.
Las ligas de resistencia en los municipios tenían a los presidentes
municipales como máximos dirigentes.
Existían asimismo las ligas de resistencia de las ciudades, las villas, los pueblos y las
rancherías. En la base se encontraban las ligas de los gremios, que agrupaban tantos oficios
como era posible imaginar: de alijadores, de albañiles, de artes gráficas, de cocineros, de
panaderos, de carboneros, de estibadores de frutas, de lancheros, de porteadores, etcétera.
El líder del sureste insistía en que en Tabasco se pagaban los salarios más altos del país a
los trabajadores, de tal forma que en 1930 los tabasqueños eran los mejor pagados. Los
recibidores de plátano roatán ganaban 8.85 pesos; los primeros motoristas y los estibadores
de frutas, 6.00 pesos; los obreros de artes gráficas, 4.00 pesos; los marineros, fogoneros y
obreros de diferentes industrias 3.00 pesos; pero sólo ganaban 1.50 los campesinos.
Según panfletos que hacía circular la Liga Central de Resistencia, esta forma de
organización tenía como principal objetivo
levantar el nivel económico de los obreros, defenderse de la rapiña de los capitalistas,
salvarse de las lacras morales contraídas en un pasado de esclavitud y de ignorancia y llevar
hacia un plano decoroso, la condición intelectual de todos los gremios.
Pero no todos estaban de acuerdo con esa forma organizativa, como puede constatarse con
el conflicto que surgió entre la Unión de Productores de Tacotalpa y la Liga Central de
Resistencia (LCR) en octubre de 1925. La Unión denunció estar perdiendo 89% de la
producción debido a que la Liga sólo había autorizado un corte de plátano roatán cada dos
meses, y luego los suspendió definitivamente porque intentaban la comercialización por sus
propios medios.
Garrido Canabal aclaró que no se suspendieron los turnos, sino que la Liga desconoció a
la directiva de la Unión porque sólo beneficiaba a un número reducido de grandes
productores, en perjuicio de "una mayoría de mil y pico de productores pequeños". La
Unión, entre otros argumentos contrarios, decía: "En el negocio platanero cabemos todos
sin estorbarnos, pero debe dejarse campo a la iniciativa particular, de lo contrario estamos
yendo todos al fracaso". La Unión pretendía comercializar directamente con las compañías
sin mediación de la Liga, como consta en la Dirección General de Gobierno, y después de
hacer intervenir al presidente de la República y al secretario de Gobernación, Garrido llegó
finalmente a un acuerdo con la Unión, tres meses después de haberse iniciado el conflicto.
La organización regional y local llegó a tener tanta fuerza que se opuso a la poderosa
Confederación Regional Obrera de México, aunque también pesó en ello el distanciamiento
entre Morones y el líder tabasqueño; éste lo acusó de haber participado en el complot para
asesinarlo en 1926, y luego del asesinato de Obregón el distanciamiento se agravó.
Sin embargo, las ligas fueron ante todo, formas de control para que los trabajadores
"libres" no pudieran ver elevados sus salarios. Existieron antecedentes de ello desde 1923,
cuando para el dragado de la barra de Frontera la North American Dredging Co. of Texas
contrató a trabajadores libres y la oposición de la Liga de Trabajadores Sindicalizados,
apoyada por Garrido, fue brutalmente definitiva. El movimiento fue dirigido por el líder
Quintín Arauz, quien presentó a la compañía la lista de sus salarios con el fin de que
procediera a retribuir el trabajo de los obreros en su justo valor. Cuando los delahuertistas
ocuparon Tabasco ese líder fue fusilado por órdenes del general Fernando Segovia el 26 de
diciembre de aquel año. Luego se creó en torno a él una mística que se expresó en
cooperativas y ligas, y hasta en pequeñas embarcaciones que llevaron su nombre.
En 1926 se recibió un informe de Frontera en el cual se daba cuenta de un conflicto entre
los obreros "ligados" y los libres, ya que éstos habían cargado con frutas un vapor. El jefe
de operaciones militares en Villahermosa respondió a las quejas de los "ligados"
diciéndoles que las cosas permanecerían como estaban hasta que el gobernador tomara una
decisión. Pero el capitán dio órdenes de partir sin esperar a que el problema fuera
solucionado. El cónsul estadounidense había tomado medidas para proteger los intereses de
la compañía, pero el 19 de octubre los trabajadores libres fueron sustituidos, sin incidentes,
por los "ligados", aunque los diputados Trujillo y Aguilera obsequiaron 480 pesos a los
libres.
Por su parte, el subgerente de la Southern Banana Corporation, Guillermo C. de Witt, fue
amenazado por Garrido, quien acababa de asumir el cargo de senador; le telegrafió
indicándole: "Estoy enterado toda su mala labor cuando yo llegue esa no pretenda
engañarme con disculpas". Ante ello, el secretario de Gobernación, Adalberto Tejeda, tuvo
que intervenir para pedir garantías al gobernador del estado. Éste respondió que De Witt
era:
uno de los elementos desorganizadores que siempre se ha opuesto a que los obreros se
agrupen para defender su trabajo, siendo además una rémora constante para todos los
gobiernos, pues con su decantado extranjerismo se cree investido para poder burlar las
disposiciones emanadas del gobierno, siendo por lo tanto un extranjero pernicioso enemigo
de todo lo que significa adelanto y mejoramiento.
El hecho era que mientras los del Sindicato de Estibadores no se negaran a trabajar, la
compañía no podía utilizar a otros trabajadores. Aun los de la CROM no podían ser
utilizados en las labores de embarcación del plátano para exportación, y la compañía
permaneció amenazada de boicot si los empleaba. De Witt insistió al secretario de
Gobernación para que le otorgaran garantías, porque el señor Homero Margalli, quien debía
arbitrar en el conflicto, "[...] es Presidente Municipal de este municipio, Diputado Congreso
Local, Senador Suplente por Tabasco, Secretario General en Funciones, Presidente Liga
Central y Arbitro llamada junta Conciliación y Arbitraje por tanto podrá Ud. comprender
alcance una amenaza proveniente de él".
Las pugnas entre los trabajadores libres y los ligados continuaron, porque a las compañías
les convenía más el imperio de la ley de la oferta y la demanda que una organización
autoritaria que imponía las condiciones de trabajo. Los conflictos surgidos como
consecuencia de una relación ambigua de las compañías con las autoridades y los
trabajadores fueron constantes en el periodo del auge bananero, y en ocasiones
involucraron a la familia de Garrido. El ingeniero Manuel Garrido, por ejemplo, promovió
un juicio contra Manuel Jaidar, concesionario de la North American Fruit and Steampship
Co., y de la sociedad Álvaro Pérez Sucesores, para lo cual secuestró barcos de la Cuyamel
Fruit Co.
Como en otros aspectos, existía una obvia contradicción entre las legislaciones federal y
local. Por ello, cuando en el ámbito nacional se estableció la Ley Federal del Trabajo, el
Partido Socialista Radical Tabasqueño organizó el primer Congreso Obrero, por supuesto
con Garrido al frente de la convención. Entonces se expidió el primer código obrero de
Tabasco, el cual fue considerado uno de los más avanzados por sus reivindicaciones
sociales, pues contemplaba la reglamentación de los horarios de trabajo y el monto de los
salarios, la prohibición del trabajo para menores y el reparto de utilidades. Varios
documentos de la LCR corroboran que los trabajadores recibían fondos de previsión social,
los cuales eran integrados a partir de un descuento de 5% sobre el salario real.
Garrido estuvo dispuesto a modernizar la economía, así como las relaciones capitaltrabajo,
pero a su modo y sin importar el precio; y en la práctica se opuso, según su
entender, a cualquier ley que obstaculizara el progreso. Recurrió a todo tipo de presiones
con el fin de que la organización del trabajo se diera de acuerdo con "su" propio modelo.
Debido a que José Suárez no aceptó afiliar sus negocios a la Cámara Nacional de Comercio
e Industria de Tabasco, Garrido le declaró un boicot, en tanto que a los comerciantes
afiliados los exentó de impuestos alcabalatorios. Como Suárez se apoyó en obreros sin
filiación para levantar su cosecha de cacao, el producto fue decomisado y arrojado a las
aguas del río Grijalva el 7 de diciembre de 1933. Otro cargamento procedente de Chiapas
fue regresado, en virtud de que se había contratado a trabajadores libres y no a los adscritos
a la Liga Nacional de Resistencia, que, según afirmó Garrido, pertenecía a la estructura del
PNR. Suárez solicitó al presidente Abelardo L. Rodríguez que le brindara protección por
medio del jefe de operaciones militares, porque el problema se agravaba. Y esto era cierto:
doña Otilia, la madre de Suárez, envió un telegrama a Garrido señalándolo como
"responsable de cualquier atentado en nuestras personas"; a lo cual éste le respondió:
"ponga a sus hijos en manos de un alienista porque a no dudarlo padecen de enajenación
mental". En una ocasión, la misma señora tuvo que caminar varios kilómetros porque
ningún chofer aceptó transportarla; además, los garridistas apedreaban las ventanas de su
casa durante la noche, e incluso el Bloque de Jóvenes Revolucionarios, recién creado,
asediaba a los trabajadores de Suárez y hubo más de uno al que golpearon. De acuerdo con
los mismos documentos de la Dirección General de Gobierno, después de un año el
Departamento Consultivo de Justicia comunicó al jefe del Departamento de Gobernación
que, por acuerdo del secretario y después de haber hablado con el gobernador de Tabasco,
el caso Suárez se declaraba resuelto.
Pese a tantos problemas, la organización de los trabajadores tabasqueños sorprendió al
mismo Lázaro Cárdenas. Durante la gira que realizó en 1934 por Tabasco como candidato
presidencial del PNR, dejó constancia de la buena impresión que le causaron las
condiciones de los trabajadores y el éxito de la política obrerista de Garrido. Sin embargo,
cuando en 1936 se creó la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Cárdenas no
estuvo en el estado para experimentar las consecuencias de la centralización y el
corporativismo, que homogenizaron los problemas de la clase obrera en todo el territorio
nacional, muchas veces en contra de su propia autonomía.
5. La cultura periodística y educativa
El Monitor Tabasqueño, publicado en Villahermosa en 1921, marcó culturalmente el inicio
de la época garridista; como expresión del Partido Liberal Constitucionalista Tabasqueño,
fue dirigido por el licenciado Manuel Bartlet y apoyado por José Domingo Ramírez
Garrido y Rafael Martínez de Escobar. Su línea editorial consistió en criticar la actuación
del gobierno local de Carlos Greene, así como en preparar la candidatura de Ramírez
Garrido en contra de su primo Tomás Garrido Canabal. Los vínculos que los promotores
del periódico tenían con Adolfo de la Huerta, y los de Garrido con Calles en la formación
del Partido Cooperativista caracterizaron la vida del periódico y el destino de Garrido.
Los delahuertistas (es decir, los opositores de Obregón) se enfrentaron a la disyuntiva
entre abandonar Tabasco o aceptar el dominio de Garrido Canabal, quien fue electo
gobernador después de dos breves interinatos durante el gobierno de Greene, y asumió el
cargo el 25 de noviembre de 1922, apoyado desde luego por el Caudillo.
Diarios y revistas surgieron al calor de la rebelión delahuertista; los hubo de orientación
política, que manifestaron su apoyo a Ramírez Garrido, y algunos cuantos de corte
gobiernista. Hubo otros más de nombres espectaculares que más bien parecían títulos de
película, como El Azote Misterioso, La Antorcha de la Sierra, Savia Nueva, El Ciclón y El
Paladín del Sureste. Surgieron también otras publicaciones con nombres más adecuados a
la prensa como La Opinión, La Linterna, El Diario y El Heraldo de la Revolución; éste
último nació solamente para festejar la salida de Garrido, cuando en enero de 1924 los
delahuertistas se posesionaron del estado, aunque el político regresó unos meses más tarde
como vencedor. El 23 de julio del mismo año, unos días después de que los obregonistas
habían reconquistado Villahermosa, apareció el diario Redención, con el subtítulo de
Periódico doctrinario de las clases laborantes, que más adelante sería sustituido por el de
Órgano de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista Radical. Su primer director,
Daniel J. Castillo, fue relevado por el profesor Tomás Taracena en 1931; la larga vida del
periódico, de más de diez años, llevó a otras personas del garridismo a dirigirlo.
Se dice que en 1915 hubo otro diario tabasqueño que ostentó el mismo título y fue la
expresión del grupo de obreros del estado vinculados a la Casa del Obrero Mundial. Quizá
por ello en una columna del diario Redención del 23 de julio de 1924 se justificaba el lema:
"Como un grito de dolor se escucha: Tierra y Libertad... Tierra para el oprimido, Libertad
para el esclavo... Ahora hay que proteger al oprimido, hay que redimir al proletario".
Concebido como el enlace entre los obreros y los campesinos, Redención estaba destinado
a convertirse en el verdadero difusor del garridismo. Hubo otros periódicos coincidentes
con ese momento: Tabasco Actual (1930), La Provincia (1930), Los Estados (1930),
Tabasco Moderno (1930), El Eco de la Chontalpa (1930) y La Voz del Estudiante, que por
su relación con el garridismo duró cuatro años (1930-1934).
Los dos primeros eran literarios; los otros, humorísticos y de diversión, fueron arrasados
por Redención, tal vez por el apoyo gubernamental o porque se convirtió efectivamente en
el centro de activismo más importante, desde donde surgieron y se dieron a conocer los
objetivos del garridismo. Los tabasqueños que escribieron en esta publicación intentaron
mantener sus impulsos literarios y su aliento poético, intenciones que fueron arrasadas por
las necesidades propias de la política.
En la vida de Redención puede distinguirse el periodo de 1924 a 1930, cuando se convirtió
en el vocero oficioso de un anticlericalismo extremo. Luis París, José Moreno Irabién y en
particular Trinidad Malpica llevaron al diario a su momento de mayor radicalismo.
Diversos temas acapararon la atención, entre ellos las campañas desfanatizadoras, la
propaganda antialcohólica, la situación de la mujer y la defensa de sus derechos políticos, el
auge económico de Tabasco y el deslindamiento de la región respecto del centro político
del país. En esta ocasión destacaremos la importancia de la propuesta educativa y la opción
de la escuela racionalista tal como se desarrolló en Tabasco, así como las acciones
impulsadas o difundidas por Redención en torno a la revolución cultural que los
tabasqueños pretendieron hacer durante el dominio de Tomás Garrido (1920-1935).
Redención estuvo orientado tanto al reforzamiento ideológico del garridismo como a la
difusión de una educación formal. Ejemplo de lo primero es el recuadro que aparece en el
ángulo superior izquierdo de la publicación, donde se lee la consabida frase de Emilio Zolá:
"La humanidad no llegará a su perfeccionamiento hasta que no caiga la última piedra de la
última iglesia sobre el último cura". Durante los primeros años de la década de los treinta,
Redención estuvo plagado de citas que buscaban reforzar el fervor anticlerical de la
población, porque, en opinión de los intelectuales del garridismo, debía señalarse la traba
cultural que la Iglesia católica había impuesto al desarrollo de los pueblos. Se recurrió a
Sócrates, Santo Tomás, Comte, Lutero, Einstein, Lenin y Stalin, y se reprodujeron frases
condenatorias contra el autoritarismo de la Iglesia católica. El 19 de febrero de 1931 se
publicó la siguiente frase de Galileo: "No porque se me amenaza con la hoguera, voy a
decir que hay dios y que el mundo no es redondo y no se mueve".
Trinidad Malpica escribió el mismo día un artículo con título de libro: "La Iglesia católica
ante la crítica en el pensamiento y en el arte", para referirse a lo grotesco de las
prohibiciones contenidas en el índice por medio del cual la Iglesia anatemizaba a los
lectores de Apuleyo, Petronio, Petrarca y tantos otros clásicos y terminaba con una cita de
Emerson: "Los libros prohibidos iluminan al mundo". El mundo sólo podía ser explicado a
partir de la religión o de la ciencia, y los más profusos escritores del diario tomaban partido
por la segunda. Eran profesores quienes se distinguían desde las páginas del diario.
Destacaban José Ochoa Lobato, Rosendo Taracena, Manuel Graniel, Arnulfo Giorgiana,
Francisco Trujillo, Celerina O. de González, José Malpica, María Luisa Chacón de Ramírez
Garrido, Emma Rovirosa y Ana Santa María.
Sin embargo, es difícil considerar a estos escritores como parte de un solo grupo, pues sus
diferencias afloraron en varios momentos y el futuro los llevó por muy diferentes caminos.
Tampoco se les puede atribuir un nivel cultural común; la información de la que disponían
para elaborar sus argumentos era ostensiblemente diferente. La biblioteca de Trinidad
Malpica, que incluía libros de Haeckel, Darwin y H. G. Wells, así como varios títulos de
antropología, embriología, paleontología, sociología. filosofía y teología, permite pensar
que tenían la intención de fundamentar sus aseveraciones, aunque no es difícil suponer que
también lo hacían mediante el uso de diccionarios y enciclopedias. En una entrevista,
Malpica negó con modestia haber influido de manera determinante en el movimiento
cultural garridista y aseguro que su hermano José, quien murió antes que el garridismo
llegara a su fin, había sido uno de los verdaderos promotores culturales.
Uno de los escritores más leídos en Tabasco fue J. M. Vargas Vila, quien hizo suspirar a
las señoritas que frecuentaban los salones y participó en debates sobre laicismo y
educación. En estas discusiones también estuvo presente, desde las páginas de Redención,
José Mancisidor, para quien era importante "poner la Religión fuera de las Escuelas, para
que entre en ellas la libertad". Pero el diario acogió además en sus páginas a José
Ingenieros, José Muñoz Cota, Luciano Kubli, Germán List Arzubide, Vicente Lombardo
Toledano y a José de la Luz Mena, el divulgador por excelencia de la enseñanza
racionalista en México.
El debate y la inserción de textos educativos fue lo más significativo de lo expuesto por el
diario; la poesía y la prosa ajenas a la política resultaron un ejemplo de lo subliminal que
podían ser los elementos ideológicos difundidos entonces en Tabasco, pero nada más.
Ningún poeta o narrador del movimiento cultural garridista pudo acercarse al pasado de las
revistas literarias.
En cuanto al aspecto educativo de carácter normal, se publicaban numerosos artículos y
folletos de divulgación que terminaron por hacerse indispensables como instrumentos del
profesorado. Desde 1929 comenzaron a aparecer esos folletos adheridos al periódico a
manera de suplemento, y podían ser recortados para darles forma de libro. Había folletos
estrictamente educativos y también los orientados a cuestiones de cooperativismo y
ganadería, así como al aprendizaje de cultivos, al tratamiento de enfermedades y al
conocimiento de técnicas de prevención. Entre los títulos difundidos destacan: Cooperación
agrícola en Dinamarca, de Chris L. Christens (enero de 1931); Utilización de la soya, de W.
J. Morse (febrero de 1931); Fomentando el uso de la leche, de Jessie M. Hoover (marzo de
1931); La lucha contra la tuberculosis, del doctor P. Gutiérrez Igaravidez (mayo de 1931);
Agricultura en diez lecciones, de José M. Pinto (junio de 1931); La importancia de la
ganadería en México, de F. Moguel M. (junio de 1931); El imperialismo de la mercancía
americana y el establecimiento en México de The National City Bank of New York, de
Miguel A. Quintana (junio de 1931).
Entre los folletos de mayor repercusión (el diario se acreditaba ostentosamente como
Ediciones Redención), figuraban los destinados al proceso de aprendizaje de los niños. El
primero que se registró apareció en 1929 con el título de A.B.C. socialista para uso de los
niños campesinos, de autor desconocido, pero atribuido a la "Labor de cultura del
departamento de propaganda dependiente de la Liga Central de Resistencia". Como su
nombre lo indica, se trataba de un manual dedicado al aprendizaje de las primeras letras.
Cuatro semanas estaban programadas para el aprendizaje de las letras y de los monosílabos,
en la quinta se iniciaba la enseñanza de frases. Las palabras a las que se recurría para el
aprendizaje de las letras, por ejemplo, eran rico y rojo para la R, Benito para la B, Tomás
para la T, Plutarco para la P, etcétera.
El contenido de las oraciones comenzaba a tener un significado más claro en la segunda
parte (undécima lección). Allí se lee: "Cuauhtémoc fue el héroe de la noche triste", "En
Chiapas sufre el proletariado", "Benito Juárez es el nombre del gran reformador"
(decimotercera semana); "El General Obregón es el héroe de Celaya y Ocotlán" y "Felipe
Carrillo Puerto fue un mártir del socialismo" (decimosexta semana).
La tercera parte del A.B.C. contenía composiciones para ideologizar al niño con base en
los postulados puestos en práctica en Tabasco. Es incluso probable que éstas hayan sido
escritas por los niños a la usanza de la escuela racionalista; asimismo, tenían una fuerte
carga socialista, combinada con principios propios del anarquismo. Denunciaban el
acaparamiento del dinero y de las tierras en pocas manos. El lenguaje directo resultaba
usual, como se demuestra en el siguiente ejemplo: "Pequeño proletario: Te llamo así porque
sé que tu padre lo es, y que tú lo serás./ Careces de BIENES y duramente trabajas con tu
familia para tener pan./ Eres pequeño aún pero ya comienza tu frente a regar el suelo y tus
manos a endurecerse con la pesada herramienta". Recurría también a los postulados más
caros del racionalismo, pues hablaba de una sociedad nueva, "más justa y más buena", así
como de "Derivar de la colectividad los derechos individuales".
Una composición dedicada a "Las plagas de la humanidad" denunciaba el alcoholismo
("Campesino: No te detengas ante las puertas de una taberna"), las falsas religiones
("Campesino: Si necesitas tener fe en algo, ten fe en ti mismo y en el trabajo"). Después de
unas máximas socialistas ("Quien no trabaja que no coma. El socialismo es el sol del
porvenir. La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos"),
venía un breviario sobre los cultivos de la papa, de la cebolla, del jitomate y del cimbombó,
en el cual se explicaban las formas de preparar la tierra y hacerla más fértil, hasta los
mecanismos para el efectivo rendimiento de la cosecha.
La importancia de dicha cartilla radica en su aplicación como instrumento de aprendizaje
difundido en forma gratuita, así como en el hecho de que mediante ella se ponía en práctica
la escuela racionalista heredera de la pedagogía del catalán Francisco Ferrer Guardia, cuya
obra se introdujo de manera temprana en México, empezando por Yucatán, pasando por
Tabasco y Veracruz hasta llegar a Tamaulipas; el golfo de México fue el espacio más
receptivo de esa forma de enseñanza. Sin embargo, desde 1912 la Casa del Obrero Mundial
creó la primera escuela racionalista. Uno de sus mayores divulgadores fue José de la Luz
Mena. Su libro De las tortillas de lodo a las ecuaciones de primer grado, tuvo una amplia
acogida. La primera edición se realizó en Yucatán, en tiempos del gobierno de Salvador
Alvarado. Fue allí donde se creó la primera escuela de ese tipo, que conoció el éxito
durante varios años de trabajo, interrumpidos por la rebelión delahuertista. Para el autor,
"Naturaleza y Libertad son las condiciones esenciales de las escuelas infantiles, sin ellas no
puede haber perfección en la enseñanza". Partía del hecho de que "el hombre se ha formado
un nuevo concepto del mundo en el ambiente científico que le rodea, deberá recibir una
preparación adecuada por medio de una nueva pedagogía"; según lo expresara María
Montessori.
La concepción pedagógica racionalista se basaba en el "monismo energético", lo que
quiere decir que "En la suministración de conocimientos debe observarse el mismo método
que ha seguido la humanidad en su adquisición. Este principio, puesto de relieve por
Spencer, es el que debe guiar a los mentores en sus libros escolares". Aquí, la influencia de
la escuela moderna es explícita cuando Mena cita a J. F. Elslander, uno de los pedagogos
próximos a Ferrer Guardia: "La Escuela debe ofrecer al niño los medios de recorrer
rápidamente los caminos que ha recorrido la humanidad". Ésta es una de las evidencias de
la difusión en México del Boletín de la Escuela Moderna, publicado en Cataluña desde
1901. Pero, además, en las bibliotecas de las escuelas racionalistas del sureste ya se
encontraban los siguientes títulos: La escuela moderna, de Francisco Ferrer Guardia; La
pedagogía, de Francisco Ferrer de Autich; El niño y el adolescente, de Miguel Petit; Teoría
de la educación natural, de V. Considerat; La escuela y la sociedad, así como Las escuelas
de mañana, de John Dewey, y La educación desde el punto de vista sociológico, de J. F.
Elslander.
Todas estas influencias serán perceptibles nuevamente en otro de los libros publicados por
Ediciones Redención, editado en el diario del mismo nombre en Villahermosa; se trata de la
obra ¡Sólo la escuela racionalista educa!, aparecida por entregas a partir del 15 de mayo de
1931. Después de una introducción cientificista, Mena afirma: "En la educación del
hombre, se ha seguido un sistema empírico, que más que educación, ha sido de
domesticación". El sistema propuesto por este autor buscaba crear una escuela nueva
acorde con la sociedad nueva surgida de la Revolución, porque "Una nueva concepción del
mundo y del origen de las especies, particularmente del hombre, cambia totalmente los
sistemas educacionales, correspondiendo, de este modo, a cada época una civilización y a
cada civilización una escuela". Asimismo, para la escuela racionalista ubicaba el mismo
objetivo del proletariado y de la Revolución mexicana.
La obra cumplía con su propósito de denunciar que la escuela actual no respondía ya a las
exigencias sociales de la época, mientras que la escuela racionalista respondía a los
postulados de la ciencia contemporánea y reconocía la necesidad de investigar las causas
del desenvolvimiento humano, desechando de plano todo procedimiento que esté reñido
con las leyes de la naturaleza".
La escuela racionalista coincidía claramente con los objetivos del movimiento político de
Tabasco; en particular, la idea científica del universo y la afirmación de que "La vida no
reconoce ninguna causa sobrenatural" permitía fundamentar la lucha antirreligiosa que allí
tenía lugar. Muchos articulistas del diario, casi todos ellos profesores, dieron sus propias
apreciaciones sobre la escuela racionalista, como Alberto Oviedo Mota, quien en un
artículo del 18 de abril de 1934 señaló:
Los hombres representativos de la Revolución en el estado de Tabasco han hecho de la
escuela el medio principal de transformación de la colectividad, un núcleo de idearios y de
fórmulas de conducta que van aportando cambios radicales en el ambiente popular, no sólo
evitando que el medio social imponga sus errores, sus absurdos y sus anacronismos a la
escuela, sino consiguiendo que sea ésta la que se imponga al medio para modificar su
estructura y su ideología, creando una nueva conciencia social con nuevos hábitos y con
una ética nueva.
José Ochoa Lobato, por su parte, se oponía a los concursos escolares, siguiendo las ideas
de Carlos Méndez Alcalde, quien en su libro La escuela racional entraba en debate con
otros profesores, como María Luisa Chacón de Ramírez Garrido, quien consideraba
correcta la aplicación de exámenes.
La escuela sin dogmas, científica, de enseñanza por la naturaleza, de la coeducación
sexual, fue revisada en numerosos congresos pedagógicos, no sólo de la región del sureste.
Por ejemplo, el Tercer Congreso Nacional de Maestros, reunido en Guadalajara, Jalisco, en
1921, aceptó la enseñanza racionalista; igualmente lo hicieron los de Morelos. También la
aceptó la Confederación Regional Obrera Mexicana, la Confederación General de
Trabajadores, la Federación Obrera de Progreso, el Partido Socialista del Sureste, el Partido
Laborista Mexicano, el Partido Comunista Mexicano, las Agrupaciones Obreras del Estado
de Veracruz, las Agrupaciones Obreras de Tampico, el Partido Socialista Agrario de
Campeche, el Congreso de Campesinos Agraristas de Durango y el Partido Socialista
Fronterizo de Tamaulipas.
El itinerario de la escuela racionalista, sin embargo, continuó y pretendió alcances
nacionales. La Liga Nacional de Maestros Racionalistas envió el 20 de octubre de 1928 una
iniciativa al Congreso de la Unión para que se reformara el artículo 3 de la Constitución,
pues consideraba que implantar ese sistema significaba consolidar las conquistas
revolucionarias y abrir la senda por la que transitarían las nuevas generaciones.
La propuesta no prosperó, pero la influencia de los racionalistas se puso nuevamente de
manifiesto en la Segunda Convención Ordinaria del PNR en 1933. Los representantes
tabasqueños y veracruzanos propusieron que se estableciera la escuela racionalista; Manlio
Fabio Altamirano, según el libro de Miguel Osorio Marbán titulado El Partido de la
Revolución Mexicana, decía: "debemos formar en este crisol el alma de la niñez, a base de
enseñanza racionalista, enseñanza sin miedo, sin prejuicios, sin dogmas, que combata todas
las religiones, las cuales son el más grande enemigo de la revolución social".
La propuesta del PNR rescataba los principios divulgados por los racionalistas del sureste
y que encontraron buena acogida durante los más de diez años del diario Redención, y
decía:
La escuela primaria, además de excluir toda enseñanza religiosa, proporcionará respuestas
en el espíritu de los educandos, para formarles un concepto exacto y positivo del mundo
que les rodea y de la sociedad en la que viven, ya que de otra suerte la escuela no cumplirá
su misión social.
Un sistema educativo avalado regionalmente por todos aquellos estados que cuestionaron
de manera directa el rumbo del centralismo político, y que reclamaban mayor autonomía y
soberanía para sus respectivas entidades federativas, terminaba en el camino criticado de
una educación nacional, sin observar las diferencias y especificidades regionales. La
educación socialista que aprobó el Congreso de la Unión el 26 de septiembre de 1934
recuperaba la tradición y el ejercicio de los racionalistas, y la definía así:
La educación que imparta el Estado será socialista, excluirá toda enseñanza religiosa y
proporcionará una cultura basada en la verdad científica, que forme el concepto de
solidaridad necesario para la socialización progresiva de los medios de producción
económica.
La simbiosis entre racionalismo y socialismo saltaba a la vista, aunque el contenido
anarquista del primero entraba en contradicción con el segundo. Finalmente prevalecieron
algunos de los conceptos planteados por los racionalistas y, de acuerdo con sus reacciones,
tal como se percibieron en el diario Redención, creyeron que se aplicaba su propuesta. Se
les escapaba que la educación de contenidos regionalistas que impulsaban perdía toda su
eficacia al intentar convertirla en el proyecto del Estado central al que tanto criticaron,
precisamente por su vocación centralizadora.

6. Un modelo religioso diferente


Desde épocas tempranas el grupo obregonista-callista insistió en la posibilidad de crear una
Iglesia Católica Mexicana, separada de la Iglesia de Roma. En este sentido, en 1922 el
señor Eduardo Coronel y Román solicitó a Gobernación garantías para ejercer el culto
cristiano independiente del clero, porque dos curas católicos le impidieron hacerlo en
Nacajuca, y sus esfuerzos para ordenarse sacerdote habían sido infructuosos ante las
autoridades eclesiásticas.
Al finalizar ese año Pascual Díaz y Barreto fue designado sexto obispo de Tabasco. Su
consagración se efectuó el 2 de febrero de 1923 en la Basílica de Guadalupe y estuvo a
cargo del arzobispo de Michoacán, doctor Leopoldo Ruiz y Flores. La colonia tabasqueña
en la ciudad de México lo festejó en el Casino Español antes de partir a Tabasco: Díaz y
Barreto llegó a Villahermosa el 27 del mismo mes a bordo del vapor Sánchez Mármol.
Recibió la diócesis aparentemente sin problemas y se instaló en la casa del presbítero
Manuel González Punaro. El primer enfrentamiento con los partidarios de Garrido Canabal
lo tuvo en noviembre, cuando integrantes de la sociedad pudiente tabasqueña (Mercedes
López de Payró, Ninfa A. de Calderón, Maclovia O. de Morell, Carmencita Payllet
Fernández de Hernández Ponz, Gloria del Carmen Taylor, Margarita Vicens Orlaineta y
Consuelo Ferrei Jamet) lo agasajaba con una velada en el Teatro Merino. Los agresores
pretendían incendiar el recinto y el obispo calmaba a los asistentes.
Con la rebelión delahuertista, las tensiones entre el obispo y los garridistas se agudizaron;
éstos lo acusaban de haber sugerido a los tabasqueños apoyar a los rebeldes en sus
homilías. A partir de entonces se empeñaron en hacerle la vida imposible. Dos años
después, en 1925, el presidente Plutarco Elías Calles buscó apoyos para hacer progresar la
Iglesia Católica Apostólica Mexicana; incluso concedió a los cismáticos el templo de La
Soledad, en la ciudad de México, como sede. La ocupación estuvo a cargo de los
Caballeros de la Orden de Guadalupe y fue comandada por Ricardo Treviño, secretario
general de la Confederación Regional Obrera Mexicana.
Según consta en la Dirección General de Gobierno, Gobernación, recibió varios
telegramas de apoyo al proyecto presidencial, entre los que destacaba precisamente uno de
aquel sacerdote "hechizo", Coronel, quien se unió a la crítica presidencial contra el papado,
en espera de órdenes para actuar respecto a los templos que los sacerdotes católicos habían
cerrado en Tabasco.
El llamado patriarca de la nueva Iglesia, J. Joaquín Pérez Budar, ya ubicado en La
Soledad, aceptó a Coronel. Mientras tanto, en Tabasco, los garridistas —siguiendo la
consigna de Calles— se empeñaban en entronizar como "obispo rojo" a Manuel González
Punaro, débil de carácter. Éste abandonó sus funciones como representante en ese estado
del obispo expulsado, Pascual Díaz y Barreto, al salir él mismo del estado. Las autoridades
civiles entregaron a Coronel el templo denominado de la Santa Cruz para uso de la Iglesia
cismática. Igualmente el señor José Casaponsa fue encargado de los templos de la región de
los ríos, con autorización del gobernador Garrido Canabal, quien mediante una solicitud de
los vecinos aceptó además que Coronel oficiara en la catedral de Esquipulas.
Las reacciones que se desataron en el país contra la política religiosa aplicada en Tabasco
pusieron de manifiesto la existencia de un estado de persecución, así como de una situación
"bestialmente despótica" en esa entidad, que negaba a sus habitantes el derecho de ser
católicos. Un grupo de obreros de Motul, Yucatán, definió con claridad lo acontecido
cuando solicitó al presidente de la República "rectificar en toda la patria la infame dirección
jacobina que empiezan a seguir los acontecimientos".
Las detenciones de sacerdotes se inician para dejar bien claro el sentido de la política que
se ha puesto en práctica en Tabasco, y tanto el párroco Carlos Hernández, de Teapa, como
el padre Iraola, de Huimanguillo, son apresados. El primero porque, en opinión del
gobernador, predicó durante la rebelión delahuertista para que los indígenas engrosaran las
filas de los infidentes al mando de Alberto Pineda, y el segundo por no cumplir con los
requisitos señalados por la legislatura tabasqueña, que disponía que se necesitaba ser
mexicano por nacimiento y no ser célibe. Esta última disposición resultaba grosera para la
Iglesia católica.
Garrido envió una carta a Gobernación donde aclara que él no encabezó a los obreros para
nombrar a un obispo rojo, sino que fue la "fogosidad y entusiasmo del pueblo costeño" lo
que llevó a un grupo de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista Radical a
invitar al sacerdote Manuel González Punaro para que secundara la labor del patriarca
Pérez en México. Pero éste no aceptó y se dio por finiquitado el asunto. González Punaro
salió del estado por motivos de salud y pasó a despedirse de Garrido antes de salir a la
capital; no se fue por presiones, como afirma Díaz y Barreto, quien en cambio sí realizó
actividades contra la candidatura de Calles. Garrido aclaró de paso que el obispo ostentó
"con toda altanería sus vestiduras sacerdotales" en una velada que le ofreció la burguesía
española, en alusión al incendiario acontecimiento del Teatro Merino.
Gobernación manifestó a Garrido el 14 de abril que la ley correspondiente "[...] de
ninguna manera autoriza a ninguna clase de autoridades, fuera del ejecutivo federal, para
cambiar de destino un templo entregándose a diferente culto; ni tampoco puede entenderse
que diez vecinos [...] tengan autoridad para disponer templos, pues Constitución requiere
presencia dichas personas únicamente calidad testigos". Y por si no hubiera quedado claro,
afirmó que la entrega de la catedral al presbítero Coronel fue indebida.
Después de innumerables trámites para la devolución tanto de la iglesia de la Santa Cruz
como de la catedral, los templos fueron devueltos, aunque se propuso que la segunda
quedara como sala de actividades culturales. Pese a todo, Vicente Granados, vicario general
de Tabasco, informó a Gobernación que los sacerdotes no habían podido oficiar porque
temían ser atacados. Además, junto con otros tres sacerdotes, demandó la derogación de la
ley que les impedía oficiar si eran célibes.
En todos los municipios del estado, las ligas de resistencia de albañiles, empleados de
comercio, meseros, recibidores de fruta, alijadores y carretilleros, pescadores, molineros,
marineros, patrones motoristas, fogoneros, expendedores de agua, maestros de escuela y de
revendedores, entre otros, continuaron manifestando su apoyo a Garrido en una serie de
acciones que parecían ser producto de un arreglo premeditado, pues un gran número de
telegramas de respaldo fueron enviados al secretario de Gobernación, coronel Adalberto
Tejeda. Usaban siempre la misma consigna: el obispo Pascual Díaz y Barreto había
apoyado el movimiento delahuertista y buscaba causar problemas al gobierno del
"integérrimo luchador revolucionario socialista Lic. Tomás Garrido Canabal".
Pero el cisma religioso en Tabasco apenas se iniciaba. Y siguiendo de cerca la consigna de
Zolá, el movimiento terminaría "cuando el último cura colgara del campanario de la última
iglesia". En 1925, el gobernador interino Samuel Ruiz solicitó a Gobernación los templos
católicos abandonados, como los de la iglesia de la Punta en el municipio del Centro, el de
Guapinol en Macuspana, los de Tecomagiaca y Esquipulas en Teapa, los de Cuculteupan y
Santiago en Cunduacán, y el de la plaza en Jalpa. El presidente Calles aceptaría dos meses
después que los recintos señalados dejaran de estar destinados al culto católico para
establecer en ellos escuelas públicas primarias, y justificó su decisión en el artículo 20 de la
ley del 18 de diciembre de 1922.
Durante el gobierno títere de Ausencio C. Cruz continuó el mismo tipo de peticiones,
parecía una fiebre la petición de que los templos fueran utilizados como escuelas, en virtud
de las condiciones lamentables y antihigiénicas en las que se impartían las clases, en
particular entre los campesinos y los indígenas. Pero quizá entre los casos más cuestionados
se encontraba el relacionado con el uso del inmueble de la catedral de Esquipulas, en
Villahermosa. Desde 1926 se iniciaron presiones para que en él se realizaran actividades
culturales; finalmente después de un número elevado de peticiones, Gobernación aceptó
que se empleara como recinto de la Liga Central de Resistencia, para luego alojar a la
escuela racionalista "Francisco Ferrer Guardia", a lo cual se opuso en forma airada la Liga
de Defensa Social Tabasqueña, animada por Fernando Alipi Oropeza, el acérrimo enemigo
de Garrido. En una carta dirigida al secretario de Gobernación, los integrantes de la Liga le
informaron que "Los templos de Esquipulas y La Concepción están siendo utilizados para
reuniones de carácter político de los empleados públicos que forman el partido político
adicto al actual Gobernador y al Lic. Tomás Garrido Canabal".
Su protesta iba encaminada, sin embargo, a denunciar a Garrido, quien "dispone en
Tabasco de vidas y haciendas", y a quien acusaban de haber incendiado el templo de Santa
Cruz el 22 de abril de ese año. En la carta, expedida el 28 de septiembre de 1928,
aseguraban que en esa iglesia fueron resguardas las imágenes y objetos del culto extraídos
de los otros dos recintos.
Según su versión, este individuo" hizo un viaje subrepticio por la noche desde su
domicilio en Frontera para, al frente de un grupo de forajidos, prenderle fuego al templo y
regresar al puerto. Pero Garrido sostenía que el incendio había sido un ardid de sus
enemigos católicos, y ordenó que toda la población de Villahermosa cooperara para la
reconstrucción de la iglesia.
En la primera semana de noviembre el gobernador Cruz comunicó a Gobernación que las
autoridades federales estaban investigando el incendio de la iglesia de Santa Cruz; que la
liga que había hecho la denuncia podía llamarse, de acuerdo con sus integrantes, de
Defensa Religiosa; que éstos mentían al afirmar que en Tabasco no existía un régimen de
derecho y que, además, habían traicionado los principios de la Revolución porque se
encontraban en la ciudad de México "[...] huyendo de la justicia en virtud de haber tomado
parte activa en el fracasado movimiento delahuertista e individuos mismos que no pudiendo
conseguir por medio de sus amistades bien relacionadas con el gobierno actual, el volver a
este Estado a apoderarse de la Cosa Pública".
La Liga envió otro memorándum a la Secretaría de Gobernación, en el cual afirmaba que
22 templos habían sido habilitados como escuelas mediante un decreto presidencial, pero
aseguraba que a otros 54 se les daba el mismo uso en forma ilegal, porque no se habían
realizado los trámites correspondientes. Aprovechaba para denunciar los hechos
acontecidos el día de San Carlos del año 1930 en Macuspana, donde elementos bajo las
órdenes de Garrido Canabal se habían presentado en la fiesta religiosa y tirotearon el
interior del templo, a raíz de lo cual murieron varias personas y otras resultaron heridas.
Algunos tabasqueños coincidían con la postura de la Liga, entre cuyos reclamos figuraba
el de que se mantuviera el culto en ciertos templos e incluso que fueran reintegrados, pese a
que ya habían sido habilitados como escuelas, principalmente. El 25 de enero de 1928,
alrededor de 100 vecinos de Tecolutilla, municipio de Comalcalco, firmaron una carta
dirigida a Calles en la que rechazaban la disposición del presidente municipal de que
desocuparan la ermita, "el único templo que poseemos" para practicar las ceremonias
religiosas. Asimismo, pedían que el templo se les otorgara en propiedad, porque el pueblo
lo había construido. Con aire inocente argumentaban:
...suponemos que no se trata de reformar las creencias, pues si así fuera, debería
hacérsenos saber cuál es la que habríamos de seguir, porque nosotros en nuestro humilde
concepto, opinamos que un pueblo sin religión carece de moralidad; y si nuestra primitiva
raza azteca, que vivía en el obscurantismo, se fijaba en los astros más brillantes del espacio,
para designarlos como dioses, ¿por qué nosotros, estando en pleno siglo de civilización, no
hemos de profesar alguna creencia religiosa?
Por supuesto, la pregunta se quedaba sin respuesta en un ambiente anticlerical y
abiertamente irreligioso que la misma historia de Tabasco permitía entender. Pero además
de las solicitudes —que seguramente rebasaron la existencia de inmuebles religiosos— en el
sentido de que en las iglesias se instalaran escuelas primarias, nocturnas para obreros y
diurnas para señoritas, y los memoranda enviados por Gobernación a Hacienda para saber
si las construcciones cumplían los requisitos, volvía a aparecer la terca demanda de los
vecinos, quienes, como los católicos encabezados por la señora Clara G. de Dagdug,
solicitaban que se les permitiera terminar su iglesia en Huimanguillo y se revocara la orden
de convertirla en cuartel. Otras vecinas proponían constituirse en una Junta Católica para
resguardar las imágenes del templo de Mecatepec, y algunas más exigían que les fueran
devueltos los recintos de la catedral y de la Concepción en Villahermosa. A su vez, los
fieles de Cárdenas también demandaron la restitución de sus templos. Hubo quienes se
dirigieron a la señora Josefina Ortiz de Ortiz Rubio, la esposa del presidente, para pedirle
que intercediera en favor de ellos porque, "cuando se suprime a Dios, se hace de noche en
la conciencia de los pueblos".
Hubo quienes fueron más lejos en Cárdenas: desafiando la decisión autoritaria del régimen
tabasqueño de llevar adelante su campaña desfanatizadora, denunciaron que el 18 de abril
de 1930, en el día llamado "viernes santo", "[...] la primera autoridad con todos sus
empleados y algunos de los invitados, teniendo al frente un altar donde se exhibía una
cabeza de cerdo, adornada con pinturas roji-negras, fue celebrado un banquete en plena
Iglesia [...]" Pero con conciencia, agregaban:
También vemos con suma tristeza, que muy lejos nuestras leyes de disponer el ataque a
Iglesia o Credo alguno, el articulo 24 de la Constitución Federal de la República, garantiza
ampliamente a todo el que profese la religión que pueda convenirle, y no tiene más
restricciones que las referentes a sus ceremonias, que deben efectuarse en el interior de los
templos [...].
Cuando la Liga de Resistencia ocupó el templo de Jalpa de Méndez por órdenes del
presidente municipal en febrero de 1928, cincuenta señoras y sesenta señoritas se dirigieron
al secretario de Gobernación para informarle: "es el único que existe en esta población
donde hacemos oraciones", y pedir que fuera devuelto. Siguiendo el trámite
correspondiente, esa secretaría pregunto a la de Hacienda si había autorizado la ocupación
del inmueble referido. Por su parte, ésta pidió a la de Gobernación que solicitara la
devolución del edificio religioso, y así se lo hizo saber al gobernador Ausencio C. Cruz,
quien comunicó al presidente municipal que, debido a que las agrupaciones societarias de la
municipalidad tenían locales propios, debían abandonar el templo. Sin embargo, este tipo
de soluciones no eran las más usuales porque cuando Gobernación pidió al gobernador la
devolución de la iglesia de San Francisco, simplemente respondió que estaba ocupada por
una escuela, porque el presidente de la República así lo había decidido; se refería a la
promesa de Calles de emitir un decreto por medio del cual los recintos religiosos se
pondrían a disposición del gobierno local para el establecimiento de escuelas elementales.
El diputado Manuel Garrido, con toda evidencia pariente cercano del líder tabasqueño,
intervino para que la iglesia de Jonuta no fuera devuelta, según la petición de un grupo de
señoras que argumentaba que en ella funcionaba la escuela Álvaro Obregón, a la cual
asistían más de 200 alumnos. Pero el caso se alargó porque se esperaba el dictamen de la
Secretaría de Educación respecto de las cualidades artísticas del recinto.
También el diputado Pío Garrido Llaven intervenía en los asuntos de esa localidad, como
cuando una centena de habitantes firmó una carta el 1º de agosto de 1929 para denunciar
que "anda exhibiendo películas inmorales por los municipios del estado en las cuales se
mira mujeres dando a luz niños en las sacristías de los templos y otras en arroyuelos
bañándose en compañía de curas". El mismo diputado amenazó a los obreros con quitarles
el trabajo si no firmaban escritos dirigidos al presidente para pedirle que no llegaran curas a
Tabasco.
Con el documento se anexaba un anuncio, transcrito, de la exhibición de la cinta aludida:
HOY PELÍCULA GRATIS
En el teatro de los Obreros. Escuela Racionalista "Francisco Ferrer Guardia". (Excatedral).-
Obreros y Campesinos: Si quereis conocer la historia verdadera de la vida de los
conventos, si quereis saber cual es, en el fondo, la realidad, de esa virtud predicada por los
curas; si quereis conocer en que planos de inmoralidad nauseabunda se desarrolla el
contubernio del altar y el trono; si quereis saber en fin, donde se esconde el mayor peligro
para el honor de vuestras hijas, de vuestras hermanas y de los Obreros y Campesinos
arreglado en la Escuela [...] para ver la exhibición de la interesante película "La Cruz y el
Mauser".- La Liga Central de Resistencia se permite invitar a todas las familias de Obreros
y Campesinos y en general a toda la sociedad.

VILLAHERMOSA/ TABASCO, a 18 de julio de 1929.


El gobernador Cruz respondió a un requerimiento de Gobernación que la película no era
inmoral y que, por tanto, su exhibición estaba autorizada; no decía por quién, y agregaba
que no debía involucrarse al licenciado Tomás Garrido Canabal de estar influyendo en los
asuntos del estado, porque "no es ninguna autoridad para estar haciendo entrega de los
templos".
Sin embargo, la apertura de los cultos en el nivel nacional, después de firmados los
acuerdos entre la Iglesia y el Estado, hacían más difícil la situación en Tabasco, donde el
anticlericalismo permeaba todos los espacios de la vida pública. Pascual Díaz, el arzobispo
primado de México, intervino ante Gobernación para informar que en Teapa, Tabasco,
aprovechando la inocencia de los niños, que obedecían órdenes superiores, se estaban
demoliendo pilas bautismales y altares. Algo que impresionó aún más a los habitantes de
Cunduacán fue el edicto municipal que reglamentaba tres puntos: 1) Todo grupo de
personas sería disuelto para mantener el orden; 2) todas aquellas personas que mantuvieran
bancas de la ex iglesia debían regresarlas a la presidencia municipal; y 3) se concedían
ocho días a los familiares de los difuntos enterrados en la parroquia para que los restos
fuesen trasladados al cementerio civil. Este último era el punto más escabroso, porque en
esa situación se encontraban los despojos del doctor José Eduardo de Cárdenas, el
prestigiado clérigo que representó a Tabasco ante las Cortes de Cádiz, y los del señor
Agustín Ruiz de la Peña, el primer gobernador del estado en su vida independiente.
Seguramente no era fácil para la Federación hacer compatible lo que pasaba en Tabasco
con la reorientación de las relaciones Iglesia-Estado. Quizá eso motivó que el 25 de marzo
de 1930 la Dirección de Bienes Nacionales sugiriera a Gobernación que el problema de los
templos en el estado se resolviera en forma general de acuerdo con la Ley sobre
Clasificación y Régimen de los Bienes Inmuebles de la Federación, tomando en cuenta que
el clero católico romano se había sometido a las disposiciones constitucionales.
De 85 templos existentes en Tabasco, según reportaba la Secretaría de Gobernación, 68
habían sido convertidos en escuelas, pero solamente diez por decreto presidencial. Los
otros habían sido tomados a discreción; en 15 se seguían realizando cultos, y curiosamente
el de Paraíso estaba dedicado al evangélico; 16 simplemente fueron clausurados. Por cierto,
el templo evangélico de Villahermosa, dirigido por el pastor Salomón R. Díaz, fue uno de
los clausurados, por no acatar las disposiciones respecto a que el lugar destinado al culto no
debía ser público.

7. Entre la ficción y la realidad


Con antecedentes que se remontan de manera particular al siglo XIX, la literatura en
Tabasco contó con varios representantes. Las narraciones literarias que tuvieron como
escenario el territorio tabasqueño muestran peculiaridades que las distinguen de las
producidas en otros lugares del país. "En estas tierras las cosas suceden de otro modo", la
literatura se mueve entre la indomable naturaleza del sureste, la pasión amorosa y la
envolvente política. Son escasos los ejemplos de novelas intimistas porque el paisaje
tabasqueño propició historias abiertas y orientadas por las posiciones políticas. Quizá ello
explica en parte por qué muchas permanecen en el olvido, sin haber alcanzado el estatus
que pretendían.
Salvo la novela Perico, de Arcadio Zentella (1895), este tipo de literatura prevaleció más
en el periodo revolucionario. En la crónica novelada Paludismo, de Bernardino Mena Brito,
la relación entre la naturaleza voluptuosa de Tabasco y el hombre consiste en descender a
los infiernos dantescos. La obra ofrece el punto de vista sincero de un personaje que cree en
la trascendencia de sus acciones, pero es hostilizado por la naturaleza y por hombres
movidos por su afán de poder. La novela es el relato alucinante de los inicios de la
Revolución en Tabasco, de los primeros reclutamientos cuando, en 1913, luego del
asesinato de Madero, los revolucionarios se agruparon en torno a la figura de Carranza. En
el caso de Tabasco se escenifica la adhesión a las tropas de Carlos Greene, quien puso a
disposición de los revolucionarios su finca de San Pedro para el resguardo de armas y
municiones.
Con su relato Un niño en la Revolución mexicana, Andrés Iduarte se sitúa lejos de la
epopeya heroica, con pretensiones más modestas pero con mayor éxito en cuanto a sus
alcances. El narrador sólo quiere expresar su punto de vista, el testimonio de lo que vio o le
contaron; relatar sus vivencias infantiles; hablar acerca de su familia, de la sociedad y de la
irrupción del movimiento revolucionario en San Juan Bautista, Tabasco, la capital "más
tropical de México", la que más se parece a esos panoramas exuberantes que han mostrado
al mundo José Eustasio Rivera y Rómulo Gallegos. En Tabasco, donde se desprecia la
muerte y privan varios conceptos sobre el honor, el autor conoció la lealtad y aprendió que
"en las luchas políticas lo sentimental impera sobre lo doctrinario". Iduarte hace una
crónica novelada que ve el lado bueno, por así decirlo, de una sociedad que fincó su
organización en los valores más preciados de la época porfirista, como lo hizo, por ejemplo,
la familia Foucher, a la cual pertenecía la madre del narrador durante la Francia
posrevolucionaria.
Ante el avance amenazador de los batallones revolucionarios, no queda más que la huida,
por la noche, sin poderse llevar ni los juguetes ni el piano. Luego vino la larga travesía
sobre el río Grijalva hasta llegar a Campeche, para pasar después a Veracruz, y de ahí, por
ferrocarril, al Distrito Federal, donde los expulsados por la Revolución se refugiaron en las
colonias Roma y San Rafael.
Como el mismo autor rememoró en El mundo sonriente, no obstante el odio de las
familias porfiristas contra Obregón, Calles y Garrido Canabal, ese sentimiento fue punto de
unión de los trasterrados tabasqueños en la colonia Roma, que se "[...] convirtió en una
prolongación de nuestra provincia cordial y apasionada cuando arreció la lucha contra el
gobierno del licenciado Tomás Garrido Canabal", a quien ese grupo llamó Dimas, el Rojo.
La narrativa tabasqueña, que tiene como escenario la exuberancia, el verdor y el agua,
desemboca inevitablemente en las novelas del periodo dominado por Garrido, cuyos
radicalismos y excesos tiñeron de rojo el territorio tabasqueño, el color de la venganza, de
la política y de la muerte.
Por su parte, en su relato Los abrasados. Novela tropical (1937), Alfonso Taracena retrata
al líder máximo que gobierna Tabasco, sin mencionar nunca su nombre. Se trata de una
narración que busca descubrir las relaciones que se establecen entre los caudillos nacionales
más poderosos y los caciques locales, quienes llegan a cometer los crímenes más
sangrientos en su afán de poder y de riqueza. La intención obvia es desmitificar al caudillo
de su estado natal, quien hizo del terror y la intolerancia los valores dominantes en su
época.
Más que novela, Los abrasados es una biografía velada, simplona y llena de lugares
comunes. En los rasgos difundidos por las señoritas decentes, Garrido era inmortalizado
como un "comecuras", un cacique sin fuerza (sic) y sin honestidad para llevar adelante un
proyecto de superación en la entidad.
El fascinante paisaje de Tabasco y la polémica figura de Tomás Garrido Canabal no se
circunscribieron exclusivamente a la narrativa de los tabasqueños. Varios escritores
extranjeros han visitado México en distintos momentos de su historia, y después de ello han
dejado excelentes pasajes a la literatura internacional. Entre los que se interesaron en
particular por Tabasco destacan dos: el inglés Graham Greene, que dejó sin duda la huella
más visible con su novela El poder y la gloria (1940), y el francés Emmanuel Robles, con
su relato Las navajas (1957)
Greene, anglicano de nacimiento, se convirtió al catolicismo en 1926, justo el año en que
el padre Agustín Pro desembarcó en Veracruz, para encontrarse con la muerte dos años
después. En 1938, sus editores le encargaron que visitara México, y de esa visita surgió su
crónica de viaje Caminos sin ley (1938), donde, además de mostrar un México
convulsionado por la expropiación petrolera y por los preparativos de la rebelión del
general Saturnino Cedillo, se encuentra la semilla de su posterior novela.
Greene sorteó varios obstáculos antes de emprender su viaje a Tabasco, hasta que logró
hacerlo por mar desde Veracruz hasta Frontera durante 41 horas. "Para saber qué calor
puede hacer en el mundo, tenía que esperar hasta Villahermosa", a donde llegó después de
otras 12 horas de viaje, para encontrarse con "el estado puritano, pantanoso, aislado, de
Garrido Canabal. Garrido —así decían— había destruido todas las iglesias; había organizado
una milicia de Camisas Rojas, y hasta les había hecho cruzar la frontera de Chiapas,
persiguiendo iglesias y sacerdotes".
Esa tierra, donde un gobernador con fama de intolerante impuso una terrible persecución
religiosa, prohibió el consumo de alcohol, cambió la mentalidad de los niños y formó el
grupo de los Camisas Rojas, será el escenario ideal para relatar la fuga y búsqueda del
último sacerdote, para mostrar la utilización del pecado por la Gracia.
Según la narrativa ubicada en Tabasco durante el periodo de Garrido, o se moría víctima
de la policía o del paludismo, enfermedad siempre presente y con la que se desencadena la
última novela con ese escenario.
Las navajas, de Emmanuel Robles, tiene varias semejanzas con la novela de Greene; ambos
relatos dan vida a personajes atormentados en parte por un medio que se vuelve
incontrolable y que produce serios trastornos, y en parte por sus propias ideas. Tienen el
trasfondo de la persecución religiosa, la aplicación de severas medidas antialcóholicas y
ambas desembocaron en sendos proyectos cinematográficos. Las películas El fugitivo,
dirigida por John Ford, está basada en la obra de Greene; y Cela s´appelle L´aurore, de Luis
Buñuel, surge del relato de Robles.
El espacio histórico en las novelas que tienen como escenario Tabasco cubre un amplio
periodo que va desde el porfiriato hasta los años treinta, cuando Tomás Garrido Canabal
gobernó la entidad hasta su partida, en 1935. La atención a su particular forma de actuar no
se limitó a esos años, pues su fama con su innegable dosis de ficción, se extendió más allá
de esa fecha, atrayendo la mirada de novelistas y hasta de cineastas. Escritores, políticos,
educadores y artistas dejaron huella de su paso por la exuberancia del territorio tabasqueño.
Marcado por la enorme abundancia de sus recursos naturales, por el paludismo, por la
persecución de distinto signo, por el amor y por la pasión del poder, Tabasco mostró la
existencia de un México diferente y poco frecuentado.

8. El padre Macario
No toda la problemática de la Iglesia católica en Tabasco tuvo la dinámica consistente en
que los conflictos se resolvían tarde o temprano por la vía burocrática, aunque se
mantuvieran los resentimientos y los deseos de venganza. Al respecto, uno de los
acontecimientos más polémicos, que dejó profunda huella en el estado y aumentó fuera de
él la leyenda negra del garridismo, ocurrió en el poblado Epigmenio Antonio, conocido
anteriormente como San Carlos, del municipio de Macuspana.
Todo comenzó con el anuncio de la Gran Feria de la Yuca, organizada por la Liga Central
de Resistencia y que se realizaría del 27 al 30 de agosto de 1929 con el fin de exhibir "los
distintos productos de aquella feraz región, así como las substancias elaboradas con dichos
productos". El programa incluía las llamadas asambleas culturales, dentro de las que se
impartieron conferencias como la del profesor Antonio Ferrer L. sobre el cultivo de la yuca.
Ferrer dirigía la Escuela Racionalista "Santiago Caparroso". Se programó además un juego
de beisbol, una gran novillada en la que tomarían parte los jóvenes aficionados al arte
taurino, y tres días después, por la noche, terminaría la jornada con un baile popular.
Garrido Canabal había difundido la idea de que las fiestas religiosas fuesen cambiadas por
ferias destinadas a mostrar los productos de los diferentes lugares del estado. Trataba de
suplantar las festividades religiosas por las civiles, pero en San Carlos, como los enemigos
de Garrido llamaron siempre a la población de Epigmenio Antonio, no hubo consenso en
torno a ese cambio, según puede desprenderse de los hechos.
El día 28 un parte oficial informó que, al grito de "Viva Cristo Rey", un grupo había
atacado al jefe de la escolta federal, resultando tres heridos de la fuerza pública. De acuerdo
con los agredidos, 30 gendarmes llegaron y dispararon a mansalva sobre la multitud, aun
dentro de su templo, adonde corrieron para refugiarse; murieron 22 personas, nueve fueron
fusiladas en el acto y doce más fueron hechas prisioneras llevadas al puerto de Álvaro
Obregón.
Desde Villahermosa, Horacio Lastra envió una carta al presidente Emilio Portes Gil para
intentar una explicación de lo sucedido. Según él, Garrido, "en su terquedad de desfanatizar
a las masas (entiéndase envilecerlas)", ordenó la mencionada feria:
Pero como los indios sancarleños, por lo visto, tienen más delicadeza que los "ladinos" del
resto del estado, no aceptaron la suplantación y como, a su vez, la policía se empeñó en
atropellarlos, pretendiendo quitarles sus imágenes para destrozarlas, darles palos y
conducirlos a la cárcel, el odio reconcentrado durante varios años, contra el régimen actual,
estalló, dando por saldo, un buen número de muertos y heridos por ambas partes (indios y
policías, porque Garrido [...] siempre saca las castañas con la mano ajena) y tal vez la
iniciación de una nueva era de sangrienta revolución.
Desde luego, con la carta se buscaba pedir castigo para los responsables de la agresión.
Otras cartas en el mismo sentido llegaron al presidente, quien solicitó una investigación
para aclarar los asesinatos —de mujeres y niños inclusive—, así como los incendios del
templo y de algunas casas de los vecinos. El gobernador respondió con la versión de que se
trató de un complot organizado por los "fanáticos", que habían acumulado armas e incluso
dos cañoncitos, y de que la fuerza pública actuó al llamado del profesor Ferrer, organizador
de "la fiesta cultural consistente en actos deportivos y conferencias educacionales,
antialcohólicas y de agricultura".
Del lado de los agredidos apareció recurrente la figura de Gabriel García, quien se
reconocía como indio, y de Macario Fernández, el único sacerdote que iba y venía por
Tabasco, escondido y huyendo de la persecución permanente de Garrido. Al primero lo
reivindicaría más tarde un sector de la Iglesia que, incluso, escribió un folleto sobre su vida,
calificándola de ejemplar con un término usual para quienes mueren en santidad o por
medio del martirio. Por su parte, el padre Macario envió una carta a Pascual Díaz y Barreto,
entonces arzobispo de México, en la cual le exponía "los penosísimos sucesos acaecidos en
Balancán y en San Carlos". Calificaba a Tabasco de "mártir estado", y sobre el atentado
mencionaba que
[...] hombres y mujeres expusieron su vida por la libertad religiosa pues armados de
licencia escrita del Centro y de casi inútiles armas de combate material, hicieron retroceder,
bien que perdiendo vida por ambas partes a los policías de Villahermosa que llegaron al
templo a impedir que a los que creen en el verdadero Dios dirigieran a El sus plegarias en
forma inofensiva para nadie.
El hombre en el que Graham Green se inspiró para crear al padre lleno de dudas en su
novela El poder y la gloria terminaba su carta patéticamente: "Para que pueda seguir viendo
en mí a un sacerdote católico que no digno en mí, le escribo estas líneas". El arzobispo
turnó la carta al presidente de la República "agradeciéndole de antemano cuanto se sirva
hacer en el caso".
Pero un año después, el 5 de septiembre de 1930, el presidente Pascual Ortiz Rubio
recibió una carta de cinco vecinos de Epigmenio Antonio donde le relataban con temor la
existencia de grupos en el pueblo que atropellaban a sus habitantes, "violando hasta
nuestras familias" a un año de que "fueron quemados vivos innumerables familias y
fusilados muchos de nuestros compañeros, al prohibirnos celebráramos el cumpleaños del
Patrón de este pueblo, señor San Carlos, que fue quemado en aquel entonces por las
autoridades del estado y hoy nos siguen quemando las imágenes". La carta terminaba con
un sincero grito de auxilio, y le pedían al presidente que el derecho y la razón se impusieran
para sacar al estado del caos.
La persecución contra el padre Macario no había terminado. En octubre, el gobernador
Cruz denunció ante Gobernación que tenía pruebas de que Fernández continuaba en abierta
oposición a las instituciones del país. Se refería a la correspondencia que este último
sacerdote de la diócesis mantenía con Gabriel García, a quien había dado el nombramiento
de "catequista primero en todo el territorio que comprende la Diócesis tabasqueña", y
señalaba que además de él había aceptado a otros catequistas, como las jóvenes Castro,
"solicitadas por los habitantes para que enseñen la doctrina cristiana". De esa
correspondencia se desprendían las actividades religiosas que Macario mantenía por las
"riberas y rancherías", asistiendo a "católicos que han ofrecido hasta su vida por defender
los sacrosantos derechos de Dios". Las misas clandestinas transcurrieron con sobresaltos
que hacían cambiar a última hora los lugares y las fechas de los oficios. Pero no solamente
los cambios tenían esas causas, en ocasiones las enfermedades impedían al padre Macario
concertar sus planes. En una ocasión se negó a acompañar a quienes solicitaban sus
servicios porque padecía una hinchazón provocada por la erisipela; para justificarse decía:
"Esto no nos gusta; pero por eso hay que regañar a Calles, pues es el principal culpable de
que no haya clero en Tabasco, aunque también lo es Garrido".
Varios años se mantuvo el padre Macario escondido en el inhóspito territorio tabasqueño,
apoyado seguramente por los partidarios del restablecimiento de los cultos. Finalmente, el 8
de septiembre de 1935 fue aprehendido y remitido en avión a Tapachula, y de ahí fue
llevado en automóvil a Guatemala por órdenes del gobernador provisional, Aúreo L. Calles.
Al saber de su aprehensión, cientos de personas del poblado de Reforma, Chiapas, donde
aparentemente había mantenido su centro de operaciones, se movilizaron para pedir al
presidente Lázaro Cárdenas que se le permitiera al padre Macario seguir ejerciendo su
ministerio libremente, porque
[...] desde hace más de diez años y debido a las continuas persecuciones injustificadas de
que fue objeto el señor presbítero Macario Fernández Aguado, por las Autoridades del
vecino estado de Tabasco, se refugió en la línea divisoria de aquel estado con el de Chiapas
dicho señor en donde ha compartido el pan del campesino con beneplácito de todos
nosotros que los abrigamos para recibir sus saludables consejos siempre tendientes a acatar
con resignación las superiores disposiciones del gobierno [...].
Varias cartas recibió todavía el presidente, incluso de Villahermosa, en las que se abogaba
por el regreso del padre Macario cuando Garrido ya no estaba en México y el camino hacia
la apertura de los cultos en Tabasco se estaba abriendo. En 1937 llegó a Tabasco Salvador
Abascal, dispuesto a reanudarlos en el único estado donde prevalecía esa situación, pero no
tuvo mucho éxito. Un año después comenzó a hacer proselitismo entre los indios de la
Chontalpa y de las riberas del río Mezcalapa, con lo que logró reunir a varios campesinos
que lo acompañaron en la aventura que concluyó el 11 de mayo en Villahermosa.
Enarbolando la bandera nacional y un estandarte de la virgen de Guadalupe, llegaron ante
las ruinas de lo que fuera el templo de la Concepción, en pleno centro de la capital. Allí se
apostaron durante varios días mientras arreglaban una campana destartalada que poco
tiempo después estaría lista para llamar a los fieles a los oficios del cura Pilar Hidalgo,
aliado de Abascal.
Por cierto, hubo apariciones efímeras, en medio de vítores, del padre Macario, que durante
tantos años burló la persecución de los garridistas. Pero todavía los "reconquistadores"
tendrían que enfrentar a las fuerzas del gobernador José Víctor Fernández Manero, que
pistola en mano los amagaron y asediaron durante varios días hasta el 6 de junio cuando
salió del estado Abascal, quien comenzaba su obra como líder del naciente movimiento
nacional sinarquista. Su acción en Tabasco le valió puntos importantes en la Unión
Nacional Sinarquista, y desde entonces se le conocería como el cruzado, por la reconquista
lograda.

9. Borrar el pasado
Estos hechos tuvieron dos consecuencias de importancia. En primer lugar, como si se
quisiera borrar el pasado inmediato, hubo un excesivo número de peticiones para que los
templos católicos fueran abiertos al culto, y reconstruidos los que habían sido abandonados,
y para hacer nuevos y realizar manifestaciones religiosas. Asimismo, se crearon
organizaciones de damas y juntas católicas; incluso, en 1942, la señora María Estrada viuda
de Hernández fue consignada a la autoridad en Tacotalpa porque divulgaba entre la
población que hacia milagros. Durante la década de los cuarenta fueron usuales asuntos
como los mencionados y, al igual que años atrás, Gobernación pedía a Hacienda su opinión
en cuanto a las autorizaciones, y poco a poco se fue sustituyendo la situación prevaleciente
durante el dominio de Garrido Canabal.
Ahora, el formato de petición era diferente y se presentaba ya sin temores, aunque con el
mismo corte oficialista y con la certeza de que el presidente Manuel Ávila Camacho se
había declarado creyente. La Junta Católica de Tacotalpa se dirigió al presidente de la
República en junio de 1941 con el siguiente motivo:
La Iglesia de nuestro pueblo fue destruida por quien entonces era el amo de nuestras vidas
y conciencias; hoy gracias a usted y al señor Lic. Francisco Trujillo Gurría, hemos
recobrado el don más grande que tiene el hombre, el de pensar [...] [todo ello con el fin de
solicitar] nos dé la autorización necesaria para reconstruir el Templo que en épocas
pretéritas fue hecho con la voluntad y el sudor del pueblo de Tacotalpa. A usted C.
Presidente, que es Gobernante de todos los mexicanos, sin distinción de credos políticos o
religiosos a usted señor como mexicano y como católico, le pedimos su óbolo para la
reconstrucción del templo de nuestros mayores.
Pero no fue fácil para el presidente "caballero" resolver todos los problemas, como el del
barrio San Román de la colonia Las Barrancas, de Villahermosa. Los vecinos se quejaban
en 1942 de las dificultades para traer la imagen del santo del mismo nombre, que había
estado escondida desde la época de la persecución garridista. Contaron con el apoyo del
gobierno de Trujillo para recibir a los curas e instalar de nueva cuenta la imagen venerada,
pero el obispo auspició la formación de otro barrio, denominado Mundo Nuevo, donde
pretendía instalar a San Román. Esto fue considerado inaceptable y la población se dividió
entre los avilacamachistas, que seguían al gobernador, y los partidarios del candidato
presidencial que perdió, Juan Andreu Almazán quien también era de las simpatías del
obispo.
La segunda consecuencia resultó todavía más compleja. El garridismo había dejado un
vacío cultural e ideológico que otras sociedades no católicas comenzarían a llenar, pero esto
no significa que haya sido responsable único de lo acontecido durante casi tres décadas en
Tabasco en relación con el anticlericalismo desbordado; la historia de la Iglesia católica en
la entidad comparte la responsabilidad.
Si bien es cierto que desde el siglo XIX se encuentran rastros de la presencia de otras
iglesias diferentes a la católica, a partir de la reapertura de los cultos se hizo más evidente
esta tendencia. Ya en 1938 José Pérez Bastar, presidente municipal de Teapa, se quejaba de
que el "sabatismo" había tenido un fuerte incremento a raíz de la presencia de dos pastores
procedentes de Puebla que hacían propaganda y recogían diezmos. Consideraba esa
religión, al igual que a las otras, como una farsa, pero según él ésta tenía mayores
consecuencias porque "los embaucados" no trabajan ni el sábado, ni el domingo, ni el
lunes; los obligan a comer alimentos fríos y, además, amenazan a sus seguidores con el fin
del mundo y con que "el sol se va a calentar más y otras estupideces por el estilo". Se
reunían todos los sábados en dos rancherías a las que llegaba mucha gente.
Las nuevas iglesias se empeñaron en documentar su presencia mediante permisos
solicitados a Gobernación para llevar a cabo sus actividades, como el caso, el 16 de octubre
de 1944, de los evangélicos pertenecientes a las Asambleas de Dios de la República
mexicana. Igualmente solicitó autorización La Torre del Vigía para "hacer propaganda
bíblica" en Villahermosa durante ese mismo año. También en la capital se solicitó permiso
para construir un templo evangélico presbiteriano el 25 de enero de 1947, el cual fue
concedido. Las rancherías Acachapan y Colmena, del municipio del Centro, también
solicitaron autorización para realizar trabajos evangélicos de la Iglesia de Dios. En el ejido
Puente Grande, del municipio de Teapa pidieron se les permitiera abrir un recinto dedicado
a la religión adventista.
Todavía en 1941, los evangelistas de Comalcalco solicitaron que se les devolviera su
templo, construido en el terreno donado nada menos que por el coronel Gregorio Méndez.
El sínodo general de la Iglesia presbiteriana explicó que desde 1936 el templo había sido
retirado para pasar al servicio de la entidad, aunque ésta lo había abandonado. De la
intolerancia vivida durante el régimen de Garrido se pasó a una tolerancia confesional que
abrió brecha a los adeptos a otras religiones. Incluso, varios colaboradores cercanos al líder
del sureste pasaron del anticlericalismo más radical a engrosar las filas de las nuevas
asociaciones religiosas.

10. La caída
Cuando el general Lázaro Cárdenas ocupó la presidencia el 30 de noviembre de 1934, nadie
pudo prever que en menos de un año éste se deslindaría de las posturas del Jefe Máximo,
que había marcado con su sello los últimos años de la política en México. Entre quienes no
captaron el cambio que se operaba se encontraba Tomás Garrido Canabal. Con la probable
intención de neutralizar su fuerza en Tabasco, el nuevo presidente lo nombró secretario de
Agricultura, y como tal debió trasladarse a la ciudad de México para poder asumir el cargo.
Garrido llegó a México acompañado de un nutrido contingente de jóvenes Camisas Rojas
que el día previo a la toma de posesión viajaron a Cuernavaca para desfilar frente a la finca
del general Calles. Todo parece indicar que el antecedente inmediato de la formación de los
Camisas Rojas fue la sesión del 10 de noviembre de 1931 del Partido Socialista Radical
Tabasqueño, cuando los estudiantes Carlos A. Madrazo y Antonio Ocampo recomendaron
la creación de un núcleo de Jóvenes Revolucionarios Radicales. El mismo Madrazo,
siguiendo esa consigna, convocó cuatro días después a los jóvenes del Instituto Juárez a
organizar el Bloque Juvenil Revolucionario, creado al año siguiente, en 1932.
El grupo que pronto sería conocido como los Camisas Rojas —usaban la prenda de ese
color y pantalón negro como uniforme— se convirtió rápidamente en un promotor
ideológico excepcional del garridismo. Los jóvenes organizados así encontraron en el
liderazgo de Garrido un motivo para la movilización y fueron los más entusiastas
divulgadores de sus ideas en su segundo periodo de gobierno. Alan M. Kirsher, en su libro
Tomás Garrido Canabal y el movimiento de los Camisas Rojas, dice que Alfonso Bates
Caparroso fue el principal organizador del grupo, cuya fama trascendió pronto las fronteras
estatales porque Madrazo, como presidente de la sociedad de alumnos de la Escuela
Nacional Preparatoria, extendió en 1933 la organización hasta la ciudad de México.
El bloque llegó a aglutinar a un número elevado de asociados, e incluso Druso, el hijo
mayor de Garrido, llegó a portar el uniforme. Los Camisas Rojas se estructuraron como los
ejecutores de las consignas del líder del sureste; denunciaban actividades religiosas
clandestinas y fiestas donde se bebía alcohol. El grupo más distinguido, probablemente el
de los mayores, llegó a actuar como brazo paramilitar y, en todo caso, policiaco.
Pero el bloque estaba destinado a convertirse en el talón de Aquiles de Garrido, porque
sería el detonador de los conflictos que originaron su caída. Cuando fue nombrado
secretario de Agricultura se decía que era la prenda del callismo en el nuevo gabinete; pero
poco importa esto; pese a las críticas, Garrido continuaba manejando el estado a su antojo;
prueba de ello fue la imposición de su tío Manuel Lastra Ortiz como gobernador, antes de
que partiera a la ciudad de México, a donde llegó el 28 de noviembre. Desde luego, los
Camisas Rojas iniciaron inmediatamente sus prácticas, y el 12 de diciembre, frente a su
local de Tacuba, realizaron una asamblea cultural para hablar en contra del fetichismo de la
religión, que terminó en un fuerte zafarrancho.
Desde luego, esas prácticas tenían aún menos sentido fuera de Tabasco y, pese a todo,
continuaron realizándolas hasta el domingo 30 de diciembre. En esa fecha, la "cultural" fue
realizada frente a la parroquia de San Juan Bautista, en Coyoacán. Cuando los fieles
salieron de misa se enfrentaron con los garridistas, y en la confusión murieron varias
personas. Un joven de los Camisas Rojas, que llegaba retrasado al acto, al ver la confusión,
trató de abordar un tranvía, pero el conductor cerró la puerta y la multitud enardecida lo
linchó.
El delegado de Coyoacán era el conocido garridista Homero Margalli, quien había ofrecido
todas las garantías a los Camisas Rojas, aunque éstos fueron aprehendidos en la misma
delegación; todo parece indicar que quedaron libres cuando el presidente Cárdenas habló
con Garrido y lo presionó para que controlara a su gente y la mandara de regreso a Tabasco.
Trinidad Malpica afirmó que Garrido estuvo dispuesto a renunciar, pero que Cárdenas no
aceptó. Se consideraba por otra parte que los diarios La Prensa y El Universal, donde los
partidarios de Garrido habían encontrado trabajo, eran responsables del ambiente
antigarridista que privaba en la ciudad de México.
Pero como nada lograba contenerlos, dieron su propia versión de los hechos en el diario
Juventud Roja, que dirigía el joven Madrazo. Veinte mil ejemplares de esta publicación
fueron lanzados en Coyoacán desde los aviones de Garrido, El Guacamayo y El Rojinegro.
Por otra parte, se realizaron grandes manifestaciones estudiantiles, porque simplemente los
universitarios no querían a los Camisas Rojas en la ciudad de México. El presidente tuvo
que intervenir, y después de culpar a los clericales de tantos problemas, su gobierno
estableció algunas medidas que se interpretaron como de apoyo a los garridistas, cuyas
actividades no cesaron, aunque sí disminuyeron en intensidad.
Se llegó así a junio de 1935, cuando la injerencia de Calles en los asuntos de la política
orilló al presidente a tomar una decisión definitiva. El día 12 Calles criticó la orientación
política del gobierno cardenista y el presidente lo refutó dos días después, aunque al mismo
tiempo decidía sobre la manera de salvar su gobierno y evitar una renuncia vergonzosa
como la de Ortiz Rubio. El día 16, el gabinete en pleno renunció a petición del presidente y
Garrido abandonó la secretaría de Agricultura. El compromiso del presidente con Calles se
disolvió, y Cárdenas reforzó su posición con un gabinete más afín.
Un mes después, el 13 de julio, los enemigos de siempre de Garrido se reunieron en la
casa del licenciado Rodulfo Brito Foucher y organizaron una expedición, que los diarios
llamaron "punitiva", para reconquistar Tabasco. Todos los enemigos, antiguos y recientes,
confluyeron en una acción en la que el gobierno, lejos de dejar manos libres a los
interesados, intervino mediante algunos de sus miembros, como el general Francisco J.
Múgica, quien, pese a su conocimiento de Tabasco y a los apoyos que brindó a Garrido en
los primeros años, decidió dar a los antigarridistas toda la protección de la secretaría de
Comunicaciones y Obras Públicas.
El 15 se enfrentaron en Villahermosa los "punitivos" con los partidarios de Garrido, y
como resultado de ello hubo varios muertos que enlutaron a los tabasqueños de dentro y de
fuera del estado. El escenario fue la calle Juárez, en pleno centro de la ciudad.
Irresponsabilidad o provocación, lo cierto era que el gobierno central no podía permanecer
impasible, y el 23 de julio desconoció los poderes del estado de Tabasco y nombró como
gobernador interino a Aúreo L. Calles. En medio de continuas manifestaciones y sepelios
multitudinarios, pues entre los muertos se encontraba un hermano de Brito Foucher y con la
presencia de los estudiantes universitarios de la ciudad de México, el poder de Garrido se
eclipsaba.
Los numerosos enemigos que Garrido había dejado en su camino coincidieron en ese
momento. Como consta en la Dirección General de Gobierno, la Agrupación
Revolucionaria Tabasqueña escribió a Cárdenas, que viajaba en el tren presidencial, para
transmitirle los rumores de que había interés en asesinarlo para restaurar el callismo; esa
organización señalaba además que combatiría hasta "acabar con el callismo que representa
Tomás Garrido Canabal y sus secuaces". El mensaje estaba firmado por su primo hermano
José Domingo Ramírez Garrido, a quien derrotó en las primeras elecciones en las que
participó. Y como si no hubiera pasado el tiempo, Ramírez todavía hizo esfuerzos para
lanzar su candidatura por la gubernatura de Tabasco.
Al día siguiente de que Cárdenas recibió el mensaje, el 10 de agosto, el hombre que
mantuvo en jaque a Tabasco durante más de 15 años, y a quien se le consideraba
responsable de la violencia que significó el derramamiento de tanta sangre, salió del país en
un supuesto "exilio voluntario" para cumplir una misión agrícola que le encomendó el
presidente. Pero esa deferencia duró apenas unos meses, porque el 26 de diciembre de 1935
el general Eduardo Hay, secretario de Relaciones Exteriores, comunicó a Garrido que,
debido a las erogaciones que debían hacerse por concepto de los compromisos derivados
del Plan Sexenal, el presidente le pidió hacerle extensivo que esa secretaría no podía seguir
manteniendo "la Comisión que usted desempeña". Esta decisión hacía aún más explícito el
hecho de que el líder del sureste salía expulsado por una sociedad que había cambiado, de
lo cual no logró darse cuenta a tiempo.

VI. LA NUEVA ERA


1. Las inercias
DESPUÉS DE LA SALIDA de Garrido Canabal, la situación en Tabasco no se resolvió de
inmediato. El primer punto consistía en saber qué fuerza debía llenar el vacío político
dejado. Según los documentos de la Dirección General de Gobierno, la disputa por el
gobierno fue todavía difícil porque, como si se reavivaran los resentimientos del pasado,
Ramírez Garrido visitó a Cárdenas para exponerle su propósito de ocupar la gubernatura,
empresa difícil de llevar a la práctica, pues comprometía a uno de los grupos antagónicos al
garridismo. Y aunque Ramírez expresaba los sentimientos del grupo revolucionario de
Tabasco, tuvo que deponer sus intenciones y aprovechar su posición para recomendar las
candidaturas de sus compañeros de armas Joaquín Pedrero, Rafael Aguirre Colorado,
Manuel Fernández de Escobar, Federico Martínez de Escobar, Luis Pedrero y Fernando
Aguirre Colorado; del último decía que era "el verdadero iniciador de la Revolución en
Tabasco en 1910 y 1913", y consideraba que todos ellos estaban capacitados por sus
"conocimientos" y su reconocida "honradez". Pero, de acuerdo con los documentos de la
Dirección General de Gobierno, Ramírez se deslindaba al mismo tiempo de los otros
grupos que oportunistamente contemplaban la posibilidad de adueñarse del poder:
Yo desearía conocer sobre todo su valiosa opinión, pues el objeto de nuestra Agrupación,
que no cuenta con dineros para hacerse bombo y menos con los dineros del Arzobispo ni de
las beatas, ni con las simpatías de la prensa reaccionaria, nuestra agrupación, repito, sólo
tiene por finalidad servir a la Revolución y ayudar a Ud. en todo terreno a resolver los
problemas reivindicadores.
Mientras el veterano Áureo L. Calles (1935-1936) se hizo cargo del gobierno interino, el
presidente siguió recomendando serenidad ante la propuesta del Frente Rojo de Álvaro
Obregón para que "nos indique a la persona a quien debamos postular", aunque parece que
un sector se inclinaba por Víctor Fernández Manero, apoyado después por el Centro
Orientador Pro-Tabasco y otros centros afiliados al PNR ante la candidatura de Aureliano
Colorado por parte de la Agrupación Revolucionaria Tabasqueña, por las actividades de los
reconstructores y las manifestaciones de obreros y campesinos, aunque con saldos
violentos. El presidente optó finalmente por Fernández Manero, quien había obtenido el
mayor número de apoyos y garantizaba una cierta neutralidad en el difícil proceso que
habría en Tabasco.
Como todavía se podía hacer leña del árbol caído, las denuncias contra Garrido
aparecieron por todas partes y con varios matices. Unos decían haber sido forzados a actuar
como Camisas Rojas, y otros sostenían que habían sido agredidos por el famoso bloque;
estaban los que se quejaban de haber sido expulsados de su lugar de residencia; los que, con
autorización de algún funcionario, fueron aprehendidos y golpeados; los que fueron
forzados a trabajar sin remuneración alguna, los que fueron víctimas de abusos del
presidente municipal. Incluso, Garrido fue acusado directamente de haber violado a una
señorita a bordo del vapor Carmen y de haberlo intentado también con su hermana menor,
de apenas 13 años; de haber asesinado a su padre porque no profesaba sus mismas ideas; de
haber forzado a su hijo menor, de 13 años, a cavar su tumba para después ser ahorcado,
etcétera.
El problema mayor era que, aunque Garrido se había ido, continuaba la inercia del
garridismo porque, independientemente de todas las denuncias y de la aceptación del
cambio, el aparato político y hasta el militar eran los mismos. Se negaba el trabajo a los
identificados con los grupos antigarridistas, había ajuste de cuentas y todavía hubo varias
denuncias contra los Camisas Rojas por abusos de todo tipo. El programa cardenista no
lograba despegar en medio de tantas rivalidades y, sin embargo, una dinámica diferente se
ponía en marcha.
2. La sociedad cardenista

La problemática agraria en Tabasco era muy particular, pues la propiedad no conoció las
concentraciones de los estados norteños ni el despojo brutal; aún en el porfiriato había un
número apreciable de agricultores, pero el tipo de tierras y el exceso de agua del trópico
húmedo no hacían tan atractivo el parcelamiento, porque la agricultura de plantación había
sido el eje del desarrollo económico de la entidad.
La caída del garridismo coincidió con la crisis de la producción bananera. El rendimiento
en este rubro, que era de 7.7 toneladas por hectárea en el momento de esplendor, bajó a
2.49 en diez años. Aunque Tabasco entró tarde a la órbita del banano, su incorporación
resultó muy conveniente para los Estados Unidos por la facilidad de las comunicaciones
entre Villahermosa, Galveston y Nueva Orleáns, sede esta última de la United Fruit
Company.
Sin embargo, las grandes compañías encontraron más seguridades en el mercado
centroamericano cuando México se orientó por el nacionalismo de Cárdenas y su política
expropiatoria, de la cual no se escapó la Southern Banana Corporation, cuyos bienes fueron
nacionalizados en 1939, cuando el acceso al mercado internacional se había perdido.
El derrumbe de la producción platanera fue brutal, porque el roatán, que había sustituido a
las variedades nativas, era más débil frente a las plagas. Mientras su producción en 1935
fue de 180 000 toneladas (40% de la producción nacional), en 1941 descendió a menos de 1
500. En ese lapso la exportación de plátano mexicano hacia los Estados Unidos pasó de 12
000 racimos a sólo 6 000. A partir de 1940 Honduras duplicó sus exportaciones en relación
con México, país que nunca recuperó su primer lugar de producción en América Latina,
que mantuvo hasta 1939. Por lo demás, no deja de ser una mera coincidencia el hecho de
que su caída se haya producido durante la expropiación de las compañías petroleras por
parte del régimen cardenista, lo que sin duda afectó los mercados internacionales en los que
participaba México.
La crisis estuvo marcada también por los efectos de la reconversión campesina; las tierras
eran utilizadas ahora para la producción de autoconsumo. Las tendencias a la tenencia de la
tierra se mantuvieron hasta los años cuarenta debido a la ausencia de presión social contra
el acaparamiento, los pocos latifundios y, sobre todo, la abundancia de tierras vírgenes.
La cuestión agraria pasaba en Tabasco por consideraciones diferentes a las del resto del
país; el reparto agrario había sido poco significativo: entre 1916 y 1926 sólo se repartieron
11 344 hectáreas, y entre el triunfo de la Revolución y 1932 apenas se constituyeron 18
ejidos, porque Garrido Canabal consideró que se trataba de una forma "arcaica" de
posesión. En 1935 se detectaron sólo 32 ejidos con 29 244 hectáreas que beneficiaban a 2
519 ejidatarios, quienes dedicaban únicamente 16% de esa superficie a la actividad
agrícola.
En 1940, tras el reparto cardenista, el número de ejidos ascendió a 322 y la superficie
ejidal a 466 096 hectáreas. Los expedientes agrarios, además de las solicitudes de tierras,
hacen referencia a conflictos vinculados con la reconversión de los cultivos; tal es el caso
de las peticiones de permuta para rescatar tierras afectadas que tenían plantaciones de
plátano y caña a cambio del doble de la extensión afectada (18 de junio de 1936); por su
parte, los ejidatarios de la finca del Carmen, propiedad de Luis Pedrero, recibieron un
mensaje del delegado agrario, quien les notificó que se había concedido un año al
propietario para que se recogiera la cosecha de platanales, ante lo cual los involucrados
protestaron el 19 de julio de 1936. En cuanto a la inafectabilidad ganadera, cabe decir que
los terrenos con que se dotaba a La Estanzuela reducían los pastizales para ganado. Esto
derivó en un conflicto, porque el propietario azuzó a los peones blancos contra los
ejidatarios, de los cuales tres murieron y diez fueron heridos el 27 de julio de 1939, dos
años después de haberse iniciado el proceso.
Se hicieron repartos, como el de las 4 711 hectáreas concedidas a los ejidatarios del
poblado de José Asmitia, "como parte del programa de festejos patrios" del 16 de
septiembre de 1936. Continuaban los juicios antepuestos relacionados con fincas afectadas
que estaban en los límites de lo que la legislación consideraba pequeña propiedad.
Continuaron también las solicitudes de ejidos, ampliaciones y restituciones, las gestiones y
juicios en la Comisión Agraria Mixta y las respuestas de los finqueros, que muchas veces
recurrieron a las guardias blancas. Abundaron los reclamos ante el mismo presidente para
que se devolvieran tierras invadidas o para que se procediera a las afectaciones que alguna
autoridad había dispuesto.
Los efectos de los cambios en el uso del suelo, debidos a la parcelación orientada al
cultivo del maíz, principalmente, y el avance de la ganadería en detrimento de la agricultura
de plantación, que tanta riqueza dio a Tabasco, pronto se hicieron evidentes.
A diferencia del conflicto agrario, que no alcanzó grandes proporciones, el movimiento de
los trabajadores fue más violento, quizá porque había sido la base de apoyo más importante
del garridismo y porque estaba directamente involucrado en la producción y
comercialización de frutales como el cacao, el coco, la caña de azúcar y, en particular, el
plátano, que tantas disputas generó. Cuando apenas salió Garrido, los trabajadores se
enfrentaron al dilema del cambio de organización de la Liga Central de Resistencia, para
reestructurarla de manera más acorde con los tiempos nuevos.
La Liga de Transportes Fluviales, una de las más grandes y poderosas, comunicó el 3 de
agosto de 1935 al presidente Cárdenas su decisión de desconocer a la Liga Central de
Resistencia "por convenir a nuestros intereses colectivos de clase", para formar en su lugar
el Sindicato Único de Trabajadores Astilleros. Casi al mismo tiempo, el Sindicato de
Alijadores protestó porque el inspector de policía, apoyado por el gobernador, impidió a sus
agremiados descargar un barco. Varios organismos afines los acompañaron en su protesta,
pero de nueva cuenta los problemas fueron causados por los trabajadores "ligados", que se
oponían a la creación de un sindicato alternativo y contaron aun con el apoyo de las
autoridades.
A partir de ese momento se dio una reconversión entre las formas organizativas previas y
las que dictaba entonces el centro político, porque todas las antiguas ligas querían de pronto
transformarse en sindicatos, según afirmaban los representantes de maquinistas y
ayudantes, cocineros fluviales, patrones del interior, marineros y fogoneros, expendedores
de frutas, estibadores de frutas, choferes urbanos, expendedores de agua potable, panaderos,
chalaneros y obreros de artes gráficas, etcétera.
De golpe y porrazo las antiguas ligas pasaron a ser identificadas como "sindicatos
blancos", porque se oponían a la estructura decidida desde la ciudad de México. Todavía el
subsecretario de Gobernación, Agustin Arroyo Cházaro, fue acusado de no permitir al
Sindicato de Cargadores trabajar en el vapor Carmen, para lo cual recurrió a las fuerzas
federales, aparentemente sin autorización del jefe de zona militar, con el fin de dejar esa
tarea en manos de los trabajadores "ligados", identificados con los grupos rojo y negro.
Otra variante del problema era el de los pequeños productores que, como en el caso de los
copreros, cada uno con poco más de cinco hectáreas sembradas de coco, pidieron al
presidente que intercediera por ellos para que pudieran embarcar directamente sus
productos y no como sugería el Departamento Autónomo del Trabajo de Villahermosa, el
cual dispuso que las labores debían realizarlas los empleados de la finca La Montaña.
Los miembros del Sindicato de Marineros, Fogoneros, Cocineros, Engrasadores y
Similares del Golfo y Tráfico Interior también se quejaban de que los trabajos les habían
sido arrebatados por el ingeniero Manuel Garrido para otorgárselos a la Liga de Chalaneros
y Caberos de Villahermosa. Las empresas de Manuel Jaidar, por su parte, iban un poco más
allá porque proponían que las dos formas de organización se fusionaran, aunque sin
acuerdo del Sindicato de Transbordadores y Estibadores de Frutas Tropicales. Éste, a su
vez, consideraba que tanto el gobernador como el inspector general del trabajo le impedía
las maniobras para embarcar el plátano en el vapor Gastón, propiedad de Jaidar, con lo que
se violaba el artículo cuarto de la Ley Federal del Trabajo.
En realidad se trataba de una maniobra, y para no quedar mal con ninguno de los grupos,
la empresa pretendía fundirlos en uno solo, como si las diferencias políticas no contaran.
Como en el resto del país, las grandes federaciones sindicales no tardaron en aparecer,
pese a que en los años previos no habían tenido una actuación significativa en Tabasco. En
virtud de que el conflicto entre los sindicatos y los trabajadores "ligados" no fueron
resueltos, la Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (FROC) decidió irse a
huelga con demandas en contra de las autoridades del Departamento del Trabajo y de las
empresas exportadoras de plátano el 22 de noviembre de 1935. Pero no todos los
trabajadores estaban de acuerdo; la Confederación General de Trabajadores (CGT) informó
que sus agrupaciones no secundarían la huelga, porque la respaldaban sindicatos no
reconocidos, lo cual iba en contra de sus intereses.
Ya desde su gestión, el gobernador Áureo L. Calles consideraba que la FROC pretendía
declarar la huelga con fines políticos, porque se trataba de hacer presión para otorgar
empleo a los afiliados al Partido Reconstructor —enemigo de Garrido—, en perjuicio de los
sindicatos registrados. Como no estaba dispuesto a respaldar tal acción, el gobernador pidió
apoyo al jefe de la zona militar.
El 6 de diciembre la FROC declaró un paro obrero de 48 horas que se llevó a cabo a pesar
del hostigamiento de las autoridades, y sin desorden, según el gobernador. Aunque el
movimiento no tuvo mayores consecuencias, se siguió insistiendo en la huelga general, lo
cual resultó importante, pues era la primera ocasión en que un grupo de trabajadores
recurría en Tabasco al uso de una estrategia de clase organizada, lo que antes ni
remotamente podía concebirse.
El panorama siguió siendo complejo porque los conflictos no cesaron y afectaron
particularmente a los estibadores de frutas y a los empresarios dedicados a la exportación
del plátano. Pero al poco tiempo, luego de organizarse la CTM en 1936, comenzaron las
presiones para obligar a los trabajadores a pertenecer a esa nueva agrupación. En tal sentido
fue la queja de los miembros del Sindicato de Primeros y Segundos Cocineros Fluviales,
del Sindicato de Marineros del Interior, del Sindicato de Patrones Fluviales y del Sindicato
de Empleados, Veladores y Bodegueros de Villahermosa, así como de la Unión de
Estibadores y de los Jornaleros del Pacífico, que el 26 de marzo de 1937 denunciaban la
presión de las autoridades locales y federales para que se afiliaran a la CTM. Esa era la
nueva vía que normaba las relaciones entre las clases, y entre éstas y el Estado.
3. La institucionalización

El cardenismo llegaba a su fin cuando, en 1938, una campaña política más buscaba
demostrar el cambio de los tiempos en Tabasco. El garridismo quedaba atrás, y el interés
entonces consistía en demostrar la adecuación del estado al ritmo de la política nacional. El
Partido Nacional Revolucionario se transformó en Partido de la Revolución Mexicana, y las
elecciones para elegir gobernador pusieron de manifiesto la debilidad de esa inserción,
porque los candidatos no aparecieron definitivamente vinculados al partido oficial,
orientado supuestamente a poner fin al país de las regiones y de las iniciativas opuestas al
centro. Tres candidatos conocidos por sus trayectorias políticas se disputaron el cargo: el
general Ernesto Aguirre Colorado, el licenciado Manuel Bartlet Bautista y Francisco
Trujillo Gurría. Aparentemente el primero recibió el apoyo de las organizaciones
campesinas y del PRM, mientras Trujillo fue propuesto por el Frente Popular Tabasqueño y
por el Centro Orientador pro Tabasco; entre ellos dos se dio la disputa más fuerte.
Aún habrá fuertes enfrentamientos, balaceras, heridos y un muerto; al final el PRM sale
invicto pero... apoyando a Trujillo y no a Aguirre, como se había creído. Después de mucho
batallar el partido nacional se impuso sobre los organismos locales dirimiendo sus
divisiones internas, causantes de la confusión inicial respecto al candidato que enarbolaría
su bandera. Una vez en el poder, Trujillo da el réquiem al régimen de Garrido, según su
discurso del 1º de enero de 1940: "Fue más obra demagógica y falsa, que leal y
constructiva".
El movimiento agrarista que había sido puntal de su virtual triunfo, obligó a Trujillo
(1939-1942) a volver la vista hacia el campo. Atravesó ríos, selvas y pantanos para conocer
las condiciones de vida de los campesinos en sus propias rancherías; sin embargo, la plaga
del chamusco acabó con los platanares y lesionó la de por sí menguada economía que
recibió.
Durante las elecciones municipales, el presidente Manuel Ávila Camacho era forzado
testigo de la desintegración social y política de la cual Tabasco no se recuperaba, porque los
interesados en ocupar las posiciones políticas ofertadas se dirigían a él y no al gobernador.
El diputado local Francisco Achirica le recordaba su actuación como luchador contra "la
tiranía de Tomás Garrido" y su participación como presidente del bloque avilacamachista
en la legislatura local; su intención era pedirle que interviniera —pero le recomendaba que
no informara de ello al gobernador Trujillo— con el fin de que se le nominara candidato a la
presidencia municipal de Villahermosa.
Por su parte, Enrique Olán Suárez, secretario general de la FROC, y Amado Hernández,
de la CTM, informaron desde Villahermosa al presidente que Calixto Merino Bastar, el
diputado Ulises González Blengio, Hernán Rabelo Wade, secretario de la Liga de
Comunidades Agrarias, Ignacio Llergo y Carlos Gurría agitaban y desorientaban a los
campesinos y obreros para autopostularse como presidentes municipales del municipio del
centro. Pero, además, la Unión de Veteranos de la Revolución proponía también para ese
cargo al general Fernando Aguirre Colorado.
El centralismo político se perfeccionaba y la figura del Ejecutivo federal se convertía en la
instancia decisoria fundamental, aun para resolver las cuestiones más elementales de la vida
política interna. Un hecho adicional que contribuye a reforzar este juicio fue la carta de un
padre angustiado dirigida al presidente para pedirle el indulto de su hijo, preso en Tabasco
por habérsele considerado responsable de la pérdida de la pistola del general Manuel Ávila
Camacho cuando éste pasó por el estado en su gira como candidato presidencial.
El costo por el paso de un tiempo histórico a otro fue difícil de pagar, y aún en 1946, en
plena coyuntura entre el avilacamachismo y el alemanismo, la transición interna y el
reacomodo de fuerzas continuaba. Ya en 1945 personas y organizaciones habían
manifestado apoyos indiscriminados a la candidatura del licenciado, "dadas virtudes
constituyen su recia personalidad como revolucionario distinguido", según decía el Comité
Estatal pro Lic. Miguel Alemán para la presidencia de la República. Pero también se habían
creado comités municipales, y los comités regionales habían expresado su adhesión.
El Centro Revolucionario Tabasqueño se constituyó en el articulador de las operaciones
de todos los municipios y conoció las presiones contra campesinos amenazados de
"romperle la cabeza" si no aceptaban firmar otros apoyos. Los miembros de este grupo
fueron hostilizados y encarcelados, aparentemente ante la complacencia de las autoridades
que, por alguna razón, se identificaban más con la candidatura presidencial de Ezequiel
Padilla.
Esa candidatura tenía desde luego simpatizantes, porque alguien denunció que en
Tenosique había varias casas de juego, "donde el pueblo pierde miles de pesos",
regenteadas por funcionarios del PRM que encontraban en la corrupción una forma de
sobrevivencia. En este caso se involucraba una "casa de asignación" y se decía incluso que
un teniente de infantería cobraba ocho pesos diarios a la tesorería para que los soldados
dieran garantías a las autoridades, como lo hacía igualmente por los servicios de otros
militares comisionados en las obras de construcción del Ferrocarril del Sureste.
Pero aun en las elecciones de 1946 los partidos nacionales no tuvieron tanta presencia,
aunque el mismo Miguel Alemán había tocado ya al estado en su campaña con el
membrete, aún deslucido, del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Tres grupos
diferentes se disputaron el cargo apoyando a Federico Jiménez Paoli, a Gonzalo Martínez
Escobar y a Francisco J. Santamaría. Otros intentaron sus registros, sin mucho éxito, como
Manuel Jaidar, del Partido Democrático Mexicano, y Porfirio Jiménez Calleja, por el
Partido Democrático Tabasqueño, a quienes se les negó el registro por estar fuera de
tiempo.
Tanto Martínez Escobar como Jiménez Paoli tuvieron que luchar contra la ya poderosa
maquinaria que apoyó a Santamaría, suministrada por las autoridades estatales, que
desplegaron todos sus recursos disponibles; por ejemplo, ordenaron a los presidentes
municipales impedir que los partidarios de Jiménez Paoli realizaran actos proselitistas, y
hasta fue asesinado un integrante del Partido Popular Tabasqueño, que postuló a Martínez
Escobar, y dos partidarios de Jiménez Paoli. Pero la explicación del secretario de Gobierno
sobre los hechos fue contundente, pues aseguró que los "finados" se encontraban bebiendo
grandes cantidades de aguardiente en una fiesta y polemizaron con los partidarios de otros
candidatos, a raíz de lo cual los ánimos se "caldearon", con los resultados conocidos.
Aparentemente, las fuerzas de los candidatos contendientes eran similares, porque
contaron con las adhesiones de varias organizaciones estatales y federales, lo cual ponía en
evidencia los desacuerdos existentes sobre la orientación que debía seguir el estado. Incluso
se mencionó que Ignacio García Téllez, el secretario del Trabajo, apoyaba la candidatura de
Martínez Escobar, porque los empleados de su Secretaría hacían labores de proselitismo.
Por su parte, los ejidatarios y pequeños propietarios adheridos a la Confederación de
Uniones de Productores de Plátano, perteneciente a la Confederación Nacional Campesina
(CNC), realizaron una fuerte denuncia contra Jiménez Paoli, quien ya se decía "candidato
del gobierno de ésta entidad por instrucciones de la Presidencia y del PRI". Según ellos, se
les habían hecho descuentos exagerados, hasta de 50%, por la exportación de cargamentos,
además, les exigieron que prestaran sus camiones, y aunque se negaron, los vehículos
fueron tomados arbitrariamente, y todo porque Pablo Prats, presidente de la Confederación
Platanera, encabezaba la dirección de esa campaña.
En el fondo los problemas eran porque se identificaba a los candidatos Jiménez Paoli y
Martínez Escobar con el Centro Revolucionario Tabasqueño, considerado de filiación
padillista, pues apoyó la nominación de Ezequiel Padilla para la presidencia del país. Por su
parte, Santamaría no resultaba tan popular debido a sus antecedentes anticatólicos; es decir,
había sido garridista.
Las elecciones se realizaron el 18 de abril, y ese mismo día el licenciado Santamaría
anunció su triunfo con 95% de los votos. Hubo desórdenes protagonizados por los
escobaristas, e incluso un asesinato que el candidato priísta atribuyó a los jimenistas,
además de que varias personas pararon en la cárcel. Pese a todo, el gobernador Noé de la
Flor Casanova (1943-1946) informó que las elecciones se habían realizado pacíficamente y
el pueblo respondió con una calma digna.
Como gobernador, a Francisco J. Santamaría (1947-1952) le tocó inaugurar una obra tan
deseada como esperada para la integración de Tabasco a la nación: el Ferrocarril del
Sureste, que partía desde la estación Allende en Veracruz y, luego de atravesar el territorio
tabasqueño por su costado de tierra dentro, llegaba hasta Campeche. Todavía hubo que
esperar diez años, hasta 1956, para que la carretera del Golfo uniera a Villahermosa con el
resto de la República, después de sortear ríos y pantanos con modernos puentes, cuando era
gobernador Miguel Orrico de los Llanos (1953-1955) y Tabasco se había integrado
definitivamente, en lo político y en lo territorial, a México.
En los primeros días de abril de 1958 esa integración mostraba el camino recorrido y la
eficacia alcanzada. Cientos de telegramas comenzaron a llegar al despacho del presidente
de la República, licenciado Adolfo Ruiz Cortines, para manifestar su apoyo a la candidatura
priísta del licenciado Carlos A. Madrazo para gobernador de Tabasco. Las fórmulas, de tan
perfectas, eran repetitivas por la insistencia sobre el camino recorrido institucionalmente:
Trabajo, honestidad y progreso representa
para Tabasco Carlos Madrazo
Lic. Carlos A. Madrazo significa garantía
a agricultura tabasqueña
Unidad Tabasco asegurada con Carlos Madrazo
Lic. Carlos A. Madrazo firme promesa educación Tabasco
Tabasco en forma entusiasta toma como bandera
a Carlos Madrazo
Sectores revolucionarios Tabasco con Madrazo
Orrico de los Llanos y Carlos Madrazo son para Tabasco
lo que usted y López Mateos para México
Nosotros con Madrazo y Madrazo para Tabasco
Carlos Madrazo es nuestra mejor carta
Ejidos de Tabasco jubilosamente con Carlos Madrazo
Sin embargo, no podían faltar las voces disonantes. Salvador Camelo Soler había
advertido a los compañeros de "[...] mi Partido Revolucionario Institucional [...] La
próxima elección no será ni debe ser contienda de ismos pasados y presentes". Es evidente
que ya sabía que Madrazo, ex líder juvenil de los Camisas Rojas y, por tanto, connotado
garridista, estaba entre los más fuertes aspirantes a la gubernatura. Un grupo de
tabasqueños se manifestaron más o menos en el mismo sentido al pedir al presidente "que
desista de cumplir su capricho" al gobernador, quien desea "heredarle el dominio de
Tabasco al ex presidiario, ex asesino de Coyoacán". Y preguntaban al presidente: "¿Que no
lee usted los periódicos o no le informa su jefe de prensa?" Don Constantino Martínez de
Escobar era probablemente el candidato de ese grupo, porque había tenido varias
adhesiones firmadas ante el presidente de la República. Asimismo, se dijo que cerca de 3
000 personas se reunieron en el parque Juárez con el fin de manifestarse en contra de
Madrazo.
MAPA 5. Plano de 1958 que exhibe orgullosos las vías de comunicación
—incluido el camino pavimentado— que integraron el territorio tabasqueño al resto del país.
(FUENTE: Gobierno del Estado de Tabasco, Geografía de Tabasco)
El candidato era un personaje maduro en la vida política, y su actuación conocida de
varios años atrás. Siempre atrajo la atención, provocando críticas y dando de qué hablar.
Como diputado federal, en 1944 tuvo que solicitar licencia para prescindir de su fuero
constitucional, que dificultaba la investigación sobre un supuesto tráfico de permisos para
los braceros. En un documento intitulado "Mi traición a la Patria", dado a conocer en 1946,
desmintió su participación en ese ilícito que, según el mismo Madrazo, podría aclararse
"[...] cuando el tiempo serene las pasiones y la historia realice el balance de los hombres y
los hechos". Y agregaba que "[...] la terrible corrupción imperante que no tiene paralelo con
ninguna otra de nuestra historia" podría aclararse cuando dejen de estar ocultos "los
verdaderos traficantes en altos puestos del régimen". Aprovechó la oportunidad para
combatir abiertamente lo que consideró el "abyecto" control político de la Cámara de
Diputados.
La actitud crítica de Carlos Madrazo pudo expresarse nuevamente diez años más tarde
cuando, como representante del gobierno de Tabasco en el Distrito Federal, denunció en
Villahermosa, ante el presidente de la República, los estragos de la mortandad infantil
convertida en una "feria de la muerte" por la falta de solución a problemas que el estado
acarreaba desde siglos atrás.
Ya en la gira del licenciado Adolfo López Mateos como candidato del PRI a la
presidencia de la República, el 12 de diciembre de 1957 Madrazo habló de los beneficios de
"[...] la política en su sentido moderno de planeación económica" y de las bondades de un
régimen cuando pueden resolverse las necesidades colectivas.
Quizá adelantado a su propia campaña para la gubernatura, Madrazo dio a conocer sus
puntos de vista sobre el futuro de la producción en Tabasco, organizada con los insumos del
estado mediante una economía dirigida. Consideraba entonces que:
Contando con el petróleo y gas en abundancia y con energía eléctrica futura al realizarse
durante el próximo sexenio las obras de la Cuenca del Grijalva que se iniciarían con las
presas de Mal Paso y de la Angostura, tendremos energía suficiente para crear una industria
de horizonte increíble.
De manera más explícita, y en su carácter de candidato a gobernador, el 20 de abril de
1958 Madrazo daba con una fórmula precisa para definir una de las cuestiones básicas de la
región: el problema de Tabasco, decía, no era agrario, sino agrícola. Pero también
aludiendo a la explotación de los ricos mantos petroleros y a los desajustes
socioeconómicos que desde entonces se manifestaban, pensó conscientemente en el futuro
y, como buen estadista, atinó con mucho a lo que vendría después.
Como era de esperarse, en las elecciones del 6 de julio, Carlos Madrazo fue declarado
triunfador, y el día 23 el Congreso estatal lo consideró gobernador constitucional de
Tabasco para el periodo comprendido entre el 1 de enero de 1959 y el 31 de diciembre de
1964.
En su toma de posesión, de acuerdo con Enrique González Pedrero y Julieta Campos en
Las voces de la naturaleza, esbozó lo que sería su programa de gobierno y su concepción
del estado:
La riqueza de Tabasco se halla al alcance de la mano del hombre. Desde hace centurias el
habitante de esta zona camina sobre ella sin que pueda disfrutarla. Y en pleno siglo XX la
paradoja continúa en el destino de este pueblo. No es culpa de nadie en lo particular; sino
de una mecánica histórica que ya principió a ser rectificada [...]
Dicho gobierno dejó una profunda huella con la introducción de varias reformas
administrativas y, sobre todo, por su insistencia en desarrollar las comunicaciones.
Numerosos caminos y puentes se construyeron para hacer realidad el sueño de unir la
región con el resto del país, como había sido el deseo de generaciones de tabasqueños.
Madrazo no terminó su periodo porque en el último año de su gestión, como para sellar ese
vínculo que se estrechaba entre Tabasco y la Federación, Gustavo Díaz Ordaz lo designó
presidente del PRI nacional.

VII. EL CIERRE DEL CÍRCULO


1. El mito de la productividad

EL MITO DE LA PRODUCTIVIDAD de las tierras del trópico húmedo alentó las


esperanzas y un sinnúmero de proyectos. La marcha hacia el mar impulsada por el
presidente Manuel Ávila Camacho pretendió aliviar la congestión en el centro del país por
la fatiga de las tierras y porque, desde su punto de vista, el porvenir de la producción
agrícola está en las feraces tierras de las costas". Sin embargo, no era exactamente así
porque la destrucción de las selvas continuaba; por ejemplo, el gobernador Noé de la Flor
Casanova (1943-1946) dio parte de una extracción de 11 530 000 metros cúbicos de
maderas preciosas, como la caoba y el cedro. Como era lógico los pastizales aumentaron, y
sólo en la década de 1940 a 1950 pasaron de 20.70% a 30.90%.
Avanzaron las zonas ganaderas y las maiceras, con la polarización que tal crecimiento
provocaba. Por ello, en 1951 el gobierno federal puso en marcha el Plan de la Comisión del
Grijalva para actuar en una zona de 49 900 kilómetros cuadrados, y luego, al integrarse la
cuenca del Usumacinta, aumentó a 86 400 kilómetros cuadrados. Con dicho plan se
pretendía controlar las inundaciones, drenar las áreas consideradas de potencial agrícola,
construir y mantener carreteras para impulsar proyectos de irrigación. No obstante, las
inundaciones de los años 1952, 1955; 1957 y 1958 causaron grandes problemas. Pero era
importante controlar la cambiante ruta hidrológica del río Grijalva, así que el sector público
inició la construcción de la presa Nezahualcóyotl en 1959.
Desde esas fechas, todavía en el régimen de Madrazo cuando se decía que el sureste era la
reserva de México, se comenzó a hablar del Plan Chontalpa, que no pudo despegar sino
unos años después, cuando estuvo a punto de zozobrar en la transición entre el régimen de
Adolfo López Mateos y el de Gustavo Díaz Ordaz. Los trabajos se iniciaron en 1966 con
una primera inversión de 60 millones de dólares. De acuerdo con Fernando Tudela, en La
modernización forzada del trópico húmedo: el caso de Tabasco, el proyecto se ubicó
inicialmente en los municipios de Cárdenas y Huimanguillo, que abarcaban 36 000
hectáreas de la subregión de la Chontalpa, 80% de las cuales estaban dedicadas a los
pastizales y 12% a la agricultura, mientras que el área era habitada por 4 700 familias.
Aunque se propuso un crecimiento regional sostenido, el mejoramiento de las técnicas
agropecuarias y de las condiciones de vida de la población, así como la expansión de la
frontera agrícola, hubo fallas graves que los especialistas detectaron a tiempo. Los
problemas surgieron como producto de una deficiente planeación y de una concepción
limitada del desarrollo del trópico húmedo. Uno de los mayores obstáculos fue el de la
abundancia de agua, porque se habían venido haciendo drenes en diferentes etapas previas
al plan y, sin embargo, no dieron abasto. Ya en 1976 había 1 200 km de drenes, pero ni al
duplicarse esa red se alcanzó el nivel adecuado de desalojo. "Cuando los ríos crecen y
desbordan, una gran parte del estado de Tabasco se cubre de agua, un espacio de cerca de 5
000 km² dentro de la línea de las costas desaparece regularmente bajo la inundación durante
el invierno", cuenta Pedro González en el tomo IV del Trópico rojo, de Enrique Canudas.
El siguiente obstáculo, y probablemente el más importante, fue que los campesinos no
veían con buenos ojos una reestructuración tan rápida de las tierras, y menos estaban
dispuestos a ser reubicados en las 22 unidades ejidales que se crearon en más de 7 000
hectáreas. Este proceso fue acertadamente definido por el mismo Canudas como una
"aculturación digna de los tiempos en que los misioneros unían fuerzas con los
conquistadores. En el lapso de pocos meses, los habitantes de la zona cambiaron de status,
de ubicación, de casa, y hasta de entorno físico. También tuvieron que cambiar su estrategia
productiva".
Fue paradójico el hecho de que la estrategia de crear ejidos haya significado el fin del
trabajo colectivo, tradición que había prevalecido en la región. La explotación platanera y
la ganadera se realizaban en unidades productivas colectivas; quienes poseían una fracción
de terreno eran accionistas y el producto se repartía como dividendo a la manera de una
cooperativa. El usufructo individual de una parcela no era un método conocido en Tabasco
antes de la reforma agraria y, debido a las condiciones climatológicas y de los terrenos, no
resultaba lo más adecuado.
Un claro resultado del Plan Chontalpa fue el mejoramiento de las condiciones de vida de
la población, expresado en una mayor obtención de bienes de consumo duraderos, servicios
de salud y educación, pero la productividad agrícola no tuvo aumentos significativos. Por
ejemplo, los rendimientos en toneladas por hectárea pasaron de 1.2 a 2.5 en la producción
de maíz; de 0.5 a 0.9 en el caso del frijol, de 1.2 a 4.0 en el arroz, y de 0.3 a 0.6 en el cacao;
en cuanto al plátano, resultó diferente, porque pasó de 10.0 a 30.0 toneladas. Y algo que
inicialmente se consideró con un carácter eminentemente agrícola terminó con un mayor
hincapié en la ganadería. Para 1976 el auge platanero y Cacaotero era parte del pasado, del
total de los créditos otorgados por los bancos oficiales, 86% fue refaccionario-ganadero, y
por esos años Tabasco vendía al Distrito Federal más de 700 000 cabezas de ganado
anualmente, lo cual representaba 60% del consumo de carne de la capital. En Tabasco, las
extensas áreas cubiertas con vegetación natural se transformaron en grandes praderas, las
tierras usadas para la ganadería ascendieron a 55%; y con esta actividad se reforzó el poder
político de los ganaderos que, bien organizados, se han convertido en un factor real de
influencia en la entidad. El uso agropecuario y silvícola de los suelos en Tabasco puede
apreciarse en el cuadro 1.

El fracaso de los grandes planes agropecuarios se puso mayormente de manifiesto con la


petrolización de Tabasco, la cual ha disminuido aun más las tierras agrícolas. La existencia
de petróleo fue otro mito que se fomentó ruidosamente desde que, por accidente, el padre
Gil y Sáenz descubrió en Macuspana la existencia del preciado líquido a flor de tierra; pero,
aunque no se explotó rápidamente, como se deduce de los documentos de la Dirección
General de Gobierno, estuvo siempre en el interés de los tabasqueños y de las compañías
extranjeras que, como El Águila y la Water Pierce, y parte de la Sinclair Pierce, iniciaron
sus actividades en la zona. Carmen Greene viuda de Valenzuela reclamó todavía en 1937
derechos sobre la herencia de su esposo José, hijo de Policarpo —el hombre que más tierras
poseyó durante el porfiriato, y de Clara Ramos cuya fama le sobrevivió por un vapor que
llevaba su nombre—, que consistía en terrenos de Tabasco, Chiapas y Campeche que la
familia obtuvo en 1887 por deslinde de baldíos, huecos y demasías. Resulta que el
presidente Cárdenas expidió un decreto por medio del cual se asignaron y destinaron para
exploración y explotación petroleras los terrenos que incluían los solicitados por los señores
Frank A. Lillendahl, pertenecientes a Policarpo Valenzuela. Los descendientes del hombre
más rico de Tabasco pensaron en reconstruir su imperio, pero la herencia solicitada sobre el
líquido que produjera la Administración General del Petróleo Nacional ya no era posible.
La petrolización del estado cobró auge y varios campos se fueron descubriendo, como los
de Fortuna Nacional en 1949, Tortuguero en 1950, José Colomo en 1951; el primero y el
último darían origen en 1974 a la creación de Ciudad Pemex, que generaría más de 30% de
la producción nacional de gas. Surgieron también La Venta, Usumacinta, Almendro,
Santuario, San Román, Tintal, Samaria y Tucán, entre otros. Los pozos en operación fueron
en aumento y dieron lugar a un fenómeno que no se esperaba luego del momento de mayor
riqueza durante el auge de la producción platanera en su carácter agroexportador: el
petróleo se convirtió en la causa de un auge aún mayor. Sin embargo, los ingresos
derivados del petróleo ya no fueron exclusivamente manejados por la entidad, sino por una
de las burocracias más rígidas de la administración pública federal, la de Petróleos
Mexicanos.
Con el descubrimiento de grandes yacimientos petrolíferos en las regiones de Chiapas y
Tabasco en 1973, las reservas del país pasaron de 6 000 millones de barriles en 1975 a 60
mil millones en 1980. En el año de 1974, debido a las nuevas reservas, México pasó de ser
importador de crudo en el primer semestre a exportador en el segundo. La población de
Tabasco creció de tal forma que mientras en 1980 tenía 1 062 961 habitantes, en 1990 llegó
a 1 501 183; en 30 años había aumentado un millón de personas. El crecimiento anual de la
población había sido de 4.2%, en tanto que los alimentos aumentaron apenas a 0.7%,
porque la superficie cosechada disminuyó de 178 000 hectáreas a 164 000. Pero la
producción petrolera pasó de 92 000 barriles diarios a casi 600 000 en sólo 20 años.
La población del estado se concentra en ocho de los 17 municipios, precisamente en los
más dedicados a las explotación petrolera, como Cárdenas, Centla, Paraíso, Comalcalco (el
de mayor crecimiento), Macuspana por Ciudad Pemex, etcétera. De los 19 000 trabajadores
contratados por Pemex en 1980, sólo 41% eran tabasqueños y 59% procedían de otros
estados. Entre ese año y 1983 el número de trabajadores de la industria se incrementó en
83%; poco más de 25 000 personas trabajaban para Pemex. Sólo para dar una idea del
personal empleado, puede decirse que durante el año y medio que duró la construcción del
puerto de altura de Dos Bocas, la empresa ocupó a 20 000 obreros.
Los cambios operados en Tabasco fueron brutales, porque la inversión federal desplazó al
sector primario, que pasó de 11.7% del total en 1977 a sólo 2.2% en 1982. Por el contrario,
la dedicada al secundario, a la industria, aumentó en el mismo lapso de 68.4% a 93.2%. Los
productos tradicionales como el cacao, el plátano y el coco apenas crecieron, pero la caña
de azúcar disminuyó en la mitad entre 1970 y 1983. El grueso de las participaciones
federales pasaron de 16 310 000 pesos a 80 981 000 entre 1970 y 1985.
El auge petrolero tuvo dos grandes consecuencias; por una parte se administró la
abundancia con una imagen falsa del progreso que se expresó en obras monumentales de
índole urbana, las cuales beneficiaron fundamentalmente a Villahermosa, sin que influyeran
directamente en las condiciones de vida de la población; y, por la otra, surgió una nueva
cultura, una nueva dimensión de la economía y de la política que involucró a la sociedad
desde sus cimientos. En septiembre de 1976 surgió un movimiento social que se
autodesignó Pacto Ribereño como resistencia a la arrolladora presencia de Pemex. Sus
integrantes exigían indemnizaciones por la destrucción de tierras ejidales y de pequeña
propiedad, por daños a las propiedades de los finqueros, rancherías y lagunas que afectaban
el sistema ecológico del sureste y tenían repercusiones en la población.
En su original trabajo sobre el Pacto Ribereño, María Guadalupe Velázquez cuenta que
cerca de 7 000 campesinos, habitantes de 19 ejidos y 11 rancherías ubicados en Reforma,
Juárez, Pichucalco, Cárdenas, Huimanguillo y Comalcalco, fueron los primeros en
protestar. Demandaron el pago de 4 123 000 000 de pesos, monto calculado a partir de la
suma de las afectaciones individuales, según expresó Eulogio Méndez Pérez, líder principal
del movimiento. El 20 de noviembre se iniciaron las movilizaciones. Algunos campos
petroleros fueron bloqueados, tomadas tanto baterías de recolección como máquinas
compresoras. Dos días después intervinieron cerca de 2 000 soldados del 17 Batallón de
Infantería de la Trigésima Zona Militar para recuperar las instalaciones. Varios campesinos
fueron encarcelados en la comandancia del campo militar de Atasta, acusados de causar
daños a las vías de comunicación y de provocar pérdidas a la empresa por 1 700 millones
de pesos. Tres días después fueron puestos en libertad 13 de ellos. Fue hasta el año
siguiente cuando Pemex reconoció las afectaciones en un convenio firmado con el Pacto
Ribereño el 25 de octubre, pero en la práctica se negó el carácter legal de la organización
cuando se creó la Comisión Dictaminadora de Reclamaciones del Estado de Tabasco
(Codiret), integrada por Pemex, Sepafin, Secretaría de la Reforma Agraria, la Liga de
Comunidades Agrarias y el gobierno de Tabasco. El Pacto Ribereño quedó fuera de su
posición de reclamante.
Sin embargo, las acciones continuaron en 1978, porque los problemas no se resolvían.
Una declaración del presidente municipal de Paraíso es muy alusiva: "[...] la construcción
de canales y dársenas del complejo portuario de Dos Bocas ha provocado la contaminación
de las lagunas del Arrastradero y Mecoacán junto con la muerte de 90% de la fauna de las
granjas ostrícolas de las cooperativas pesqueras del lugar". Y como la empresa no
solucionaba las demandas, en 1979 campesinos de Jalpa de Méndez bloquearon 19 pozos
en proceso de perforación y la Liga de Comunidades Agrarias insistió en que Pemex no
había cubierto las indemnizaciones por los daños causados.
Un documento, reproducido por Roberto Thompson C. en Conflicto campesinos e
intervención estatal..., fue enviado por la población ejidal de El Carmen al presidente José
López Portillo; en él ejemplifica muy bien sus demandas:
Nuestro ejido que consta de 702-00-00 hectáreas ha sido totalmente destrozado por dicha
empresa [Pemex], localizando pozos, caminos, zanjas para meter tuberías y construyendo
edificios de diferentes tamaños. Las aguas como fuente de abastecimiento para nuestros
animales y nosotros mismos, actualmente se encuentran totalmente contaminadas con capas
de aceite y residuos de los mechones que arden día y noche. La lámina de nuestras casas
habitación, las cercas de alambre de nuestros potreros y los pastizales, todo se termina en
poco tiempo; se nos muere el ganado [...] Caminamos de un lado a otro haciendo saber a
diferentes autoridades tanto agrarias como de la empresa Petróleos Mexicanos, para que se
nos liquide o se nos indemnice todos los daños que han causado a nuestros intereses.
La empresa Petróleos de México es cierto que es una gran riqueza de nuestro país, pero
únicamente para beneficiar a determinadas personas, nosotros los campesinos siempre
hemos sido la parte baja, en donde repercute la humillación y la pobreza y con esto que
antes mencionamos queda de manifiesto una vez más nuestra situación económica que cada
día que pasa nos hacemos más pobres.
Para los afectados, ese tipo de reclamos escritos no cancelaban otras acciones; el 19 de
enero 1981 pusieron en práctica lo que sería probablemente el momento de mayor eficacia
de su estrategia de presión: el bloqueo de los campos. Millares de campesinos participaron
para llamar la atención del gobierno federal y para exigir de manera más terminante a la
empresa el pago de las indemnizaciones. Obstaculizaron primero el paso del Puente Limón
en la zona fronteriza con Chiapas; la carretera de Reforma a Estación Juárez hasta bloquear
el Complejo Petroquímico de Cactus; el área industrial de Reforma; 23 equipos de
perforación, cuatro de reparación de pozos, nueve baterías, cinco estaciones de compresión
y dos plantas de inyección de agua. Al mismo tiempo impidieron la entrada y salida de
personal de la paraestatal.
Pemex, como era de esperarse, denunció los hechos por tratarse de una serie de acciones
que consideró ilegales. Los afectados mostraron los gruesos expedientes de las
reclamaciones hechas a la empresa desde hacía varios años. La presencia de la fuerza
militar estuvo a punto de generar más problemas, pero el gobernador Enrique González
Pedrero escuchó las demandas y prometió que los pagos se realizarían a más tardar en un
mes. Sólo esto frenó las acciones, y los demandantes se retiraron esperanzados.
La cuantificación de los supuestos daños realizada por el Pacto Ribereño seguía siendo la
misma cuando el gobierno local realizó esfuerzos para llegar a una negociación con Pemex;
se supone que en 1982 la empresa pagó 2 050 000 000 de pesos inicialmente y el resto
después, pero problemas de la organización impidieron que las indemnizaciones llegaran
directamente a los afectados. Ignorantes de que la empresa había hecho las liquidaciones,
los campesinos pidieron la renuncia de su asesor jurídico, el licenciado Arturo Acosta
Vega. Eulogio Méndez Pérez, presidente del Pacto y miembro de la Confederación
Nacional Campesina (CNC), declaró que cuando se percató en junio de que habían sido
defraudados, le hicieron una oferta de 7 millones de pesos por su silencio. Nadie supo a
ciencia cierta cuál fue el destino del monto supuestamente pagado por Pemex, pero los
miembros del Pacto insistieron en que no lo recibieron.
El 22 de marzo de 1983, durante una de las movilizaciones más importantes, los dirigentes
del PRI estatal, encabezados por su presidente, el licenciado Andrés Manuel López
Obrador, se reunieron con los representantes del Pacto Ribereño para ofrecerse como
mediadores. Por el rumbo que tomaron las negociaciones es posible suponer que Pemex no
aceptó negociar con la organización y prefirió hacerlo en forma individual con los
afectados.
Sin embargo, el 27 de abril de ese mismo año, el gobernador Enrique González Pedrero
(1982-1987) declaró que, como mediador, pondría en marcha el Programa de Desarrollo de
la Costa de Tabasco (Prodecot) y que Pemex aportaría 1 012 400 000 de pesos para frenar
el deterioro de la zona y para procurar que con la explotación de petróleo los campesinos
fueran los primeros beneficiados.
En este asunto —decía— no puede haber perjudicados, no puede haber ganadores o
perdedores. Se trata simplemente de encontrar el camino para que Pemex haga su trabajo
sin deteriorar los campos y de que los campesinos reciban los beneficios del desarrollo.
Se instalaron tres subcomisiones: la primera de indemnizaciones, la segunda de
reubicaciones, con especial atención en la ecología, y la tercera de desarrollo, para estudiar
la orientación de las inversiones. Pero el gran éxito de la negociación para Tabasco
consistió en que un gobierno estatal había logrado involucrar a Pemex en un sistema de
planeación local. Todo ello fue posible por la intervención directa del presidente Miguel de
la Madrid y por la capacidad negociadora del gobernador. Entre otras decisiones, se
consideró que las reuniones de evaluación y planeación se realizarían cada dos meses,
alternadamente en la ciudad de México y en Tabasco.
Las instalaciones fueron devueltas y Eulogio Méndez Pérez fue prácticamente expulsado
de la CNC, lo cual contribuyó a que la organización del Pacto Ribereño se adhiriera a la
Central Independiente de Obreros, Agricultores y Campesinos (CIOAC). EI movimiento
social se politizó y sus participantes, que habían dejado de ser campesinos para convertirse
en "changos" (trabajadores eventuales de Pemex), pasaron luego a ser desempleados y
encontraron las posibilidades de sobrevivencia —que tantos planes y tanta petrolización les
negaron— en los reclamos que hacían a la empresa paraestatal.
Para 1983 las demandas por afectaciones sumaban 19 608, de las cuales más de 5 000
procedían de la subregión de la Chontalpa. El problema continúa y es uno de los más serios
que enfrenta Tabasco, sobre todo si resulta cierto que las afectaciones involucraban, en el
momento de mayor movilización del Pacto Ribereño, una extensión de más de 14 000
hectáreas; cifra que diez años después pudo haber aumentado significativamente.
Ahora los organismos encargados de resolver los problemas son la Comisión
Interinstitucional de Atención a la Recomendación 100/ 92 (CIAR 100/ 92) y la Comisión
para el Desarrollo de las Zonas Petroleras de Tabasco (Codezpet), las cuales reconocen que
son 80 000 las hectáreas afectadas por los trabajos de Pemex, pero otras fuentes sostienen
que es el doble. Las movilizaciones de campesinos y pescadores han continuado, porque
con esa estrategia han encontrado la posibilidad de recibir sus pagos; aunque éstos se han
hecho en varios casos, se dice que existe corrupción y que las indemnizaciones favorecen a
los partidarios del PRI en una región donde el Partido de la Revolución Democrática (PRD)
ha logrado numerosas adhesiones.
La problemática mencionada no resta la importancia económica que el petróleo ha tenido
para Tabasco y para el país; entre 1973 y 1992 se produjeron alrededor de 4 864 millones
de barriles extraídos de esa región con un promedio de extracción de 666 403 barriles
diarios. El petróleo tabasqueño generó en ese lapso una riqueza de más de 130 000 millones
de dólares, cantidad superior al monto total de la deuda externa al finalizar el régimen
presidencial del licenciado Carlos Salinas de Gortari.

2. Los cambios sociales y culturales


Los años setenta fueron de profundos cambios para Tabasco, no sólo por la petrolización de
su economía y los efectos que dejó, sino porque al término de esa década el censo de
población de 1980 reveló que dos y medio millones de mexicanos mencionaron pertenecer
a una sociedad religiosa no católica. El 12 % de la sociedad tabasqueña manifestó
pertenecer a alguna iglesia de denominación protestante. Si la sorpresa alcanzó a otros
estados del sureste, en Tabasco no ocurrió así, porque ya en 1960 la proporción más alta de
incrédulos se encontraba en ese estado, con más de 1%, mientras la media nacional era
apenas de 0.57%.
Desde luego la historia de la Iglesia católica y de la religiosidad en Tabasco tiene
peculiaridades que no comparte con otros lugares de la República mexicana. No se realizó
una evangelización como la del centro del país, y Tabasco no rechazó a los representantes
de iglesias diferentes con la brutalidad manifestada en otras regiones. La sociedad y los
políticos tabasqueños fueron más tolerantes hacia ellas que con la Iglesia católica y,
probablemente, como en ninguna parte, la intención política liberal de crear una Iglesia
católica reformista, leal al gobierno, tuvo una excepcional acogida.
Pero la idea de una Iglesia de Estado sólo tomaría cuerpo durante el difícil periodo
garridista, que se pretendió plural y terminó siendo autoritario y drástico respecto de las
preferencias religiosas de sus coterráneos. Los grupos religiosos no católicos fueron los
menos afectados durante esa larga noche de la intolerancia, quizá porque estaban
fuertemente insertos en la sociedad, o tal vez porque su prédica pareció más moderna y, por
lo tanto, vinculada al progreso, al cientificismo, al liberalismo y al racionalismo que
dejaron ver los impulsores de los nuevos vínculos asociativos. Tal vez la percepción de los
masones del siglo XIX fue importante en la aceptación de los presbiterianos que desde
entonces construían iglesias por los rumbos de la Chontalpa.

Contrarias al tradicionalismo y a la escolástica jesuítica, las sociedades modernas


buscaron la alternativa religiosa, incluyendo la esfera educativa y por supuesto la política
como caminos de acceso al universo de la modernidad, y recibieron la influencia tardía del
iluminismo, como la individualidad ciudadana heredada de la Revolución francesa y el
democratismo por la vía de los Estados Unidos, de donde también llegaba con fuerza el
puritanismo.
La reacción de la Iglesia católica fue de hostilidad, y cómo no había de serlo si en México
perdía terreno conforme se expandía la herencia jacobina de los liberales del XIX, primero,
y de los de la Revolución, después. Así, la diáspora de creencias religiosas se reforzó luego
de la cruenta lucha entre la Iglesia católica y el Estado entre 1926 y 1929, así como con el
cambio que se desató a partir de los años cuarenta. En un país definido tradicionalmente
como católico, apostólico, romano y guadalupano, sólo el Tabasco de Garrido Canabal —
entre otros estados anticlericales— extendió su sombra más allá del periodo de los callistas.
Las nuevas creencias religiosas crecían soterradamente. Cómo mostrarse en forma abierta
en un ambiente de intolerancia tanto del Estado como de la misma Iglesia católica, aunque
esta última institución ha albergado una corriente que, a partir del Concilio Vaticano II y de
los documentos de Medellín y Puebla, ha desarrollado un trabajo intenso en Tabasco con la
organización de las comunidades eclesiales de base:
Cuentan con una nueva y vigorosa evangelización que tiene presente el compromiso con
la realidad de su pueblo necesitado; están dispuestos a denunciar injusticias y atropellos a
los derechos del pueblo, y buscan una espiritualidad y una teología encarnadas en la
historia.
Este sector de la Iglesia católica ha denunciado la existencia de grupos de poder políticos
y económicos, como se desprende del documento La comunidad eclesial de base dice su
palabra, así como la influencia negativa de la industria petrolera, los desajustes en los
costos de la vida, el deterioro e inutilización de tierras de cultivo y los accidentes, entre
otras cuestiones. Ha participado en la organización de organismos no gubernamentales
(ONG) que trabajan en favor de los derechos humanos.
Pueden distinguirse en Tabasco 32 grupos religiosos no católicos, agrupados en cuatro
tipos:
a) El protestantismo histórico, en el cual destacan la iglesia Evangélica Nacional
Presbiteriana, con 165 congregaciones, y la Baustista con 24.
b) El protestantismo pentecostal, que concentra a las dos quintas partes (38.3%) de los no
católicos, y que se agrupan en las iglesias de la Asamblea de Dios, la de Dios del Evangelio
Completo y la Apostólica de la Fe en Cristo Jesús.
c) El protestantismo de santificación, con las iglesias adventistas del Séptimo Día, la más
destacada, que cuenta con 79 congregaciones.
d) El protestantismo disidente cuenta con las denominaciones más importantes de Testigos
de Jehová y la de los Santos de los Últimos Días (mormones).
La otra sorpresa, pero vinculada a la peculiar historia de la religiosidad en Tabasco, fue
que el líder del Pacto Ribereño, Eulogio Méndez Pérez, era pastor de la Iglesia
presbiteriana. Quizá sin vínculo con su paisano del mismo apellido, don Gregorio Méndez,
oficiaba en el mismo ritual introducido por él un siglo atrás. Pero entonces la correlación
entre católicos y protestantes se había invertido, porque independientemente del número de
feligreses, había en Tabasco 925 templos católicos y 1 651 dedicados a denominaciones
protestantes.
En julio de 1981 los adventistas del Séptimo Día realizaron una convención en el parque
"Tomás Garrido Canabal", y al pie de la escultura que lo representa, de pie y con la mirada
decidida, se reunieron cerca de 2 500 personas; desde entonces, ese lugar emblemático
sigue siendo el centro preferido de sus reuniones. En septiembre del mismo año el
predicador William Graham logró reunir en el estadio de beisbol a más de 5 000 de sus
seguidores; le han seguido Yiye y William Soto Santiago.
Todas esas evidencias coinciden con los datos, porque sólo entre 1970 y 1980 la población
protestante en Tabasco aumentó de 70 185 personas a 148 757, lo cual significa un
crecimiento de 110%, mientras que la población católica sólo aumentó 25%. Los
municipios de Huimanguillo, Cárdenas, Centro y Comalcalco reúnen el mayor número de
templos no católicos, entre los cuales destacan 544 de los presbiterianos, 410 de los
adventistas del Séptimo Día, 214 de pentecostales y 142 del evangelio completo.
Hay quien hace coincidir —como José Eduardo Beltrán— esta explosión de las iglesias no
católicas con la secuela del auge petrolero, pero no deja de señalarse que
El vertiginoso ascenso del protestantismo es la mejor prueba de que estas religiones se han
compenetrado de las necesidades y aspiraciones de la población; es decir, son funcionales
en el contexto tabasqueño. Sin embargo, toda religión trae consigo una ideología, la cual
condiciona las actitudes de sus practicantes e influye en su comportamiento. De ese modo,
el crecimiento del protestantismo en la Chontalpa es un elemento digno de tomarse en
cuenta en el aspecto ideológico del conflicto entre los campesinos y Pemex, aun cuando las
iglesias, como tales, no hayan participado.
No obstante, suponer que esa ideología difundida puede ser una expresión de la
penetración extranjera es una posición muy limitada porque, según Gilberto Giménez en
Sectas religiosas en el sureste..., existe también "un transfondo de protesta contra la rigidez
estructural de las iglesias". Esta idea concuerda bien con la Iglesia católica, que en general
no tuvo una respuesta frente a la nueva percepción religiosa, más abierta y acorde con los
tiempos de la pluralidad social y política.
Ahora es fácil encontrar en Tabasco funcionarios públicos y profesionistas adscritos a
iglesias no católicas. Un caso por demás paradigmático es el de Lenin Falcón, quien fuera
líder de la sección XXVI del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República
Mexicana (STPRM) y presidente municipal de Macuspana de 1983 a 1985; apoyado por
Fidel Velázquez, fue asesinado más tarde por el bando contrario, el del grupo más poderoso
que ha tenido ese sindicato. Pero, por otra parte, entre los sobrevivientes del garridismo se
encuentran personas que renegaron del catolicismo, pero no de otra forma de religiosidad;
ellos son evangelistas o presbiterianos.
Es curioso que de la intolerancia que predominó en esa época se pasara a la pluralidad
religiosa que vive Tabasco en la actualidad y que, pese a las diferencias, la identidad como
tabasqueños no parece alterada. La época de Garrido, con su persecución religiosa, abrió el
camino a las otras iglesias, pero el momento actual también es producto de las formas de
evangelización y de la escasa presencia de la Iglesia católica en la zona. Ésta participó en la
conquista de su territorio abriendo el círculo que ahora se cierra y que, en lugar de una sola
creencia, asume múltiples prédicas cuya importancia no se previó, como tampoco es
previsible un futuro sin tolerancia y sin pluralidad.

3. El futuro nos alcanzó


Tabasco llega al final del siglo marcado por varios conflictos desarrollados en los últimos
veinte años y cuyos alcances son aún difíciles de prever. Se trata de una combinación de
variables económicas, sociales y culturales amarradas con el grueso lazo de la política,
convertido ya en un nudo ciego.
La integración, tan esperada como deseada, para asumir el ritmo de la política nacional,
llegó cuando México comprometió su envidiable estabilidad en aras de proyectos
gubernamentales cuyas consecuencias no fueron pensadas. Como una paradoja terrible,
justo cuando la transición democrática tomó mayores bríos, la crisis política se agravó.
Luego de la salida del gobernador González Pedrero en 1987 para participar en la
campaña presidencial de Carlos Salinas de Gortari, algo cercano al caos sustituyó lo
cotidiano y ninguna figura política pareció contar con las capacidades requeridas para estar
a la altura de las circunstancias actuales de la sociedad. Esto contribuye a explicar por qué
en seis años Tabasco ha tenido tres gobernadores y por qué la hegemonía gubernamental,
previamente construida, se encuentra en entredicho.
La década de los ochenta se distinguió por el despertar de las regiones, y Tabasco no se
sustrajo a esa tendencia general, vinculada a la crisis con la que se inauguró, y luego a los
reclamos democrático-electorales. El PRI había demostrado su incapacidad como el
organismo aglutinador que fue. Una de las más fuertes evidencias de ello surgió con la
escisión que hizo de las elecciones presidenciales de 1988 los comicios más competidos en
la historia nacional. La personalidad del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas demostró al
mismo tiempo la posibilidad de establecer una oposición diferente a la del Partido Acción
Nacional (PAN). Surgió así el PRD como una opción que, por lo demás, dio cierta
coherencia a una izquierda muy debilitada, pese a su presencia indiscutible en la historia
nacional.
En Tabasco, la dinámica electoral no se sustrajo a las tendencias generales del país, y la
oposición comenzó a tomar importantes iniciativas en un contexto favorecido por los
cambios sociales de los últimos años. Al calor de esos acontecimientos fue forjándose en la
política Andrés Manuel López Obrador, quien, después de haber ocupado varios cargos
oficiales, representó al PRD en las elecciones gubernamentales que dieron el triunfo a
Salvador Neme Castillo en 1988. Sin embargo, un grupo importante de tabasqueños no
creyó en la limpieza de las elecciones e impugnó esa decisión.
Lo que entonces ocurrió en Tabasco fue difícil para todos, porque hubo una
desarticulación de la clase política y un desarreglo con la Federación; en ese momento las
negociaciones respecto a las participaciones económicas resultaron desfavorables para el
estado, después de los acuerdos realizados por el gobierno anterior.
En un contexto de movilización general que encontraba un pretexto excelente en las
querellas de los campesinos y pescadores afectados por la explotación de petróleo y la
empresa paraestatal Pemex, el proceso para elegir a los ayuntamientos en los 17 municipios
de la entidad, así como a los diputados locales, el 17 de noviembre de 1991, dio lugar a un
extenso movimiento. Los organismos denominados Acuerdo Nacional para la Democracia
(Acude) y Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia (Covergencia)
aportaron 400 observadores electorales que lograron cumplir su cometido en 322 casillas,
que representaban 22% de las instaladas en el estado.
Los cómputos oficiales dieron el triunfo al PRI en todos los municipios y en las
diputaciones de mayoría relativa, provocando la protesta de ciudadanos simpatizantes y
adherentes del PRD, para quienes los resultados en los municipios de Cárdenas, Nacajuca,
Jalpa, Teapa y Centla estaban en entredicho. Se dijo que en el primero de los municipios
aludidos, las listas nominales sólo incluyeron 46 000 ciudadanos de los 71 000 con derecho
a voto.
Las anomalías denunciadas dieron lugar a lo que sería el hecho decisivo para la oposición
perredista y la consolidación del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. El
movimiento tomó la iniciativa de marchar de Villahermosa al Distrito Federal en lo que se
llamó el Éxodo por la democracia. Miles de personas salieron entusiasmadas para recorrer
más de 1 000 kilómetros y realizar una entrada apoteótica a la ciudad de México, donde
fueron recibidas en enero de 1992 por el doctor Salvador Nava Martínez, ex alcalde de San
Luis Potosí y figura paradigmática de los movimientos civiles de ese corte que previamente
había organizado la Marcha de la dignidad para impedir la imposición de un gobernador;
por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, ex candidato presidencial y líder nacional del PRD,
y por la incansable luchadora Rosario Ibarra de Piedra, entre otros.
López Obrador asumió en esa ocasión su liderazgo nacional y, aunque no hubo reacciones
inmediatas, la toma simbólica del zócalo de la ciudad de México por los tabasqueños
repercutió más adelante en la caída del gobernador para dar lugar al interinato de Manuel
Gurria Ordóñez (1992-1994). Un movimiento civilista de composición pluriclasista, e
incluso con participantes de diferente ideología había demostrado sus efectos una vez más
en el país y, sobre todo, exhibió una oposición estructurada cuya presencia marcaría los
años siguientes.
Se abrió entonces un periodo que aún no concluye, en el que los alineamientos políticos
quedaban bien marcados; incluso coincidirían en sus reclamos a la Federación, aunque con
perspectivas diferentes. Fue el momento en que el levantamiento del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional del 1º de enero de 1994 en Chiapas marcó definitivamente a Tabasco,
con el que ese estado comparte fronteras y pasajes comunes de su historia. Juntos, e
incluyendo a Campeche, los tres estados producen más de 90% del petróleo extraído del
subsuelo, 30% de la energía eléctrica, y los recursos naturales más abundantes del país.
Pero la política neoliberal asumida por el Estado también afectó a Tabasco, porque los
casi 40 000 trabajadores expulsados de Pemex y la facilidad que los grupos más poderosos
tenían para los negocios provocó problemas como el escándalo del grupo encabezado por el
empresario de nuevo cuño Carlos Cabal Peniche. Con una historia novelesca, en pocos años
compró hoteles, productoras y distribuidoras de frutas, frigoríficos y flotillas de camiones,
además de otros negocios, hasta que logró, asociado con políticos y empresarios locales y
nacionales, comprar al Estado la Banca Cremi, que convirtió en Banco Unión.
Se trataba de un hecho inusitado, porque desde los años cincuenta no había antecedentes
de un organismo bancario con evidente asiento regional. La banca, por lo general, buscaba
sustentar los negocios de empresas nacionales asociadas en parte al acontecer económico
del Distrito Federal y con ambiciosos proyectos, más allá de las fronteras del país. Cabal
cumplió aparentemente con el segundo requisito, pero sin aceptar subordinarse a las
autoridades hacendarias. Según los empresarios locales que lo acompañaron en la aventura,
tenían evidencias de la indisposición de los grupos de vocación centralista que no
aceptaban el surgimiento de un grupo regional con asiento en el sureste.
Independientemente de la veracidad del argumento, hay antecedentes de bancos que
surgieron para satisfacer las actividades financieras de los grupos poderosos de Nuevo León
y de Chihuahua, por citar solamente a unos.
Las versiones soterradas comenzaron a circular. Se hablaba de la formación de un capital
cuyo origen no era suficientemente claro. Cuando el 5 de septiembre de 1994 el Banco
Unión fue intervenido, y Cabal acusado por las autoridades financieras del país de realizar
"actividades ilícitas", su respuesta fue que sólo se trataba de suposiciones calumniosas.
Luego, en una carta enviada al diario nacional El Financiero en su edición del 3 de
noviembre de 1994, sin dejar pistas de su paradero, explicó que la medida respondía al
hecho de que:
Por actuar de manera independiente me gané la enemistad y el rencor de los representantes
de los sectores más cerrados y conservadores del país, que nos veían con arrogancia y
consideraban a nuestro Grupo del Sureste como un conjunto de provincianos incapaces y
sin preparación.
Por alguna razón, diferentes versiones consideran que la operación más irritante de las
emprendidas por Cabal fue la compra del poderoso grupo agroindustrial Del Monte y Del
Monte Fresh, porque una cosa era realizar actividades económicas internamente, y otra muy
diferente aspirar a competir internacionalmente en un área con la cual los tabasqueños están
familiarizados históricamente. La torre empresarial que el grupo Cremi-Unión comenzó a
levantar a partir de un vetusto edificio que por años permaneció a medio construir desafió
cual nueva Torre de Babel a los más poderosos y, por aspirar a llegar tan alto, sus
constructores fueron castigados y ya no se entendieron. La metáfora llegó hasta la política y
el priismo local consideró que la actuación del secretario de Hacienda fue de
"hostigamiento" contra el banquero Cabal Peniche y, desde esa perspectiva, Pedro Aspe no
podía convertirse en "juez" del caso.
En plena campaña para elegir gobernador de la entidad, y en medio de una crisis política
nacional reforzada con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del
PRI, el asunto Cabal tendría fuertes repercusiones porque, hasta cierto punto, exacerbó las
posiciones entre los grupos al radicalizar las posturas de los priístas hacia dentro y hacia
fuera de la entidad.
El proceso electoral se desarrolló en un escenario por demás complejo donde estaban las
disputas locales y las querellas con la Federación. La polarización interna fue reforzada por
el conflicto que se viene arrastrando con Pemex desde los años setenta. En los primeros
días de septiembre de 1993 campesinos y pescadores de 36 comunidades de la zona costera
de los municipios de Cárdenas y de Huimanguillo, informaba el diario La Jornada el día 7,
retuvieron a varios trabajadores de la Comisión Interinstitucional para Atención a la
Recomendación 100-92 (CIAR-lOO), para exigir los pagos de las indemnizaciones. En el
supuesto acto ilícito estuvieron involucrados miembros del PRD, contra los cuales la
Procuraduría de Justicia del estado ejerció acción penal, y junto con la Dirección de
Seguridad Pública "rescataron" a los supuestos "secuestrados". El problema de las
indemnizaciones había provocado ya la intervención de la Comisión Nacional de Derechos
Humanos (CNDH), y su recomendación del 21 de mayo de 1992 falló en favor de los
demandantes.
Las reacciones ante el incumplimiento de Pemex ha generado muy diversas acciones,
coincidentes con la táctica de bloquear los pozos petroleros. Desde luego, se ha convertido
en una estrategia política usada con demasiada frecuencia, e incluso ha rebasado la
problemática que le dio origen para convertirse en un elemento de presión encaminado a
resolver diferencias. Y así fue utilizada por el PRD en la campaña por la sucesión
gubernamental de 1994, sobre todo cuando los resultados oficiales no le favorecieron.
Sin embargo, la crisis fue el pivote ideológico de la campaña que anteponía
principalmente como contendientes a Roberto Madrazo por el PRI y a Andrés Manual
López Obrador por el PRD. Cuando comenzó a sentirse en el estado el adelgazamiento de
Pemex entre 1990 y 1992, cayeron los precios del plátano, del cacao, de la carne y de otros
productos agropecuarios. Jaime Avilés preguntaba desde el diario El Financiero del 28 de
abril de 1994:
¿A dónde fue a dar el porcentaje que tocaba a Tabasco, de 4 864 millones de barriles de
petróleo crudo que Pemex extrajo de aquí entre 1973 y 1992 por un valor global de 130 000
millones de dólares, cifra superior a la deuda externa de México.
Por otra parte, cuando Salvador Neme Castillo dejó la gubernatura en 1992 heredó un
déficit de 800 000 millones de pesos, dando al traste con las negociaciones que el estado
había realizado con la Federación. Una de las consecuencias de lo anterior fue que Tabasco
dejó de ser reserva estratégica de los votos del PRI, aunque en 1991 el PRD apenas había
logrado conquistar un municipio importante, el de Cárdenas, cuyo ayuntamiento fue
presidido por el doctor Carlos Wilson Gómez. Tres años después alcanzó cuatro municipios
y logró llevar a la Cámara de Senadores a Auldárico de los Reyes, un poeta vinculado en
forma directa a los chontales de Tabasco.
A una campaña reñida por la gubernatura siguieron acciones rudas después de declararse
oficialmente el triunfo del candidato priista. Las movilizaciones que vinieron, así como las
negociaciones, aparentemente sin éxito, entre los grupos políticos involucrados y entre
Tabasco y el gobierno federal, mostraron la fragilidad de los procesos institucionales en una
sociedad lesionada por los conflictos, por las carencias, por la desconfianza y por la
dificultad del tránsito a la democracia, como se vive en todo el país.
El futuro llegó a Tabasco como a México: con fuertes transformaciones sociales, políticas,
económicas y culturales, dejando en los mexicanos sólo una profunda esperanza ante los
cambios, que cada vez resultan más necesarios.

Cronología

1518 El 18 de junio, Juan de Grijalva descubre la desembocadura de un gran río al cual le


da su nombre.
1519 El 12 de marzo, Hernán Cortés, al mando de su armada, inicia la conquista de
Tabasco. Enfrenta a la población nativa en la batalla de Santa María de la Victoria.
1527 El obispado de Yucatán incluye a Tabasco en su región.
1545 En su viaje a Ciudad Real, fray Bartolomé de las Casas visita Tabasco.
1560 La Audiencia de la Nueva España asume la jurisdicción definitiva sobre Yucatán,
Tabasco y Cozumel.
1666 Se traslada la capital de la provincia de Tabasco a Tacotalpa.
1712 Al levantamiento de los tzeltales sigue una fuerte represión.
1727 Se escuchan rumores de una nueva rebelión, vinculada con la aparición de la virgen
de Bachajalón.
1776 Se erige la ermita del Señor de Esquipulas en Villahermosa.
1782 El 30 de agosto, se inunda Tabasco a consecuencia de lo que se conoció como el
diluvio de Santa Rosa.
1805 El 27 de mayo, los párrocos realizan una "rogación general" contra la carestía que
vivía la provincia.
José Eduardo de Cárdenas obtiene el nombramiento de vicario in cápite y juez
eclesiástico.
1808 Como consecuencia de la invasión napoleónica a España, Carlos IV abdica en
favor de su hijo Fernando VII.
1810 El 29 de enero, se convoca a las Cortes de Cádiz.
1811 El 24 de julio, Cárdenas presenta ante las Cortes la Memoria a favor de la
provincia de Tabasco.
1815 Los aires de la independencia llegan a Tabasco.
1816 El 12 de febrero, el infidente Atanasio de la Cruz toma Huimanguillo.
El 5 de marzo, los partidarios del virrey Félix María Calleja preparan los dispositivos para
hacer frente a los rebeldes tabasqueños.
1821 El 31 de agosto, Villahermosa es tomada por los criollos; la independencia es
proclamada el 7 de septiembre, cuando se jura el Plan de Iguala.
1822 Manuel María Leyton declara emperador a Agustín de Iturbide en la Plaza Mayor
de Villahermosa.
1824 El 14 de enero, Tabasco asume la forma de gobierno republicano, popular y federal.
1825 El 5 de febrero, se proclama la primera constitución política del estado de Tabasco.
1826 El 27 de octubre, San Juan Bautista es elevada al rango de ciudad.
1827 Tras frustrados intentos por recuperar antiguos fueros, se decreta en el estado la Ley
de expulsión de los españoles, la cual se aplicará en los años subsecuentes.
1829 A finales de octubre, el centralismo se impone en Yucatán repercutiendo en toda la
región del sureste.
1830 Los tabasqueños se adhieren al Plan de Jalapa y un ejército de 300
campesinos, procedente de Yucatán, llega al estado, hecho que se conoce como la primera
invasión de los chenes.
1831 Nueva intervención de Yucatán, desde su guarnición en Campeche, da lugar a la
segunda invasión de los chenes.
1835-1836 Se publican Las Siete Leyes como fundamento del régimen centralista.
1841 El Congreso tabasqueño decide separarse de la República mientras no se desligue
de los centralistas.
1846 El 21 de octubre, se inicia la invasión de Estados Unidos, día en que llegan sus
barcos a la desembocadura del Grijalva.
1847 En junio, cae Villahermosa, después del asedio de los estadounidenses que
dura 35 días.
1848 El 28 de febrero, la paz llega al país con la firma de los Tratados de Guadalupe
Hidalgo.
1854 El 1º de marzo, comienza la Revolución de Ayutla y es secundada de inmediato en
Tabasco.
1857 El 5 de abril, la Carta Magna de los liberales es jurada en San Juan Bautista.
1862 Las tropas francesas toman posiciones ante los continuos ataques de las guerrillas.
1863 El 7 de enero, los franceses se posesionan del Puerto de Veracruz, y el
primer buque de guerra fondea en el puerto de Frontera.
1864 El 27 de febrero, los invasores abandonan el suelo tabasqueño, dos años antes de
su retirada definitiva de México.
1872 El 18 de julio, el presidente Benito Juárez muere, dejando abierta la pugna por la
sucesión.
1877 El 5 de mayo, Porfirio Díaz inicia su primer gobierno constitucional. En Tabasco se
intercambian en el gobierno Simón Sarlat Nova y Abraham Bandala.
1878 La Casa Bulnes establece el primer contrato de transporte fluvial con el gobierno
federal.
1880 El 25 de mayo, se crea la diócesis de Tabasco que la independiza de la de Yucatán.
1881 Se establece el servicio telegráfico para comunicar San Juan Bautista con la capital
del país.
1883 La autorización a colonos nacionales y extranjeros para ocupar terrenos baldíos
repercute en las grandes concentraciones de tierras en Tabasco.
1896 Se implanta el presbiterio del golfo de México para organizar la Iglesia
presbiteriana en el sureste de México.
1904 Se establece en la Chontalpa el primer club liberal.
1906 Se inicia la publicación de la Revista Tabasco.
1909 Se funda en Huimanguillo el Club Antirreleccionista.
Ignacio Gutiérrez se levanta en armas contra la dictadura en la Chontalpa.
1910 El 6 de abril, los revolucionarios toman Huimanguillo.
1911 El 21 de abril, muere Gutiérrez en compañía de otros revolucionarios.
Madero visita San Juan Bautista en septiembre.
El 8 de diciembre, se reinicia el movimiento revolucionario.
1913 Luego del asesinato del presidente Francisco I. Madero, se lanza el grito de
rebeldía contra Victoriano Huerta desde Cárdenas.
1914 Los revolucionarios de la Chontalpa y de los Ríos entran en la capital del estado.
Carlos Greene es gobernador a partir del mes de octubre.
1915 El Primer Jefe Venustiano Carranza envía a Tabasco a Francisco J. Mújica, como
representante del constitucionalismo, en el mes de septiembre.
1919 El 10 de marzo, Carlos Greene toma posesión como gobernador constitucional.
1922 Tomás Garrido Canabal triunfa en el enfrentamiento contra su primo José
Domingo Ramírez Garrido y es electo gobernador el 21 de agosto.
Al finalizar el año, Pascual Díaz y Barreto es nombrado VI obispo de Tabasco.
1923 Se inicia la rebelión delahuertista.
1924 El 10 de enero, Villahermosa es tomada por los infidentes, encabezados por Carlos
Greene y Fernando Segovia.
En junio, los obregonistas liberan la capital estatal, último reducto de los rebeldes.
El 23 de julio, se publica el primer número del diario Redención.
1926 En las elecciones, al finalizar el año, Garrido Canabal impone a Ausencio C. Cruz
como su sucesor.
1929 Los antigarridistas se organizan para participar en las elecciones, pero por
segunda ocasión en el régimen constitucional Garrido Canabal es electo gobernador.
1931 El 27 de abril, los antigarridistas exiliados en el Distrito Federal dan a conocer el
Plan de Tonalá.
1932 Los "cruzados", como designó la prensa a los enemigos de Garrido, participan en
las elecciones legislativas.
1934 El 30 de noviembre, el general Lázaro Cárdenas toma posesión como presidente.
En una jira previa por Tabasco le llama: el laboratorio de la Revolución mexicana. Garrido
es nombrado secretario de Agricultura.
1935 El 16 de junio, renuncia el gabinete en pleno y Garrido vuelve a Tabasco,
para salir definitivamente del país el 10 de agosto.
1938 Manuel Bartlet Bautista y Francisco Trujillo Gurría se enfrentan por la
gubernatura, resultando electo el segundo.
1939 Los bienes de la empresa Southern Banana Corporation son nacionalizados.
1945 Numerosos tabasqueños expresan su sentir en favor de la candidatura de Miguel
Alemán para presidente.
1946 De las elecciones en Tabasco, resulta electo gobernador Francisco J. Santa María.
1951 Se pone en marcha el Plan de la Comisión del Grijalva.
1956 Villahermosa queda unida por tierra al país por la carretera del Golfo.
1957 Fuertes lluvias provocan inundaciones con graves consecuencias sociales.
1958 Se abre el camino para la candidatura de Carlos Madrazo, quien resulta gobernador
electo el 6 de julio.
1959 Se inicia la construcción de la presa Nezahualcóyotl para contener la cambiante ruta
del Grijalva.
1966 Comienzan los trabajos del Plan Chontalpa.
1973 Se descubren grandes yacimientos petrolíferos en Tabasco.
1974 Se crea Ciudad Pemex, que genera más de 30% de la producción de gas nacional.
1976 Por medio del movimiento del Pacto Ribereño, los campesinos exigen
indemnización a Pemex por las tierras y mantos acuíferos afectados.
1980 Pemex mantiene una planta de trabajadores que llega a ser de 25 000 empleados.
El censo de ese año revela el alto porcentaje de población protestante en el estado.
1982 Enrique González Pedrero es electo gobernador.
1988 Salvador Neme Castillo es gobernador al reconocérsele el triunfo sobre su
principal opositor, Andrés Manuel López Obrador.
1994 En una de las elecciones gubernamentales más competidas que ha tenido el país,

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