Índice
1Prehistoria
2Edad Antigua
o 2.1Mesopotamia
o 2.2Egipto
o 2.3Grecia
o 2.4Roma
o 2.5Íberos
3Edad Media
4Islam
5India
6China
7Japón
8Sudeste asiático
9América precolombina
10África
11Oceanía
12Edad Moderna
o 12.1Siglo XVI
o 12.2Siglo XVII
o 12.3Siglo XVIII
13Edad Contemporánea
o 13.1Siglo XIX
13.1.1Neoclasicismo
13.1.2Romanticismo
13.1.3Época victoriana y alta costura
o 13.2Siglo XX
13.2.1Belle Époque
13.2.2Período de entreguerras
13.2.3Glamour y vanguardismo (1945-1970)
13.2.4La era del individualismo (1970-2000)
o 13.3Siglo XXI
14Véase también
15Notas
16Referencias
17Bibliografía
18Enlaces externos
Prehistoria[editar]
El ser humano prehistórico se cubría con pieles de animales
La historia de la indumentaria comienza con la aparición del Homo sapiens, que en
principio se cubrió de pieles de los animales que cazaba. Durante el Paleolítico el ser
humano vivió una época de glaciación, por lo que el motivo principal de cubrirse era
protegerse del frío. Tras cazar al animal y procurarse su piel, se encontraba con dos
problemas fundamentales: hacerla flexible, ya que al secarse la piel se endurece; y darle
forma, para adaptarla a los movimientos del cuerpo. El primero se solucionó inicialmente a
través de la masticación o humedeciendo la piel y golpeándola con un mazo, hasta que se
descubrió que aplicando aceite o grasa de ballena la piel se mantenía suave y flexible.
Otra solución descubierta en esta época fue la aplicación de ácido tánico procedente de la
corteza de algunos árboles, especialmente el roble y el sauce, que además de flexibilidad
proporcionaba impermeabilidad. El siguiente paso era darle forma, para lo que fue
fundamental el invento de la aguja de coser, un adelanto que antropólogos e historiadores
comparan con la invención de la rueda y el dominio del fuego. Confeccionadas con huesos
de reno, marfil de mamut o colmillos de focas, existen vestigios arqueológicos de estas
agujas desde hace 40 000 años. Las agujas permitían coser pieles unas con otras y
confeccionar prendas con formas adaptadas al cuerpo. Algunas de estas técnicas aún se
emplean, en pueblos como los esquimales.13
En el Mesolítico y Neolítico el clima empezó a templarse y, en algunas zonas tropicales,
las pieles se fueron sustituyendo por materiales más ligeros, basados en fibras animales y
vegetales. Una de las primeras técnicas utilizadas para tratar las fibras fue el afieltrado,
surgido en Asia Central, consistente en peinar la lana o el pelo de animales, humedecerlos
y colocarlos en hileras sobre una esterilla que luego se enrolla y se golpea con un palo,
con lo que se unen las hebras y resulta un fieltro flexible y duradero, que se puede cortar y
coser fácilmente. Otro método, intermedio entre el afieltrado y la tejeduría, consistía en
cortar tiras de corteza —sobre todo de higuera o morera— que, una vez remojadas, se
colocaban en tres capas —la central a contraveta— y se golpeaban con un mazo; una vez
unidas las hebras se les aplicaba una capa de aceite. La última técnica y más efectiva fue
el tejido, elaborado con fibras animales o vegetales mediante el entrecuzamiento
de trama y urdimbre. Entre las fibras animales la más empleada fue la
de oveja en Europa y Asia, y la llama, la alpaca y la vicuña en América; entre las vegetales
destacan el lino, el cáñamo y el algodón.14
Tras el desarrollo de las diversas técnicas para elaborar prendas fueron surgiendo las
diversas tipologías de indumentaria: la más sencilla parece haber sido una tela enrollada
alrededor de la cintura en forma de falda. El siguiente paso fue probablemente una tela
que cubriese los hombros, sujeta con una fíbula. Estas telas eran drapeadas, es decir,
enrolladas en torno al cuerpo sin adaptarlas a la fisonomía del cuerpo, lo que fue el
principal tipo de indumentaria hasta época romana. En cambio, los pueblos nómadas de
las estepas asiáticas, que vivían en climas más fríos, fueron los que desarrollaron las
prendas más adaptadas al cuerpo, con mangas en las prendas superiores
y pantalones para cubrir las dos piernas por separado, una prenda que facilitaba montar
a caballo, algo indispensable en estos pueblos que recorrían grandes distancias en sus
cabalgaduras.15