MATERIAL DE APOYO – UNIDAD I
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1. El juicio ordinario civil
Para comenzar el estudio de esta unidad, es importante partir de la idea de
que “de acuerdo con la generalidad o especificidad de los litigios que
resuelven, los juicios suelen clasificarse en ordinarios, cuando a través de
ellos se conoce de la generalidad de los litigios, y especiales, cuando se
establecen sólo para determinado tipo de litigios” (Ovalle, 2014, p. 39).
1.1. Definición
Precisado lo anterior, se hace notar que en esta asignatura se estudiará
únicamente el juicio ordinario civil, por lo que es imprescindible partir de
una definición de juicio civil, con la finalidad de distinguir este tipo de
proceso de otros, como el mercantil, el laboral, el administrativo y el penal.
Al respecto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (2009, p. 9) señala lo
siguiente:
(…) el proceso jurisdiccional será civil cuando las controversias
que se pretende resolver estén relacionadas con las personas, la
familia, el matrimonio, el divorcio, la tutela, la patria potestad, la
adopción, la propiedad, el arrendamiento de inmuebles, las
sucesiones, las obligaciones y los contratos, entre otros.
1.2. Etapas del juicio
En la asignatura Teoría del Proceso se estudió a profundidad el concepto de
proceso jurisdiccional, mismo que es de vital importancia en este curso, por
lo que se recurre a la definición proporcionada por la Suprema Corte de
Justicia de la Nación (2009, p. 9), en el siguiente tenor:
El proceso jurisdiccional es el conjunto de actos que, a través de
diversas fases y dentro de un lapso específico, llevan a cabo dos
o más sujetos entre los que ha surgido una controversia, a fin de
que un órgano del Estado con facultades jurisdiccionales aplique
las normas jurídicas necesarias para resolver dicha
controversia, mediante una decisión revestida de fuerza y
permanencia, normalmente denominada sentencia.
De la definición transcrita se desprende que el proceso jurisdiccional está
integrado por diversas fases o etapas, y precisamente en este curso se
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estudiarán a profundidad cada una de ellas. Por el momento, en esta unidad
se hará una breve referencia a los aspectos más generales de cada etapa
procesal.
1.2.1.Etapa postulatoria
Esta etapa también se conoce como fase de planteamiento de las
pretensiones o etapa expositiva. Es la primera etapa del proceso
jurisdiccional. Al respecto, Cipriano Gómez Lara (2013, p. 17) señala que:
En la fase postulatoria, las partes exponen sus pretensiones y
resistencias; sus afirmaciones y sus negaciones acerca de los
hechos, y finalmente invocan las normas jurídicas aplicables al
caso concreto. El objetivo que se trata de alcanzar no es otro sino
el de recoger el debate litigioso, esto es, se trata de precisar el
contenido del proceso, de determinar aquello que será objeto
después de la actividad probatoria y de los alegatos y, por
último, objeto también de una resolución jurisdiccional definitiva,
que es la sentencia. Se presenta la demanda o se presenta la
acusación y se responde a la demanda o se defiende contra la
acusación.
1.2.2.Etapa conciliatoria
Esta etapa del procedimiento tiene lugar después de contestada la demanda
o la reconvención, en lo que se conoce como audiencia previa de
conciliación. En torno a esta fase procesal, la Suprema Corte de Justicia de
la Nación (2009, p. 42) señala:
El objeto de esta audiencia, es intentar que las partes concilien
sus intereses a fin de que lleguen a algún acuerdo en el conflicto
que dio lugar al juicio civil. Cuando se concilian todos los puntos
controvertidos, la conciliación es total; cuando la conciliación es
sólo sobre algunos de dichos puntos, es parcial. La conciliación
total evita la continuación del proceso y con ello, el pago de
numerosos gastos que es necesario hacer durante éste. Además,
las partes no tienen que aguardar a que se agote todo el
procedimiento para saber si la sentencia del Juez que resuelve el
juicio, les es favorable o no.
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1.2.3.Etapa probatoria
También se conoce como fase demostrativa y “tiene como finalidad que las
partes aporten los medios de prueba necesarios con objeto de verificar los
hechos afirmados en la etapa expositiva. La etapa de la prueba se desarrolla
fundamentalmente a través de los actos de ofrecimiento o proposición de los
medios de prueba; su admisión o rechazo, su preparación y su práctica,
ejecución o desahogo” (Ovalle, 2014, p. 28).
1.2.4.Etapa preconclusiva
Esta etapa es considerada por algunos juristas como poco relevante, sin
embargo, es de vital importancia dentro del proceso, ya que se integra por
“los actos de las partes que se han llamado tradicionalmente alegatos o
conclusiones. Éstos son las consideraciones, las reflexiones, los
razonamientos y las argumentaciones que las partes o sus abogados
plantean al tribunal acerca de lo que se ha realizado en las fases procesales
anteriores (postulatoria y probatoria)” (Gómez, 2013, p. 19).
1.2.5.Etapa de juicio
Algunos autores también la identifican con la etapa conclusiva del proceso,
ya que “esta segunda etapa del proceso es aquella en la que solamente se
desenvuelve una actividad por parte del órgano jurisdiccional, etapa en la que
el juzgador o los juzgadores, si se trata de un órgano jurisdiccional colegiado,
emiten, dictan o pronuncian la sentencia jurisdiccional definitiva que viene a
terminar el proceso y a resolver la contienda, el conflicto de intereses” (Gómez,
2013, p. 20).
1.2.6.Etapa de impugnación
Esta fase procesal también es denominada como etapa impugnativa o de
recurso, en razón de que se busca dejar sin efecto o cambiar el sentido de
la sentencia emitida en primera instancia. Al respecto, Ovalle (2014, p. 29)
apunta lo siguiente:
Eventualmente puede presentarse una etapa posterior a la
conclusiva, que inicie la segunda instancia o el segundo grado
de conocimiento, cuando una de las partes, o ambas, impugnen
la sentencia, a través del recurso de apelación. Esta etapa
impugnativa, de carácter eventual, tiene por objeto la revisión de
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la legalidad del procedimiento de primera instancia o de la
sentencia definitiva dictada en ella, con base en los motivos de
inconformidad (agravios) expresados por el apelante. La
sentencia definitiva de segunda instancia que se dicte para
resolver el recurso de apelación normalmente puede ser
impugnada por medio del amparo directo (…)
1.2.7.Etapa de ejecución
La etapa de ejecución o ejecutiva también se presenta eventualmente, y tiene
lugar “cuando la parte que obtuvo sentencia de condena acorde con sus
pretensiones solicita al juez que, como la parte vencida no ha cumplido
voluntariamente con lo ordenado en la sentencia, tome las medidas
necesarias para que ésta se ejecute coactivamente” (Ovalle, 2014, p. 29).
Bibliografía
Gómez Lara, C. (2013). Derecho procesal civil. 7ª edición. Oxford
University Press. México.
Ovalle Favela, J. (2014). Derecho procesal civil. 10ª edición. Oxford
University Press. México.
Suprema Corte de Justicia de la Nación – Poder Judicial de la
Federación (2009). Manual del Justiciable. Elementos de Teoría General del
Proceso. Dirección General de la Coordinación de Compilación y
Sistematización de Tesis. México.
Nota: El presente documento no pretende ser una fuente de consulta
especializada sobre los contenidos temáticos de la asignatura, sino un
material de apoyo elaborado por el docente con el propósito de introducir a
l@s alumn@s en el estudio de los temas y subtemas de la unidad, por lo que
se sugiere complementar este apunte con el contenido de la bibliografía
básica y complementaria del curso.
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2. Actos preliminares al juicio ordinario civil
Los actos preliminares, cuestiones preliminares, actos prejudiciales o
cuestiones preprocesales son “todos aquellos trámites, diligencias y
gestiones que se desenvuelven ante los propios tribunales o ante autoridades
de otro tipo, y que los sistemas procesales legales consideran convenientes o,
a veces, necesarios o indispensables para dar, posteriormente, lugar al inicio
de un proceso, no sólo válido, sino también eficaz y trascendente” (Gómez,
2013, p. 22)
El Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en su Título
Quinto, regula los actos prejudiciales, específicamente en los siguientes
capítulos: I. Medios preparatorios del juicio en general, del artículo 193 al
200; II. Medios preparatorios del juicio ejecutivo, del artículo 201 al 204; III.
Separación de personas como acto prejudicial, del artículo 205 al 217; IV.
De la preparación del juicio arbitral, de los artículos 220 al 223; V. De las
preliminares de la consignación, de los artículos 224 al 234; y VI. De las
providencias precautorias, de los artículos 235 al 254.
A continuación, se estudiarán los aspectos más significativos de dichos
actos prejudiciales.
2.1. Los medios preparatorios
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (2009, p. 15) señala que “los
medios preparatorios del juicio son los actos o trámites que tienen por objeto
allegar los elementos necesarios para poder iniciar un juicio posterior”. Por su
parte, Ovalle Favela (2014, p. 30) los define como los “actos procesales que
pueden integrar la etapa preliminar, los cuales tiene por objeto despejar
alguna duda, remover un obstáculo o subsanar una deficiencia antes de
iniciar un proceso”.
Precisado lo anterior, en los siguientes apartados se estudiarán, por
separado, las características de los medios preparatorios del juicio en
general y del juicio ejecutivo mercantil.
2.1.1. A juicio en general
Por lo que se refiere a los medios preparatorios del juicio en general, Gómez
Lara (2013, p. 23) señala que “se trata de trámites, peticiones y diligencias
que van encaminados precisamente, como su nombre lo indica, a preparar un
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juicio ulterior”. Al respecto, el Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal señala lo siguiente:
Artículo 193.- El juicio podrá prepararse:
I. Pidiendo declaración bajo protesta, el que pretenda demandar,
de aquél contra quien se propone dirigir la demanda, acerca de
un hecho relativo a su personalidad o a la calidad de su posesión
o tenencia;
II. Pidiendo la exhibición de la cosa mueble que haya de ser
objeto de la acción real que se trate de entablar;
III. Pidiendo el legatario o cualquier otro que tenga el derecho de
elegir una o más cosas entre varias, la exhibición de ellas;
IV. Pidiendo el que se crea heredero, o coheredero o legatario, la
exhibición de un testamento;
V. Pidiendo el comprador al vendedor, o el vendedor al
comprador, en el caso de evicción, la exhibición de títulos u otros
documentos que se refieran a la cosa vendida.
VI. Pidiendo a un socio o comunero la presentación de los
documentos y cuentas de la sociedad o comunidad, al consocio
o condueño que los tenga en su poder;
VII. Pidiendo el examen de testigos, cuando éstos sean de edad
avanzada o se hallen en peligro inminente de perder la vida, o
próximos a ausentarse a un lugar con el cual sean tardías o
difíciles las comunicaciones y no pueda deducirse aún la acción,
por depender su ejercicio de un plazo o de una condición que no
se haya cumplido todavía;
VIII. Pidiendo el examen de testigos para probar alguna
excepción, siempre que la prueba sea indispensable y los
testigos se hallen en alguno de los casos señalados en la fracción
anterior;
IX. Pidiendo el examen de testigos u otras declaraciones que se
requieran en un proceso extranjero.
Ahora bien, se ha mencionado que los medios preparatorios del juicio en
general están regulados del artículo 193 al 200 del Código de Procedimientos
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Civiles para el Distrito Federal, en donde se señalan algunas particularidades
sobre su tramitación. Entre las que destacan las siguientes:
Al promoverse la medida preparatoria, debe expresarse el
motivo por el que se solicita y el litigio que se trata de plantear o
que se teme (art. 194). Cerciorado el juez de estos extremos, debe
decretar la medida con audiencia de la futura contraparte (art.
198). Una vez iniciado el proceso principal, el juez, a instancia de
parte, ordenará agregar a aquél “las diligencias practicadas para
que surtan sus efectos (art. 199) (Ovalle, 2014, p. 30).
2.1.2. A juicio ejecutivo
En relación con los medios preparatorios a juicio ejecutivo, Gómez Lara
(2013, pp. 24 y 25) afirma lo siguiente:
Debe tenerse en cuenta la regla de que no puede haber un
juicio ejecutivo sin un título ejecutivo que le preceda o
fundamente. En otras palabras, sin título ejecutivo no hay juicio
ejecutivo. En tal virtud, lo que sucede es que a falta del referido
título ejecutivo como documento que trae aparejada ejecución y
permite que se despache ésta, la ley le permite al acreedor que
virtualmente fabrique un título.
Como se ha mencionado, los artículos 201 al 204 del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal regulan dichos medios
preparatorios. Al respecto, José Ovalle Favela (2014, p. 30) apunta:
El juicio ejecutivo civil puede prepararse promoviendo la
confesión judicial de deuda líquida y exigible (art. 201), el
reconocimiento judicial o notarial de documento privado que
contenga deuda líquida y exigible (arts. 202 y 203) o la
liquidación, por medio de un incidente previo, de la cantidad -
hasta entonces ilíquida- de una deuda contenida en instrumento
público o privado reconocido judicialmente (art. 204).
2.2. Preparación del juicio arbitral
Como se mencionó en el primer apartado de este apunte, el Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en sus artículos 220 al 223
regula todo lo relacionado con la preparación del juicio arbitral. Al respecto,
Ovalle Favela (2014, p. 30) expone lo siguiente:
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(…) aparte de los medios preparatorios del juicio en general
y del juicio ejecutivo, el CPCDF también regula la preparación del
juicio arbitral fundamentalmente a través de la designación del
árbitro en los casos en que, existiendo el acuerdo de someter un
litigio al arbitraje, no esté nombrada la persona que vaya a fungir
como árbitro o la que lo haya sido renuncie a serlo. En estos dos
supuestos, el nombramiento se lleva a cabo en una junta, en la
que el juez exhorta a las partes a nombrar de común acuerdo a
la persona que deba desempeñar el cargo de árbitro y, a falta de
dicho acuerdo, el juez hace el nombramiento de entre las
personas que anualmente son listadas por el Consejo de la
Judicatura del Distrito Federal con ese objeto (arts. 220 a 223).
2.3. Separación de personas
Es importante hacer notar que el Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal regula la tramitación de diversas medidas cautelares, cuya
función, según Piero Calamandrei, citado por Ovalle (2014, p. 31) “nace de
la necesidad de que la providencia, para ser prácticamente eficaz, se dicte sin
retardo, y la falta de aptitud del proceso ordinario para crear sin retardo una
providencia definitiva”.
Ahora bien, dichas medidas cautelares serán personales cuando recaigan
sobre personas, y “se pueden decretar antes o durante el proceso principal”
(Ovalle, 2014, p. 32).
En ese orden de ideas, el Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal, en sus artículos 205 al 217 regula una medida cautelar personal,
que se denomina separación de personas y que constituye un acto
prejudicial, en virtud de ser solicitada previo al juicio principal.
En relación con este acto previo al juicio, Gómez Lara (2013, p. 25) sostiene
lo siguiente:
Se trata de una cuestión que indudablemente pertenece al
derecho procesal familiar, y ello queda en evidencia en el texto
mismo de los arts. 205 y 206, pues se trata siempre de la
separación de una persona cuando intente demandar, denunciar
o querellarse contra su cónyuge, concubino o pariente, los que
podrán acudir al Centro de Justicia Alternativa, que deberá
llamar a los mediados para tratar de dirimir la controversia. Sólo
los jueces de lo familiar son los que pueden decretar tales
separaciones.
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A continuación se transcriben algunos artículos del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, que hacen referencia a las
particularidades de esta medida cautelar, cuya tramitación es previa al
juicio.
Artículo 207.- La solicitud puede ser escrita o verbal, en la que
se señalarán las causas en que se funda, el domicilio para su
habitación, la existencia de hijos menores y las demás
circunstancias del caso.
Artículo 208.- El juez podrá practicar las diligencias que a su
juicio sean necesarias antes de dictar la resolución. En el caso
de violencia familiar tomará en cuenta los dictámenes, informes
y opiniones que hubieren realizado las instituciones públicas o
privadas dedicadas a atender asuntos de esta índole.
Artículo 209.- Presentada la solicitud, el juez sin más trámite,
salvo lo dispuesto en el artículo anterior, resolverá sobre su
procedencia y si la concediere, dictará las disposiciones
pertinentes para que se efectúe materialmente la separación
atendiendo a las circunstancias de cada caso en particular.
Artículo 211.- En la resolución se señalará el término de que
dispondrá el solicitante para presentar la demanda o la
acusación, que podrá ser hasta de quince días hábiles contados
a partir del día siguiente de efectuada la separación. A juicio del
juez, podrá concederse por una sola vez una prórroga por igual
término.
Artículo 212.- En la misma resolución ordenará la notificación
al otro cónyuge, previniéndole que se abstenga de impedir la
separación o causar molestias a su cónyuge, bajo apercibimiento
de procederse en su contra en los términos a que hubiere lugar.
El juez, tomando en cuenta las circunstancias del caso, decretará
quién de los cónyuges permanecerá en el domicilio conyugal.
Artículo 214.- La inconformidad de alguno de los cónyuges
sobre la resolución o disposición decretada, se deberá hacer por
medio de un incidente, cuya resolución no admitirá recurso
alguno.
Artículo 215.- Si al vencimiento del plazo concedido no se
acredita al juez que se ha presentado la demanda, la denuncia
o la querella, cesarán los efectos de la separación, quedando
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obligado el cónyuge a regresar al domicilio conyugal dentro de
las 24 horas siguientes.
Artículo 217.- Si el juez que decretó la separación no fuere el
que deba conocer del negocio principal, remitirá las diligencias
practicadas al que fuera competente, quien confirmará, en su
caso, la decisión dictada con motivo de la separación, siguiendo
el juicio su curso legal.
2.4. Diligencias preliminares de consignación
Como puede observarse hasta este momento, el contenido de la etapa
preliminar a juicio pueden ser medios preparatorios al proceso y medidas
cautelares (separación de personas); sin embargo, también puede contener
medios provocatorios, entendidos como “aquellos actos procesales que
tienden precisamente a provocar otro proceso” (Ovalle, 2014, p. 34). Entre
dichos medios provocatorios se encuentran las diligencias preliminares de
consignación, mismas que, como se ha mencionado, están reguladas en el
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, específicamente
en los artículos 224 a 234.
A continuación se reproduce la exposición realizada por el doctor Ovalle
Favela (2014, pp. 34 y 35), respecto de este tipo de diligencias, por
considerar que es muy completa y didáctica:
Por medio de las diligencias preliminares de consignación,
el deudor puede entregar al órgano judicial el bien adeudado,
cuando su acreedor rehúse recibirlo y otorgarle el documento
justificativo de pago, o sea, persona incierta o incapaz de recibir
dicho bien. Estas diligencias también proceden cuando el
acreedor sea persona cierta, pero sus derechos sean dudosos
(arts. 224 y 232 del CPCDF).
Una vez notificada la consignación al acreedor, éste puede
asumir dos actitudes: presentarse a recibir el bien consignado,
dando por cumplida la obligación y extinguiendo el adeudo, o
bien no presentarse o negarse a recibir dicho bien, en cuyo caso
el deudor, para poder demostrar que su consignación cumplió
con todas las condiciones de su obligación, deberá promover un
juicio ordinario de liberación de deuda (art. 233 del CPCDF). En
este último caso, las diligencias preliminares seguidas de la no
comparecencia o recepción del bien adeudado por parte del
acreedor, provocan o dan motivo a un juicio ordinario; en tanto
éste se promueve y tramita, el bien consignado queda en
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depósito de la persona designada por el juzgador. El deudor
puede hacer valer su consignación no sólo por vía de acción,
promoviendo el mencionado juicio de liberación de deuda, sino
también por vía de excepción, pues en caso de que el acreedor le
demande el cumplimiento de la obligación, podrá oponer la
excepción del pago hecho por medio de la consignación. La
consignación de dinero puede hacerse exhibiendo billete de
depósito expedido por institución autorizada por la ley (art. 230
del CPCDF).
El CPCDF prevé que las diligencias preliminares de
consignación también pueden realizarse por medio de notario
público, hipótesis en la cual la designación del depositario debe
ser hecha bajo la responsabilidad del deudor (arts. 231 y 234).
En la Ley Orgánica del Tribunal Superior de Justicia del
Distrito Federal, promulgada el 9 de enero de 1996, se estatuye
que la Dirección de Consignaciones Civiles del propio Tribunal
tendrá competencia para conocer de las diligencias preliminares
de consignación (art. 172). Sin embargo, el art. 232 del CPCDF
establece que cuando la diligencia preliminar de consignación se
promueva en relación con un acreedor conocido, pero cuyos
derechos sean inciertos, la diligencia “sólo podrá hacerse bajo la
autoridad judicial y bajo la condición de que el interesado
justifique sus derechos por los medios legales”, lo cual supone
que en este caso no podrá conocer de la diligencia la Dirección
de Consignaciones Civiles, sino el juez que sea competente para
conocer del juicio principal que pueda plantearse sobre la
materia de la consignación (art. 162 del CPCDF).
2.5. Providencias precautorias
El Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en sus artículos
235 a 254, regula las providencias precautorias, específicamente el arraigo
precautorio y el embargo precautorio, también conocido como secuestro
provisional de bienes. Ahora bien, dichas providencias precautorias son en
esencia medidas cautelares, toda vez que, mediante su ejercicio se busca
“asegurar con anticipación las condiciones necesarias para la ejecución de
una eventual sentencia definitiva” (Ovalle, 2014, p. 28).
En seguida, se reproducen las ideas expuestas por el destacado procesalista
Ovalle Favela (2014, pp. 32 y 33), respecto del arraigo y el embargo
precautorio:
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En principio, el CPCDF regula como “providencias
precautorias” una medida cautelar de carácter personal –el
arraigo– y otra de carácter real –el secuestro provisional de
bienes. En virtud del arraigo se ordena a una persona que va a
ser demandada en un proceso futuro o que es demandada en un
proceso que se inicia, y de quien se tiene temor fundado de que
se ausente u oculte, que no abandone el lugar donde se llevará
a cabo el proceso, “sin dejar representante legítimo,
suficientemente instruido y expensado para responder a las
resueltas del juicio” (art. 240). El secuestro provisional es un
embargo de bienes del futuro demandado, el cual se decreta
cuando haya temor fundado de que éste los oculte o dilapide (art.
235, fracs. II y III).
Quien solicite alguna de las mencionadas providencias
precautorias debe acreditar el derecho o la apariencia de su
existencia (fumus boni iuris), así como el peligro de perderlo en
caso de demora (periculum in mora), en los términos previstos
por el art. 239 del CPCDF. Este último limita, sin justificación
específica, los medios de prueba a los documentos y a las
declaraciones de testigos (de los cuales exige un número mínimo
de tres). También se exige el otorgamiento de una garantía
suficiente para responder de los daños y perjuicios si no se
entabla demanda, en el caso del arraigo, o si se revoca la
providencia o el demandado es absuelto, en el caso del secuestro
provisional de bienes (arts. 241 y 244). El afectado por este
último puede, a su vez, otorgar contragarantía para dejar sin
efecto la providencia (art. 245).
Estas providencias se decretan sin audiencia de la
contraparte, aunque ésta puede reclamarla, a través de un
incidente, después de que se haya decretado la medida (arts.
246 y 252). Cuando la providencia haya sido solicitada antes de
iniciarse el proceso, el interesado debe presentar su demanda a
más tardar tres días después de que la medida haya sido
ejecutada, si el juicio tiene que seguirse en el mismo lugar en que
se decretó la medida; si debe seguirse en otro lugar, el juez
deberá agregar una día más por cada 200 kilómetros. Si no se
presenta la demanda dentro de estos plazos, el juez debe
decretar la revocación de la providencia, a petición del afectado
(arts. 250 y 251).
Aunado a lo anterior, resulta interesante lo preceptuado por el artículo 254
del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en el sentido
de que: “Cuando la providencia precautoria se dicte por un juez que no sea
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el que deba conocer del negocio principal, una vez ejecutada y resuelta la
reclamación, si se hubiere formulado, se remitirán al juez competente las
actuaciones, que en todo caso se unirán al expediente, para que en él obren
los efectos que correspondan conforme a derecho”.
Bibliografía y legislación
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal.
Gómez Lara, C. (2013). Derecho procesal civil. 7ª edición. Oxford
University Press. México.
Ovalle Favela, J. (2014). Derecho procesal civil. 10ª edición. Oxford
University Press. México.
Suprema Corte de Justicia de la Nación – Poder Judicial de la
Federación (2009). Manual del Justiciable. Materia civil. Dirección General
de la Coordinación de Compilación y Sistematización de Tesis. México.
Nota: El presente documento no pretende ser una fuente de consulta
especializada sobre los contenidos temáticos de la asignatura, sino un
material de apoyo elaborado por el docente con el propósito de introducir a
l@s alumn@s en el estudio de los temas y subtemas de la unidad, por lo que
se sugiere complementar este apunte con el contenido de la bibliografía
básica y complementaria del curso.
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MATERIAL DE APOYO – UNIDAD III (PRIMERA PARTE)
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3. La etapa postulatoria
En la unidad I del programa de estudio se abordaron los conceptos
generales de las diferentes fases que integran el proceso civil. En este
apartado se profundizará en la exposición de la etapa postulatoria, misma
que se caracteriza porque en ella “se fija la litis, es decir, las partes plantean
el litigio ante el juzgador, cosa que se logra, fundamentalmente, mediante la
presentación de la demanda y su respectiva contestación” (Suprema Corte
de Justicia de la Nación, 2009, p. 31).
3.1. Presupuestos procesales
Eduardo J. Couture (1993, pp. 102 y 103) define a los presupuestos
procesales “como aquellos antecedentes necesarios para que el juicio tenga
existencia jurídica y validez formal”, en otras palabras, constituyen
requisitos indispensables, previos al proceso, para que éste exista y tenga
plena eficacia jurídica.
Ahora bien, es importante hacer notar que el concepto transcrito se refiere
a lo que doctrinalmente se ha catalogado como presupuestos procesales
previos al proceso; sin embargo, también existe lo que se ha denominado
como presupuestos procesales previos a la sentencia, los cuales no serán
objeto de estudio en la presente unidad.
Precisado lo anterior, es necesario identificar cuáles son los presupuestos
procesales relacionados con esta fase del procedimiento civil. Al respecto,
Bülow, citado por Ovalle Favela (2011, p. 187) sostiene que “éstos consisten
en las condiciones que deben cumplir los sujetos procesales (la competencia
e imparcialidad del juzgador, la capacidad procesal de las partes y la
legitimación de sus representantes, así como el objeto del proceso (ausencia
de litispendencia y cosa juzgada, la demanda y su notificación al
demandado”.
A continuación se estudiarán los presupuestos procesales relacionados con
los sujetos; y, más adelante, se abordarán los temas referentes a la demanda
y a la notificación de la misma.
3.1.1. Referentes al órgano jurisdiccional
Los presupuestos procesales relacionados con el órgano
jurisdiccional, se refieren a la competencia e imparcialidad del juzgador.
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MATERIAL DE APOYO – UNIDAD III (PRIMERA PARTE)
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Ahora bien, antes de comenzar con el estudio de dichos conceptos, es
importante anotar qué debe entenderse por jurisdicción. Al respecto,
Eduardo. J. Couture (1993, p. 40), la define como la “función pública,
realizada por órganos competentes del Estado, con las formas requeridas por
la ley, en virtud de la cual, por acto de juicio, se determina el derecho de las
partes, con el objeto de dirimir sus conflictos y controversias de relevancia
jurídica, mediante decisiones con autoridad de cosa juzgada, eventualmente
factibles de ejecución”. De esta definición se desprende que la jurisdicción
no es sinónimo de competencia, toda vez que la primera se refiere a una
función pública de administrar justicia, mientras que la competencia “es
la suma de facultades que la ley da al juzgador para ejercer su jurisdicción
en determinado tipo de litigios o conflictos” (Ovalle, 2011, p. 135), es decir,
“es el ámbito, esfera o campo dentro de los cuales un determinado órgano
jurisdiccional puede ejercer sus funciones” (Gómez, 2012, p. 145).
Por lo que se refiere a la imparcialidad, resulta interesante lo expuesto por
el doctor Ovalle Favela (2011, p. 147), quien al abordar el tema de la
imparcialidad del juzgador, se expresa en los siguientes términos:
(…) la imparcialidad es una condición esencial para el
ejercicio de la función jurisdiccional, que debe satisfacer no el
órgano en sí, sino la persona o las personas que sean titulares
de aquél: el juez o los magistrados.
Para que el juez y los magistrados puedan dirigir el proceso con
pleno respeto al principio de igualdad de las partes y decidir el
litigio con apego al derecho y a la justicia, es preciso que posean,
en cada caso particular, la condición fundamental de la
imparcialidad… que aquí… tiene el significado estricto de esa
condición de ajeneidad que el juez y los magistrados deben tener
respecto de los intereses de las partes en conflicto.
(…) al juez y a los magistrados se les exige ser ajenos a los
intereses de las partes (…) El interés del juzgador debe ser muy
diferente del de las partes: el interés de resolver imparcialmente
el litigio, mediante la aplicación del derecho y con base en la
justicia.
3.1.2. Referentes a las partes
Es momento de referirse a los presupuestos procesales relacionados
con las partes, esto es, la capacidad procesal y la legitimación de sus
representantes.
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En relación a la capacidad procesal, ésta debe entenderse como “la
idoneidad de una persona para figurar como parte en un proceso; para ser
parte actora o acusadora o para ser parte demandada o acusada. La
capacidad procesal es la aptitud para comparecer en juicio y realizar
válidamente los actos procesales que corresponden a las partes” (Ovalle,
2011, p. 270).
Precisado lo anterior, es menester hacer notar que, por regla general, el
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en su artículo 44,
establece que “todo el que, conforme a la ley, esté en el pleno ejercicio de sus
derechos civiles puede comparecer en juicio”; sin embargo, es muy común
que en los procesos jurisdiccionales opere la figura de la representación,
que es una “institución jurídica que permite que las consecuencias de un acto,
celebrado por una persona, se produzcan de manera directa e inmediata en
la esfera jurídica de otra” (Borja, 2007, p. 7). Dicha representación será
voluntaria si depende exclusivamente de la voluntad del representado; y
será legal cuando opere en virtud de un mandato legal.
3.2. La demanda
José Ovalle Favela (2014, p. 44) define a la demanda como “el acto
procesal por el cual una persona, quien se convierte por el mismo en parte
actora o demandante, inicia el ejercicio de la acción y expresa su pretensión
ante el órgano jurisdiccional”.
3.2.1. Requisitos de la demanda en términos de la ley y de la práctica
forense
El Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal enlista los
requisitos de la demanda, tal y como se desprende de la siguiente
transcripción:
Artículo 255. Toda contienda judicial, principal o
incidental, principiará por demanda, en la cual se expresaran:
I. El tribunal ante el que se promueve;
II. El nombre y apellidos del actor y el domicilio que señale para
oír notificaciones;
III. El nombre del demandado y su domicilio;
IV. El objeto u objetos que se reclamen, con sus accesorios;
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V. Los hechos en que el actor funde su petición, en los cuales
precisará los documentos públicos o privados que tengan
relación con cada hecho, así como si los tiene o no a su
disposición. De igual manera proporcionará los nombres y
apellidos de los testigos que hayan presenciado los hechos
relativos. Asimismo debe numerar y narrar los hechos,
exponiéndolos sucintamente con claridad y precisión;
VI. Los fundamentos de derecho y la clase de acción, procurando
citar los preceptos legales o principios jurídicos aplicables;
VII. El valor de lo demandado, si de ello depende la competencia
del juez;
VIII. La firma del actor, o de su representante legítimo. Si éstos
no supieren o no pudieren firmar, pondrán su huella digital,
firmando otra persona en su nombre y a su ruego, indicando
estas circunstancias;
IX. Para el trámite de incidentes en materia familiar, la primera
notificación se llevará a cabo en el domicilio señalado en autos
por las partes, si se encuentra vigente el juicio principal, y para
el caso, de que haya resolución firme o ejecutoriada, o haya
inactividad procesal por más de tres meses, se practicará en el
lugar en el que resida la parte demandada incidentista; y
X. En los casos de divorcio deberá incluirse la propuesta de
convenio en los términos que se establece en el artículo 267 del
Código Civil, con excepción de lo preceptuado en el segundo
párrafo de la fracción V del presente artículo, debiendo ofrecer
todas las pruebas tendientes a acreditar la procedencia de la
propuesta de convenio.
Ahora bien, derivado de la práctica forense, se identifican los siguientes
apartados en un escrito inicial de demanda (Gómez, 2013; Ovalle, 2014):
a) Rubro.- Contiene los datos de identificación del asunto,
específicamente el tipo de juicio, así como los nombres del actor y del
demandado, empezando por apellidos. Se hace notar que en promociones
posteriores a la demanda, también deberá colocarse en este apartado el
número de expediente, así como la denominación de la Secretaría que tenga
asignado el asunto. Generalmente estos datos se colocan en el margen
superior derecho de la hoja, la cual usualmente es tamaño oficio.
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b) Preámbulo o proemio.- Contiene los datos que identifican el juicio,
esto es, la autoridad ante quien se promueve; los datos generales del actor
y del demandado, con especial énfasis en el domicilio; la vía procesal; el tipo
de acción; el objeto reclamado; los datos del representante, en su caso, así
como de las personas autorizadas para oír notificaciones.
c) Hechos.- Narración clara, sucinta y precisa de los hechos que
soporten la petición (pretensión) del actor.
d) Derecho.- Invocación de los preceptos legales, jurisprudencia e,
incluso, principios jurídicos que constituyan el fundamento de la petición
formulada por el actor.
e) Puntos petitorios.- Exposición resumida de las peticiones
realizadas al tribunal. Por ejemplo, tener por presentado al actor en los
términos del escrito de demanda; tener por señalado el domicilio para oír
notificaciones; tener por autorizadas a las personas mencionadas; tener por
admitida la demanda; dictar sentencia favorable, en el momento procesal
oportuno, etc.
3.2.2. Documentos que se anexan a la demanda
En relación a los documentos que se deben anexar el escrito inicial de
demanda, Ovalle Favela (2014, p. 56) señala lo siguiente:
Son de cuatro clases los documentos que se deben anexar
a la demanda:
1. Los que fundan la demanda, por los cuales se entiende “todos
aquellos documentos de los cuales emana el derecho que se
invoca”; por ejemplo, el título de propiedad cuando se ejerce la
acción reivindicatoria o los títulos que traen aparejada ejecución en
los juicios ejecutivos, etcétera.
(…)
2. Los que prueben los hechos afirmados en la demanda. (…)
3. Los que acreditan la personería jurídica de quien comparece a
nombre de otro, como representante legítimo, legal o voluntario (…).
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4. Las copias del escrito de demanda y documentos anexos, que
servirán para el emplazamiento del demandado, y que pueden ser
simples o fotostáticas, siempre que sean legibles a simple vista (…).
Es importante mencionar que el artículo 95 del Código de Procedimientos
Civiles para el Distrito Federal hace referencia a estos documentos.
3.2.3. Pruebas que se tienen que anunciar en el juicio
Por lo que se refiere a las pruebas que deben ser anunciadas en el
escrito inicial de demanda, es importante considerar diversos artículos del
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, mismos que se
trascriben a continuación:
Artículo 95.- A toda demanda o contestación deberá
acompañarse necesariamente:
I. (…)
II. (…)
III. Además de lo señalado en la fracción II, con la demanda y
contestación se acompañarán todos los documentos que las
partes tengan en su poder y que deban de servir como pruebas
de su parte y, los que presentaren después, con violación de este
precepto, no les serán admitidos, salvo de que se trate de
pruebas supervenientes, y
IV. (…)
Artículo 255. Toda contienda judicial, principal o
incidental, principiará por demanda, en la cual se expresaran:
I. a IV. (…)
V. Los hechos en que el actor funde su petición, en los cuales
precisará los documentos públicos o privados que tengan
relación con cada hecho, así como si los tiene o no a su
disposición. De igual manera proporcionará los nombres y
apellidos de los testigos que hayan presenciado los hechos
relativos. Asimismo debe numerar y narrar los hechos,
exponiéndolos sucintamente con claridad y precisión;
VI. a X. (…)
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Artículo 298.-
(…)
(…)
En los casos en que las partes dejen de mencionar los testigos
que estén relacionados con los hechos que fijen la litis; o se dejen
de acompañar los documentos que se deben presentar, salvo en
los casos que señalan los artículos 96, 97 y 98 de este código, el
juez no admitirá tales pruebas. En el caso de que llegue a admitir
alguna, su resolución será apelable en efecto devolutivo de
tramitación conjunta con la sentencia definitiva.
Artículo 308.- Desde los escritos de demanda y
contestación a la demanda y hasta diez días antes de la
audiencia de pruebas, se podrá ofrecer la de confesión,
quedando las partes obligadas a declarar, bajo protesta de decir
verdad, cuando así lo exija el contrario.
(…)
De la lectura de los artículos transcritos, se desprende que en el escrito
inicial de demanda se deben enunciar las pruebas documentales, ya sean
públicas o privadas, con la exhibición de los documentos correspondientes
o, en su caso, la mención del lugar en donde se encuentren; y las
testimoniales, con la indicación del nombre y apellidos de los testigos. Por
otro lado, existe la posibilidad de enunciar la prueba confesional.
3.2.4. Tiempo, lugar y forma de presentación de la demanda
Por lo que respecta al tiempo de presentación de la demanda, ésta
puede presentarse en el momento que lo decida el actor, siempre y cuando
su derecho no haya prescrito por no hacerlo valer dentro de los plazos
legales establecidos; el lugar de presentación de la demanda es la oficialía
de partes común del tribunal competente, misma que enviará el escrito
inicial a alguno de los juzgados adscritos, conforme al turno, que “es un
sistema de distribución de los asuntos nuevos entre diversos órganos
jurisdiccionales, ya sea en razón del orden de presentación de dichos asuntos
o en razón de la fecha en la cual éstos se inician” (Gómez, 2012, p. 150);
finalmente, la forma de presentación de la demanda es generalmente
escrita, aunque en algunos casos también puede ser de manera oral,
mediante comparecencia del actor ante el tribunal y el levantamiento del
acta correspondiente. En ambos casos deberá de reunir los requisitos
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establecidos en el artículo 255 del Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal (Gómez, 2013).
3.2.5. Autos que recaen a la presentación de la demanda, su contenido
y efectos
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (2009, p. 106) define a los
autos como las “resoluciones judiciales que deciden cualquier punto dentro
del negocio”.
Ahora bien, una vez ingresada la demanda, el juez en turno puede emitir
alguno de los siguientes tipos de autos: admisorio, de prevención y de
desechamiento de la demanda. En los siguientes apartados se estudiará
cada uno de ellos.
3.2.5.1. Auto admisorio
Es el auto mediante el cual se admite a trámite el escrito inicial. Esto
opera cuando “la demanda reúne los requisitos de ley y el actor acompañó
los documentos y copias legalmente requeridos” (Suprema Corte de Justicia
de la Nación, 2009, p. 24).
3.2.5.1.1. Medidas que puede ordenar el juez al momento de admitir la
demanda
Las principales medidas que puede ordenar el juez en el momento de
admitir la demanda son la integración del expediente correspondiente y la
notificación o emplazamiento del demandado.
Por otro lado, con base en la naturaleza propia del procedimiento, podrá
ordenar otras medidas, como por ejemplo: la inscripción de la demanda en
el Registro Público de la Propiedad y de Comercio, tratándose de un juicio
hipotecario; o el pago inmediato de una pensión alimenticia provisional, en
el caso de un juicio de alimentos (Gómez, 2013).
3.2.5.2. Auto de prevención
En relación con este tipo de auto, la Suprema Corte de Justicia de la
Nación (2009, p. 24) ha señalado que “si la demanda es oscura, irregular o
no cumple con alguno de los requisitos previstos legalmente, el tribunal debe,
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por una sola vez, prevenir al actor para que la aclare, corrija o complete, para
lo cual se le devolverá, señalándole, en forma concreta, sus defectos”.
3.2.5.2.1. Por defectos en la demanda
La prevención puede operar por defectos en la demanda. Al respecto,
Gómez Lara (2013, p. 37) señala que “los defectos normales o subsanables
son aquellos en que incurre alguna parte por omisiones, ya sea porque haya
omitido el nombre, porque no haya citado el domicilio del alguna parte, etc.”.
En este caso, y toda vez que el defecto es subsanable, se busca otorgar la
oportunidad a la parte actora, para que corrija o complete su demanda.
3.2.5.2.2. Por falta de documentos
Ha quedado señalado que el escrito inicial de demanda deberá reunir
todos los requisitos establecidos en el artículo 255 del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, y que, además, deberá
contener todos los documentos señalados en el artículo 95 del mismo cuerpo
normativo, esto es: a) el documento que acredite la personalidad de quien
promueve a nombre de otra persona; b) el documento base de la acción
intentada; c) los documentos probatorios que acrediten la veracidad de los
hechos narrados; y d) las copias del escrito inicial de demanda y anexos,
para correr traslado a la parte demandada.
En ese orden de ideas la falta de cualquiera de dichos documentos, será
motivo suficiente para que el juzgador dicte un auto de prevención, a efecto
de que el actor exhiba los documentos faltantes.
3.2.5.2.3. Por incongruencia en la demanda
Cuando la demanda no está construida lógicamente o, en otras
palabras, cuando su contenido no es coherente, el juez también puede dictar
un auto de prevención por incongruencia en la demanda, con la finalidad de
que el actor precise o aclare el contenido de la misma. Esto es muy
importante, ya que desde el escrito inicial de demanda el juzgador debe tener
una idea clara sobre las pretensiones de la parte actora.
En torno a este tema, el doctor Cipriano Gómez Lara (2013, p. 33) señala lo
siguiente:
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Es muy importante que la demanda se haga bien, si es
escrita, o que se diga bien, si es oral, porque bien hecha, o sea,
una demanda ordenada, clara, precisa, congruente, sistemática,
en una palabra, bien expresada, no revestirá mayor
complicación en la interpretación que de ella haga en su
oportunidad el tribunal. Este propósito de claridad, de fijeza en
los conceptos que se exponen a través de la demanda, no se
lograría si la demanda fuera oscura, fuera irregular, fuera poco
clara, fuera incongruente; y lo anterior suele suceder, sobre todo
si los que acuden a los tribunales son malos abogados.
3.2.5.2.4. Desahogo de las prevenciones
El Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal se refiere
al desahogo de las prevenciones, en los siguientes términos:
Artículo 257.- Si la demanda fuere obscura o irregular, o
no cumpliera con algunos de los requisitos de los artículos 95 y
255, el juez dentro del término de tres días señalará con toda
precisión en qué consisten los defectos de la misma, en el
proveído que al efecto se dicte. El actor deberá cumplir con la
prevención que haga el juez en un plazo máximo de cinco días
contados a partir del día siguiente a aquél en que haya surtido
efectos la notificación por Boletín Judicial de dicha prevención, y
de no hacerlo transcurrido el término, el juez la desechará y
devolverá al interesado todos los documentos originales y copias
simples que se hayan exhibido, con excepción de la demanda
con la que se haya formado el expediente respectivo. La anterior
determinación o cualquier otra por la que no se dé curso a la
demanda, se podrá impugnar mediante el recurso de queja, para
que se dicte por el Superior la resolución que corresponda.
Del artículo transcrito se desprende que el actor contará con cinco días
hábiles, contados a partir del día siguiente a aquél en que haya surtido
efectos la notificación por Boletín Judicial, para desahogar la prevención
recaída a su escrito inicial; de no hacerlo, la demanda será desechada por el
juez de conocimiento.
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3.2.6. Auto de desechamiento
El auto de desechamiento de la demanda opera cuando el juez
considera “que no reúne los requisitos legales y que los defectos son
insubsanables” (Ovalle, 2014, p. 59).
Este tipo de auto es procedente cuando el actor no desahogó la prevención,
y también bajo las siguientes consideraciones: “que el actor no acredite
debidamente su personería o representación; que los presupuestos del
ejercicio de la acción no se reúnan; que la vía que haya escogido el actor esté
equivocada y no sea la que proceda para ese tipo de juicios; que el juez
considere que no es competente para conocer de ese asunto y cuando el juez
se percate de que las partes, ya sea el actor o el demandado, no tienen
capacidad o personalidad” (Gómez, 2013, p.45).
Finalmente, se debe mencionar que, de conformidad con lo dispuesto en el
artículo 723, fracción I del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal, contra este tipo de auto procede el recurso de queja.
Bibliografía y legislación
Borja Martínez, M. (2007). Representación, poder y mandato.
Colección de temas jurídicos en breviarios. Volumen 12. 2ª edición. Porrúa
– Colegio de Notarios del Distrito Federal. México.
Couture, E. J. (1993) Fundamentos del derecho procesal civil. 3ª
edición. Depalma Buenos Aires. Argentina.
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal.
Gómez Lara, C. (2013). Derecho procesal civil. 7ª edición. Oxford
University Press. México.
____________________. (2012) Teoría general del proceso. 10ª edición.
Oxford University Press. México.
Ovalle Favela, J. (2014) Derecho procesal civil. 10ª edición. Oxford
University Press. México.
____________________. (2011) Teoría general del proceso. 6ª edición.
Oxford University Press. México.
Suprema Corte de Justicia de la Nación – Poder Judicial de la
Federación. (2009). Manual del Justiciable. Elementos de Teoría General del
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Proceso. Dirección General de la Coordinación de Compilación y
Sistematización de Tesis. México.
____________________. (2009). Manual del Justiciable. Materia Civil.
Dirección General de la Coordinación de Compilación y Sistematización de
Tesis. México.
Nota: El presente documento no pretende ser una fuente de consulta
especializada sobre los contenidos temáticos de la asignatura, sino un
material de apoyo elaborado por el docente con el propósito de introducir a
l@s alumn@s en el estudio de los temas y subtemas de la unidad, por lo que
se sugiere complementar este apunte con el contenido de la bibliografía
básica y complementaria del curso.
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3.3. El emplazamiento
En la primera parte de esta unidad se abordaron todos los temas
relacionados con la parte actora. En este apartado se estudiarán los
aspectos relativos al demandado, desde su emplazamiento a juicio, hasta la
posible formulación de una reconvención.
3.3.1. Concepto y forma del emplazamiento
En materia procesal, “la palabra emplazamiento se reserva
generalmente para el acto procesal, ejecutado por el notificador (o actuario),
en virtud del cual el juzgador hace del conocimiento del demandado la
existencia de una demanda en su contra y del auto que la admitió, y le
concede un plazo para que la conteste” (Ovalle, 2014, p. 61).
Ahora bien, con base en lo dispuesto por el artículo 114, fracción I del Código
de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, el emplazamiento del
demandado deberá realizarse personalmente, en el domicilio señalado por
la parte actora en el escrito inicial de demanda, para tal efecto.
Por lo que se refiere a la notificación personal del emplazamiento, una vez
en el domicilio, el notificador o actuario deberá entregar al demandado una
cédula de notificación en la que conste la fecha y la hora de la diligencia; el
tipo de procedimiento; el nombre y apellido de las partes; el juez o tribunal
que ordena la diligencia; la transcripción de la determinación que se manda
notificar; así como el nombre y apellidos de la persona a quien se entrega.
Además, se deberá levantar un acta de la diligencia, a la que se agregará
copia de la cédula entregada, en la que se procurará recabar la firma de la
persona que atendió la diligencia. Aunado a ello, es necesario que el
notificador se identifique y que cerciore de que es el domicilio buscado y que
allí habita el demandado. En el documento debe constar todo lo manifestado
por quien interviene en la diligencia, y se deben asentar los datos de las
identificaciones presentadas, en su caso, así como las características del
inmueble. Lo anterior, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 116, párrafos
primero y segundo del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal. Además de la cédula de notificación y el acta de la diligencia, se
deberá entregar al demandado la copia de la demanda, debidamente sellada
y cotejada, así como de los documentos anexos a la misma.
Para el caso de que no se encuentre presente el demandado, el artículo 117,
párrafos primero, segundo y tercero del Código de Procedimientos Civiles
para el Distrito Federal, prevé la notificación por cédula, que consiste en
entregar a los parientes, empleados o domésticos del interesado, o a
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cualquier otra persona que viva en el domicilio, después de que el notificador
se haya cerciorado de que allí reside el demandado, además de la cédula,
copia simple de la demanda, debidamente cotejada y sellada, así como copia
simple de los anexos exhibidos por el actor en su escrito inicial de demanda.
En el supuesto de que en el domicilio no se encontrara el demandado, ni
persona alguna que pudiera recibir legalmente la notificación, o en caso de
que exista negación para recibir la documentación, el propio artículo 117,
párrafos cuarto y quinto del Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal, prevé la notificación por adhesión, también conocida en
algunas materias como notificación por instructivo, que consiste en la
fijación, en lugar visible del domicilio, de un citatorio de emplazamiento, en
el que se señalará el motivo de la diligencia; la fecha, hora y lugar de la
diligencia; la hora hábil del día para que lo espere; el nombre del
promovente; el tribunal que ordena la diligencia; la determinación que se
manda notificar; y el apercibimiento de que si no se atiende el citatorio, se
procederá a notificar por adhesión, así como la razón o motivo de la
notificación. Es importante mencionar que la notificación no podrá
practicarse antes de las doce horas, ni después de tres días hábiles, a partir
del día y hora de la citación. De no atenderse el citatorio, y de no haber
persona con quien atender la diligencia, se realizará la notificación por
adhesión, mediante la fijación, en un lugar visible del domicilio, de las
cédulas de notificación, las copias de traslado y el instructivo que explique
las causas de dicho emplazamiento.
Es importante mencionar que el Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal también prevé la notificación por edictos, para el caso de
ocultamiento comprobado del demandado del demandado (artículo 119,
párrafo tercero). Este tipo de notificación, por inserción periodística,
también procede cuando el demandado sea una persona incierta, o bien, se
ignore su domicilio, previo informe de una institución que cuente con
registro oficial de personas (artículo 122, fracciones I y II).
3.3.2. Requisitos del emplazamiento
De lo artículos referidos en el apartado anterior, es dable afirmar que
los requisitos del emplazamiento son los siguientes:
a) Deberá ordenarse por autoridad competente.
b) Tendrá que practicarse por un actuario o notificador facultado, mismo
que debe identificarse al inicio de la diligencia.
c) El notificador o actuario deberá cerciorarse de que el demandado
habita en el predio.
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d) El notificador deberá elaborar los documentos que procedan, de
acuerdo al tipo de notificación: cédula de notificación, acta de
diligencia, citatorio de emplazamiento, instructivo, etc.
e) El notificador deberá dejar constancia de todo lo sucedido durante la
diligencia (descripciones, causas que impiden la notificación,
manifestaciones, etc.).
f) El notificador deberá entregar al demandado o, en su caso, a la
persona que atienda la diligencia, copias de la cédula de notificación,
copia simple de la demanda, debidamente cotejada y sellada, así como
copia simple de los documentos anexos a la misma, a efecto de que el
demando cuente con todos los elementos para dar contestación a la
misma, en ejercicio de su derecho humano al debido proceso y a la
garantía de audiencia, consagrado en el artículo 14 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos.
3.3.3. Efectos del emplazamiento
El artículo 259 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal se refiere a los efectos del emplazamiento, en los siguientes
términos:
Artículo 259.- Los efectos del emplazamiento son:
I. Prevenir el juicio en favor del juez que lo hace;
II. Sujetar al emplazado a seguir el juicio ante el juez que lo
emplazó, siendo competente al tiempo de la citación, aunque
después deje de serlo con relación al demandado, porque éste
cambie de domicilio, o por otro motivo legal;
III. Obligar al demandado a contestar ante el juez que lo
emplazó, salvo siempre el derecho de provocar la incompetencia;
IV. Producir todas las consecuencias de la interpelación judicial,
si por otros medios no se hubiere constituido ya en mora el
obligado;
V. Originar el interés legal en las obligaciones pecuniarias sin
causa de réditos.
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3.3.4. Nulidad del emplazamiento
En relación con la nulidad de un emplazamiento mal practicado, José
Ovalle Favela (2014, pp. 66 y 67), afirma lo siguiente:
La reclamación de la nulidad del emplazamiento por
defectos de forma debe tramitarse en un incidente de previo
y especial pronunciamiento; es decir, en un incidente cuya
tramitación impide la continuación del procedimiento, el cual
no podrá reanudarse sino hasta que el propio juez resuelva
sobre la nulidad reclamada (art. 78). Esta reclamación de la
nulidad se puede formular en el escrito de contestación a la
demanda, si el demandado comparece al juicio; o en un escrito
que deberá ser presentado antes de que el juez pronuncie
sentencia definitiva, si el demandado no contesta la demanda.
Si en el juicio en el que se hizo el emplazamiento irregular el
demandado no comparece, y el juez, a pesar de este defecto,
emite la sentencia definitiva, la parte afectada podrá todavía
reclamar la nulidad del emplazamiento irregular y de los actos
procesales subsecuentes –incluyendo la propia sentencia
definitiva– a través de la apelación y del juicio de amparo.
3.4. Conductas del demandado
Una vez que el demandado ha sido vinculado a la relación procesal,
mediante el emplazamiento, éste puede asumir varias conductas: contestar
allanándose; contestar oponiendo defensas y excepciones; contestar con
defensas y excepciones y reconviniendo; o no contestar. En los tres primeros
casos existe una actitud activa del demandado, mientras que en el último
supuesto su conducta es pasiva. (Gómez, 2013)
En los siguientes apartados se estudiarán los aspectos más relevantes del
comportamiento del demandado frente a la demanda.
3.4.1. La rebeldía
La rebeldía o contumacia es “la falta de comparecencia de una de las
partes o de ambas respecto de un acto procesal determinado o en relación con
todo el juicio” (Ovalle, 2014, p. 110). En ese orden de ideas, la Suprema Corte
de Justicia de la Nación (2009, p. 38) señala que la rebeldía, como actitud
del demandado, “consiste en no contestar la demanda en el término
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establecido por la legislación para ello, o simplemente en no contestarla en
absoluto”.
3.4.1.1. Declaración de la rebeldía y sus efectos
De conformidad con lo establecido en el artículo 271 del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, una vez transcurrido el plazo
fijado en el emplazamiento (quince días, de conformidad con el artículo 256
del mismo código adjetivo), sin haber sido contestada la demanda, el juez
deberá realizar la declaración de rebeldía, sin que medie petición de parte.
Previo a ello, deberá analizar, escrupulosamente y bajo su responsabilidad,
si la notificación fue realizada conforme a derecho, y de no ser así deberá
mandar reponer el procedimiento de emplazamiento.
Por lo que se refiere a los efectos de la declaración de rebeldía, éstos se
desprenden del propio Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal, tal y como se observa a continuación:
a) Se presumirán confesados los hechos de la demanda, con excepción
de los procesos relacionados con temas de relaciones familiares y
estado civil de las personas, así como en aquellos donde el
emplazamiento se realizó por edictos. (Artículo 271, párrafo cuarto)
b) Se seguirá el proceso mediante reglas específicas, mismas que se
contienen del artículo 637 al 650.
c) No se volverá a practicar diligencia alguna que tenga por objeto su
búsqueda, y todas las resoluciones que deban notificársele se harán
mediante Boletín Judicial. (Artículo 637)
d) Se podrá decretar, a petición de la parte contraria, la retención de
bienes muebles y el embargo de bienes inmuebles, de estimarse
necesario, para asegurar el objeto del juicio. (Artículo 640)
De igual modo, Ovalle (2014, p. 112) señala que “además de las anteriores
consecuencias, es claro que la declaración de rebeldía también tiene el efecto
de declarar que ha precluido para el demandado la oportunidad de presentar
su contestación a la demanda, y de referirse en ella a cada uno de los
elementos del escrito inicial del actor”.
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3.4.2. El allanamiento
Se refiere a “una conducta autocompositiva propia del demandado, en
virtud de la cual éste se somete a las pretensiones del actor. El demandado
se allana cuando acepta las pretensiones del actor” (Ovalle, 2014, pp. 76 y
77).
De conformidad con el artículo 274, primer párrafo del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en caso de presentarse el
allanamiento en todas sus partes, el juez deberá citar para sentencia, previa
ratificación del escrito correspondiente.
Precisado lo anterior, se debe hacer notar que el allanamiento no es lo
mismo que el reconocimiento y la confesión. “El reconocimiento se
distingue de la confesión en que ésta recae sobre los hechos y aquél sobre el
derecho; y del allanamiento, en que este último es una aceptación de las
pretensiones del actor…” (Ovalle, 2014, p. 79). Lo contrario de la confesión
sería la negación de los hechos; y lo contrario del reconocimiento sería la
negación del derecho.
3.4.3. La contestación con defensas y excepciones procesales
El Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal enlista
detalladamente los requisitos que debe cumplir el escrito de contestación a
la demanda, tal y como se aprecia en la siguiente transcripción.
Artículo 260.- El demandado formulará la contestación a la
demanda en los siguientes términos:
I. Señalará el tribunal ante quien conteste;
II. Indicará su nombre y apellidos, el domicilio que señale para
oír notificaciones y, en su caso, las personas autorizadas para
oír notificaciones y recibir documentos y valores;
III. Se referirá a cada uno de los hechos en que el actor funde su
petición, en los cuales precisará los documentos públicos o
privados que tengan relación con cada hecho, así como si los
tiene o no a su disposición. De igual manera proporcionará los
nombres y apellidos de los testigos que hayan presenciado los
hechos relativos;
IV. Se asentará la firma del puño y letra del demandado, o de su
representante legítimo. Si éstos no supieren o no pudieren firmar,
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lo hará un tercero en su nombre y a su ruego, indicando estas
circunstancias, poniendo los primeros la huella digital;
V. Todas las excepciones que se tengan, cualquiera que sea su
naturaleza, se harán valer simultáneamente en la contestación
y nunca después, a no ser que fueran supervenientes.
De las excepciones procesales se le dará vista al actor para que
las conteste y rinda las pruebas que considere oportunas en los
términos de este ordenamiento;
VI. Dentro del término para contestar la demanda, se podrá
proponer la reconvención en los casos en que proceda, la que
tiene que ajustarse a lo prevenido por el artículo 255 de este
ordenamiento;
VII. Se deberán acompañar las copias simples de la contestación
de la demanda y de todos los documentos anexos a ella para
cada una de las demás partes;
VIII. En los casos de divorcio podrá manifestar su conformidad
con el convenio propuesto o, en su caso, presentar su
contrapropuesta, debiendo anexar las pruebas respectivas
relacionadas con la misma; y
IX. Si el demandado quisiere llamar a juicio a un tercero deberá
manifestarlo en el mismo escrito de contestación.
La petición posterior no será tramitada a no ser que se trate de
cuestiones supervenientes.
De lo anterior se desprende la importancia de que el demando conteste en el
plazo otorgado para tal efecto, de lo contrario precluirá su derecho para
hacerlo. También es importante hacer notar que el demandado se debe referir
a cada uno de los hechos manifestados por el actor, ya sea confesándolos,
negándolos, o manifestado que los ignora por no ser hechos propios; de lo
contrario, se tendrán como confesados fictamente, según lo dispuesto en el
artículo 266 del multicitado Código.
Se hace notar que en el escrito de contestación se podrían hacer valer
defensas y excepciones. Al respecto, es importante tener en cuenta que
existen varios debates sobre la diferencia entre ambos términos; sin
embargo, en la doctrina, es comúnmente aceptado que “cuando frente a una
afirmación que entraña una pretensión del actor, el demandado… dirige su
oposición hacia la existencia y hacia la fundamentación de la pretensión…
sería ésta una típica defensa. Una excepción, por el contrario,… implicaría que
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el demandado alega un hecho nuevo, una circunstancia nueva que ha
modificado la situación anterior” (Gómez, 2013, p. 55).
En ese sentido, en oposición a la acción del actor está la excepción, que
puede entenderse como “el poder o derecho subjetivo procesal que tiene el
demandado para oponer, frente a la pretensión del actor, cuestiones que o bien
impidan un pronunciamiento de fondo sobre dicha pretensión, o que, en caso
de que se llegue a tal pronunciamiento, produzcan la absolución del
demandado” (Ovalle, 2014, pp. 82 y 83). De esta definición también se
observa la diferencia entre la defensa, ya que “a diferencia de las simples
negaciones de los hechos o del derecho, en las excepciones el demandado
formula afirmaciones sobre los presupuestos del proceso o sobre hechos
extintivos, modificativos o impeditivos de la relación jurídica sustancial
invocada por el acto. En el primer caso, las excepciones se denominan
procesales porque cuestionan la válida integración de la relación procesal;…
En el segundo caso… las excepciones se llaman sustanciales, pues… se
discute… la misma pretensión de fondo” (Ovalle, 2014, p. 84).
Entre las excepciones procesales se encuentran: la de incompetencia del
juez; la de falta de legitimación procesal; la de litispendencia; la de cosa
juzgada; la de conexidad; y la de improcedencia de la vía. Por lo que se refiere
a las excepciones sustanciales, se pueden citar, a manera de ejemplo, la de
pago, la de remisión de deuda, la de prescripción, la de nulidad y la de
inexistencia. Se hace notar que el artículo 35 del Código de Procedimientos
Civiles para el Distrito Federal enlista las excepciones procesales, situación
que no acontece con las excepciones sustanciales, debido a que “éstas son
tantas como hechos extintivos, impeditivos o modificativos existan” (Ovalle,
2014, p. 101).
3.4.3.1. Vista al actor de las excepciones procesales
El artículo 36 del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal señala que las excepciones procesales deberán resolverse en la
audiencia previa, de conciliación y de excepciones procesales, por lo
que será necesario dar vista a la parte contraria, por el término de tres días,
a efecto de que manifieste lo que a su derecho convenga y, en su caso, se
ofrezcan pruebas, mismas que serán desahogadas en la audiencia, y una
vez oídos los alegatos, en el mismo acto se dictará la resolución
correspondiente.
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3.4.4. La contestación con defensas, excepciones procesales y
reconvención
En el escrito de contestación con defensas y excepciones procesales referido
en el apartado inmediato anterior, el demandado también puede formular
reconvención, entendida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación
(2009, p. 37), en los siguientes términos:
Es el acto procesal del demandado que se efectúa
simultáneamente a la contestación de la demanda, recibe
también la denominación de contrademanda, y se hace valer en
el escrito de contestación de la demanda. Consiste en alguna
pretensión que el demandado hace valer a su vez, en contra del
actor. La reconvención es en sí una nueva demanda, por lo que
debe cumplir con los requisitos que se establecen en la
legislación respectiva para ésta.
En este supuesto, el actor de la demanda inicial se denomina demandado
reconvencional; mientras que el demandado inicial recibe la denominación
de actor reconvencional.
3.4.4.1. Requisitos de tiempo, modo y forma de la reconvención
De conformidad con los artículos 260, fracción VI y 272 del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, la reconvención deberá
formularse en el momento de contestar la demanda y nunca después. De no
hacerlo así, el derecho del demandado para formularla precluirá.
Por lo que se refiere al modo y forma, resulta interesante lo expuesto por
Cipriano Gómez Lara (2013, pp. 65 y 66), en los términos siguientes:
En cuanto a la forma de proponerla, ésta deberá cumplir
con los mismos requisitos de forma que para la demanda señala
el art. 255 del código. Pero también es requisito que el texto de
la reconvención se proponga después del texto de la
contestación a la demanda. En otras palabras, el demandado
primero deberá responder a la demanda y después podrá pasar
a proponer su reconvención. Este requisito obedece a razones
lógicas. Antes de reconvenir, es decir, antes de contraatacar,
deberá el demandado primero oponerse o resistir a las
pretensiones del actor.
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3.4.4.2. Vista al demandado reconvencionista con la reconvención
El escrito de reconvención es una nueva demanda, por lo que se tiene
que emplazar al ahora demandado reconvencional, a efecto de que la
conteste en un plazo de nueve días, conforme a lo dispuesto en el artículo
272 del referido código adjetivo. Bajo esta premisa, para su admisión se
requiere que la pretensión sea competencia del juez que conoce la demanda
inicial y que el juicio sea el idóneo para plantearlo. Además, únicamente se
podrá reconvenir en contra del actor principal. La pretensión hecha valer a
través de la reconvención es totalmente independiente de la acción intentada
en el escrito inicial, por lo que su contenido deberá ser analizado y resuelto
en la sentencia que emita el juzgador. (Ovalle, 2014).
Bibliografía
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal.
Gómez Lara, C. (2013). Derecho procesal civil. 7ª edición. Oxford
University Press. México.
Ovalle Favela, J. (2014). Derecho procesal civil. 10ª edición. Oxford
University Press. México.
Suprema Corte de Justicia de la Nación – Poder Judicial de la
Federación (2009). Manual del Justiciable. Materia civil. Dirección General
de la Coordinación de Compilación y Sistematización de Tesis. México.
Nota: El presente documento no pretende ser una fuente de consulta
especializada sobre los contenidos temáticos de la asignatura, sino un
material de apoyo elaborado por el docente con el propósito de introducir a
l@s alumn@s en el estudio de los temas y subtemas de la unidad, por lo que
se sugiere complementar este apunte con el contenido de la bibliografía
básica y complementaria del curso.
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5. La etapa probatoria
La etapa probatoria o demostrativa “tiene como finalidad que las
partes aporten los medios de prueba necesarios con objeto de verificar
los hechos afirmados en la etapa expositiva. La etapa de prueba se
desarrolla fundamentalmente a través de los actos de ofrecimiento o
proposición de los medios de prueba; su admisión o rechazo, su
preparación y su práctica, ejecución o desahogo” (Ovalle, 2014, p. 28).
5.1. Concepto de la prueba
Hernando Devis Echandía (2000, p. 23) define a la prueba judicial
como “todo motivo o razón aportado al proceso por los medios y
procedimientos aceptados por la ley, para llevarle a juez el
convencimiento o la certeza sobre los hechos”.
5.1.1. Principios rectores de la prueba
El doctor Ovalle Favela (2014) enlista los siguientes principios de la
actividad probatoria, no solo en el proceso civil, sino en todo tipo de proceso:
a) Necesidad de la prueba.- “Los hechos sobre los cuales debe
fundarse la decisión judicial necesitan ser demostrados por las
pruebas que aporten las pates u ordene de oficio el juez” (p. 129).
b) Prohibición de aplicar el conocimiento privado del juez sobre
los hechos.- “El juzgador no puede suplir o sustituir las pruebas con
el conocimiento personal o privado que tenga de los hechos, porque
sustraería de la discusión de las partes ese conocimiento privado y porque
violaría el principio general del derecho conforme al cual no se puede ser
testigo y juez en un mismo proceso” (p. 129).
c) Comunidad o adquisición procesal de la prueba.- “… la
actividad probatoria no pertenece a quien la realiza sino, por el
contrario, se considera propia del proceso, por lo que debe tenérsele en
cuenta para determinar la existencia o inexistencia del hecho a que se refiere,
independientemente de que beneficie o perjudique los intereses de la parte
que aportó los medios de prueba o de la parte contraria” (p. 130).
d) Contradicción de la prueba.- “Este principio no es sino una
manifestación específica del principio de contradicción que debe regir en
general toda la actividad procesal… Cada una de las pruebas se deben
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llevar a cabo otorgando, a cada una de las partes, una oportunidad
razonable para intervenir en su ofrecimiento, preparación y práctica”
(p. 130).
e) Publicidad de la prueba.- “… por regla general las pruebas se
deben practicar en audiencia pública, es decir, en un lugar dentro del
tribunal al que pueda acceder cualquier persona para presenciar su recepción,
salvo que se trate de juicios de divorcio, nulidad de matrimonio o de algún
otro en que, a juicio del tribunal, convenga que la audiencia sea privada…”
(pp. 130 y 131).
f) Inmediación y dirección del juez en la producción de la prueba.-
“El juez debe ser quien dirija, de manera personal, sin mediación de nadie,
la producción de la prueba” (p. 131).
5.1.2. Medios de prueba
“Los medios de prueba son los instrumentos con los cuales se
pretende lograr el cercioramiento del juzgador sobre los hechos objeto
de prueba. Estos instrumentos pueden consistir en objetos materiales –
documentos, fotografías, etc. –o en conductas humanas realizadas en ciertas
condiciones –declaraciones de testigos, dictámenes periciales,
inspecciones judiciales, etcétera–” (Ovalle, 2014, p. 151).
Al respecto, el artículo 289 del Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal señala lo siguiente: “Son admisibles como medios de prueba
aquellos elementos que puedan producir convicción en el ánimo del
juzgador acerca de los hechos controvertidos o dudosos”. Asimismo, el
artículo 278 del mismo ordenamiento jurídico establece que: “Para
conocer la verdad sobre los puntos controvertidos puede el juzgador
valerse de cualquier persona, sea parte o tercero, y de cualquier cosa
o documento, ya sea que pertenezca a las partes o a un tercero; sin más
limitación que la de que las pruebas no estén prohibidas por la ley ni
sean contrarias a la moral”.
Ahora bien, de los artículos transcritos se desprende que el código adjetivo
vigente en la Ciudad de México no enlista los medios de prueba existentes;
sin embargo, es dable afirmar que, en la praxis jurídica, los más comunes
son los siguientes:
a) La confesión.- “La prueba confesional es la declaración
vinculativa de una de las partes del proceso, que contiene la admisión
de que determinados hechos propios son ciertos” (Ovalle, 2014, p. 153).
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b) Los documentos.- Al respecto, Ovalle (2014, p. 161) afirma:
(…) se puede definir al documento como todo objeto
mueble para representar un hecho.
Con base en esta definición, se puede distinguir, pues, entre
documentos materiales, cuando la representación no se
hace a través de la escritura, como sucede con las fotografías,
las videograbaciones, las películas cinematográficas, etc., y
documentos literales, que cumplen su función
representativa mediante la escritura, a los que el CPCDF
regula bajo el rubro “De la prueba instrumental”.
Preciado lo anterior, se hace notar que el Código de Procedimientos civiles
para el Distrito Federal, se refiere a los documentos públicos y privados,
tal y como se observa en las siguientes transcripciones.
Artículo 327.- Son documentos públicos:
I. Las escrituras públicas, pólizas y actas otorgadas ante
notario o corredor público y los testimonios y copias
certificadas de dichos documentos;
II. Los documentos auténticos e informes expedidos por
funcionarios que desempeñen cargo público, en lo que se refiere
al ejercicio de sus funciones;
III. Los documentos auténticos, libros de actas, estatutos,
registros y catastros que se hallen en los archivos públicos, o
los dependientes del Gobierno Federal, de los Estados, de los
Ayuntamientos o del Distrito Federal;
IV. Las certificaciones de las actas del estado civil expedidas por
los jueces del Registro Civil, respecto a constancias existentes en
los libros correspondientes;
V. Las certificaciones de constancias existentes en los archivos
públicos expedidas por funcionarios a quienes competa;
VI. Las certificaciones de constancias existentes en los archivos
parroquiales y que se refieran a actos pasados, antes del
establecimiento del Registro Civil, siempre que fueren cotejadas
por notario público o quien haga sus veces con arreglo a derecho;
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VII. Las ordenanzas, estatutos, reglamentos y actas de
sociedades o asociaciones, universidades, siempre que
estuvieren aprobados por el Gobierno Federal o de los Estados,
y las copias certificadas que de ellos se expidieren;
VIII. Las actuaciones judiciales de toda especie;
IX. Las certificaciones que expidieren las bolsas mercantiles o
mineras autorizadas por la ley y las expedidas por corredores
titulados con arreglo al Código de Comercio;
X. Los convenios emanados del procedimiento de mediación que
cumplan con los requisitos previstos en la Ley de Justicia
Alternativa del Tribunal Superior de Justicia para el Distrito
Federal, y
XI. Los demás a los que se les reconozca ese carácter por la Ley.
Artículo 334.- Son documentos privados los vales,
pagarés, libros de cuentas, cartas y demás escritos firmados o
formados por las partes o de su orden y que no estén autorizados
por escribanos o funcionario competente.
También se consideran documentos privados, aquellos que
provengan de terceros y que este código no reconozca como
documentos públicos.
c) El dictamen pericial.- “… es el juicio emitido por personas que
cuentan con una preparación especializada en alguna ciencia,
técnica o arte, con objeto de esclarecer algún o algunos de los hechos
materia de la controversia” (Ovalle, 2014, 170).
d) La inspección judicial.- Becerra Bautista, citado por Ovalle Favela
(2014, p. 174) define este medio de prueba como “el examen sensorial
directo realizado por el juez, en personas u objetos relacionados con la
controversia”.
e) El testimonio.- “… es la declaración procesal de un tercero
ajeno a la controversia, acerca de hechos objeto de prueba” (Ovalle,
2014, p. 175).
f) La presunción.- De Pina y Castillo Larrañaga, citados por Ovalle
Favela (2014, p. 183), definen la presunción como “una operación lógica
mediante la cual, partiendo de un hecho conocido, se llega a la
aceptación como existente de otro desconocido o incierto”. Al respecto, el
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multicitado procesalista afirma que “las presunciones pueden ser…
legales o humanas, según sean deducidas en la ley o las haga el propio
juzgador” (Ovalle, 2014, p. 183).
5.1.3. Carga de la prueba
Rafael de Pina y José Castillo Larrañaga, citados por Cipriano Gómez
Lara (2013, p. 94), definen la carga de la prueba como “el gravamen que
recae sobre las partes de facilitar el material probatorio necesario al
juzgador para formar sus convicciones sobre los hechos alegados o
invocados”.
5.1.4. Distribución de la carga de la prueba
Por lo que se refiere a la distribución de la carga de la prueba, Gómez
Lara (2013, p. 95) apunta lo siguiente: “La distribución de la prueba atiende
a un principio general que puede expresarse de la manera siguiente: el que
afirma un hecho en que funda su pretensión está obligado a probarlo.
Por implicación, el que afirme un hecho en que funde su resistencia,
asimismo ha de probar tal hecho. Como corolario de este principio general,
el que niega no está obligado a probar su negación”. Por su parte, el
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en su artículo
281, establece: “Las partes asumirán la carga de la prueba de los hechos
constitutivos de sus pretensiones”.
5.1.5. Inversión de la carga de la prueba
El Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal se refiere
a la inversión de la carga de la prueba, en los siguientes términos:
Artículo 282.- El que niega sólo será obligado a
probar:
I. Cuando la negación envuelva la afirmación expresa de un
hecho;
II. Cuando se desconozca la presunción legal que tenga en su
favor el colitigante;
III. Cuando se desconozca la capacidad;
IV. Cuando la negativa fuere elemento constitutivo de la acción.
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5.1.6. Pruebas para mejor proveer
En relación a la prueba para mejor proveer, el destacado procesalista
Cipriano Gómez Lara (2013, p. 97) sostiene lo siguiente:
(…) El derecho moderno, mediante la institución denominada
prueba para mejor proveer, ha tratado de superar esta situación
formalmente rígida y se ha investido al juzgador de facultades
tales que le permitan suplir la deficiente actuación probatoria de
cualquiera de las partes en el proceso, claro que preferentemente
de la parte débil, mal asesorada o torpe. Esto es, por esta
facultad de la prueba para mejor proveer, puede el juez
subsanar las deficiencias, los errores, las omisiones que
en materia probatoria tengan o hayan tenido las partes.
En ese orden de ideas, el Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal preceptúa:
Artículo 279.- Los tribunales podrán decretar en todo
tiempo, sea cual fuere la naturaleza del negocio, la
práctica o ampliación de cualquier diligencia probatoria,
siempre que sea conducente para el conocimiento de la verdad
sobre los puntos cuestionados. En la práctica de estas
diligencias, el juez obrará como estime procedente para obtener
el mejor resultado de ellas, sin lesionar el derecho de las partes,
oyéndolas y procurando en todo su igualdad.
5.2. Objeto de la prueba
Por lo que se refiere al objeto de la prueba, el doctor Cipriano Gómez
Lara (2013, p. 98) apunta lo siguiente:
Se ha sostenido tradicionalmente que el objeto de la prueba
son los hechos jurídicos, comprendidos desde luego los actos
jurídicos. Es importante precisar que, en todo caso, el acto o
hecho jurídico objeto de la prueba debe implicar la
realización de un supuesto normativo del cual las partes
infieren consecuencias jurídicas que esgrimen como
fundamento de sus pretensiones (los actores) o de sus
resistencias (los demandados).
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5.2.1. Prueba de hechos positivos y negativos
En la práctica jurídica se considera que un hecho es positivo cuando
está redactado en sentido afirmativo, y es negativo cuando su redacción
contiene una negación.
Ahora bien, al tocar el tema de la distribución de la carga de la prueba se
mencionó que un principio del derecho probatorio consiste en que la parte
que afirma un hecho debe probarlo y la parte que niega un hecho no debe
probarlo, salvo algunas excepciones establecidas por la ley, en donde se da
la inversión de la carga de la prueba.
No obstante lo anterior, resulta interesante la exposición realizada al
respecto por el destacado procesalista Cipriano Gómez Lara (2013, p. 99),
quien al tratar el tema comenta lo siguiente:
En cuanto al carácter positivo o negativo de un
hecho o acto, no parece haber ninguna base, ni racional
ni científica, que permita la distinción que depende, en
todo caso, de la estructura gramatical de la frase u
oración en que se haga la postulación del hecho. En otras
palabras, el hecho jurídico es sí es neutral en cuanto a una
calificación de la expresión significativa a través de la cual la
persona, el ser pensante, sostiene la existencia o no del hecho
jurídico. Además, en las formas de decir las cosas, cuando
se hace expreso lo negativo puede haber aspectos
positivos implícitos, y viceversa.
5.2.2. Hechos que no requieren prueba
“En principio, siguiendo a Alcalá-Zamora, sólo requieren prueba los
hechos afirmados que sean, a las vez, discutidos y discutibles. En
consecuencia, quedan excluidos de prueba los hechos confesados, los
notorios, los que tengan en su favor una presunción legal, los irrelevantes
y los imposibles” (Ovalle, 2014, p. 135). A continuación, se hará una breve
referencia a cada uno de ellos.
a) Hechos confesados.- “Si el objeto de la prueba se refiere a los
hechos afirmados que sean a la vez discutidos y discutibles, obviamente los
que hayan sido admitidos como ciertos en forma explícita o implícita
(no controvertidos) por la partes, no requieren prueba” (Ovalle, 2014, p.
135).
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b) Hechos notorios.- Calamandrei, citado por Ovalle (2014, p. 136)
define el hecho notorio como aquel “cuyo conocimiento forma parte de la
cultura propia de un determinado círculo social en el tiempo en que la
decisión ocurre”. Al respecto, el artículo 286 del Código de Procedimientos
Civiles para el Distrito Federal establece que: “Los hechos notorios no
necesitan ser probados, y el juez puede invocarlos, aunque no hayan
sido alegados por las partes”.
c) Hechos que tienen a su favor una presunción legal.- “Hecho
presumido es aquel que, a pesar de no estar probado, la ley deduce
como cierto a partir de que se pruebe otro hecho, del cual el hecho
presumido se considera una consecuencia inmediata y directa” (Ovalle, 2014,
p. 137). Al respecto, el Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal establece lo siguiente:
Artículo 379.- Presunción es la consecuencia que la ley o
el juez deducen de un hecho conocido para averiguar la verdad
de otro desconocido: la primera se llama legal (…).
Artículo 380.- Hay presunción legal cuando la ley la
establece expresamente y cuando la consecuencia nace
inmediata y directamente de la ley (…).
Artículo 381.- El que tiene a su favor una presunción
legal, sólo está obligado a probar el hecho en que se funda la
presunción.
Artículo 383.- En los supuestos de presunciones legales
que admiten prueba en contrario opera la inversión de la carga
de la prueba.
d) Hechos irrelevantes.- “Deben excluirse de prueba, por tanto, los
hechos que no correspondan a los supuestos jurídicos previstos en la
norma cuya aplicación se pretende a través del proceso, o que no tengan
relación con esos supuestos…” (Ovalle, 2014, p. 138). Al respecto, se debe
hacer notar que el artículo 285, párrafo primero, del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal preceptúa que: “El tribunal
debe recibir las pruebas que le presenten las partes siempre que estén
permitidas por la ley y se refieran a los puntos cuestionados”. Aunado
a ello, el artículo 291 del mismo cuerpo normativo establece que las
pruebas deben ofrecerse expresando con toda claridad cuál es el hecho
o hechos que se tratan de demostrar, así como las razones por las que
el oferente estima que demostrarán sus afirmaciones.
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e) Hechos imposibles.- Los hechos imposibles o inverosímiles son
aquellos que, de acuerdo a las leyes de la naturaleza o a las reglas de la
lógica no pueden suceder, o que no son creíbles porque presentan datos de
falsedad. Respecto de este tipo de hechos, así como de los hechos
irrelevantes, el Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, en
su artículo 298, párrafo primero, preceptúa:
Artículo 298.- Al día siguiente en que termine el período
del ofrecimiento de pruebas, el juez dictará resolución en la que
determinará las pruebas que se admitan sobre cada hecho,
pudiendo limitar el número de testigos prudencialmente. En
ningún caso el juez admitirá pruebas o diligencias
ofrecidas extemporáneamente, que sean contrarias al
derecho o la moral, sobre hechos que no hayan sido
controvertidos por las partes, o hechos imposibles o
notoriamente inverosímiles, o bien que no reúnan los
requisitos establecidos en el artículo 291 de este Código.
(…)
(…)
Antes de concluir el estudio de esta primera parte de la fase probatoria o
demostrativa, es importante mencionar que, de la lectura del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, se desprende que el derecho
no debe probarse, por lo que únicamente se requiere su mención en los
escritos de demanda y de contestación a la demanda (y, en su caso, en el
escrito de reconvención y en la contestación a la reconvención), tal y como
se observa en las siguientes transcripciones.
Artículo 284.- Sólo los hechos estarán sujetos a
prueba, así como los usos y costumbres en que se funde el
derecho.
Artículo 284bis.- El tribunal aplicará el derecho
extranjero tal como lo harían los jueces del Estado cuyo
derecho resultare aplicable, sin perjuicio de que las partes
puedan alegar la existencia y contenido del derecho extranjero
invocado.
Para informarse del texto, vigencia, sentido y alcance
legal del derecho extranjero, el tribunal podrá valerse de
informes oficiales al respecto, pudiendo solicitarlos al
Servicio Exterior Mexicano, o bien ordenar o admitir las
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diligencias probatorias que considere necesarias o que ofrezcan
las partes.
Bibliografía y legislación
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal.
Devis Echandía, H. (2000). Compendio de la prueba judicial. Anotado
y concordado por Adolfo Alvarado Velloso. Tomo I. Rubinzal – Culzoni
editores. Argentina.
Gómez Lara, C. (2013). Derecho procesal civil. 7ª edición. Oxford
University Press. México.
Ovalle Favela, J. (2014). Derecho procesal civil. 10ª edición. Oxford
University Press. México.
Nota: El presente documento no pretende ser una fuente de consulta
especializada sobre los contenidos temáticos de la asignatura, sino un
material de apoyo elaborado por el docente con el propósito de introducir a
l@s alumn@s en el estudio de los temas y subtemas de la unidad, por lo que
se sugiere complementar este apunte con el contenido de la bibliografía
básica y complementaria del curso.
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4. La etapa conciliatoria
En la etapa conciliatoria se busca principalmente que las partes
lleguen a una conciliación, es decir, que encuentren, junto con el
conciliador, una alternativa concreta para resolver sus diferencias, sin la
necesidad de dar continuidad al proceso jurisdiccional. Este tipo de
conciliación es de carácter judicial, en razón de que se realiza por un
auxiliar del juzgador, a saber, el conciliador. Sin embargo, en la audiencia
correspondiente se realizan diversas acciones, tal y como se estudiará a
continuación.
4.1. Audiencia previa de conciliación
Esta audiencia está regulada en los artículos 272-A a 272-G del
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal.
En relación con este tipo de audiencia, la Suprema Corte de Justicia de la
Nación (2009, p. 42) ha establecido lo siguiente
Tiene lugar una vez que es contestada la demanda o
la reconvención, o cundo se ha incurrido en rebeldía, es
decir, cuando no se produjo dicha contestación en los términos
previstos en la ley.
El objeto de esta audiencia, es intentar que las partes
concilien sus intereses a fin de que lleguen a algún
acuerdo en el conflicto que dio lugar al juicio civil. Cuando
se concilian todos los puntos controvertidos, la conciliación es
total; cuando la conciliación es sólo sobre algunos de dichos
puntos, es parcial. La conciliación total evita la continuación del
proceso y con ello, el pago de numerosos gastos que es necesario
hacer durante éste. Además, las partes no tienen que aguardar
a que se agote todo el procedimiento para saber si la sentencia
del Juez que resuelve el juicio, les es favorable o no.
Al respecto, el artículo 272-A, primer párrafo del Código de Procedimientos
Civiles para el Distrito Federal, preceptúa:
Artículo 272 A.- Una vez contestada la demanda, y
en su caso, la reconvención el Juez señalará de inmediato
fecha y hora para la celebración de una audiencia previa
y de conciliación dentro de los diez días siguientes, dando
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vista a la parte que corresponda con las excepciones que se
hubieren opuesto en su contra, por el término de tres días.
4.1.1. Estudio de la legitimación procesal
“Durante la audiencia, el Juez examina lo relativo a la
legitimación procesal, de tal forma que si en el transcurso de la conciliación
las partes llegan a algún acuerdo, éste tenga efectos legales para poder exigir
su cumplimiento” (Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2009, p. 42).
Al respecto, el artículo 272-C del Código de Procedimientos Civiles para
el Distrito Federal señala que “en el supuesto de que se objete la
personalidad, si fuere subsanable, el juez resolverá de inmediato lo
conducente; en caso contrario declarará terminado el procedimiento”.
4.1.2. La conciliación
Como se ha mencionado, esta labor es realizada por un auxiliar del
juzgador, puesto que se debe respetar el principio de imparcialidad como
presupuesto procesal.
Ahora bien, tal y como lo afirma el doctor Ovalle Favela (2014, p. 123), la
preparación y experiencia del conciliador es fundamental para conseguir los
objetivos de esta primera audiencia:
Para que dicho conciliador desempeñe realmente su
función, deberá conocer con toda amplitud el litigio
planteado por las partes en sus escritos de demanda y
contestación y, en su caso, de reconvención y contestación a
ésta; asimismo, tendrá que sugerir alternativas de solución
que resulten equitativas y prácticas para las partes. Si se
limita a preguntarles si no han llegado a una conciliación, ésta
difícilmente se logrará y ni el conciliador ni la audiencia estarán
cumpliendo con la función que les atribuye la ley”.
4.1.2.1. El convenio y sus efectos
Por lo que se refiere al convenio, éste “deberá sujetarse a la
aprobación del juez, y en el supuesto de que éste otorgue dicha
aprobación, el convenio tendrá la autoridad y la eficacia de una
sentencia con autoridad de cosa juzgada, por lo que si aquél es incumplido,
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la parte interesada podrá solicitar su ejecución, ya sea por medio del juicio
ejecutivo o bien, a través de la vía de apremio” (Ovalle, 2014, pp. 123 y 124).
4.1.3. Resolución de las excepciones procesales
El actual párrafo quinto del artículo 272-A del Código de
Procedimientos Civiles para el Distrito Federal establece lo siguiente:
Artículo 272 A.-…
…
…
…
…
En caso de desacuerdo entre los litigantes, la audiencia
proseguirá y el juez, que dispondrá de amplias facultades de
dirección procesal, examinará en su caso, las excepciones
procesales que correspondan.
4.1.4. Fijación de puntos controvertidos
El doctor Ovalle Favela (2014, p. 122) afirma que la audiencia previa
de conciliación y de excepciones procesales busca, entre otras cosas,
“fijar, en definitiva, tanto el objeto del proceso –las pretensiones de la
parte actora y las excepciones de la demandada– como el objeto de la
prueba– los hechos controvertidos y, eventualmente, el derecho extranjero o
consuetudinario”.
4.1.5. Apertura del juicio al período probatorio
Es importante mencionar que en esta audiencia también tiene como
finalidad “resolver sobre la admisión de las pruebas que se hubiesen ofrecido
en los escritos iniciales, ordenando las medidas conducentes a su
preparación” (Ovalle, 2014, p. 122).
Al respecto, el Código de Procedimientos Civiles para el Distrito
Federal establece lo siguiente:
Artículo 290.- El mismo día en que se haya celebrado
la audiencia previa, de conciliación y de excepciones
procesales, si en la misma no se terminó el juicio por
convenio o a más tardar al día siguiente de dicha
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audiencia, el Juez abrirá el juicio al periodo de
ofrecimiento de pruebas, que es de diez días comunes, que
empezarán a contarse desde el día siguiente a aquél en que
surta efectos la notificación a todas las partes del auto que
manda abrir el juicio a prueba.
Bibliografía y legislación
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal.
Ovalle Favela, J. (2014). Derecho procesal civil. 10ª edición. Oxford
University Press. México.
Suprema Corte de Justicia de la Nación – Poder Judicial de la
Federación (2009). Manual del Justiciable. Materia civil. Dirección General
de la Coordinación de Compilación y Sistematización de Tesis. México.
Nota: El presente documento no pretende ser una fuente de consulta
especializada sobre los contenidos temáticos de la asignatura, sino un
material de apoyo elaborado por el docente con el propósito de introducir a
l@s alumn@s en el estudio de los temas y subtemas de la unidad, por lo que
se sugiere complementar este apunte con el contenido de la bibliografía
básica y complementaria del curso.
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