Boletín de la Sociedad Española de Ciencias y Técnicas Historiográficas
PALEOGRAFÍA II:
LAS ESCRITURAS GÓTICAS
DESDE 1250 HASTA LA IMPRENTA
V JORNADAS DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE CIENCIAS Y
TÉCNICAS HISTORIOGRÁFICAS
Oviedo, 18 y 19 de junio de 2007
COORDINADORES:
María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta
UNIVERSIDAD DE OVIEDO
2010
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Coordinadores: María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta (2010), Las escrituras
góticas desde 1250 hasta la imprenta (2010). Oviedo: Ediciones Universidad de Oviedo.
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D.L. AS 3080-2010
A la memoria de nuestra compañera Mª Luisa
Cabanes Catalá, miembro de la Junta Directiva
de la Sociedad Española de Ciencias y Técni-
cas Historiográficas en el momento de celebra-
ción de estas Jornadas.
Actas de las V Jornadas de la Sociedad Española de Ciencias y
Técnicas Historiográficas.
Paleografía II. Las escrituras góticas desde 1250 hasta la imprenta.
BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE CIENCIAS Y TÉCNICAS HISTORIOGRÁFICAS
Consejo de redacción:
Presidente: Dr. D. José Antonio Fernández Flórez
Vicepresidenta: Dra. Mª Luisa Cabanes Catalá (†)
Vocales: Dra. Virginia Cuñat Ciscar
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Consejo asesor:
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Dr. Robert Favreau, Université de Poitiers
Dr. Armando Petrucci, Scuola Normale Superiore di Pisa.
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Coordinación:
Dra. María Josefa Sanz Fuentes
Dr. Miguel Calleja Puerta
Entidades colaboradoras:
Universidad de Oviedo
- Vicerrectorado de Investigación y Relaciones con la Empresa
- Facultad de Geografía e Historia
- Departamento de Historia
Principado de Asturias, Plan de Ciencia y Tecnología 2006-2009
Junta General del Principado de Asturias
Real Instituto de Estudios Asturianos
ÍNDICE
PRÓLOGO
María Josefa Sanz Fuentes y Miguel Calleja Puerta ................................. 13
PONENCIAS
Las escrituras góticas hispanas. Su bibliografía
Pilar Ostos Salcedo .................................................................................... 17
Manuscritos de copistas hispanos (siglo XIV y primer tercio del XVI)
María del Carmen Álvarez Márquez .......................................................... 51
La escritura gótica documental castellana
María Josefa Sanz Fuentes ......................................................................... 107
La escritura gótica en las inscripciones
María Encarnación Martín López .............................................................. 127
La escritura gótica en Cataluña. Grafías, usos y difusión social
Daniel Piñol Alabart................................................................................... 159
La escritura gótica en el reino de Navarra en la plena y baja Edad Media
María Isabel Ostolaza Elizondo ................................................................. 183
COMUNICACIONES
El Primer libro de actas capitulares de la Catedral de Cuenca (1410-1418).
Materialidad y escritura.
Francisco Antonio Chacón Gómez-Monedero, Mª Teresa Carrasco Lazareno
y Manuel J. Salamanca López .................................................................... 225
La escritura del primer Libro de Actas del Concejo de Oviedo (1499)
Jaime Fernández San Felices...................................................................... 245
Características gráficas de los talleres epigráficos rurales ligados a la pintura
Natalia Rodríguez Suárez ........................................................................... 267
PRÓLOGO
Este volumen reúne las ponencias y comunicaciones que fueron presentadas
en el transcurso de las V Jornadas de la Sociedad Española de Ciencias y Técni-
cas Historiográficas. Algunos meses antes de su celebración, su Junta Directiva ter-
minó adjudicando su organización a la Universidad de Oviedo. Y en los días 18 y
19 de junio de 2007 se congregaron en su Aula Magna más de medio centenar de
profesores y alumnos procedentes de una veintena de universidades españolas y
portuguesas.
El tema que articulaba aquellas dos sesiones académicas era el estudio de las
escrituras góticas en España, en un período fijado convencionalmente entre me-
diados del siglo XIII y la introducción de la imprenta. Continuaba así el ciclo ini-
ciado en Burgos, y que por tres ediciones consecutivas pretendería establecer un
estado de la cuestión de la historia de la escritura en nuestro país.
En esta ocasión, el programa científico de las Jornadas se articuló en siete po-
nencias encomendadas a acreditados especialistas. La primera de ellas presentó un
panorama bibliográfico sobre las escrituras góticas hispanas. Dos ponencias se in-
teresaron por la escrituras góticas en los códices y en las inscripciones. Y el resto
se repartió el territorio peninsular, abarcando las manifestaciones gráficas de los
siglos finales de la Edad Media en los territorios de Castilla, Cataluña, Valencia y
Navarra. En fin, cuatro comunicaciones ilustraron aspectos particulares de las es-
crituras góticas en diversos ámbitos.
El texto de estas intervenciones se publica en este volumen. Pero es de la-
mentar, sobre todo, la excepción de la ponencia relativa a La escritura gótica en
el reino de Valencia, que dictaron los Profesores Mª Luisa Cabanes Catalá y Ra-
món Baldaquí Escandell. Transcurridos algunos meses desde la celebración de las
jornadas, nos sorprendía la noticia lamentable del fallecimiento de nuestra com-
pañera. Y así quedó inconclusa la redacción definitiva de la ponencia que brillan-
temente habían presentado en Oviedo, pasando revista a las más variadas mani-
festaciones de la escritura gótica en territorio valenciano.
Por último, debe reseñarse que la organización de estas V Jornadas fue posi-
ble con el patrocinio generoso de diversas instituciones: la Consejería de Educa-
ción y Ciencia del Gobierno del Principado de Asturias a través de su Plan de
Ciencia Tecnología e Innovación; la Universidad de Oviedo, con el apoyo de su
14 PRÓLOGO
Vicerrectorado de Investigación y Relaciones con la Empresa, de la Facultad de
Geografía e Historia, del Departamento de Historia y del Servicio de Publicacio-
nes; y en fin el Real Instituto de Estudios Asturianos. Todas estas entidades han fa-
cilitado la organización de las jornadas y la edición de las actas y por ello son
acreedores de nuestro agradecimiento. A ellas, y a todas las personas que partici-
paron en que su desarrollo fuese más grato, le guardan sus organizadores el apre-
cio más profundo.
PONENCIAS
Las escrituras góticas hispanas. Su bibliografía
Pilar Ostos Salcedo
Universidad de Sevilla
Esta contribución sirve de pórtico a los estudios existentes en este libro, de-
dicados todos ellos a profundizar sobre uno de los ciclos escriturarios más intere-
santes, ricos y complejos de la evolución de la Historia de la Escritura Latina en
general y de España en particular. O quizás, sea mejor precisar, de los distintos rei-
nos hispanos existentes en los últimos siglos medievales, pues el fenómeno euro-
peo de la regionalización de la escritura que se dio en aquella época es aún más
patente en estas tierras.
La recopilación bibliográfica que aquí se da no pretende ser exhaustiva y se
complementa con la existente en los otros trabajos que se publican en este volu-
men1. Se ha articulado este trabajo recogiendo, en primer lugar, lo que muestran
las obras de carácter general, es decir, los manuales y repertorios. Después, se ha
tenido en cuenta la obligada diferenciación –al menos en este periodo escritura-
rio y en especial para las escrituras cursivas- entre los diferentes reinos hispanos.
Dentro de este segundo apartado, primero se trata sobre los estudios relacionados
con la Corona de Castilla, se continúa luego con los relativos a la Corona de Ara-
gón y se finaliza con el reino de Navarra. Se añade, a continuación, las referencias
completas de los estudios dedicados a las escrituras góticas o a algún aspecto re-
lacionado con ellas2.
1 Se ha prescindido, por lo general de los datos que aparecen en las fichas catalográficas de las
colecciones diplomáticas, porque poco o nada aportan a esta relación de estudios específicos
sobre el uso de las escrituras góticas en territorio hispano, a no ser la mayor o menor difusión
de unos trabajos y la solución terminológica que adopta el responsable de la edición.
2 En la referencia de los manuales y libros de carácter general de la bibliografía se añaden las
páginas concretas dedicadas a las escrituras góticas.
18 PILAR OSTOS SALCEDO
1. Los manuales de Paleografía y obras de carácter general
Desde los primeros momentos se observan dos cosas en los manuales al uso.
Una, que las referencias a las escrituras empleadas en la Corona de Castilla han
gozado siempre de una mayor profundidad y extensión. La otra, que para el caso
castellano siempre se ha detectado una diferencia de tratamiento e incluso de for-
mas gráficas, a las que se ha denominado de diferente manera, en función de la ma-
yor o menor solemnidad del documento, fundamentalmente del procedente de la
cancillería real, que ha sido habitualmente el más estudiado.
En este primer apartado de carácter general parece casi obligado comenzar
por la obra del P. TERREROS Y PANDO, ya que fue el punto de partida de
gran parte de los trabajos posteriores y siempre aparece mencionado –e inclu-
so denostado– cuando indefectiblemente se pone de relieve lo inapropiado de
ciertas denominaciones de escrituras por él utilizadas –como la llamada letra de
albalaes–, pero que aún hoy día se siguen utilizando. En ese recorrido hacia
atrás que realiza este autor de mediados del siglo XVIII, primero aborda la es-
critura del siglo XV, después la del XIV, para continuar en el siguiente capítu-
lo con la del siglo anterior.
El P. Terreros ya se basa en la legislación de los Reyes Católicos para distin-
guir entre cortesana3 y procesada4 por una parte y por otra, al analizar la escritu-
ra del siglo XIV distingue, decididamente, una letra de privilegios, que define co-
mo redonda5 y ya utilizada en las dos centurias anteriores6, y una letra de albalaes,
descrita como estrecha, de trazos delgados y rasgada7, que considera poco dife-
rente a las existentes en el siglo XV, es decir, a la cortesana y procesal. Distinción
–escribe– que se puede comenzar a apreciar ya en el siglo XIII. En consecuencia
3 La define como una letra apretada, menuda y enredada. En ella se escribían las cartas y des-
pachos de las Secretaría de los Reyes, de su Consejo y Chancillería y en ella se mandó a los
escribanos de el Reyno que formasen sus escrituras (p. 34).
4 Según el P. Terreros, la letra procesada venía a ser una corrupción desreglada de la cortesana con-
sistente en desfigurar la traza y figura de todos los caracteres, escribir sin división de letras, ni
dicciones, formando líneas enteras en una encadenada algarabía, sin lebantar la pluma del pa-
pel (pp. 34-35). Esta forma de escribir desordenado y sin regla fue el utilizado por los profesio-
nales de la pluma porque con poco trabajo crecía mucho lo escrito y la paga (p. 35).
5 Además de “redonda”, señala que la letra de privilegios es corpulenta, clara y hermosa y que
se utilizaba en los privilegios rodados, en los libros bien escritos y en las escrituras de más im-
portancia entre los vasallos (p. 58).
6 Cuando aborda la escritura del siglo XIII, además de redonda la define también como gallar-
da, en contraposición de la letra de albalaes, que la considera ordinaria y rasgada (p. 64).
7 Esta letra de albalaes se utilizaba en albalaes, cédulas, órdenes y cartas de menos importan-
cia de los Reyes, y en las cartas misivas, instrumentos y comercio común de los vasallos, y aun
en algunos libros (p. 58).
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 19
desde 1758 se viene adoptando, o para muchos arrastrando, esta nomenclatura
que para unos resulta muy difícil sustituir y para otros es plenamente aceptada y,
en consecuencia, abogan por mantener.
Unos años después –en 1780–, el P. ANDRÉS MERINO en sus reflexiones
sobre las láminas que reproduce, en las que unas veces se hace eco de los pro-
tagonistas de la bella diplomatica, es decir de Mabillon y Papenbroech, y otras
expresa su desacuerdo con el P. Terreros, introduce muchas cuestiones relacio-
nadas con la Diplomática, otras con la Numismática, pero muy poco respecto
la escritura, a la que describe con adjetivos tan poco precisos como letra del
gusto de la época o letra de buena mano; a la letra procesal la califica como la
letra más oscura, la peor. En ocasiones, ante su dificultad advierte que el lec-
tor necesita mucha paciencia y ante la escritura usual que muestra el condes-
table de Castilla de 1479 escribe que Pedro Fernández de Velasco escribe con
el carácter más horrible, desgreñado y feo8. Sólo en el comentario que hace de
documentos de la segunda mitad del siglo XV se hace eco de la nomenclatura
de cortesana y procesada que mencionaba el anterior, detectando el encadena-
miento de las letras en escrituras ya del XVI. En sucesivas ocasiones utiliza el
término de letra de provisión real, que podría identificarse con la cortesana por
la descripción que proporciona. En ningún momento menciona las de privile-
gios y de albalaes.
A finales del siglo XIX -1880- y ya en 1917, en la segunda edición de su
obra, corregida y aumentada, J. MUÑOZ Y RIVERO atribuye las nomenclatu-
ras de letra de privilegios9 y de albalaes10 al P. Burriel, las considera derivadas
de la minúscula francesa y repara la evolución de sus formas hacia otras más
redondeadas a partir de la segunda mitad del siglo XIV, paso previo de la cor-
tesana11 ya detectable en la centuria siguiente. Para este erudito la escritura de
albalaes puede considerarse como el primer paso dado para la corrupción de
los hermosos caracteres del siglo XII12, que ya se implanta con la procesal des-
8 ID., ibid., p. 294.
9 Para Muñoz y Rivero la escritura de privilegios apenas difiere de la francesa, tan sólo en que
es algo más esquinada en los extremos de sus trazos de la caja de renglón, en terminar sus cur-
vas bastante prolongadas sus trazos altos y sus caídos, y en estar recargada de inútiles ras-
gos de adorno (p. 32).
10 Indica que la morfología de sus letras coincide con la anterior, pero que se diferencia en sus
proporciones, inclinación y ligado (p. 32). En una ocasión la denomina como francesa cursi-
va (p. 34).
11 Considera que la letra cortesana es una derivación de la letra de albalaes, de la que se diferen-
cia por el redondeamiento de sus trazos y la define como una letra apretada, menuda, no muy
pródiga de abreviaturas y extremadamente ligada (p. 36).
12 ID., ibid., p. 37.
20 PILAR OSTOS SALCEDO
de el último tercio del siglo XV, a la que define como viciosa desde su origen13
y la mayor decadencia de la escritura patria14. En la segunda parte de su obra,
analiza las formas gráficas y su evolución hasta el siglo XVII, que acompaña
con unos cuadros en los que diferencia primero las mayúsculas de las minús-
culas y después lo hace por cronología, señalando las diferencias por siglos.
Comete el error de considerar que estas escrituras también se utilizaron en la
Corona de Aragón y en Navarra, si bien observa que su cursividad no alcanzó
el mismo grado y lo explica apelando a sus relaciones con Italia y Francia. Pe-
ro a esto, prácticamente, se limitan las observaciones referidas a los reinos
orientales de la Península.
Pocos años después, Z. GARCÍA VILLADA se hace eco de la doctrina ante-
rior, en especial de la obra de Muñoz y Rivero, incorpora ejemplos concretos de
cada tipo de escritura, principalmente útiles sobre manuscritos de la época. Utili-
za el término de minúscula gótica humanística para lo que sin duda hoy conside-
ramos como precortesana, ya que lo utiliza para designar la letra de códices de la
segunda mitad del siglo XIV y de principios del XV15. Suele incorporar muestras,
aunque pocas, de la gótica cursiva empleada en la cancillería catalano-aragonesa16
y también del reino de Navarra.
La principal figura española, A. MILLARES CARLO, en sus sucesivas
ediciones pone de manifiesto –respecto a las escrituras góticas– los conoci-
mientos paleográficos que se dieron entre 1929 y 1983 en España y en Europa.
En los tres manuales trata por separado la escritura de los códices y la de los
documentos por una parte y por otra, desde la primera edición incorpora un
epígrafe específico para la escritura documental de la Corona de Aragón y otro
para el reino de Navarra, ambos, sin embargo, más breves que el destinado a
Castilla. Epígrafes que se convertirán finalmente en capítulos independientes en
el último manual.
En el ámbito librario, tratado como se ha dicho de manera conjunta, precisa
–en un principio– que durante los siglos XIV y XV en Castilla se utilizaron tres
13 Para este autor –y veremos después que para otros muchos- la escritura procesal es la corrup-
ción o degeneración de la cortesana, con la que coincide en formas alfabéticas y en abrevia-
turas, pero era más tendida, más incorrecta, de mayor tamaño y más abundante en enlaces, pre-
sentando mayor irregularidad en la separación de las palabras (pp. 36-37).
14 ID., ibid., p. 37.
15 Entre los manuscritos que pone como ejemplo de esta supuesta minúscula gótica humanística
están la versión de Alfonso XI de la Crónica Troyana de 1350 (Biblioteca de El Escorial
(=B.E.), j.h.6), la Crónica de Alfonso XI escrita por Ruy Martínez de Medina de Ríoseco de
1376 (B. E., I,II,10) y la Grande e general ystoria del Rey Sabio de 1405 (B. E. Y,i,I) (láms,
96-98, pp. 322-324).
16 Láms. 83, 84 y 106.
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 21
tipos de escritura: el gótico17, el redondo o semigótico18, muy similar –señala– a
la escritura de los privilegios rodados, y el cursivo. A ellos añadió en 1983 la le-
tra bastarda19. Siempre señala para qué tipo de contenidos se utilizaba preferen-
temente cada uno. En la Corona de Aragón distingue, por contra, la gótica, la cur-
siva y un tercer tipo intermedio, caracterizado por el descuido en su trazado y el
empleo de formas cursivas. Como ocurre para Castilla y como veremos también
en el ámbito documental, incorpora la bastarda en su última versión para códices
catalano-aragoneses y navarros.
Sus conocimientos de Diplomática real castellana le llevan a relacionar siem-
pre las escrituras con los tipos documentales en los que se empleaban preferente-
mente. Así, llega a la conclusión de que en el siglo XIII los privilegios rodados se
escribieron siempre con minúscula caligráfica, que en la última versión va a de-
nominar como minúscula diplomática; los mandatos en papel, se hicieron en cur-
siva gótica20; las cartas plomadas de Alfonso X y Sancho IV, salvo raras excep-
ciones, en una minúscula similar a la de los privilegios rodados, mientras que las
de Fernando IV muestran indistintamente una u otra; por último, las cartas abier-
tas suelen estar escritas en cursiva, aunque también pueden haber utilizado la otra
escritura. Ya en el siglo XIV destaca el avance de la cursiva en la documentación,
en especial en la emitida en papel, y la pervivencia de la minúscula en los docu-
mentos más solemnes. No se localiza en sus dos textos iniciales el nombre de pre-
cortesana, sino que en la edición del 32 adelanta la cortesana a mediados del si-
glo XIV21 y será ya en el Manual de 1983 cuando matice que no le parece
inadecuado la utilización de este término para el periodo de evolución previo a la
conformación de la cortesana22.
17 Se trata de la gótica perfecta que se utiliza preferentemente para los códices latinos y en es-
pecial los de carácter religioso.
18 Por las descripciones que acompaña y los ejemplos que da se corresponde con la gótica tex-
tual y con la precortesana.
19 Basándose en el manual de Cencetti, reconoce el empleo de esta escritura de origen francés en
códices del siglo XV en Navarra, en la Corona de Aragón y en la de Castilla (pp. 213-214).
20 Ya en su primer Manual, Millares considera impropio el término de albalaes establecido por
el P. Terreros y prefiere designarla cursiva gótica, una escritura empleada desde mediados del
siglo XIII (p. 222), si bien en la última edición matiza al considerar que esta denominación es
impropia en lo que concierne al siglo XIII, ya que el tipo diplomático de la cancillería caste-
llana conocido como “albalá”, no surge hasta el reinado de Pedro I (1350-1369) (p. 193).
21 En la edición de 1932, además de señalar que está de acuerdo con la denominación de corte-
sana, expone que esta escritura se empleó en documentos reales y particulares desde prome-
dios de la centuria decimocuarta (p. 330).
22 Indica Millares en su Manual de 1983 que en los últimos años del siglo XIV la escritura co-
mienza a mostrar una transformación gradual hacia el redondeamiento de las letras, en la abun-
dancia de las curvas y la progresiva abundancia de ligaduras (pp. 224-225).
22 PILAR OSTOS SALCEDO
Acerca de la situación en la documentación particular indica que es muy di-
fícil, por no decir imposible, fijar el momento en que se inició el cambio de mi-
núscula en cursiva y en qué lugar se dio primero. En todo caso, sitúa este cambio
a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII. Su evolución posterior será semejante
a la experimentada en el ámbito real y se detiene en la caracterización y diferen-
cias de la cortesana y procesal, especialmente descritas en su Album de Paleo-
grafía Hispanoamericana, hasta llegar a su última fase, en la que se encadenaban
las letras y las palabras entre sí. Precisa que a partir del siglo XIV la evolución de
la escritura de los documentos privados fuera de Castilla fue diferente y en ningún
caso alcanzó ese grado de cursividad.
Respecto a la escritura empleada en la cancillería catalano-aragonesa, a la
que ya en la última versión dedica un capítulo aparte, intenta realizar una clasifi-
cación de sus documentos. Diferencia en el siglo XIII, asimismo, una minúscula
caligráfica con influencias cursivas y una gótica cursiva de diferente grado de tra-
tamiento, añadiendo en 1983 una semicursiva y la nomenclatura de gótica cata-
lana aragonesa, según la había establecido Sevillano Colom en su trabajo sobre
la cancillería de los reyes de Mallorca, que es la típica de finales del siglo XIII y
del siglo XIV en esta Corona. Es en esta última versión cuando también se hace
eco de los avances de los estudios de Diplomática para abordar la situación de la
escritura en los documentos. La situación gráfica señalada va a continuar en la
centuria siguiente, aunque ya a finales del siglo XIV la escritura cursiva es traza-
da de manera muy regular y tiene aspecto librario. Incorpora finalmente las in-
fluencias de la bastarda francesa desde el reinado de Pedro IV, haciéndose eco
del trabajo de L. d’Arienzo, y de la primera humanística cursiva.
Idéntica evolución y situación es la que reflejan los documentos regios nava-
rros en el siglo XIII, resaltando una angulosidad en los siglos posteriores, que la
hará inconfundible. Será en 1983 cuando ya la relacione con la bastarda francesa
a partir de mediados del siglo XIV y aconseje su estudio comparativo con los do-
cumentos de los soberanos franceses coetáneos. Menciona, también, Millares el
uso de la cursiva de los documentos reales catalano-aragoneses desde el primer
cuarto del siglo XV en este reino. A la hora de abordar la documentación privada
navarra pone el acento en la convivencia de tipos gráficos de tradición diferente,
pues unos tienen una escritura de tradición castellana, otros de impronta bastarda
y, finalmente, también detecta el uso de escrituras itálicas en la correspondencia
privada.
A partir de Millares, todas las obras de carácter general y estudios específi-
cos se harán eco de su sistematización, información y nomenclatura. Así no ha de
extrañar que otro clásico de nuestros autores, si bien más para la Diplomática que
para la Paleografía, A. C. FLORIANO CUMBREÑO coincida en gran manera
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 23
con los contenidos existentes en los dos primeros manuales de don Agustín, aun-
que opta por utilizar el término de letra de albalaes, matiza que adolece de noto-
ria impropiedad23. Sus conocimientos de la documentación castellana se observan
en la descripción y evolución de los signos gráficos que realiza. Del mismo mo-
do, Floriano incorpora una cronología más precisa de uso de la letra de albalaes,
que se emplea, según este autor, desde el siglo XIII hasta finales de la centuria si-
guiente; la cortesana comenzaría a darse a finales del siglo XIV y dura bien en-
trado el siglo XVI y, en tercer lugar, la procesal. En líneas generales este texto fue
la base principal de los apuntes de paleografía realizados por MORTERERO Y
SIMÓN años después.
La situación se mantendrá de esta manera hasta que A. CANELLAS LÓPEZ
decidiera aplicar la calificación propuesta por el holandés G. I. Lieftinck24 a la
realidad hispana, teniendo en cuenta la diversidad y regionalización de nuestro
país. Estos ejemplos de escrituras latinas para uso didáctico vienen acompañados
de un comentario paleográfico, que se encabeza con la designación terminológi-
ca de cada una de las láminas reproducidas. Así, en la edición de 1966 distingue:
pregótica castellana; pregótica aragonesa; libraria caligráfica fracturada; libra-
ria caligráfica redonda; libraria textual; libraria corriente; libraria bastarda;
bastarda textual; bastarda formada; bastarda corriente; notular; cursiva textual;
cursiva formada; cursiva corriente aragonesa; cursiva corriente cortesana; cur-
siva corriente procesal y ya para realidades posteriores, menciona también una
cursiva corriente redondilla y otra cursiva corriente encadenada, que después no
va a mantener en 1974.
En la segunda edición, añade ejemplos de lo que él denomina como pregóti-
ca leonesa; pregótica gallega; pregótica occidental; e introduce el término de tex-
tual caligráfica cancilleresca. A las librarias de la primera edición les cambia la
denominación por textual y, por ejemplo, la libraria caligráfica fracturada pasa a
ser designada como textual caligráfica fracturada. En consecuencia, las cursivas
textuales anteriores se transforman en cursivas librarias. Un último cambio se re-
laciona con el nombre de bastarda, que desecha en esta ocasión para sustituirlo por
el de híbrida.
A partir de ahora, algunas obras incorporarán esta clasificación y otras, por el
contrario, mantendrán lo recogido en los manuales de Millares. Con algunas di-
ferencias o aportaciones que intentaremos señalar.
23 P. 486.
24 GERARD I. LIEFTINCK, Pour une nomenclature de l’écriture livresque du période dite gothique.
Essays s’applicant aux manuscrits originaires des Pays-Bas : Nomenclature des écritures li-
vresques du XIe aux XVe siècles, París 1954, pp. 13-34.
24 PILAR OSTOS SALCEDO
En este panorama de la manualística hispana, tuvo y tiene su importancia el
manual de la UNED en sus diferentes ediciones. De los cuatro capítulos que se co-
rresponden con el tema de este artículo, el primero está dedicado al mundo libra-
rio, los dos siguientes a las cursivas documentales castellanas y el último a las de
Aragón y Navarra. Respecto a las nomenclaturas de las góticas usadas en los ma-
nuscritos prefiere seguir con la doctrina anterior, porque las considera más senci-
llas y fáciles de asimilar25. Así, distingue una gótica caligráfica, otra redonda26 o
semigótica y una gótica cursiva. En el ámbito documental castellano recomienda
también el mantenimiento de los términos tradicionales27, en especial en lo que a
la de albalaes se refiere, no se cuestiona el de letra de privilegios, introduce ya sin
vacilación el de precortesana o cortesana primitiva28, y en todos los tipos aporta
una cronología aproximada de uso y pervivencia29. La gran ignorada sigue sien-
do la escritura relacionada con la documentación privada.
Para la corona de Aragón se hace eco de la propuesta de M. Usón Sesé y es-
tablece la existencia de una cursiva gótica aragonesa, a pesar de que menciona en
la bibliografía el trabajo de F. C. Casula que proponía el término de gótica cata-
lana. Del mismo modo, siguiendo los estudios de L. d’Arienzo, se plantea el in-
dudable influjo de la bastarda francesa en estos territorios desde el reinado de Pe-
dro IV el Ceremonioso y se discute la posible influencia castellana en la
documentación notarial y privada que algunos defendían por la llegada al trono de
Fernando de Antequera.
25 Aunque se citan la existencia del Coloquio Internacional de Paleografía de París de 1950 y la
obra de A. Canellas López en la que se aplica la nueva terminología a la realidad gráfica his-
pana, no se exponen sus resultados y se limitan a defender la nomenclatura tradicional porque
les parece más didáctica (p. 306).
26 En las dos zonas –Castilla y Cataluña- que, según sus autores, se puede distinguir a partir del
siglo XIV dentro de la gótica redonda, la equivalente a la redonda del área castellana es una
gótica bastarda cuyas variedades tienen un posible sabor transpirenaico. Parece, por tanto, que
se aprecia la existencia de la bastarda francesa en la Corona de Aragón, aunque no en la de Cas-
tilla, por una parte y por otra, que no la individualiza en grupo diferente (p. 308).
27 Aunque sus autores ponen de manifiesto que las denominaciones dadas por el P. Terreros son
producto de su escaso conocimiento de Diplomática española, le reconocen el acierto de ob-
servar la existencia de dos tipos de escritura diferentes, que la cancillería real castellana utili-
zaba en función del tipo de documento (p. 328).
28 Se inclina por el primer término, es decir, el de precortesana, ya que la considera como el es-
tadio intermedio entre la letra de albalaes y la cortesana, no sin antes poner de relieve el error
del P. Terreros de haber considerado que entre una y otra no había existido un tipo diferente
(p. 328).
29 Según este Manual, la letra de albalaes se utilizó desde 1250 hasta el reinado de Pedro I y la
precortesana desde 1350 hasta 1425; la letra de privilegios perduró hasta el siglo XVI; la cor-
tesana se empleó durante todo el siglo XV y primer tercio del siglo XVI; la procesal, por últi-
mo, pervivió desde mediados del siglo XV hasta mediados del siglo XVII.
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 25
La realidad gráfica de Navarra sigue teniendo una exigua presencia, aunque aho-
ra sea algo mayor que en obras anteriores. La teoría que expone se puede resumir en
poner de manifiesto la influencia francesa primero y la aragonesa después, como con-
secuencia del matrimonio de Juan II de Aragón con doña Blanca de Navarra.
Las nomenclaturas de la mayoría de los manuales hasta ahora citados, prin-
cipalmente los de Z. García Villada, A. Floriano, el de la UNED, el de Morterero
y Simón, el de Millares de 1983, los exempla de Canellas, junto con la propuesta
de Mª J. Sanz Fuentes, que será tratada más adelante, han sido objeto de revisión
y crítica por parte de M. GURRUGUCHAGA en el año 1999. Aboga por una ter-
minología funcional, de uso, siguiendo la propuesta, matizada, de G. I. Lieftinck
y de F. Bartoloni y por relacionar el nivel de destreza del copista con el producto
escrito. Es una lástima que a la hora de valorar los contenidos no haya tenido muy
en cuenta la cronología de estos estudios y, en consecuencia, el estado de los co-
nocimientos en el momento de la publicación de las obras que comenta, lo que, sin
duda, le hubiera permitido apreciar con mayor conocimiento de causa las posi-
bles aportaciones realizadas por los autores. En el caso de Millares, también de Ca-
nellas, sólo analiza la última versión de ambas obras.
En los años 80 y 90 del pasado siglo, varias obras de carácter general se van
a sumar a lo ya apuntado en los trabajos citados. Algunas sin aportación destaca-
ble en cuanto al tema que es objeto de esta publicación, como ocurre con el libro
de V. CORTÉS ALONSO o la introducción a la Paleografía publicada por el ar-
chivo general de la Nación de México.
El capítulo dedicado a las escrituras góticas en la Introducción a la Paleo-
grafía y la Diplomática general, editado por A. Riesco Terrero, estuvo a cargo de
A. B. SÁNCHEZ PRIETO y J. DOMÍNGUEZ APARICIO. Tras la situación eu-
ropea, la parte correspondiente a nuestro país la articulan en dos apartados. El pri-
mero sobre la producción libraria en la España gótica, en la que conjugan la no-
menclatura tradicional hispana con la europea, identificando ésta con su
equivalente española. Sorprende que –aún en 1999– se mantenga que la bastarda
se usó casi exclusivamente en la Corona de Aragón. El segundo epígrafe, de ma-
yor extensión, lo denominan “las góticas cursivas españolas”, cuyo proceso de
formación adelantan a fines del siglo XII y principios de la centuria siguiente,
coincidiendo con Alfonso IX de León (1188-1229) y Pedro II de Aragón (1196-
1213), defendiendo la existencia de una precursiva. Precisamente sobre el ade-
lanto de la cronología de la escritura gótica en la Península en todos los ámbitos
hay un trabajo de F. GIMENO BLAY, con la aspiración –según sus palabras– de
generar un estado de opinión favorable a profundizar en esta cuestión. Ha incidi-
do de nuevo sobre esta cuestión en su planteamiento del uso de la escritura caro-
lina en tierras castellano-leoneas.
26 PILAR OSTOS SALCEDO
A partir de ahí los autores de dicho capítulo sintetizan la evolución de las cur-
sivas castellanas desde la llamada por ellos semicursivas de la época de Alfonso
X hasta –y son también sus palabras– la cursivísima procesal del siglo XVII, si-
guiendo en gran manera el manual de la UNED. Se considera a la precortesana
como una cursivización de la letra de albalaes y se compara la cortesana con las
portadas platerescas. Después, abordan la situación existente en la Corona de Ara-
gón, mencionando tres clases de escritura: minúscula, semicursiva y cursiva, las
influencias de la bastarda francesa en tiempos de Juan I (1387-1397) y la tempra-
na influencia de la humanística. Y Navarra, a la que se dedica sólo un párrafo de
pocas líneas, sigue siendo la cenicienta de los manuales.
En el año 1995 aparecen dos obras encaminadas fundamentalmente al apren-
dizaje de la lectura de la escritura latina en sus diferentes etapas. En una, consi-
derada como material de apoyo, A. RIESCO TERRERO et alii reproducen una
serie de láminas, que luego son comentadas y transcritas. En la terminología em-
pleada mezclan la tradicional con la procedente del marco europeo. En el índice
general de la obra y por el mismo orden que aparecen, distinguen: carolina de
transición a gótica; gótica pura angulosa o fracturada; gótica cursiva corriente
de transición30; gótica cursiva corriente (letra de albalaes); gótica tipificada (le-
tra de privilegios); gótica tipificada documental31; gótica pura; gótica impura;
gótica cursiva documental; escritura precortesana32; escritura cortesana33; góti-
ca cursiva próxima a la cortesana34; escritura cortesana con elementos procesa-
les; escritura procesal; gótica redonda; y escritura híbrida. Estimamos que es
una terminología variada en extremo, confusa y poco clarificadora. En la otra, M.
ROMERO TALLAFIGO et alii prestan atención preferente a las góticas emple-
adas en el ámbito documental en las breves consideraciones de carácter teórico que
anteceden al laminario: gótica redonda de privilegios, gótica cursiva de albalaes,
gótica cursiva precortesana, gótica cursiva cortesana, gótica cursiva procesal y,
30 El ejemplo que se pone es una carta abierta de Alfonso X de 1261 (lám. 8).
31 Si en la gótica tipificada (letra de privilegios) pone como ejemplo un privilegio rodado, en és-
ta se trata de una carta plomada, como si la anterior sólo se empleara en el primer tipo docu-
mental.
32 En el comentario correspondiente la define como gótica cursiva corriente tipificada (precor-
tesana), si bien en el índice general sólo aparece escritura cortesana (lám. 18).
33 En los comentarios correspondientes a las láminas de escritura cortesana, las califica también
como gótica cursiva tipificada (cortesana) (lám. 20), gótica cursiva corriente tipificada (cor-
tesana) (lám. 21), gótica corriente, tipificada, documental (cortesana) (lám. 22) y letra cor-
tesana corriente de la época (lám. 24).
34 Es un traslado de una cláusula testamentaria hecho por un notario apostólico en Atienza el año
1432 con una escritura de pequeño módulo y frecuentes envolturas, que puede ser considera-
da como cortesana sin más (lám. 17).
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 27
en último lugar, gótica aragonesa. También se menciona una gótica textual apar-
te, utilizada en los documentos más solemnes destinados a nobles, concejos y co-
fradías, que parecen considerar diferente a la citada gótica redonda de privilegios.
En la última aportación a reseñar en este primer apartado, A. RIESCO TE-
RRERO, en un vocabulario científico de nuestras materias, define varios términos
relacionados con estas escrituras, pero no todos, y mantiene algunos ya caídos en
desuso, como la llamada letra de juros. Hay entradas para pregótica, letra de al-
balaes y cortesana; no existe ninguna para la semigótica; por otra parte, la dedi-
cada a la letra de privilegios y de juros de heredad la remite a la minúscula di-
plomática; menciona las documentales castellanas en la voz dedicada a las góticas.
A pesar de que en los ejemplos que reproduce pone uno que califica de gótica cur-
siva precortesana, no incorpora ninguna definición de ésta. En estas mismas re-
producciones, algunas son calificadas como góticas, otras sólo como letras35.
A esta relación de obras generales que se ha ido citando en este primer apar-
tado, hay que añadir la que V. GARCÍA LOBO y E. MARTÍN LÓPEZ han hecho
sobre epigrafía medieval, en donde las inscripciones con escritura gótica tienen
también su amplia representación.
2. Corona de Castilla
Si de los contenidos recogidos en los Manuales y obras de carácter general
centramos nuestra mirada, en segundo lugar, en los estudios relacionados con el
uso de las góticas en la Corona de Castilla, se puede señalar que la mayoría par-
ten de lo recogido en ellos, en especial en el de A. Millares, obligado punto de re-
ferencia para cualquier estudio específico acerca de la escritura y su evolución en
tierras castellano-leonesas.
En el año 1986, C. ÁLVAREZ MÁRQUEZ facilitó un útil trabajo acerca de
las diferentes góticas librarias usadas en esta Corona, teniendo como punto de re-
ferencia la famosa terminología de G. I. Lieftinck y la innovadora adecuación pro-
porcionada por A. Canellas en los códices hispanos, no sin valorar y en ocasiones
desechar algunas de las soluciones formuladas. Entre otras matizaciones, se inclina
por desterrar los adjetivos de “fracturada” y “redonda” que había incorporado Ca-
nellas. Su propuesta terminológica, tras analizar las características morfológicas
e indicar su uso más habitual, es la siguiente: gótica textual caligráfica, gótica
textual, gótica textual corriente, gótica notular, gótica cursiva, gótica cursiva for-
mada y, finalmente, prefiere el término de bastarda al de híbrida, que había sido
35 Por ejemplo, se puede leer letra procesal (siglo XVI) y a continuación gótica procesal enca-
denada, si bien en su definición incorpora tanto letra como escritura entre paréntesis.
28 PILAR OSTOS SALCEDO
modificado por A. Canellas en la 2ª edición de sus Exempla, como ella misma ad-
vierte36.
De sumo interés es el estudio que dedicara D. L. CREASY al desarrollo de
la gótica textual en España, ya que está basado en la producción libraria relacio-
nada con Toledo y en la época de transición de la carolina a la gótica. Es decir, una
producción anterior a la de Alfonso X, poco conocida por la escasez de trabajos y
porque es menos llamativa que la relacionada con el rey Sabio. Su estudio por-
menorizado de las formas gráficas y de los signos abreviativos es de gran ayuda
para analizar la escritura de ese período de transformación gráfica, como, por
ejemplo, los manuscritos más o menos coetáneos de la Obra histórica del arzo-
bispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada, que abordé en 1998 y publiqué en Scrip-
torium. Más recientemente P. SUPINO MARTINI ha caracterizado las góticas
textuales utilizadas en Castilla en la primera época en un artículo en el que tam-
bién define las empleadas en los otros reinos ibéricos y en Italia.
Análisis paleográfico detallado –y también codicológico– es el que E. E.
RODRÍGUEZ DÍAZ ha llevado a cabo en uno de los manuscritos de la catedral
ovetense de la época de su famoso obispo don Gutierre. Me refiero al llamado
libro de la Regla Colorada, objeto de su tesis doctoral. La gótica textual en la que
fue escrito éste y donde prima la legibilidad frente a la rapidez contrasta con la
gótica cursiva con la que fueron escritos otros dos libros, también de carácter ad-
ministrativo, en este mismo lugar y en esos mismos años, como el Becerro y el
libro de los Privilegios. Su trabajo sobre los cinco códices que contienen la obra
del franciscano Nicolás de Lyra realizados para el noble hispalense Per Afán de
Ribera la volvió a poner en contacto con las góticas, las textuales con las que se
escribieron los tres primeros tomos y la bastarda cursiva con la que se ejecutó
el último.
Sobre la actividad del escritorio ovetense es de reseñar, asimismo, el estu-
dio del ms. 43 de la catedral de Oviedo realizado por V. M. RODRÍGUEZ VI-
LLAR. En este libro de regla del cabildo (Kalendas I) el autor diferencia y ana-
liza las casi ochenta manos que intervinieron entre 1226/1236 y 1317 en este
obituario. Lo que supone una interesante visión de la escritura gótica utilizada
en este lugar.
Junto a ellos, también es obligado citar los diversos trabajos que A. SUÁREZ
GONZÁLEZ ha llevado a cabo sobre fuentes librarias, en especial de las relacio-
nadas con la ciudad de León, muchas de ellas elaboradas en esa frontera –a veces
difícil de fijar o establecer– entre lo carolino y el primer gótico utilizado en tierras
leonesas.
36 P. 32.
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 29
Otros muchos cartularios han sido estudiados en diferentes épocas y por di-
ferentes especialistas. En ellos es normal que se haga referencia, más o menos
pormenorizada, al tipo de escritura empleado y a las posibles manos que intervi-
nieron en su confección, detectables sobre todo gracias a la aplicación de un aná-
lisis paleográfico. Por citar algún ejemplo, cabe señalar el Tumbo negro de Zamora
estudiado por Mª A. VILAPLANA MONTES, donde detecta la intervención de
hasta doce copistas y una variada gama de tipos que van desde la carolina de fi-
nales del siglo XII a la gótica textual formada del siglo XIV. Este análisis le lleva
a plantear la existencia de una escuela y de un escritorio catedralicio en la ciudad
de Zamora.
Las lujosas ediciones facsímiles de los manuscritos alfonsíes suelen llevar es-
tudios de su escritura, aunque por lo general se ha prestado más atención a su pro-
grama decorativo que a la realidad gráfica. Otras obras, a veces posteriores en el
tiempo, pero con contenido alfonsí, como un Espéculo que se conserva en la Bi-
blioteca Nacional, llevan un estudio de su escritura. Éste ha permitido a J. M.
RUIZ ASENCIO retrotraer la cronología de este códice a la segunda mitad del si-
glo XIV –y con probabilidad más próxima a 1399 que a 1350– y a calificarla co-
mo una escritura cursiva formada. Entre los aspectos que toma en consideración
destaca el uso, abusivo según este autor, de la doble ss tanto a principio como en
medio de palabra y las correcciones que se hace posteriormente de ello. También
el códice con la Primera Partida que se conserva en el Museo Británico ha sido
analizado por este especialista, concluyendo que fue escrito en una gótica libra-
ria caligráfica fracturada por dos manos en torno al año 1300.
La posibilidad de datar códices escritos en littera textualis ha sido contemplada
por Mª J. TORRENS no ha mucho, basándose en el análisis de un documento del si-
glo XIII y diez códices de la misma centuria, a excepción de uno que es de 1162. Por
otra parte, la ayuda de la variación en las formas gráficas en conjunción con criterios
filológicos para la datación de manuscritos en gótica textual puede contemplarse, por
ejemplo, en el trabajo de C. FERNÁNDEZ LÓPEZ sobre el uso de la i larga en có-
dices y documentos del siglo XIII en adelante, en el que señala que a mediados del
siglo XIV comienza a darse una diferenciación gráfica entre la i larga para la repre-
sentación de la vocal y otra alta para la nuestra actual jota.
Las interesantes y en cierta manera añoradas reuniones de Benassal (Caste-
llón), a las que nos convocaba anualmente el dr. Trenchs Ódena a principios del
mes de junio, fueron dedicadas en una ocasión –se trataba del tercer curso– a cues-
tiones de Paleografía. Las intervenciones fueron publicadas años después en el
número 21 del Anuario de Estudios Medievales. Entre ellas, cabe citar la realiza-
da por Mª J. SANZ FUENTES, en la que apuesta decididamente por la termino-
logía de Lieftinck y, en especial, propone nuevas terminologías en el uso docu-
30 PILAR OSTOS SALCEDO
mental de las escrituras góticas castellanas. Es un intento razonado de la aplica-
ción de la nomenclatura en el campo de los documentos, que ha tenido cierta re-
percusión en estudios posteriores. Además, partiendo de la situación gráfica ante-
rior y de su incipiente evolución hacia dos tipos diferentes, corrobora las
matizaciones de A. Canellas respecto a la existencia de dos subtipos, los de “frac-
turada” y “redonda”, dentro del uso librario de estas escrituras.
Respecto al ámbito documental y al predominio de las cursivas en sus varie-
dades nacionales y locales, formula la siguiente denominación: una gótica cursi-
va fracturada, en la que se pueden diferenciar tres tipos según la mayor o menor
velocidad con la que se ejecuten las letras –formata, de uso común y currens–, que
correspondería en líneas generales a la “letra de albalaes”. Desde la segunda mi-
tad del siglo XIV, se puede comenzar a apreciar la evolución de la escritura hacia
un mayor redondeamiento de las formas, que tras un periodo de transición –co-
rrespondiente a la llamada “precortesana”– cristalizará en la gótica cursiva re-
donda o “cortesana”, en la que también se podrá distinguir tres subtipos, al últi-
mo de los cuales denomina como gótica cursiva redonda corriente, que a finales
del siglo XV desembocará en la llamada comúnmente como “procesal”. También
se detiene en las góticas textuales, tanto fracturadas como redondas, utilizadas en
la documentación más solemne y como escritura distintiva de ciertos elementos o
partes de los documentos.
De esta propuesta se hace eco, entre otros, P. CUENCA MUÑOZ en su revi-
sión acerca de la escritura gótica cursiva castellana publicado en 2004, donde ana-
liza, sintetiza y critica las diferentes aportaciones y en especial el tema de la no-
menclatura, aspecto recurrente en la mayoría de los trabajos, como se puede
apreciar. Se detiene en la letra de albalaes y opta, decididamente por el manteni-
miento del término cortesana frente al de “gótica cursiva redonda”37. A su vez M.
GURRUGACHAGA, en el artículo antes comentado acerca de la nomenclatura de
las góticas cursivas castellanas, aboga por la sistematización y terminología pro-
puesta por Mª J. Sanz.
Las góticas cursivas documentales han sido objeto de diversos trabajos en los
últimos años. Uno de los campos de batalla más complicados es el empleo de una
terminología que casi todos señalan como impropia, pero que luego sigue siendo
utilizada por gran parte de los que abordan este tipo de documentación. Unos han
abordado un tipo de escritura concreta, otros, por el contrario, se detienen en las
utilizadas en una producción documental determinada, como puede ser la de la
cancillería real o bien la empleada por los notarios castellanos. En otras ocasiones,
37 Considera que la escritura cortesana es “parte de nuestra cultura” y que “alude con toda clari-
dad a la clase social y al ámbito al que pertenece” (p. 32).
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 31
los estudios hacen referencia a la evolución de la escritura en una zona geográfi-
ca y, en último lugar, también se pueden encontrar datos, de mayor o menor am-
plitud y profundidad, en colecciones diplomáticas de un fondo determinado.
Respecto al estudio de escrituras concretas, se puede señalar, en primer lu-
gar, el dedicado por Mª T. CARRASCO LAZARENO al inicio del desarrollo de
las cursivas en Castilla a través de la documentación del siglo XIII de la Orden de
Calatrava, de Santo Domingo el Real de Madrid, de Toledo y más recientemente,
sobre el fuero de Madrid. En él evalúa la evolución de esa carolina tardía o pos-
tcarolina o protogótica hacia las formas cursivas, pasando por un estadio inter-
medio que designa como semicursiva, en la que pone de relieve su carácter híbri-
do al coexistir rasgos arcaizantes con otros innovadores y elementos caligráficos
con otros cursivos. La cronología de estas semicursivas se extendería, según las
fuentes estudiadas por ella, hasta 1275, fecha a partir de la cual son sustituidas ya
por las cursivas, y no sólo en el ámbito notarial.
Desde los años 90, B. CASADO QUINTANILLA muestra un especial inte-
rés por la tradicional escritura de albalaes y más recientemente -2003- ha vuelto
a preocuparse por lo que él considera como un paréntesis en la evolución de nues-
tra escritura latina. Su preocupación le lleva también a la escritura cortesana.
Apuesta decididamente por el término habitual para su designación –albalaes– y
defiende la propiedad del mismo, acogiéndose a su significado etimológico. Plan-
tea, por otra parte, que los cambios que se producen en la escritura se tienen que
dar, necesariamente, fuera del campo de trabajo de los profesionales de la pluma
y formula una curiosa hipótesis acerca de la posible influencia de escrituras de
otra tradición cultural existentes en suelo hispano como posible origen de las en-
volturas de la escritura castellana del siglo XV. Fenómeno éste típico y caracte-
rístico de la letra cortesana, escritura a la que A. RIESCO TERRERO le ha dedi-
cado también un artículo en el que presta especial atención a las disposiciones
regias que procuraban desterrar la mala letra procesada y favorecer la utilización
de la buena letra cortesana. Se decanta por la importancia de la figura de la reina
Isabel a la que considera promotora principal de este tipo de escritura, a pesar de
que reconoce que estaba ya en uso desde el primer cuarto del siglo XV.
Si de estudios sobre tipo de escrituras se pasa a mencionar trabajos directa-
mente relacionados con oficinas de producción de documentos, se puede seña-
lar que en el homenaje a T. Marín Ocete, publicado en 1974, A. MILLARES CAR-
LO ofrecía de nuevo sus observaciones acerca de los documentos en pergamino
de la cancillería real castellano-leonesa, donde –como ocurría en sus Manuales–
aunaba sus conocimientos de diplomática con la escritura que se empleaba. Para
determinar –una vez más– que tanto en las escrituras caligráficas como en las cur-
sivas se puede observar diferente tratamiento. Estudio, que acompaña de repro-
32 PILAR OSTOS SALCEDO
ducciones de láminas con su correspondiente transcripción. Un acercamiento a la
escritura de los documentos de Fernando III ha sido realizado por C. del CAMI-
NO MARTÍNEZ.
Cancillería real por una parte y por otra, producción notarial. En ésta, po-
demos resaltar que la escritura de los escribanos públicos de Sevilla o –en mu-
chas ocasiones– más bien de sus escribientes se conoce con precisión merced a los
diferentes trabajos que C. del CAMINO MARTÍNEZ ha venido realizando desde
1990 hasta nuestros días. Así, se cuenta con un estudio de la escritura de los pri-
meros notarios sevillanos, es decir, de la segunda mitad del siglo XIII, otro sobre
su evolución en la centuria siguiente y un tercero sobre su realidad gráfica en el
reinado de los Reyes Católicos. El amplio arco cronológico que abarcan estos tres
trabajos facilita el conocimiento del uso de la escritura en un ámbito profesional
y en unas coordenadas espaciales concretas, que pueden ser extrapolables a otras
zonas castellanas. Esta autora se plantea siempre el origen de las escrituras y su
relación –a veces imitación- con la o las escrituras empleadas en la cancillería re-
al castellana, como principal referente gráfico y documental. Por ejemplo, en la
primera época establece y periodifica dos tipos bien definidos y sucesivos en el
tiempo, a los que califica, siguiendo en parte la propuesta de F. Bartoloni, como
semicursiva documental castellana de tipo gótico de mediados del siglo XIII el
primero y el segundo ya como gótica cursiva documental castellana, también de
la segunda mitad del mismo siglo y que seguirá siendo utilizada en la primera mi-
tad de la centuria siguiente. Del mismo modo, llama la atención acerca de las sus-
cripciones autógrafas de los escribanos públicos y el mantenimiento sistemático
de ciertos elementos artificiosos, muchas veces arcaizantes, un virtuosismo gráfi-
co que redunda en la mayor visibilidad de la intervención del notario y resalta su
protagonismo.
Sus estudios acerca de estos profesionales de la escritura le ha llevado, ade-
más, a adentrarse en los tipos escriturarios utilizados por los notarios apostólicos
ejercientes en las principales sedes castellanas –como Toledo y Sevilla– y ha ob-
servado dos cuestiones de interés. Una, que muchos de ellos dominaban varios
modelos: el propiamente castellano de la época y otro, más internacional, prefe-
rentemente el empleado en la cancillería pontificia. Y dos, que su uso podía estar
condicionado por el contenido de los productos escritos, por los destinatarios o
bien por la lengua en la que estuvieran redactados.
Continuando con Sevilla, pero con el concejo de la ciudad, ha realizado un
breve recorrido por los diferentes productos gráficos elaborados por la institución
concejil y los ha relacionado con los modelos escriturarios empleados tanto en los
varios códices diplomáticos que se hicieron, sobre todo a lo largo del siglo XV, co-
mo en los libros de las actas capitulares, en los que se recogen las cuentas de los
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 33
mayordomos, en los informes de los letrados, en las peticiones dirigidas al cabil-
do municipal o en las firmas autógrafas existentes en éstas o en otra documenta-
ción emitida por el concejo, y muestras muchas de ellas de las escrituras usuales
de la época.
Si de los estudios acerca de la escritura profesional empleada en las más im-
portantes oficinas de expedición de documentos, se pasa a tratar de los estudios re-
lacionados con una zona geográfica concreta, destaca, sin lugar a dudas y desde
hace años, el antiguo reino de Galicia gracias, sobre todo, a los profundos y rigu-
rosos trabajos de M. LUCAS ÁLVAREZ. Desde el ya tradicional dedicado a los
escritorios notariales de Santiago de Compostela a su imprescindible status ques-
tionis sobre el uso, características y evolución de la escritura en Galicia. En éste,
tras analizar las fuentes librarias y documentales y las principales oficinas de ex-
pedición en cada periodo, dedica un amplio apartado a lo que denomina ciclo gó-
tico, detectando ciertos elementos que apunta ya a lo gótico desde los años fina-
les del siglo XII. Considera, por consiguiente, que la realidad gráfica gallega
permite adelantar la cronología de las escrituras góticas, tradicionalmente situada
en la segunda mitad del siglo XIII. Por otra parte, pone de relieve el papel cierta-
mente importante que tuvieron los escribas profesionales primero y los escribanos
públicos después en el desarrollo de la escritura cursiva, así como el uso del ga-
llego en la documentación, factores ambos que él considera decisivos en el ámbi-
to documental. Destaca, en último lugar, la existencia de una escritura regional, en
especial desde mediados del siglo XIV, de aspecto arcaizante, con marcada ten-
dencia al redondeamiento y fuertemente contrastada, con diferente grado de tra-
tamiento, que estima característica de aquella zona y que denomina como Gótica
de Galicia o gótica gallega documental38.
De este ritmo propio detectado por M. Lucas Álvarez en las fuentes escritas
gallegas y de su apariencia más bien rústica se hace eco M. VÁZQUEZ BERTO-
MEU en sus trabajos sobre Santiago de Compostela. Esta autora pone de relieve,
además, el fenómeno de utilización de diversos modelos gráficos –a partir de la se-
gunda mitad del siglo XV– en función de la lengua en que hubieran sido redacta-
dos o bien cuando se trasladaban documentos escritos en latín o en portugués, re-
sultado de la imitación de los originales que se copian. Ello se va a dar
especialmente, como C. del Camino Martínez ha analizado para Sevilla, entre los
notarios apostólicos que trabajaban para el cabildo eclesiástico. Por otra parte, se-
ñala que los epígrafes funerarios del siglo XV muestran una predilección por el ga-
llego y por las formas góticas hasta que en el siglo XVI son sustituidos por el cas-
tellano y por las capitales clásicas.
38 Esta escritura es propia de las zonas rurales o de ambientes ruralizados (p. 459).
34 PILAR OSTOS SALCEDO
Los casi veintisiete documentos realizados en Cartagena durante el siglo XV,
la mayoría concejiles y con firmas autógrafas de los capitulares, han sido estu-
diados y editados por I. GARCÍA DÍAZ. Su cronología justifica que la mayoría
muestren claros ejemplos de escritura cortesana o gótica cursiva redonda con di-
ferente nivel de ejecución en la intervención de los miembros del concejo de esta
localidad.
Estas escrituras usuales góticas han sido, además, objeto de ciertos trabajos,
bien por ser la mostrada por una persona de la importancia de la reina Isabel, tal
es el caso de J. C. GALENDE DÍAZ, o bien por aparecer en un manuscrito de la
primera mitad del siglo XV, al que M. GURRUGUCHAGA denomina como gó-
tica castellana usual cursiva super-currente. Las relaciones personales y/o diplo-
máticas explican, por otra parte, que se puedan encontrar escrituras típicamente
castellanas, como la precortesana, en otros reinos y lugares, como es el caso que
documenta C. SÁEZ en la persona de Diego Gómez de Sandoval, muy vinculado
a Fernando de Antequera y a Alfonso V de Aragón, cuando viajó a Sicilia acom-
pañado de algún escribano castellano.
Como se señalaba anteriormente, también en algunas colecciones diplomá-
ticas se pueden encontrar ciertas aproximaciones acerca de la escritura mostrada
por los documentos que se editan, que van más allá de su adscripción a un tipo es-
criturario determinado. Tal es el caso, por ejemplo, del vol. VIII de la catedral de
León, donde J. M. RUIZ ASENCIO aborda el paso definitivo de la escritura a los
modelos góticos, lo que le permite diferenciar entre: carolina avanzada, pregóti-
ca, gótica documental, en la que entraría la llamada letra de privilegios, y gótica
cursiva, donde se englobaría la letra de albalaes, que adquiriría sus plenos carac-
teres distintivos en la cancillería del infante don Sancho, cuando estaba en guerra
contra su padre.
Por otra parte, en el t. V de la Colección diplomática del monasterio de Sa-
hagún, J. A. FERNÁNDEZ FLÓREZ prefiere el término de gótica primitiva al de
pregótica; distingue, en segundo lugar, una gótica utilizada en los años centrales
del siglo XIII; y plantea diferencias entre la gótica de privilegios y de albalaes uti-
lizadas en la cancillería real con otras modalidades mostradas en documentos no
elaborados en ella, que denomina gótica próxima a la de privilegios y gótica pró-
xima a la de albalaes. Los documentos de finales del siglo XIV y primeros años
de la centuria siguiente los califica como gótica precortesana.
El análisis gráfico de los documentos del señorío de Cogolludo llevado a ca-
bo por A. J. LÓPEZ GUTIÉRREZ le lleva a diferenciar una gótica textual, que él
denomina como semigótica, en la documentación señorial para los contenidos más
solemnes y en pergamino, como son varios de los protagonizados por Luis de la
Cerda, conde de Medinaceli. Del mismo modo, también distingue una gótica mi-
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 35
núscula cursiva, como designa a la de albalaes, la precortesana, la cortesana y, en
último lugar, la procesal.
En este apartado, se pueden inscribir las páginas que dediqué a las escrituras
de los documentos notariales relacionados con la familia del regidor cordobés Pe-
dro González de Hoces, englobadas en esas diferentes góticas cursivas documen-
tales castellanas que se han ido repitiendo a lo largo de este trabajo.
Aunque la cronología de estas Jornadas se ciñe a la época de la difusión de la
imprenta en España, de todos es sabido que el uso de las góticas castellanas tu-
vieron una larga vida, en especial en esa escritura que ni Satanás podía entender.
Sobre su uso ya en época Moderna se encuentran también algunos trabajos es-
pecíficos, además de lo que dicen los Manuales, como el de Mª A. VILAPLANA
MONTES acerca de su expansión fuera de nuestras fronteras, como una de las es-
crituras del imperio, y la utilización de la escritura por los grupos dirigentes de la
población mejicana de Zacatecas llevado a cabo por C. del CAMINO MARTÍ-
NEZ. También se pueden citar los dos breves acercamientos de J. MATEU IBARS
a la documentación notarial granadina del siglo XVI en uno de los cuales propo-
ne una peculiar terminología científica para la descripción del signo gráfico39.
Dado que hay un artículo dedicado a la escritura gótica en las inscripciones,
no creo necesario extenderme en este ámbito. Si acaso citar los diferentes traba-
jos realizados por E. MARTÍN LÓPEZ y por V. GARCÍA LOBO, en algunos de
los cuales se compara la escritura empleada en las inscripciones con la utilizada
coetáneamente en documentos y en códices para destacar ciertas partes o ele-
mentos de los mismos.
3. Corona de Aragón
La escasa presencia –y diría que también relevancia– que tienen las escritu-
ras utilizadas durante el ciclo gótico en la Corona de Aragón en las obras genera-
les de referencia, como son los Manuales, contrasta con la relativa abundancia de
trabajos existentes sobre estas escrituras, en especial sobre su uso especializado en
la cancillería real o bien sobre las empleadas en algunos de los reinos o territorios
que formaban parte de la corona catalano-aragonesa. Goza también esta Corona
de varias obras con magníficas reproducciones de facsímiles, muy útiles para con-
tar con buenos ejemplares que permitan llevar a cabo trabajos comparativos.
Entre estos últimos, es obligado citar la Colectánea paleográfica de las dras.
MATEU IBARS, que pone a disposición de la comunidad científica un magnífi-
co material de escrituras hasta el siglo XVIII, si bien es discutible la periodifica-
39 “En torno de documentación notarial de Granada en el siglo XVI”, pp. 684 y ss.
36 PILAR OSTOS SALCEDO
ción de los ciclos escriturarios y la nomenclatura correspondiente a las escrituras
góticas que se propone. Concretamente para el ciclo gótico, realizan una triple di-
visión que hacen coincidir con los tres últimos siglos medievales. Al siglo XIII, lo
denominan gótico mediterráneo40; para el siglo XIV, establecen un ciclo trecen-
tista y prehumanístico41; y en el siglo XV, que denominan ya humanístico,42 dife-
rencian un ciclo mixtilíneo, mencionan las escrituras bastardas, las humanísticas,
las itálicas y los cánones librarios.
Es muy interesante el panorama de las escrituras en la provincia de Gerona
que publicaron –en 1993– J. ARNALL I JUAN y J. M. PONS I GURÍ, no sólo por
la reproducción de textos, sino también por el panorama de la evolución de la es-
critura que desarrollan, en la que ofrecen una clara síntesis de la evolución escri-
turaria de la Corona de Aragón. Ésta la aplican a la realidad mostrada en esta pro-
vincia catalana, lo que les permite ajustar cronologías del paso de la escritura
carolina a la gótica, que se dio a finales del siglo XII, la influencia de la bastarda
francesa o bien la llegada de la escritura humanística.
Se inclinan, como otros muchos, decididamente por el término de gótica ca-
talana, que propusiera en 1977 F. C. CASULA en su estudio sobre Jaime I, ya
que inventarios de la época –como también había demostrado J. TRENCHS– tes-
timonian que era utilizado entonces para designar a este tipo de gótica. Así la tra-
dicional polémica de la denominación de esta escritura como escritura aragone-
sa, formulada por M. USÓN SESÉ en los años 40, parece hoy día zanjada a favor
de la primera. Con independencia de su designación, todos acuerdan en conside-
rar que ésta será la escritura oficial de la cancillería hasta mediados o bien avan-
zado el siglo XIV, –en la cronología hay cierto desacuerdo–, cuando ya se em-
piecen a detectar influencias de otras escrituras cancillerescas extrapeninsulares.
Una sugerente síntesis de su escritura medieval, precedida de un estado de la
cuestión, se puede leer en el artículo al que F. M. GIMENO BLAY diera forma y
que fue publicado a nombre también del dr. TRENCHS, ya fallecido. En él sus au-
tores ponen de relieve, entre otras cosas, la escasa presencia de la evolución de la
escritura de la Corona de Aragón en la manualística española. Tienen, además, el
acierto de tomar en consideración todo tipo de fuentes escritas, incluidas las que
se observan en inscripciones y en filacterias. Hecho que no debe extrañar, pues F.
M. Gimeno ya –en 1988– había presentado un interesante panorama acerca de las
escrituras expuestas y de aparato en la ciudad de Valencia durante los últimos si-
glos medievales. Es decir, sobre las mayúsculas góticas primero y las minúsculas
40 Láms. 75-108.
41 Láms. 109-183.
42 Láms. 184-294.
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 37
textuales después, utilizadas en la producción gótica hasta que fueron sustituidas
por las recuperadas y admiradas mayúsculas de la época clásica, de las que trata
en uno de sus estudios más recientes43. La artificiosidad de la letra empleada en fi-
lacterias y sus características formales le ayudan a precisar su cronología, como
es el caso de un frontal de altar procedente de la parroquia de una pequeña loca-
lidad oscense.
La abundancia y riqueza de las fuentes notariales en esta Corona, muchas sis-
temáticamente tratadas, ha permitido que se conozcan los nombres empleados pa-
ra designar escrituras y libros en la propia época medieval. Estas copiosas e inte-
resantes noticias indirectas acerca del mundo del libro sirven de complemento a
los trabajos realizados sobre manuscritos concretos o acerca del ámbito librario ca-
talán en general.
En este sentido, es de destacar los dos libros de J. ALTURO I PERUCHO, en
los que dedica un epígrafe a la escritura del libro en la época gótica, además de
contar uno de ellos con muy buenas reproducciones. También se pueden encon-
trar interesantes referencias a esta cuestión en el capítulo en el que se analiza las
características formales del libro gótico. El proceso gradual de la transformación
de la carolina se inició, según este autor, a mediados del siglo XII, una escritura
protogótica que perduró hasta comienzos de la centuria siguiente. Diferencia dos
tipos de módulo de la gótica libraria o textual que están en función del tipo de tex-
to y el destino del libro. Observa el uso de la cursiva en este ámbito desde princi-
pios del siglo XIV, preferentemente para textos escritos en catalán, pero de manera
exclusiva, y después la llegada de la bastarda.
La utilización de la minúscula cursiva libraria en un manuscrito vulgar de
mediados del siglo XIV fue analizada hace unos años por F. M. GIMENO BLAY,
poniendo de manifiesto la disparidad existente en la clasificación de góticas no
textuales de esta época y la necesidad de precisar el uso de la cursiva en ámbito
librario. El acercamiento de J. MATEU IBARS a la tradición de los manuscritos
de sumas le lleva a considerar la existencia de una letra gótica de Sumas, que pre-
visiblemente será una gótica textual o lo sumo una notular. En otra ocasión, esta
misma autora se acercó a un libro en romance de mediados del siglo XIV.
El ámbito escriturario más estudiado en la Corona de Aragón es sin lugar a du-
das el documental y en especial el relacionado con la cancillería real. Avances y
conclusiones que poco a poco han sido incorporados en los Manuales, como se ha
podido apreciar especialmente en el último manual de A. Millares. A veces, estas
observaciones están dentro de estudios dedicados a la cancillería de un monarca
43 FRANCISCO M. GIMENO BLAY, Admiradas mayúsculas. La recuperación de los modelos gráfi-
cos romanos, Soria-Madrid, 2005.
38 PILAR OSTOS SALCEDO
determinado, como el que dedicara A. M. ARAGÓ CABAÑAS a la de Juan I o en
el análisis de las cartas reales de este mismo monarca que hiciera F. C. CASULA,
reinado en el que se comienza a observar, como había demostrado L. d’Arienzo,
un estilo nuevo en la escritura por influencia francesa, pero –añaden ellos– tam-
bién de Italia. Breves consideraciones paleográficas incorpora F. SEVILLANO
COLOM en su estudio sobre la cancillería de Pedro IV, como también –años des-
pués– sobre sus cartas reales L. D’ ARIENZO. Monarca al que muy recientemente
se ha vuelto a acercar F. M. GIMENO BLAY para abordar su relación con el pro-
ceso de elaboración de fuentes escritas e incluso su personal intervención en libros
y en documentos. De la escritura personal del Ceremonioso, de quien admira su
elegancia y excelencia gráfica, señala, que está más cercana a las de tradición ita-
liana que a la bastarda francesa44, rectificando su afirmación anterior cuando la
definía de bastarda45.
En otras ocasiones, estos trabajos han estado dirigidos a analizar la produc-
ción documental de alguno de los reinos pertenecientes a la Corona de Aragón, co-
mo ocurre con los dedicados a Cerdeña por F. C. CASULA en los años 70, en los
que hay un capítulo o apartado dedicado a la escritura. Destaca, en este aspecto,
el que elaborara F. GIMENO BLAY sobre el reino de Valencia, motivado por la
casi ausencia de estudios sobre la escritura del reino valenciano. Éste y su ante-
rior análisis de la carta puebla de Vinaroz forman parte de su ya larga serie de es-
tudios sobre la escritura gótica en la antigua Corona de Aragón, como se puede
apreciar en esta exposición, en las continuadas referencias que se ha hecho a ellos
en este apartado y en la relación bibliográfica que se añade al final de este artícu-
lo.
También hay publicaciones que tienen como objeto principal el análisis de la
escritura de los documentos, aunque, como es lógico, teniendo en cuenta otra se-
rie de cuestiones. Varios de los existentes están dedicados a un periodo muy con-
creto de la historia de la escritura latina y en ellos se intenta precisar el momento
y las circunstancias que favorecieron la entrada de la escritura humanística.
Nos estamos refiriendo al ya clásico trabajo de L. D’ARIENZO sobre la es-
critura en los siglos XIV y XV, que tanta resonancia tuvo y sigue teniendo; al de
Mª L. MANDIGORRA LLAVATA para el caso valenciano primero y después pa-
ra la cancillería real y, en tercer lugar, al más reciente de F. M. GIMENO BLAY,
donde se detiene a analizar el encuentro de la cultura escrita tradicional con la re-
novada cultura clásica que difundía el humanismo entre la élite intelectual y so-
cial, ocupando un lugar destacado la corte de Alfonso V, el magnánimo. Un am-
44 En Escribir, reinar, pp. 32-33.
45 En La escritura gótica en el País Valenciano, p. 111.
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 39
biente del que el escribano barcelonés Gabriel Altadell constituye un magnífico
ejemplo, como demuestra la aventura de su trayectoria plasmada en un tratado de
caligrafía datado ca. 1468 y realizado casi al final de sus días. Un breve acerca-
miento a este periodo se puede apreciar también en el artículo de A. F. del VALLE
PANTOJO.
Menos fortuna ha tenido la escritura profesional de los notarios en esta Co-
rona, ya que sólo se puede citar el trabajo de J. M. PONS GURÍ sobre libros no-
tariales anteriores a 1351 y el de D. PIÑOL ALABART relativo a la escritura gó-
tica de los manuales notariales del Campo de Tarragona, que él denomina gótica
catalana notular, en donde pone de manifiesto que los diversos estudios existen-
tes sobre libros notariales apenas profundizan en el aspecto gráfico y sólo men-
cionan el tipo de escritura en el que están escritos.
Otros usos de la escritura, en otros ámbitos y por otros grupos sociales pue-
den apreciarse en el trabajo de Mª J. CARBONELL BORIA acerca de la escritu-
ra usual en Tortosa y norte de la actual provincia de Castellón, en el conocimien-
to de la escritura en la Cartuja a través de sus textos normativos hecho por F. M.
GIMENO BLAY y en la aproximación a la cultura gráfica de los boticarios y de
los mercaderes debidos a Mª L. MANDINGORRA LLAVATA. Finalmente, la re-
presentación de la escritura y de la lectura en la pintura valenciana ha sido abor-
dado por J. M. SART I MARTÍNEZ en el homenaje al prof. Trenchs.
Las especiales circunstancias existentes en zonas de frontera y con cambios
de dominio políticos a lo largo de su historia tiene su repercusión gráfica, como
han puesto de relieve Mª L. CABANES y R. BALDAQUÍ para el caso de Elche y
Orihuela.
4. Reino de Navarra
Queda, en cuarto lugar, tratar sobre el antiguo reino de Navarra y, como no po-
día ser de otra manera, las referencias bibliográficas son realmente escasas. Un
par de estudios sobre códices y otros dos de ámbito documental.
En el primer ámbito se puede citar la aproximación de C. MONTERDE a la
escritura de transición de la carolina a la gótica en su estudio sobre el cartulario
del monasterio de Fitero y el del códice “La Pretiosa” de la colegiata de Ronces-
valles hecho por I. OSTOLAZA ELIZONDO, en el que determina la existencia de
varias manos que emplearon tipos de gótica diferentes o ligeramente distintos.
En el campo documental destaca el interesante estudio de la cancillería na-
varra hecho por A. CANELLAS LÓPEZ, que aporta breves, pero ajustadas refe-
rencias de la evolución de la escritura empleada a la hora de describir las caracte-
rísticas extrínsecas de la documentación de los tres periodos establecidos
40 PILAR OSTOS SALCEDO
(Champaña, Capeto y Evreux). Finalmente, se puede mencionar el acercamiento
a la escritura cursiva que realizara S. GARCÍA LARRAGUETA.
5. Recapitulación
Si se tiene en cuenta la relación de títulos recogidos en la Bibliografía Pa-
leográfica de J. y Mª D. MATEU IBARS, se puede apreciar que la situación ha
cambiado mucho desde 1974 hasta nuestros días. En esta recopilación biblio-
gráfica, en su apartado 5º, dedicado a la escritura gótica, apenas se relacionan
doce títulos referentes a España46. Y algo parecido se puede observar tras la
lectura del artículo de A. CANELLAS LÓPEZ sobre el estado de la Paleogra-
fía en España. No obstante, pese al mayor número de publicaciones relaciona-
das con este ciclo escriturario, aún quedan muchos aspectos por conocer y mu-
chas fuentes por analizar.
Me consta que hay quienes consideran que la terminología es un problema
menor, pero no seré yo quien lo defienda y menos después de analizar los traba-
jos mencionados. Tras su lectura y aun siendo consciente de su dificultad, sugie-
ro la urgente necesidad de una normalización terminológica para designar las es-
crituras góticas en nuestra Península, que fuera clarificadora y sin perder de vista
la naturaleza histórica del fenómeno gráfico, como ya pusiera de manifiesto G.
Cencetti47. Señala M. Smith que las góticas documentales no han conocido su
Lieftinck48 y no me corresponde determinar si eso es bueno o malo, pero sí que es
necesario llegar a un acuerdo, aunque sólo fuera por razones didácticas. Quizás se
podría formar un equipo de especialistas, conocedores de la realidad gótica de
dentro y fuera de España, que abordaran de manera conjunta el problema termi-
nológico y ofrecieran una propuesta razonada de nomenclatura de las escrituras
góticas, acompañada de una caracterización esencial de cada tipo diferenciado.
Sería interesante que en ese equipo se contara también con especialistas de Por-
tugal para que el estudio abarcara la totalidad de la Península, ya que su proximi-
46 A diecinueve ascienden las referencias bibliográficas recogidas por M. Smith en su status ques-
tionis de las “góticas documentales” en Europa (vid. MARC H. SMITH, Les `gothiques docu-
mentaires’: un carrefour dans l’histoire de l’écriture latine: Archiv für Diplomatik, 50, Colo-
nia 2004, 417-465, pp. 456-457).
47 Habría que evitar la relativa confusión terminológica existente hoy día, en especial para los pro-
ductos escritos de la época gótica, como advierte GIOVANNA NICOLAJ en Questions terminolo-
giques et questions de méthode. Autour de Giorgio Cencetti, Emanuele Casamassina et Albert
Derolez : Bibliothèque de l’École des Chartes, 165, París 2008, 9-28, en donde declara su re-
nuncia a « ultérieurs tourments terminologiques » (p. 27).
48 SMITH, Les gothiques documentaires, p. 445.
LAS ESCRITURAS GÓTICAS HISPANAS 41
dad geográfica con ciertos reinos hispanos y la trayectoria político-cultural en los
últimos siglos medievales hacen conveniente que se atienda también la evolución
escrituraria en el reino portugués.
En segundo lugar, estimo que sería útil aseverar con estudios concretos dos
momentos fundamentales, referidos al principio y final de uso de estas escrituras:
la transformación de la carolina en gótica por una parte y por otra, la convivencia
primero y sustitución después de ésta por la humanística. La desigualdad regional
de los estudios es manifiesta. Otro aspecto esencial es la irrupción de las cursivas
en la producción de los libros.
Por supuesto, parece imprescindible conocer en sincronía y diacronía todos
los usos de las escrituras góticas, que relacionen tipo de escritura utilizado con
producto escrito, lengua y soporte material empleado. A su vez en conexión con
la funcionalidad de la producción material, el ámbito de ejecución y la compe-
tencia gráfica de sus autores.
En el ámbito librario la utilización de las góticas textuales plantea menos pro-
blemas, no así las cursivas y las híbridas. En el campo documental se tiene un ma-
yor nivel de conocimiento de las escrituras empleadas en las cancillerías regias
hispanas en general, algo menor en los resultados gráficos de las oficinas notaria-
les, con diferencias cuantitativas y cualitativas regionales, y casi nada de la escri-
tura utilizada en otros ambientes y oficinas, como podrían ser las eclesiásticas, las
señoriales y las concejiles o municipales. Es cierto que en muchas ocasiones en na-
da se van a diferenciar de las dos grandes oficinas de expedición de documentos,
es decir, de las reales y las notariales, pero sería cuestión de precisarlo y no dejarse
llevar de generalizaciones cómodas y recurrentes. Junto a ello, sería interesante re-
conocer y precisar las escrituras usuales de la época, detectables, por ejemplo, en
muchas intervenciones autógrafas que los documentos eclesiásticos, señoriales y
de concejos suelen llevar como elementos de validación.
Se precisa de una valoración de conjunto de las escrituras empleadas en el
ámbito de los documentos, esa encrucijada de la que hace poco tratara M. Smith
en un interesante artículo49, que deben ser relacionadas a su vez con la multiplici-
dad mostrada en el ámbito librario, ya que, como se sabe, libros de carácter ad-
ministrativo o bien escritos en lengua vulgar van a mostrar soluciones gráficas
muy semejantes e incluso iguales a la manifestada en determinada producción do-
cumental.
El estudio de estas cuestiones debería conectar con la situación escrituraria de
otros países o regiones europeas. La reciente publicación del XV Coloquio del
Comité Internacional de Paleografía, que trata específicamente sobre el regiona-
49 ID., ibid., pp. 417-465.
42 PILAR OSTOS SALCEDO
lismo y la internacionalización de la escritura latina en la Edad Media50 por una
parte y las conclusiones a las que están llegando el seminario permanente europeo
que estudia el desarrollo de las escrituras cursivas en los últimos siglos medieva-
les51 son un claro exponente de la necesidad de abordar el fenómeno gráfico de ma-
nera conjunta y comprensiva.
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51 En el t. 165 (2008) de la revista Bibliothèque de l’Écoles des Chartes se recogen varios artí-
culos de este grupo, resultado de una primera reunión en París en la primavera de 2006.
52 En obras de carácter general se citan las páginas concretas que se refieren a la escritura gótica.
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Manuscritos de copistas hispanos
(siglo XIV y primer tercio del XVI)1
Mª del Carmen Álvarez Márquez
Universidad de Sevilla
A la memoria de Mª Luisa Cabanes
Esta aportación a las V Jornadas de la Sociedad Española de Ciencias y Téc-
nicas Historiográficas no es más que un primer paso de un amplio proyecto de in-
vestigación que pretende analizar un elenco de manuscritos ejecutados por copis-
tas hispanos lo suficientemente representativo como para que las conclusiones que
se obtengan puedan ser un reflejo de la realidad bastante aproximado. El punto de
partida será el mismo que utilicé en la ponencia que llevé al II Congreso Interna-
cional de Epigrafía Medieval, celebrado en León entre los días 11 y 15 de sep-
tiembre de 2006, bajo el título «El libro en la Baja Edad Media. Su caligrafía»:
análisis de manuscritos transcritos por copistas hispanos, lo que no implica que to-
dos ejecuten su trabajo dentro de España e, incluso, en algún caso excepcional, se
incluyen copistas extranjeros asentados en algún lugar de su territorio, con la fi-
nalidad de comprobar qué tipos gráficos se utilizan y si éstos venían determinados
por la condición social o profesional de los copistas, por el nivel de educación
gráfica y de cultura escrituraria de la persona que escribe bajo distintas circuns-
tancias y para distintos fines, o por la naturaleza del libro y fin propuesto. El es-
tudio se ampliará, luego, a manuscritos carentes del nombre del copista pero con
fecha y lugar de copia y, por último, a los no fechados, por lo que ese supuesto pre-
1 Con el fin de obviar una prolija bibliografía, no recojo todos los estudios que han tratado los
manuscritos analizados, la mayoría de los cuales han sido ya catalogados, sino sólo aquellos
que lo han hecho desde el punto de vista paleográfico y codicológico. Las ilustraciones van re-
feridas a manuscritos que no las tuvieron en la ponencia de León.
52 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
vio ya no servirá o no se podrá determinar, pero sí, en cambio, se podrán analizar
y precisar las variedades gráficas utilizadas y la naturaleza de los libros, además
de ir confeccionando un inventario o censo de los manuscritos góticos de España.
Pero, quizás, más interesante que todo ello sería el poder dar, por parte de la
Paleografía española, una explicación sólida y coherente de los condicionamien-
tos y elementos que determinaron la evolución en Castilla de la gótica cursiva
hasta llegar a la procesal encadenada desde la mal llamada letra de albalaes, de-
finiendo una provincia escrituraria con características propias dentro no sólo de
Europa sino también de España, transportada luego a las tierras americanas. Es evi-
dente que fue una consecuencia del proceso de cursivización y rapidez del traza-
do, pero, ¿por qué, a diferencia de otros lugares, determinó la profusión de curvas
envolventes y de una acentuación desmesurada del movimiento «sinistrogiro» del
que habla Giorgio Costamagna?
Para este autor, a fines del siglo XIII o comienzos del XIV se produjo un cam-
bio notable en la técnica escriptoria que daría lugar a una nueva cursiva, en cuya
base estuvieron, entre otros elementos, la adopción de una pluma tallada en el cen-
tro y por ello más suave en el trazado, con la que sí se podían fácilmente, a dife-
rencia de lo que sucedía con la pluma biselada a la izquierda, ejecutar las ligadu-
ras y los trazos de unión entre las letras, así como la invención de un nuevo modo
de realizarlos, procediendo con un movimiento contrario a las agujas del reloj de
la mano («sinistrogiro»)2. Ahora bien, quede claro que junto a ellas también en
Castilla se dieron otras cursivas similares al resto de la Península y de Europa.
Hasta el presente he analizado un total de ochenta y tres manuscritos, de los
que treinta y cuatro se conservan en la Biblioteca Capitular y Colombina (en ade-
lante BCC), tres en la General Universitaria de Sevilla (en adelante BGUS), nue-
ve en el Monasterio de El Escorial (en adelante BE) y treinta y siete en la Biblio-
teca Nacional de Madrid (en adelante BNM). Fueron ejecutados por copistas
hispanos que pudieron realizar su trabajo fuera de España, como Pedro Martínez
de la Palma, que copió un manuscrito con el Breviarium super libros Codicis de
Johannes Faber Runcinus para su señor, el arzobispo de Sevilla Juan de Cervan-
tes, durante su estancia en Basilea para asistir al concilio general; o Álvaro His-
pano, que copió en Roma un manuscrito con obras de San Cipriano a partir de un
ejemplar que había sacado de la biblioteca de Benedicto XIII con destino a su se-
ñor, Alonso Carrillo, obispo de Sigüenza; o Sancho de la Forea, comendador de
Tampas, que aprovechó su estancia en París para traducir al castellano La entra-
da del Rey en Reims para dárselo al IV Conde de Benavente. Representan una ex-
2 GIORGIO COSTAMAGNA, Paleografia latina, comunicazione e tecnica scrittoria: Studi di Paleo-
graia e di Diplomatica, Roma, 1972, pp. 166-167 (=COSTAMAGNA, Paleografia latina).
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 53
cepción dos franceses, Petrus Gallicus y Jacobus Parisiensis, que durante su es-
tancia en Sevilla fueron requeridos por un miembro de la nobleza andaluza, don
Pedro Afán de Ribera, para que le copiaran tres manuscritos con las Postillae de
Nicolás de Lyra en latín en la década de los años treinta del siglo XV, y Tomás de
Lira, que se confiesa alemán, al concluir la copia de la versión en castellano de la
Ystoria de Alexandro Magno el 10 de mayo de 1454, a partir de la traducción ita-
liana que hiciera Pier Candido Decembrio el 21 de abril de 1438 en Milán.
De ellos cuarenta precisan fecha y lugar de copia, destacando la ciudad de
Sevilla con diecisiete y, a gran distancia con dos, el Monasterio de Santa María de
Guadalupe y el Estudio Salmantino, y, con una sola referencia: Andújar, Bala-
guer, Barcelona, Benavente, Burgos, Dueñas, Fuentelencina, Gerona, Guadalaja-
ra, Haro, Huete, Madrid, Salamanca, Ermita de Santa María de Calahorra en el tér-
mino de San Cebrián, cerca de Amayuelas de Arriba (Palencia), Tavira de
Durango, Villalpando, Aviñón, Basilea, París y Roma.
Cincuenta y dos expresan la fecha de copia, que va desde 1343 a 1500; nue-
ve aparecen como copistas profesionales en su instancia libraria e intervienen en
un total de once manuscritos, que copian en Sevilla y uno en Aviñón; seis se titu-
lan copistas profesionales de la escritura en su instancia documental e intervie-
nen en ocho manuscritos, uno de ellos copiado en Basilea; once son eclesiásticos
(un agustino, un cisterciense, dos dominicos, uno sin precisar orden y seis cléri-
gos regulares); tres son estudiantes; dos se titulan baccalarius; uno es barbero;
otro es comendador de Tampas; dos son criados, uno del obispo de Cuenca Lope
Barrientos y otro del alcalde mayor de Andújar Pedro de Escavias; y veintinueve
aparecen sin titulación, y copian treinta y cinco manuscritos.
Entre los comitentes se hallan dos instituciones eclesiásticas, la Iglesia Cate-
dral de Sevilla, con un Misal Mixto en cuatro tomos, y el convento dominico de
Gerona, con una Postilla literalis super Euangelium Beati Mathei del dominico ca-
talán Nicolau Eimeric, maestro en Teología, con destino a la librería conventual,
y varios miembros de la comunidad catedralicia sevillana, como Diego Fernández
de Marmolejo, maestrescuela de Mondoñedo, canónigo y mayordomo de la Fá-
brica, con un Sacramental; el maestrescuela Alfonso Sánchez de Cea con un Evan-
geliario; el prior Diego Martínez, con un Collectario; y Juan Alfonso de Logro-
ño, bachiller en Decretos y canónigo, con tres manuscritos con obras de San
Isidoro. Aparecen, además, cuatro prelados de diferentes diócesis: D. Juan de Cer-
vantes, arzobispo de Sevilla, con tres códices, uno con el Breviarium super I-IX li-
bros Codicis de Johannes Faber Runcinus, otro con una Expositio in Cantica Can-
ticorum de Johannes Baconthorp y el tercero con dos tratados médicos: el De cura
lapidis renuun de Franciscus ser Nundeseys y el Tractatus de pestilencia de Pe-
trus de Tussignano; D. Gonzalo de Vivero, obispo de Salamanca, con las Trage-
54 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
dias de Séneca; D. Pedro García de Montoya, obispo de Burgo de Osma, con el
Tractatus de vita et moribus philosophorum et de quibusdam dictis eorum; y D.
Alonso Carrillo, obispo de Sigüenza, con obras de San Cipriano, copiadas de un
manuscrito de la biblioteca de Benedicto XIII; junto al Prior del Monasterio de
Santa María de Guadalupe con una versión en castellano de El carro de les dones
de Francesc Eiximenis.
Entre los miembros de la nobleza están don Pedro Afán de Ribera, nieto del
I Adelantado de Andalucía, con las Postillae de Nicolás de Lyra en tres tomos
(ocuparon un total de cinco); don Pedro Fernández II de Velasco, I conde de Ha-
ro, con la I Década de Tito Livio y una versión en castellano del tratado de Fran-
cesc Eiximenis De natura angelica; don Rodrigo Alfonso de Pimentel, II conde
de Benavente, con la I parte de la Crónica de España; don Rodrigo Pimentel, IV
conde de Benavente, con La entrada del cristianísimo Rey de Francia en Reims;
don Alonso de Guzmán, señor de Lepe y Ayamonte, hijo del I Conde de Medina
Sidonia, con las Postillae de Nicolás de Lyra en castellano, traducidas por el fran-
ciscano Alfonso de Algeciras del Convento de San Francisco de Sevilla en seis
tomos.
Al grupo de hombres de leyes pertenecen Rodrigo García, doctor en Leyes de
Sevilla, con un Repertorio de Las Partidas; Pedro Ramo, licenciado en Decretos
e inquisidor general de Sevilla y su Arzobispado, con un Breviarium secundum ri-
tum et consuetudinem Ecclesie Calagurritanensis; y Juan Díaz de Alcocer, licen-
ciado y oidor de la Real Audiencia, con el Invencionario de Alfonso de Toledo.
Son también comitentes Fernán Pérez de Andrade, hijo de Rui Freire de An-
drade y uno de los mejores hombres de la Galicia de su tiempo, según declaración
de su capellán y copista de la versión gallega del Roman de Troie de Benoît de
Sainte-Maure; Vasco de Bazar, camarero de Lope Barrientos, obispo de Cuenca,
con una versión castellana del De natura angelica de Francesc Eiximenis; Pedro
de Escavias, miembro del Consejo Real, alcaide y alcalde mayor de Andújar, con
el Confesionario de Alfonso de Madrigal; y, finalmente, Gómez Suárez de Figue-
roa, hijo del caballero Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de la Orden de San-
tiago de la Espada y fundador del Monasterio de Santiago de la Espada de Sevi-
lla, con la versión castellana de la Guía de descarriados de Maimónides.
Para el análisis y clasificación de los tipos gráficos utilizados seguiré la pro-
puesta cartesiana de J. Peter Gumbert3, pese a su complejidad, con el fin de dar
3 J.PETER GUMBERT, A proposal for a Cartesian Nomenclature: Miniatures, Scripts, Collections
(Essays pres. to G.I. Lieftinck), 1976, 45-52; IDEM, Nomencklatur als Gradnetz: Codices ma-
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MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 55
cabida en el cuadro clasificatorio al complejo panorama que presenta la escritura
en una época en la que el enorme crecimiento y las múltiples exigencias de docu-
mentación y de comunicación escrita dieron origen a una masa de escribientes ar-
ticulada en ambientes y estratos sociales diversos extraordinariamente productiva
y variada, como nunca antes lo había sido4 No obstante, desde mi punto de vista,
conviene hacer algunas puntualizaciones. En primer lugar, la cursiva, definida co-
mo aquella escritura ejecutada con rapidez, no se identifica sólo y exclusivamen-
te por la presencia de bucles en los alzados de las letras, ya que son muchas las es-
crituras individuales que carecen de ellos, pese a su naturaleza cursiva, que se
manifiesta, por el contrario, en la profusión de ligaduras a nivel de la línea de es-
critura. En segundo lugar, a las cuatro letras señaladas por J. Peter Gumbert que
pueden llevar bucles (b h k l) hay que sumar las d unciales y las f, que también pue-
den llevarlo, sin olvidar, en algunos casos, esa acentuación desmesurada del mo-
vimiento sinistrogiro del que habla Giorgio Costamagna5, evidente en las cursivas
castellanas (precortesana, cortesana y procesal). Tampoco rechazo la utilización
del término notula o escritura notular, utilizado por el autor neerlandés para de-
signar una escritura menuda, de trazos descabalgados, usada en libros para uso
personal, a veces, incluso, difícil de analizar morfológicamente por su reducido
módulo, y que he encontrado con frecuencia en sermonarios.
1. Copistas profesionales de la escritura en su instancia libraria
Nueve son los copistas que se titulan o probablemente fueron profesionales
de la escritura en su instancia libraria y llevaron a cabo su trabajo en la ciudad
de Sevilla y uno de ellos en Aviñón, interviniendo en once manuscritos, todos
ellos conservados en la BCC. Profesión que Didacus Ferdinandi hizo constar, no
sólo en su titulación como scriptor Ispalensis –al igual que lo hizo Garsias Mar-
tini, scriptor (BCC. Ms. 56-6-5)– sino en el colofón de la copia que concluyó
el 23 de diciembre de 1420 de un Repertorio de Las Partidas de Alfonso X pa-
ra el doctor en Leyes Rodrigo García, al exigir una remuneración económica
por su trabajo:
«Gracias tibi Christe, quia explicit liber / iste, et Beato Iohanni, aduocato meo./ Fi-
nis adest uere precium uult scriptor habere. Qui scrip/sit scripta sua dextera sit be-
nedicta» (BCC. Ms. 5-7-6, 133v).
4 ARMANDO PETRUCCI, Alfabetismo, escritura, sociedad. Pról. de Roger Chartier y Jean Hébrad,
Barcelona, 1999, p. 188 y ss.
5 COSTAMAGNA, Paleografia latina, pp. 166-167.
56 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Los copistas profesionales realizan su trabajo por encargo, aunque no siem-
pre se haga constar esta circunstancia en sus colofones: la Iglesia Catedral, dos dig-
nidades catedralicias, un miembro de la nobleza sevillana y un doctor en leyes; seis
son libros de naturaleza litúrgica, tres contienen comentarios bíblicos y dos una
obra jurídica. Todos ellos, a excepción de Didacus Ferdinandi, utilizan la littera
textualis, en su variedad formata o rotunda –diferencia que, a veces, se hace evi-
dente en un mismo libro según la mano que la ejecute; es el caso de Pedro de To-
ledo, que utiliza una littera textualis formata en los tomos que copia del Misal
Mixto Hispalense, en tanto que Juan Gómez y Francisco Sánchez hacen uso de la
variedad rotunda–, variando el módulo según las partes del texto litúrgico a copiar,
o el texto a comentar y la glosa en el caso de los libros jurídicos, como es el caso
de Garsias Martini, scriptor, en la copia del Apparatus super V libris Decreta-
lium de Bernardus Parmensis de Botone, que concluyó el 21 de enero de 1343 en
Aviñón (BCC. Ms. 56-6-5)6, lo que lleva implícito un cambio de pluma de distin-
ta anchura. Las diferencias morfológicas de las manos en el tratamiento de las for-
mas gráficas individuales se ven acompañadas por el uso de distintos reclamos, co-
mo puso de relieve Elena E. Rodríguez7. Así, mientras Juan Gómez utiliza
reclamos verticales, Pedro de Toledo se vale de reclamos horizontales al centro
del margen inferior y Francisco Sánchez los desplaza hacia el margen interno
(BCC. Ms. 60-2-15/18).
Entre 1434 y 1437, dos copistas de origen francés, asentados en Sevilla, Pe-
trus Gallicus o de Francia –pues de las dos formas aparece citado–, y Jacobus
Parisiensis, copiaron tres volúmenes con las Postillae de Nicolás de Lyra sobre di-
ferentes partes de la Biblia por encargo de Pedro Afán de Ribera, hijo de Ruy Ló-
pez, primogénito del I Adelantado de Andalucía don Per Afán de Ribera y de su
primera esposa doña María Rodríguez Mariño (BGUS. Ms. 332-145/147)8. Am-
6 Mª CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ, Manuscritos localizados de Pedro Gómez Barroso y Juan de
Cervantes, arzobispos de Sevilla. Alcalá de Henares [etc.], 1999, nº 22 (=ÁLVAREZ, Manuscri-
tos).
7 ELENA E. RODRÍGUEZ, Un misal hispalense del siglo XV. Estudio codicológico y paleográfico:
Historia, Instituciones, Documentos, 17 (1990), 195-235, 6 láms., p. 219. El estudio desde el
punto de vista de la iluminación lo hizo TERESA LAGUNA PAUL, Pedro de Toledo y la ilumina-
ción de un misal sevillano del siglo XV: Laboratorio de Arte, 6 (Sevilla, 1993), 27-66.
8 Mª LUISA PARDO y ELENA E. RODRÍGUEZ, La producción libraria en Sevilla durante el siglo
XV: artesanos y manuscritos: Scribi e colofoni. Le sottoscrizioni di copista dalle origine all’av-
vento della stampa, Spoleto: Centro italiano di studi sull’alto medioevo, 1995, 187-221, 6
láms., nº 7, 9, 10 (=PARDO y RODRÍGUEZ, La producción) y CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ, Ma-
nuscritos localizados pertenecientes en otro tiempo al Monasterio Cartujo de Santa María de
las Cuevas, extramuros de la ciudad de Sevilla: Scriptorium, LII (1998, 2), 388-408, pp. 390-
391.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 57
bos utilizaron la littera textualis para el cuerpo del texto y la textualis formata de
caracteres agrandados para las frases distintivas o publicitarias, que en el primer
volumen se compaginan con capitales agrandadas, cuyo análisis paleográfico y
codicológico llevó a cabo la citada autora9.
Es probable que Asuo Gomecio fuese también un profesional de la escritura,
aunque el único dato con el que contamos es su presencia en el colofón del sa-
cramental que terminó de escribir el 5 de octubre de 1457 por encargo de Diego
Fernández de Marmolejo, maestrescuela de Mondoñedo, canónigo y mayordomo
de la fábrica de la Iglesia Catedral de Sevilla, en textual formata (BCC. Ms. 56-
1-18)10.
El 8 de marzo de 1474, Pero Guillén de Urrea terminó de escribir e iluminar
un evangeliario por encargo de Alfonso Sánchez de Cea, maestrescuela de la Igle-
sia Catedral de Sevilla. Posiblemente sea el mismo Pedro Guillén que documen-
té en los Libros de Cargo y Data como escriuano de letra de obra entre 1454 y
146711. Bellamente iluminado –por lo que, como en el caso de Pedro de Toledo,
en Pedro Guillén de Urrea pudieron concurrir las facetas de escritor e iluminador,
aunque en los Libros de Cargo y Data no he localizado ningún pago por este con-
cepto a su favor y podría suceder que la iluminación corriese a cargo de otra per-
sona– se halla ejecutado en una littera textualis caligráfica, en su variedad rotun-
da de gran módulo, menor en el colofón (BCC. Ms. 58-6-21)12.
Didacus Ferdinandi, por su parte, hace uso de la cursiva con distinto grado
de caligrafía en la copia del códice para el doctor en Leyes Rodrigo García, cuyos
alzados del primer renglón alarga en algunos folios; sin embargo, es también co-
nocedor de la littera textualis formata, que utiliza como escritura publicitaria o
distintiva para los términos repertoriados, que, además subraya (BCC. Ms. 5-7-6).
El nivel de educación gráfica y de cultura escrituraria se pone de manifiesto
en el uso de abreviaturas, que son muy abundantes en los códices de naturaleza ju-
9 ELENA E. RODRÍGUEZ, Libro y Humanismo en la Sevilla del siglo XV: Historia, Instituciones,
Documentos, 20 (Sevilla, 1993), 473-497, 5 láms. Véase también el magnífico trabajo que,
desde el punto de vista artístico, hizo TERESA LAGUNA PAUL, Postillae in Vetus et Novum Tes-
tamentum de Nicolás de Lyra: Biblioteca Universitaria de Sevilla, Ms. 332/145-149, Sevilla,
1979, 148 pp, 70 láms.
10 CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ, Escribas en la Biblioteca Capitular y Colombina: Scribi e colo-
foni. Le sottoscrizioni di copisti dalle origine all’avvento della stampa. Spoleto: Centro italia-
no di studi sull’alto medioevo, 1995, 385-413 (=ÁLVAREZ, Escribas) y Catálogo de los colo-
fones de la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla: Scriptorium, XLIX (1995, 2),
283-311, nº 12 (=ÁLVAREZ, Colofones) y PARDO y RODRÍGUEZ, La producción, nº 17.
11 CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ, Los artesanos del libro en la Catedral Hispalense durante el si-
glo XV: Archivo Hispalense, 215 (Sevilla, 1987), 3-36, p. 8.
12 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones, nº 78 y PARDO y RODRÍGUEZ, La producción, nº 26.
58 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
rídica, de los signos de puntuación (punto, dos puntos, punto y coma, calderones),
de sistemas de impaginación muy complejos en el caso de los códices jurídicos con
texto y glosa, y de articulación del texto, mediante rúbricas en rojo y utilización
de mayúsculas de distinta gradación.
2. Copistas profesionales de la escritura en su instancia documental
Seis son los copistas profesionales de la escritura en su instancia documental
que llevaron sus habilidades escriturarias a la copia de un total de ocho manuscritos
entre los analizados, uno de la BCC y siete de la BNM; tres se titulan escribanos: uno
del Rey, otro de la villa de Haro y otro de Guadalupe; dos, notarios apostólicos, de
los que uno lo era también de la Inquisición de Sevilla; y otro escribano del Rey y no-
tario de Benavente. Siete portan fecha y de cinco conocemos el comitente: condes de
Haro (2) y de Benavente, don Juan de Cervantes, arzobispo de Sevilla, y don Pedro
Ramo, licenciado en Decretos e inquisidor general de Sevilla y su Arzobispado.
Las obras que copian son la I y III Década de Tito Livio en la traducción cas-
tellana de Pero López de Ayala; Los Morales sobre el libro de Job de Gregorio
Magno, traducidos también por el citado Canciller; la I Parte de la Crónica de Es-
paña; el De natura angelica en castellano de Francesc Eiximenis; el Breviarium
super libros Codicis de Johannes Faber Runcinus; el Compendio de Cirugía de
Mateo Vizconde; y el Breviarium secundum ritum et consuetudinem Eclessie Ca-
lagurritanensis.
El primero en orden cronológico fue Gonçalo Rodríguez de Santiago, es-
criuano del Rey, quien en 1386 concluyó la copia de la III Década de Tito Livio
traducida al castellano por Pero López de Ayala, sin precisar comitente, haciendo
uso de una escritura híbrida, con s finales sigmáticas, que en el colofón permuta
por una cursiva caligráfica, y la littera textualis formata de trazado un poco arti-
ficioso como escritura publicitaria.
«Iesus./
En el nonbre de Dios, Padre e Fijo e Espíritu Santo, aquí se acaba esta terçera par-
te de / Titus Liuius, en la qual se contiene de la conquista que los romanos fezie-
ron a el rey Fe/lipo de Maçedonia e Anabit, rey de la Maçedonia, e al poderoso
Rey de Antiochía e / Ahanibal e a los Etholianos e a otros muchos reyes e prínçi-
pes del mundo, contra los quales ouie/ron muy esçelentes vitorias. E cuenta fasta
la muerte de Aníbal e de los Sçipiones e de los / otros prínçipes, el qual escripuió
Gonçalo Rodríguez de Santiago, escriuano del Rey, en la era de mille / e quatro-
çientos e veynte e quatroçientos e veynte e quatro annos, reynante en Castilla e en
León el muy alto e muy poderoso príncipe, nuestro sennor rey don Juan, que Dios
mantega. Gonçalo (rúbrica)» (BNM. Ms. 12.722, 218v).
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 59
Otro fue Martín Sánchez de Triçio, escriuano, vezino de la villa de Haro,
quien a instancias de don Pedro Fernández II de Velasco, I conde de Haro, le hi-
zo una copia de la I Década de Tito Livio, traducida por Pero López de Ayala, ha-
ciendo uso de una híbrida caligráfica, con s finales de doble espira muy cerradas
y alzados del primer renglón de algunos folios prolongados y adornados con ras-
gueos de pluma, equivalente a la mal llamada letra de privilegios, y la littera tex-
tualis formata, como escritura publicitaria, que concluyó en la citada villa de Ha-
ro en 1433:
«Aquí se acaban los / diez libros de la Pri/mera Década de Titus Libius./
Este libro e corónica se escriuió en la villa de Haro,/ lugar del muy alto prínçipe,
sennor don Pero Ferrández de / Velasco, conde de Haro, en el anno del Sennor de
/ mille CCCC XXXIII annos, a seruiçio del Sennor Dios / e del dicho sennor con-
de, el qual fue escripto por / su mandado e lo escriuió Martýn Sánchez de Triçio,
escriuano, vezino de la dicha villa de Haro, vassallo e / seuidor del dicho sennor
conde. Laudetur Deus» (BNM. Ms. 12.732, 288r).
Al mismo copista se debe también la copia de la traducción al castellano que
hizo Pero López de Ayala de los Morales sobre el libro de Job de Gregorio Mag-
no, sin precisar lugar ni fecha, pero haciendo uso del mismo tipo gráfico (Fig. 1):
Fig. 1. BNM. Ms. 12.720, 11v.
60 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
«Finito libro sit laus et gloria Christo./
Qvi fecit scribere et eçiam scripxit / scribat semper cum Domino uiuant./
Martinus de Triçio vocatur, qui / scripxit benedicatur» [Se ha borrado otra frase de
las recurrentes en los colofones] (BNM., Ms. 12.720, 240r).
También la híbrida fue utilizada por Pedro Martínez de la Palma, notario apos-
tólico y clérigo de la diócesis de Sevilla, que acompañó a don Juan de Cervantes en
su viaje a Basilea con el fin de asistir al concilio general, y aprovechó su estancia en
la ciudad para hacerle una copia del Breviarium super I-IX libros Codicis de Jo-
hannes Faber Runcinus, importante obra jurídica, cuya labor de transcripción duró
desde el día 1 de agosto al 24 de octubre de 1433, lo que supone casi tres páginas
diarias (2,8). Sin embargo, esa híbrida, con los astiles del primer renglón y caídos
del último prolongados, algunos de éstos adornados con rasgueos de pluma, en la
parte final se hace más angulosa y en el colofón adopta características propias de la
bastarda cursiva en los caídos de f y s largas, cuerpo de la d uncial y bucles de b y
l (BCC. Ms. 5-5-12)13. No obstante, en su oficio de notario utilizó la cursiva currens
(cortesana) para el cierre o completio con su nombre, rúbrica y signo notarial de
una de las copias que hizo del testamento ológrafo que le había entregado don Juan,
el viernes 16 de noviembre de 1453, escrito en un cuaderno de cuatro hojas de pa-
pel ceutí de marca menor, una de ellas en blanco, y de Las Constituciones del Hos-
pital de San Hermenegildo, que fueron otorgadas por los administradores y testa-
mentarios el 15 de noviembre de 1455, poniendo en este caso sólo su signo14.
El más prolífico de los copistas analizados fue Manuel Rodríguez de Sevilla,
quien, en uno de los dos manuscritos localizados debidos a su pluma, se titula es-
criuano del Rey e notario en Benauente. Uno lo copió para don Rodrigo Alfonso
Pimentel, II conde de Benavente, y el otro para el I Conde de Haro, a ruego de su
mayordomo Rodrigo de Osorno, si bien sabemos que copió un total de cinco ma-
nuscritos para la familia Pimentel. El 15 de marzo de 1434 concluye en Benavente
la copia de la I Parte de la Crónica de España, a instancias de don Rodrigo Alfonso
Pimentel, II conde de Benavente (1420-1440)15, coincidiendo con que estaban en
la villa el conde y su hijo don Juan. El texto, que llega hasta la muerte de Alfon-
so V de León, es un fragmento de una variante de la Primera Crónica General de
España de Alfonso X el Sabio, según Isabel Beceiro Pita16 (Fig. 2):
13 ÁLVAREZ, Manuscritos, nº 63.
14 Archivo Catedral de Sevilla, Fondo Histórico General, Caja 107, doc. 17/2 y 17/11a
15 Sobre los primeros condes véase ISABEL BECEITO PITA, El condado de Benavente en el siglo XV,
Benavente, 1998, pp. 332.
16 ISABEL BECEITO PITA, Los libros que pertenecieron a los condes de Benavente, entre 1434 y
1530: Hispania, 154 (Madrid, 1983), 239-240 (=BECEIRO, Los libros que pertenecieron) y, re-
cientemente, en Libros, lectores y bibliotecas en la España medieval, Murcia, 2007, 437 - 487
(=BECEIRO, Libros, lectores).
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 61
Fig. 2. BNM. Ms. 10.814, 12v.
«Esta primera parte desta Corónica / de Espanna acabó Manuel Rodríguez / de
Seuilla por mandado del sennor / conde de Benauente, don Rodrigo Al/fonso Pi-
mentel, la qual acabó en la dicha vi/lla de Benauente, a quinze días de março del
nasçi/miento de Nuestro Sennor Iesuchristo de mill e quatroçientos / e treynta e
quatro annos, estando en la dicha / villa el dicho sennor conde e don Iohan, su fi-
jo, a los / quales Dios dexe beuir por muchos tiempos e buenos. / Amén» (BNM.
Ms. 10.814, 180r).
Copió, además, para el III conde, don Alonso Pimentel, dos obras de Séneca,
una a partir de un manuscrito prestado por el Rey y la otra para sustituir al ma-
nuscrito dado a Gutierre de Quijada, otro con alguna de las obras de Giovanni
Boccaccio y un cuarto con la versión de Pedro de Chinchilla de la Historia Tro-
yana, según la autora antes citada17.
17 Ibídem, pp. 247 y 448, respectivamente.
62 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Manuel Rodríguez de Sevilla se titula, como ya apunté, escriuano del Rey e
notario en Benauente en el colofón que puso al final de la copia de la obra de
Francesc Eiximenis († 1409) De natura angelica en castellano, a ruego de Rodrigo
de Osorno, mayordomo del I Conde de Haro, en Villalpando, según precisa una no-
ta marginal de otra mano, con destino a formar parte del patrimonio bibliográfico
del citado conde y que concluyó el 29 de abril de 1450:
«Este libro escriuió Manuel / Rodríguez de Seuilla, escriuano / del Rey e notario
en Bena/uente, a ruego e mandado / del noble e discreto varón / Rodrigo d’Osor-
no, mayordo/mo del señor Conde de Haro / e para el dicho señor conde <en la su
villa de Villalpando>, e / acabose a XXIX de abril / del nasçimento de Nuestro
Sennor de / MCCCCL annos» (BNM. Ms. 9.244, 282v).
En ambos códices hace uso de una bellísima híbrida caligráfica, con adornos
de pluma en los alzados prolongados del primer renglón de algunos de los folios,
utilizando la littera textualis formata de precisa factura como escritura publicita-
ria, que más parece haber sido trazada siguiendo las pautas de la Epigrafía, es de-
cir, ejecutando el contorno de las letras con una pluma de punta fina y rellenán-
dolas posteriormente con pincel y tinta.
Por su parte, Alonso Ferrández era escribano y vecino de Santa María de Gua-
dalupe, según declara al término de la copia que concluyó el miércoles, primer
día de Cuaresma, 7 de marzo de 1481, con el tañido de las campanas para el Ave
María, del Compendio de cirugía de Mateo Vizconde, haciendo uso de una híbri-
da, tipo C/H, ya que algunas d unciales presentan bucles, con s finales sigmáticas
y una clara tendencia hacia la bastarda en los caídos de las f y s largas y trazado
anguloso del cuerpo de las d:
«Este libro escriuió Alonso Ferrández, es/criuano, vezino de Santa María / de Gua-
daluppe, el qual le aca/bó de escriuir en miércoles en / tannendo al Aue María,
pri/mero día de Quaresma, VII días / del mes de março, del anno / del nasçimien-
to de Nuestro Saluador / Iesuchristo de M CCCC LXXXI annos» (BNM, Ms. 2.147,
140r)18.
Son tipos gráficos propios de personas avezadas en la copia de documen-
tos. No obstante, Antonio Martínez, notario apostólico y de la Inquisición en
la ciudad de Sevilla19, hace uso de una littera textualis caligráfica en su varie-
18 MANUEL SÁNCHEZ MARIANA, La ejecución de los códices en Castilla en la segunda mitad del
siglo XV: El Libro Antiguo. Actas del primer Coloquio Internacional (Madrid, 18 al 20 de di-
ciembre de 1986), Salamanca, 1988, 317-344, p. 331 (=SÁNCHEZ, La ejecución).
19 Asistió a los primeros procesos (véase JUAN GIL, Los conversos y la inquisición sevillana, Se-
villa, 2000, II, p. 263 (=GIL, Los conversos)).
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 63
dad rotunda para la copia del Breviarium secundum ritum et consuetudinem
Ecclessie Calagurritanensis, que hoy se encuentra muy mutilado, cuya trans-
cripción finalizó en Gibraleón, el 6 de octubre de 1496, por encargo de Pedro
Ramo, licenciado en Decretos, inquisidor general de Sevilla y su Arzobispado
y canónigo de Calahorra, tipo gráfico propio de los libros litúrgicos. Una nota
en la hoja de guarda final precisa que el coste del Breviario ascendió a 43.343
maravedís, distribuidos en los siguientes conceptos: 6.248,5 la iluminación de
iniciales, en la que pudieron muy bien intervenir los iluminadores Nicolás Gó-
mez y Juan de Castro, que reciben ese mismo año, junto con el escritor de li-
bros Juan de Rebolledo, diferentes pagos del contador Fernando de Herrera co-
mo «yluminadores e escriuanos de libros de Sus Altezas»20; 9.205, las historias;
2.890, el pergamino; 20.000, la escritura; y 5.000, la encuadernación. Su colo-
fón reza así (Fig. 3):
Fig. 3. BNM. Ms. 17.864, 238r.
20 Esta información me ha sido facilitada por José Antonio Ollero Pina, profesor titular del De-
partamento de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla, que la ha localizado en el Ar-
chivo General de Simancas, Contaduría, Leg. 100. Véase, además, Mª CARMEN ÁLVAREZ MÁR-
QUEZ, El libro manuscrito en Sevilla (Siglo XVI), Sevilla, 2000, passim.
64 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
«Quia propter, ego Petrus //478v Ramo, in Decretis li[cenciatus...] ce prauitatis in
ciuita[...] / Hyspalensis inquisitor [... bre]/uiarium facere et ordinare decreui /...
insuper / elaboraui, corrigere, emendare et / dilucidare quantum in me fuit om-
nia uicia et defectus dicti breuiarii / sequendo tamen in omnibus ritum et con-
suetudinem Ecclesie Cala/gurritanensis, quod [...] / breuiarium scribere [...] /
Antonii Martini p[...] /stolici notarii et q[...]/ dicte Inquisitionis in dicta ciui/ta-
te Hyspalensis etiam notarii, / cuius finem fecit in opido de Gi/braleon VIª die
mensis octobris,/ anno Domini millesimo CCCC XCVI / ad laudem et honorem
Domini Nostri / Iesuchristi et Beate Uirginis Marie, Sue / Matris et omnium
sanctorum suorum, cui / est honor et gloria in secula seculorum. Amen. / Finis»
(BNM. Ms. 17.864, 478v)21.
Cuatro días después de terminar este trabajo, el 10 de octubre de 1496, es-
tando todavía en Gibraleón, Antonio Martínez inició la copia de un breviario be-
nedictino, que se conserva en el Mussée Condé de Chantilly con el núm. 1.434, pa-
ra el dominico Pedro de Belorado, inquisidor general de la Provincia Bética y abad
del Monasterio de San Pedro de Cardeña, que concluyó el 31 de julio de 1498, en-
tre los muros ya del Castillo de Triana, sede del tribunal de la Inquisición en la ciu-
dad bética. Su colofón es éste:
«... sedente Alexandro papa sexto, regnantibus per Hyspanias citeriorem et ulte-
riorem ac Trinacriam et Sardiniam christianissimis principibus Fernando et Elisa-
beth, anno Inquisitionis heretice pravitatis decimo circiter octavo, reverendus pa-
ter dominus Petrus de Belforado, abbas Sancti Petri de Cardenna, in Betica
provincia generalis inquisitor, breviarium hoc, videlicet, decimo octobris anno sa-
lutis MCCCCXCVIº, in oppido de Gibraleon inceptum, ac ultima iulii XCVIIIº in-
tra moenia arcis Triane, hereticorum ergastula, manibus et industria Antonii Mar-
tini, presbiteri absolutum sua impensa fieri iussit, florente in dies contra hereticos
inquisitione» (Mussée Condé, Ms. 1.434, 281v)22.
Ambos encargos tuvieron lugar durante su estancia en la villa onubense de Gi-
braleón, «madriguera de herejes», en palabras de Juan Gil, para llevar a cabo di-
ferentes cometidos inquisitoriales en la última década del siglo XV, antes de ser
enviados a otros lugares23.
21 SÁNCHEZ, La ejecución, p. 339
22 VICTOR LEROQUAIS, Les breviaries manuscrits des bibliothèques publiques de France, París,
1934, t. I, 267-271.
23 A Pedro Ramo se le ordenó el 22 de junio de 1500 que pasara a Sevilla, mientras que Pedro
de Belorado llegó a ser arzobispo de Mesina, recibiendo en 1501 de fray Diego de Deza po-
deres de inquisidor mayor de Cerdeña, Apulia, Abruzos e islas adyacentes (GIL, Los conver-
sos, 2000, I, pp. 184-192; 2000, II, pp. 224-225 y 2003, VII, pp. 246-249 y 250-251).
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 65
3. Un copista barbero
Se trata de Vincenti de Coloniam, que intervino en el Ms. 7-4-27 de la BCC,
al que se le ha asignado el título genérico Thessaurus medicamentorum24, incor-
porando a partir del f.152r una serie de recetas en catalán, la lengua de todo el
manuscrito, escritas en 1435 en Barcelona, donde Hernando Colón lo adquirió en
junio de 1536 por 28 dineros. Utiliza una híbrida, en la que las d unciales pre-
sentan bucles y hay un intento de hacerlos en algunas b y l y, lo más curioso, pre-
sencia de los dos tipos de a, con y sin copete, por lo que, siguiendo la nomencla-
tura de J. Peter Gumbert, sería una híbrida fuera del sistema, tipo K/H y, según
Albert Derolez, le cabría el apelativo de semihíbrida.
4. Estudiantes copistas
Tres fueron los estudiantes copistas del total o de parte de otros tantos ma-
nuscritos, que paso a examinar.
Uno de ellos es Stephanus Masparrauta, que se titula studens, sin precisar
materia ni lugar de estudio, para la copia del Ms. 6.710 de la BNM con la traduc-
ción al castellano de Los diez libros de las Éticas de Aristóteles, que concluyó el
último día de julio de 1479, en una bella littera textualis rotunda que agranda y
combina también con la fracturada para las frases publicitarias, dejando las ini-
ciales principales por trazar, mientras que algunas de las secundarias son quebra-
das. Utiliza reclamos en sentido vertical próximos al margen interno y típicas s fi-
nales de doble espira que coloca encima de la última letra de la palabra para
conseguir el encaje de la escritura; algunos caídos del último renglón los prolon-
ga y alarga con rasgueos de pluma. No es que otros estudiantes copistas analiza-
dos desconozcan la littera textualis, pero lo habitual es el uso de la híbrida o de
la cursiva e, incluso, de la bastarda, como escritura del cuerpo del texto, mientras
que la littera textualis aparece como escritura publicitaria (Fig. 4):
«Posquam finis habetur / Christus laudetur./
Hic liber perfectus fuy<t> vltima die mensis / julii, anno a Natiuitate Domini mil-
lesimo / quadrigentesimo setuagesim nono, / per me Stephanum Masparrauta, stu-
dentem» (BNM. Ms. 6.710, 137v)25.
Otro es Jacobus Herla, quien siendo estudiante en Balaguer, aunque sin pre-
cisar materia, concluyó el 14 de septiembre de 1490 la copia del tratado del maes-
24 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones, nº 90.
25 SÁNCHEZ, La ejecución, pp. 334-335.
66 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 4. BNM. Ms. 6.710, 137v.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 67
tro en Artes y bachiller en Medicina, Pedro Raimundo, titulado Rosa philosophiae
que terminó de compilar en la villa de Tremp el 13 de enero de 1338 y ocupa las
cuarenta y siete primeras hojas del Ms. 5-2-23 de la BCC, que Hernando Colón
adquirió en junio de 1536 en Barcelona por 288 dineros26. Para la copia del texto,
que aparece a línea tirada y pautado con mina de plomo, cuya justificación no res-
peta, hace uso de una gótica cursiva, pese a la ausencia total de bucles en los al-
zados, ya que su ductus es cursivo por su tratamiento y por la gran cantidad de li-
gaduras, a lo que se unen también abundantes abreviaturas, utilizando como signos
de puntuación el punto, la coma y los calderones.
Nicholaus, in Decretis studens Burgis (Derecho Canónico) intervino en el Ms.
5-5-27 de la BCC, al que, como al anterior, se le ha asignado el título genérico de
Opuscula varia27, integrado por ciento noventa y ocho hojas, con texto en latín y es-
pañol, careciendo de número de registro y de nota de compra de Hernando Colón,
por lo que no sería de extrañar que, pese a estar asignado al fondo colombino, no in-
gresara en la biblioteca de la Catedral de Sevilla a través de su legado.
Este estudiante burgalés copió el Tractatus originis de doloribus quos Beata
Maria sustinuit in Passione (48v-54v), distribuido en dos columnas y pautado con
mina de plomo, cuya impaginación tampoco respeta, utilizando una gótica cursi-
va muy fluida, trazada con una pluma de corte ancho que se refleja en el grosor de
los trazos. Hace uso de frecuentes abreviaturas y de una variada selección de sig-
nos de puntuación: punto, punto y coma, una o dos comas y calderones, cursivos
y caligráficos, dejando las iniciales por trazar. Es uno de los pocos copistas que
acompaña su suscripción en el colofón con su rúbrica.
5. Bachilleres copistas
Uno de ellos es Didacus Ortiz, bachalarius, sin precisar materia, de los po-
cos copistas que, como el citado Nicholaus, pusieron su nombre y rúbrica, quien
en el Estudio Salmantino concluyó la copia de unos Commentaria in IV libros
Sententiarum el martes 15 de junio de 1468, pasadas las diez de la mañana, en
una híbrida muy fluida con la littera textualis formata de mayor módulo como es-
critura publicitaria, y numerosas frases subrayadas:
«Finita fuit ista recol/lectio Salamantice aput / Sanctum Augustinum, feria / IIIª,
XVII kalendas iulii, anno / a Natiuitate Domini M CCCC LX/VIII post horam quar-
tam sole / exeunte in IIº gradu cantici, quam / ego Didacus propria manu fini/ui.
Didadus Ortiz, / bachalarius (rúbrica)» (BNM. Ms. 4.291, 139v)28.
26 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones, nº 45.
27 Ibídem, nº 69.
28 SÁNCHEZ, La ejecución, pp. 333-334.
68 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
El otro es Fernandus Guterii de Cardoso, in Artibus bachalarius, quien el 3
de octubre de 1458 terminó en Guadalajara la copia de la Suma de virtutibus se-
cundum Aristotelem in libro Ethicorum iuxta expositionem magistri fratris Thome
de Aquino, mientras que cuatro años antes, el sábado anterior a Pentecostés, 8 de
junio de 1454, concluyó en Huete el Tractatus de declaracione omnium dictorum
et diccionum dissimilium que sunt sepius apud theologos, contenidos ambos en el
Ms. 10.269 de la BNM, haciendo uso de una bastarda cursiva de pequeño módu-
lo y de la littera textualis formata como escritura publicitaria. La distribución del
texto, con fragmentos cancelados y hojas en blanco intercaladas, llevan a pensar
a Manuel Sánchez Mariana en varias pecias29:
«Explicit suma de virtutibus / secundum Aristotelem in / libro Ethicorum iuxta ex-
positionem magistri / fratris Thome de Quino Ordinis Fratrum Pre/dicatorum, que
expleta fuit per me Fernan/dus Guterii de Cardoso in Artibus bachalarius, in / vil-
la de Guadalfaxara, anno Domini Mº CCCCº / quinquagesimo octauo, quinto no-
nas octobris» (BNM 10.269, 79r).
«Expletus fuit liber iste die sabati in bigilia / Pentecostes, octaua die mensis iunii,
anno / Domini Mº CCCCº quinquagesimo quarto, in ciuitate Optense. / Deo gra-
tias» (Ibídem, 137v).
Debajo de esta segunda suscripción en una escritura muy cursiva y tin-
ta desvaída leemos:
«Este es libro del bachiller Cardoso,/ escriuiole por vn florín de oro, éste y otro li-
brillo de poco valor han/se de dar a sus herederos del bachiller / porque el florín les
fue fecho de gracia./ Tyene el cargo desto Francisco González».
Nota que nos lleva a pensar que fue copiado por encargo, probablemente, de
algún estudiante a cambio de un florín de gratificación.
6. Copistas del estamento eclesiástico
Once fueron las personas pertenecientes a las distintas esferas del estamento
eclesiástico que intervinieron en la copia total o parcial de trece de los manuscri-
tos analizados: un agustino, un cisterciense, dos dominicos, uno sin precisar orden
y seis clérigos regulares. Ocho fueron libros por encargo: del licenciado Juan Dí-
az de Alcocer, oidor de la Audiencia Real –Invencionario de Alfonso de Toledo–,
aprovechando una estancia en la Corte del copista, un cisterciense, natural de Mur-
cia, con licencia de su superior; de la biblioteca del convento dominico de Gero-
29 Ibídem, p. 338.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 69
na –Postilla literalis super Euangelium Beati Mathei del dominico catalán Nico-
lau Eimeric–; del prior de la Iglesia de Sevilla Diego Martínez –Collectario–; de
Fernán Pérez de Andrade, hijo de Rui Freire de Andrade y el mejor hombre que
había en la Galicia de su tiempo –la versión gallega del Roman de Troie–; de don
Juan de Cervantes, arzobispo de Sevilla (1449-1453), dos manuscritos, el prime-
ro con una Expositio in Cantica Canticorum de Johannes Baconthorp y el segun-
do con dos obras de Medicina: el De cura lapidis renuun de Franciscus ser Nun-
deseys y el Tractatus de pestilencia de Pedrus de Tussignano–; de don Gonzalo de
Vivero, obispo de Salamanca (1442-1480), figura central de la historia de la ciu-
dad salmantina en la segunda mitad del siglo XV –Las Tragedias de Séneca–; de
don Pedro García de Montoya, obispo de Burgo de Osma (1454-1474), el Trac-
tatus de vita et moribus philosophorum et de quibusdam dictis eorum–.
Agustinos:
- Fray Diego Vadillo, titulándose escriuano, copió, siendo conventual de San
Agustín de Dueñas (Palencia), las Constitutiones et ordinarium Fratrum Heremi-
tarum Sancti Agustini con una híbrida fuera de sistema, tipo K/H, al presentar a
sin y con copete, apenas insinuado, que concluyó en 1500:
«Explicit Constitutionum vna cum ad/dicionibus liber Ordinis Heremitarum diui
patris nostri Augus/tini. Fray Diego Vadillo, el / escriuano, y escriuiolas / sien-
do conuentual en / Dueñas [Añadido de otra mano: anno de mille quinientos y un
signo, posiblemente del propio copista]» (BNM. Ms. 9.320, 102r)30.
Cistercienses:
- Fray Ginés de Bestracán, natural de la cibdad de Murcia, monje de la Or-
den del Çistel, durante su estancia en la Corte, con licencia de su Mayor, en 1467
hizo una copia del Invencionario del bachiller en Decretos, Alfonso de Toledo,
para el licenciado Juan Díaz de Alcocer, oidor de la Real Audiencia, en una híbrida
caligráfica de gruesos trazos como escritura del texto y la littera textualis forma-
ta como escritura publicitaria, que emplea para el inicio del colofón:
«Este libro man/dó escreuir el sennor licenciado Iohan / Díaz de Alcoçer, oydor de
la Audien/cia de nuestro sennor el rey don Alfonso,/ el qual escriuió fray Ginés de
Bes/tracán, natural de la cibdad de Mur/cia, monje de la Orden de Çístel, andan/do
con liçençia de su mayor en la Cor/te en el anno del Sennor de mill e qua/trocien-
tos e sesenta e siete annos» (BNM. Ms. 9.219, 126v)31.
30 Ibídem, p. 336.
31 Ibídem, pp. 335-336.
70 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Dominicos:
- Franciscus Bouis, dominico del convento de Gerona, fue el copista del Ms.
141-23-19 de la BCC, que contiene la Postilla literalis super Euangelium Beati
Mathei del dominico catalán Nicolau Eimeric, maestro en Teología, que empezó
a componer en Barcelona y concluyó el 10 de abril de 1375 en Roma, del que era
alumno y por el que pide una oración, y también para él mismo, al que leyese la
obra:
«Scripta fuit prefacta postilla per fratrem Franciscum Bouis predicti Ordinis, alum-
num dicti magistri, qui eam legis ipsis Deum depreceris» (BCC. MS. 141-23-19,
282v)32.
Ruego que reitera en el colofón final del manuscrito, que consta de trescien-
tas cuatro hojas de pergamino, distribuidas en dos columnas, con iniciales princi-
pales de tipo puzzle y listones bicolor que recorren el margen izquierdo o el in-
tercolumnio, y que copió para la Librería Común (Biblioteca Capitular) del
convento dominico de Gerona, al que pertenecía, utilizando una gótica cursiva
para el texto y una híbrida fuera del sistema, tipo K/H de caracteres agrandados
y subrayados, como escritura distintiva o publicitaria, en la que se mezclan a sin
copete y otras que apenas lo señalan, f y s largas apenas sobrepasando la línea de
escritura y carente de bucles en los alzados; uso habitual de mayúsculas, gran nú-
mero de abreviaturas y, como signos de puntuación, el punto, la coma y los cal-
derones, concluyéndolo el 6 de diciembre de 1391:
«Expliciunt tituli questionum./
Sunt autem questiones in ista posti/lla mille quingente quadraginta tres./
Explicit postilla literalis super Matheum / cum sua tabula edita a fratre Nicho/lao
Eymerici, sacre Theologie ma/gistro, Ordinis Fratrum Predicatorum, de na/tione
Cathalonie, incepta Barchinone / sed completa Rome, decima mensis / aprilis, an-
no Domini millesimo trecente/simo sexagesimo septimo, pontificatus/ sanctissimi
domini nostri pape Gregorii vn/decimi anno septimo.
Predictam autem postillam scripsit pro comuni lib/raria conuentus Fratrum Predi-
catorum Gerunde / frater [Franciscus] Bouis eiusdem ordinis et / conuentus, cuius
postille scripturam consumauit /dictus frater Franciscus anno Domini Mº CCCXCº
primo,/ VIº die decembris. Suplico tibi qui in ea le/gis ut Deum pro dictis magis-
tro reverendo actore / et me scriptore jugiter depreceris» (BCC. Ms. 141-23-19,
304v, 1ª col.).
Junto a otros tres manuscritos (BCC. Ms. 141-23-10/14/19), llevan el ex libris
del abogado y pintor malagueño Andrés Parladé Heredia, conde de Aguiar, naci-
32 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones, nº 28.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 71
do en Málaga en 1859 y muerto en Sevilla en 1933, y fueron donados por su viu-
da, doña Candelaria de Alvear y Gómez de la Cortina, condesa viuda de Aguiar,
a la Iglesia Catedral de Sevilla, según consta en una cartela pegada en la contra-
tapa anterior de los Ms. 141-23-13/14/19: «Libros del Conde la Cortina. Donado
por la Excma Sra. Doña Candelaria de Alvear y G. de la Cortina. Condesa Viuda
de Aguiar», y «Antonio Parladé Heredia, Conde de Aguiar», en la contratapa an-
terior del Ms. 141-23-10 y segundo folio anterior de guarda de los Ms. 141-23-
13/14/19.
- Antonius de Dueñas, del convento dominico de Toro, fue el copista de casi
todo el Ms. 5-3-31 de la BCC, integrado por ciento treinta y siete hojas, en el que,
a línea tirada o a dos columnas, fue transcribiendo a lo largo de 1496 las obras que
gozaban de su interés, entre las que hallamos el De conflictu vitiorum et virtutum
de San Agustín, sermones, la tabla que Santo Tomás compuso sobre las epístolas
y evangelios dominicales y quadragesimales de todo el año y también las fiestas
del tiempo, las indulgencias y perdones que los papas habían otorgado hasta ese
momento a los frailes predicadores de Santo Domingo, etc.33 Hizo uso de una hí-
brida para el texto, con caracteres agrandados y caligráficos para las rúbricas y al-
guna de las suscripciones que puso a lo largo del manuscrito, con iniciales muy
sencillas, uso habitual de mayúsculas y, como signos de puntuación, uno o dos
puntos, la coma, los calderones, dos puntos y guión:
«Explicit tabula super istoriis Biblie scripta per manus fratris Antonii de Dueñas,
indigni fratris Ordinis Predicatorum, finita in vigilia Sancti Andree Apostoli, anno
Domini 1496º in Conuentu Thaurensi» (BCC. Ms. 5-3-31, 122v).
Carece de número de registro y de nota de compra de Hernando Colón, por
lo que no sería de extrañar que, pese a estar asignado al fondo colombino, su vía
de ingreso en los fondos bibliográficos de la Iglesia Catedral de Sevilla fuese otra.
Clérigos regulares:
- Fernán Martínez, clérigo e capellán de Fernán Pérez d’Andrade, hizo uso
de una híbrida, habitual en los documentos castellanos del siglo XIII, para la co-
pia, a instancias de su señor, de la versión gallega del Roman de Troie de Benoît
de Sainte-Maure, que concluyó el 20 de enero de 1373, representando el ejemplo
más antiguo hasta ahora localizado del uso de este tipo gráfico en el campo libra-
rio (Fig. 5). El pergamino utilizado es de mala calidad con numerosas imperfec-
ciones y mal recortado:
33 Ibídem, nº 4.
72 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 5. BNM. Ms. 10.233, 21v.
«Sabbean quantos este liuro viren que eu Fernán Martínez, clérigo et capelán de
Fernán Pérez d’Andrade, escriuí / este liuro des onde se comença esta estoria ata
aquí, et escriuí aynda mays outro quaderno en / que ha des follas que uay aco ade-
ant et scriuío per mandado do dito Fernán Pérez. Et sabedes que este Fernán / Pé-
rez foy fillo de Roy Freyre d’Andrade et por min creede de çerto que a este tenpo,
que este liuro / foi escripto, que este Fernán Pérez era o mellor home que auía en-
tonçe en Galiza dos condes ou rico/homes afora [e s]sabede que él a este tenpo era
home de duzentos homes de cauaio armados / e todo punto et era sennor de Uila-
da Crunna et da uila de Betanços et de Ponte Deume / et de Ferrol et a Ponte Deu-
me de Rallas el Rei por su [...] et outrosy tam [...] et sennor / de Neda et de Çedyr
et de Santa Marta et de Viueyro et de Uilalua [et de todos seus]/ términos de todas
estas uilas et lugares et tamben das terras chaas en todas estas [...] riis / en gisa que
quantos homes moraien? en todas las ditas uilas [...]// 100v
[el resto del texto está raspado]
Este liuro foy acabado viint días anda/dos do mes de janeyro, era de mille e qua-
troçentos e onze annos, et eu o dito Fernán Martínez, / clérigo, rogo et peço por
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 73
lo amor de Deus e por saluamento de suas almas e en peniten/çia de seus peca-
dos a quantos este liuro uiren e oyren que digan por la mía alma hun / Pater Nos-
ter et huna Aue María a a onrra de Deus Padre e de Deus Fillo e de Deus / Spí-
ritu Sancto que me quyra perdoar e da Uirgen María, sua madre, quelle roge por
mi e por / uos que o quyeran assý complir e a outorgar» (BNM, Ms. 10.233,
100v).
Más adelante, en el f. 193r, se recoge el colofón en gallego de la copia que
hizo Nicolás González el último día de diciembre de 1350 por encargo de Pe-
dro I, de quien se titula scriuán dos seus liuros, semejante al que presenta el ma-
nuscrito h.I.6 de BE, lo que lleva a concluir que fue el manuscrito que sirvió de
modelo:
«Este liuro mandou fazer o muyto alto e muy noble e muy eixelent rei / don Al-
fonso, fillo do mui noble rey don Fernando e da reyna / donna Costança et fui da-
do descreuir e destoriar en lo tempo que o muy noble / rey dom Pedro reynou ao
qual mantena Deus enno seu seruiçio por muytos tempus e / bonos. Et es sobredi-
tos onde
el uen seian herederos enno reyno de Deus. Amén. Facto / o liuro e acabado o pos-
tremero día de dezenbro, era de mille e CCCLXXXVIII anos / Nicolao Gonçález,
escriuán dos seus liuros scriueu per seu mandado» (BNM, Ms. 10.233, 193r).
«Este libro mandó fazer el muy alto e muy noble e muy exçelente rey don Alfon-
so, fijo del muy noble rey don Fernando e de la reyna donna Costança, e fue aca-
bado de escribir e de estoriar en el tiempo que el muy noble rey don Pedro, su fi-
jo, regnó all qual mantenga Dios al su serviçio por muchos tiempos et bonos, et los
sobredichos donde él viene sean heredados en el regno de Dios. Amén.
Fecho el libro postremero día de diziembre, era de mill e treçientos e ochenta e
ocho annos, Nicolás Gonçález, escribán de los sus libros, lo escriuí por su manda-
do» (BE. Ms.h.I.6, 183v).
Fernán Pérez de Andrade, o Bóo, nació probablemente antes de 1330 de Inés
González de Sotomayor, primera mujer de su padre Rui Freire, y murió en 139734,
lo que significa que cuando encargó la traducción al gallego y copia del manus-
crito, como aficionado a la poesía y a los libros de caballería, no había cumplido
aún los cincuenta años de edad35.
- Petrus, sacrista Sancti Cipriani, fue el copista de los Ms. 56-3-7 y 56-3-29
de la BCC, con toda probabilidad también para don Juan de Cervantes, a través del
cual ingresaron en los fondos bibliográficos de la Iglesia Catedral de Sevilla, a la
34 JOSÉ F. CORREA ARIAS, Fernán Pérez de Andrade, o Bóo. Mentalidade e realidade social, Noia
(A Coruña), 2004, pp. 29-30.
35 Ibídem, pp. 161-163; MANUEL MURGÍA, Galicia, Barcelona 1888, p. 1.162 y R. LORENZO, Cró-
nica Troiana. Coruña, 1985, pp. 76-77.
74 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
que dejó como heredera de trescientos seis libros, entre otros bienes36. El prime-
ro contiene una Expositio in Cantica Canticorum de Johannes Baconthorp y el
segundo dos obras de Medicina: el De cura lapidis renuun de Franciscus ser Nun-
deseys y el Tractatus de pestilencia de Pedrus de Tussignano, en cuyo colofón po-
demos leer:
«Opusculum hoc paratum fuyt sabatina,/ die vigilia Beate Susanie, anno Domi/ni
Mº CCCCº XLº septimo. Et perfectum fuit / per manus cuiusdam sacriste Sancti Ci-
priani / vocati Petri. Domino nostro Iesu Christo cooperan/te, cui est honor et vir-
tus, potestas et in/perium in seculorum seculam. Amen. Petrus (rúbrica)» (BCC.
Ms. 56-3-29, 75v).
En tanto que en el primero puso sólo su rúbrica (BCC. MS. 56-3-7, 31v). En
mi opinión, ambos se escribieron en Segovia, en papel y a línea tirada, utilizando
una gótica cursiva con características de la bastarda y tinta negruzca de compo-
sición metálica, que en el segundo códice ha provocado la destrucción de muchos
folios. Las abreviaturas no son abundantes y son muchas las palabras del texto
que aparecen subrayadas.
- Johannes Garsie de Herreri, clérigo presbítero de Palencia, fue el copista del
Ms. 5-5-17 de la BCC, que contiene diez de las Tragediae de Séneca, que copió
a dos columnas a lo largo de doscientas veinticuatro hojas de un pergamino de
buena calidad, por encargo de don Gonzalo de Vivero, obispo de Salamanca (1442-
1480), figura central de la historia de la ciudad en la segunda mitad del siglo XV,
concluyéndolas en 1457:
«Explicit liber Tragediarum Senece scriptum per me peccatorem indignum presbi-
terum Johannes Garsie de Herreri, clericum Palentinum, de mandato reuerendi pa-
tris et domini domini Gundisalui de Biuero, episcopi Salamantinensis, anno Domini
millessimo quatuorcentessimo quinquagessimo septimo. Deo gracias» (BCC. Ms.
5-5-17, 224r).
Aunque, como en otros casos, el manuscrito aparece asignado al fondo co-
lombino, carece de número de registro y de nota de compra, por lo que es más
que probable que su ingreso en la Iglesia Catedral de Sevilla se produjese a través
de otra vía. Bien es cierto que su comitente fue Gonzalo de Vivero, obispo de Sa-
lamanca, que llegó a poseer una importante biblioteca que él mismo estimó gros-
so modo en 1.200.000 maravedís y legó a la Iglesia Catedral de la ciudad cuyo
destino espiritual había regido, queriendo compensar con ello las deudas que ha-
bía contraído y la mala administración que había llevado durante su pontificado,
36 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones nº 75 y 76 y Manuscritos, nº 14 y 15.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 75
salvo los libros duplicados que pasarían, después de ser escogidos por el Cabildo,
al Monasterio de San Francisco. Por lo que el manuscrito conservado actualmen-
te en la BCC fue en otro tiempo propiedad de la de Salamanca o en todo caso del
citado Monasterio de San Francisco37 .
Estamos, pues, ante un códice copiado por encargo de un alto dignatario del
estamento eclesiástico interesado en las Tragedias del autor clásico de origen cor-
dobés, Séneca, de las que poseía más de un ejemplar, según mis datos. Para ello
el clérigo palentino eligió un pergamino de buena calidad que pautó a tinta, dis-
tribuyendo el texto en dos columnas, e hizo uso de una escritura, a la que deno-
miné cuando lo catalogué hace años de textualis y que ahora sustituyo por el de
textualis fuera del sistema, tipo E, según J. Peter Gumbert, o semitextual, según
A. Derolez, al carecer las a de copete, que en el colofón sustituye por una híbri-
da con tendencia a la cursiva, tipo C/H, como lo denota los bucles que presentan
la b y las l del primer renglón, mientras que los inicios van en capitales agranda-
das, a veces con reduplicación de trazos en rojo.
Numerosas palabras del texto están subrayadas en rojo, pero sobre todo en
ocre; correcciones y acotaciones al texto en tinta ocre muy clara y littera textua-
lis, tipo E más cuidada. Sin embargo, una de las notas más características del ma-
nuscrito es el uso por parte del copista de dos tipos de reclamos, uno por bifolio
y otro por fascículo. El primero aparece en la segunda página de todos los bifo-
lios en una gótica cursiva de módulo muy pequeño, en sentido horizontal y pega-
do al eje del plegado y al borde inferior de la hoja. En el reclamo por fascículo se
ha utilizado la misma escritura que en el texto y se ha trazado en sentido oblicuo,
novedad que localicé en dos manuscritos más de la BCC (Ms. 56-5-10 y Ms. 5-3-
29), escritos también en Castilla, y que puse en relación con la influencia ejerci-
da por los manuscritos árabes, en los que los reclamos de este tipo son los más fre-
cuentes entre 1150 y 1450 en los conservados en la Biblioteca Nacional de París38.
- Alfonso Redondo o Aguado, pues con los dos apellidos firma, fue clérigo de
San Cebrián, cerca de Amayuelas de Arriba (Palencia), y copista probablemente
de todo el Ms. 4.202 de la BNM, un misceláneo con diferentes obras de conteni-
do espiritual, como el Vergel de consolación del alma (1-40v); Explicación de la
doctrina cristiana, en latín y castellano (40v-50v); Libro de Albertano (51-62v);
Psalmos penitenciales (64-101v); y el Tratado sobre las confesiones de Alfonso
de Madrigal, en castellano y latín (102-151v), entre otros. Con el nombre de Al-
37 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones nº 58 y La utilización de reclamos en diagonal en códices la-
tinos escritos en el Reino de Castilla en el siglo XV: Scriptorium, LIV (2000, 2), 219-240
(=ÁLVAREZ, La utilización).
38 Véase las explicaciones más detalladas que doy en las pp. 224-226 de mi trabajo La utilización
antes citado.
76 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
fonso Redondo terminó la copia de la primera de las obras citadas en la Ermita de
Santa María de Calahorra, término de San Cebrián, cerca de Amayuelas de Arri-
ba (Palencia), el 13 de abril de 1459, en corto tiempo, según confiesa, haciendo
preceder su suscripción y rúbrica de un extenso colofón:
«O Sennor Iesuchristo, fijo de la bienauen/turada Uirgen Sancta María, Sennor
munchas / gracias a Ti, porque para acabar este libro / quisiste otorgar gracia a mí./
El libro es fenesçido gracias sean / dadas a Nuestro Sennor Iesuchristo. Amén./
Ruégote, Sennor Iesuchristo, que me de/xes acabar en tu sancto seruiçio e me / des
fortaleza porque yo te pueda seruir. Amén./
Hoc opus compleui, ut credo, tem/pore breui. Scriptori pro penna lar/ giatur Do-
minus vitam eternam. Amen./
Scriptor sum talis hostendit litte/ra qualis./
Este libro fue scripto en la Her/mita de Sancta María de Calaho/rra, que es en el tér-
mino de Sant Cibrián, / çerca de Amayuelas, e scriuiolo Al/fonso Redondo, cléri-
go del dicho lu/gar, et scriuiosse en el anno del Sennor / de mill e quatroçientos e
çincuenta e nu/eue annos, acabosse a treze días / del mes de abril, anno suso scrip-
to, / regnante en Castilla el sennor rey / don Enrrique et siendo obispo de / Palen-
tia el reuerendo e magnífico / sennor don Pedro, e por ende firmelo de mi nombre
Alfonsus (rúbrica)» (BNM. 4.202, 40v).
Sin embargo, al final del segundo tratado (50v) sólo pone su nombre sin nin-
gún otro dato acerca de la fecha y lugar de copia; para ambos utilizó una híbrida
libraria, con s finales sigmáticas y típicos alzados en forma de horquilla, y la lit-
tera textualis formata como escritura publicitaria
Al final de la copia del Tratado sobre las confesiones de Alfonso de Madri-
gal, que concluyó en el Estudio de Salamanca el lunes 10 de marzo de 1460, sus-
cribe con el nombre de Alonso Aguado, clérigo de Sant Cebrián, y firma como Al-
fonsus Limphatus, que podríamos traducir como ‘Alfonso el Alocado’, mientras
que su escritura se convierte en una híbrida fuera de sistema, tipo C/H, ya que
son muchas las h y l que presentan lazos, s finales de doble espira muy cerradas y
se mantienen los alzados de b y l sin lazos, y la littera textualis formata como es-
critura publicitaria, con engrosamiento en las terminaciones, que, a veces, se bi-
furcan a manera de cuernecitos; sin embargo, la híbrida se convierte en cursiva con
tendencia a la bastarda en otras partes de manuscrito (54r):
«Laus Deo cum omnibus sanctis./
A honrra e loor de la Sancta Trinidat e en/formación e prouecho de los simples, es-
ta / breue forma de confessión sea concluyda./
Esta confessión fizo don Alfonso de / Madrigal, obispo de Áuila, ba/chiller en Cá-
nones e maestro en / Artes e en santa Theología, e fízola / siendo maestreescuela
de la Vniuersi/dad del Estudio de Salamanca e regi/ente la Cáthedra de Viésperas
de santa / Theología e otra de Poetría a la ma/nnana. Deo graçias./
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 77
Esta confessión escriuió Alonso Aguado, / clérigo de Sant Cebrián, en el Estudio /
de Salamanca, e acabóse lunes a / diez días de março, anno de Nuestro Sal/uador
Iesuchristo de mill e quatroçientos / e sesenta annos. Alfonsus / Limphatus» (BNM.
Ms. 4.202, 130r)39.
- Garsias de Sancto Stephano, se titula capellanus del obispo de Burgo de
Osma don Pedro García de Montoya (1454-1474)40, para el que copia e ilumina,
sin precisar fecha, un bellísimo manuscrito de setenta y ocho hojas con el Tracta-
tus de vita et moribus philosophorum et de quibusdam dictis eorum, cuya primera
hoja se halla magníficamente iluminada con un encuadre de roleos florales polí-
cromos entre los que se desenvuelven algún que otro animal y puti, dos de los cua-
les afrontan el escudo de armas del citado obispo en el centro del margen inferior
del encuadre. Inició la copia con un tipo gráfico que podemos calificar de littera tex-
tualis fuera de sistema, tipo E, ya que ni las f ni s largas descienden por debajo de
la línea de escritura y las a no presentan copete; no obstante, en la parte final del
primer folio la escritura inicia el cambio que la convertirá en una clara escritura
bastarda caligráfica, con s finales sigmáticas, en los folios finales y la littera tex-
tualis rotunda de caracteres agrandados como escritura publicitaria (Fig. 6):
«De mandato reuerendissimi / domini mei Episcopi <Oxomensis>, ego Garsias de
Sancto / Stephanio, capellanus eius, scripsit» (BNM, Vitr.18-7, 78r)41.
- Antonius de Solucar, magister in Theologia y canónigo de la Iglesia Cate-
dral de Sevilla de la segunda mitad del siglo XV, fue el copista de los Ms. 5-6-24
y 5-6-28, asignados al fondo colombino, y del Ms. 56-5-8, perteneciente al fondo
capitular, como los otros dos42. En el primero, integrado por ciento sesenta y cua-
tro hojas de pergamino, distribuidas en dos columnas, con distintas obras, utiliza
una littera textualis fuera de sistema, tipo T/E, con dos tipos de a, con y sin co-
pete, iniciales simples rellenas de tinta roja o azul en alternancia, muchas palabras
del texto subrayadas y, como signos de puntuación, el punto, punto y coma, tres
puntos y calderones. En varios de sus folios hace constar su autoría material:
«Antonius de Solucar manu propria» (BCC. Ms. 5-6-24, 33v y 54r)
«Antonius de Solucar manu propria, in Theologia magister» (Ibídem, 138r)
39 SÁNCHEZ, La ejecución, p. 333.
40 En la Biblioteca Universitaria de Salamanca he localizado otro manuscrito escrito por el mis-
mo copista con una colección de historias escritas por Juan de Podio que analizaré en un pró-
ximo trabajo.
41 SÁNCHEZ, La ejecución, p. 339
42 ÁLVAREZ, Escribas y Colofones, nº 8 y 11.
78 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 6. BNM. Vitr. 18-7, 1r.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 79
y en el último añade para quién:
«Antonius de Solucar, in Theologia magister, para Sancta María de Seuilla» (Ibí-
dem, 164v).
El Ms. 56-5-8, también es misceláneo, consta de ciento quince hojas de per-
gamino en cuya copia utilizó una gótica cursiva y la littera textualis formata co-
mo escritura publicitaria, cuya inicial principal f ha quedado sin trazar, haciendo
constar su autoría material en el f. 70v: «Antonius in Theologia magister manu
propria», pero no en el f. 115v en el que sólo menciona su nombre y su condición
de maestro en Teología.
Finalmente, Antonius de Solucar sólo parece haber copiado el De viris illus-
tribus liber atribuido al historiador latino del siglo IV, nacido en África, Sexto Au-
relio Victor, que ocupa los ff. 67r-93r del Ms. 5-6-28, haciendo uso de una híbri-
da con rasgos de cursividad en algunos folios y de la littera textualis fuera de
sistema, tipo T/E, de caracteres agrandados para los inicios, haciendo constar su
nombre en el f. 93r.
Fue propietario, además, de otros cuatro códices, uno de ellos asignado al
fondo colombino, aunque en el f. 95v hace constar la fecha y el lugar de compra:
«Antonius ma[...] de Solucar emi Rome 1446» (BCC. Ms. 7-6-36). Los tres res-
tantes están asignados al fondo capitular y portan la nota de propiedad de Anto-
nius de Solucar (BCC. Ms.56-2-12, 57-4-18 y 57-5-36)43.
Sin especificar orden religiosa:
- Fray Johan no facilitó ningún otro dato de su persona ni de la orden a la
que pertenecía al terminar de copiar, el jueves 27 de febrero de 1393, un collec-
tario por encargo del prior de la Iglesia de Sevilla Diego Martínez, integrado por
ciento noventa y seis hojas de pergamino, destinado con toda probabilidad al uso
litúrgico de la Iglesia Catedral de Sevilla (BCC. Ms. 59-5-8). Su habilidad con la
pluma –lo que me lleva a pensar en un auténtico profesional de ella– se pone de
manifiesto en el uso de una littera textualis en la variedad rotunda y otra fuera de
sistema, tipo T/K, ya que algunas f y s largas descienden por debajo de la línea de
escritura, de módulo más pequeño para algunas partes del texto, lo que implica la
utilización de plumas de distinto ancho, mientras que los alzados del primer ren-
glón del colofón aparecen alargados, con las palabras pegadas unas a otras sin se-
paración alguna. Los signos de puntuación son los habituales en este tipo de libro,
un punto o dos sobrepuestos. Se halla corregido y bellamente iluminado44.
43 Ibídem, nº 7, 9 y 10.
44 PARDO y RODRÍGUEZ, La producción, nº 1 y ÁLVAREZ, Escribas y Colofones, nº 47.
80 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
8. Don Sancho de la Forea, comendador de Tampas, copista
En una gótica cursiva currens, utilizando como único signo de puntuación la
coma, Sancho de la Forea terminó de copiar en París la traducción al castellano de
La entrada del cristianísimo Rey de Francia en Reims el viernes 25 de noviembre
de 1484 para entregársela al IV conde de Benavente, don Rodrigo Pimentel, del
que, por desgracia, no se ha conservado ningún listado de sus libros, por lo que,
como señala Isabel Beceiro, lo que se puede saber de su biblioteca queda limita-
do a los escritos que se le dedicaron expresamente, como es el caso, o a los re-
dactados por su encargo45. Dividido en dos partes, la primera recoge la entrada en
Reims para la coronación y la segunda relata el recibimiento del Rey investido en
París con toda minuciosidad de detalle (Fig. 7):
«E este libro fue sacado en / París de françés en caste/llano e sacolo el comen-
da/dor Sancho de la Forea, comen/dador de la encomienda de / Tanpas, para lo
lleuar e dar al / muy manífico e muy yllustre / sennor, el sennor Conde de Bena-
ben/te, e fue acabado viernes a / XXV días de nobienre (sic) del Sennor / de mille
e quatroçientos e ochenta / e quatro annos» (BE. Ms. e.IV.5, 90r)46.
9. Antón de Aguilar, criado de don Lope de Barrientos, obispo de Cuenca,
copista
Con esa titulación concluyó la copia de una versión castellana de la obra
de Francesc Eiximenis De natura angelica por encargo de Vasco de Bazar, ca-
marero del citado obispo, concluyéndola el viernes 26 de agosto de 1468, pa-
ra la que utilizó una híbrida caligráfica, con s finales de doble espira muy ce-
rradas y típico signo tironiano de et que vuelve hacia la izquierda con un trazo
muy fino:
«Este libro se acabó viernes / veynte e seys días del mes de a/gosto, anno de mill e
quatroçientos / e sesenta e ocho annos, el qual fi/zo Antón de Aguilar, criado del
se/nnor don Lope de Barrientos, obispo de / Cuenca, por mandado del muy ho/
norable e virtuoso Vasco de Baçar, su camarero. Deo Gracia.
Qui scripsit scripbat et semper cum / Domino viuat. Amen» (BNM. Ms. 10.253,
178r)47.
45 BECEIRO, Los libros que pertenecieron, pp. 252-257 y Libros, lectores, pp. 453-457.
46 SÁNCHEZ, La ejecución, pp. 340-341.
47 Ibídem, p. 338.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 81
Fig. 7. BE. e-VI-5, 90 r.
82 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
10. Bartolomé de Alcaraz, criado de Pedro de Escavias, alcaide y alcalde ma-
yor de la villa de Andújar, copista
De nuevo tenemos un criado, conocedor del arte escriturario, copiando un
manuscrito por encargo de su señor, persona muy conocida en la época, autor de
una ambiciosa compilación histórica, titulada Repertorio de los príncipes de Es-
paña, autor de un Repertorio de los reyes de España, que aparece entre los libros
de Gonzalo Argote de Molina48; en este caso, el Confesional de Alfonso de Ma-
drigal con una híbrida formata, que clausuró con su suscripción y rúbrica:
«A onrra e loor de la Santa Trinidad e ynformaçión / e prouecho de los sinples es-
ta breue / formaçión de confesión sea concluyda./
Yn Artibus magistri et Theologia bachala/rii Alfonsi Matricalensis confesionun /
breuis formula ad rudium instrucio/nen (sic) explicid feliciter./
Este libro mandó escreuir el muncho onrrado / e virtuoso cauallero Pedro d’Escauias,
mi / sennor, guarda mayor del Rey, nuestro sennor,/ e del su Consejo e su alcayde e
alcalde mayor en esta / muy noble e muy leal çibdad de Andújar, a mí, / Bartolomé
de Alcaraz, su criado, el qual se acabó de / escreuir jueues, treze días del mes de agos-
to / anno del nasçimiento del Nuestro Sennor e Saluador / Iesuchristo de M CCCCº
LXXII annos. Bartolomé / de Alcaraz (rúbrica)» (BNM, Ms. 4.183, 64v)49.
11. Copistas sin titulación
Veintinueve fueron los copistas que no precisaron su oficio o condición social,
algunos, incluso, se contentaron con sólo poner su nombre, como Iohannes, Ge-
rardus, Fernandus o Rodrigo, o su apellido, como Valdés. Sin embargo, Tomás de
Lira, precisa su origen alemán; Iohan Fernández, su filiación; y varios acompañan
la suscripción con su rúbrica. Es probable que el citado Iohannes, que concluyó
en la Universidad de Salamanca una Lectura super Institutionibus de Johannes
Runcinus Faber, el 6 de mayo de 1410, y, tres días más tarde, el Repertorium ques-
tionum, perteneciente al legado de don Juan de Cervantes, fuese un profesional de
la escritura; Aluarus Yspalensis se declara familiar del cardenal Alfonso Carrillo,
obispo de Sigüenza, para el que copió en Roma un manuscrito con obras de San
Cipriano, que había sacado previamente de la biblioteca de Benedicto XIII; es
también probable que Alfonso Martínez del Puerto fuese secretario o escribano de
don Alonso de Guzmán, señor de Lepe y Ayamonte, hijo del I conde de Medina
Sidonia, don Juan Alfonso de Guzmán, y nieto del rey Enrique II, para el que
48 CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ, El escribano de letra de libros ‘versus’ el cajista: supervivencia y cir-
culación del libro a mano en la Sevilla del Quinientos: La memoria de los libros. Estudios sobre
la historia del escrito y de la lectura en Europa y América, Salamanca, 2004, I, 87-176, p. 148.
49 SÁNCHEZ, La ejecución, pp. 332-333.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 83
transcribió seis tomos con las Postillae del exegeta franciscano Nicolás de Lyra so-
bre la Biblia, que iba traduciendo, posiblemente al mismo tiempo, el también fran-
ciscano Alfonso de Algeciras, maestro en Teología, profeso del Convento de San
Francisco de Sevilla, en la década de los años veinte del siglo XV.
Estos veintinueve copistas sin titulación intervinieron en la copia de un total
de treinta y cinco manuscritos, de los que, aparte de los mencionados, uno fue
transcrito en Sevilla, entre fines de 1431 y comienzos de 1432, por Alfonso Pérez
de Cáceres, vecino de Sevilla, a ruego e instancia de Gómez Suárez de Figueroa,
hijo del caballero Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de la Orden de Santiago
de la Espada y fundador del Monasterio de Santiago de la Espada de Sevilla, con
la traducción al castellano que hizo el maestro Pedro de Toledo, hijo del maestro
Juan del Castillo, en Zafra, a lo largo del año 1419 del More Nebuchin o Guía de
descarriados de Maimónides, y otro por Andreas Mudarra con la traducción cas-
tellana de El carro de las donas de Francesc Eiximenis por encargo de fray Juan
de Guadalupe, prior del Monasterio de Santa María de Guadalupe, que concluyó
a comienzos del mes de abril de 1473.
Didacus de Astigia fue copista de uno y parte de otro de los tres manuscritos
localizados que se hicieron por encargo de Juan Alfonso de Logroño, bachiller en
Decretos y canónigo de la Iglesia Catedral de Sevilla desde 144650. Se trata de un
códice en pergamino conservado en BE con el Liber sinonimorum, sententiae de
San Isidoro, entre otros, que terminó de escribir y corregir el jueves, 5 de enero,
día de San Fulgencio, hermano del citado santo, de 1467, cuatro meses antes de
tomar el hábito jerónimo (Fig. 8):
50 Hermano de Alonso Sánchez de Logroño, oidor y canciller real, fue criado y comensal del ar-
zobispo de Sevilla García Enríquez (1442-1448), y debió de tener una saneada economía, lo
que le permitió costear la copia de estos tres libros, aparte de las dotaciones, en casas y dine-
ro al contado, que hizo a la Iglesia Catedral. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, pero,
según Joaquín Hazañas, debió de suceder por el mes de septiembre de 1493, si bien José An-
tonio Ollero Pina, al que le debo la noticia, lo tiene documentado todavía el 3 de noviembre
de 1495, siendo enterrado en la Capilla de San Gregorio, según había dejado establecido en su
testamento el también canónigo Alonso Enríquez (véase JOAQUÍN HAZAÑAS Y LA RÚA, Maese
Rodrigo: 1444-1509, Sevilla, 1909, pp. 269-272). En el cabildo celebrado el viernes 14 de ju-
lio de 1480 se ordenó a los depositarios de la fábrica que le entregasen una Biblia y un Talmud
hebraico que había dejado el arcediano de Jerez Gonzalo Sánchez de Córdoba, según testa-
mento otorgado el 22 de junio de 1473, para que los tuviese en un arca con cerradura en el Sa-
grario, donde estaban las escrituras de la iglesia, y pudiese consultarlo cuando precisara, y en
abril de 1496 se le pagan a un criado suyo 2.000 maravedís por un libro titulado Crónica mun-
di destinado a la Librería (Mª CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ, La Biblioteca Capitular de la Ca-
tedral Hispalense en el siglo XV: Archivo Hispalense, 213 (Sevilla, 1987), 3-68, pp. 21 y 23
(=ÁLVAREZ, La Biblioteca Capitular). Tradujo al castellano las Contemplaciones del Rosario
de Gaspar Gorricio de Novara, impresa en 1497 por Meinardo Ungut y Estanislao Polono.
84 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 8. BE. f-IV-8, 189v.
«Hunc librum scripsi ego, Didacus de Astigia, Ispalensis diocesis,/ compleui et co-
rrexi ad honorem et gloriam Sanctissime Trinitatis et Beatissime / Uirginis Marie
et ad laudem et memoriam Beatissimimi Ysidori, Ispa/lensis archiepiscopi, ex pre-
cepto domini mei Iohannis Alfonsi de Logronno,/ canonici eiusdem Ecclessie Is-
palensis, die uero iouis, in festo Sancti Fulgen/cii, supradicti Ysidori fratris, V die
mensis ianuarii, sub anno a / Natiuitate Domini Mº CCCCº LXº VIIº./
Michi pareat iustus natus de Uirgine Cristus.
Eiusque trinus et unus laudetur sempiternus honor. Amen» (BE. Ms. f.IV.8, 189v)51.
51 SÁNCHEZ, La ejecución, p. 341.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 85
En la misma biblioteca se conserva otro con obras también de San Isidoro, cu-
yo primer tratado De ortu et obitu Patrum (Ir-XVIIIv) fue copiado por Didacus de
Astigia, cuando aún era familiar de Juan Alfonso de Logroño:
«Deo gratias./
Finito libro laus sit et gloria Christo. Didacus» (BE. ç.IV.23, XVIIIv).
El sábado 11 de abril de 1467 tomó el hábito de San Jerónimo en el Monas-
terio de Santa María de Guadalupe, el jueves 24 de marzo del año siguiente pro-
fesó y el lunes 26 de diciembre de 1469, festividad de San Esteban, fue promovi-
do al orden sacerdotal, diciendo su primera misa el domingo siguiente, festividad
de la Circuncisión, según precisa el colofón de este manuscrito por boca de su an-
tiguo señor y comitente Juan Alfonso de Logroño, lo que, a mi modo de ver, prue-
ba la alta estima en la que lo tenía:
«Explicit huius uoluminis tractatus ulti/mus, cuius primum librum scripsit Dida-
cus de Astigia, tunc meus familiaris domesticus nunc uero frater / Ordinis Sanc-
ti Ieronimi, cuius sacre religionis sus/cepit habitum sabbati XIª mensis aprilis,
die / uero octauarum Beatissimi Ysidori, anno Domini / Mº CCCCº LXVIIº in
Monasterio Beatissimi Uirginis / Sancte Marie de Guadalupe, aliorum uero trac-
tatuum / diuersi fuerunt scriptores. Hoc preffactum uolu/men supradictus Dida-
cus et ceteri scripsserunt / ex mandato domini Iohannis Alffonssi de Logronno,/
in Decretis bachalarii, Ecclesie Yspalensis canonici, / ad honorem et gloriam
Sanctissime Trinitatis et / Beatissime Uirginis Marie et ad laudem et me/moriam
Beatissimi Ysidori, Yspalensis archiepiscopi,/ patris sui deuotissimi. Laudetur
Iesus, natus de / Uirgine. Christus eiusque trinus et unus in eternum / glorifice-
tur sempiternus honor. Amen./
Ibique (sic) Deo propicio feria Vª, XXIIIIª die marcii, anni / inmediate sequentis,
in uigilia Anunciationis finitis / uesperis eundem ordinem fuit solemniter professus
et in / festo Sancti Stephani Prothomartiris, die uero lune XXVIª / decembris, an-
no eiusdem Domini Mº CCCCº LXIX ad or/dinem sacerdotalem stitit rite promo-
tus, atque die / dominica proxima sequenti, in festo Circumcisionis, primam / mis-
sam ibidem solenniter celebrauit, quem Altissi/mus sua gratia muniat, protegat
atque defendat et / in eadem sancta religione laudabiliter perseuerare suos/que dies
in pace iuste et sancte finire concedat. Amen» (BE. Ms. ç.IV.23, CVIv-CVIIr) .
El tercer códice, con el De testimonio Iesu Christi contra iudeos y otros tra-
tados del mismo autor, se terminó con toda probabilidad en Sevilla el 4 de mayo
de 1469, si bien en este caso el colofón no precisa el nombre del copista o copis-
tas, ya que se detecta más de una mano, pero sí el del comitente (Fig. 9):
«Finito libro sit gloria Christo./
Tempora currebant Christi Natiua potentis, tunc se/saginta nouem ac mille cum
quadringentis, quarto / nonas may, dum sol torquebat habenas, liber perficitur iste
/ quem ad honorem Sanctissime Trinitatis et fidei exaltationem / atque in Beatissi-
86 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 9. BNM. Ms. 4.330, 1r.
mi Yspaniarum doctoris Ysidori memoriam et / sinceram deuotionem, ego, Iohan-
nes Alfonsi de Logronno, in / Decretis bachalarius, Ecclesie Yspalensis canonicus,
superuo / mihi auxili ante presidio scribere mandaui./
Laus sit tibi Criste / quem liber explicit iste» (BNM. Ms. 4.330, 239v)52.
En los dos manuscritos en los que intervino Didacus de Astigia por encargo
del bachiller Logroño hizo uso de la littera textualis formata, tanto para el texto
como para las acotaciones marginales, éstas de menor módulo, y de gran módulo
como escritura publicitaria en el primero de ellos. Es más que probable que los tres
manuscritos que sirvieron de modelo formasen parte del fondo bibliográfico de la
Biblioteca Capitular de la Iglesia Catedral de Sevilla, ya que sabemos que el 14
de julio de 1577 Felipe II dirigió al entonces arzobispo de Sevilla, Cristóbal de Ro-
52 Ibídem, p. 334.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 87
jas y Carvajal, una carta con el ruego de buscar en la Librería de la Iglesia las
obras de San Isidoro que se relacionaban y enviarlas a su guardajoyas Hernando
de Briviesca, para proseguir y acabar la corrección de las obras que había mandado
hacer para que no se perdiesen por ser obras tan católicas y de tanta erudición,
quedando constancia en el Archivo Catedralicio de la remisión de varias obras53.
Se desconoce el destino de los libros del bachiller Logroño, pero, al menos, los dos
que se conservan en BE pertenecieron antes al Monasterio de Santa María de Gua-
dalupe, por lo que no sería descabellado pensar que, a su muerte, hiciera donación
de ellos a Diego de Écija, su antiguo familiar, que había copiado uno de ellos en
su totalidad y había participado en la copia del otro, mientras que el de la BNM
perteneció antes al Conde de Miranda.
El mismo tipo gráfico fue utilizado por Garsias Crunensis para la copia de un
bello Missale Romanum, iluminado, que terminó en 1463, presentando bellos
adornos los alzados del primer renglón de algunos folios:
«Benedictus Deus./ Amen.
Garsias Crunensis / a Natiuitate Domini 1463» (BNM, Ms. Res. 186, 422v)54.
La littera textualis caligráfica en su variedad rotunda fue utilizada por Alua-
rus Yspalensis para la copia, que terminó en Roma el sábado 18 de julio de 1416,
de obras de San Cipriano, a partir de un ejemplar de la biblioteca de Benedicto
XIII, con destino al cardenal Alfonso Carrillo del título de San Eustaquio, obispo
de Sigüenza, del que se declara familiar:
«Die sabbati XVIII mensis / iullii, anni Domini Mº CCCC XVI / ego Aluarus Yspa-
lensis, famili/aris reuerendissimi in Christo patris / domini Alfonsi Carrillo Sancti
Eusta/chii Sancte Romane Ecclessie diacho/ni Cardinalis, perfeci hunc librum de
/ eiusdem domini mandato co/piaui de quodam libro sanctissi/mi domini nostri pa-
pe Benedicti / XIII» (BNM. Ms. 5.569, 147v).
Una textualis fuera del sistema, tipo E, con s finales sigmáticas, fue la escri-
tura utilizada por Thomas de Lira, alamán, para la copia de la versión castellana,
a partir de la traducción italiana que hiciera Pier Candido Decembrio el 21 de abril
de 1438 en Milán para Felipe María Sforza, III duque de Milán, de La ystoria de
Alexandre el Magno de Quinto Curcio Rufo, que concluyó el 10 de mayo de 1454,
dejando la mayor parte de las rúbricas por trazar y con las iniciales principales
tan sólo rellenas de rojo y de mayor tamaño:
53 ÁLVAREZ, La Biblioteca Capitular, pp. 12-13.
54 SÁNCHEZ, La ejecución, pp. 339-340.
88 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
«En el nonbre de Dios, todo poderoso, fenes/çe el dozeno libro de la Ystoria de
Alixandre / Magno, fijo de Filipo, rey de Maçedonia, escrip/ta de Quinto Curçio Ru-
fo, muy ensennado e muy / abundoso en todo e sacada en vulgar al muy / sereno
prínçipe Filipo María, terçio duque / de Milán e de Pauía e conde de Antiguera / e
sennor de Génoua, por Pedro Candido Desyem/bre, su sieruo, anno de mille qua-
troçientos / e treynta e ocho annos, a veynte e vn día del / mes de abril en Milán. A
Dios graçias.
Thomás de Li/ra, alamán (rúbrica)» (BNM. Ms. 8.549, 352r).
«Thomas de Lira, / alemán (rúbrica).
Fenesçe la comparaçión de Gayo Julio Çésar, en/perador mázimo, e de Alixandre
Magno, rey / de Maçedonia, la qual escriuió Tomás de Lira, / alimán, e acabóse
anno del Sennor de mille e quatro/çientos e çinquenta e quatro annos, a X de ma-
yo/.
A Dios gracias por sienpre» (Ibídem, 366v y 367r)55.
El mismo tipo fue utilizado por Alonso de Torrijos para copiar la obras de Sé-
neca De vita beata, De divina providencia, De clemencia, De las artes liberales,
De las doctrinas, De remedios contra la fortuna y Dichos de Séneca, traducidas
por Alonso de Cartagena, contenidas en el Ms. 9.613 de la BNM, que concluyó el
15 de marzo de 1461, junto con la littera textualis formata para las frases publi-
citarias y la cursiva currens (cortesana) para el colofón (Fig. 10):
«Acabóse este libro en el mes de março a XV días / andados, vísperas de la sen-
nora Santa María de / Marzo, anno del Sennor de mille e quatroçien/tos e sesenta
e vn annos e porque es verdad / firmó aquí Alonso de Torrijos, el que lo que escriuió
en su nonbre (rúbrica)» (BNM. Ms. 9.613, 296v)56.
La híbrida libraria, con pocas abreviaturas y palabras bien separadas, fue el ti-
po gráfico que utilizó Gerardus para la copia del Ms. 5-1-33 de la BCC, con el Lu-
cidarius sive Dialogus de summa totius christiana Theologiae, en italiano y latín,
entre otras obras, probablemente en Cataluña, ya que fue en Barcelona donde lo ad-
quirió Hernando Colón en junio de 1536 por 3 dineros, teniendo como anterior
propietario a un tal Yoan Robira. El mismo tipo empleó Iohan Fernández, el único
de los copistas analizados que mencionó su filiación en la suscripción final de la co-
pia de la tercera parte del Libro de las confesiones de Martín Pérez, que concluyó
el 10 de enero de 1437 y que Hernando Colón adquirió justamente un siglo más tar-
de, por junio de 1537, en Medina del Campo por 60? maravedís, donde hace todo
un alarde de dominio de la littera textualis formata, adornada con rasgueos de plu-
ma (BCC. Ms. 7-4-3). También Domingo Rodríguez de Robledo lo hizo para la co-
pia, que concluyó el día de Navidad de 1414, del Ms. 56-2-26 de la BCC, pertene-
55 Ibídem, p. 335.
56 Ibídem, p. 336.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 89
Fig. 10. BNM. Ms. 9.613, 196v.
90 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 11. BE.x-III-4, 233r.
ciente al fondo capitular de la Iglesia Catedral de Sevilla, con la Tabula materia-
rum in libros Sententiarum contentarum secundum ordinem alphabeti ordinata, es-
crita por Marco de Nonantola siendo estudiante de Bolonia el 27 de marzo de 1370,
que en la suscripción final se hace de módulo más pequeño con los alzados del pri-
mer renglón prolongados; y García de Medina en la copia que terminó en la ciu-
dad de Valladolid, entre el miércoles 21 y el jueves 30 de abril de 1467 del manus-
critos misceláneo Ms. X.III.4 de BE, con el Calila Dimna, el Libro que compuso
San Isidoro que se llama Mapa Mundi y el Invencionario de Alfonso de Toledo, uti-
lizando, como signos de puntuación, la coma, tres puntos y una coma para indicar
final de párrafo o final de rúbrica y calderones caligráficos (Fig. 11):
«Acabóse jueues, postymero de abril, anno de LXVII / por Garçía de Medyna en
Valladolyt» (BE. Ms. x.III.4, 233r)57.
Fernando de Ortega utilizó una híbrida formata, con muchas s finales sigmáti-
cas, para el texto y la littera textualis en su variedad rotunda de caracteres agranda-
dos para las frases publicitarias, en la copia del Libro de los establecimientos de la
Orden de Santiago, que terminó el 6 de marzo de 1480. El signo tironiano de et se
halla inscrito en una curva envolvente como lo hacen muchas a e o. Como signos de
puntuación hace uso del punto y de los calderones caligráficos (Fig. 12):
57 Ibídem, p. 342.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 91
Fig. 12. BE. b-IV-7,147 v.
«Quis scripsit scribat sem/per cum Domino viuat. Ferrnan/dus de Ortega vocatur a
Domino bene/dicatur. Acabose este libro a se/ys días andados de março, anno / del
nasçimiento del Nuestro Sennor / Iesu Christo de mill e quatroçientos / e ochenta
annos./ Deo graçias. Amen./ Está regla de la Orden / en este libro a fojas LX» (BE.
Ms. b.IV.7, 148v)58.
Los mismos tipos gráficos, para el texto y para las frases publicitarias, fueron
utilizados por Antonio de Córdoba en la copia del Invencionario del bachiller Al-
fonso de Toledo que terminó en 1475, con los alzados del primer renglón de al-
gunos folios prolongados, el signo tironiano de et con curva envolvente y, como
signos de puntuación, el punto, la coma y calderones caligráficos (Fig. 13):
58 Ibídem, p. 340.
92 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 13. BE. h-II-24,128 r.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 93
«A Dios y a la Virgen / Santa María, nuestra / Sennora, sean dadas / muchas gra-
çias por/que me dexaron aca/bar esta noble obra.
Este libro es acabado Dios e / la Uirgen Santa María sean loados por todos los si-
glos / de los syglos. Amén.
Este libro se llama Ynuençionario, en el qual se con/tienen todos los ynuentores de
todas las cosas / del mundo. Fízolo Antonio de Córdoua, anno de LXXXº V / an-
nos» (BE. h.II.24, 128r)59.
Diego Ordóñez hizo también uso de la híbrida con claro desarrolló del ele-
mento caligráfico para la copia del Espertamiento de la voluntad de Dios de Ber-
nardo Oliver, contenida en el Ms. b.II.19 (59-124) de BE, que concluyó en Madrid
el 8 de mayo de 1478 y que combina con la textualis rotunda caligráfica como es-
critura publicitaria, utilizando un variado sistema de puntuación: punto, punto y
dos comas, coma, punto y coma y calderones, cursivos y caligráficos (Fig. 14):
Fig. 14. BE. b-II-19, 124r.
59 Ibídem, p. 342.
94 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
«DEO GRAÇIAS. AMÉN./
Acabóse este libro en la villa de Madrit a ocho días de mayo de M CCCCº
LXXVIIIº annos. Escriuiolo Diego Ordónnez» (BE. Ms. b.II.19, 124r)60.
A diferencia del resto de los copistas, Valdés sólo puso su apellido al final de
la copia de distintos textos de Derecho Canónico contenidos en el Ms.7-2-20 de
la BCC, para la que hizo uso de una littera textualis fuera de sistema, tipo E, muy
caligráfica y de la textualis formata para las frases publicitarias.
Una híbrida fuera de sistema, tipo C/H, ya que algunas d unciales presentan
bucles y algunas s finales son sigmáticas, es utilizada por Iohannes de Castro-
ponce para la copia de varios textos de Astronomía (BCC. Ms. 5-4-48, 1r-64v); por
Fernando de Dueñas, que la combina con la littera textualis formata para las fra-
ses publicitarias, en la copia que hizo del tratado De significatione verborum et no-
minum, contenido en el Ms. 7-1-26 de la BCC, que Hernando Colón adquirió en
Valladolid el 30 de agosto de 1536 por 26 maravedís; y por Guillermus Ferer, que
la califica de «litera non formosa set est bene studiosa», en la que las g son de cla-
ra influencia humanística, y combina con la littera textualis formata, de caracte-
res agrandados, para las frases publicitarias (Fig. 15):
Fig. 15. BCC. Ms. 7-3-13, 141r.
60 Ibídem, p. 340.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 95
«Deo gratias. Laus tibi sit Christe, quem liber explicit iste; litera / non est formo-
sa (sic) set est bene studiosa; Gui/liermus Ferer vocatur, quis scripsit benedicatur;
Virgo / laudetur; postquam finis libri habetur detur pro pena / scriptori gloria eter-
na. Amen» (BCC. Ms. 7-3-13, 141r).
El mismo tipo fue también utilizado por Fernandus Garsie para la copia del
Racionale divinorum officiorum de Gulielmus Duranti, que terminó el 28 de no-
viembre de 1476 en Fuentelencina, pero muchas de sus f y s largas apenas des-
cienden por debajo de la línea de escritura:
«Liber est scriptus Rationale dictus quis scripsit scribat / semper cum Domino uiuat.
Fernandus Garsie uoca/tur a Domino benedicatur. Expletus fuit liber iste / in villa
de Fuentellenzina, anno Domini M CCCCº / LXXVIº, die XXVIII mensis nouem-
bris» (BNM, Ms. 6.257, 288r)61.
Fernandus, sin ningún otro dato acerca de su persona, fue el copista del Ms.
9.748 de la BNM, con el Compendium gramatice breue et utile de Juan de Pas-
trana, que concluyó en 1462, utilizando una escritura en la que lo habitual es que
las a no tengan copete, pero se le escapa alguna que otra con copete, en tanto que
las f y s largas, unas veces descienden por debajo de la línea de escritura y otras
reposan sobre ella, por lo que la calificación que más le conviene es la de híbrida
fuera de sistema, tipo H/E, que combina con la littera textualis formata como es-
critura publicitaria; no obstante, en la suscripción final la escritura incrementa los
rasgos de cursividad con bucles en las d unciales, además de las f y s largas des-
cendentes por debajo de la línea de escritura, por lo que la denominación apropiada
es la de híbrida fuera de sistema, tipo C/H:
«Deo gracias. Amen./
Explicit compendium gramatice breue et utile siue tractatus in/titulatus thesaurus
pauperum siue expeculum puerorum edi/tum a deuoto Johanne de Pastrana./
Laus tibi Christe quem liber explicit et fuit perfectus anno / Domini millessimo
CCCCº LXº IIº
Fernandus perfecit. Inmaculata Vir/go Maria oret semper pro eo. Amen» (BNM,
Ms. 9.748, 92r)62.
También la híbrida fuera de sistema, tipo K/H, ya que presenta a con y si co-
pete, s finales de doble espira muy cerradas y nexo st, de tratamiento caligráfico,
correspondiendo a la mal llamada letra de privilegios, es el tipo gráfico utilizado
por Alfonso Pérez de Cáceres, vecino de Sevilla, para la bella copia que terminó
en esta ciudad, el 8 de febrero de 1432, de la traducción al castellano que hizo el
61 Ibídem, p. 334.
62 Ibídem, pp. 336-337.
96 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
maestro Pedro de Toledo, hijo del maestro Juan del Castillo, a ruego e instancia
de Gómez Suárez de Figueroa, hijo del caballero Lorenzo Suárez de Figueroa,
maestre de la Orden de Santiago de la Espada y fundador del monasterio del mis-
mo nombre de Sevilla, en Zafra, a lo largo de 1419 del More Nebuchin o Guía de
descarriados de Maimónides (Fig. 16):
Fig. 16. BNM. Ms. 10.289, 1r.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 97
«Aquí es el fin de la terçe/ra parte del More onde / es todo acabado, Dios / sea lo-
ado. Amén.
E acabose viernes, / ocho días del mes de febrero, anno del / nasçimiento del Nues-
tro Sennor Iesu Christo / de mille e quatroçientos e treynta e / dos annos, en la muy
noble çibdat de / Seuilla, el qual libro escriuió Alfonso / Pérez de Cáçeres, vezino
de la dicha çibdat. / Dios sea loado por siempre. Amén./
Finito libro sit laus Deo Christo. Amen» (BNM. Ms. 10.289, 141r).
El mismo tipo fue utilizado por Andreas Mudarra para la copia de la traduc-
ción castellana de El carro de las donas de Francesc Eiximenis por encargo de fray
Juan de Guadalupe, prior del Monasterio de Santa María de Guadalupe, que con-
cluyó a comienzos del mes de abril de 1473 (Fig. 17):
Fig. 17. BNM. Ms. 10.156, 292v.
98 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
«Finito libro sit laus et gloria Christo, / anno Domini millesimo quadrin/gentesimo
septuagesimo tercio, / mense aprilis incoante./ Qui scripsit scribat et semper cum
Domino uiuat / Andreas Mudarra uocatur, qui a Do/mino benedicatur. Scripsi au-
tem hunc / librum ex precepto reuerendi patris nostri, / fratris Iohannis de Guada-
luppe, prioris / Sancte Marie de Guadaluppe» (BNM. Ms. 10.156, 292v-293r)63.
Gonzalo de Cane copió en gótica cursiva el De ludo scachorum del domini-
co Jacques de Cessolis antes del 22 de febrero de 1453, día del nacimiento de Pe-
dro, hijo de Fernando de la Carrera, señor de Villaverde, uno de sus anteriores
propietarios (BCC. Ms. 7-2-33).
Una gótica cursiva currens, la conocida tradicionalmente en España con el
nombre de cortesana, fue el tipo gráfico utilizado por Alfonso Martínez del Puer-
to para la copia de los seis tomos con las Postillae sobre la Biblia del exégeta fran-
ciscano Nicolás de Lyra, traducidas al castellano por el también franciscano Al-
fonso de Algeciras, maestro en Teología, profeso del Convento de San Francisco
de Sevilla, en la década de los años veinte del siglo XV, a petición e instancia de
don Alonso de Guzmán, señor de Lepe y Ayamonte, hijo del I conde de Medina
Sidonia don Juan Alfonso de Guzmán, y nieto de Enrique II de Castilla. El primer
tomo tiene doscientas ochenta y dos hojas, lleva por título Summa sobre el Viejo
y Nuevo Testamento, aunque en realidad es la «Postilla e declaraçión sobre el Gé-
nesy», que el citado maestro en Teología fue traduciendo y dictando al copista, que
terminó de escribirla el 12 de julio de 1520:
«Quis escripsit scribat senper cum Domino viuat. / Alfonsus de Portu scripsit»
(BNM. 10.282, 282r).
El segundo tomo consta de noventa y nueve hojas, contiene la Postilla o De-
claraçión sobre el Levítico y se concluyó el 17 de diciembre de ese mismo año
(BNM. Ms. 10.283). El siguiente tomo, tiene doscientas cuarenta y ocho hojas y
contiene la Postilla sobre el libro de los Cuentos (1-118) y sobre el Deuteromio
(120-248v), terminadas de traducir y copiar el 29 de marzo y el 2 de julio, res-
pectivamente de 1421 (Fig. 18):
«Aquí se acaba la postilla o declaraçión sobre el Deutero/nomio fecha por frey Ni-
colao de Lira de la Orden de Sant / Françisco, doctor e maestro eçelente en santa
Teología, la qual mandó ditar de latýn en romançe el noble sennor don Al/fonso de
Guzmán, sennor de Lepe e Ayamonte, nieto del muy / noble rey don Enrrique, que
dé Dios santo parayso, e dictó es/te sobredicho libro con todos los otros quatro li-
bros de Muy/sén suso contenidos frey Alfonso de Algezira, maestro en / santa Teolo-
gía, e frayle de la Orden de Sant Françisco e aca/bóse miércoles, dos días de jullio,
63 Ibídem, p. 337.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 99
Fig. 18. BNM. Ms. 10.284, 248v.
100 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
anno del nasçimiento del / Nuestro Saluador Iesu Christo de mille e quatroçientos
e veynte e vn / annos./
Por mandado del dicho sennor don Alfonso, yo, Alfonso Martínez del / Puerto, lo
escreuí./
Qui scripsit scribat senper cum Domino viuat. Finito libro sit laus e gloria Chris-
to» (BNM. Ms. 10.284, 248v).
El cuarto tomo consta de trescientas veinticuatro hojas, contiene la Postilla so-
bre el libro de Josué (1-82v); sobre el libro de los Jueces (83-167), sobre el libro
de Ruth (168-181v) y sobre el I libro de los Reyes (188-324) y se concluyó el 23
de diciembre del citado año:
«Aquí se acaba la Postilla o declaraçión sobre el primero / libro de los Reyes, de-
clarada a petiçión del noble sennor don / Alfonso de Guzmán, segúnt susodicho es,
de latýn en roman/çe por el reuerendo maestro Alfonso de Algezira, maestro / en
santa Teología, frayle del Monesterio de Sant Françisco de / Seuilla, e acabóse mar-
tes, veynte e tres días de dezienbre / anno del Sennor de mille e quatroçientos e
veynte e vn annos.
Yo, Alfonso Martínez del Puerto, lo escreuí (rúbrica)» (BNM. Ms. 10.285, 324r).
El quinto consta de doscientas ochenta y dos hojas, contiene la Postilla sobre
el II, III y IV libro de los Reyes y se terminaron, respectivamente, el 18 de febre-
ro, 4 de agosto y 28 de mayo de 1422:
«Aquí se acaba la declaraçión del terçero libro de los Reyes fecha / por el eçelen-
te maestro en santa Theología frey Nicolao de Lira, fra/yle de la Orden de Sant
Françisco, fec e scripta de latýn en romançe por / mandado del sennor don Alfon-
so de Guzmán, nieto del noble rey don / Enrrique, sennor de Lepe e Ayamonte, e
otrosý declarada por frey Al/fonso de Algezira, maestro en santa Theología, fray-
le de la <dicha> Orden de Sant / Françisco, e acabóse jueues, veynte e ocho días
del mes de mayo, / anno del Sennor Iesuchristo de mille e quatroçientos e veynte
e dos annos /
Por mandado de dicho sennor don Alfonso, Alfonso Martínez del Puerto / lo es-
criuí./
Qui scripsit scribat senper cum Domino viuat» (BNM. Ms. 10.286, 282r).
Finalmente, el sexto tomo tiene trescientas treinta hojas, contiene la Postilla
sobre el Salterio y se concluyó cinco años y medio más tarde, el 17 de diciembre
de 1427:
«Aquí, por la graçia de Dios, se acaba la declaraçión literal del Salterio / del muy
exçelente maestro frey Nicolao de Lira, frayre de la Orden de / Sant Françisco, la
qual declaraçión fue fecha al mandamiento e instançia del / noble sennor don Al-
fonso de Guzmán, nieto del noble rey don Enrrique/ et fijo del sennor don Juan Al-
fonso de Guzmán, conde de Niebla, e fue / declarado e tornado de latýn en romançe
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 101
por frey Alfonso de Algezira,/ maestro en santa Theología, frayre de la Orden de
Sant Françisco de Seuilla, e / acabóse miércoles, diez e siete días de dezienbre, an-
no del nascimiento / del Nuestro Saluador Iesuchristo de mille e trezientos quatro-
çientos e veynte e siete / annos.
Graçias tibi Christe quem liber esplicit iste./
Alfonsus Martínez del Puerto / lo escreuí. Dios sea loado (rúbrica)» (BNM. Ms.
10.287, 320v).
Es probable que Alfonso Martínez del Puerto estuviese al servicio de Alonso
de Guzmán como escribano o secretario, utilizando para la copia de estos libros
un tipo gráfico más propio de los documentos que de los libros, una gótica cu-
rrens denominada en Castilla cortesana, con las iniciales por trazar, dando como
resultado libros utilitarios y corrientes y no cuidados y de lujo, como sería de es-
perar al estar destinados a un miembro de la alta nobleza castellana, y que con-
trastan claramente con los cinco bellos tomos de la versión latina que pocos años
más tarde hizo copiar otro miembro de la nobleza sevillana, don Pedro Afán de Ri-
bera, en cuyos tres primeros cuerpos intervinieron Petrus Gallicus y Jacobus Pa-
risiensis entre 1434 y 1437, conservados en la BGUS, a los que ya he hecho re-
ferencia:
«Aquí se acaba la Postilla o Declaraçión del libro del Leuítico / del reuerendo e eçe-
lente maestro en santa Teología frey Nicolao de / Lira, frayle de la Orden de San
Françisco, e fue trasladada de latýn / en romançe por mandamiento del muy noble
sennor don Alfonso de / Guzmán, sennor de Lepe e Ayamonte e nieto del noble rey
don / Enrrique, que Dios dé santo paraíso, e fue acabada de ditar de latýn en / ro-
mançe por frey Alfonso de Algezira, frayle de la Orden de Sant Fran/çisco e maes-
tro en santa Teología, martes, diez e site días de dizi/enbre, anno del nasçimiento
del Nuestro Saluador Iesuchristo de mille e quatro/çientos e veynte annos./
Qui scripsit scribat et senper cum Domino viuat./
Yo, Alfonso Martínez del Puerto, lo escreuí por mandado de / mi sennor don Al-
fonso» (BNM. Ms. 10.283, 99v).
El mismo tipo gráfico, con los alzados de los primeros renglones prolongados
y como único signo de puntuación el punto, fue utilizado por Alfonso de Contre-
ras para la copia del Arcipreste de Talavera o Corbacho de Alfonso Martínez de
Toledo, que concluyó el 10 de julio de 1466 (Fig. 19):
«Acabóse este registro a diez / dýas del mes de jullio anno / del Nuestro Saluador
de mille e / quatroçientos e sesenta e seys annos. / Escriuiólo Alfonso de Contre-
ras» (BE. Ms. h.III.10, 107v)64.
64 Ibídem, p. 342.
102 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 19. BE. h-III-10, 107 v.
También Pedro de Velaoxteguy hizo uso de una cursiva currens (cortesana)
muy caligráfica para la copia de un manuscrito de ciento dieciocho hojas con la
versión castellana Del soberano bien de Isidoro de Sevilla, que concluyó en Ta-
vira de Durango, en las casas de Martín Ibáñez de Salcedo, el 3 de marzo de 1475
(Fig. 20):
«Fynito libro sid laus gloria Christo.
El Sennor de los çielos Iesun (sic) Christo aya buen grado, / pues que este libro de
Sant Ysydro es acabado / e al que lo escryuyó Dios le dé buen fado e le dexe /
moryr en penitençia e en buen estado. Amén./
Yo, Pedro de Velaoxteguy, acabé de escryuir este li/bro en la villa de Tauira de Du-
rango, en las casas / de Martín Ybánnez de Salzedo, a tres días del mes de mar/ço, día
de San Meter y Çeledón, del anno del nasçimie/nto de Nuestro Saluador Iesuchristo
de mille e quatroçientos / e setenta e çinco annos» (BNM. Ms. 405, 118v)65.
65 Ibídem, p. 330.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 103
Fig. 20. BNM. Ms. 405, 118r.
Joanico de Arruçuriaga utilizó también la cursiva currens (cortesana) de tra-
tamiento caligráfico para copiar la Cirugía rimada, que Diego Cobos terminó de
componer el 20 de mayo de 1412 y cuya transcripción, que ilustra con numerosos
dibujos de animales y aves, aquél concluyó en febrero de 1493, estando en 1653
en poder del médico Fernando Infante de Aurioliz residente en Madrid, según una
de las notas finales (Fig. 21):
«Este libro esciuió Joanico de Arruçuriaga e acabó en el / mes de hebrero del an-
no del nasçimiento del Nuestro Sennor e / Saluador Iesu Christo de mill e quatro-
çientos e noventa e tres / annos. La Santa Trinidat sea siempre en nuestra guarda.
Amén. Deo graçias» (BNM. Ms. 2.153, 82v)66.
Johan Anrríquez sólo puso su nombre en el inicio de la copia del tercer tra-
tado del manuscrito con la Legenda aurea en castellano de Jacobo de Vorágine fe-
chado XIV: XV (Fig. 22):
«Johan Anrríquez me scripsyt» (BNM. Ms. 10. 252, 149r).
66 Ibídem, pp. 331-332.
104 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
Fig. 21. BNM. Ms. 2.153, 55r.
MANUSCRITOS DE COPISTAS HISPANOS 105
Fig. 22. BNM. Ms. 10.252, 149r.
La gótica cursiva, con rasgos de la bastarda en los caídos de las d y f, fue uti-
lizada también por un tal Rodrigo, posiblemente clérigo, para la copia de unas
Doctrinas morales sobre varios lugares del Evangelio, escritas en español y en la-
tín (BCC.Ms. 7-3-6 (2)). Influencia de la bastarda presenta también la cursiva eje-
cutada por Raymundus Joffre en la copia de una extensa antología en catalán de
los libros 1, 2, 3 y 12 del Crestià de Francesc Eixemenis, que en la suscripción que
pone al final de la tabla inicial convierte en una littera textualis en la variedad ro-
tunda (BCC. Ms. 7-5-9, 11v). También Iohannes, que sólo puso su nombre en la
copia que hizo en la Universidad de Salamanca de la Lectura super Institutioni-
bus de Johannes Runcinus Faber, que concluyó el 6 de mayo de 1410 y tres días
más tarde el Repertorium questionum (BCC. Ms. 5-7-12), perteneciente al lega-
do de don Juan de Cervantes, utilizó una cursiva con influencias de la bastarda en
el tratamiento del cuerpo de las d unciales y v, así como en los bucles triangula-
res prolongados de los primeros renglones, que combina con la littera textualis
formata para las frases publicitarias. Es posible que fuese un profesional de la es-
critura, más que un estudiante universitario, si bien también cabría la posibilidad
de que fuese escrito por Juan de Cervantes, que en esa fecha se hallaba estudian-
do en Salamanca, pero si para la asignación de profesiones en el resto de los ca-
sos carezco de pruebas, aún más en este caso.
De los manuscritos analizados podemos obtener algunas conclusiones que
paso a reseñar:
1º La constatación de la interpenetración de los ámbitos librario y documen-
tal con la presencia en la copia de libros por encargo o destinados a clases socia-
les elevadas de escrituras cursivas habituales en el campo documental.
106 Mª DEL CARMEN ÁLVAREZ MÁRQUEZ
2º La elección de un tipo gráfico determinado no siempre viene determinado
por la naturaleza del libro o rango social de la persona a la que está destinado.
3º Dominio de varios tipos gráficos por parte de personas avezadas en el uso
de la escritura.
4º Dentro de un mismo libro se puede producir un cambio o una evolución en
el tipo gráfico utilizado en principio.
La escritura gótica documental en la Corona de Castilla
Mª Josefa Sanz Fuentes
Universidad de Oviedo
El estudio del desarrollo de la escritura en el periodo bajomedieval es uno de
los grandes desafíos para los paleógrafos. Cuando hace ya más de quince años por
primera vez me aproximé a la realidad gráfica de la baja Edad Media en Castilla1,
tuve ocasión de percibir en qué residía la dificultad. Y si siempre se ha hecho hin-
capié en la enorme duración del periodo cronológico en el que se utiliza, que abar-
ca casi tres siglos, tal vez en aquel momento aún no se había valorado de forma
plena lo que era todavía mucho más importante, y que no es otra cosa que la am-
pliación del uso de la escritura a una serie de ámbitos que en siglos anteriores no
existían o apenas eran perceptibles.
Sí es cierto que las cancillerías soberanas se datan con anterioridad a este pe-
riodo; pero no lo es menos, y fundamentalmente para la Corona de Castilla, que
la legislación alfonsí y sobre todo el espaldarazo que proporcionó a la burocrati-
zación de la monarquía el Ordenamiento de Alcalá, ya en el reinado de Alfonso
XI, multiplicaron la actuación escrituraria de la misma. Por otra parte no pode-
mos obviar el hecho de que el avance de la reconquista multiplica de forma ex-
ponencial las relaciones que el monarca ha de mantener con sus gobernados, ca-
da vez más lejanos de lo que siempre ha sido la sede castellana de la monarquía,
esencialmente Burgos y Valladolid, así como las relaciones con otras monarquías.
La Iglesia continúa siendo uno de los grandes promotores de la escritura. No
solo en lo que a la producción o encargo de libros litúrgicos o doctrinales se re-
fiere, sino también por el uso común de lo escrito en su vida cotidiana –Libros de
Regla, Actas Capitulares, administración de raciones y prebendas– así como en la
1 Mª JOSEFA SANZ FUENTES, Paleografía de la baja Edad Media castellana, Anuario de Estudios
Medievales, 21, Barcelona 1991 (=SANZ, Paleografía de la baja Edad Media), pp. 527-536.
108 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
administración de sus extensos dominios territoriales. E igualmente es en la baja
Edad Media cuando se constituyen los más potentes señoríos laicos, cuya admi-
nistración y gobierno comporta un uso habitual del texto escrito.
A ellos hay que añadir la aparición de nuevos organismos, necesitados de la
escritura para su correcto funcionamiento, y bástenos con señalar entre ellos a
concejos y universidades. Paralelamente, si también existían con anterioridad do-
cumentos en los que se plasmaban negocios entre personas, y nuestros archivos
eclesiásticos están llenos de compraventas, permutas, cartas de beneficio, profi-
liaciones y otras escrituras, a nadie se le oculta que la implantación del notariado
romanista y una vez más la legislación de Alfonso X, esencialmente Espéculo y
Partidas, hacen que las gentes acudan con más frecuencia a las casas-tienda de es-
cribanía para afianzar mediante escrituras sus relaciones.
Y también recordar que, aunque con escaso acceso al Mediterráneo, en don-
de en estos momentos se lleva a cabo una amplia actividad mercantil, la Corona
castellana también participa de la misma en sus ferias –Medina del Campo espe-
cialmente, pero también Medina de Rioseco y otras poblaciones– y en sus rela-
ciones a través del ahora llamado Arco Atlántico con la costa oeste de Francia, las
costas del sur de Inglaterra e Irlanda y la costa portuguesa, preludio de lo que más
tarde será el comercio con Indias.
Es por lo tanto el mundo bajomedieval castellano un mundo en efervescen-
cia, necesitado del uso y manejo de la escritura en todos los aspectos de la vida.
Un mundo en el que la enseñanza se abre a muchas más personas de las que po-
dían alcanzarla en épocas anteriores, si exceptuamos el ya para entonces muy le-
jano Imperio romano.
Y precisamente por esa multiplicidad de usos que se le da a la escritura, y
por las diferentes características que requiere cada uno de ellos, es por lo que nos
vamos a encontrar con la paradoja de que para una única escritura vayan a pro-
ducirse numerosas variantes: es el mundo de la escritura gótica, o de las escritu-
ras góticas como por algunos se prefiere denominar este periodo.
Es la hoy conocida como gótica una escritura que nos presenta hasta la para-
doja de su nombre. Cuando su uso está en pleno auge y aún nadie había sentido
la necesidad de darle una denominación concreta, se conocía como escritura gó-
tica a la que hoy denominamos comúnmente como visigótica, y ahí están para re-
cordárnoslo el Becerro Gótico de Sahagún o el Libro Gótico de la catedral de
Oviedo, que es como en los siglos bajomedievales se conocía al hoy denominado
Liber Testamentorum. Y cuando por fin el nombre de gótica pasó a identificar es-
ta escritura, como lo hizo también con la arquitectura coetánea, lo fue como tim-
bre de antigüedad, o si se quiere de antimodernidad, al enfrentarla por compara-
ción con el purismo de la escritura y de la arquitectura renacentista; era la escritura
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 109
de los bárbaros, frente a la renovatio renacentista que tomaba como modelo la es-
critura y la arquitectura de la Roma clásica.
Pero craso error, ya que si hay un momento en el que en la Europa Occiden-
tal la escritura manuscrita tuvo un mayor peso y una mayor vivacidad ha sido pre-
cisamente en este periodo en el que se utiliza la escritura gótica.
Ahora bien, eso ha traído acompañada una enorme dificultad para la clasifica-
ción de los diferentes tipos que se van a producir, y de las muy diversas variantes que
van a darse dentro de cada uno de los tipos. Y es natural, porque a la morfología esen-
cial y a la morfología histórica hemos de añadirle la morfología personal de cada uno
de los que escriben, y ya hemos indicado que para esta época son muchos.
Si uno hojea los viejos manuales de Paleografía, frente a las numerosas pá-
ginas que se dedican a las escrituras precarolinas o nacionales, e incluso a la es-
critura carolina, el periodo de la escritura gótica se despacha en menos espacio, y,
si nos vamos a fijar en lo dedicado a la escritura gótica documental, ese espacio
es mínimo. Todos los paleógrafos somos conscientes de que durante mucho tiem-
po los estudios sobre la alta Edad Media prevalecieron sobre los de la época que
ahora nos ocupa.
Y así ocurrió también en la Península Ibérica, de tal manera que la nomen-
clatura que se ha venido utilizando hasta estos momentos para identificar los di-
ferentes tipos de la escritura gótica aparecen siempre vinculados a tipologías o
usos documentales. No tenemos más que recordar en el primer caso los nombres
de escritura de privilegios y escritura de albalaes o en el segundo los de escritura
cortesana y escritura procesal.
Pero no fue solo España la que se ha encontrado con la dificultad de deno-
minar y de clasificar las distintas variantes de la escritura gótica. Y por ello preci-
samente desde mediados del pasado siglo se intentó llevar a cabo una sistemati-
zación de las nomenclaturas aplicables a las distintas escrituras.
En el año 1954, dentro del por todos conocido Coloquio que dedicó en París
el CNRS a establecer una nomenclatura para las escrituras librarias2, mientras que
para las escrituras de los demás periodos se realizaron estudios globales, en el ca-
so de la gótica no hubo ningún paleógrafo que se ocupase de ella, haciéndolo en
cambio un bibliotecario especialista en códices medievales, el holandés Lieftinck,
y ello acercándose solo a los códices por el más conocidos, los producidos en su
pais de origen3. A pesar de lo que en un principio podría tal vez parecernos poco
2 Nomenclature des écritures livresques du XIe au XVe siècles, Paris, 1954. (“Colloques Inter-
nationaux du CNRS”, Sciences humaines, IV)
3 GERARD I. LIEFTINCK, Pour une nomenclature de l’écriture livresque du période dite gothique.
Essays s’aplicant spécialment aux manuscrits originaires des Pays-Bas, en Nomenclature des
écritures livresques, ob. cit., pp. 13-34.
110 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
útil para las escrituras documentales, la estructura de clasificación en tipos y sub-
tipos que estableció en su trabajo resulta totalmente adecuada para ser utilizada en
el estudio de cualquier escritura. Y más que a las categorías superiores de Textual,
Cursiva, Bastarda y Notular, me refiero a la tripartición dentro de las primeras re-
alizada según su grado de mayor o menor cursividad, situando la usual entre la for-
mata y la currens. Maneja por lo tanto Lieftinck como elementos de clasificación
dos parámetros aplicables a cualquier escritura: el de las formas alfabéticas de la
misma y el del ductus con el que estas formas se ejecutan.
A la nomenclatura de las distintas variantes de la escritura gótica, esencial-
mente libraria, se dedicaron posteriormente otros trabajos por Gumbert4, Stein-
mann5 y Obergaauw6 y ya en época más reciente el amplio estudio llevado a cabo
por Derolez7.
Casi al mismo tiempo, solo un año después de la propuesta de Lieftinck, el ita-
liano Franco Bartoloni aborda la clasificación de las escrituras documentales no
canonizadas8. Preconiza también para llevar a cabo la clasificación utilizar una se-
rie de parámetros: el ductus, el centro de expedición documental, la escritura nor-
mal a la que puede vincularse, el lugar de origen y el siglo al que pertenece. Co-
mo puede apreciarse de la simple enumeración de datos, la clasificación resultaría
muy engorrosa y así lo ha valorado Mª del Carmen del Camino cuando al inten-
tar aplicarla a la escritura de los escribanos públicos hispalenses en el siglo XIII,
se encontró como definición de uno de los tipos la de “escritura semicursiva no-
tarial sevillana de tipo gótico de la segunda mitad del siglo XIII”, advirtiéndonos
la autora del peligro de una excesiva localización que no permite relacionarla con
otras regiones, cuando en esos momentos muchos de los escribanos que actúan en
Sevilla han acudido a esta ciudad desde otras partes del reino de Castilla en el mo-
mento de su repoblación9.
Con parte de este escaso bagaje, en lo que a escritura documental se refiere,
abordé aquél mi primer trabajo que tuvo como motivo la lección pronunciada en
4 J. PETER GUMBERT, A proposal for a cartesian nomenclature, en Litterae Textuales 4, Essays
presented to G. I. Lieftinck 4: Miniatures, scripts, collections, 1976, pp. 45-52.
5 MARTIN STEINMANN, Textualis formata, Archiv für Diplomatik, 25, Köln 1979, pp. 301-327.
6 EEP OVERGAAUW, Die Nomenklatur der gotischen Schriftarten bei der Katalogisierung von
spätmittelalter Mss, Codices manuscripti, 17, Wien 1994, pp. 100-106.
7 ALBERT DEROLEZ, The palaeography of Gothic manuscript books from the 12th to the early 16th
century, Cambridge 2003.
8 FRANCO BARTOLONI, Paleografia e critica testuale. III: La nomenclatura delle scritture docu-
mentarie, en Relazioni del X Congresso Internazionale di Scienze Storiche, I, Firenze 1955,
pp. 434-443
9 Mª CARMEN DEL CAMINO MARTÍNEZ, La escritura de los escribanos públicos de Sevilla (1253-
1300), Historia. Instituciones. Documentos, 15, Sevilla 1988, pp. 155-156.
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 111
uno de los cursos de verano que la Universidad de Valencia realizó durante bas-
tantes años en Benassal (Castellón). Y con las normas de clasificación marcadas
por Lieftinck y el apoyo que me supuso la aplicación de las mismas por Ángel
Canellas a la escritura de los códices hispanos10 llevé a cabo una primera clasifi-
cación.
La situación a día de hoy ha cambiado y no solo en España. En una aproxi-
mación a los estudios realizados hasta el momento sobre las escrituras góticas do-
cumentales, Smith las califica como encrucijada en la historia de la escritura lati-
na11 e invoca al comienzo de su texto la pregunta que hace ya más de medio siglo
se planteaba Higounet sobre cuándo los paleógrafos dejarían de insistir en el es-
tudio de las escrituras librarias para dedicarse con la misma perseverancia al de la
escritura de los documentos12.
Pero la llamada de atención más fuerte ha sido la realizada por Nicolaj13, re-
sumiendo y analizando las aportaciones anteriores de Cencetti, Casamassima y
Derolez. Tras analizar las aportaciones de todos ellos, se reafirma en las indica-
ciones hechas por el primero en su ya clásico manual, que, a pesar de su aparen-
te vetustez, sigue siendo rompedor. Así retoma las tres fases de estudio que Cen-
cetti propone:
En primer lugar tener siempre presente lo que supuso como renovación grá-
fica la escritura carolina, sobre todo desde el punto de vista de haber restablecido
de nuevo la unidad gráfica del occidente europeo14.
En segundo lugar lo que supone el periodo de la escritura gótica como pro-
motora de la elaboración sobre el nuevo sistema de escritura normal / usual de una
escritura libraria moderna, llamada gótica o textual, articulada a su vez en varie-
dades tanto nacionales como funcionales, utilizada tanto para códices litúrgicos co-
mo para textos universitarios, para cartularios eclesiásticos o para libros de fueros
o de estatutos municipales. Y al mismo tiempo, frente a esta seudomayúscula, que
somete a un sistema bilineal un alfabeto minúsculo, heredero directo de la escri-
tura carolina, el filón documental, usual, que partiendo también de esa “escritura
originaria”, la carolina, se diversifica y se articula en variedades propias de las
10 ÁNGEL CANELLAS, Exempla scripturarum latinarum in usum scholarum. Pars altera, Cesa-
raugustae 1967.
11 MARC H. SMITH, Les ‘gothiques documentaires’: un carrefour dans l’histoire de l’écriture la-
tine, Archiv für Diplomatik, 50, Paris 2004, pp. 417-465. (XIVe Colloque Internationale del Co-
mité International de Paléographie Latine, Engihen-les-Bains, 2003).
12 Ibid., p. 417.
13 GIOVANNA NICOLAJ, Questions terminologiques et questions de méthode. Autour de Giorgio
Cencetti, Enmanuele Casamassima et Albert Derolez, Bibliothèque de l’Ecole des chartes,
165, Paris 2007, pp. 9-27.
14 Ibid., pp. 22-23.
112 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
funciones y metas que se le presentan: cancillerías y notariado como más conoci-
das, pero también otros escritos –documentos y libros– utilizados por los buró-
cratas-funcionarios, comerciantes, concejos, y en la correspondencia privada de to-
do tipo de personas: intelectuales, familias, etc. Escritura, por otra parte, que, al
utilizarse en relaciones internacionales, va a resultar permeable a todo tipo de in-
fluencias y que, como podremos ver, van a permitir todo tipo de hibridaciones
hasta el momento poco estudiadas.
Por último sitúa Cencetti en los siglos XIV y XV –recordemos que trabaja,
como es natural, fundamentalmente con ejemplos italianos– el paso desde la es-
critura gótica hacia la humanística.
Propone Nicolaj como posible inicio de un trabajo en común la creación de
una plantilla –parrilla, más concretamente la denomina– compuesta por grandes
categorías y establecer una jerarquía de estilos, sobre la que situar y poner en fi-
chas los productos gráficos; plantilla/parrilla amplia, en la que también tengan ca-
bida las contaminaciones e hibridaciones, variantes individuales, grados de eje-
cución, usos heterogéneos, pero sin perder de vista el hilo guía que sostiene el
desarrollo histórico de la escritura15.
Y esta fue en principio mi propuesta en aquel mi primer trabajo, propuesta que
sigo manteniendo, con algunas variantes, en el actual. Variantes que vienen apo-
yadas en la existencia de un mayor número de trabajos de investigación dedicados
de manera bien exclusiva o de forma tangencial al mundo de la escritura gótica
castellana.
La plantilla que en aquel momento apliqué se basaba esencialmente en la cla-
sificación de Lieftinck adaptada a las peculiaridades del caso castellano, y en ella
se hacía referencia a cuatro parámetros concretos: la denominación histórica de la
escritura, el tipo de la misma, el subtipo impuesto por la existencia en Castilla de
dos tipos de escritura gótica: la fracturada y la redonda, y el modo de ejecución:
la mayor o menor rapidez en su ductus. Todo ello enmarcado también dentro de
una cronología lo más ajustada posible y teniendo siempre en cuenta las denomi-
naciones tradicionales dadas hasta el momento a los diferentes tipos de escritura
gótica utilizados en los territorios que conformaban la corona castellano-leonesa.
Como entonces, y coincidiendo con la propuesta de Cencetti, hay que tener en
cuenta ese periodo de transición que nos lleva desde la escritura carolina hasta la gó-
tica. Escribía entonces que en el mundo documental castellano-leonés es muy difí-
cil, aunque no imposible, encontrar documentos escritos en carolina pura, ya que
desde el inicio de su implantación, de no ser el caso de documentos escritos por
monjes franceses, formados gráficamente en el mundo carolino, lo que vamos a en-
15 Ibid., pp. 24-25.
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 113
contrarnos es una hibridación de la escritura visigótica redonda con la carolina, y ya
más tarde, cuando la carolina se adueña de la casi totalidad del espacio gráfico cas-
tellano, se trata de una escritura que ya ha iniciado su evolución hacia la escritura
gótica16. Es ese mundo complejo que Cencetti califica como escritura neogótica o de
transición17 y Stiennon, estableciendo una gradación entre los inicios de la evolución
y sus avances, como escrituras gotizantes y escrituras gotizadas18.
Y siempre teniendo en cuenta que la evolución hacia las formas góticas se lle-
vó a cabo sobre los dos tipos de escritura documental que se podían apreciar en el
periodo carolino. Ocurría tanto en la escritura común, que interpretaba las formas
esenciales sin ninguna concesión a la estética, escritura tonsa, con escaso desarro-
llo de las astas, utilizada por la mayor parte de los rogatarios de documentos de par-
1. Carolina gotizada. Archivo Catedral de Oviedo (ACO), Ms. 43, f. 11v. (1271, diciembre, 26)
16 SANZ, Paleografía de la baja Edad Media, p. 529.
17 GIORGIO CENCETTI, Lineamenti di Storia della Scrittura latina, Bologna 1954, p. 22.
18 JACQUES STIENNON, Paléographie du Moyen Âge, París 1973, pp. 107-110.
114 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
ticulares, como en la carolina utilizada en las cancillerías, de astas alargadas, con los
extremos curvados en forma de gancho o lazo, interpretación elaborada sobre la es-
critura común como elemento de distinción para los documentos solemnes tanto de
las cancillerías soberanas laicas como eclesiásticas y que es la conocida común-
mente bajo la denominación de minúscula diplomática, denominación del todo im-
precisa pues bajo ella cabría cualquier tipo de escritura documental cuyo alfabeto sea
minúsculo, y que acaba pasando a los documentos entre particulares cuando éstos
son realizados por clérigos formados en este tipo gráfico19.
Por lo que respecta a la cancillería real castellana el goticismo de su escritu-
ra se aprecia claramente, como es de común conocimiento, con la entrada en 1135
del canciller Hugo y del escriba Giraldo, de procedencia francesa, al servicio de
la misma.
Y es en la segunda mitad del siglo XII y fundamentalmente en la primera mi-
tad del XIII cuando se va a producir en Castilla la evolución de la escritura caro-
lina documental hasta encontrarnos ya con toda seguridad en el reinado de Al-
fonso X con una escritura gótica totalmente formada.
Porque el progreso de la gotización de la escritura va a venir de la mano no
solo de los nuevos gustos y su propagación a través de la internacionalización de
las relaciones de nuestra monarquía, afianzadas fundamentalmente con los matri-
monios con mujeres procedentes de más allá de los Pirineos de los que desde el
reinado de Alfonso VI hasta Alfonso X hay múltiples muestras y entre los que co-
mo ejemplos quizás más señeros cabría señalar la presencia en Castilla de Leonor
de Aquitania y de Beatriz de Suabia, sino también de las amplias relaciones cul-
turales y, de nuevo hay que insistir, en la ampliación del uso de la escritura.
Por eso, tomando como punto de partida el reinado de Alfonso X y como fin
el de los Reyes Católicos, la clasificación posible para la escritura gótica aparecería
diferenciada en cuatro apartados, utilizando como base la denominación de góti-
ca cursiva, en la que acogeríamos la denominación histórica de la escritura y la ge-
nérica que le adjudica Lieftinck para diferenciarla de la textual o libraria.
Con ello tenemos que considerar un primer periodo, que nos llevaría desde
mediados del siglo XIII hasta el último cuarto del siglo XIV. Su característica fun-
damental es que en estos momentos la escritura documental, al igual que la libra-
ria, se ejecuta de forma despiezada, con el aspecto fracturado típico de todas las
góticas europeas. Es entonces el momento en que recogeremos todas las escritu-
ras documentales bajo la calificación de gótica cursiva fracturada.
19 Estudio magistral sobre este tipo de escritura sigue siendo el de JACQUES STIENNON, L’écritu-
re diplomatique dans la diocèse de Liège du XIe au milieu du XIIIe siècle. Reflet d’une civili-
sation, París 1970.
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 115
Ahora bien: sobre esta base se van a realizar tres elaboraciones distintas, de-
pendiendo del grado de rapidez en su ejecución, que va a venir determinado, en
la mayor parte de los casos, por la función del escrito. Con ello tendríamos que
añadirle un elemento de clasificación nuevo: formada, usual y corriente, de tal for-
ma que nuestro árbol de clasificación resultaría:
⎨
formada (escritura de privilegios)
Gótica cursiva fracturada usual (en parte escritura de albalaes)
corriente
La escritura formada acogería dentro de ella la hasta ahora denominada es-
critura de privilegios20, utilizada para los documentos más solemnes de la canci-
llería real castellana (privilegios rodados y cartas plomadas notificativas e intitu-
lativas, es decir los documentos expedidos a perpetuidad, aunque en algunos casos
esporádicamente podamos encontrar también algún documento sellado con cera
que utiliza este tipo) y también en cancillerías señoriales laicas y eclesiásticas.
2. Gótica cursiva fracturada formada. ACO, Pergaminos, serie B, carp. 5, nº 6.
(1255, octubre, 16)
20 AGUSTÍN MILLARES CARLO, Tratado de Paleografía Española, vol. I, Madrid 1983 (= MILLA-
RES,
Tratado de Paleografía), p. 225.
116 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
La escritura usual es la generalmente utilizada por los notarios en sus docu-
mentos y por la cancillería en los documentos no solemnes (cartas abiertas noti-
ficativas e intitulativas y mandatos), aunque en este caso surge una especialización
que lleva también a un mayor alargamiento de las astas y a una reduplicación de
las letras f y s y que ha sido designada con el nombre de escritura o letra de al-
balaes, usada por primera vez en el siglo XVIII por el padre Terreros21 y que, a pe-
sar de ser notoriamente impropia, hizo fortuna entre los paleógrafos hispanos22. En
todas ellas, tanto en las utilizadas en las cancillerías como en las notarías, el gra-
do de cursividad puede variar mucho.
En cuanto a la corriente o currens hemos de buscarla en las notas marginales
de muchos códices y en las notas dorsales de documentos, así como también en
las escasas muestras que vamos pudiendo recuperar de lo que eran libros admi-
nistrativos de las cancillerías y de los organismos de gobierno de cabildos cate-
drales, monasterios y concejos.
Desde el último tercio del siglo XIV hasta los primeros años del XV hemos
de recorrer uno de tantos periodos de transición que, como bien sabemos, se pro-
ducen a lo largo de la historia de la escritura.
En la Corona de Castilla, al igual que comienza a ocurrir en Francia e Italia,23 la
escritura gótica documental va a ir derivando desde la fracturación en diversos trazos
de sus formas alfabéticas hacia un trazado filiforme continuo y de formas curvadas.
No es nada que surja de improviso: es una adaptación que vamos a ir viendo desfilar
ante nuestra mirada desde casi el comienzo de la escritura gótica cursiva. La necesi-
dad de una escritura más ágil, que no presente obstáculos a la hora de ser ejecutada,
que simplifique la labor de la mano de quien la traza, va a hacer que, casi desde su
inicio, podamos constatar la presencia de ojillos en las astas que permitan la ligadu-
ra espontánea entre formas alfabéticas, que de otra manera permanecerían aisladas,
obligando al escriba a levantar más de lo que quisiera la pluma de la materia susten-
tante. Esto va a ser notorio fundamentalmente en las letras d y g, y asimismo poda-
mos apreciar cómo el asta descendente de la q comienza a doblarse para intentar en-
volver la forma alfabética y así poder continuar el trazado de los numerosos signos
de abreviación que desde siempre, y mucho más desde el periodo carolino, se han ido
acumulando sobre ella como letras sobrepuestas para abreviaturas.
El aspecto redondeado se hace todavía más ostensible cuando una de las formas
alfabéticas que desde siempre han servido para diferenciar la escritura gótica de la ca-
rolina, la S de doble curva, que a final de palabra va a sustituir a la recta en forma de
21 ESTEBAN TERREROS Y PANDO, Paleographía Española, Madrid 1758, p. 57.
22 BLAS CASADO QUINTANILLA, Notas sobre la llamada ‘escritura de albalaes’, Espacio, Tiempo
y Forma, Serie III, Historia Medieval, 9, Madrid 1966, pp. 327-345.
23 ARMANDO PETRUCCI, Lezioni di storia della scrittura latina, Roma 1975-76.
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 117
3. Gótica cursiva fracturada usual. ACO, Pergaminos, Serie A, carp. 10, nº 13.
(1291, enero, 14)
4. Gótica cursiva fracturada corriente. ACO, Ms. 43, fol. 1v. (1270, diciembre, 9)
118 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
bastón, comience una evolución en su trazado que la acabe llevando a transformarse
en la globular sigma, así denominada por su similitud a la forma alfabética griega, que,
aún notando un mismo sonido, no ha tenido ninguna influencia gráfica sobre la for-
mación de la castellana. Siguiendo el sistema utilizado por Casamassima y Staraz24
en el caso de la transición de la escritura romana del periodo clásico al periodo nue-
vo, hemos podido seguir la pista a esta forma alfabética desde finales del siglo XIII
hasta su utilización de forma común a comienzos del XIV.
Lo mismo ocurre con otras dos formas alfabéticas, que van a variar su ejecu-
ción para convertirse en formas más solidarias con las que las siguen. Una de ellas
es la z, que siguiendo una evolución paralela a la de la s, va a desembocar en la
misma forma de sigma a la que ésta había llegado, dando lugar así a una peligro-
sa confusión en nuestros días para aquéllos paleógrafos que no han alcanzado a ver
este hecho y que, al transcribir todas las sigmas como s han convertido al caste-
llano bajomedieval en una lengua seseante de difícil comprensión25. La otra es la
a, que abandona en la mayor parte de las ocasiones la forma triangular, heredada
de la escritura carolina y tomada en primer término de la uncial, para convertirse
en la conocida a de lineta. Ésta recupera la forma minúscula propia de la escritu-
ra común del periodo nuevo romano y de la escritura semiuncial, utilizada también
por las precarolinas, y se cierra en su parte superior por una pequeña línea que, al
trazarse de izquierda a derecha, permite ligar con la letra siguiente. Esta forma al-
fabética ya estaba siendo utilizada como letra sobrepuesta tanto en la escritura ca-
rolina como en la gótica fracturada textual y cursiva26.
A la escritura practicada durante este periodo de transición se le ha dado co-
múnmente el nombre de precortesana, que nos la sitúa como precedente de la que
va a ser la cursiva más utilizada en el último periodo de la escritura gótica caste-
llana, la escritura cortesana, cuyo nombre ha sido tomado del que le fue dado en
su momento en la legislación real coetánea27. Y para ella tendríamos también la po-
24 EMANUELE CASAMASSIMA, ELENA STARAZ, Varianti e cambio grafico nella scrittura dei papiri
latini. Note Paleografiche, Scrittura e Civiltá, 1, Torino 1977, pp. 9-110.
25 Sobre tal duplicidad ya se había manifestado a mediados del siglo XVI Antonio de Torquemada
(MARÍA JOSEFA CANELLADA DE ZAMORA y ALONSO ZAMORA VICENTE edts., Manual de escri-
bientes, Madrid 1970). Cit. por MILLARES, Tratado de Paleografía, I, p. 228.
26 La utilización de una u otra forma de a ya ha sido utilizada en el análisis de escrituras góticas
librarias por WOLFGANG OESER, Das a als Gründlage für Schriftvarianten der gotischen
Buchschrift, Scriptorium, XXV-1, Bruxelles 1971, pp. 25-45. Sobre la evolución de estas for-
mas vid. SANZ, Paleografía de la baja Edad Media, p. 534.
27 Una aproximación erudita a la denominación de esta escritura en ÁNGEL RIESCO TERRERO, La
típica letra cortesana de los reinos de la Corona de Castilla en tiempos de los Reyes Católi-
cos, Hidalguía. La Revista de Genealogía, Nobleza y Armas, año LI, nos 304-305, Madrid 2004,
pp. 475-496.
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 119
sibilidad de utilizar la tripartición, teniendo conciencia de que cuando hablamos
de precortesana estamos hablando de escritura en la que se unen a los rasgos pro-
pios de la gótica fracturada los iniciales de la gótica redonda, con lo cual podría-
mos hablar de
⎨
formada (escritura de privilegios)
Gótica cursiva precortesana usual
corriente
La primera de ellas de nuevo vinculada a los documentos más solemnes, la se-
gunda a los usuales y la tercera a las libros administrativos y a las notas.
Tras el periodo de transición, ya en el siglo XV podemos hablar de un tercer
periodo de la escritura gótica documental castellana: el de la escritura redonda. En
ella desaparecen los trazados despiezados pasando a ser continuos; la sigma adop-
ta su forma globular más amplia, y ya no es solo la q sino que la i y los rasgos fi-
nales tanto de la m como de la n servirán para trazar envolventes en torno a síla-
bas y palabras completas que le darán a esta escritura su aspecto peculiar de
continuas curvas, más significativas cuanto más rápido sea el ductus con el que se
ejecuta. Y de nuevo tendremos para este periodo la triple clasificación:
5. Gótica cursiva precortesana formada. ACO, Plomados, carp. 5, nº 23. (1391, abril, 20).
120 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
6. Gótica cursiva precortesana usual. ACO, Ms. 54, fol. 140v. (1445, febrero, 24)
7. Gótica cursiva precortesana corriente. ACO, Ms. 45, fol. 159r. (s.f.)
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 121
⎨
formada (cortesana)
Gótica cursiva redonda usual (cortesana)
corriente (procesal)
Como podemos ver, los nombres utilizados hasta este momento, como ya in-
diqué con anterioridad, van vinculados bien al nombre de un documento, o al de
una procedencia –cortesana, en principio para los documentos más usuales en la
cancillería regia castellana y procesal a la que con toda rapidez ejecutaban los es-
cribanos de justicia para poder tomar nota de todo lo que ocurría en un tribunal
cuando ejercía sus funciones–. Por otra parte la cortesana se practica tanto en la
cancillería real como en otras cancillerías y por otros oficios escriturarios, inclui-
das las notarías, y la procesal la hallamos en todos los registros de cancillería de
la época, en los protocolos notariales, en los libros administrativos, y en cualquier
libro de notas rápidas. Es más, se sigue calificando como escritura procesal en el
siglo XVI a muchas escrituras que son ya hibridaciones de las formas góticas con
formas ya de la escritura humanística e incluso en algunas ocasiones en el siglo
XVII a escrituras que son ya claramente humanísticas corrientes.
Pero además de estas escrituras surgidas en la propia Corona de Castilla co-
mo evolución de la precedente escritura carolina, va a ser muy pronto, desde fi-
nales del siglo XIV, de uso común en sus territorios una forma de escritura góti-
ca documental importada de más allá de los Pirineos: la denominada escritura
bastarda, con sus característicos caídos en forma de clavo y la triangulación de
los ojillos de los astiles superiores de las formas alfabéticas. No se trata más que
de una de las elaboraciones que se hizo en Francia de la escritura documental gó-
tica, que según Gasparri procede de una caligrafización de la escritura gótica cur-
8. Gótica cursiva redonda formada. Archivo Histórico Provincial y Universitario de Va-
lladolid. Sección Universidad, caja 816, nº 2. (1494, mayo, 2)
122 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
9. Gótica cursiva redonda usual. Archivo Histórico Provincial y Universitario de Valla-
dolid. Sección Universidad, caja 806, nº 1. (1498, dciembre, 21).
10. Gótica cursiva redonda corriente. Archivo Municipal de Piedrahita, Libros de cuen-
tas, nº 10, fol. 1v. (1520).
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 123
siva propia de los notarios franceses28 y que llega a nuestro país vinculada al mun-
do eclesiástico por contaminación con la escritura procedente del pontificado avi-
ñonés29. Es cierto que en nuestro entorno fue también utilizada por la monarquía
navarra, a donde fue importada por las dinastías francesas en ella reinantes30 y que
también la encontramos en documentos catalano-aragoneses; pero su mayor
desarrollo lo vamos a encontrar vinculado a uno de los estamentos de escribas que
van a desarrollar un amplio trabajo en el entorno de todos los cabildos catedrali-
cios, y por lo tanto en el entorno de los existentes en la Corona de Castilla: los no-
tarios apostólicos, gran parte de los cuales manejaban con toda destreza los dos ti-
pos de escritura, la adquirida en su país de origen, es decir la gótica castellana, y
la aprendida para su oficio, la bastarda31. Y asimismo su trabajo, que, más allá de
la escrituración de grossas para documentos solemnes vamos a localizar en la eje-
cución de documentos usuales y en libros administrativos, fundamentalmente en
los Libros de Actas y en los Libros de Regla, como anotaciones rápidas, nos va a
permitir de nuevo la consabida tripartición, dividiendo su escritura en
⎨
formada
Gótica cursiva bastarda usual
corriente
Por otra parte hemos de tener en cuenta que para clasificar la escritura de al-
gunos documentos bajomedievales tendremos que recurrir al sistema de clasifi-
cación de las escrituras góticas textuales. Son fundamentalmente dos los casos
que se nos pueden presentar. El primero de ellos es el de documentos contenidos
en cartularios, que reciben el tratamiento gráfico propio de los libros. El segundo
28 FRANÇOISE GASPARRI, Introduction à l’Histoire de l’ècriture, Bruxelles 1994, p. 111.
29 GIORGIO CENCETTI, Lineamenti di Storia della scrittura latina, Bolonia 1997, pp. 206-207.
THOMAS FRENZ, L’introduzione della scrittura umanistica nei documenti e negli atti della cu-
ria pontificia del secolo XV, Città del Vaticano 2005, p. 47.
30 MILLARES, Tratado de Paleografía, t. I, pp. 213-214. Mª ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO, Los se-
cretarios reales y su papel en la redacción de los Registros de Comptos del Reino de Navarra,
Príncipe de Viana, año 45, nº 172, Pamplona 1984, p. 6; vid. un estudio más detallado de la
misma autora sobre la escritura en Navarra en este periodo en este mismo libro.
31 Mª CARMEN DEL CAMINO MARTÍNEZ, Bilingüismo-bigrafismo: un ejemplo sevillano del siglo
XV, en Actas del II Congreso hispánico de latín medieval (León, noviembre 1997), León 1998,
pp. 385-392; El Notariado Apostólico en la Corona de Castilla: entre el regionalismo y la in-
ternacionalización gráfica en Regionalisme et internationalisme: Problèmes de Paléographie
et de Codicologie au Moyen Âge. Actes du XVe Colloque du Comité International de Paleo-
graphie Latine, Viena 2008, pp. 317-330 y Aprendizaje y modelos gráficos. Entre el ámbito pro-
fesional y el privado, en Teaching writing. Learning to write, London 2009, pp. 152-165.
124 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
caso es el de los documentos solemnes emitidos en un cuadernillo de pergamino,
tal y como sucede con algunos privilegios rodados desde el reinado de Juan II has-
ta los últimos expedidos en el reinado de los Reyes Católicos las cartas plomadas
de privilegio y de confirmación de las cancillerías castellanas, y las ejecutorias de
hidalguía y nobleza que en forma solemne salen de las Reales Audiencias y Chan-
cillerías de Valladolid, Ciudad Real y Granada. En el caso de los cartularios ten-
dremos que hablar de góticas textuales fracturadas y en el de los documentos de
cancillería estaremos ya ante góticas textuales redondas.
Toda esta variedad de posibilidades gráficas nos lleva a coincidir con P. Os-
tos en reconocer que la primera mitad del siglo XV, desde el punto de vista de la
11. Gótica cursiva bastarda formada. ACO, Ms. 43, fol. 5v (s.f.)
12. Gótica cursiva bastarda usual. ACO, Ms. 43, fol. (1407, antea)
LA ESCRITURA GÓTICA DOCUMENTAL EN LA CORONA DE CASTILLA 125
13. Gótica cursiva bastarda corriente. ACO, Actas Capitulares, 1511, fol. 66r.
(1511, febrero, 28.
historia de la escritura, es una etapa de gran vivacidad y en consecuencia de es-
pecial interés en el amplio proceso de desarrollo de las cursivas góticas en la Co-
rona de Castilla32 , en el que convivieron dos variantes de la escritura gótica, his-
pana la una y francesa la otra, que dieron lugar a una intensa hibridación en la que
el peso de una sobre la otra varía de forma ostensible según la formación de la
mano que la practica33.
Por ello, además, resulta muy difícil, o más bien casi imposible, establecer una
cronología rígida para cada uno de los tipos de la escritura gótica documental.
Nos movemos en un campo, el de las escrituras cursivas, en el que el factor per-
sonal tiene una gran incidencia. Por una parte hemos de reconocer que la Corona
32 PILAR OSTOS SALCEDO, Notariado, documentos notariales y Pedro González de Hoces, veinti-
cuatro de Córdoba, Sevilla 2005, p. 125.
33 MARC H. SMITH, Pour une préhistoire des ècritures modernes, Gazette du livre médiéval, 40,
París 2002, pp. 1-13.
126 Mª JOSEFA SANZ FUENTES
de Castilla se halla en la periferia de Europa, donde las novedades gráficas llegan
con más retraso y la cronología se retrasa ostensiblemente34. Por otra, cada una de
las oficinas escriturarias puede utilizar al mismo tiempo, según la formación de sus
escribas y el uso que vaya a tener el escrito, diversas variantes de un mismo tipo
o diversos tipos.
Por ello esta clasificación que planteo, nos puede probablemente servir, co-
mo pretende Nicolaj, como amplia parrilla para poder situar en cada uno de sus
huecos cualquier escritura gótica documental castellana que nos surja en nuestras
investigaciones. Es una malla muy amplia, que en el caso de analizar un periodo
de tiempo reducido y un espacio también reducido nos puede llevar a establecer
clasificaciones de las escrituras practicadas dentro de un mismo códice diplomá-
tico35, de una misma oficina de expedición de documentos o de una misma ciudad
y que para espacios cronológicos más amplios nos permite también establecer las
diferencias entre tipos en evolución.
Cuadro de clasificación de las escritura gótica documental
1.1. formada (escritura de privilegios)
1.-Gótica cursiva fracturada 1.2. usual (en parte escritura de albalaes)
1.3. corriente
2.1. formada (escritura de privilegios)
2.- Gótica cursiva precortesana 2.2. usual
2.3. corriente
3.1. formada (cortesana)
3.- Gótica cursiva redonda 3.2. usual (cortesana)
3.3. corriente (procesal)
4.1. formada
4.- Gótica cursiva bastarda 4.2. usual
4.3. corriente
34 Este fenómeno, relacionado con la introducción de la escritura gótica en el viejo Reino de Le-
ón lo señala JOSÉ MANUEL RUIZ ASENCIO, Colección documental de la catedral de León (1230-
1269), León 1993, p. XXIX.
35 Un ejemplo de ello es la clasificación y localización de manos realizada por VÍCTOR M. RO-
DRÍGUEZ VILLAR, Libro de Regla del Cabildo (Kalendas I).Estudio y edición del manuscrito nº
43 de la Catedral de Oviedo, Oviedo 2001, pp. 98-180.
La escritura gótica en las inscripciones
María Encarnación Martín López
Universidad de León
El Comité organizador de estas V Jornadas de nuestra Sociedad, dedicadas a
la escritura gótica a partir de 1250, me encomendó –de lo que me siento muy hon-
rada- el estudio de “La escritura gótica en las inscripciones”. Trataré de dar sa-
tisfacción al encargo, pero permítaseme antes hacer una puntualización al título.
Ya es sabido de todos que, como decía Navascués, “la escritura es un fenómeno
social único y es siempre la misma dentro de un mismo sistema, con independen-
cia de la materia escriptoria y de la geografía”1. Y sigue: “La escritura monu-
mental mozárabe es la misma que la mayúscula de los libros”2. Esta doctrina creo
que la hemos desarrollado en el plano práctico tanto el prof. García Lobo como yo
misma en nuestros trabajos La escritura publicitaria en la Península Ibérica. Si-
glos X-XIII, y La escritura publicitaria en la Península Ibérica. Siglo XV, pre-
sentados en el Congreso de Ingolstadt de 19973. Escribía entonces el prof. García
Lobo: “…nos hemos decidido por el presente título (La escritura publicitaria)-
pues en él podríamos incluir tanto la escritura epigráfica como la escritura aná-
loga que encontramos fundamentalmente en Títulos, Incipits y Explicits de los có-
dices medievales. En efecto, creemos que el calificativo ‘publicitaria’ es el que
mejor conviene a ambas escrituras que –ya lo adelantamos ahora– sólo difieren
en el medio o soporte y, por supuesto, en el proceso de materialización gráfica del
que se derivan algunas diferencias accidentales”4.
1 Cf. JOAQUÍN Mª DE NAVASCUÉS, El concepto de Epigrafía. Consideraciones sobre la necesidad
de su ampliación, Madrid 1953, p. 77.
2 Ibid.
3 Cf. Inschrift und Material. Inschrift und Buchschrift, München 1999, pp. 151-190 (más 11 lá-
minas) y 191-206 (más 8 láminas), respectivamente
4 Cf. VICENTE GARCÍA LOBO, La escritura publicitaria, p. 151
128 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Sirva esta pequeña disgresión para justificar que no nos atendremos solamente
a la escritura de las inscripciones, sino que serán obligadas referencias a la mis-
ma escritura materializada en libros e, incluso, en documentos5. Hasta tal punto
que me atrevo a proponer como título La escritura gótica publicitaria. En todo ca-
so y de forma general, cuanto aquí diga sobre la escritura gótica en las inscrip-
ciones será válido también para la de los libros y la de los documentos. Con una
salvedad ya notada por el prof. García Lobo: la escritura publicitaria evoluciona
antes en los libros y en los documentos que en las inscripciones, las cuales por su
propia naturaleza son más conservadoras y retardatarias. Dice García Lobo: “No
puedo cerrar este mi modesto trabajo sin dejar constancia de una realidad com-
probada en los objetos escritos que hemos estudiado, tanto en los del siglo XII –es-
critura carolina– como en los del siglo XIII y XIV –la escritura gótica– y que abre
una vía de estudio. La escritura publicitaria parece evolucionar primero en el me-
dio ordinario –el pergamino– que en el medio epigráfico… parece evidente que la
escritura epigráfica es más conservadora y más retardataria en su evolución. Pa-
rece, pues, evidente también, que los calígrafos epigráficos se inspiran y toman las
formas gráficas publicitarias del medio ordinario, fundamentalmente de los có-
dices”6
Nos corresponde exponer el panorama gráfico, en el ámbito de la publicidad
escrita, de un abanico temporal muy amplio, que comprende los siglos XIII al
XVI, en una sociedad dinámica y cambiante como lo fue la bajomedieval, en que
el hecho escriptorio se multiplicó de forma desconocida hasta entonces, sea en el
ámbito documental, sea en el librario o en el publicitario.
Por lo que se refiere a este último, que es el que nos ocupa, seguirá siendo la
Iglesia el elemento dinamizador que propiciará la multiplicación de las inscrip-
ciones. No obstante, ahora emergen otras clases sociales –la alta burguesía, la no-
bleza local– que pasan a un primer plano político y económico y, como no podía
ser de otra manera, reclaman un puesto en el mundo de la cultura, siendo la es-
critura la puerta de acceso a ese mundo. La nobleza local castellana utilizará la es-
critura publicitaria como un instrumento de propaganda eficaz para dejar cons-
tancia pública y permanente de su nuevo estatus social7.
5 Nuevamente hemos de recurrir a la autoridad del prof. García Lobo para afirmar que la mis-
ma escritura publicitaria se encuentra, aunque accidentalmente, en los documentos. Cf. GAR-
CÍA LOBO, La escritura publicitaria de los documentos: De litteris, manuscriptis, inscriptioni-
bus (Festschrift zum 65. Geburstag von Walter Koch), München 2007, pp. 229-255.
6 Cf. GARCÍA LOBO, La escritura publicitaria de los documentos, p. 146.
7 Buena prueba de ello lo tenemos en los linajes de Castañeda y de Acuña en Palencia, promo-
tores del asentamiento de las órdenes mendicantes en la provincia de Palencia. A cambio los
conventos, y en concreto sus iglesias, acogían sus sepulturas. Se inicia así una relación entre
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 129
Amplio espectro cronológico, mayor difusión geográfica de la escritura, mul-
tiplicación del hecho escriptorio, todo ello impuso una evolución a la escritura,
también la publicitaria, que dio origen a diversas formas. Diversas formas que, en
aras a una mayor claridad de exposición, vamos a presentar por adelantado en una
clasificación elemental: 1. Escritura gótica mayúscula; 2. Escritura gótica minús-
cula; y 3. Escritura gótica prehumanística.
Pero antes de pasar a analizar cada uno de estos tipos de escritura y las va-
riedades que ofrece cada una de ella, conviene que examinemos los orígenes y las
características generales de la escritura gótica publicitaria teniendo en cuenta, no
obstante, dos grandes modalidades de escritura publicitaria, en general y epigrá-
fica en particular: la escritura de cultura urbana y la escritura de cultura ru-
ral. Esta última, que se produce especialmente en centros ocasionales y escasa-
mente dotados, no suele atenerse a cánones caligráficos ni técnicos y va a
ofrecernos una amplia variedad de formas, casi tantas como calígrafos la produ-
cen. Evidentemente, será la primera, la escritura de cultura urbana que se produ-
ce en centros monásticos y profesionales, la que nos sirva para el análisis y estu-
dio que vamos a ofrecer ahora dada su regularidad y canonización8.
el linaje y el convento. La familia aporta su patrocinio y a cambio la orden proporciona un es-
pacio para recordar el linaje y publicitar a través de los monumentos funerarios y epitafios se-
pulcrales las virtudes del linaje. El mecenazgo se entiende sólo dentro del contexto de la po-
lítica de prestigio, se extiende el mecenazgo artístico como la forma más frecuente de
patrocinio nobiliar. Sobre la nobleza vieja y la nobleza nueva en la baja Edad Media es tradi-
cional el estudio de SALVADOR DE MOXÓ, De la nobleza vieja a la nobleza nueva. La transfor-
mación nobiliaria castellana en la Baja Edad Media: Cuadernos de Historia 3 (1969), pp. 46-
54. Sobre la relación de patrocinio es interesante la relación establecida entre Santa Clara y
el almirante de Castilla Enríquez, vid. MANUEL DE CASTRO, El real monasterio de Santa Cla-
ra de Palencia y los Enríquez, almirantes de Castilla, Valladolid 1982. Un breve pero nutrido
análisis del mecenazgo de la nobleza y la monarquía en las fundaciones, en concreto de clari-
sas, vid. GREGORIA CAVERO, Monarquía y Nobleza: su contribución a las fundaciones de Cla-
risas en Castilla y León (Ss. XIII-XV): HIA 210-214 (1994) 257-279; relacionado con el arte
y patrocinio de obras artísticas vid. Imágenes y promotores en el arte medieval. Miscelánea en
homenaje a Joaquín Yarza Luaces, Barcelona 2001, especialmente el trabajo de M. TERESA
LÓPEZ DE GUEREÑO, El patronazgo de los de La Cerda en la Catedral de Sigüenza: su capi-
lla funeraria y el retablo de San Juan y Santa Catalina, 477-493; no podemos olvidar el estu-
dio de JOAQUÍN YARZA, La capilla funeraria hispana en torno a 1400: La idea y el sentimien-
to de la muerte en la historia y en el arte de la Edad Media, Santiago de Compostela 1988,
67-91.
8 Consideramos centros ocasionales aquéllos cuya producción epigráfica es escasa –general-
mente una o dos inscripciones– carentes de scriptorium. Suelen ser iglesias rurales en las que
las necesidades de comunicación publicitaria se limita a dejar constancia de un hecho o de un
pensamiento; sus inscripciones suelen ser torpes caligráfica y técnicamente. Llamamos centros
monásticos aquéllos cuya producción está hecha por y para el monasterio; el taller epigráfico
está en el propio monasterio y en relación directa con el scriptorium librario y sus inscripcio-
130 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
El origen gráfico de nuestra escritura gótica hay que situarlo en la escritura ca-
rolina del siglo XII –escritura románica prefieren decir algunos autores9– de la
que nacerá por una evolución lenta y natural, provocada, en palabras del prof. Wal-
ter Koch, por un sentimiento estilístico nuevo y distinto. Los signos alfabéticos de
la mayúscula, de origen capital y uncial, se nos muestran llenos de dinamismo y
se caracterizan por la tendencia a la espacialidad y a la redondez, visible en sus for-
mas cerradas que ya aparecen en época temprana; primero en la E uncial y, más
tarde, en la C redonda10.
Los primeros síntomas de esta evolución aparecen, en los códices, a partir del
último tercio del siglo XII y, en las inscripciones, desde los primeros años del si-
glo XIII. También de una forma general podemos afirmar, por lo que se refiere a
las inscripciones, que los territorios occidentales de la Península, así como los es-
criptorios ocasionales y de cultura rural, son más lentos y conservadores a la ho-
ra de aceptar los nuevos cambios.
Al filo del segundo cuarto del siglo XIII ya podemos dar por cristalizadas
esas tendencias que configuran el conjunto de características de la escritura góti-
ca mayúscula; escritura gótica mayúscula que venimos denominando como del
siglo XIII. Y es que, escritura dinámica y difundida, su evolución continuó en dos
direcciones: por un lado, la tendencia de las letras a cerrarse sobre sí mismas si-
guió acentuándose más y más y, por otro, las proporciones del módulo se des-
equilibran ganando en altura. Todo ello dará origen a una escritura gótica mayús-
cula de letras llamativamente cerradas y alargadas: es lo que venimos llamando
escritura gótica mayúscula del siglo XIV. En fin, desde finales del siglo XIV em-
pieza a aparecer como escritura publicitaria la letra gótica minúscula del tipo más
solemne, que el prof. Koch no duda en llamar Textura11 y que, desde principios
del siglo XV, desplazará de manera prácticamente radical a la mayúscula anterior.
Ésta, según lo que yo conozco, solamente pervive en algunas inscripciones de Ga-
licia y, más ocasionalmente, en algunos códices.
nes suelen ser cuidadas y regulares. En fin, denominamos centros profesionales a los scripto-
ria epigráficos que trabajan en conexión directa con los talleres artísticos, sean de escultura se-
an de pintura; su producción también suele ser de gran calidad gráfica y técnica. Sobre este
tema cf. Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ, Centros escriptorios epigráficos de la provincia de
Palencia: De litteris, manuscriptis, inscriptionibus. Festschrift zum 65.Geburtstag von Walter
Koch, Viena 2007, 203-227.
9 Denomina mayúscula románica no a una escritura concreta sino a ciertas tendencias de alfa-
beto capital con presencia de formas unciales. Cf. WALTER KOCH, Inscripciones y estudios epi-
gráficos de los países de lengua alemana: Estudios Humanísticos, 18, León 1996, p. 172.
10 Cf. KOCH, Inscripciones y estudios, p 176.
11 Ibid, p 177.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 131
I. LA ESCRITURA GÓTICA DEL SIGLO XIII
Aunque son ya varios los autores que se han ocupado desde uno u otro
punto de vista de la escritura gótica publicitaria12, quizás el estudio paleográ-
fico más detallado, claro y completo sea el ya citado del prof. García Lobo, en
el que encontramos analizadas sistemáticamente todas y cada una de las ca-
racterísticas que configuran este tipo de escritura: ángulo de escritura, forma
y ductus de las letras, módulo y peso, abreviaturas, técnicas y recursos publi-
citarios. Por ello nos limitaremos aquí a ofrecer una breve síntesis de lo por él
dicho
1. Ángulo de escritura y caracteres morfológicos. Con todas las salvedades
y advertencias que suele hacer el prof. García Lobo, los valores que el citado pro-
fesor obtiene para las piezas por él estudiadas oscilan entre los 25 y los 35 grados13.
Lámina 1: Prima zamorensis.
12 Además del ya citado trabajo de W. Koch, del mismo autor contamos con otros estudios so-
bre la gótica mayúscula como son: W. KOCH, Zur utadtrümischen. Epigraphik des 13 Jahr-
hunterts mit Rück blick auf das Hochmittelalter: Epigraphik 1988, Viena 1990, pp. 271-282;
W. KOCH, Auf dem Wege zur gotischen Majuskel. Anmerkungen zur epigraphischen Schrift
in romanischer Zeit: Inschrift und Material Inschrift und Buchschrift. Fachtagung für mit-
telalterliche und neuzeitliche Epigraphik Ingolstadt 1997, 1999, pp. 225-247. Sobre España
contamos con estados de la cuestión como el de Cecilia TASCA, Stato attuale degli studi su-
ll’epigrafia catalana bassomedievale: Anuario de Estudios Medievales 16, Barcelona 1986,
631-637; o el estudio de FRANCISCO GIMENO BLAY, Materiales para el estudio de las escri-
turas de aparato bajomedieval. La colección epigráfica de Valencia: Epigraphik 1988, Vie-
na 1990, p. 195- 216.
13 Cf. La escritura publicitaria en la Península Ibérica, p. 177 (Cuadro de ángulos de escritura).
Estudia cinco piezas, de las cuales dos son códices –el Breviario y el Chronicon Mundi de Lu-
cas de Tuy, de San Isidoro de León- y tres inscripciones procedentes también de San Isidoro:
la Ampliatio de doña Sancha, el Epitaphium sepulcrale de Alfonso V y el Epitaphium sepul-
crale de Bermudo III.
132 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 2: Prima Zamorensis.
a. Forma y ductus de las letras. Como hemos dicho, las letras de esta época
tienden a las formas redondas por el predominio de letras unciales o por influencia
de las mismas. Como señala García Lobo, “como caracteres típicos quizás debamos
fijarnos en las D unciales, en las D capitales ‘abombadas’ por su parte superior e in-
ferior, en las G cuyo segundo trazo arranca desde arriba; la H, en que vemos el mis-
mo fenómeno; la M uncial, cuyos dos primeros trazos se cierran formando una O; y
la T, cuyo tercer trazo arranca desde arriba cerrando espacio”14 .
Las letras permanecen aisladas. El conjunto carece de nexos diferenciándo-
se respecto a periodos anteriores. Este aislamiento de las letras es precisamente el
que contribuye al cerramiento de las mismas.
-La A tiende a engrosar los trazos rectilíneos y a curvarlos, sus formas se ama-
neran
-La D aparece en las dos formas, capital y uncial, aunque será esta última la
típica y más abundante. El módulo tiende a engrosar progresivamente la panza de
la letra a medida que avanza el siglo XIII, hasta perder prácticamente el astil en
el siglo XIV.
-La E se nos presenta en dos formas: la capital en trazos rectilíneos combi-
nada con la uncial de forma redonda, de surco profundo en su parte central que
contrasta con los ápices perpendiculares, finos. Estos ápices se alargan en la se-
gunda mitad del XIII , para convertirse en un trazo que cierra de arriba abajo sin
interrupción la letra. Estamos a finales del siglo XIV.
-La forma de la G es curva, con tendencia temprana al cerramiento y a en-
grosar el cuerpo de la letra. El segundo trazo, el de la derecha, arranca del primero
vertical muy arriba
-La H presenta un arranque alto en su segundo trazo
-La M conserva la forma capital, de trazos muy rectos, que será sustituída por
la de tradición uncial, que cierra los primeros trazos en un ojo e incurva el último
ligeramente en el remate hacia fuera.
14 Ibid, p. 179
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 133
-La N presenta igualmente dos formas: la capital y la minúscula agrandada
que ahora estrangula su trazo curvo, semejándose a una R.
-La P como la G y la D, tiende a engrosar el ojo dejando el caído muy corto.
-La T se presenta en forma capital, aunque predomina la de trazo vertical cur-
vo y el horizontal ondulado. La tendencia, como en otros casos, es a cerrar el cuer-
po, desarrollando el trazo desde renglón hacia arriba.
b. Módulo. No vamos a justificar ahora el valor crítico de las dimensiones ab-
solutas de las letras –alto y ancho– y la preferencia por el valor relativo de esas di-
mensiones, la Relación Modular o cociente de dividir uno por otro (alto por an-
cho)15. Los valores obtenidos en su día por el prof. García Lobo oscilan entre 1,1
y 1,5 para los códices y la Ampliatio del Epitaphium de doña Sancha. Como me-
didas excepcionales obtiene 2,1 y 2,3 para las renovaciones de los Epitaphia de
Alfonso V y de Bermudo III; pero precisamente este dato es el que lleva a García
Lobo a datar estas dos piezas –y otras análogas del Panteón de San Isidoro– co-
mo de finales del siglo XIII o principios del XIV.
Por nuestra parte, reafirmamos los valores primeros que giran en torno al
1 como Relación Modular de la escritura Gótica mayúscula del siglo XIII, lo
cual nos da unas formas, además de redondas, aproximadamente igual de altas
que anchas.
c. Peso. Elemento éste muy discutible tanto en su concepto como en su valo-
ración16, de una manera general y subjetiva podemos decir que la escritura gótica
mayúscula del siglo XIII presenta un acusado contraste de trazos gruesos y trazos
finos. Podemos, por lo tanto, calificarla de escritura pesada.
2. Abreviaturas. Ya es doctrina aceptada y asumida que las abreviaturas son
las mismas, en cuanto a sistemas, signos y palabras, en la escritura ordinaria y en
la escritura publicitaria17. “Es cierto –escribe el prof. García Lobo– que…las abre-
viaturas epigráficas no plantean problemas específicos, y que se corresponden
fielmente con las de la escritura ordinaria”18. Aceptada esta doctrina, sí es nece-
15 Sobre este tema cf. GARCÍA LOBO, La escritura publicitaria, p. 153. Allí justifica este autor la
preferencia por la Relación Modular y el modo de medir el alto y el ancho de las letras, todo
ello fundado en la teoría y razonamientos de LÉON GILISSEN, L’expertise des écritures. Re-
cherches d’un méthode avec application à un manuscrit du XIe siècle.Lectionnaire de Lobbes.
Codex Bruxellensis 18018, Gant 1973, pp. 20-22.
16 Nuevamente remitimos al trabajo de GARCÍA LOBO, La escritura publicitaria donde hace las
observaciones pertinentes sobre este elemento de la escritura. Cf. pp. 153-154.
17 Ya desde 1982 viene constatando esta realidad el prof. García Lobo. Cf. VICENTE GARCÍA LO-
BO, Las inscripciones de San Miguel de Escalada. Estudio crítico, Barcelona 1982, pp. 22, 24
y 25-26.
18 Las inscripciones medievales de San Isidoro de León. Un ensayo de Paleografía epigráfica
medieval”: Santo Martino de León (Ponencias del I Congreso Internacional sobre Santo Mar-
134 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 3: Guillelmus primus.
sario señalar ciertas peculiaridades que afectan a la escritura publicitaria, refe-
rentes a la frecuencia y a la especialización.
Parece claro que, aparte de ciertas palabras como pueden ser los Nomina sa-
cra que tienden a abreviarse siempre, la mayor o menor frecuencia de abreviatu-
ras está ligada a la mayor o menor disponibilidad de campo escriptorio. Así se ex-
presaba en 1987 el prof. García Lobo: “Hemos podido comprobar que de la
relación ‘extensión del texto-magnitud del campo epigráfico disponible’ va a de-
pender la mayor o menor frecuencia con que el ordinator recurra a la abreviación
de palabras”19.
Lo mismo que en la escritura ordinaria, en la escritura publicitaria también va-
mos a encontrar abreviaturas especializadas, no tanto en razón de tratarse de es-
critura publicitaria cuanto en razón de la naturaleza del propio texto. Así, la abre-
viatura de obiit, requiescit, etc. en los epitafios, (y otros ejemplos si se puede).
Procedente esta escritura de la carolina anterior, como hemos dicho, una pe-
culiaridad debemos señalar en la que ya se había fijado en su día el prof. García
Lobo. Nos referimos al signo de –us que en la escritura gótica se desplaza hacia
tino en el VIII Centenario de su obra literaria. 1185-1985), León 1987, pp. 373-398, concre-
tamente, p. 382.
19 Ibid., p. 382. Decía esto a propósito de dos inscripciones de San Miguel de Escalada que re-
cogen un mismo texto en original –trazado a lo largo de la cubierta de un sepulcro y con po-
cos abreviaturas- una, y en copia –trazado sobre una losa parietal con abundancia de abrevia-
turas- la otra. Y ello tratando de corregir una afirmación de Jean Durliat, que hacía depender
las abreviaturas publicitarias de la minuta que dio origen al texto epigráfico.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 135
la derecha –hacia delante– y se colocará en la línea de escritura ocupando el es-
pacio de una letra más20.
3. Recursos publicitarios. Llamamos “recursos publicitarios” a ciertas téc-
nicas caligráficas que, por ser privativas o adquirir formas especiales en este tipo
de escritura, contribuyen de hecho a la llamada de atención que pretende la escri-
tura publicitaria. Me refiero a los nexos, cruzamientos, inserciones (letras inscri-
tas, dice García Lobo), y signos complementarios. Técnicas estas no desconocidas
en épocas anteriores, incluida la romana, parece que su mayor o menor frecuen-
cia está en relación al espacio escriptorio disponible. Por lo que se refiere a los ne-
xos dice el prof. García Lobo que “son relativamente abundantes según la exten-
sión del texto y la disponibilidad de espacio”21. Los cruzamientos de letras parece
que disminuyen en el siglo XIII y que su abandono estaría ligado a una mayor y
mejor legibilidad del texto22. En cambio, el recurso a las inserciones de unas le-
tras en otras –generalmente vocales en consonantes– vuelve a estar relacionado
con la mayor o menor disponibilidad de espacio23.
Panorama distinto presentan los signos complementarios, que en nuestro ca-
so se reducen a los puntos de separación de palabras. Con la escritura gótica es-
tos puntos se vuelven de uso regular –palabra a palabra– y tienden a ser tres, ali-
neados verticalmente, lo cual, según García Lobo, “contribuye a dar solemnidad
al conjunto escrito”24.
Lámina 4: silos.
20 Las inscripciones de San Miguel de Escalada, p. 26. Pero el propio García Lobo señala que
este fenómeno ya descrito por Millares Carlo, es propio también de la escritura ordinaria
21 La escritura publicitaria, p. 182
22 Ibid.
23 Ibid.
24 Ibid. p. 183.
136 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 5: Privilegio de Alfonso X.
II. LA ESCRITURA GÓTICA DEL SIGLO XIV
Menos estudiada que la del XIII, la escritura gótica del siglo XIV presenta unos
rasgos morfológicos muy característicos que hacen se la pueda identificar con faci-
lidad. Las diferencias fundamentales entre la escritura gótica del siglo XIII y la del
siglo XIV ya las señaló el prof. Walter Koch cuando decía: “más tarde, a partir de
mediados del siglo XIV, el estilo se alarga: en éste las letras son estrechas y casi el
doble de altas que anchas”25. Aquí el prof. Koch no hace sino poner de relieve la ca-
racterística más sobresaliente de la que venimos llamando “letra gótica del siglo
XIV”. A ésta podríamos nosotros añadir otra nota, sobresaliente y llamativa, como es
la culminación de la tendencia a cerrarse las letras sobre sí mismas. También hemos
de señalar que se experimenta una cierta vuelta a las formas capitales y rectilíneas.
Solamente hemos de puntualizar al prof. Koch la cronología que ofrece para el
mundo germánico y que no es válida para la Península Ibérica. Estas características
anteriormente señaladas aparecen, según él, a mediados del siglo XIV. Nuestras ins-
cripciones, en cambio, las exhiben ya desde finales del siglo XIII. Ello se debe, a
nuestro juicio, a que desde mediados del siglo XIII los Privilegios Rodados, bien
25 Inscripciones y estudios, pp. 161-182, concretamente p. 176.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 137
por gustos estéticos bien por necesidades caligráficas y técnicas, comenzaron a cons-
treñir las letras mayúsculas de las leyendas de las Ruedas y aquéllas con que desta-
can los nombres de las intitulaciones. Así se puede comprobar, por ejemplo, en un Pri-
vilegio de Alfonso X de 1255 otorgado a Santa Cruz de Campezo (Palencia)26
1. Ángulo de escritura y caracteres morfológicos. Si la escritura gótica del
siglo XIII se trazaba con un ángulo mucho más cerrado que la carolina27, esta ten-
dencia se acentúa en la del siglo XIV. Así obtenemos cifras como 9º en el Decre-
tum indulgentiarum del papa Clemente IV de la catedral vieja de Salamanca
Lámina 6: Decretum del papa Clemente IV.
26 No es fácil aducir ejemplos de códices toda vez que, desde mediados del siglo XIII, tiende a
desaparecer la escritura mayúscula como recurso publicitario, siendo sustituida por la minús-
cula, que destaca del texto por su mayor módulo o por el color de su tinta.
27 Ya advertía el prof. García Lobo que “en general creo que se puede sostener que tiende a ce-
rrarse, llegando incluso a los 0º”. Cf. La escritura publicitaria, p. 177
138 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
a. Forma y Ductus de las letras. Por lo que se refiere a la morfología de las
letras, ya señalamos anteriormente que la característica más acusada es el alarga-
miento de las letras de que hablaba el prof. Koch. Junto a ésta hemos de señalar
otra nota no menos destacada como es la acusada tendencia a cerrarse las letras so-
bre sí mismas, siendo especialmente significativas en este sentido letras morfoló-
gicamente abiertas como la C, la E y la S que llegar a formar verdaderos espacios
aislados.
Otras letras asimismo características son la F que puede tener los dos trazos
horizontales unidos por un remate vertical; la L que incorpora a su ductus un ter-
cer trazo, generalmente muy tenue, que asciende paralelo al primero descenden-
te. El trazo vertical de la T, que ya se incurvaba hacia atrás y hacia arriba, ahora
puede presentar una forma completamente cerrada a modo de O.
Lámina 7: Epitaphium de Didacus Iohannis.Cat. de León.
También conviene señalar que se atenúa no poco la tendencia a las formas re-
dondas del siglo anterior con la introducción de trazos rectilíneos en algunas le-
tras y la vuelta a ciertas formas capitales: A, M, V.
b. Módulo. Las formas alargadas de que hablábamos son fruto de una des-
proporción entre el alto y el ancho de las letras; la relación modular supera siem-
pre el valor de 1 pudiendo obtenerse cifras superiores incluso al 2, lo cual nos da-
ría unas formas llamativamente alargadas. Por citar dos ejemplos, en el ya
mencionado Decretum indulgentiarum tenemos unas letras cuyas medidas de al-
to y ancho guardan una proporción de 7 a 4, la cual nos da una Relación Modular
de 1,77. En cambio, en el epitaphium sepulcrale de Matías Juan de la catedral de
Oviedo la proporción es mucho más desequilibrada –de 11 a 3– con lo que la Re-
lación Modular es de 3,6.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 139
Lámina 8: Epitaphium de Beltrán de Aramón, prior de Escalada. Año 1328.
Lámina 9: Epitaphium de Matias Iohannis. Catedral de Oviedo.
140 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
c. Peso. Un ángulo tan cerrado no podía menos de darnos una escritura de
acusado contraste de trazos gruesos y trazos finos. De tal forma que los trazos
verticales descendentes, ejecutados teóricamente con todo el corte de la pluma,
son los más gruesos, mientras que los horizontales, ejecutados con el filo de la
pluma, son los más finos. Ello supone que el instrumento –tiza, carbón, pincel–
no tendría el pico cortado a bisel, sino de forma perpendicular al eje.
2. Abreviaturas. Presentan las mismas características de la época anterior. Sin
embargo ahora el condicionamiento de la relación texto-espacio se hace más pa-
tente. Textos generalmente más prolijos que en la época anterior, el Ordinator de-
berá abreviar con más frecuencia. Un ejemplo significativo en este sentido podría
ser el Epitaphium del prior don Beltrán de Aramón, de San Miguel de Escalada,
del año 1328.
Lámina 10: Epitaphium de Beltrán de Aramón.
3. Recursos publicitarios. También éstos –nexos, inserciones, cruzamien-
tos– se verán condicionados por la relación texto-espacio, aunque parece que los
cruzamientos se sacrifican en aras de una mayor y mejor legibilidad. Serán por
tanto los nexos y las inserciones de unas letras en otras las que ganen en desarro-
llo según los casos. (El epitafio del prior de Escalada es buen ejemplo de inser-
ciones).
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 141
III. LA ESCRITURA GÓTICA DEL SIGLO XV
Como hemos dicho más arriba, a partir de 1400 la escritura minúscula irrum-
pe en las inscripciones, haciendo desaparecer casi por completo la escritura ma-
yúscula como escritura publicitaria. Como no puede ser de otra forma este cam-
bio se debe fundamentalmente a la influencia del libro sobre las inscripciones.
Lámina 11: Códice inglés de 1414-1423.
El fenómeno de la irrupción de la minúscula en el campo de la escritura pu-
blicitaria tiene sus antecedentes en el siglo XIV. En Alemania los ejemplos más
antiguos de escritura minúscula en inscripciones son muy tempranos; datan de
los años 20 del siglo XIV. En el último cuarto de ese siglo ya ha desplazado de-
finitivamente a la mayúscula28. Algo similar sucede en Francia; los primeros
28 Cf. KOCH, Inscripciones y estudios, p 177.
142 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
ejemplos datan de 1340 y corresponden a epitafios sepulcrales de la zona nor-
oriental29
En el caso de España la escritura minúscula comienza a utilizarse, tímida-
mente, en la segunda mitad del siglo XIV, y no llegará a desplazar a la mayúscu-
la hasta 1400.30 Tan sólo conocemos, por el momento, cuatro inscripciones en
minúscula de ese siglo: dos, de fecha segura, proceden de Valencia31, y las otras
dos, de la zona leonesa, son de fecha incierta o, mejor, asoman ciertas dudas so-
bre su originalidad.
Lámina 12: Epitaphium de García Rodríguez de Valcárcel.
29 Parece que las primeras inscripciones en minúsculas aparecen sobre 1340, primero en el nor-
te de Francia en unos textos funerarios esculpidos en estelas. Cf. VINCENT DEBIAIS, ROBERT
FAVREAU, CÉCILE TREFFORT: L’évolution de l’écriture épigraphique en France au Moyen Âge
et ses enjeux historiques, Bibliothèque de l’Ecole des chartes, 165-1, París 2007, pp. 101-137
(à paraître). Este trabajo último puntualiza sobre la cronología dada anteriormente en R. FA-
VREAU, Les inscriptions médiévales, Turnhout 1979, p. 75.
30 En el caso de Galicia, por ejemplo, se observa un fuerte conservadurismo en las sepulturas
donde perviven no solo los modelos sino también la escritura gótica mayúscula del XIV, al
menos durante el primer cuarto del XV. Vid. Sepulcro de caballero en Sobrado dos Monxes.
31 Se trata de un Monumentum aedificationis de 1376 y de un Epitaphium sepulcrale de 1384. Cf.
F. GIMENO BLAY, Materiales para el estudio, pp. 195-216.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 143
Me refiero al epitafio sepulcral de Rodrigo de Valcárcel de 1328, conservado
en el monasterio cisterciense de Carracedo, en León, y al también epitafio sepul-
cral de Alfonso Fernández Ginés, localizado en la iglesia zamorana de Santo To-
mé, del año 136532.
Como explicación de este cambio tan rápido y radical se me ocurren tres cau-
sas muy relacionadas entre sí: la decadente evolución de la escritura gótica; la di-
fusión del libro y de la lectura; y finalmente el cambio en el mensaje publicitario,
que ahora se hace más prolijo.
Sin duda la causa principal de este cambio es la influencia del libro sobre
las inscripciones. Ya a finales del siglo XII los códices utilizan la escritura mi-
núscula con una finalidad publicitaria. Es cierto que libros litúrgicos continúan
utilizando la letra mayúscula con función publicitaria; pero los libros más ordi-
narios, los de contenido intelectual o literario, comienzan a utilizar con este fin
la minúscula, destacándola de la del texto a base de tinta roja; el uso de letre-
ros en color rojo y en minúscula no son infrecuentes33 Esta tendencia, esporá-
dica al principio, se hace más frecuente a medida que avanza el siglo XIII. Los
libros no litúrgicos recurren cada vez con más asiduidad al letrero escrito en mi-
núsculas trazadas con tinta roja, fenómeno en el que debió tener mucho que ver
la difusión y la lectura del libro universitario y científico. Estos libros, sin de-
32 La originalidad de estas dos inscripciones, que en su día planteamos, no está clara. Las dudas so-
bre su originalidad vienen dadas por dos cuestiones: en primer lugar por estar en lápida parietal
y no en tapa de sarcófago; y en segundo lugar por tratarse de escritura minúscula en una fecha con-
siderada entonces muy temprana, sobre todo en el primer caso, el de Rodríguez de Valcárcel de
1328. Quizás ambas cuestiones deberían ser revisadas, aunque, dado el estado actual de nuestros
conocimientos relativos a la Península Ibérica, no podemos afirmar con seguridad nada hasta que
el corpus de inscripciones se concluya. Por otra parte, referente al soporte el hecho de que un epi-
tafio sepulcral se encuentre realizado en lápida parietal hoy sabemos que no es indicio de copia
Hasta el siglo XIII el comportamiento de las inscripciones funerarias más frecuentes, necrológi-
cas y sepulcrales, se presentaba siempre las primeras en la pared –en lápida ex profeso, bien en si-
llar– y las segundas sobre la tapa del sepulcro. Esta condición cambia de forma drástica en el si-
glo XIV. A partir de esta fecha los epitafios sepulcrales también podrán realizarse en lápidas
independientes del enterramiento. Este cambio va relacionado con la fuerte demanda de enterra-
mientos de laicos en lugares sagrados como claustros y capillas. Es el caso de los claustros de las
catedrales góticas que se abren como espacios de sepultura para canónigos, clérigos y miembros
de la burguesía. Los epitafios se incrustan en la pared del lucillo o directamente en el muro, cuan-
do la sepultura es en el suelo. (La tumba plana tenía vocación de humildad. En un periodo de
gran monumentalidad funeraria, en los silgos XIV, XV, XVI, fue escogida preferentemente por los
testadores que querían dar muestras de humildad. Cf. PHILIPPE ARIES, El hombre ante la muerte,
Madrid, 1987, p. 202). ( En el siglo XVI se adoptó las tumbas epitafios, tumbas visibles por la ins-
cripción en una losa de piedra es admitida en los claustros por su discreción).
33 Un ejemplo, podría ser prueba de ello, lo tenemos en los códices de Santo Martino, conserva-
dos en la Biblioteca de San Isidoro de León.
144 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
coración ni lujos superfluos, sustituyen sistemáticamente los letreros en ma-
yúscula por los de letra gótica minúscula caligráfica. Como recurso publicitario
recurren al agrandamiento del módulo con la ayuda de la la tinta roja o de la ne-
gra pero más cargada
En fin, pensamos que la difusión del libro en general y el de lujo en particu-
lar como un elemento de prestigio social, influirá decididamente en las inscrip-
ciones para que adopten esta escritura, la gótica formata o solemne, como escri-
tura publicitaria.
A todo esto debemos añadir que la nueva escritura publicitaria se adaptaba
mejor a la nueva realidad del texto, que empieza a ser más prolijo por la difusión
de las inscripciones de contenido diplomático. Y es que durante la baja Edad Me-
dia la inscripción apareció ante la sociedad como un eficaz medio, el más eficaz,
de difundir mensajes jurídicos que afectan a la colectividad. Es así como la ins-
cripción se convierte en verdadero sucedáneo del documento. Así pensaba el obis-
po legionense don Pedro Cabeza de Vaca cuando encargó se publicara de forma
universal y permanente –en forma de inscripción– su Decretum concediendo in-
dulgencia a todo fiel que cumpliera determinados requisitos; la inscripción ga-
rantizaba la pública y permanente difusión de sus disposición.
Pero hubo de pagar por ello un precio el mundo de las inscripciones: el pre-
cio de la mayor extensión del texto en el que se incluyen invocaciones, intitula-
ciones y otras cláusulas, además de la data.
Por otro lado, será común que las disposiciones testamentarias, sobre todo
las piadosas (relativas a misas, fundaciones de aniversarios, capellanías etc) se in-
corporen en los formularios de los epitafios sepulcrales. Estas cláusulas, al prin-
cipio breves, pronto se desarrollarán y desplazarán la función fundamental de los
epitafios, que es dar a conocer el nombre del difunto. Se busca ahora sobre todo
garantizar y asegurar el control sobre los ejecutores testamentarios, algo que ni
los concilios habían logrado hasta el momento. 34
De entre la variedad de formas y tipos de góticas existentes, el tipo que influyó
en las inscripciones, no podía ser de otra manera, es el procedente del ambito libra-
rio, y de ellos, el más solemne, esto es, la escritura de libros litúrgicos, de misal que
llama Tomás Marín, la gótica textual (litterae textuales) como denomina Kirchner.35
La cuestión de denominación de la escritura minúscula en el campo publi-
citario o de las inscripciones no puede resolverse más que respetando en lo po-
sible los criterios establecidos en el ámbito librario, ya que es la misma. Si te-
34 Las inscripciones de Palat de Rey en León son un ejemplo de ello.
35 JOACHIM KIRCHNER, Scriptura latina libraria, Munich 1970. Como gótica textual la denomina
así mismo Gimeno Blay , Materiales para el estudio, 201.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 145
nemos en cuenta que sus características son las más frecuentes que se obser-
van en los códices, y que la morfología entre unos y otros es muy próxima, po-
demos calificar a la escritura de inscripciones como gótica minúscula simple-
mente, o gótica caligráfica, littera textualis formata frente a las variantes
textualis y textualis currens.
Los primeros estudios sobre esta escritura la denominan como gótica minús-
cula; al tratarse de la única en minúscula, no centraron su atención en matizar la
nomenclatura. Otros autores optan por el termino gótica textual, que alude a un pe-
riodo (gótica) y al uso de la misma en los libros (textual). Gimeno Blay, lo usa en
su escrituras de aparato. Aplica sin más la terminología de los códices. En nues-
tros estudios sobre la escritura en la Península Ibérica hemos optado por denomi-
narla gótica minúscula caligráfica haciendo así referencia a la regularidad de su tra-
zado. Quizá en este sentido podría designarse a la escritura epigráfica tambien
como littera formata: Gótica formata o gótica minúscula solemne son los térmi-
nos utilizados por García Lobo36. Esta escritura tendría en las inscripciones las
características propias de la gótica en otros campos de la escritura: astiles y caí-
dos breves, unión de curvas contrapuestas, tendencia a la angulosidad.
No obstante advertimos de antemano que, frente a esta modalidad, existe una
versión menos angulosa, sin nexos, que no llega a la forma redonda que aparece
en libros. 37
nomenclatura38
formata textualis (textos) formata epigraphica
1. Ángulo de escritura y caracteres morfológicos. Es curioso observar que en
toda la escritura publicitaria estudiada por nosotros, tanto la de códices como la de
inscripciones, hemos obtenido unos valores muy constantes que oscilan entre los 50º
y los 53º; los mismos que podemos obtener en la letra gótica de privilegios.
De una manera general, podemos seguir afirmando que esta escritura es la
misma que encontramos en los códices y la morfología de las letras es idéntica tan-
to en códices como en inscripciones. Podemos comprobarlo a través del cuadro si-
guiente:
36 GARCIA LOBO, Las inscripciones góticas de la catedral de León (siglos XV yXVI) Cuestiones
paleográficas, Viena 2007.
37 Sobre esto último Mª JOSEFA SANZ FUENTES, Paleografía de la Baja Edad Media Castellana:
Anuario de estudios medievales 21, Barcelona 1991, p. 531.
38 ALBERT DEROLEZ, The paleography of gothic manuscript books: from the twelfth to the early
sisteenth century, Cambridge 2003
IOACHIM KIRCHNER, Scriptura Gothica Libraria: a saeculo XII usque ad finem medii aevi
LXXXVII imaginibus illustrata, Monachii et Vindobonae, 1966
146 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 13: Cuadro de alfabetos.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 147
Se trata de una escritura de módulo estrecho y alto, de astiles y caídos po-
co desarrollados donde predominan los trazos verticales sobre los horizontales.
A ello debemos añadir la tendencia a no separar las palabras todo ello dificul-
tando su lectura. La ventaja es que las abreviaturas no serán abundantes.
a. Forma y ductus de las letras. En cuanto a las formas apreciamos, como
dijimos, una gran similitud respecto a la escritura del campo librario con alguna
excepción. Así la E permanece en todos los casos conocidos abierta en las ins-
cripciones, mientras que en la gótica libraria se cierra. Otra particularidad en las
inscripciones es la prolongación de las letras I , H mediante un trazo fino por de-
bajo de la línea de escritura, lo que facilita su identificación y lectura.
Lámina 14: Monumentum dotationis de Juan de Mera. Catedral de León)
Se observa el marcado carácter geométrico a base de trazos continuos y que-
brados que se acusa especialmente en los letreros murales y en las pinturas y que
se acrecienta a medida que avanza el siglo XV
148 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 15: Juan de Mera. Detalle.
Otra peculiaridad es la contaminación de las formas caligráficas con formas
cursivas, que ya aparece en los códices del siglo XIV. Observamos que en los epí-
grafes de letra caligráfica se deslizan grafías cursivas como la S final de curva muy
abierta. En las inscripciones sucede lo mismo, pero en el siglo XV. Ponemos co-
mo ejemplo la dotación de capilla realizada por Juan de Mera, de la catedral de Le-
ón. La inscripción es de buena factura, bien ordenada aunque con mala separación
de palabras dado lo extenso del texto. La rigidez del conjunto se ve interrumpida
por el empleo de la S cursiva siempre en finales de palabra y por influencia directa
del mundo librario.
b. Módulo. El módulo nos pondrá de relieve una de las características de to-
da escritura en su estadio evolucionado: el alargamiento de las formas. La pro-
porción de alto y ancho suele ser de 8 a 4, con lo que nos da una Relación Modu-
lar de 2. La escritura es, pues, el doble de alta que ancha
c. Peso. La gótica minúscula es una escritura pesada, de fuertes contrastes
entre trazos finos y gruesos, y en la que se observa un incremento del peso con res-
pecto a las escrituras anteriores.
2. Abreviaturas. Como viene siendo habitual, las abreviaturas de este perio-
do no ofrecen novedad alguna respecto a las de la escritura ordinaria de códices y
de documentos. La abreviación más frecuente se limita a la suspensión de los fi-
nales en M y N. Los monosílabos quedan reducidos a la letra inicial: así la pre-
posición de suprime la e y el pronombre relativo se reduce a la q. Son también fre-
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 149
Lámina 16: Códice 39 de San Isidoro, Gramática del s. XV.
cuentes las abreviaciones por contracción de una sola letra intersilábica (n, m, e)
para aligerar la lectura y ahorrar espacio.
3. Recursos publicitarios. La escritura gótica minúscula publicitaria se
caracteriza por carecer de los cruzamientos y de las inserciones, típicas de la
mayúscula. En cambio son frecuentes los nexos de las letras d, m, p con vo-
cales.
4. Signos complementarios. Los signos complementarios nos ofrecen así
mimo paralelismos respecto al libro. Los puntos de separación tienden a des-
aparecer y, cuando se utilizan, constituyen verdaderos elementos decorativos.
En el XIV aparecen los dos puntos unidos por una línea curva, y el mismo ele-
mentos de separación lo hallamos en una inscripción procedente de Dueñas
(Palencia).
150 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 17: Códice 39. Detalle.
Lámina 18: Epitaphium de Pedro de Acuña de Acuña.
Terminamos este breve recorrido por los caracteres alfabéticos y sus elementos
resaltando que a mediados del XV el alfabeto minúsculo se verá salpicado de letras
mayúsculas. En su reciente estudio de la escritura gótica en la catedral de León, el
prof. García Lobo puso de relieve la aparición más o menos abundante a partir de
1440 de letras mayúsculas aisladas procedentes de los alfabetos de periodos ante-
riores de los siglos XII XIII y XIV. A excepción de una inscripción, la translatio de
1464, cuyo texto está íntegramente en gótica minúscula solemne, el resto de las ins-
cripciones utilizan letra gótica mayúscula que denominaremos tipo siglo XIII.
5. Evolución de la gótica minúscula. La gótica minúscula continúa utili-
zándose en época moderna, concretamente durante todo el siglo XVI y buena par-
te del XVII, aunque a partir del último cuarto del siglo XV convivirá con otras es-
crituras: la prehumanística de finales del siglo XV y las diferentes humanísticas
que se utilizan a lo largo del siglo.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 151
Apenas se observan variantes en su morfología salvo en los astiles y los caí-
dos. Estos se geminan en pequeñas lengüetas que en el transcurso del siglo XVI
se alargarán y estilizarán.
Esta tendencia hacia la geminación se observa ya en torno a 1460-1480. El
epitafio sepulcral del canónigo leonés Fernando de Campo nos da una datación
concreta, el año 1480 que hasta la fecha damos como la más segura. Ciertamente
esta geminación, junto con el quebramiento de los trazos y la estilización de las
letras se observa ya en el retablo del altar mayor de la Catedral de León, obra de
Nicolás Francés. Sin embargo su datación presenta ciertos problemas. En voz de
expertos como Yarza habría que datarlo con posterioridad a 144039. Esta fecha
creo que es temprana aunque hay que considerarla. Lo mismo sucede con el se-
pulcro de Sánchez de Albornoz en Guadalajara, que presenta una geminación tem-
prana en sus astiles y caídos. Con todo, tenemos que concluir que esta tendencia
se generalizará a partir de 1480.
En el siglo XVI la geminación se hace más acusada. A las letras que inicial-
mente se geminaban como la b, h y se suman los caídos de la p y la q.
Lámina 19: Titulus proprietatis de Juan de Betanzos. Catedral de León.
39 Aduce que se trata de un trabajo más maduro y monumental que otras obras realizadas ante-
riormente, como es el retablo de Tordesillas fechado en 1435. Cf. JOAQUÍN YARZA LUACES: Ar-
tes del color en el siglo XV en la catedral de León, La catedral de León en la Edad Media,
León 2004, p. 405.
152 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Un ejemplo de esta evolución gráfica la hallamos en el epitafio de Elena Ruiz
conservado en el claustro de San Isidoro de León.
Lámina 20: Epitaphium de Elena Ruiz. San Isidoro, año 1553
La estilización y la incurvación de los trazos son aquí el elemento más ca-
racterístico y constituye el rasgo más significativo de la gótica minúscula en el si-
glo XVI. Una tendencia gráfica que se perpetuará en las inscripciones que en es-
te tipo de escritura se realizan en el siglo XVII:
Lámina 21: Intitulatio del arcediano de Babia. Siglo XVI.
En la intitulatio del sepulcro del arcediano de Babia, en el claustro de la ca-
tedral de León podemos ver también estas características. Los trazos pierden la ri-
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 153
gidez de las primeras manifestaciones, abandonan la forma de horquilla que po-
demos ver en otra inscripción del claustro. Estas formas rígidas se estilizan y alar-
gan en trazos finos y elegantes.
IV. EL PLURALISMO GRÁFICO DEL FINAL DE LA EDAD MEDIA
Al final de la Edad Media, en los dos últimos decenios del siglo XV, se im-
pone el pluralismo gráfico en contrapartida a la unicidad de los siglos anteriores.
La base de este pluralismo de escrituras, nos dice Koch, se debe a un sistema de
versalitas, de distintos alfabetos y a una creciente acentuación de partes altas y
bajas de las letras caracterizadas por líneas decorativas y nudos.40 A esta escritu-
ra Koch la denomina prehumanística o Frühumanistische capitalis, por ser ante-
rior a la humanística.
Esta escritura contiene elementos, como ya dijimos, de diversas escrituras,
como son la pregótica, la gótica capitalis e incluso influencias de la escritura bi-
zantina. Una escritura creada en la primera mitad del siglo XV por los humanis-
tas italianos y que tiene su primer reflejo en los códices. Aparece primero en Ale-
mania, desde donde se extiende al resto de Europa entre los años 1440 y 1530; el
medio de difusión fueron los concilios de Constanza y de Basilea. En contrapar-
tida, en Italia esta escritura apenas se utiliza, puesto que ya escriben en humanís-
tica capital.
Ciertamente en España hacia 1480 la escritura publicitaria retorna a las for-
mas mayúsculas, rescatadas de las formas gráficas anteriores, esto es, góticas ma-
yúsculas del XIII y XIV, carolinas y visigóticas. Debido a la influencia de los ta-
lleres artísticos, predomina el gusto por la diversidad y se le da a la escritura un
valor altamente decorativo.
Esta escritura de mayúsculas convive con la gótica minúscula. Y no sólo en
el tiempo (ya dijimos que la minúscula pervive hasta el siglo XVII), sino también
en un mismo contexto e, incluso, en un mismo texto. Así los retablos y sillerías tar-
dogóticos nos muestran distintos alfabetos con funciones también diferentes: fi-
lacterias en minúsculas y letreros en mayúsculas identificando los personajes fun-
damentalmente. Incluso en una misma inscripción, el ordinator establece una
jerarquización del texto a partir de los alfabetos utilizados. Así, es común que en
las filacterias de los retablos la hortatio, o la invocatio se escriba en minúscula, se-
guida de la cita o referencia bíblica en mayúsculas.
4o escultores y talles usaban escrituras tomadas de colecciones de muestras con un alto valor de-
corativo. Cf. KOCH, Inscripciones y estudios, 178.
154 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 22: Explanationes de las pinturas de la Catedral de León. S. XV.
En la catedral de León contamos con ejemplos de esta convivencia y uso. Las
pinturas de la girola así como la sillería del coro de finales del XV nos ilustran so-
bradamente.
Lámina 23: Explanationes de la Sillería.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 155
Observamos las formas de las letras de la sillería y la diversidad es la nota ca-
racterística: en letreros como el de Zacharías el alfabeto empleado es gótica mayús-
cula del XIV. En otros, como el de Ezequiel, se mezclan letras: así tenemos las dos
primeras E góticas cerradas que llamamos del XIV y la tercera es una E pregótica.
Lámina 24: Explanatio de Santa Elena.
De diferente factura es la Explanatio de Santa Elena donde las formas son rec-
tas y se emplean letras del alfabeto carolino y otras de creación propia como la H. El
medio yugo como signo de abreviación, es sustituido por una forma más rectilínea.
Lámina 25: Explanatio de San Nicolás.
156 Mª ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ
Lámina 26: Explanatio de la “Sagrada Escritura”.
La Explanatio de San Nicolás la vemos decorada con nudos y se inspira más
en formas carolinas como la O de riñón. La decoración con nudos es característi-
ca de esta escritura tanto en Alemania como en Francia y España.
Como característica peculiar de la prehumanística de España es el uso de le-
tras visigóticas como la E y M. Dato que se puede comprobar de la Explanatio de
Eva y Adán. También las encontramos en la llamada Hortatio de la Puerta de la
Justicia, en el claustro catedralicio.
Lámina 27: Hortatio de la “Justicia”.
LA ESCRITURA GÓTICA EN LAS INSCRIPCIONES 157
Por el contrario, las letras de origen bizantino como la M y H con media as-
ta en la mitad inferior y la E en forma de 3 invertido, tan comunes en otras regio-
nes europeas, no lo son tanto en España. Algunas encontramos en el Epitaphium
sepulcrale de María Díaz de Santa Fe, de Guadalajara.
Lámina 28: Epitaphium de María Díaz. Detalle de “H” bizantina.
La escritura gótica en Cataluña:
grafías, usos y difusión social
Daniel Piñol Alabart
Universitat de Barcelona
1. Introducción:
El día 3 de noviembre de 1444, Vicent Panyella, magister scribendi y también
scriptor littere rotunde, firma un contrato con Gabriel Pellicer, estudiante de artes
de la diócesis de Girona1. El maestro se compromete a enseñar unas escrituras a
su alumno, igual que ha puesto de manifiesto en contratos similares firmados por
aquellos años. Las letras que aprenderá el discípulo son la litera abolunyencha
rodona, et de litera avinyonencha, et de litera tirada catalana. El maestro firma
unos cuantos contratos más con condiciones parecidas, pero el presente convenio
es el único en el que se cita la letra catalana. Entre sus otros alumnos hay un cas-
tellano, un aragonés, un portugués, dos franceses y también otros catalanes, y
aprenden diferentes tipos de escritura (redonda, bastarda, bastarda redonda, cap-
çade, aviñonesa, avinyonencha, boloñesa, bolunyesa, litera abolunyendra rodona,
capsade nostrade, brisade y art posade).
El referido contrato nos sugiere algunos elementos que desarrollaré más ade-
lante. En primer lugar se apunta la cuestión de la nomenclatura de la escritura,
que se aclara en este y otros documentos contemporáneos de la época. Después se
refiere al tema de las grafías, y también la difusión y los usos de la escritura en
los últimos siglos medievales.
1 JOSÉ M. MADURELL MARIMÓN, Vicente Panyella, maestro de escribir renacentista: Boletín de
la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, XXII, Barcelona 1949, p. 183-192. Se re-
fiere al documento n. 12 del apéndice documental, del Archivo Histórico de Protocolos de Bar-
celona (AHPB), Francisco Terrassa, leg. 1, mon. 1, 1438-1445.
160 DANIEL PIÑOL ALABART
Francesco C. Casula2 abordó el tema de la nomenclatura y propuso llamar ca-
talana a la letra gótica utilizada en la Corona de Aragón, contraponiéndose a lo di-
cho por Mariano Usón Sesé3. Ambos autores y sus respectivos argumentos fueron
puestos uno al lado de otro y analizados ampliamente por Francisco Gimeno Blay
en su estudio sobre la escritura gótica en el País Valenciano4.
Josep Trenchs un poco más tarde, en un estudio basado en las descripciones de
libros y documentos que hicieron los notarios catalanes y valencianos en testa-
mentos e inventarios del siglo XV, se inclinaba por la denominación de letra cata-
lana en lugar de la aragonesa5. En el artículo, además de los soportes de la escritu-
ra, las filigranas, las tintas, el formato de los códices, los cuadernos y los folios, o
la encuadernación, se dedica un apartado a las grafías. Aparecen enumeradas de
forma exhaustiva las nomenclaturas gráficas citadas en los inventarios analizados:
de pulcra littera rotunda; de littera rotunda multum bona; non multum bona; de bo-
na littera; de littera rotunda caduca; de littera antiqua male legibili; ab letra con-
fusa; mal scrit; ab la letra que·s comenta a reaure; cum parva et mala scriptura cu-
rrenti; littera minuta; ab letra molt menuda; cum parva et mala scriptura; de littera
grossa; littera rotunda magna; de littera mediocre; littera antiqua non multum
grossa; de letre de diverses maneres; littera et nota antiquisima; littera antiqua; lit-
tera multum antiqua; littera satis grossa antiqua. Pero de los documentos aporta-
dos por Trenchs en el artículo destaca un inventario con dos descripciones de libros.
Uno de éstos, que el inventario dice que es del siglo XIV, está escrito en “…scrip-
tura non per corondellos littera satis gracili currenti et catalana”. Los detalles del
otro libro lo describen como “…scriptum non per corondellos littera catalana qua-
si antiqua et quasi scolastica (…) et vocatur ‘Speculum medicinalim introductio-
num sive speculum Arnaldo”6. Destaca también otro inventario que describe un do-
2 FRANCESCO C. CASULA, Osservazioni paleografiche e diplomatiche sulla cancelleria di Gia-
como I il conquistatore: Archivi e Cultura, XI, 1977, p. 7-22. Del mismo autor Breve storia de-
lla scrittura in Sardegna. La ‘documentaria’ nell’epoca aragonese, Cagliari, 1978, sobre to-
do, p. 93-96; Observaciones paleográficas y diplomáticas sobre la cancillería de Jaime I: X
Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Zaragoza, 1980, p. 433-451; Breve storia della
scrittura documentaria in Sardegna nell’epoca aragonese: JOSEFINA Y M. DOLORES MATEU
IBARS, Colectánea paleográfica de la Corona de Aragón, Volumen I: Texto y transcripciones,
Barcelona, 1991, p. 145-159.
3 MARIANO USÓN SESÉ, Contribución al estudio de la cultura medieval aragonesa. La escritu-
ra en Aragón del siglo XI al XVI, Zaragoza, 1940-1941.
4 FRANCISCO M. GIMENO BLAY, La escritura gótica en el País Valenciano después de la con-
quista del siglo XIII, Valencia, 1985, p. 83-105.
5 JOSEP TRENCHS ODENA, El llibre i l’escriptura en inventaris catalans i valencians del segle XV:
L’Espill, 13-14, 1982, p. 71-85.
6 ID., Ibid., p. 79-80. Trenchs afirma que en la Corona de Aragón, al contrario de lo que suce-
de en Italia, la denominación antiqua hace referencia a la antigüedad de la escritura y no a la
humanística.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 161
cumento del año 1341 en el que se marcan claramente las diferencias entre la es-
critura de Castilla y la de la Corona de Aragón.
“De las dichas cosas de voluntad de las partes fueron fechas dos cartas partidas
por ABC, la una de las cuales fue librada a los dichos procuradores escripta en le-
tra e lengua castellana et la otra al dicho don Pedro de Villanueva en plan escrip-
ta en letra e lengua catalana”
Los textos coetáneos se refieren pues a la letra catalana, diferenciándola de
otras. Y Trenchs, a la vista de las referencias documentales, opta por llamar cata-
lana a la gótica de la Corona de Aragón, afirmando que el paleógrafo debe respe-
tar la nomenclatura que aparezca en los textos. Las nuevas aportaciones le permi-
ten afianzar su decisión y aceptar la nomenclatura propuesta por Casula, aunque
en trabajos anteriores el mismo Trenchs había utilizado el nombre de aragonesa.
En los mismos documentos notariales hay referencias a la letra rodona nostrada,
es decir, la gótica formada propia, junto a la letra bolonyesa o scolàstica7.
En esta ponencia hablaré pues de la escritura gótica catalana para referirme a
la escritura gótica utilizada en Cataluña en los últimos siglos medievales. Esta es-
critura, en general, no ha gozado del interés de los paleógrafos, como ya manifestó
el profesor Gimeno Blay en su estudio sobre la escritura gótica en el País Valen-
ciano8. Su afirmación se basaba en un detenido repaso que hizo sobre los tratados
y manuales de Paleografía hispanos que de forma muy desigual e irregular se re-
ferían de alguna manera a la escritura utilizada en la Corona de Aragón. Dejando
de lado estos manuales ya estudiados ampliamente por Gimeno, debo decir que,
para la escritura de la Corona de Aragón es fundamental, y no ha habido ningún
trabajo que lo supere, la Colectánea Paleográfica de la Corona de Aragón. En es-
ta obra, elaborada por las profesoras Josefina y María Dolores Mateu Ibars con la
colaboración de los otros profesores de Paleografía de la Universidad de Barcelona
y también de archiveros e investigadores, se hacen aportaciones relevantes. En
primer lugar destaca la nueva periodización de los ciclos gráficos, que se ponen de
manifiesto en el libro que precede y acompaña las láminas: Gótico –s.XIII; Góti-
co prehumanístico –s. XIV; Humanístico –s. XV. También aparece un índice de los
facsímiles con las nomenclaturas9, entre las que figuran las minúsculas diplomá-
ticas, cursivas notulares, la littera formata y la littera rotunda. Dentro de cada una
7 ID., Ibid., p. 81-82. Vid. J.M. HILLGARTH, Readers and Books in Majorca, 1229-1550, París,
1991. En inventarios y otros documentos de Mallorca se citan la letra tirada, redonda, forma-
da, castellana y antigua.
8 GIMENO BLAY, La escritura gótica…, p. 28 ss.
9 JOSEFINA Y M. DOLORES MATEU IBARS, Colectánea Paleográfica de la Corona de Aragón: si-
glos IX-XVIII. Volumen II: Láminas, Barcelona, 1980, p. 61-66.
162 DANIEL PIÑOL ALABART
de ellas van indicando la procedencia de cada uno de los facsímiles. El profesor
Gimeno, al comentar este importante trabajo, se lamentaba de que todavía no se
había publicado el segundo volumen, que en realidad sería el primero, y que con-
tiene un apartado teórico y otro con las transcripciones y comentarios de los fac-
símiles. El libro apareció publicado en 199110, ciñéndose a la periodización fija-
da años antes. Repasando con detenimiento el texto de este voluminoso trabajo se
hace difícil encontrar claras referencias a la escritura gótica catalana y referencias
a la escritura gótica en general, al menos en el plano teórico. Por ejemplo, en una
de las láminas que ya apuntan una clara evolución hacia la gótica catalana –lámi-
na 77b, correspondiente a un pergamino del rey Jaime I del año 1232- se comen-
ta de forma vaga: “… Escritura diplomática de cancillería catalana-aragonesa, en
la cursividad de su categoría…”; y en las reproducciones de algunas letras de es-
te facsímil no figura entre ellas la “g”, que es una de las grafías más característi-
cas de la letra catalana cuando ya se canoniza a mediados de la centuria11. No obs-
tante las aportaciones de la Colectánea… sobre la escritura en la Corona de Aragón
son notables, destacando por encima de todo la completa recopilación de docu-
mentos y la diversidad de tipologías.
También es obligado aludir al trabajo que llevó a cabo la profesora M. Jose-
fa Arnall junto con Josep M. Pons Guri sobre la escritura en las comarcas de Gi-
rona12. El estudio con que se abre el libro repasa la historia de la escritura en Ca-
taluña, apoyándose en algunos ejemplos de la recopilación de documentos que
recoge el libro. Para estudiar la evolución de la escritura carolina hasta la gótica
se acogen a la propuesta de nomenclatura elaborada por Anscari M. Mundó y so-
bre la que volveré más adelante; y para referirse a la gótica catalana remiten a lo
dicho por Usón Sesé y por Casula. Arnall y Pons Guri, en los comentarios que
acompañan cada una de las láminas, cuando corresponde, hablan siempre de la
escritura gótica catalana en sus diferentes variantes, ya sea la utilizada en la do-
cumentación de la Cancillería, la de documentos de diferentes instituciones o la
documentación notarial13.
Otras referencias sobre la escritura gótica aparecen citadas en el trabajo de la
profesora Pilar Ostos, incluido en este mismo libro, como producto de la ponen-
cia presentada en las V Jornadas.
10 JOSEFINA Y M. DOLORES MATEU IBARS, Colectánea Paleográfica de la Corona de Aragón: si-
glos IX-XVIII. Volumen I: Texto y transcripciones, Barcelona, 1991.
11 ID., Ibid., p. 603-604.
12 M. JOSEPA ARNALL; JOSEP M. PONS GURI, L’escriptura a les terres gironines, Girona, 1994, 2
vols.
13 ID., Ibid., a partir de la lámina 57, correspondiente a un pergamino del Monasterio de Sant Es-
teve de Banyoles del año 1252.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 163
2. La letra gótica catalana: las grafías.
El contrato con el que iniciaba este trabajo manifiesta la existencia de diver-
sos tipos de letra en los últimos siglos medievales en Cataluña. Son diferentes es-
crituras que los alumnos aprenden de manos del calígrafo. Y esto nos plantea una
serie de preguntas: ¿Por qué esta diversidad? ¿Tal vez para diferentes usos? ¿Có-
mo se distinguen unas letras de otras? ¿Es que sus características son tan dispares
que permiten una clasificación clara ya en aquél momento? En el caso de la góti-
ca catalana las características se mantienen inalterables en el período en que la
encontramos en la Cancillería y también en otros ámbitos.
La gótica catalana es una escritura que se da en la Corona de Aragón desde
mediados del siglo XIII, en pleno reinado de Jaime I, hasta finales del reinado de
Pedro el Ceremonioso14. Para Casula es fácil ver que hay una escritura para este
período, pero más difícil es determinar cuándo comienza a emplearse. Los regis-
tros de Cancillería, que se empiezan a redactar el 1257, ya están escritos en letra
catalana, y el uso de esta grafía se extiende más allá de la Cancillería, llegando a
las oficinas reales periféricas. Puesto que es la Cancillería Real la que marca la
pauta gráfica en los territorios de la Corona de Aragón, hay que analizar la docu-
mentación producida por esta oficina15.
Anscari M. Mundó, para hablar de la evolución desde la letra carolina hasta
la gótica en el ámbito catalán, propuso unas nomenclaturas que pretendían fijar es-
ta evolución. Así, la escritura postcarolina (Fig. 1) se daba en el siglo XII, hasta
la mitad de esta misma centuria. Sus características eran plenamente carolinas
aunque ya presentaban algunos pocos contrastes entre los trazos gruesos y delga-
dos. Desde la segunda mitad del siglo XII hasta el primer tercio de la centuria si-
guiente tenemos la pregótica, o, el mismo Mundó rectifica, la protogótica (Fig.
2). En ésta los contrastes ya son más acusados y los trazos son más fragmentados.
A partir del primer tercio del siglo XIII ya se puede hablar de una gótica inci-
piente en la que los contrastes son todavía más acusados, para llegar a la gótica ca-
talana a mediados de siglo. Mundó, para establecer esta periodización y su no-
menclatura correspondiente, se fija en ejemplos librarios y alguno documental,
por lo que habrá que tomar estas afirmaciones con cierta cautela. Sí que podemos
concluir, siguiendo a este autor, que la evolución hacia nuevas formas gráficas co-
14 CASULA, Breve storia della scrittura..., p. 94 ss.
15 Cfr. ANTONIO M. ARAGÓ; JOSEP TRENCHS ODENA, Las escribanías reales catalano-aragonesas
de Ramon Berenguer IV a la minoría de Jaime I: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos
LXXX, 3, Madrid 1977, p. 421-442; JOSEP TRENCHS ODENA, La Cancillería de Jaime I: can-
cilleres y escribanos: Studi in honore di Giulio Battelli, vol. II, Roma, 1979, p. 96-128; JOSEP
TRENCHS ODENA; ANTONIO M. ARAGÓ, Las cancillerías de la Corona de Aragón y Mallorca
desde Jaime I a la muerte de Juan II: Folia Parisiensia 1, Zaragoza, 1983.
164 DANIEL PIÑOL ALABART
Figura 1: Escritura postcarolina, hacia
mediados del siglo XII.
Copia de un documento del monasterio de
Ripoll transcrito al final de un códice pa-
trístico.(Biblioteca Apostólica Vaticana, lat.
5730.) (Reproducido en A. M. MUNDÓ,
«L’escriptura i la codicologia», Lambard.
Estudis d’Art Medieval, I(1977-1981), p.
181).
Figura 2: Escritura protogótica.
Documento de 1168 de Sant Joan de les Abadesses (ACA, Cancell. perg. Alfons I, 37 trip.). (Re-
producido en A. M. MUNDÓ, «L’escriptura i la codicologia», Lambard. Estudis d’Art Medieval, I
(1977-1981), p. 183).
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 165
mienza a producirse ya en el siglo XII y desembocará en la gótica catalana a me-
diados del siglo XIII16.
En el reinado de Alfonso el Casto, y después en el de Pedro I el Católico, las
letras presentan algunos elementos –por ejemplo el módulo pequeño de las letras
en relación con los alzados y caídos– que preludian una evolución muy clara ha-
cia las características de la letra catalana canonizada17. La letra de los pergaminos
redactados en los primeros decenios del siglo XIII, una redonda carolina, presen-
ta notables contrastes en los claroscuros y algunos trazos inferiores que tienden a
alargarse hacia la izquierda, en diagonal, por debajo de la palabra. Estos trazos
son muy delgados y demuestran que estamos ante una escritura de transición –
protogótica la llamaría Mundó; “…carolina redonda, que ya presenta una cierta an-
gulosidad, presagiando la de los documentos solemnes de Jaime I”, apunta
Trenchs18. Nos fijamos, por ejemplo, en dos pergaminos redactados por Bonana-
to, escribano que actúa a las órdenes del notario Ferrarius19. El primer pergami-
no, una donación del rey Pedro I el Católico del año 120820, muestra una escritu-
ra protogótica, con contraste en los trazos gruesos y delgados, claroscuros, con la
tendencia de algunos trazos inferiores a prolongarse hacia la izquierda y por de-
bajo de la palabra. Los trazos verticales de algunas letras se alargan por encima
y por debajo, y la letra d muestra algunas variantes. En cambio, el otro pergami-
no que quiero destacar21 está redactado por el mismo escribano mandato domini
Regis et Ferrari, notarii sui (Fig. 3). La escritura es más redonda que en el ante-
rior pero presenta una característica que no podemos dejar de lado: aparecen dos
modelos de la letra “g”, uno de los cuales presenta un trazo prolongado hacia la
izquierda y vuelto sobre sí mismo, realizando un bucle por debajo de la línea de
escritura. Nos fijamos en esta letra y en este tipo concreto porque será uno de los
signos gráficos característicos de la gótica catalana. Ciertamente que no podemos
hablar de gótica catalana, pero sí que ya los escribanos apuntan un cambio im-
portante. En estos pergaminos observamos, no obstante, que la suscripción nota-
16 ANSCARI M. MUNDÓ, L’escriptura i la codicologia: Lambard. Estudis d’Art Medieval, Barce-
lona, 1985, p. 99-104.
17 FRANCISCO M. GIMENO BLAY; JOSEP TRENCHS ODENA, La escritura medieval de la Corona de
Aragón: Anuario de Estudios Medievales, 21, Barcelona 1992, p. 493-511; ahora 501-502.
18 TRENCHS ODENA; ARAGÓ, Las cancillerías de la Corona de Aragón..., p. 116 ss, facsímiles 10,
11, 12 y 13.
19 ARAGÓ; TRENCHS, Las escribanías reales catalano-aragonesas...., p. 436-437.
20 Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Pergamins Pere I, 308. 1208, XI, 24. Donación del
Castillo de Tortosa a Guillem de Cervera. También, del mismo escribano, el pergamino 323 de
esta misma serie. 1209, mayo, 20. Debitorio de Pedro I.
21 TRENCHS; ARAGÓ, Las cancillerías de la Corona de Aragón ..., facsímil 12 (1209, II, 22. Debi-
torio). El facsímil 13 (1209, V, 21, debitorio), muestra unas características gráficas similares.
166 DANIEL PIÑOL ALABART
Figura 3: Escritura carolina redonda.
1209, febrero, 22. Lérida.
El rei Pere I reconoce deber a Ermengol, conde de Urgell, 70.000 solidos, por los cuales empeña
los castillos de Siurana y de Prades con todos sus términos, que tenía su madre la reina doña
Sancha. (ACA, Canc., perg. Pere I, 316) (Reproducido por Josep TRENCHS y Antonio M. ARA-
GÓ, Las Cancillerías de la Corona de Aragón y Mallorca desde Jaime I a la muerte de Juan II. Fo-
lia Parisiensia, 1, Zaragoza, 1983, p. 168. )
rial y la real, escritas por el notario Ferrarius, están escritas en una usual, mien-
tras que el resto del texto aparece escrita con las características de la protogótica.
El mismo tipo de letra “g” continúa en algún pergamino de tiempos de Jaime
I, compartiendo protagonismo con el otro tipo, que nos recuerda más a la caroli-
na que a la gótica22. Y unos años más tarde, en 1232, ya podemos comenzar a ha-
blar de una tendencia muy clara a la gótica catalana, siendo el signo más eviden-
te la consolidación del tipo de “g” que presenta una prolongación muy acusada
hacia la izquierda. Y también, el mismo escribano Guillermo, que trabaja a las ór-
denes canciller Berengario, obispo de Barcelona, en 1240 redacta un nuevo per-
gamino donde afianza sus características gráficas23. A finales de la década de los
40, –Casula fija el año 1246; en los documentos estudiados por Arnall-Pons Guri
es en 1252, a partir de los ejemplos recogidos– ya podemos pues hablar de una gó-
tica catalana canonizada24.
22 TRENCHS; ARAGÓ, Las cancillerías de la Corona de Aragón..., facsímil 14. 1218, IX, 8. Con-
cordia. MATEU IBARS, Colectánea...II, lámina 75. 1222.
23 MATEU IBARS, Colectánea...II, lámina 77. 1232. Lámina 82, 1240.
24 TRENCHS; ARAGÓ, Las cancillerías de la Corona de Aragón..., facsímil 15. 1248, X, 28. Do-
nación.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 167
Figura 4: Letra gótica catalana canonizada.
1274, julio, 29.
Jaume I concede a los habitantes de Caldes de Montbuí que el camino que va de Barcelona a Vic
pase por dicha población y no por el Congost de Codines. (Arxiu Capitular de Vic, C. 37, Priv. i
Estatuts IV, 74) (Reproducido en Catalunya Romànica, vol. II, Barcelona: Enciclopèdia Catalana:
1984, p. 97.).
Por lo tanto, es en el reinado del rey Jaime I (1208-13/ 1276) cuando se pro-
duce la canonización de esta escritura, con sus características (Fig. 4). Tiene un
módulo pequeño comparado con la prolongación de las astas ascendentes y des-
cendientes. Estas acostumbran a rematar en curva a la derecha las primeras y a la
izquierda las segundas; a veces estos trazos vuelven a buscar la caja de escritura
creando una forma de lazo. Es una letra que, a pesar de ser gótica por los con-
trastes y los claroscuros, mantiene las formas redondeadas de la carolina y presenta
unas letras peculiares, de las que destacan algunas mayúsculas –M, N, R- y la “g”.
Ésta tiene una forma similar a un 8 pero, a veces, el trazo inferior tiende a pro-
longarse hacia la izquierda para volverse sobre sí mismo, creando un lazo exage-
rado25. Si bien nos hemos centrado en los documentos en pergamino, esta escri-
tura también la encontramos en los registros de Cancillería26.
25 CASULA, Breve storia della scrittura..., p. 153-154. ARNALL; PONS GURI, L’escriptura…,p. 36.
26 Cfr. ANTONI M. ARAGÓ; JOSEP TRENCHS ODENA, Los registros de la Corona de Aragón (Jaime
I y Pedro II) y los registros pontificios: Annali della Scuola Speciale per Archivisti e Bibliote-
cari dell’Università di Roma, 12, Roma 1972, p. 36-39.
168 DANIEL PIÑOL ALABART
Figura 5: Letra gótica catalana con influencias de la bastarda francesa
1391, junio, 17.
El rey Joan I comunica a la ciudad de Tarragona su próxima coronación y la de la reina Yolanda
en la ciudad de Zaragoza. (Arxiu Històric de Tarragona, Cartes Reials) (Reproducido en Isabel
COMPANYS FARRERONS; Jordi PIQUÉ PADRÓ, Catàleg de les cartes reials i dels llocstinents
generals de Tarragona, 1321-1734, Tarragona, 1999, p. 20)
Esta oficina expide documentos que llegan a todos los confines de los terri-
torios que configuran la Corona de Aragón, y poco a poco se va adoptando la es-
critura catalana como vehículo comunicativo. Con las conquistas de Mallorca y
Valencia por Jaime I se impone esta escritura en los nuevos territorios, entrando
éstos en una unidad gráfica mantenida precisamente por la Cancillería real27.
Las características perdurarán en la centuria siguiente, pero progresivamente
se irán incorporando influencias de la bastarda francesa, aunque siempre dentro de
unas grafías básicas típicas de la gótica catalana28. (Fig. 5). Tradicionalmente se
ha apuntado el reinado de Juan el Cazador como el período de entrada de esta le-
tra en la Cancillería, pero los estudios más recientes apuntan mucho antes, segu-
ramente en el primer tercio del siglo XIV. Las diferencias de la bastarda con la ca-
talana son, básicamente, que los trazos inferiores de algunas letras –f, p y s-
tienden a acabar de forma puntiaguda en lugar de las formas redondeadas que for-
man lazos en la catalana.
Las influencias se darán en la Cancillería a través de la orientación francesa
de la oficina, los matrimonios del monarca con Violant de Bar y Mata d’Armag-
nac, a través de las relaciones con la corte pontificia de Aviñón, de las universi-
27 GIMENO BLAY, La escritura gótica... p. 78-80.
28 ID, Ibid., p. 105 ss.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 169
dades de París, Toulouse y Montpellier… La bastarda en la Cancillería se utiliza-
rá desde mediados del siglo XIV –podemos decir que se canoniza a finales de la
centuria- hasta mediados del siglo XV, cuando las formas cancillerescas serán sus-
tituidas por la humanística, aunque las influencias de ésta ya se dejan sentir mu-
cho antes29. En la recopilación de Girona, en un ejemplar correspondiente a un Li-
ber notularum de los años 1334-1335, se apuntan influencias de la bastarda en
una letra que todavía es gótica catalana de tipo notular. Estas características de la
bastarda se van haciendo más regulares a medida que avanza el siglo XIV, según
Arnall-Pons Guri30. Según M. Luz Mandingorra, a finales del siglo XIV y princi-
pios del siglo XV existiría en la Corona de Aragón “…una búsqueda de un ideal
gráfico que satisficiera las exigencias estéticas de una nueva concepción cultural”.
Durante el reinado de Alfonso el Magnánimo se produciría la llegada de la letra
humanística31, después de un período en que alternaban la minúscula cancilleres-
ca –próxima a las formas de la bastarda–, y la minúscula semigótica –con la refe-
rente de la gótica catalana– que todavía pervivía desde el siglo XIV32.
3. Usos de la escritura catalana:
La Cancillería Real fue la que marcó las pautas de la letra catalana, pero es-
ta letra comenzó a salir del ámbito cancilleresco y se convirtió en la usual de no-
tarios, juristas, eclesiásticos… y también mercaderes, maestros, artesanos33 y yo
añado, de mujeres. Es por ello que también debemos atender a los usos de esta es-
critura en otros ámbitos.
Podemos comenzar por el uso de la escritura catalana en la administración
municipal, donde se redactan documentos tan abundantes como los Libros de
Acuerdos Municipales. Entre los ejemplos recogidos por la profesora Arnall y Jo-
sep M. Pons Guri para el caso de Girona se presenta un Libro de Ordenanzas del
año 1332, redactado en catalana de tipo notular y un Libro de Acuerdos de 1342
en catalana, espontánea, de ductus irregular y con trazos que preludian la bastar-
29 M. LUZ MANDINGORRA, La escritura humanística en Valencia en el siglo XV, Valencia, 1986,
p. 20-25. Vid. LUISA D’ARIENZO, Alcune considerazioni sul pasaggio della scrittura gotica
all’umanistica nella produzione documentaria catalana dei secoli XIV e XV: Studi di Paleo-
grafia e Diplomatica, Padua, 1974, p. 199-226.
30 ARNALL; PONS GURI, L’escriptura..., a partir de la lámina 91.
31 MANDINGORRA, La escritura humanística..., p. 25.
32 ID., Ibid., p. 38.
33 FRANCISCO M. GIMENO BLAY; JOSEP TRENCHS ODENA, Escritura: palabra e imagen (Reflexio-
nes sobre la cultura escrita reproducida): Anales de la Universidad de Alicante. Historia Me-
dieval, 4-5, Alicante 1986, p. 365.
170 DANIEL PIÑOL ALABART
Figura 6: Letra gótica catalana.
Fragmento del Libro de Acuerdos de Tarragona de 1358, f. 5. (Arxiu Històric de Tarragona, Actes
Municipals, n. 1). (Reproducido en Actes Municipals 1358-1360, Publicacions de l’Excm. Ajunta-
ment de Tarragona, 1983, p. 9).
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 171
da. La gótica catalana sin influencias de la bastarda vuelve a aparecer en 1359 en
un Libro de Cuentas de Sant Feliu de Guíxols, pero su aspecto es descuidado y
muy irregular34. La documentación municipal gerundense, según la colección que
cito, en el último tercio del siglo XIV abandona ya definitivamente la escritura
catalana –en 1379 todavía se recoge un documento en catalana pero con influen-
cias de la bastarda en los trazos descendentes–; en 1389-1390 ya se redactan unas
cuentas de las fortificaciones de Girona en bastarda de carácter notular35.
También los Libros de Acuerdos Municipales de Tarragona se mueven dentro
de los cánones de la gótica catalana, con algunas particularidades propias de la le-
tra notular. No es de extrañar, puesto que los escribanos municipales autores de los
Libros de Acuerdos tenían que ser notarios públicos por autoridad real para poder
acceder al cargo. Conocemos bien el caso de la ciudad de Tarragona, en la que el
escribano municipal entre 1399 y 1416 fue Pere Sabater, que a su vez era el re-
gente de la única notaría pública que había en la ciudad36. Estas características son
visibles en el primer libro, del año 1358 (Fig. 6), en el que de forma muy puntual
aparecen algunos trazos característicos de la bastarda, pero el carácter general del
libro es propio de la letra catalana37. Así sucede en los libros posteriores de los años
1369 y 1374-137538, con formas redondeadas y con la presencia de la letra M o de
la letra g, habituales en la catalana. Las formas bastardas se muestran de una for-
ma muy evidente y regular en el libro del año 1399-140039. A pesar de que la es-
critura de estos libros tarraconenses es muy clara, sentada y, en algún caso, muy ca-
ligráfica, se observa una diferencia en el ductus de los Libros de Acuerdos respecto
de los Libros de Cuentas –Llibres de Clavaria–. En éstos el ductus es más cursivo
y menos cuidado, tal como pasa en el ejemplo de Girona citado más arriba.
Estos ejemplos de cursividad en los libros municipales nos llevan a hablar de
los usos de la escritura catalana, con las mismas características, en las notarías
34 ARNALL; PONS GURI, L’escriptura…, láminas 89, 97 y 104.
35 ID., Ibid., láminas 114 y 120.
36 Cfr. DANIEL PIÑOL ALABART, Pere Sabater, notari de Tarragona i lletrat (segle XV): Estudis
Històrics i Documents dels Arxius de Protocols (EHDAP), XVII, Barcelona 1999, p. 125-151.
37 Arxiu Històric de Tarragona (AHT), Actes Municipals 1, anys 1358-1360. Vid. SABÍ PERIS SER-
RADELL; JOAQUIM ICART I LEONILA (eds.), Actes Municipals 1358-1360, Tarragona, 1983.
38 AHT, Actes Municipals 2, any 1374; 3, anys 1374-1375. Vid. JOSEFINA CUBELLS, Josefina (ed.),
Actes Municipals 1369; 1374-1375, Tarragona, 1984. La editora explica en la introducción
que la escritura de estos libros es la catalano-aragonesa, con un trazado claro y un tipo uni-
formado de abreviaturas.
39 AHT, Actes Municipals 14, anys 1399-1400. Vid. MONTSERRAT SANMARTÍ ROSET (ED.), Actes
Municipals 1397-1399; 1399-1400, Tarragona, 1991. Cfr. MONTSERRAT SANMARTÍ ROSET, Les
actes municipals de Tarragona (1358-1400): Estudis Castellonencs, 6/2 Castellón 1994-1995,
p. 1325-1332.
172 DANIEL PIÑOL ALABART
públicas que se van creando por todo el Principado de Cataluña a lo largo del si-
glo XIII, fruto de la progresiva implantación del notariado público40. La escritura
catalana en manos de los notarios pasa a ser denominada por los paleógrafos co-
mo notular. A pesar de mantenerse dentro de los cánones de la catalana, unas ca-
racterísticas propias como la cursividad y la gran cantidad de abreviaturas y cláu-
sulas etceteradas hacen de ésta una escritura particular41. Todo ello viene dado por
el carácter de borrador que tienen los manuales y libros notariales. En éstos se in-
sertan las minutas y las notas para posteriormente redactar in mundum el instru-
mento notarial sobre pergamino, que es el que se entrega a los clientes. Se obser-
va una diferencia notable entre estas redacciones previas y la definitiva, ya que el
documento redactado en el pergamino no presenta tanta cursividad y en él se des-
arrollan las cláusulas que antes aparecían etceteradas. La escritura notular, cata-
lana, también recibe la influencia de la bastarda y así se observa hacia mediados
del siglo XIV42.
Otro ámbito en el que destaca el uso de la escritura catalana es el eclesiásti-
co. En éste trabajan clérigos que actúan como notarios, redactando, por ejemplo,
los libros de visitas pastorales o los instrumentos notariales de las muchas escri-
banías parroquiales dispersas por todo el territorio catalán. Baste recordar aquí la
estrecha vinculación existente en Cataluña entre notariado e Iglesia43. En otros ca-
sos se trata de eclesiásticos que trabajan en las diferentes curias redactando los
documentos episcopales y los correspondientes registros. Estas cancillerías fun-
cionan con la misma estructura y los mismos procesos de génesis documental que
sus coetáneas, de manera que encontramos las mismas características de la góti-
ca catalana, a veces con guiños hacia la notular, en el ámbito eclesiástico. Uno de
los libros de visitas pastorales que debemos destacar y que está redactado en esta
40 Cfr. RAFAEL CONDE; FRANCISCO M. GIMENO, Notarías y escribanías de concesión real en la Co-
rona de Aragón (s. XIII): Notariado público y documento privado: de los orígenes al siglo XIV.
Actas del VIII Congreso Internacional de Diplomática, I, Valencia, 1989, p. 281-329. Para una
visión general del notariado catalán vid. Actes del I Congrés d’Història del Notariat Català,
Barcelona, 1994, sobre todo los trabajos de Ignasi Baiges sobre el notariado catalán y de Asun-
ción Blasco Martínez para el notariado en Aragón.
41 DANIEL PIÑOL ALABART, El notariat públic al Camp de Tarragona: Història, activitat, escrip-
tura i societat (segles XIII-XIV), Barcelona, 2000, p. 243-248. IDEM, Notaris i cultura escrita
al Camp de Tarragona: l’escriptura gòtica en els manuals notarials (segles XIII-XIV): Acta
Historica et archæologica Mediævalia, 25, Barcelona 2003-2004, p. 656-673.
42 ARNALL; PONS GURI, L’escriptura…, lámina 102 –documento señorial de 1357 redactado por
un notario público, en bastarda-.
43 RAFAEL GINEBRA MOLINS, Les escrivanies eclesiàstiques a Catalunya: Actes del II Congrés
d’Història del Notariat Català, Barcelona, 2000, p. 89-160. DANIEL PIÑOL ALABART, Notaris,
notaries i protocols a la diòcesi de Tarragona a l’edat mitjana: Actes del II Congrés d’His-
tòria..., p. 427-445.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 173
escritura es el de la Visita Pastoral que realiza el obispo Paholac de Tortosa, en
131444. La autora de la edición se refiere a la gótica catalana en la que se redacta
la visita en cuestión, y parece ser que el trabajo lo lleva a término el notario Ar-
nau de Cases Velles, que suscribe otros documentos con auctoritas regia notarii
publici per totam terram et dominationem ilustrissimi principis domini regis Ara-
gonum. Por otro lado en el Archivo Histórico Archidiocesano de Tarragona se con-
serva la serie documental de los Registra Negotiorum, que se inicia en 133045 aun-
que ya antes hay algún pequeño cuaderno del año 1282 en el que se apuntan las
características de la catalana46.
Al hablar de la escritura en la baja Edad Media no podemos olvidar una cla-
se social, un colectivo que entra de lleno en lo escrito. Me refiero a los merca-
deres y a los artesanos, y más teniendo en cuenta la expansión económica de los
reinos de la Corona de Aragón por el Mediterráneo y por toda Europa. Esta cla-
se social necesita cada vez más la escritura para poder llevar sus tareas a buen
fin, para registrar las cuentas o escribir cartas con las que controlar los nego-
cios. Los mercaderes, a su vez, establecen una estrecha relación con los notarios,
que usan la escritura y el formulario para dar garantías jurídicas a los contratos
y negocios mercantiles47. Lógicamente necesitan formación adecuada para po-
der escribir y conocer todos los entresijos del arte de la mercadería48. Para esta
formación van a escuelas, o contratan a maestros particulares, de lo que dan bue-
na cuenta los muchos contratos conservados en la documentación notarial o tam-
bién en los inventarios de los bienes de mercaderes. En éstos últimos se delata
la presencia de libros aptos para enseñar a leer a los hijos: Berenguer de Mun-
44 M.TERESA GARCÍA EGEA, (ed.), La visita pastoral a la diócesis de Tortosa del obispo Paholac,
1314, Castelló, 1993, p. 30-33. MATEU IBARS, Colectánea..., lámina 123. Tortosa, A.C., Visi-
tes Pastorals, Reg. 276, f. 58r.
45 MATEU IBARS, Colectánea..., lámina 135: Tarragona, Registre de D. Joan d’Aragó (1330-1331).
46 ID., Ibid., lámina 98. Registro de 1282 sobre el testamento del arzobispo Bernat d’Olivella
47 ANTONIO CASTILLO GÓMEZ, Entre la necesidad y el placer. La formación de una nueva socie-
dad del escrito (siglos XII-XV): ID., Historia de la Cultura Escrita. Del Próximo Oriente An-
tiguo a la sociedad informatizada, Gijón, 2003, p. 187; 198-203. IGNASI J. BAIGES; DANIEL PI-
ÑOL, Notariat, comerç i cultura escrita a la Catalunya Nova (segles XIII-XV): XVIII Congrés
d’Història de la Corona d’Aragó, Valencia, 2005, p. 1825-1838.
48 MIGUEL GUAL CAMARENA, El primer manual hispánico de mercadería (siglo XIV), Barcelona,
1981. CORAL CUADRADA MAJÓ, Volèn instroyr e informar los mercaders. Aquells qui d’aquest
art de mercaderia volen ussar: Revista d’Història Medieval, 5, Valencia 1994, p. 107-130.
CARME BATLLE; TERESA M. VINYOLES, Mirada a la Barcelona medieval desde les finestres gò-
tiques, Barcelona, 2002, p. 166-168. JOSEP HERNANDO I DELGADO, L’ensenyament a Barcelo-
na, segle XIV. Documents dels protocols notarials. Primera part: instruments notarials de l’Ar-
xiu Històric de Protocols de Barcelona, 1350-1400, Arxiu de Textos Catalans Antics, 12,
Barcelona 1993, p.141-171.
174 DANIEL PIÑOL ALABART
tada, ciudadano de Barcelona, tiene libros gramaticales, in quibus dicti filii mei
addiscunt 49. Además de este tipo de libros en las casas de los comerciantes tam-
bién aparecen libros para leer50, e incluso libros escritos por ellos mismos, a ve-
ces ubicados en espacios destinados a la escritura y seguramente a la lectura –
tienda, estudio, escriptori…51– Son libros de contabilidad, reseñados en los
inventarios como llibre escrit de pròpia ma del difunt. En algún caso se especi-
fica que llevan la señal de mercancía del difunto: ...dos libres de paper ab cu-
bertes de pergamins..., en los quals és lo senyal de mercaderia del dit deffunct,
e los quals són appellats Manuals, en los quals són contengudes diverses com-
pres e deutes axí al dit deffunct deguts com per ell deguts a altres persones, los
quals són de temps passat e són les coses en aquells contengudes són remeses
al Libre Major del dit deffunct...”52. Estos libros de cuentas son el gran produc-
to escrito del ámbito mercantil y una muestra de los usos y la difusión de la es-
critura entre los no profesionales de lo escrito. Algunos estudios y ediciones de
libros de cuentas de mercaderes como los Mitjavila53, los Benet –Berenguer Be-
net, además, tiene un manual de viajes, (Fig.7)54, los Tarascó55 y otros56, ade-
más de algunos profesionales57, entre los que se encuentra gente relacionada con
el mundo comercial58, se refieren a su escritura. Se trata de una gótica cursiva,
49 JOSEP HERNANDO I DELGADO, Llibres i lectors a la Barcelona del s. XIV, vol.1, Barcelona, 1995,
p. 114-115. Doc. 61. 1335, febrero, 12. Inventario de los bienes de Berenguer de Muntada,
ciudadano de Barcelona.
50 ELISA VARELA, Mercaderes y lectura: Estudio de algunos inventarios de mercaderes barcelo-
neses: Estudis Castellonencs, 6, Castellón 1994-1995, p. 1431-1444. Resulta imprescindible
la lectura de JOSEP HERNANDO I DELGADO, Llibres i lectors a la Barcelona del s. XIV, 2 vols.,
Barcelona, 1995.
51 JAUME AURELL, Els mercaders catalans al quatre-cents. Mutació de valors i procés d’aristo-
cratització a Barcelona (1370-1470), Lleida, 1996, p.72-73; 90; 109-118; 135-192.
52 VARELA, Mercaderes y lectura…, p. 1436. Se refiere al inventario de una tienda, el propietario
de la cual no se identifica en el documento.
53 VÍCTOR HURTADO, Els Mitjavila. Una família de mercaders a la Barcelona del segle XIV, tesis
doctoral inédita, Universitat de Barcelona, 2003. ID., Llibre de deutes, trameses i rebudes de
Jaume de Mitjavila i Companyia, 1345-1370. Edició, estudi comptable i econòmic, Barcelo-
na, 2005. Para la escritura vid. p. 30.
54 Cfr. DANIEL DURAN I DUELT, Manual del viatge fet per Berenguer Benet a Romania, 1341-1342.
Estudi i edició, Barcelona, 2002, p. 30. Da noticia de un libro de cuentas de Bernat Benet de 1340-
1349, y de otros cuatro redactados por otros familiares. Para la escritura vid. p. 41ss.
55 ELISA VARELA, El control de los bienes: los libros de cuentas de los mercaderes Tarascó (1334-
1346), tesis doctoral inédita, Universitat de Barcelona, 1995. Las referencias a la escritura en
p. 577-579. ID., Escriure i mercadejar a la Baixa Edat Mitjana. ‘Navigare necesse [est]...”:
Acta Historica et archæologica Mediævalia, 25, Barcelona 2003-2004, p. 727-743.
56 JOSEP M. MADURELL I MARIMON, Cuentas de un viaje comercial a Rodas y Alejandría en 1438:
Miscelánea de textos medievales, 2, Barcelona 1974, p. 229-236. ENRIQUE CRUSELLES GOMÉZ,
Los comerciantes valencianos del siglo XV y sus libros de cuentas, Castelló, 2007.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 175
Figura 7: Letra gótica catalana
usual.
Fragmento del Manual de viajes de
Berenguer Benet, 1341-1342. (Repro-
ducido por Daniel DURAN I DUELT,
Manual del viatge fet per Berenguer
Benet a Romania,1341-1342, Estudi i
edició, Barcelona: CSIC-I.Milà i
Fontanals, 2002, p. 43).
propia del estamento, con abundancia de abreviaturas, muchas de ellas por sus-
pensión59, con unas características muy personales enmarcadas siempre en la
gótica catalana, y con claras diferencias respecto de las grafías de los profesio-
nales de la Cancillería, de las notarías públicas y de otras oficinas60.
El ámbito del comercio nos permite entrar en otro mucho más complejo y
con una casuística de producción escrita muy amplia: es el mundo privado61. Re-
57 M. TERESA FERRER MALLOL, El llibre de comptes d’un notari barceloní del segle XV. Nicolau
de Mediona: Estudis Castellonencs, 6, Castellón 1994-1995, p. 535-549. M. TERESA PALASÍ
FAS, El libro de cuentas del banquero Martí Bosa (1414-1425): La racionalización de los ne-
gocios a través de la escritura: Estudis Castellonencs, 6, Castellón 1994-1995, p. 1001-1010.
JOSEP M. MADURELL MARIMÓN, La contabilidad de una compañía mercantil trescentista bar-
celonesa (1334-1342): Anuario de Historia del Derecho Español, XXXV, Madrid 1965, p. 457-
546, y XXXVI, Madrid 1996, p. 421-546. CARLES VELA I AULESA, L’obrador d’un apotecari
medieval segons el llibre de comptes de Francesc ses Canes (Barcelona, 1378-1381), Barce-
lona, 2003.
58 IGNASI J. BAIGES JARDÍ, Llibre de comptes de Tomàs Prats, patró d’un uixor a la batalla de Por-
to Conte (agost de 1353): XIV Congreso di Storia della Corona d’Aragona (Sassari-Alghero),
vol. 2, Sassari, 1995, p. 49-68.
59 Bastaría recordar aquí que una de las características de la escritura mercantesca es la de la cur-
sividad, que en el caso catalán no llega a la exageración de la mercantesca itálica. Vid. la sín-
tesis sobre esta escritura en ARMANDO PETRUCCI, Breve storia della scrittura latina, Roma,
1989, p. 157-164.
60 VARELA, El control de los bienes..., p. 577-579; 581-583.
176 DANIEL PIÑOL ALABART
corremos las casas y sus estancias y entramos en aquellos espacios destinados a
escribir y a leer; en ellos descubrimos muebles para tener libros, mesas para es-
cribir, tabellas aptas ad scribendum62, facistoles repletos de libros63… Fuera del
ámbito geográfico catalán, aunque culturalmente es el mismo, encontramos ejem-
plos en Mallorca, donde hay personas que escriben sus propios libros y copian
ejemplares que, tal vez, les han prestado o han alquilado, como por ejemplo Bar-
tomeu Cortés64, de Mallorca que tiene unum gazofilacium modicum cum aliquibus
caternis papireis, scriptas manu propria dicti Bartholomei Cortesii, continenti-
bus inter alia Evangelia et epistolas et alios tractatus sive actus. El presbítero
Bartomeu de Vilarasa, beneficiado en la Catedral de Palma de Mallorca65, tiene un
scriptorium fusteum in quo dictus defunctus scribebat libros. Ítem unam premsa-
doram librorum. Ítem, unum aliud scriptorietum cum quadam modica catedra se-
denti in eodem ad scribendum libros. El mercader mallorquín Joan Bartomeu,
también tiene un libro de papel con cubierta de pergamino con las Ordinacions de
las Corts, y está escrito de mà del defunct66.
En este ámbito privado es donde se gestan diversidad de productos escritos,
donde la memoria se fija gracias a la escritura, donde las fronteras entre los ne-
gocios y lo íntimo, la tienda y la familia, se diluyen y encuentran un mismo pro-
tagonismo en los libros de cuentas y razón –llibres de compte i raó–. Éstos se con-
vierten en libros de familia cuando lo escrito no se ciñe únicamente a lo individual
y abarca a toda la familia, incluyendo noticias que atañen al conjunto de miembros
del grupo. Los comerciantes y otros profesionales, cuando acaban su jornada, de-
dican un tiempo a leer pero también a escribir otras cosas que nada tienen que ver
con sus negocios, igual que hacen los mercaderes florentinos67. Así se escriben
61 M. LUZ MANDINGORRA LLAVATA, Usos privados de la escritura en la Baja Edad Media. Secuen-
cias espacio-temporales y contextos de uso: CARLOS SÁEZ; JOAQUÍN GÓMEZ-PANTOJA (eds.),
Las diferentes historias de letrados y analfabetos, Alcalá de Henares, 1994, p. 57-87. ID., La
configuración de la identidad privada: diarios y libros de memorias en la Baja Edad Media:
ANTONIO CASTILLO GÓMEZ, (coord.), La conquista del alfabeto. Escritura y clases populares,
Gijón, 2002, p. 131-152.
62 HERNANDO, Llibres i lectors..., p. 51. Doc. 12. 1310, abril, 8. Inventario de los bienes de Bar-
tomeu Oliver, ciudadano de Barcelona.
63 HERNANDO, Llibres i lectors..., p. 44-45. Doc. 7. 1305, julio, 3. Inventario de los bienes de Ber-
nat de Fallins, médico de Barcelona.
64 HILLGARTH, Readers ..., vol.II, p. 446-447. 1384, septiembre, 22. Inventario de los bienes de
Bartomeu Cortès.
65 ID., Ibid., p. 446-447. 1393, septiembre, 5. Inventario de los bienes de Bartomeu Villarasa,
presbítero beneficiado de la Catedral de Palma.
66 ID., Ibid., p. 516-517. 1470, julio, 10. Inventario de los bienes del mercader Joan Bartomeu.
67 CHRISTIAN BEC, Les marhands écrivains. Affaires et humanisme à Florence 1375-1434, París-
La Haya, 1967.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 177
diarios amorosos, como el del mercader Pere Soriol en 137168. Tal vez escriben en
sus estudios, que son los espacios íntimos donde estas personas se encuentran a so-
las con la pluma, el papel, sus quebraderos de cabeza y sus preocupaciones, pero
también con sus pensamientos que la escritura ayuda a fijar. Y en este espacio es
donde se escriben las cartas, que tanta importancia tienen para la comunicación y
de la que son un paradigma las conservadas en el Archivio di Stato de Prato, fru-
to de las actividades comerciales de Francesco di Marco Datini.
En el espacio privado aparecen finalmente documentos que podrían parecer se-
cundarios, pero que son de gran importancia. Me refiero a las cartas, billetes o pe-
queñas notas que se envían a los notarios para que inicien el proceso de redacción del
contrato indicado en el papel. Muchos de ellos se conservan en los libros y manua-
les notariales, en las bursae que recogían estas notas junto con las cédulas en las que
el notario tomaba las referencias básicas de los negocios jurídicos, constituyendo –
las cédulas, no las cartas enviadas–, la primera redacción del instrumento notarial69.
En el terreno privado es donde las mujeres encuentran también el ambiente
propicio para adentrarse en lo escrito, a veces colaborando con sus maridos en las
tareas contables, aunque parece ser que es ya en el siglo XVI cuando aumenta es-
ta colaboración70; otras veces son ellas mismas las que llevan las cuentas de su
casa y de sus negocios como la señora Sanxa Ximenis de Fox y de Cabrera y de
Navalles, que escribe unos libros de cuentas a partir del 1440-144371, otro de 1465
y otro de 1470, además de un Llibre del servidor de los años 1442-145072. Es sig-
nificativo que en su sepulcro, conservado hoy en día en la Catedral de Barcelona,
se represente una mujer sentada, con un libro abierto entre sus rodillas y rodeada
de otras mujeres. Sanxa Ximenis es una mujer que, en palabras de Teresa Vinyo-
68 FRANCISCO M. GIMENO BLAY; M. TERESA PALASÍ FAS, Del negocio y del amor: el diario del mer-
cader Pere Soriol (1371): Saitabi , XXXVI, Valencia 1986, p. 37-55.
69 M. TERESA FERRER MALLOL, «La redacció de l’instrument notarial a Catalunya. Cèdules, ma-
nuals, llibres i cartes: EHDAP, IV, Barcelona 1974, p. 29-211. ID., Cartes i bitllets privats en
els manuals del notari de Barcelona Narcís Guerau Gili (segle XV): Miscel·lània Aramón i Se-
rra, vol.II, Barcelona, 1980, p. 197-217.
70 AURELL, Els mercaders..., p. 39ss.
71 JORDI ANDREU DAUFÍ; JOSEP CANELA I FARRÉ; M. ANGELA SERRA I TORRENT, (eds.), El llibre de
comptes com a font per a l’estudi d’un casal nobre de mitjan segle XV. Primer llibre memo-
rial començat per la senyora dona Sanxa Ximenis de Fox e de Cabrera e de Navalles 1440-
1443, Barelona, 1992. TERESA M. VINYOLES VIDAL, La cotidianidad escrita por una mujer del
siglo XV: M. DEL VAL GONZÁLEZ DE LA PEÑA(ed.), Mujer y cultura escrita. Del mito al siglo
XXI, Gijón, 2005, p. 117-130.
72 Con la labor escrituraria de Sanxa Ximenis se puede establecer un cierto paralelismo con Mad-
dalena, la charcutera del Trastevere, y su libreta de cuentas. Cfr. ARMANDO PETRUCCI, Scrittu-
ra, alfabetismo ed educazione grafica nella Roma del primo Cinquecento. Da un libretto di
conti de Maddalena pizzicarola in Trastevere: Scrittura e Civiltà, II, Roma 1978, p. 163-208.
178 DANIEL PIÑOL ALABART
Figura 8: Letra gótica catalana usual.
Fragmento del libro de cuentas de Sança Ximenis de Foix i de Cabrera, 1440-1443. (Reproducido
en Jordi ANDREU et alii (eds.), El Llibre de Comptes com a font per a l’estudi d’un casal noble
de mitjan segle XV, Barcelona: Fundació Noguera, 1992, p. 54).
les, quería que se la recordase así, leyendo. Pero a lo largo de su vida, aparte de
leer un Ars moriendi y un Libro de Horas que mandó dorar y poner cierres, ano-
tó los gastos de su casa. En ésta, tenía un estudio donde escribía y un armario don-
de guardaba los libros de cuentas. Todo queda reseñado en éstos, incluyendo re-
cetas de cocina, limosnas, donaciones a clérigos e incluso “…una oración para
curar los gusanos intestinales, que debía copiarse y colgarse en el cuello del en-
fermo a modo de amuleto”73. La escritura, en manos de una mujer se convierte así
en una protección con carácter mágico y casi divino. Según los testimonios reco-
gidos en sus libros de cuentas y también en sus cartas, se observa que su escritu-
ra es una gótica cursiva, con escasa presencia de abreviaturas (Fig. 8). No obs-
tante hay que advertir que se individualizan hasta siete manos en el mismo libro
de 1440-144374.
73 VINYOLES VIDAL, La cotidianidad..., p. 128.
74 ANDREU DAUFÍ; CANELA I FARRÉ; SERRA I TORRENT, El llibre de comptes ..., p. 37-44.
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 179
4. Difusión social:
Si nos quedamos únicamente en las casas de algunos mercaderes en concre-
to, o en los espacios privados, ocupados muchas veces por las mujeres, estamos
dando una visión incompleta de lo que significa lo escrito en la baja Edad Media.
Para ello debemos adentrarnos en otro aspecto que nos tiene que llevar, forzosa-
mente, a cerrar el círculo que hemos empezado a trazar al comenzar este recorri-
do. Si se escribe en la Cancillería, si escriben los notarios, los clérigos, los mer-
caderes, los artesanos…, las mujeres es porque la escritura se está difundiendo
por la sociedad. La escritura no se queda en casa; sale a la calle, y ya lo hace en
1302, cuando las autoridades municipales de Barcelona dictan la siguiente orde-
nanza:
“Que ningú no gosi pintar, ni escriure a les tàpies o parets dels carrers o camins,
i que tot el qui tingui pintades o escrits en les seves parets o tàpies que les faci
treure”75.
Esta escritura de protesta, que aparecería en las paredes de esta ciudad y tal
vez de las otras ciudades de la Corona de Aragón, tendría las mismas caracterís-
ticas gráficas que la escritura de los documentos. Seguramente similar a lo que
apuntan M. Luz Mandingorra y Elisa Varela al estudiar unos grafitos del Palau
Reial de Barcelona a mediados del siglo XVI, con unas grafías que “...no difieren
de las que hallamos en los usos documentales privados de la época”76. Las formas
podrían variar a causa de los soportes y también de las prisas de escribir en la
clandestinidad e intentar un cierto anonimato. No han quedado grafitos de la épo-
ca, pero sí que en 1435-39 tenemos constancia de otro tipo de documento que ex-
presa la necesidad de escribir por un lado y nos confirma, por otro, la presencia de
lo escrito más allá de las oficinas, los escritorios o las trastiendas. Me refiero a
unos pequeños papeles que dejan las madres y los padres al lado de los niños aban-
donados en los hospitales, y que están datados en el primer tercio del siglo XV77.
Los papelitos, escritos en gótica con algunas características de la catalana, per-
75 BATLLE; VINYOLES, Mirada a la Barcelona..., p. 17. Se refieren a un documento del Arxiu His-
tòric de la Ciutat de Barcelona, Llibre del Consell I, f. 93v.-94.
76 M. LUZ MANDINGORRA LLAVATA; ELISA VARELA RODRÍGUEZ, Escribir en el Palacio Real. Los
graffiti del mirador del rey Martí: FRANCISCO M. GIMENO BLAY; M. LUZ MANDINGORRA LLA-
VATA, «Los muros tienen la palabra». Materiales para una historia de los ‘graffiti’, Valencia,
1997, p. 115-119.
77 TERESA M. VINYOLES VIDAL; MARGARIDA GONZÁLEZ BETLINSKI, Els infants abandonats a les
portes de l’Hospital de Barcelona (anys 1426-1439): MANUEL RIU, La pobreza y la asistencia
a los pobres en la Cataluña medieval. Volumen misceláneo de estudios y documentos, vol.II,
Barcelona, 1981-1982, p. 191-285.
180 DANIEL PIÑOL ALABART
Figura 9: Letra gótica catalana usual.
Albaranes que identifican a niños abandonados en el Hospital de Barcelona, años 1435-1439.
(Reproducidos por Teresa M. VINYOLES; Margarida GONZÁLEZ, «Els infants abandonats a les
portes de l’Hospital de Barcelona (anys 1426-1439)», en La pobreza y la asistencia a los pobres
en la Cataluña medieval, vol. 2, Barcelona, 1981-1982, p.196.)
LA ESCRITURA GÓTICA EN CATALUÑA 181
miten saber quiénes son los progenitores, el nombre de las criaturas abandonadas,
el estado de salud… Pero sobre todo permiten dar identidad a estos niños y niñas,
los más débiles y desvalidos de la sociedad de la época, en palabras de las auto-
ras que han trabajado estos documentos (Fig. 9). Y a los historiadores de la escri-
tura nos ofrece la posibilidad de recuperar el pasado y ver el papel que juega lo es-
crito en los siglos bajomedievales.
Los estudios también nos permiten entrar en el mundo de las escuelas, que son
los grandes pilares de la difusión de la escritura en la sociedad de los últimos si-
glos medievales. Los padres cierran contratos con artesanos, comerciantes y mer-
caderes para que sus hijos estén al servicio de éstos a cambio de comida, vestido,
un pequeño sueldo, el aprendizaje del oficio y de la lectura y la escritura78. La le-
tra que se aprende en las escuelas y al lado de estos maestros es seguramente la
usual en la época, la gótica catalana, aunque los contratos estudiados para la Bar-
celona del siglo XV no lo especifican79. En la mayoría se habla de enseñar letra,
en unos pocos se habla de enseñar a leer y escribir, en uno se establece la obliga-
ción de enseñar la letra mercantil y la letra redonda.
Otro tipo de maestros son los que, como Vicent Panyella, tienen en sus casas
alumnos que aprenden diversos tipos gráficos. Los alumnos aprenden diversas es-
crituras, destinadas a escribir diferentes textos para diversidad de usos y ámbitos.
Por lo tanto, según este tipo de contratos como con el que abríamos este recorri-
do, deducimos que hay personas que aprenden a escribir, otras que enseñan, unas
que escriben para que otras lean; si no, ¿por qué había que aprender a escribir en
letra redonda? Ésta estaba más destinada a la escritura de libros, algunos de los
cuales recopilaban, por ejemplo, ordenanzas municipales o privilegios. O también
aprenden letra escolástica con la que producir textos para la enseñanza universi-
taria.
La letra gótica con las características de la catalana pervive en el siglo XV en
el ámbito privado, al que le cuesta recibir las influencias de la humanística. En-
contramos también la letra catalana en libros como el manuscrito de Francesc Ei-
ximenis, Regiment de Prínceps, conservado en Girona y redactado probablemen-
te en 140780. La profesora Arnall afirma que está escrito en letra cursiva catalana,
con características gótico-bastardas. La escritura de un manuscrito en letra cata-
lana nos lleva nuevamente al contrato entre el maestro Vicent Panyella y su alum-
78 JOSÉ M. CRUSELLES GÓMEZ, Escuela y sociedad en la Valencia bajomedieval, Valencia, 1997,
p. 176-186.
79 JOSEP HERNANDO I DELGADO, ‘Instruere in litteris, servire et docere officium’. Contractes de
treball, contractes d’aprenentatge i instrucció de lletra, gramàtica i arts en la Barcelona del
s. XV: Acta Historica et Archæologica Mediævalia, 26, Barcelona 2005, p. 945-984.
80 ARNALL; PONS GURI, L’escriptura..., lámina 195.
182 DANIEL PIÑOL ALABART
no, que aprenderá letra catalana a mediados de siglo, tal vez para poder copiar un
tipo de libro más sencillo, al alcance de más gente. Libros que llegarán a nuevos
confines, como aquellos libri da bisaccia de que habla Petrucci, libros de bolsillo
que difunden todavía más la escritura entre la sociedad, en los años inmediata-
mente anteriores a la llegada de la imprenta.
Mientras Panyella enseña letra catalana a su alumno Gabriel Pellicer en el
año 1444, en Nápoles el rey Magnánimo entra en contacto con un universo gráfi-
co nuevo, el humanístico, con formas gráficas redondeadas que llegarán a la Can-
cillería y se dejarán ver en la producción documental de la oficina. Pero tendremos
que esperar hasta mediados del siglo XVI para abandonar definitivamente los tra-
zos góticos de la escritura y encontrarnos de lleno con la humanística implantada
en todos los ámbitos de la sociedad81.
81 FRANCISCO M. GIMENO BLAY, De la ‘luxurians littera’ a la ‘castigata et clara’. Del orden grá-
fico medieval al humanístico (siglos XV-XVI): XVIII Congrés d’Història de la Corona d’Ara-
gó, Valencia, 2005, p. 1519-1564.
La escritura gótica en el reino de Navarra en la plena y
baja Edad Media.
María Isabel Ostolaza Elizondo
Universidad Pública de Navarra
La transición de la escritura carolina hacia la gótica se manifiesta en Navarra
desde finales del s. XII consolidándose los modelos góticos a lo largo del s. XIII.
El apuntamiento del trazado, que de forma incipiente se observa en la escritura mi-
núscula en la parte superior de la caja de escritura, en la unión de los trazos de las
vocales y en la quebradura de la curva que da paso al último trazo de consonan-
tes que encajan sin formar astiles1, logra conforme avanza el trescientos un efec-
to conseguido por los condicionamientos técnicos del corte de la punta de la plu-
ma de ave con bisel a la izquierda2. El apoyo completo o perfilado del bisel de
dicha punta sobre el soporte aporta a la escritura un efecto estético de clarooscu-
ro, acentuando su pesadez especialmente en los usos librarios. Los expertos en las
artes de la escritura siguen en Navarra el mismo proceso evolutivo que se obser-
va en otros reinos europeos, y parece que los modelos escripturarios vienen de
Francia, cosa lógica por la llegada de francos que repueblan los principales núcleos
urbanos, y por el acceso al poder de nuevas dinastías reinantes de procedencia
francesa. Otro tanto podría decirse del entorno monástico con la llegada de los
cistercienses, que levantan varios monasterios en la zona media y sur del territo-
rio.
En función de las limitaciones que imponen las fuentes conservadas, se ha
organizado este trabajo en base a tres focos productores de documentos: los scrip-
1 BERNHARD BISCHOFF, La nomenclature des écritures livresques du IX au XIII siècle: Premier
Colloque International de Paléographie latine. París CNRS 1954.
2 JACQUES BOUSSARD, Influences insulaires dans la formation de l´écriture gothique: Scriptori-
um, 5, 1951, p. 238.
184 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
toria monásticos (muy mermados en los testimonios conservados), la administra-
ción real de la que tenemos abundantes manifestaciones, y la producción notarial
(asímismo con grandes lagunas en su producción), cuya evolución gráfica tiene
cierto paralelismo con la de los órganos de la administración regia. Analizamos las
características de la escritura de dichos centros emisores de testimonios gráficos.
1. El entorno eclesiástico
Pasados los tiempos de esplendor de las scholas catedralicias de Pamplona y
Tudela, suministradoras del personal de la cancillería real3 hasta la desaparición
de la dinastía restauradora navarra (1234)4, serán los nuevos monasterios cister-
cienses los que marquen las pautas de la renovación gráfica, dejándonos testimo-
nios de su buen hacer tanto en el sector librario como documental. Entre ellos el
monasterio de Fitero fundado hacia 1140 por monjes procedentes de Scala Dei,
siendo considerado como el más antiguo del Císter en España, y al que le cabe la
gloria de ser el lugar donde se fundó la Orden Militar de Calatrava pocos años
después5. Le siguieron las fundaciones de La Oliva (1151)6, Iranzu (1176) y Sa-
les (1266). La contribución de la orden cisterciense a la civilización europea no so-
3 SANTOS GARCÍA LARRAGUETA, M. ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO, Estudios de diplomática sobre
fuentes de la época de Sancho VI el Sabio: Ponencia del I Congreso de Estudios Históricos Vi-
toria en la Edad Media, Vitoria 1982, pp. 117-215.
4 FRANÇOIS BUCHER, The Pamplona Bibles. A facsimile compiled from two picture Bibles with
martyrologies commissioned by King Sancho el Fuerte of Navarra (1194-1234). New Haven-
Londres 1970; M. ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO, El códice la Pretiosa de la Real Colegiata de
Roncesvalles: Historia: Instituciones, Documentos, 7, 1981, pp. 1-45.
5 MAUR COCHERIL, L´implantation des abbayes cisterciennes dans la Péninsule Ibérique: Anua-
rio de Estudios Medievales, 1, 1964, pp. 229 y ss. Sobre la polémica desatada al ser desban-
cado Moreruela por Fitero como primer monasterio cisterciense en España, vid. JOSÉ CARLOS
VALLE PÉREZ, La introducción de la Orden del Císter en los reinos de Castilla y León. Estado
de la cuestión, La introducción del Císter en España y Portugal. Burgos La Olmeda 1991, pp.
133-161 (Colección Piedras Angulares, nº 2) y concretamente la pág. 140-151, donde el autor
avanza una nueva tesis por la que tanto en Fitero como en otros lugares de Galicia y León, el
Císter arraigó en comunidades monásticas preexistentes, con lo que queda de nuevo en el ai-
re la fecha de la primera implantación de la orden cisterciense en la península. Respecto a la
fundación de Órdenes Militares, vid. JEAN LECLERCQ, Las convergencias entre la Orden cis-
terciense y la España del Cid: La introducción del Císter...pp. 243-254, donde trata sobre el
papel de los cistercienses en la santificación de la caballería.
6 Frente a la datación de GOÑI GAZTAMBIDE, que fecha la fundación en 1151, está la de M.H.MA-
RÍN, Monasterio de la Oliva. Fundador y fecha fundacional: Príncipe de Viana, 24, 1963, pp.
41-53, que sustenta la fundación de La Oliva en 1134, rebatida por VALLE PÉREZ en el artícu-
lo anterior, p. 152, con el sólido argumento de que la casa madre a la que se atribuye la fun-
dación (Scala Dei), se funda unos pocos años más tarde.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 185
lo fue de orden material (explotaciones agrarias y ganaderas), sino también de or-
den espiritual y cultural, manteniendo a lo largo de su historia una preocupación
por la formación intelectual de sus monjes7. El s. XIII es esplendoroso para el Cís-
ter navarro, consolidándose su patrimonio material, lo que conlleva la necesidad
de cuidar el archivo y de organizar la documentación elaborando cartularios8. Es
en este periodo cuando se terminan las obras de fábrica de los principales monas-
terios cistercienses, y se pone cuidado en lo referente a los códices para la cele-
bración de la liturgia.
Hay que decir que la trayectoria histórica de los monasterios cistercienses na-
varros ha condicionado la conservación de sus códices. La baja Edad Media y par-
te del s. XVI no son buenos para el Císter, comenzando los problemas con la pes-
te negra del s. XIV que diezma la población y por tanto el número de colonos y la
productividad de las tierras monásticas. Las disputas fronterizas entre Castilla y
Navarra afectaron al monasterio de Fitero desde 1330 hasta 13739, y finalmente la
guerra civil de mediados del s. XV convirtió a los monasterios en objeto de deseo
de los bandos agramonteses y beamonteses. La conquista e incorporación de Na-
varra a Castilla y los planes de reforma monástica impulsados por la monarquía
hispánica, en especial en la etapa de Felipe II, contribuirán a la renovación cultu-
ral y espiritual. Aunque la reforma litúrgica impulsada por Trento impuso el nue-
vo Breviario y Misal romanos a las órdenes religiosas de antigüedad no superior
a los 200 años, el Císter quedó a salvo de dichas innovaciones aunque fue adap-
tando sus textos para adecuarlos a la reforma romana. A pesar de que el Capítulo
general de 1601 reiteró la necesidad de mantener las tradiciones litúrgicas cister-
cienses, pocos monasterios se sustrajeron a las presiones de las nuevas tenden-
cias, y el Capítulo general de 1618 ordenó la adopción del rito y ceremonial ro-
mano y proyectó la reforma del Breviario cisterciense. Solo las congregaciones de
Castilla y Portugal, separadas del Císter por influencia de Felipe II que no se fia-
7 En Navarra fundó un Estudio General para los monasterios cistercienses del Reino, que tuvo
su sede en Estella entre 1289-1335, fecha en la que el pontífice Benedicto XII determinó que
se trasladara a Salamanca (JOSÉ GOÑI GAZTAMBIDE, Historia eclesiástica de Estella, t. 2. Las
Ordenes religiosas (1131-1900), Pamplona 1990, p. 281.
8 JOSÉ GOÑI GAZTAMBIDE, Catálogo del Becerro antiguo y del becerro menor de Leyre: Prínci-
pe de Viana, 24, 1963, pp. 149-213; CRISTINA MONTERDE ALBIAC, Colección diplomática del
monasterio de Fitero. Zaragoza 1978 (con estudio paleográfico del cartulario); JOSÉ ANTONIO
MUNITA LOINAZ, Libro Becerro del Monasterio de Sta. María de la Oliva, Colección docu-
mental (1132-1500). San Sebastián 1984.
9 JOSÉ GOÑI GAZTAMBIDE, Historia del monasterio cisterciense de Fitero: Príncipe de Viana,
100-101, 1965, pp. 295-329, y en concreto p. 298. El contencioso entre Castilla y Navarra por
Fitero, acabará en 1373 tras el compromiso matrimonial entre el futuro Carlos III el Noble y
Leonor de Castilla.
186 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
ba de la directrices que pudieran venir de la casa madre francesa, mantuvieron el
rito primitivo hasta la Desamortización10.
Por tanto en principio los monasterios cistercienses navarros, que fueron in-
corporados muy a su pesar a la congregación de Castilla, no tuvieron razones pa-
ra destruir sus códices litúrgicos. Cuando dichos libros perdieron su utilidad fue
en el s. XVII, cuando tras el pago de una sustanciosa cantidad de dinero a Felipe
IV pasaron a depender de la congregación de Aragón, que había adoptado el rito
romano11. Sospecho que es a partir de mediados del s. XVII cuando los manus-
critos (algunos de ellos muy antiguos), fueron despiezados, utilizándose sus folios
como encuadernación de libros administrativos y cuadernillos de archivo, pues
las fechas de dicha documentación coinciden con el periodo, por lo que salvo ex-
cepciones nos han llegado fragmentados reforzando las cubiertas de documentos
importantes elaborados en los s. XVII-XVIII12. Y finalmente las Desamortizacio-
nes eclesiásticas del s. XIX que supusieron la desmembración del patrimonio mo-
nástico, afectan sobre todo a los manuscritos antiguos, pues se puso más cuidado
en la custodia de los archivos, códices administrativos y cartularios que en los li-
bros de la biblioteca y del coro13.
Aunque fragmentados, hemos encontrado algunos folios de los antiguos có-
dices litúrgicos medievales del Císter navarro. La liturgia cisterciense, mucho más
sencilla que la de Cluny, fue decantándose entre los abadiatos de Alberico (+1108)
y Esteban Harding (+1134), estableciéndose el modelo definitivo a mediados del
s. XII. La celebración de los oficios se detallaba en la parte más importante del Li-
ber usus (usos y costumbres), en los denominados Ecclesiastica officia que en 121
10 LOUIS J. LEKAI, Los Cistercienses. Ideales y realidad. Tarragona 1987.
11 El único monasterio de la Corona de Aragón que ha conservado una colección importante
de códices liturgicos completos es Santes Creus (Tarragona), que por efecto de la Des-
amortización están en la Biblioteca Pública de Tarragona. Vid. JESÚS DOMÍNGUEZ BORDO-
NA, El escritorio y la primitiva biblioteca de Santes Creus. Tarragona 1952. Recientemen-
te han sido digitalizados, y pueden consultarse en la Biblioteca Virtual del Patrimonio
bibliográfico.
12 Dichos folios reaprovechados para otros usos, llevan en los márgenes anotaciones que hacen
referencia a las antiguas signaturas de los archivos monásticos.
13 En este sentido hay que decir que buena parte de los antiguos archivos de monasterios des-
amortizados navarros se encuentra en el Fondo Clero del AHN; algunos códices pasaron a ma-
nos particulares y fueron adquiridos a coleccionistas franceses que se habían hecho con ellos
en el s. XIX. De esta forma el Gobierno de Navarra recuperó algunos de estos códices (como
es el caso del Leccionario de Leire, hoy en el AGN, Códices litúrgicos, K 1, del que reprodu-
cimos alguna página). El resto estuvo durante mucho tiempo en el Archivo de la Delegación
de Hacienda Estatal en Navarra. No pasarían al AGN hasta 1930, aunque no será hasta fines
de los años 90 del pasado siglo cuando esta sección de archivo, tratada archivísticamente, ha
sido accesible a los investigadores
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 187
párrafos especificaban como debían realizarse las ceremonias litúrgicas14. Los mo-
nasterios que surgieron por la expansión del Císter por toda Europa, estaban obli-
gados a copiar y conservar intacto este modelo, para mantener la uniformidad en
todo lo relativo a la liturgia y costumbres15. Entre estos libros litúrgicos estaban los
de oraciones y fórmulas del Oficio divino (breviarios), los de epístolas y evange-
lios (epistolarios, homiliarios), los leccionarios que contenían las lecturas especí-
ficas de la misa ordenadas según el calendario litúrgico16, los libros de canto de sal-
mos e himnos (antifonarios o graduales, himnarios) tan importantes puesto que
según la regla del Císter los frailes tenían que recitar los 150 salmos del salterio
cada semana.
Los más importantes de todos eran los que tenían carácter recopilativo, como
el collectarium que, siguiendo el calendario cisterciense, ordenaba las oraciones,
lecturas e himnos de todo el año con su correspondiente notación musical, y los
referentes a la celebración de la misa y administración de los sacramentos que to-
do monasterio que se preciara debía tener17. Los ejemplares de los monasterios
cistercienses navarros, que debieron ser magníficos a tenor de los folios conser-
vados, permiten hacerse una idea de lo que debió ser su patrimonio librario. Del
periodo medieval desgraciadamente no se conserva completo sino el ejemplar del
monasterio de Fitero, sobre la celebración de la misa y administración de sacra-
14 El texto de los Ecclesiastica Officia debió quedar fijado hacia 1135. Se conserva en una copia
manuscrita de la Biblioteca municipal de Trento, fechada en 1711. Los capítulos 1-52 organi-
zan el año litúrgico con sus tiempos y fiestas; los capítulos 53-67 el rito de la Misa cistercien-
se (conventual y privada); capítulos 68-84 la ordenación del día cisterciense desde las vigilias
a las completas; capítulos 185-102 los ritos monásticos; capítulos 103-120 con los oficios y ser-
vicios monásticos, (entre ellos el de maestro de novicios y cantor); capítulo 121 (bendición de
la mesa).
15 Así lo establece la Charta caritatis y las decisiones del Capítulo General de la Orden, que die-
ron como resultado la fijación del modelo oficial de liturgia entre 1173-1191, como se aprecia
en el ms. 114 de la Biblioteca municipal de Dijon, conocido como manuscrito tipo.
16 Según el Breviario de los tiempos de S. Esteban de Harding allá por el s. XII (una copia fue
encontrada en Berlín durante la segunda guerra mundial), el número de fiestas con oficio pro-
pio era bajo en comparación con la liturgia benedictina. Solo 57 a lo largo del año, que se ce-
lebraban al estilo de los domingos con doce lecciones, la mayoría para el oficio de los após-
toles, cuatro de la Virgen y 27 del Santoral incluyendo en él a los santos fundadores de la orden.
17 Puede verse el listado de dichas obras en el f. 1v del códice 114 de Dijon: Hec sunt que in hoc
volumine continentur: Breviarium pars prima (breviarium vel dominicale ab Adventu usque ad
Pascam); Breviarium pars secunda (idem a Pascha usque ad Adventum); Breviarium pars ter-
cia (in natalitiis Sanctorum per totum annum); Epistolare; Textus evangeliorum; Missale; Co-
llectaneum; Kalendarium; Regula; Consuetudines; Psalterium; Cantica de privatis dominicis
et festis diebus; Hymnarium; Antiphonarium cum sua prefatione; Gradale (sic) cum sua pre-
fatione. Vid. YOLANDA ZALUSKA, L´Enluminure et le Scriptorium de Cîteaux au XIIe siècle,
Cîteaux 1989, planche CXXIX.
188 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
mentos. Lo extraordinario de este manuscrito es que es uno de los más antiguos
conservados en España18. Las vicisitudes históricas que afectaron a los monaste-
rios navarros (esplendor en el s. XIII, dificultades a partir del XIV, reformas en el
s. XVI), explican el estado de las fuentes litúrgicas cistercienses en este territorio,
apreciándose un periodo de elaboración de libros centrado especialmente en el s.
XIII, y de destrucción y reutilización de sus folios para otros usos conforme avan-
za el s. XVII, y se ejecuta todo un nuevo programa de confección de cantorales y
libros litúrgicos según el uso romano19.
Rastreando los restos del patrimonio litúrgico cisterciense navarro, he encon-
trado algunos folios sueltos (membra disiecta) de los primitivos códices litúrgicos,
de los que presento una selección en esta ponencia. Resultan especialmente intere-
santes los del monasterio de La Oliva del que han llegado algunas muestras de có-
dices que debieron venir de Francia con los monjes fundadores. Se trata de frag-
mentos de un collectarium que conmemora las fiestas solemnes del santoral
cisterciense (expresado con la abreviatura co, como que significaba conmemoratio),
según las horas del oficio diurno y nocturno. Hay un oficiante principal (identifica-
do por la abreviatura pbr o presbiter) que alterna con el coro (collecta). El número
de fiestas con sermón (homilía), y el de celebraciones con dos misas que conme-
moraban determinadas festividades, especialmente de la Virgen, fue aumentando
conforme avanzaba la Edad Media. La Orden siguiendo sus pautas de austeridad no
incluyó en su santoral a San Bernardo hasta su canonización en 1174, y San Ro-
berto en 1222, mientras que otros santos fundadores (San Esteban Harding, San Al-
berico) tuvieron que esperar a los siglos XVII y XVIII para entrar en el santoral.
Los folios de La Oliva están trufados de antífonas, salmos, hymnos, sermo-
nes que debían cantarse en salmodia coral de tipo antifónico (vid. imagen 1). La
secuencia se establece con rúbricas abreviadas, con las siglas A(ntifona), R(es-
ponsorium), o la abreviatura suspensiva Hymn(a). A lo largo del texto se aprecian
18 Desafortunadamente por culpa de la Desamortización se desmembraron las bibliotecas cister-
cienses hispanas. Las únicas conservadas más o menos completas son las de los monasterios
de Santes Creus (hoy en la Biblioteca Pública de Tarragona) y Sta. María de Huerta (hoy en la
Biblioteca Pública de Soria). Ambas fueron estudiadas por JESÚS DOMÍNGUEZ BORDONA, El es-
critorio..., y TIMOTEO ROJO, La biblioteca del arzobispo Don Rodrigo Jiménez de Rada y los
manuscritos del monasterio de Santa María de Huerta: Revista eclesiástica, 1, 1929, pp. 196-
219. Los manuscritos de ambas bibliotecas son consultables a través de la Biblioteca Virtual
del Patrimonio Bibliográfico Español.
19 Aunque la Orden no renunció a su propia liturgia, el abad general Claude Vaussin (+1670) lle-
ga a una solución de compromiso, editándose el Breviarium cisterciense juxta Romanum (1656)
o el Missale cisterciensi iusta novissimam Romani recognitum correctionem (1657). Los mo-
nasterios navarros más ricos (La Oliva y Fitero) fueron elaborando nuevos cantorales en el s.
XVII.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 189
Imagen 1.
190 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
una serie de signos de puntuación que tienen como objetivo señalar la correcta
entonación del recitado coral. Dichos signos pueden ser de tipo conclusivo, sus-
pensivo o interrogativo, y se usaron desde la más remota antigüedad en la música
monódica, pasando con el tiempo a incorporarse a otro tipo de textos, ya con el
sentido de verdaderos signos de puntuación. En origen sirvieron para enseñar la
pronunciación correcta de la lengua latina (la dictio), a la que seguía el aprendi-
zaje de la entonación (la lectio) o lectura cantada según principios y reglas estric-
tas, que se estructuraron en el renacimiento carolingio20. El Antifonario revisado
en tiempo de San Bernardo y aprobado hacia 1147 utilizaba una notación musi-
cal que ponía énfasis en la unidad modal de las melodías, excluyendo los modos
auténtico y plagal. Según las disposiciones de San Bernardo (que los musicólogos
consideran fueron en detrimento del valor artístico), ninguna melodía debía exce-
der el intervalo de una décima, se excluían los bemoles, no había repeticiones ni
en el texto ni en la melodía, se simplificaban las frases exuberantes especialmen-
te en los aleluyas. Se prohibían asímismo las voces aflautadas y los efectos tea-
trales del falsete. Sobre la interpretación musical de dichas obras, resulta de gran
interés la consulta de trabajos especializados en musicología21.
En gran formato in folio, estas piezas tienen huellas de la preparación de la
página, con el picado del punctorium en los márgenes interiores (el correspon-
diente a los márgenes externos ha desaparecido al cortar los cuadernillos para la
encuadernación), y pautado a mina de plomo en dos columnas, con doble línea en
el sector lateral izquierdo para situar las mayúsculas. Alternancia de tinta de co-
lor sepia para los textos, y rúbricas para los títulos de las lectiones, sermones, him-
nos, antífonas, que dan la pauta visual de la participación del cantor y el coro en
las distintas fases de la liturgia del Oficio divino. Distinto tamaño de una escritu-
ra gótica incipiente, de módulo más alto para la parte correspondiente al solista y
módulo más proporcionado y tamaño más pequeño para la correspondiente al con-
vento. Dos tipos de mayúsculas, uno basado en la escritura uncial con una deco-
ración en palmetas y róleos típica del estilo cisterciense, e iniciales historiadas de
tipo zoomorfo en las que animales reales y fantásticos metarmofosean sus extre-
midades en ranúnculos y hojas de vid (vid. imagen 2). Los colores amarillos y en
20 La famosa capitular de Carlomagno del 789, que establecía el plan de estudios de las escuelas
monásticas y episcopales, en la que a los niños aspirantes a clérigos se les debían enseñar los
salmos, el solfeo (la notación), el canto, el cómputo y la gramática, Vid, Monumenta Germa-
niae Historica, Capitularia regum francorum, t. 1, p. 60. Y sobre este tema con mayor ampli-
tud el artículo de JACQUES VIRET, (del Institut de Musicologie de Strasbourg), L´enseignement
musical au Moyen Age: Chant Floral, 45, año 1985.
21 JACQUES VIRET, La modelité grégorienne. Un langage pour quel message?, Lyon 1996 (2ª edic);
y Le chant grégorienne et la tradition grégorienne, 2001.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 191
Imagen 2.
192 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
especial los rojo-anaranjados y azules violáceos utilizados como relleno en la ilu-
minación son típicos de los scriptoria cistercienses22.
Estos modelos decorativos franceses serán imitados por el scriptorium oliva-
rense en otros manuscritos elaborados en el s. XIII, aunque en un estilo más ru-
dimentario. El tipo gráfico empleado para el texto de dichos manuscritos, que si-
guen utilizando la disposición a doble columna en el formato in folio, utiliza con
preferencia la escritura gótica formata convertida en la escritura clásica de códi-
ces en esa centuria. En el s. XIV esta gótica formata se agrandará, trazándose a lí-
nea tirada en manuscrito de formato in 4º, utilizando como ilustración mayúscu-
las de tradición uncial, aunque de módulo alargado, decoradas con filigrana y
pedúnculos de tallos de hiedra tan típicos de los manuscritos de la época.
Del monasterio de Fitero nos ha llegado el ejemplar completo de un misal-
sacramental del s. XIII23, cuyos cuadernillos han sido preparados dejando huellas
de las picaduras en algunos márgenes laterales (interior y exterior), y del pautado
a mina de plomo con doble línea en el exterior preparada para el sangrado de las
mayúsculas. El plan inicial de preparación de los folios nada tuvo que ver con los
resultados finales, puesto que se siguieron unas pautas decorativas más lujosas de
lo previsto inicialmente. Se utilizaron dos tipos de mayúsculas, uno de tradición
uncial, monócroma, con las clásicas palmetas cistercienses rubricadas en la mis-
ma tinta que el trazado básico de la letra (en ocasiones excepcionales bicolor al-
ternando el rojo y azul). Y otra con iniciales historiadas, en la que las grandes ma-
yúsculas de tradición uncial con terminaciones vegetales de estilo cisterciense,
aparecen enmarcadas, desarrollándose en su interior diversas escenas de la vida de
Cristo y la Virgen (vid. imagen 3). La coloración delimita los distintos espacios (las
mayúsculas en un verde óxido de cobre, separan el marco, decorado en rojo ana-
ranjado y azul, de las escenas de trazado tosco pero de gran expresividad). Otros
tonos como el amarillo pálido sirven para los nimbos de las figuras sagradas, el
óxido de plomo para la vestimenta de los personajes, en especial los monjes del
Císter, y excepcionalmente el rosa pálido para las túnicas y mantos de Jesús y la
Virgen24.
22 AGN, Clero, La Oliva, caj. 33910, nº 33 a y b.
23 AGN, Códices litúrgicos, K 6.
24 Los colores y pigmentos utilizados en la miniatura de la alta y plena Edad Media se conocían
desde la antigüedad. Recogidos por los scriptoria de las Islas Británicas, que toman como mo-
delo los códices llevados por S. Agustín de Canterbury en el momento de la cristianización, pa-
sarán al continente con monjes de origen inglés como Esteban de Harding que tan gran papel
jugaron en los comienzos del Císter (ZALUSKA en su trabajo sobre la miniatura de los códices
cistercienses ya citado, habla en pp. 78-82 de esta relación con Inglaterra, en especial con la
escuela de Canterbury).
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 193
Imagen 3.
194 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
No cabe duda de que también en Fitero conocían los pigmentos empleados
en la decoración cisterciense, aunque la ejecución del manuscrito no alcance la
elegancia de las iniciales historiadas de los manuscritos franceses25. Dichos
pigmentos no son otros sino el minio (óxido de plomo, que da un rojo berme-
llón de tonalidad anaranjada), la caparrosa (sulfato de cobre) para el azul vio-
láceo, el albayalde (carbonato de plomo) para el blanco, oropimente o arséni-
co amarillo para esta tonalidad, y el cardenillo (óxido de cobre) para el verde26.
Nada que objetar sobre la calidad de la escritura, que utiliza la gótica formata
a línea seguida, como es habitual en los códices de formato mediano (equiva-
lente a lo que sería un in-4º en el libro impreso). El texto, de una gran viveza,
diferencia las distintas partes de la misa por medio de rúbricas que ayudan vi-
sualmente al celebrante principal, y tienden a ejecutarse en una escritura de
módulo más proporcionado, ensanchando ligeramente la anchura de la caja de
escritura con lo que se obtiene un efecto de mayor holgura, mientras que las res-
puestas de los concelebrantes que están escritas en tinta de color sepia, tienden
a reducir dicha proporción, produciendo el efecto visual de una escritura más
apretada (vid. imagen 4).
El esplendor cisterciense contrasta con la decadencia benedictina. Los mo-
nasterios benedictinos navarros (el antiquísimo de Leire fundado en el s. IX y el
de Irache fundado en el s. X) están en franca decadencia a mediados del s. XIII.
La disputa entre benedictinos y cistercienses afectará a Leire entre 1236 y 1312,
cambiando definitivamente en esa fecha la comunidad legerense a la Orden del
Císter27. A partir de aquí la misma dinámica histórica que afecta a las restantes
comunidades monásticas (peste negra, guerra civil de fines del XV), con los con-
siguientes efectos negativos para la actividad del scriptorium. Ello explicaría la
simplicidad de los manuscritos de estos monasterios, de los que hemos encontra-
do ejemplares del s. XIII (probablemente de mediados de siglo), en una gótica de-
rivada de la textualis, sin llegar a la pureza de trazado y proporciones modula-
res de la gótica formata. Son ejemplos de ello tanto el Becerro de Irache28, como
25 Las compilaciones sobre la forma de preparar los pigmentos y de trabajar sobre lo que en el
mundo del arte se conocen como artes decorativas, se remontan al Mappae Clavicula del s. X,
y sobre todo la Schedula diversarum artium (pintura, trabajo del vidrio, orfebrería), atribuído
al monje Teófilo, en realidad pseudónimo bizantinizante de Rugerus, que trabajó hacia 1120
para el monasterio benedictino de Helmarshausen de Sajonia). Vid. CLAUDE MEDIAVILLA, Ca-
ligrafía. Valencia 2005, pp. 50-51.
26 MEDIAVILLA, obra citada, pp. 54-63.
27 LUIS JAVIER FORTÚN PÉREZ DE CIRIZA, Leire, un señorío monástico en Navarra (s. IX-XIX).
Pamplona 1994.
28 AGN, Cartularios, D, Becerro de Irache.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 195
Imagen 4.
196 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
el Leccionario de Leire (vid. imagen 5)29, y otros fragmentos de Leire30, en una
sencilla gótica que todavía no ha evolucionado hacia el tipo gótica formata, con
un estilo decorativo limitado a las iniciales rubricadas.
2. Los notarios
La institución notarial se va consolidando desde finales del s. XII ligada al cre-
cimiento de las comunidades urbanas, con la llegada de francos que fundan nuevos
burgos e imprimen a las ciudades y villas una nueva dinámica social y económica. El
proceso apoyado por la monarquía tiene la finalidad de impulsar la repoblación, atra-
yendo a gentes del otro lado de Pirineo con el incentivo de nuevos Fueros que otor-
gan a las comunidades un nuevo marco legal para la vida ciudadana y las actividades
económicas de sus habitantes. En dichos Fueros el monarca otorga privilegio para el
nombramiento por parte de la ciudad o villa de notarios concejiles, muchos de los cua-
les son de la misma procedencia que sus vecinos ultramontanos y escriben en la mis-
ma lengua que sus convecinos (la lengua occitana)31. La expansión del notariado es
notable a partir del s. XIII, y como en otras partes de Europa pueden distinguirse en
Navarra varios tipos de notarios, en función de la autoridad que les ha investido pa-
ra ejercer su actividad. Hay notarios eclesiásticos que actúan en su correspondiente
ámbito, generalmente al servicio de la curia episcopal. Hay notarios reales cuyo ám-
bito de actuación es el reino. Hay por último notarios municipales según lo reseñado
en los Fueros, que actúan en su correspondiente municipio.
Con la llegada de las dinastías francesas (en especial la casa real de Francia
a fines del s. XIII y la casa condal de Evreux ya en el primer cuarto de s. XIV),
hay un intento por la Corona de poner orden entre el excesivo número de notarios
existentes. Por una parte se controla la capacidad de los municipios de nombrar no-
tarios (aunque se respeten las prerrogativas forales en las localidades que tienen
privilegio de nombramiento de notarios; no volverá a otorgarse este tipo de con-
cesión para las localidades de nueva fundación), procurándose en todo caso que
la actividad notarial sea ejercida por notarios reales, o, lo que es igual, notarios que
han pasado examen ante la máxima autoridad administrativa del territorio. En
1317 Felipe el Largo, rey de Francia y de Navarra, concedió a Pedro Beltrán, can-
ciller del reino, la facultad de instituir y destituir notarios en Navarra32. A media-
29 AGN, Códices litúrgicos, K 1. Ms. del XIII con adiciones del s. XIV. Adquirido por la Dipu-
tación Foral de Navarra a los herederos de Mr. V. Dubarat que se había hecho con él en el s.
XIX.
30 AGN, Clero, caj. 33947, leg. nº 50; caj. 33948, leg. nº 102.
31 SANTOS GARCÍA LARRAGUETA, Documentos navarros en lengua occitana. San Sebastián 1990.
32 AGN, Comptos, caj. 5, nº 81.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 197
Imagen 5.
198 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
dos del s. XIV se busca la concordia entre los derechos reales y los de las buenas
villas en el ejercicio de la función notarial. Carlos II el Malo ratifica en abril de
1355 la facultad que las buenas villas tenían para crear notarios, pero introduce las
escribanías del sello real en las ciudades y buenas villas de Navarra con una cla-
ra intención de controlar los aspectos fiscales del tema. A partir de entonces, y al
menos en el reinado de este monarca (hasta 1387), todo documento notarial debía
llevar, además de la suscripción del notario, la anotación de haber pagado la tasa
del sello real instituído en las ciudades y buenas villas de Navarra33.
Localidades como Tudela, Estella y Pamplona conservan documentos no-
tariales medievales bien en forma de registro o como documentación suelta en
los fondos históricos de sus archivos municipales. Estella conserva incluso un
documentro de 1407 emitido por Carlos III el Noble34, que fija un arancel so-
bre lo que debían cobrar el alcalde, notario y preboste de la ciudad por la ac-
tuación en asuntos de su competencia. Hay documentos notariales en archivos
monásticos y parroquiales, pero se ha perdido la secuencia del oficio notarial
y los protocolos elaborados a lo largo de la Edad Media. Y es que las disposi-
ciones tomadas sobre la conservación de los registros notariales tuvieron poco
éxito, especialmente porque la guerra civil de la segunda mitad del s. XV alte-
ró las previsiones de conservación de la documentación y, salvo excepciones,
hay que lamentar la desaparición de gran parte de la documentación notarial
medieval navarra. Desde la Baja Edad Media se constata la estrecha relación en-
tre el notario, sus clientes y la localidad donde residían. Las alteraciones deri-
vadas de la guerra civil provocan el desplazamiento de los notarios como el de
otros vecinos, hacia lugares más seguros y amurallados. Al calmarse la situa-
ción muchas villas y valles que se habían quedado sin notario solicitan al rey
el regreso de dichos notarios o de quienes les sucedieran en la escribanía, tra-
yéndose con ellos los registros notariales desplazados35.
33 SANTOS GARCÍA LARRAGUETA, M. ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO, Las cancillerías y el docu-
mento regio navarro. Estado de la cuestión: Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura,
58, Julio Sepbre 1982, pp. 395-469, y concretamente por lo que respecta a esta nota, pp. 451-
452.
34 AME, Fondos Especiales, nº 29.
35 Así el valle de la Valdorba, próximo a Tafalla, solicita a Juan I en 1464, la vuelta del notario
Martín Xeméniz que tenia muchos e diversos registros, cartas e documentos muy antiguos e
inveterados tocantes a la cosa publica e utilidad comun de los sobredichos valles e casas e pa-
lacios de particulares fijosdalgo de aquellas, pervenidos en el por muerte de notarios antigos
... El rey responde, por quanto en los dichos registros son e deven ser muchas cartas, docu-
mentos y escripturas fezientes al interese e utilidat comun de los pueblos...que por procurar
mi servicio han seydo destruydos y en mucha miseria e pobredat devenidos, queremos, otor-
gamos, concedemos e damos el present privilegio e libertat perpetualmente...que todos los re-
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 199
En cuanto a los notarios señoriales, no se constata en Navarra su existencia
salvo en algunos monasterios cistercienses como de La Oliva o Fitero, cuyos aba-
des como señores de Carcastillo y Fitero respectivamente tenían facultad de nom-
bramiento de alcalde, notario y de otorgamiento de fuero concejil36. Desconoce-
mos en qué momento fueron precisándose estos derechos señoriales en ambos
monasterios, que no estaban tan aquilatados en los tiempos en que el Císter se ins-
taló en terrenos donados por los reyes de Navarra y Castilla37. Casi al mismo tiem-
po consiguieron la protección pontificia, recibiendo La Oliva en 1132 el privile-
gio general otorgado a la orden cisterciense por el que se les declara exentos de la
jurisdicción episcopal, y a Fitero mucho más tarde, al igual que a los restantes
monasterios del Císter navarro, lo que hace que sus abades tengan la categoría de
abades mitrados con privilegio de usar anillo y báculo.
Casi todos los documentos en los que el abad y el convento de los monaste-
rios cistercienses realizan cualquier tipo de contrato con agentes exteriores, serán
escritos desde el s. XIII por escribanos públicos avecindados en localidades veci-
nas. Es la forma de que adquieran la categoría de documentos públicos con capa-
cidad de servir de prueba en los tribunales reales, a los que necesitan acudir fre-
cuentemente para defender sus intereses. Parece que en la 2ª mitad del s. XV tanto
La Oliva como Fitero obtuvieron del rey la facultad de nombrar sus propios nota-
rios. A mediados del s. XVI, ya bajo la adminsitración castellana, se puso orden
delimitando prerrogativas reales y señoriales sobre este punto, ordenándose que el
abad eligiera notario entre los escribanos reales que previamente habían demos-
trado su cualificación superando el examen correspondiente ante el Consejo de
gistros del dicho Martin Xemeniz ...e de los otros notarios deffunctos de la dicha Valdorba que
pervenieron en el dicho Martin...no salgan ni salir puedan de la dicha Valldorba e Vall de Le-
oz ...(AGN, Comptos, Papeles sueltos, leg. 145, nº 2). Integrado como prueba documental en
un proceso fiscal de 1713 a la llegada de los Borbones (lo que se conoce como Valimiento, o
estimación económica de lo que debían pagar las villas y particulares por mantener vigentes
los privilegios otorgados por la monarquía navarra a lo largo de los siglos).
36 Datos que hemos encontrado ya en documentación del s. XVI: 1566 Junio 22 Pamplona. Nom-
bramiento por parte del abad de La Oliva de escribano real de la villa de Carcastillo en la per-
sona de Esteban de Armendáriz, que ya ejercía como notario en tiempo de los abades prede-
cesores. Dicha carta redactada por el notario referido, va suscrita por el abad Miguel de Goñi,
y lleva asímismo el sello abacial (AGN, Clero, La Oliva, caj. 33911). En lo que respecta a Fi-
tero, hay datos sobre las competencias señoriales de su abad desde fines del s. XV.
37 En el caso de La Oliva por García Ramírez el Restaurador, aunque pronto contó con otras do-
naciones de los condes de Barcelona y reyes de Aragón. Vid. JOSÉ ANTONIO MUNITA LOINAZ,
Regesta documental del monasterio de La Oliva (1132-1562): Príncipe de Viana, 205, 1995,
pp. 343-483. Fitero fue beneficiada por los reyes de Castilla, desde Alfonso VII el Emperador
y sus sucesores, y también por los reyes de Navarra. Vid. CRISTINA MONTERDE ALBIAC, Colec-
ción diplomática ....
200 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Navarra38. Con todo no debía ser un oficio muy apetecido, pues aunque tenía asig-
nado un salario que se cobraba en especie, como se detalla en los libros de fábri-
ca de ambos monasterios, los emolumentos eran escasos lo que provocaba que a
la menor oportunidad estos notarios se trasladasen a otras localidades en las que
había más posibilidades de trabajo.
Puede decirse que todo documento monástico que tuviera que dar fé pública
fue escrito por escribano público, que también redactaba los referentes a la go-
bernación del señorío abacial y al ejercicio de la jurisdicción civil, y con el tiem-
po criminal, del abad con sus vasallos. Otra cosa era la vida interna de los mo-
nasterios, en la que tanto la elaboración de los libros litúrgicos como los
administrativos sobre gestión de rentas y propiedades fueron realizados por mon-
jes expertos en el arte de la escritura, probablemente seleccionados entre los me-
jor dotados para ello. Teniendo en cuenta que no se admitía en el noviciado a na-
die que no fuera medianamente letrado, por entenderse que era necesario una cierto
conocimiento de la lectura y escritura para desarrollar la vida conventual y con-
feccionar los libros necesarios para la lectio divina, cabe pensar que los monjes
destacados en las artes escripturarias fueron quienes elaboraron los manuscritos de
los que una pequeña muestra han llegado hasta la actualidad.
El resto de los señoríos eclesiásticos navarros no tuvieron facultad de nombra-
miento de notarios y hubieron de servirse de los notarios públicos de las comuni-
dades próximas para emitir documentos fehacientes. Es curioso el caso del podero-
so priorato de la orden militar de San Juan de Jerusalén que, teniendo sus propios
escribas para la documentación referente al gobierno y administración de sus enco-
miendas, precisaba sacar traslado ante notario público o ante la propia cancillería re-
al cada vez que tenía que presentar algún documento como prueba39. Otro tanto el
hospital y colegiata de canónigos regulares de Roncesvalles. En cuanto a los seño-
ríos laicos, la mayoría de ellos surgidos a partir de la segunda mitad del s. XV, no
pasaron del ejercicio de la jurisdicción civil mediana y baja y tuvieron que servirse
de las escribanías públicas cercanas a sus dominios señoriales. Desgraciadamente se
han perdido la mayoría de los protocolos notariales medievales, en parte por la gue-
rra civil de la segunda mitad del s. XV, pero también porque, a pesar de que la au-
toridad real intentó proteger dichos libros a la muerte del notario que los redactó,
concediendo la posesión de sus protocolos a quienes le sucedieron en el oficio, la
movilidad profesional hizo que, al no llevarse registro de dichos traspasos, con el pa-
so de tiempo se perdiera la memoria de los notarios que los tuvieron.
38 AGN, Clero, Fitero, caja 33840 (ant. sign. clase 1ª faxo 12, nº 2).
39 CONSUELO GUTIÉRREZ DEL ARROYO, Catálogo de la documentación navarra de la Orden de
San Juan de Jerusalén en el Archivo Histórico Nacional. S. XII-XIX. Pamplona 1992 (reedi-
ción).
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 201
Es en la documentación de estos escribanos o notarios públicos y jurados de
los diversos concejos en la que se observa mejor la evolución de la escritura góti-
ca documental. A diferencia de la libraria, la escritura documental no tiene por
qué someterse a criterios estéticos que definan el módulo y proporciones de la es-
critura en relación con la disposición del texto (a columna tendida en los in-4º, a
dos columnas sobre todo en los in-folio), ni utiliza márgenes (salvo en la docu-
mentación de la administración real), sino que aprovecha al máximo el soporte de
escritura, cuyo tamaño por otra parte se adapta a la extensión del texto (piezas
grandes o pequeñas de pergamino según el caso). Tampoco debe dejarse de lado
el tipo de soporte empleado, pues, mientras los protocolos notariales utilizan el
pliego de papel, la documentación entregada al que requiere al notario para que le
redacte un documento se expide en pergamino. Por tanto la escritura notarial uti-
liza al máximo el espacio, sin más cuidado en la preparación del soporte que el ali-
neado regular de lo que será la parte inferior de la caja de escritura.
La proporción entre la caja y los astiles se decanta a favor del alargamiento
de estos últimos, equilibrando la perspectiva vertical con la exagerada tendencia
a la horizontalidad tanto del signo general de abreviación, situado en la parte su-
perior de la palabra abreviada, como de los trazos inicial y final de la s y 3º de la
g que no forma ojo. El tratamiento anguloso del trazado especialmente en m y n,
y las vocales, junto con la duplicación de primer trazo en las mayúsculas y de al-
gunas consonantes como la s larga en interior de palabra, son los elementos que
definen esta escritura notarial, de una gran sencillez y al mismo tiempo de una
gran efectividad. Al acercarnos o transitar el s. XIV, se manifiestan algunos indi-
cios de cursividad en los astiles (ojo formado por el último trazo de la d de astil
inclinado, arranques en curvatura de los astiles de la parte superior de la caja, alar-
gamiento en pequeña curvatura hacia la izda. de los astiles inferiores), que apor-
tan a la escritura un aspecto más redondeado (vid. imágenes 6, 7 y 8).
3. La documentación de la administración real
Se encuentra recogida de forma sistemática en los llamados registros de
Comptos, que en realidad contienen datos sobre la gestión de las instituciones
medievales (tribunales de la Corte y Consejo, asamblea de Cortes), obras y gas-
tos de la casa real, gastos militares, etc. De todos ellos se daba cuenta ante la
Cámara de Comptos, en París durante el gobierno de la casa real de Francia y
en Navarra a partir de 1329, cuando cambía la dinastía reinante con la llegada
de la casa de Evreux, además la documentación de la gestión contable, órdenes
de pago y recibos de cobro (que también se denominan cédulas y albaranes), los
cuales debían acompañar a los registros sobre la administración de las rentas rea-
202 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Imagen 6.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 203
Imagen 7.
Imagen 8.
204 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
les y gastos con cargo a ellas, de todo lo cual debían rendirse cuentas ante la Cá-
mara de Comptos.
El personal administrativo de las instituciones públicas navarras bajomedievales
está formado por lo más selecto de la institución notarial (los notarios de la Cort, los
secretarios del Consejo), además de los secretarios reales que van apareciendo a lo
largo de la segunda mitad del s. XIV. Desde el primer cuarto del s. XIV, los notarios
de la Cort mayor constituyen la élite de los escribanos al servicio de la administra-
ción regia. En su mayoría son clérigos, con formación universitaria en Derecho civil
y canónico en el caso de los que hacen carrera como abogados, procuradores o jue-
ces40. Aunque tampoco hay que descartar que llegaran a tener dicha responsabilidad
algunos de los que comenzaron como notarios. La mayoría de los que se ocuparon
de las tareas de escritura entraron en contacto con las instituciones judiciales como
notarios sin gages, algo así como escribanos en prácticas, que tuvieron que esperar
su oportunidad para convertirse en funcionarios de plantilla, ocupando los huecos
dejados por fallecimiento de los titulares de las escribanías41.
Las primeras disposiciones conservadas sobre el funcionamiento del Consejo y
Cort son de la casa Evreux. De 21 de noviembre de 1356, Olite, son las primeras or-
denanzas emitidas por el infante Luis, hermano y lugarteniente de Carlos II el Ma-
lo42. Una reforma posterior de la Cámara de Comptos, Consejo y Corte mayor fue em-
prendida por Carlos II en 136243. En el reinado siguiente Carlos III el Noble emitió
en Olite el 1 de junio de 1413, una ordenanza sobre el funcionamiento del Consejo
y Corte mayor44, seguida de otras ordenanzas en el reinado de Juan II de Aragón y I
de Navarra de 1462 y 147745. La élite de los notarios (notarios de la Cort, secretarios
del Consejo, secretarios reales), se va distanciando del resto de los notarios del rei-
no. De origen navarro unos, o procedentes de los dominios de la casa real navarra en
Francia otros, son seleccionados por sus cualidades como calígrafos, destacando en
40 JOSÉ GOÑI GAZTAMBIDE, La formación intelectual de los navarros en la Edad Media: Estudios
de Edad Media de la Corona de Aragón, 10, 1975, pp. 88-161.
41 M. ISABEL OSTOLAZA ELZONDO, El tribunal de la Cort de Navarra durante el s. XIV (1329-
1387: Príncipe de Viana, 178, 1986, pp. 485-556.
42 AGN, Comptos, caj. 28, nº 70, I.
43 AGN, Comptos, caj. 14, nº 87, III. En ella se indica la voluntad real de destituir a todos los ti-
tulares de los oficios hasta terminar la reforma de los órganos de gobierno y administración.
Cosa a todas luces imposible, pues hubiera supuesto la paralización de la administración, pe-
ro que proclama las prerrogativas reales frente a lo que llamaríamos derechos adquiridos del
funcionariado.
44 Se conserva como referencia en la reorganización de las instituciones tras la conquista e in-
corporación de Navarra a Castilla. Vid. Ordenanzas del Consejo real del Reyno de Navarra.
Pamplona 1622, libro 5, pp. 497-507.
45 AGN, Comptos, caj. 159, nº 21, y caj. 162, nº 55.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 205
Imagen 9.
206 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
el arte escripturario como conocedores de los tipos de escritura gótica habituales en
la baja Edad Media (gótica textualis, formata, bastarda, gótica con influencias de la
humanística cursiva ya avanzado el s. XV).
Podríamos establecer una secuencia cronológica del uso de los diversos tipos
de escritura gótica desde el s. XIV hasta comienzos del s. XVI. Seguimos para la
identificación de la tipología, la nomenclatura utilizada por Crous y Kirchner46
-Casa real de Francia (último tercio del XIII hasta 1329): Littera textualis for-
mata de módulo agrandado en la verticalidad para los epígrafes, y littera textua-
lis de tamaño más pequeño en el texto de los registros de Comptos (vid. imagen
9)47. En cuanto a la cancillería, teniendo en cuenta que estamos hablando de la re-
al francesa, pues desde allí se emitían los documentos para Navarra, ya desde co-
mienzos del XIV se aprecia una incipiente gótica bastarda, sin la pesadez que ad-
quirirá en años posteriores (vid. imagen 9)48.
Casa de Evreux (1329-1441): Se inicia con Juana II y Felipe III de Evreux
(1329-1343): Textualis formata para los epígrafes que señalan los diversos párra-
fos en que se dividen los registros de Comptos; textualis adaptada a los usos can-
cillerescos (con mayor alargamiento de los astiles) en el resto del texto (vid. ima-
gen 10)49.
Carlos II el Malo (1349-1387): Littera de textura para los epígrafes de los re-
gistros de Comptos, con decoración de las iniciales, realzándose la descomposi-
ción poligonal del trazado por el exagerado tamaño de las letras, que, cumplien-
do el objetivo de facilitar la localización de las materias a través de los títulos,
logran efectos de gran artificio50. El nuevo modelo de littera bastarda (forma in-
termedia entre la gótica de textura y la cursiva) que surge a mediados del s. XIV
entre el norte de Francia y los Países Bajos, se introduce rápidamente en Navarra,
tanto para el texto de los registros de Comptos (vid. imagen 11)51, como para la do-
cumentación real que va utilizando una bastarda cada vez más cursivizada52.
46 ERNST CROUS, JOACHIM KIRCHNER, Die gotische schriftarten, Leipzig 1928. Descartamos otras
denominaciones como la del famoso cartel de Hermann Strepel, calígrafo de Münster, datado
en 1447 (Bibl. Real de La Haya, ms. 76 D 45, 4 B), pues no hacen sino complicar la nomen-
clatura, que por otra parte no se corresponde en todos los casos con los modelos expuestos
(los llamados por Strepel textus rotundus y semiquadratus poco tienen que ver con la caligra-
fía representada). De nuevo JOACHIM KIRCHNER, Scriptura gothica libraria a saeculo XII us-
que ad finem Medii Aevi, Munich-Viena 1966.
47 AGN, Comptos, Registro 2, año 1279.
48 AGN, Clero, Leire, carp. 229.
49 AGN, Comptos, Registro 22, año 1328; Registro 53, año 1345.
50 AGN, Comptos, Registro 145, año 1372; Registro 174, año 1382.
51 AGN, Comptos, Registro 65, año 1351, Registro 86, año 1358.
52 AGN, Comptos, recibos integrados en registros de cuentas, año 1358.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 207
Imagen 10.
Imagen 11.
208 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Carlos III el Noble (1387-1425): Gótica de textura en los epígrafes de los re-
gistros de Comptos, con imaginación desbordante en las iniciales que representan
animales fantásticos, signos heráldicos, ilustraciones de la realidad (probable-
mente retratos de personajes de la corte). Se lleva hasta sus últimas consecuencias
la fractura del trazado, hasta el punto de que las palabras parecen ejecutadas con
cintas o filacterias. Ya en esta etapa parece haber una participación de los secreta-
rios reales (unos franceses y otros navarros) en la redacción de estos maravillosos
ejemplares de los registros de Comptos53. Entre ellos Jean de L’Escluse cuya es-
critura (gótica de textura en los epígrafes, y gótica bastarda en el texto) es de una
fantasía desbordante en las mayúsculas. En cuanto a las minúsculas, nada tiene que
envidiar a la empleada por otros secretarios reales de cortes del occidente de Eu-
ropa, como Thomas Hoccleve, clérigo guardasellos de la cancillería inglesa, au-
tor de la Balada al duque de York54.
La bastarda navarra no desmerece en nada de la empleada en las cortes rea-
les y ducales de la órbita cultural francesa (no hay que olvidar que es el periodo
en el que gran parte del territorio noroeste de Francia estaba en manos de Ingla-
terra, y el ducado de Borgoña servía para dotar a los segundones de la casa real
francesa). Esta escritura será conocida como court hand o escritura cortesana em-
pleada en Inglaterra, Borgoña y Francia55. El origen de esta escritura cortesana
parece situarse al norte de Francia, en la segunda mitad del s. XIV, y, si nos ate-
nemos a los criterios de Stiennon, es una plasmación de los gustos estéticos que
dieron lugar en arquitectura a la aparición del gótico flamígero56. Llegará a Nava-
rra en los últimos años del reinado de Carlos II y alcanza su plenitud en el de Car-
los III ya en el s. XV. Su incorporación a los usos de la administración del reino
no tiene nada de particular, puesto que los monarcas navarros estaban en contac-
to con la corte francesa, como parientes que eran de los reyes de Francia de la di-
nastía Valois.
La escritura gótica bastarda es la adecuada al estilo de vida de la corte nava-
rra en su periodo más esplendoroso en que se construyen los nuevos palacios de
Tafalla y Olite. Sin duda Jean de L’Escluse es el calígrafo más excelso, aunque
otros secretarios de origen navarro como Sancho de Oteiza57 o Sancho de Itúrbi-
53 AGN, Comptos, Registro 201 año 1389; Registro 207 año 1390; Registro 233 año 1396. Vid.
M. ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO, Los secretarios reales y su papel en la redacción de los re-
gistros de Comptos del reino de Navarra: Príncipe de Viana, 172, 1984, pp. 407-423.
54 H.C. SCHULTZ, Thomas Hoccleve scribe: Speculum, 12, 1937, pp. 71-81.
55 MARC DROGIN, Medieval calligraphy, London 1980, pp. 153-163.
56 JACQUES STIENNON, La escritura latina y la civilización occidental del s. I-XVI: La escritura y
la psicología de los pueblos, México 1968, pp. 248-249.
57 AGN, Comptos, Registro 293, año 1406.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 209
de utilizan asímismo este tipo de letra, pero sin la creatividad y fantasía de L’Es-
cluse (vid.imagen 12). Puede decirse ya en el s. XV que la gótica bastarda em-
pleada en la administración real es muy pesada en los astiles con caída oblícua ha-
cia la izda. (f, s), que contrasta con las terminaciones rasgueadas de la parte inferior
de la caja, y sobre todo con las contracurvas que rompen los bucles de la parte su-
perior de la caja de escritura (ch, l). Se observa una cierta similitud con la que el
muestrario de H. Strepel denomina como acuta, lográndose ese efecto de agude-
za por el asentamiento de las vocales (a, e, o, v en la caja de escritura en forma de
rombo o triángulo cuyos vértices superior e inferior se apoyan en la parte superior
e inferior de la caja). Más la angulosidad de las uniones de los trazos de m, n, u y
demás letras de trazado vertical que no desbordan la caja de escritura.
Los epígonos
Blanca de Navarra (1425-1441), y en especial Juan II, que disputará la coro-
na a su hijo el Príncipe de Viana. Mientras vive su primera esposa la reina Blanca,
se siguen los usos y estilo del reinado anterior. En realidad Don Juan residió poco
tiempo en Navarra, interesándose más por los asuntos que retenían en Castilla a
los infantes de Aragón. Sus planes castellanos acabaron mal, pues fallecida la rei-
na Blanca y tras volver a casarse con Juana Enríquez, hija del almirante de Casti-
lla, tiene finalmente que salir de ese reino perdiendo todo su patrimonio tras la ba-
talla de Olmedo en 1545, que supone la derrota de la Liga nobiliaria que luchaba
contra Enrique IV. Hay que decir que Don Juan fue un rey nefasto para Navarra, de
la que solo se acordaba para exprimir las rentas reales que necesitaba para susten-
tar su casa una vez perdido su patrimonio castellano. Parece ser que en esas fechas
su posición como heredero de la Corona de Aragón y al mismo tiempo lugarte-
niente de su hermano Alfonso el Magnánimo, que no tenía hijos, no daba de sí pa-
ra mantener a los numerosos servidores que vinieron desde Castilla tras la confis-
cación de bienes de los infantes de Aragón58. Tal vez por ello tomó la decisión de
trasladarse con su nueva esposa desde Zaragoza a Navarra a fines de 1449.
Su asentamiento en el palacio real de Olite en 1450 provoca el desplazamiento
de su hijo el príncipe de Viana que es despojado de la lugartenencia de Navarra,
58 La relación de dichos servidores venidos de Castilla pertenecían a los siguientes ámbitos: con-
sejo real, contaduría, cancillería, capilla, cámara mayor, cámara de paños, cámara de armas,
repostero de camas, repostero de la plata, despensero, servicio de comedor y mesa, servicio de
cocina, barbería, sastrería y zapatería, pajes, juglares, porteros, alguaciles, criados, correos,
guardia real, caballerizo, acemilero, ballestero, armero, mariscal de logística, y halconero. Vid.
GEORGES DESDEVISES DU DEZERT, Don Carlos de Aragon prince de Viane. Etude sur l´Espag-
ne du nord au XVe siècle, París 1889, p. 200 y ss.
210 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Imagen 12.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 211
Imagen 13.
mientras sus servidores son destituídos de los cargos que ocupaban, por lo que no
es extraño que tales decisiones encendieran la mecha de una violenta guerra civil
que acabaría con la vida de Don Carlos, provocando en el reino una fractura so-
cial que tardaría siglo y medio en apaciaguarse. Don Juan por otra parte apenas in-
terviene en Navarra a partir de 1458, al suceder a su hermano Alfonso V el Mag-
nánimo como rey de la Corona de Aragón, volcando en Fernando el Católico, hijo
de su segundo matrimonio, todas sus esperanzas de lograr el dominio Trastámara
en los reinos peninsulares. Ya no intervendrá personalmente en Navarra, lo que
no significa su renuncia al título de rey, gobernando el reino por medio de su hija
Leonor, casada con Gastón de Foix, que será su lugarteniente hasta 1479, fecha de
la muerte de Don Juan. Su hija apenas pudo disfrutar de la corona, pues siguió a
su padre en su destino fatal 15 días después.
En esta etapa turbulenta se aprecian algunos cambios en los usos escriturarios.
Don Juan tenía un complejo servicio organizado a la manera castellana y con per-
sonal procedente de las villas y lugares de sus señoríos castellanos. Los usos do-
mésticos, los escribanos y la documentación generada, de la que nos han llegado
muchos ejemplares, sigue los modelos de Castilla tanto en la escritura cortesana
(vid. imagen 13) como en la tipología documental (albalaes, cédulas y también
documentos de gracia). La participación del personal de la cancillería navarra en
este entorno es escasa y se reduce a la presencia esporádica del protonotario Pere
del Vall en Castilla como custodio del sello real. Casi como excepción aparece al-
212 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Imagen 14.
gún secretario navarro (Sancho de Munárriz) o catalán (B. de Reus)59. Mientras es-
tuvo casado con Blanca de Navarra, Don Juan organizó su casa a la manera cas-
tellana, como puede apreciarse en documentos del AGN de los años 1432 a 1450.
Tras su matrimonio con Juana Enríquez hay que añadir los servidores de la casa
de la nueva reina, venidos también de Castilla60.
59 AGN, Comptos, caj. 143, nº 11, 6.
60 M. ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO, D. Juan de Aragón y Navarra, un verdadero príncipe Trastá-
mara: Aragón en la Edad Media (homenaje al prof. Angel San Vicente), 16, 2000, pp. 591-610.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 213
Entre el personal administrativo de la casa real destaca la secretaría personal
de Don Juan (mosén Lope de Vega, canciller mayor, y los secretarios Francisco
Gutiérrez, García Fernández de Santa María61, Juan Velázquez de Robledo y, es-
pecialmente, Diego Fernández de Paredes)62. Todos ellos escriben infinidad de
cartas y cédulas a las que con frecuencia el rey añade de su puño y letra, en una
gótica bastante desarticulada, órdenes perentorias generalmente sobre entrega de
cantidades de dinero (vid. imagen 14). En cuanto a la documentación de las ins-
tituciones del reino, todavía a mediados del s. XV quedan resabios de la escritu-
ra usada en la etapa Evreux, aunque conforme avanza el siglo la gótica bastarda
se aligera y se simplifica el trazado especialmente de la parte superior de la caja
de escritura, dando a las grafías un aspecto más clarificado, en un proceso seme-
jante al que Petrarca un siglo antes definió como el de búsqueda de una escritura
clara et castigata, o en otras palabras influída por la estética humanística63.
Sin duda esta escritura, compromiso entre la gótica y la humanística cursiva
se introduce en Navarra en el reinado de Don Juan, a través de algunos secretarios
que aprendieron los nuevos modelos en la cancillería aragonesa. Seleccionamos
la escritura del secretario Juan de Goizueta que escribe desde Balaguer una cédu-
la para la tesorería general de Navarra, en la que, como contraste, aparece la sus-
cripción de Diego de Paredes, probablemente en funciones de guardasellos del se-
llo de placa que aparece al dorso del documento64. Contrastando con estas
influencias, todavía podemos encontrar en los registros administrativos de Comp-
tos resabios de la gótica fracturada para los epígrafes, con una ejecución bastan-
te deficiente en relación con la belleza que tuvo años antes. En cuanto al texto de
dichos registros, va despareciendo la bastarda para introducirse una gótica más
redondeada, que parece influenciada por la humanística redonda65.
Casas de Foix y de Albret: Muerto Juan II en 1479, su hija Leonor apenas le
sobrevive 15 días, por lo que la Corona pasa al nieto Francisco Febus, ejerciendo
la regencia su madre Magdalena de Valois, de la casa real de Francia, que tendrá
que continuar con ese cometido al morir el heredero y suceder en el trono su se-
gundogénita Catalina, casada con Juan II de Albret. Entre 1479 y 1494 en que Ca-
talina llega a la mayoría de edad y es coronada reina en Pamplona junto con su ma-
rido, apenas hay datos relevantes. La administración deja de funcionar con la
eficacia de tiempos pasados, entre otras razones porque el reino es incapaz de sa-
lir del colapso provocado por la guerra civil, porque las facciones agramontesa y
61 AGN, Comptos, caj. 144, nº 15, 4.
62 AGN, Comptos, caj. 155, nº 28, 6; AGN, Comptos, caj. 156, nº 28, 7.
63 AGN, Comptos, Reg. 503, año 1462.
64 AGN, Comptos, caj. 171, nº 8, 2 (cara y dorso).
65 AGN, Comptos, Reg. 508, año 1476.
214 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
beamontesa luchan entre sí con gran ferocidad para hacerse dueñas de la situa-
ción.
Los últimos reyes Albret tienen que pedir el apoyo de los Reyes Católicos pa-
ra controlar a los beamonteses dirigidos por el conde de Lerín, hasta que, fraca-
sado todo intento de concordia, optan por el destierro de los cabecillas de este
bando y la confiscación de sus bienes. Será sobre todo a partir de 1495 cuando se
emprenda una política dirigida a hacer respetar el poder de la monarquía y a re-
cuperar el patrimonio y las rentas reales desmanteladas en los años pasados para
pagar las deudas contraídas con particulares tanto por Don Juan como por su hi-
jo el Príncipe de Viana. Por ello de nuevo veremos una actuación regular de las ins-
tituciones, y una reactivación de los registros de Comptos a partir de estos años.
Al mismo tiempo la debilidad de la monarquía forzará a buscar el apoyo del sec-
tor agramontés y de las Cortes del reino, que serán convocadas con más asiduidad
que nunca, para entre otras cosas solicitar el servicio de cuarteles y alcabalas.
Los libros que recogen este tipo de contribuciones fiscales se redactan ya en
una gótica bastarda muy influenciada por la humanística cursiva, influencia que
se acrecienta conforme va pasando el tiempo66. Como colofón de la serie de re-
gistros medievales, presentamos uno muy especial, ejecutado tras la entrada cas-
tellana de 1512, en el que Fernando el Católico se compromete a pagar las deu-
das dejadas por los reyes Albret en su precipitada salida del reino, sobre los
suministros de comestibles, telas, especiería y todo tipo de productos de lujo ser-
vidos a la casa real por mercaderes importantes de Pamplona67. La escritura utili-
zada en este caso es más humanística que gótica, quedando algunos resabios de es-
ta tipología en la s larga, duplicada en algunos casos, y en la angulosidad de la
unión de los trazos de m, n y u. (vid. imagen 15).
Si cotejamos el número de registros de Comptos del periodo posterior a la
guerra civil, resultan un total de 44 registros conservados entre los años 1450-
1512 antes de la entrada castellana, cifra a todas luces pequeña en comparación
con los cientos de registros conservados de la etapa de la dinastía Evreux68. Las
causas de esta disminución tan drástica son por una parte los tiempos de conflic-
66 AGN, Comptos, Reg. 516 año 1494; Reg. 515 año 1492; Reg.534 año 1508.
67 AGN, Comptos, Reg. 539, año 1512. No es baladí el dato de la línea 8 del primer folio en que
se menciona que la ciudad de Pamplona se entregó a Don Fernando, que ostenta los títulos de
soberano de los dominios de la Corona de Aragón. Este elemento, junto con la entrega de la
ciudad de Tudela, será utilizado por los foralistas navarros para argumentar que el reino de
Navarra no fue conquistado, sino que se entregó, sutileza política que servirá para montar el
andamiaje de la unión eque-principal entre Navarra y Castilla.
68 JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ, Guía del Archivo General de Navarra. Pamplona 1997, registros
números 483-538.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 215
Imagen 15.
216 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Imagen 16.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 217
tos y disensiones internas que provocaron el mal funcionamiento de la adminis-
tración; pero también el hecho de que muchos responsables de la hacienda real (te-
soreros, recibidores de las merindades) se guardaran en sus casas particulares al-
gunos libros de estos años difíciles para evitar tener que rendir cuentas. Hemos
encontrado testimonios de estas prácticas en inventarios de archivos familiares del
s. XVI, en los que se mencionan entre otros materiales la existencia de “libros de
Comptos” de los tiempos en que algún antepasado tuvo cargos de responsabilidad
hacendística. Conforme se asienta el dominio castellano y tras la reorganización
de las instituciones públicas iniciada a partir de 1525, cuando al autoridad del Em-
perador sea incontestable en el reino, veremos que se piden responsabilidades a los
descendientes de los antiguos administradores, que se ven obligados a entregar
algunos de estos materiales (vid. imagen 16)69.
A partir de la incorporación de Navarra a Castilla, las antiguas instituciones,
entre otras la Cámara de Comptos, siguen funcionando de forma efectiva con su
cometido de control de las rentas reales (ingresos, gastos, elaboración de la Nó-
mina del reino) y defensa del patrimonio real. Los escribanos serán los continua-
dores de los antiguos notarios de la Cort, que ya en esta época utilizarán una es-
critura mixta (humanística cursiva con algunos resabios góticos que irán
desapareciendo conforme avanza el s. XVI). El personal seguirá siendo navarro en
su mayor parte, y no encontraremos, salvo en anotaciones, ninguna manifestación
de la escritura usada en Castilla, la gótica cursiva cortesana y sus derivaciones
procesales.
4. La pervivencia de la escritura gótica
El triunfo de la escritura humanística se manifiesta entre el personal de la al-
ta administración. A lo largo del s. XVI la escritura itálica va generalizándose en
otros ámbitos conforme vaya creciendo el número de escuelas de primeras letras,
que utilizan para facilitar el aprendizaje de la escritura los modelos difundidos por
los libros de caligrafía tanto italianos (Vicentino, Palatino) como españoles (Iciar,
Lucas). Lo cual no significa la desaparición total de la escritura gótica que tiene
su último reducto en el sector librario, tanto manuscrito como impreso.
69 Es lo que sucede con Martín Ibáñez de Monreal, que el 8 de Junio de 1545 debe entregar en la
Cámara de Comptos el registro de la recogida de cuarteles y alcabalas del año 1499 (actual re-
gistro de Comptos nº 515). La anotación de dicha entrega se realiza en escritura cortesana por
algún oidor de Comptos que practica los usos gráficos habituales en los reinos de Castilla. En
la Edad Moderna fue habitual la presencia de un oidor de origen castellano como forma de con-
trol de la institución (este procedimiento de infiltración fue utilizado en los restantes tribuna-
les del Reino, cuyos cargos más importantes venían de Castilla).
218 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
Se trata del tipo de escritura gótica rodona o redonda, fácil de leer y que se
acomoda bien a la suntuosidad de los manuscritos de lujo, que todavía siguen uti-
lizando como soporte el pergamino. Libros de estatutos, constituciones, ordenan-
zas, privilegios especiales (ejecutorias de hidalguía expedidas por el Consejo re-
al de Navarra, confirmaciones de privilegios anteriores), utilizan este tipo de
escritura, acompañada de la capital romana que sigue empleándose en los epígra-
fes iniciales acompañada muchas veces de representaciones heráldicas (vid. ima-
gen 17)70.
Un tipo especial de gótica será la de cantorales, definida en los tratados de ca-
ligrafía como redonda de libros de gran tamaño. Navarra, como otros reinos, rea-
liza una importante tarea de renovación de los libros litúrgicos tras el concilio de
Trento. Catedrales, parroquias de localidades importantes y monasterios se ven
forzados a destinar importantes recursos de sus rentas eclesiásticas para la reno-
vación de sus cantorales, costosos no solo por lo referente al soporte material
(grandes piezas de pergamino para el formato in folio grande), sino también por
los trabajos de escritura encargados a los mejores calígrafos del momento exper-
tos en letra de libros de coro, la doble coloración de las tintas negra y roja, más el
coste de la encuadernación. Los cantorales navarros tienen una decoración senci-
lla que se limita al efecto logrado por la alternancia de los colores sepia y rojo, sin
utilizar capitales historiadas.
En cuanto al libro impreso, salvo la etapa incunable en la que se editan en
Pamplona hasta el umbral del s. XVI, diversos libros de gran calidad en la tipo-
grafía gótica empleada por Guillem Arnao de Brocar, apenas tenemos manifesta-
ciones del uso de tipos góticos. La reinstalación de la imprenta debe esperar a me-
diados del s. XVI cuando Miguel de Eguía, al regresar a Navarra, se traiga un jefe
de taller de la calidad de Adrián de Amberes, más amigo de los tipos humanísti-
cos (tanto redondos como cursivos). Los tipos utilizados siguen gustos estéticos
que favorecen el triunfo de la escritura itálica en detrimento de la gótica. Excep-
cionalmente aparece algún libreto impreso en gótica, como es el caso de algún
cuaderno de Cortes, como el de 157271. Los continuadores de la imprenta instala-
da en Pamplona (Tomás Porralis de Saboya y su hijo Pedro, parientes de Ambe-
res), seguirán con los tipos humanísticos anteriores, que finalmente pasarán a Ma-
tías Mares que los compra a fines del s. XVI. Para entonces estaban tan
70 Presentamos en este caso el AGN, H, nº 5 (Constituciones y ordenanzas del Hospital General
de Pamplona, año 1563), AGN, Clero, Fitero, caj. 33931, leg. 221 (traslado de privilegios me-
dievales, realizado en 1564). Podrían añadirse otros de excepcional calidad como el Juramen-
to del príncipe Felipe, hijo de Carlos V, ante las cortes de Tudela en 1551 (AGN, Códices ce-
remoniales, nº 3).
71 BN Madrid, R 20175.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 219
Imagen 17.
220 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
desgastados (especialmente los tacos para grabado de las iniciales) que dejan de
emplearse en el s. XVII. La renovación de los talleres de imprenta con los impre-
sores Carlos de Labayen y Nicolás de Asiain no supone la mejora de la calidad li-
braria del siglo precendente.
5. El estatuto de escritor
La tarea de escribir ha sido considerada como un elemento importante pa-
ra la valoración del grado de aculturación de la sociedad a lo largo del tiempo.
Aplicando indicadores actuales, sin las matizaciones que el contexto puede in-
troducir en ellos, el grado de alfabetización (entendido como conocimiento de
la lectura y de la escritura) se ha tratado de aplicar al periodo medieval como tér-
mino casi absoluto para medir el estado cultural de los reinos, principados y ciu-
dades europeas en ese periodo. Todo ello sin tener en cuenta la fragmentación
medieval, no solo en lo referente a los políticos (el concepto de Estado no se
consolidará hasta la E. Moderna), sino también en términos de usuarios de la es-
critura. El manejo del arte de la escritura no debe considerarse como factor ab-
soluto de calibración cultural, pues es sabido que muchos scriptores desarrolla-
ban tareas de simples copistas, fiando más al ojo que a la comprensión de los
textos que copiaban los resultados de su trabajo, plagado de errores en muchos
casos, hasta el punto de que pudiera aplicárseles el mismo adagio que a los tra-
ductores (traductor, traidor). Así se explica el proceso de sistemática revisión
de los textos, que a través de los diversos renacimientos culturales, ha tratado de
volver a la pureza de las antiguas fuentes, dejando de lado las malas copias que
han alterado la transmisión textual.
En los scriptoria monásticos a la tarea de copia seguía la de corrección de los
textos, que era responsabilidad del magister scholarum del scriptorium. Para evi-
tar el desperdicio de pergamino y rentabilizar de alguna manera el trabajo, la op-
ción de copia al dictado tampoco estaba libre de errores provocados por una in-
correcta audición del texto a copiar. La formación de los futuros clérigos desde la
reforma carolingia implicaba, tanto en las escuelas episcopales como en las mo-
násticas, la enseñanza desde la segunda infancia y la adolescencia de la lectura en
latín y la pronunciación con una correcta dicción, mientras que las prácticas scrip-
turarias comenzaban por la copia de los salmos. Los usos escripturarios van evo-
lucionando desde la escritura carolina a la gótica, siguiendo modelos adaptados a
los usos librarios o documentales, porque, además de los códices litúrgicos, de los
Santos Padres y Doctores de la Iglesia, y de grandes compiladores como Isidoro
de Sevilla o Beda el Venerable, por citar los más repetidos en la Alta Edad Media,
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 221
los centros eclesiásticos necesitaban gestionar el patrimonio que iban acumulan-
do (títulos de propiedad de tierras, bienes muebles, privilegios de protección de la
autoridad real o pontificia), teniendo que elaborar documentos y cartularios que
guardaban en el archivo o arcano de la institución.
La escritura gótica utilizada en los libros estaba condicionada por el pro-
grama de preparación de las páginas (o mise-en-page), encaminado a facilitar
la interpretación de lo que se narraba de forma escrita. La labor del organiza-
dor del texto tenía como objetivo facilitarnos la comprensión del mensaje es-
crito, para lo cual utilizaba una serie de recursos: gradación de la escritura (ma-
yor o menor tamaño), uso de mayúsculas, colocación de éstas en un
alineamiento a la izquierda, uso de abreviaturas coloreadas para indicar las en-
tradas y salidas de las distintas partes de la liturgia, signos de puntuación que
en origen marcan la entonación de la salmodia, epígrafes rubricados. Tal com-
plejidad de recursos debían organizarse en relación con el tamaño del libro (a
dos columnas para el formato in-folio, a una sola para el formato in 4º), mien-
tras que la grafía debía ser una gótica textualis con astiles apenas sobresalien-
tes de la caja de escritura para facilitar la percepción visual de las fases del dis-
curso escrito. El escriba actuaba únicamente en su faceta de calígrafo, mientras
que el miniaturista ejecutaba a posteriori su tarea decorativa en los huecos de-
jados al efecto. Apenas tenemos noticia del nombre de estos calígrafos y mi-
niaturistas, pues solo en códices excepcionales y en el colofón aparecen en oca-
siones estos datos, más como desahogo por la finalización de una tarea fatigosa
que como marca de identificación del artífice de la escritura. Un caso diferen-
te es el manuscrito universitario, copiado a través de un modelo oficializado fi-
jado por la universidad.
Distinta será la situación de los textos documentales, tanto de los archivos
monásticos como de las cancillerías. Es sabido que las cancillerías y organismos
administrativos, que van surgiendo conforme aumenta la complejidad de organi-
zación los reinos medievales, se servían de clérigos procedentes de las scholas ca-
tedralicias al menos en los ss. XII y XIII, en las cuales se fue renovando el estilo
y el formulario de la documentación por influencia sobre todo de la retórica pon-
tificia. Si en la documentación se menciona al que ordenó la redacción del docu-
mento, al que ejecutó esta tarea, y conforme transcurre el tiempo al que se ocupó
de la revisión del mismo a efectos de su correcta expedición de fondo y forma, no
es por afán de notoriedad, sino por la necesidad de identificar a quienes partici-
paban en la emisión documental a efectos de posibles responsabilidades en caso
de error o falsificación. Y ello porque la documentación surte unos efectos jurídi-
cos que tienen que estar en consonancia con la legislación y los usos administra-
tivos del momento. El texto documental sigue un modelo recogido en formula-
222 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
rios cancillerescos o notariales, y no necesita de complejos recursos visuales pa-
ra hacerse comprensible, por lo que la escritura puede explayarse en el desarrollo
de los astiles, que, conforme va pasando el tiempo, tenderán a formar bucles pa-
ra facilitar la rapidez de ejecución de la escritura.
Un tercer tipo de practicantes de la escritura está constituído por aquéllos que
la usan para comunicarse personalmente con sus destinatarios. Estamos refirién-
donos a la élite de la sociedad medieval (reyes, príncipes, dignatarios en funcio-
nes de gobierno), que utilizan una escritura currens, ajena en muchos casos a los
artificios caligráficos. La escritura por tanto sale del ámbito eclesial para ser prac-
ticada por laicos, en cartas mensajeras o en obras de creación literaria o musical.
Entre estos personajes relacionados con Navarra cabe destacar a Teobaldo I con-
de de Champagne y rey de Navarra entre 1234-1253, conocido como el rey poe-
ta y trovador, cuyos cancioneros se conservan en versión caligrafiada de mano aje-
na al autor72. O Carlos III el Noble, gran mecenas, protector del Estudio de
Pamplona, benefactor de los estudiantes navarros que acudían a universidades ex-
tranjeras, amante de los libros que conformaron su biblioteca, de la que no se con-
serva ni tan siquiera el inventario, políglota, puesto que comprendía el latín (lo
demuestra su maravilloso Libro de Horas conservado en la actualidad en el Mu-
seo de Arte de Cleveland), el francés como lengua materna y el romance navarro
como lengua ulizada por una parte de sus súbditos.
Sin olvidarnos del rey Don Juan II, de personalidad tan compleja, del que te-
nemos muestras de su escritura personal en anotaciones que añadía a las órdenes
emitidas desde su secretaría. El ejemplo que se aporta a esta ponencia (imagen
14) corresponde al año 1452 cuando el monarca tenía 52 años, y aunque se inter-
prete como escritura de persona de edad avanzada, manifiesta que los modelos en
los que el monarca aprendió a escribir nada tenían que ver con las maravillosas
bastardas de uso navarro, ni con la cortesana y gótica-humanística de sus secreta-
rios personales. Si interpretáramos estas imágenes como ejemplo de la escasa des-
treza escripturaria del monarca, y por tanto como síntoma de su deficiente cultu-
ra, estaríamos juzgando su escritura fuera de contexto, pues sabemos que fue un
brillante mecenas, propietario de una buena biblioteca en la que había ejemplares
de Dante y Virgilio73, autor que le gustaba tanto que, para entenderlo mejor, pro-
curó encontrar ejemplares de la Eneida traducidos al castellano, y, al no hallarlos,
72 París, Bibl. del Arsenal, ms. 5198, así como el ms. Arras. HIGINI ANGLÉS, H, Las canciones del
rey Teobaldo (obra póstuma editada por Aurelio Sagaseta), Pamplona 1973, p. 28, 88, 94, con
imágenes en color de dichos códices.
73 CARLOS CONDE SOLARES, El cancionero de Herberay y la corte literaria del reino de Navarra.
New Castle: Northumbria University (Arts et Humanities Research Council), Gobierno de Na-
varra, 2009.
LA ESCRITURA GÓTICA EN EL REINO DE NAVARRA 223
encargó su traducción a Don Enrique de Villena, paradigma entonces del erudito
de saberes enciclopédicos74.
Otro tanto sucedería con su hijo Don Carlos, Príncipe de Viana, cuya escri-
tura gótica completamente desarticulada no es representativa de su altísimo nivel
cultural. Su conocimiento del latín era tan amplio que pudo realizar la traducción
al castellano de las Ethicas de Aristóteles, pues así figura en el prólogo dedicado
a su tío Alfonso el Magnánimo75. Además es autor de obras históricas, como la co-
nocida Crónica de los muy excellentes reyes de Navarra76, en la que escribe una
Historia de Navarra hasta su época. Su biblioteca fue conocida tras analizarse el
inventario de bienes que quedaron en Barcelona a su muerte en 1561, que fue es-
tudiado por Desdevizes du Dezert en la obra ya mencionada en nota 59.
Con estos ejemplos quiero llamar la atención sobre el riesgo de asociar cali-
dad escripturaria con nivel de aculturación, si tomamos este indicio desconectado
del contexto histórico-cultural. No debe trasponerse el caso de los humanistas a
otros ámbitos, pues éstos, conocedores de las lenguas y cultura clásica casi todos
ellos además magníficos calígrafos que trabajaban al servicio de la Curia pontifi-
cia y de las cortes europeas, son una excepción. Por tanto es científicamente arries-
gado generalizar el fenómeno cultural humanista a otras etapas históricas en las
que hay testimonios del uso de escrituras caligráficas. Porque la caligrafía puede
ser un arte formal, desligado del conocimiento profundo de lo que se está copian-
do (ya desde Roma se conoce el fenómeno de la ordinatio, por la que el lapicida
inscribe en capital romana sobre piedra o bronce, el texto que le sirve como mo-
delo y que en ocasiones no es capaz de interpretar).
En realidad el estatuto del scriptor y su valoración social a lo largo del tiem-
po, está ligado a la utilidad de su arte. Los calígrafos medievales sirven a las ne-
cesidades de los centros eclesiásticos, de las oficinas de la administración públi-
ca y del notariado privado. Desglosada su actividad a lo largo de los siglos, la ratio
utilidad-valoración aplicada a los expertos en el arte de la escritura, es proporcio-
nal a la necesidad de uso de la escritura. Necesidad que se acrecienta enorme-
mente a partir de la Edad Moderna en la que la administración pública se complica
74 FRANCISCO RICO MANRIQUE, Príncipes y humanistas en los comienzos del Renacimiento es-
pañol: Arte y Cultura en la época de Isabel la Católica (ed. J. Valdeón Baruque), Valladolid
2003 pp. 325-338, y en concreto pp. 326-327. El ejemplar en la actualidad en la British Library,
ms. Additional 21.245.
75 LUIS GIL FERNÁNDEZ, El Humanismo en Castilla en tiempos de Isabel la Católica: Arte y cul-
tura pp. 30-31. Basándose en el Catálogo de THEODORE S. Jr, BEARDSLEY, Hispano-classical
translation printed between 1482 and 1699, Pittsburgh Pennsylvania 1970, nº 18. Este autor
le atribuye asímismo la traducción de las Polithicas del filósofo griego.
76 BNF París, Fonds especiales, t. 126 (en la versión de Ávalos de la Piscina), y otras versiones
en el AGN, Códices y Cartularios, nº 4, 5, 6, 7.
224 MARÍA ISABEL OSTOLAZA ELIZONDO
y por tanto precisa de más escribanos, al mismo tiempo que las exigencias de pre-
sentación de pruebas documentales en caso de conflicto ante los tribunales, obli-
ga a los particulares a llevar con rigor la documentación contractual y contable de
sus negocios, inversiones, propiedades, crianza de sus hijos o pupilos. De ahí el au-
mento progresivo a partir del s. XVI de los archivos familiares, que se inventarí-
an al igual que otros bienes al morir sus propietarios, para hacer las particiones tes-
tamentarias entre sus herederos como marca la ley.
Estas son las razones perentorias (no hay que descartar las culturales por su-
puesto) que hacen que los padres consideren conveniente invertir en la educación
de sus hijos enviándolos a la escuela primaria (parroquial o municipal), o pagar
preceptores para la enseñanza en casa, en el caso de las familias importantes. El
aumento de clientes explica el crecimiento espectacular de las escuelas en el oc-
cidente europeo a partir del s. XVI, paralelo a la estimación de los maestros de es-
cuela que utilizan como instrumento didáctico los libros de caligrafía impresos en
los paises de Europa occidental. El reino de Navarra no es ajeno a este fenómeno,
hasta el punto de que se constata que “ha venido a subir la pluma tanto en estos
tiempos, que es ya más facil y cierto el hazerse un hombre noble por ella que por
la lanza”. Esto se dice a comienzos del s. XVII, cuando el servicio de las armas
comienza a verse como un destino arriesgado en el momento en que comienzan
las dificultades militares para el Imperio español, mientras que la dedicación bu-
rocrática sigue teniendo todavía buenas perspectivas77.
Creo que estas matizaciones son necesarias para relativizar las muestras de es-
critura expuestas en esta presentación, que no son sino una selección de lo con-
servado en los archivos navarros. Se trata siempre de escritura cuidada, en la que
las pautas de la renovación gráfica vienen impulsadas desde Francia o desde Ara-
gón ya en la transición a la modernidad. Las diferentes tipologías son modelos de
escritura artificiosa, salvo el caso de la escritura notarial en la que por otra parte
no se aprecia en Navarra una evolución hacia la cursividad, como puede verse por
ejemplo en Castilla. En cuanto a la escritura de corte puede decirse que en líneas
generales es consecuente con el proceso cultural que marca la evolución de la es-
critura gótica a la humanística, con la excepción del periodo de Juan II que intro-
duce en su secretaría particular a escribanos venidos del entorno castellano, que
practican una cortesana ajena a los usos navarros, y que desaparecerá finalizado
este reinado.
77 Tratado de Ciencias y Artes, Mathematicas y del Cómputo y reformación de los tiempos. Apén-
dice de Historia apologética y descripción del Reino de Navarra. Pamplona 1628, cap. 2.
El primer Libro de Actas Capitulares de la Catedral de
Cuenca (1410-1418): materialidad y escritura
F. Antonio Chacón Gómez-Monedero
Universidad Autónoma de Madrid
Mª Teresa Carrasco Lazareno
Universidad Autónoma de Madrid
Manuel J. Salamanca López,
Universidad Complutense de Madrid
En la sección de Secretaría del Archivo de la Catedral de Cuenca1, eje de la
documentación generada y recibida por el Cabildo en la gestión de sus múltiples
asuntos, tiene singular relevancia la serie integrada por los denominados Libros de
Actas Capitulares2. Desde las primeras décadas del siglo XV hasta nuestros días,
con algunos hiatos temporales3, se recogen en 367 volúmenes las reuniones del ca-
bildo pleno y los acuerdos que colegiadamente adoptaba la institución capitular,
atinentes a su organización interna y a la administración de sus intereses econó-
micos, sociales, pastorales y litúrgicos. Las actas capitulares, verdadero corazón
de la institución, nos ofrecen una rica información sobre la multiplicidad de asun-
1 En lo sucesivo, A.C.C.
2 La actual clasificación del Archivo, sus secciones, series y subseries, pueden verse en FRAN-
CISCO ANTONIO CHACÓN GÓMEZ-MONEDERO, Guía del Archivo de la Catedral de Cuenca, Cuen-
ca 2001, 78 pp.
3 En concreto, en el siglo XV, se constatan las siguientes lagunas: de noviembre de 1422 a sep-
tiembre de 1434, el año 1435 se interrumpe en junio, 1436 en octubre, no se conservan las se-
siones de 1437, 1439 y 1440, de 1438 sólo quedó constancia de la celebrada el 1 de febrero, y
de 1441, de las sesiones del mes de mayo (A.C.C., Secretaría n. 4). Las restantes se localizan
entre mayo de 1441 y noviembre de 1447, desde febrero de 1446 a marzo de 1485 y, final-
mente, el año 1488.
226 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
tos eclesiales, y, trascendiendo su propio ámbito, un minucioso retrato de la so-
ciedad urbana y rural, los oficios y las actividades económicas, la vida cotidiana,
las costumbres y la religiosidad, en disección casi microscópica, centrada en ca-
da volumen en un breve lapso temporal, en un puñado de años.
Encabeza la serie archivística de Capitulares, de forma equívoca, un fascícu-
lo de 15 folios, excepcional por aislado y alejado en el tiempo, que, bajo la rúbri-
ca “Libro sellado de Actas Capitulares”, contiene los acuerdos adoptados por el
Cabildo desde noviembre de 1329 hasta febrero de 1330, en relación con un asun-
to concreto, la resolución del litigio que mantenía la sede conquense con la Cámara
Apostólica por las rentas adeudadas (50.000 maravedís del período en que la se-
de estuvo vacante tras la muerte del obispo don Pascual, en 1320) y el levanta-
miento del entredicho papal que sobre la misma pesaba por esta causa4, que no
puede considerarse stricto sensu un libro de actas.
Con esta salvedad, los volúmenes conservados de la colección seriada datan
de principios del siglo XV. Los dos primeros, que han visto la luz en fechas re-
cientes5, ofrecen una secuencia completa desde el 17 de marzo de 1413 al 11 no-
viembre de 1422. En el primero se incluyó, además, un bifolio suelto, testigo úni-
co de un libro anterior perdido, con 13 asientos correspondientes a diciembre de
1410 y abril de 1411, que presentan las mismas características formales y gráfi-
cas que los Libros núms. 2 y 3, nos permiten adelantar en unos años la cronolo-
gía de la serie y constatar los mismos usos en el escritorio catedralicio.
Conviene precisar que los dos primeros libros editados, así como el tercero6,
tienen un carácter misceláneo y, en realidad, sólo contienen en forma embriona-
ria lo que en breve serán con toda propiedad los “libros de actas capitulares”. En
ellos se recogen los “fechos” del Cabildo, además de las actuaciones judiciales de
la audiencia del deán, del provisor y vicario general o de su teniente, que se sus-
tanciaban ante el notario capitular. Son asimismo numerosos los asientos que re-
cogen las gestiones de las dignidades, canónigos y oficiales cuando actuaban di-
putados por el Cabildo en representación de la corporación, amén de numerosos
4 A.C.C., III, Secretaría, Libro n. 1. FRANCISCO ANTONIO CHACÓN, “Este es el libro de cómmo se
deben pagar las debdas para quitar la eglesia” de Cuenca del entredicho pronunciado por el
papa Juan XXII: Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Historia Medieval,10, Madrid 1997, 47-
87.
5 A.C.C., III, Secretaría, Libros núms. 2 y 3, editados por FRANCISCO ANTONIO CHACÓN GÓMEZ-
MONEDERO, MARÍA TERESA CARRASCO LAZARENO y MANUEL SALAMANCA LÓPEZ, Libros de
Actas Capitulares de la Catedral de Cuenca. I. (1410-1418), Cuenca 2007, 393 pp., y Libros
de Actas Capitulares de la Catedral de Cuenca. II. (1418-1422), Cuenca 2008, 709 pp. (=
L.A.C. I y L.A.C. II, respectivamente).
6 A.C.C., III, Secretaría, Libro n. 4, al presente en preparación para su edición con el título Li-
bros de Actas Capitulares de la Catedral de Cuenca. III. (1434-1453).
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 227
negocios particulares del clero catedralicio y, en general, de los clérigos “de la
çibdat et la tierra de Cuenca et de todo su obispado”, quienes a menudo preferían
escriturar sus negocios acogiéndose a la autoridad del Cabildo, patente en la fides
de su notario, Mateo Sánchez de Fuentes, que dejó constancia de todo ello en sus
libros-registro institucionales7. En el siglo XVIII, cuando se llevó a cabo la siste-
mática encuadernación de los libros de archivo, en las portadas de estos libros se
consignaron los epígrafes “Capitulares de los años de…”8 y se dispusieron inau-
gurando la serie de Actas Capitulares. No es sorprendente que así fuera habida
cuenta de que contienen los primeros, y aún balbucientes, testimonios de los acuer-
dos capitulares adoptados en las reuniones del cabildo pleno, que aparecen entre-
mezclados en el heterogéneo conjunto de negocios consignados en los registros del
notario capitular9.
El paso de estos protocolos, y a la vez registros de las actuaciones del Cabil-
do, a los libros de actas propiamente dichos toma carta de naturaleza y se oficia-
liza en el Libro n. 410. En el asiento único del día 1 de febrero de 1438, el Cabil-
do acordó institucionalizar la puesta por escrito de sus deliberaciones y acuerdos
7 MERCEDES VÁZQUEZ BERTOMEU, La escritura y su uso: la mesa arzobispal compostelana a
finales del siglo XV: Anuario de Estudios Medievales, 31/1, Barcelona 2001, 401-428, p.
410. La autora constata algo similar con relación al cabildo de Santiago: “La inscripción en
el libro notarial institucional es la modalidad empleada por las otras entidades adminis-
trativo-políticas del estado arzobispal. Tanto el cabildo catedralicio como los concejos re-
gistran todas sus decisiones en libros de registro autorizados por notarios públicos. En ellos
se inscriben todas las decisiones de la corporación, en riguroso orden cronológico y en una
redacción escueta, pero que contiene los ingredientes necesarios para su validez como pro-
tocolo y para la redacción de instrumentos públicos cuando sea necesario. La utilización de
este sistema permite a estas instituciones no sólo dejar constancia de las decisiones toma-
das, sino también restringir la escrituración pública de los asuntos a aquellas ocasiones es-
trictamente imprescindibles”, con referencia a los registros capitulares –Tumbos D al H- y
a los primeros volúmenes de la serie Actas Capitulares propiamente dichas, que principian
en 1465 (EAD., ibid., p. 410, nota 26).
8 “Capitulares de los años de 1413, 1414, 1415, 1416, 1417, 1418 y robras y zensos” es el título
que encabeza el Libro n. 2 (L.A.C., I, pp. 13-15) y “Capitulares de los años de 1418, 1419, 1420,
1421, 1422, en los quales ai diferentes instrumentos de censos y otros”, en el Libro n. 3 (L.A.C.,
II, p. 13).
9 La rúbrica que abre el Libro n. 3 (L.A.C., II, p. 13) es explícita al respecto: “Anno de XVIII.
Registro de Matheo Sánchez, notario, que començó a diez e ocho días del mes de mayo del an-
no de la Natividat del Nuestro Sennor Jesuchristo de mill e quatroçientos e diez e ocho annos”.
En el vol. I no se hizo tal precisión, aunque la naturaleza del libro se cita en la suscripción de
un notario sustituto: “E yo, Fernando Garçía, notario, que pasó ante mí este contracto porque
Matheo Sánchez, notario, escrivano del dicho Cabillo, de presente era absente, e por ende es-
te su registro lo firmé de mi nonbre segunt que ante mí pasó” (L.A.C., I, p. 16, y n. 708).
10 Vid. supra nota 6.
228 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
en “este libro”11, punto de partida jurídico de las verdaderas actas capitulares. No
obstante, de la oficialidad al cumplimiento en la práctica medió un trecho y, en rea-
lidad, el volumen mencionado, como los siguientes, mantuvieron por un tiempo
su carácter misceláneo y, junto con los acuerdos capitulares formulados ya en la
forma propia de tales testimonios12, siguieron recogiendo actuaciones diversas del
clero catedralicio y diocesano, si bien en proporción decreciente, para ir adqui-
riendo a lo largo del siglo XV su estructura definitiva.
I. ASPECTOS MATERIALES Y FORMALES
El volumen en el que se centra este pequeño estudio apenas difiere en sus ca-
racteres externos y en su estructura del siguiente de la serie Actas13, constatación
que podemos extender al volumen más antiguo, perdido, gracias al único bifolio
de él conservado. Se trata de un manuscrito en papel, en buen estado de conser-
vación, a excepción del último folio, suelto y roto por el borde derecho, lo que
impide la lectura completa. Presenta algunas manchas de humedad en el extremo
inferior derecho del f. 1 y en el superior izquierdo del último. Se compone de 194
folios, numerados con guarismos, además de un bifolio suelto, sin numerar, que
se añadió con posterioridad a la encuadernación y foliación del volumen, que con-
tiene los registros más antiguos (1410-1411), como antes señalamos. El formato
de los pliegos es de 300 x 446 mm y, en consecuencia, 300 x 223 mm cada folio.
Estos son homogéneos y, con toda probabilidad, fabricados en el mismo molino.
La marca de agua, la “filigrana del ala”, el conjunto de sus características, la tra-
ma y separación de corondeles y puntizones, coinciden con las del papel común-
mente utilizado en la oficina capitular y en los libros del archivo en las primeras
décadas del siglo XV14. Los fascículos, muy irregulares en su composición, siem-
pre exceden los 10 bifolios; están cosidos a cinco nervios, en la actualidad ocul-
tos por las tapas de pergamino que protegen el volumen desde el siglo XVIII, co-
mo el conjunto de los libros del archivo catedralicio. Pudo ser entonces cuando
11 “Sábado, primero día de febrero, anno de XXXVIII. Este día los sennores teniente de deán e Ca-
bildo ordenaron que de aquí adelante todos sus negoçios capitulares sean puestos en este libro”.
12 Cada sesión del Cabildo se inicia con la data en el centro del renglón (día de la semana y día
del mes con cifras romanas y nombre del mismo), intitulación del Cabildo como autor docu-
mental, en renglón aparte, del tipo: “Este día e en este Capítulo / Cabillo pleno, los sennores
deán e Cabildo…”
13 L.A.C., II, pp. 13-29.
14 FRANCISCO ANTONIO CHACÓN GÓMEZ-MONEDERO, Papel filigranado en el Archivo de la Cate-
dral de Cuenca: Actas del II Congreso Internacional de Historia del Papel en España (Cuen-
ca, 9-12 de julio de 1997), Cuenca 1997, pp. 189, 196 y 208, fig. 1.
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 229
éstos se foliaron con tinta ocre y dígitos árabes, dispuestos invariablemente en el
ángulo derecho del margen de cabeza. Algunos saltos de fechas en la secuencia
cronológica, sin que la foliación cambie, atestiguan descuidos del encuadernador
a la hora de unir los fascículos. Tampoco faltan alteraciones cronológicas atribui-
bles a “despistes” de los amanuenses o al hecho de completar espacios que en otro
momento habían quedado en blanco15.
El volumen que nos ocupa, registro capitular y “memoria” de las decisiones
adoptadas por la institución en los años 1413-1418, así como de los asuntos eco-
nómicos, fiscales, administrativos, judiciales, sociales, eclesiales y litúrgicos de su
competencia, es un ejemplar de archivo, confeccionado para cumplir una función
práctica, jurídico-administrativa, y esto lo convierte en un manuscrito “vivo”, de
uso corriente y desprovisto, en consecuencia, de pretensiones estéticas16.
Sus 1.150 asientos se suceden en cada página, anotados de forma aleatoria por
una o varias manos, a medida que transcurren las sesiones del cabildo pleno, las
audiencias del deán, del vicario o de sus tenientes y los diversos negotia de los ca-
pitulares y de los clérigos de la diócesis, que pasan ante el notario del cabildo. En
su escrituración, en absoluto homogénea, tienen cabida múltiples variantes cursi-
vas de las góticas documentales: cancillerescas tipificadas, tanto precortesanas co-
mo bastardas, y todas sus formas currentes y usuales, trazadas con ductus rápido
y formas esquemáticas, con grafías a menudo híbridas. En este sentido, la pre-
sencia de manos diferentes en una misma página es tanto o más frecuente que la
puesta por escrito de una o varias planas por un mismo escribano.
La extensión de los asientos es variable. Predominan los registros sucintos, de
tres a diez líneas, reducidos a los essentialia del negocio, pero no faltan otros deta-
llados por extenso, de modo que cada página puede contener desde uno, inusual,
hasta siete asientos. Aunque las páginas del manuscrito distan de presentar una es-
tructura definida y precisa, la composición “ideal” tendría de tres a cinco asientos por
plana, escritos a línea tirada, separados por espacios en blanco de 1,5 a 2,5 cm., en-
cabezados por una breve rúbrica inicial centrada en el renglón, que se enmarca en-
tre simples trazos lineales, con márgenes estrechos y definidos, quedando mayor
holgura en el de pie (fig. 1 a). No obstante, con mucha frecuencia la plana se cubre
por completo y, entre los asientos, se apiñan diligencias y actuaciones diversas17, con
15 L.A.C., I, p. 17.
16 FRANCISCO GIMENO BLAY, La escritura gótica en el País Valenciano después de la conquista
del siglo XIII, Valencia 1985, 185 pp., 66-69. MARÍA JOSEFA SANZ FUENTES, Paleografía de la
Baja Edad Media castellana: Anuario de Estudios Medievales, 21, Barcelona 1991, p. 532.
17 Dichas diligencias, que contienen data, testificatio y suscripción propias, nos permiten cono-
cer los pasos seguidos en la tramitación y resolución de los asuntos y constituyen un precedente
de los futuros “expedientes” administrativos.
230 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
grafías apretadas de cursividad máxima y abreviación profusa, que rellenan los
reducidos espacios que quedan al pie o entre dos asientos, rebasando los márge-
nes (fig.1b). Aquellos asientos que registran obligaciones cumplidas, pagos reali-
zados y deudas finiquitadas se cancelan mediante los habituales trazos en aspa u
ondulados (fig 1 a). En ocasiones, se dejan amplios espacios en blanco, interme-
dios o finales, previstos para ir consignando las actuaciones ulteriores, pero pue-
den quedar igualmente sin cubrir (fig. 1c) 18.
Fig. 1 a (f. 24v) Fig. 1 b (f. 4v) Fig. 1 c (f. 84r)
En los asientos que contienen las sesiones del Cabildo pleno, descubrimos
un esbozo de la compositio de las actas futuras. Empiezan con la expresión del lu-
gar, “En el cabillo de la eglesia cathedral que es conjunto con el coro”, el día de
la semana y del mes, el año conforme al estilo de la Natividad, la reunión del ca-
bildo ordinario según la costumbre, la mención del deán y del cabildo, ya sea cor-
porativamente o con relación nominal de los miembros presentes, así como la pre-
sencia del fedatario capitular, que actúa como testigo de excepción, y de los
testigos “yuso scriptos”, a los que sigue la redacción del asunto o acuerdo en for-
ma objetiva, con verbos en pretérito indefinido. Una abreviada suscripción nota-
rial, “E yo, Matheo Sánchez, notario”, cierra los nomina testium. Cada nuevo asun-
to se formula tras la mención elíptica, “Este día”19.
18 Así sucede en las almonedas públicas y remates del “pan de la obra” (ejemplos, en LAC, I, fo-
lio sin numerar entre los ff. 53 y 54, y en los ff. 83v-84r, entre otros).
19 “En el Cabillo de la eglesia cathedral de la çibdat de Cuenca, viernes, veynte e seys días del
mes de dezienbre del anno de la natividat del Nuestro Sennor Jesuchristo de mill e quatro-
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 231
Los asientos expresan siempre lo sustancial del negocio de forma breve y pre-
cisa: data, autores, destinatarios, beneficiarios, asunto jurídico (rentas y cuantías,
ubicación, título de propiedad, condiciones, obligaciones y plazos), sanctio mate-
rial, referencia elíptica al conjunto de las cláusulas, siempre etceteradas, testigos y
fedatario. Las affrontationes (linderos de los predios y aledaños de los inmuebles)
se consignan a menudo. Suele faltar la data tópica, presumiblemente por ser la pro-
pia oficina catedralicia, de forma que sólo se detallan las excepciones (el cabildo,
la catedral y sus capillas, los “palacios del obispo”, la casa del vicario o cualquier
otro lugar de la diócesis). A veces se reproducen in extenso otros documentos, en-
tre los que se cuentan algunas litterae de Benedicto XIII y provisiones de Juan II
de Trastámara. Se insertan, asimismo, algunas “cartas de corona”, que confieren ór-
denes menores, cuando los llamados clérigos “coronados” reciben sentencias, pri-
siones y fianzas de carcelaje, y algunos instrumentos notariales, fundamentalmen-
te, poderes, procuraciones, testamentos y cartas de “recudimiento”. Los asientos
están suscritos en su mayoría por el notario capitular, bajo la escueta fórmula an-
tes señalada, y sólo en ocasiones figura su nombre completo con el gentilicio, “Et
yo, Matheo Sánchez de Fuentes, notario por la auctoridat apostolical, etcétera”20.
II. BREVE NOTICIA DE NOTARIOS Y ESCRIBANOS
Además del notario capitular, el omnipresente Mateo Sánchez, titular del re-
gistro, son numerosos los notarios, oficiales y escribientes que dejaron su huella
en el mismo, tanto directa como indirectamente, trasunto de la complejidad buro-
crática que conllevan la organización de la diócesis y la gestión de sus múltiples
asuntos21. Tenemos noticia de otros doce notarios apostólicos, en su mayor parte
vinculados a la catedral22. Los restantes notarios clerici documentados se inclui-
çientos e honze annos, seyendo y juntados e llegados a cabillo ordinario, segunt que lo an acos-
tunbrado, los honrrados sennores Deán e Cabillo de la dicha eglesia, en presençia de mí, el no-
tario público e testigos yuso scriptos… Este día, el honrrado don Guillén Barral, por sy e en
nonbre de los sennores del Cabillo de la eglesia de Cuenca…” (L.A.C., I, f. Ir).
20 LAC, I, n. 939. Otras referencias, ibid., núms. 284 y 824.
21 Vid. L.A.C., II, pp. 20-21.
22 Martín Alfonso de Salmerón, Gil Fernández de Villaconejos, capellán; Pedro Martínez de Fi-
ta, canónigo extravagante; Miguel Fernández, racionero y lugarteniente del deán; Pedro Sán-
chez de Pareja, clérigo de Gascueña de los Oteros y compañero en la catedral; Diego García
de Río de Lobos, familiar del obispo don Diego de Anaya y compañero; Martín Sánchez, clé-
rigo de San Nicolás; Juan Sánchez de Villanueva, clérigo de San Juan y canónigo extravagan-
te; Lope Sánchez de Huélamo, compañero; Juan Sánchez de Escamilla, Fernando López de Be-
amud y Martín Alfonso de Brihuega (vid. L.A.C. II, “Índice onomástico”, pp. 398-630, e
“Índice de cargos, oficios y títulos”, pp. 687-702). En estos casos, la nominación es papal,
232 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
rían entre los notarii episcopi o notarii curiae, de designación episcopal, con com-
petencia en toda la diócesis de Cuenca o vinculados a la curia y audiencia epis-
copal23. En el caso que nos ocupa, están relacionados con las actuaciones del Ca-
bildo y de sus dignidades o con la escrituración en los diversos officia
catedralicios24. Todos consignan su título de “notario” sin otras precisiones, con la
salvedad dicha de Mateo Sánchez, “escrivano del cabillo”, Fernando García, “no-
tario episcopal”25 y “escusador” del primero, Juan Sánchez de Huete, “notario de
la catedral” y procurador del cabildo26, y Diego García, mencionado como “nota-
rio del obispo”27, además de engrosar la nómina de los notarios apostólicos.
Ocasionalmente, en un porcentaje ínfimo (sólo en 16 de los 1163 regestos),
suscriben los asientos otros notarios distintos del notario titular del Cabildo, Ma-
teo Sánchez, que actúan como fedatarios eventuales tanto en las sesiones del ca-
bildo presididas por el deán Guillén Barral, como en la audiencia del bachiller
utriusque iuris y canónigo Juan Alfonso de Muriel, juez, vicario general y provi-
sor de la diócesis, a la vez administrador de la obra de la catedral y, antes, ma-
yordomo del obispo don Diego de Anaya. Son seis en total, y entre ellos se cuen-
tan algunos de los notarios apostólicos antes mencionados, Pedro Martínez de
Fita28, Martín Alfonso de Salmerón, en nueve ocasiones29, Gil Fernández de Vi-
llaconejos30 y Lope Sánchez de Huélamo, además de los dos notarios de curia an-
apostolica auctoritate, pero ignoramos si se produjo de forma directa por el pontífice o a tra-
vés de su legado, o si fue graciosa, esto es, delegada por el papa en el obispo de Cuenca. Vid.
JOSE BONO HUERTA, Historia del Derecho Notarial Español. I.2: La Edad Media. Literatura e
instituciones, Madrid 1982, 392 pp., 197-204.
23 ID., ibid., I.2, pp. 193-197.
24 Fernando García de Alarcón, Gil Fernández, capellán en San Salvador de Cuenca; Esteban
Sánchez, familiar del vicario general; Juan Sánchez de Huete, notario de la catedral y procu-
rador del obispo; Benito Fernández, racionero, criado y familiar del vicario general Juan Al-
fonso de Muriel; Gil Fernández de Nuévalos, clérigo de Montalbo y mayordomo del obispo;
Lope Sánchez de Huélamo, compañero y notario (citado como “notario apostólico” sólo en
L.A.C. I, n. 1093); Martín Sánchez de Salmerón, criado del tesorero y vinculado a sus actua-
ciones negociales, y Miguel Sánchez, racionero. Tenemos algunas dudas en lo que respecta a
los notarios Gonzalo Sánchez de Huete, Fernando Sánchez de Cuenca y Ruy López de Mula,
cuya condición clerical no nos consta, aunque son testigos habituales en el registro y actúan
en los más diversos negocios del Cabildo. Resta mencionar al notario Antón Martín, fedatario
a instancia del Cabildo en la almoneda pública de los bienes del compañero García Martínez,
efectuada en el claustro de la catedral (LAC, I, n. 1039).
25 LAC, I, n. 213.
26 Ibid., n. 331.
27 Ibid., n. 144.
28 Ibidem, n. 175.
29 Ibid., núms. 209, 255, 510, 569, 625, 809, 824, 981 y 995.
30 Ibid., n. 305.
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 233
tes citados, Juan Sánchez de Huete31 y Fernando García32, que suponemos miem-
bros relevantes en las officinae catedralicias.
Con respecto al anónimo grupo de los escribientes, cabe conjeturar que al-
gunos de los beneficiados, familiares, racioneros, compañeros e, incluso, algunos
de los “vecinos de Cuenca” sin cargo ni título cuyos nombres se repiten con asi-
duidad en la testificatio, pudieron estar vinculados a la curia y cancillería episco-
pales y a las tareas escribaniles en las diversas oficinas que se ocupaban de la bu-
rocracia catedralicia y diocesana. Así se constata en el caso de Martín Alfonso de
Brihuega. Mencionado con frecuencia al pie de numerosos asientos como “testi-
go e vezino de Cuenca” sin otra precisión, es, desde septiembre de 1417, “nota-
rio”, y, poco después, “notario apostólico”33. En el Libro n. 3, Martín Alfonso se-
rá testigo habitual de las actuaciones fedatadas por el notario capitular Mateo
Sánchez, quien, recíprocamente intervendrá como testificante en los numerosos
asientos suscritos por Martín Alfonso como auctor documental, desde fines de
1418 y, sobre todo, desde agosto de 141934. Podemos pensar que en un primer mo-
mento, un joven Martín Alfonso, vinculado ya a la oficina catedralicia y testigo fre-
cuente de los “fechos” del Cabildo, se estaba formando en las tareas propias del
oficio escribanil, completando en breve su formación y promoción hasta el nota-
riado apostólico. Sus frecuentes apariciones como fedatario del Cabildo junto a
Mateo Sánchez, testimonian su importancia en la escribanía capitular.
III. LA ESCRITURA: TENDENCIAS Y VARIANTES GRÁFICAS
Como acabamos de apuntar, desconocemos la identidad de los diversos ama-
nuenses que plasmaron su escritura en los registros. En torno a una docena de ma-
nos, siempre anónimas, aparecen y reaparecen en sus páginas de forma intermi-
tente empleando siempre grafías cursivas muy variadas, que refuerzan en lo
externo la heterogeneidad del manuscrito. Si consideramos las variantes gráficas
recogidas en los dos volúmenes publicados, hasta 1422, la cifra primera casi se du-
plica. A pesar de la complicada burocracia de la sede episcopal, del volumen de
la documentación generada, de la multiplicación de los libros de archivo, así co-
mo de la cantidad de oficiales y notarios documentados, resulta difícil admitir la
intervención simultánea de tantas manos en el escritorio catedralicio. Al respec-
to, debemos señalar que algunas grafías no aparecen sino ocasionalmente y que las
31 Ibid, núms. 544, 620 y 657.
32 Ibid., núms. 656 y 708.
33 Ibid., núms. 1056, 1059 y 1067, y además, 1087, 1093, 1097, 1112, 1113 y 1141.
34 Numerosos testimonios, especialmente en L.A.C. II, ff. 51-75.
234 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
repetidas con asiduidad no alcanzan la decena, por lo que cabría pensar en ama-
nuenses de excepción, quizá estudiantes de la propia escuela catedralicia que,
eventualmente, prestaban sus servicios a la vez que completaban su formación, y
en tal supuesto, podríamos atribuir a estos “aprendices” la puesta por escrito de al-
gunos asientos de menor tecnicismo, que muestran, en sus escrituras caligráficas
y tipificadas, imprecisiones en nombres y fórmulas, datos incompletos y espacios
en blanco. Por otro lado, no debemos establecer una equivalencia exacta entre va-
riantes gráficas y número de escribientes, de modo que la proliferación de tipos
obedecería al “multigrafismo” de los escribanos, quienes, en el ejercicio de sus
destrezas caligráficas, plasman en el libro diferentes grafías, precortesanas o bas-
tardas, que cultivan a la vez o que imitan a partir de otros modelos curiales y can-
cillerescos, usándolas a conveniencia, del mismo modo que podrían trazar, si el tes-
timonio gráfico así lo requiriese, las litterae textuales, al uso35.
Como ya explicamos en otro lugar36, en el manuscrito conviven diversas co-
rrientes gráficas, como consecuencia de la formación diversa de los notarios y
scriptores eclesiásticos, del peso de la herencia gráfica castellana y la asimilación
de influencias externas. En este sentido, hay que destacar, por un lado, la forma-
ción universitaria del clero conquense, bien documentada desde el siglo XIV en
prestigiosos centros hispanos y europeos, como Bolonia, Roma y París, y por otro
lado, el decisivo influjo irradiado por la curia pontificia de Aviñón desde Juan
XXII, cuyos usos importaron las cancillerías episcopales, y a cuya universidad
acudían para su formación los canónigos y beneficiados conquenses37. A estas in-
fluencias, comunes al conjunto de las diócesis castellanas en las postrimerías del
siglo XIV y en los inicios del siglo XV, han de sumarse las provenientes del rei-
no vecino, habida cuenta de que la diócesis de Cuenca se situaba en la frontera
geográfica y cultural entre las Coronas de Castilla y Aragón y mantenía con esta
última innumerables contactos sociales y económicos. En nuestra opinión, el trá-
fico de personas y el intercambio de bienes con las zonas limítrofes del antiguo
Reino de Valencia, el sur de Aragón y la diócesis de Segorbe, que con tanta fre-
cuencia atestiguan las Actas, también se tradujo en influjo cultural y, en conse-
35 LUISA D’ARIENZO, Alcune considerazioni sul passaggio dalla scrittura gotica all’umanistica ne-
lla produzione documentaria catalana dei secoli XIV-XV: Studi di Paleografia e Diplomatica,
Padua 1974, 226 pp., 200.
36 L.A.C., I, pp. 16-17 y L.A.C., II, pp. 22-29.
37 SANTIAGO AGUADÉ NIETO, La formación intelectual del clero conquense a fines de la Edad
Media, Madrid 1981, 63 pp., 23. F. ANTONIO CHACÓN, Este es el libro de cómmo se deben pa-
gar las debdas…, pp. 57-59. Para una valoración general de esta cuestión, vid. SUSANA GUI-
JARRO GONZÁLEZ, Maestros, escuelas y libros. El universo cultural de las catedrales en la Cas-
tilla medieval, Universidad Carlos III, Madrid 2004, 352 pp., 83-90.
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 235
cuencia, en la penetración de influencias gráficas aragonesas, que se manifiestan
en el conjunto de la documentación conquense desde el siglo XIV38.
Las formas cursivas y currentes procedentes de la esfera documental, que
habían irrumpido en el ámbito librario desde mediados del siglo XIV, resultan
ser las idóneas para un libro de uso corriente y naturaleza jurídico-práctica39,
como es el que nos ocupa. La escritura castellana, la precortesana tipificada y
caligráfica, y sus variantes más cursivizadas y usuales, constituyen el sustrato
dominante, a la vez que se constata una fuerte presencia de la littera bastarda,
transposición de los prototipos aviñoneses. Creemos que esta influencia, que
había empezado a apuntarse e la cancillería episcopal tempranamente, en los
promedios del siglo XIV, debió verse reforzada en la práctica por otra vía, por
la proximidad aragonesa, cuyas minúsculas, modelos bien conocidos y cerca-
nos para los escribanos conquenses, dejaron su impronta en la producción do-
cumental40.
Las dos corrientes dominantes, la tradición gráfica castellana y la francesa,
conviven y se imbrican, originando variantes cursivas de precortesanas “bastar-
deadas”, de formas ahusadas e inclinadas a la derecha, y de bastardas “castellani-
zadas” con algunos signos y envolventes precortesanos. Los escribanos del cabil-
do, profesionales avezados en la práctica escrita, desarrollan al libre correr de la
mano escrituras usuales y personales que se desvían en mayor o menor medida de
los modelos cancillerescos tipificados, desplegando sobre el manuscrito un ver-
dadero mosaico gráfico.
En el libro, que se va confeccionando cada día al hilo de las sesiones y nego-
cios del cabildo, cualquier pretensión esteticista queda siempre subordinada a im-
perantes necesidades prácticas de rapidez y eficacia. La escritura “destacada” o pu-
blicitaria tiene una presencia mínima. Los únicos ejemplos de gótica textual
caligráfica aparecen en las pequeñas rúbricas cronológicas, siempre monocromas,
con la indicación del cambio de año, “Anno Domini...”, conforme al estilo de la
Circuncisión, centrado en el margen superior, con caracteres comprimidos y esti-
lizados, de mayor módulo, y el título que encabeza cada nuevo mes, acomodado
38 FRANCISCO ANTONIO CHACÓN - JULIÁN CANOREA – MANUEL SALAMANCA, Inventario de la Sec-
ción Institucional del Archivo de la Catedral de Cuenca, I. Siglos XII-XIV, Madrid-Cuenca
2008, 487 pp., 26.
39 FRANCISCO GIMENO BLAY, A propósito del manuscrito vulgar del trescientos: el escurialense
K.I.6 y la minúscula cursiva libraria de la Corona de Aragón: Scrittura e Civiltà, 15, Turín
1991, 205-245. ID., Escribir y reinar. La experiencia gráfico-textual de Pedro IV el Ceremo-
nioso (1336-1387), Madrid 2006, 238 pp., 29-32. MANUEL LUCAS ÁLVAREZ, Paleografía ga-
llega. Estado de la cuestión: Anuario de Estudios Medievales, 21, Barcelona 1991, 419-470,
p. 463.
40 ANTONIO CHACÓN, Este es el libro de cómmo se deben pagar las debdas, pp. 55-59.
236 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
en el lado derecho, entre dos asientos, ligeramente agrandado. El empleo de la lit-
tera textualis no es constante y se da en alternancia con las grafías cursivas de los
asientos.
Fig. 2: Rúbricas para iniciar el año y el mes
(De arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, ff. Ir, 115r, 6r, 11v, 27r y 30 r)
Las breves rúbricas cursivas que a menudo encabezan los asientos están tra-
zadas por los mismos escribanos que los anotan. Contienen de forma aleatoria una
sucinta mención del asunto, el autor o el beneficiario. Aparecen enmarcadas me-
diante simples trazos lineares o de lazada que no llegan a formar una cartela, co-
mo se ve en la fig. 3.
Fig. 3 (ff. 56r, 30r, 24r y Iir)
En el margen izquierdo, suelen aparecer signos calderones que señalan el ini-
cio de cada asiento. Predominan los denominados de “pie de mosca”, además del
signo de parágrafo angular curvado a modo de cayado, a veces ornados con tra-
zos ondulados, dentados o foliáceos (fig. 4). En ocasiones se utilizan cruces y as-
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 237
teriscos, como signos convencionales de llamada41. En el margen izquierdo, tam-
bién hallamos estilizados crismones cursivos y alguna “efe” grande y geminada,
sigla de “fecha”, para indicar que el instrumento público se ha confeccionado a
partir de la nota del registro (fig. 4b).
Fig. 4 a
Fig. 4b
Las heterogéneas grafías que conviven en el manuscrito pueden agruparse en
tres grupos: escritura precortesana, minúscula bastarda y escrituras usuales, con in-
teresantes variantes híbridas, cuantitativamente muy importantes, que a continua-
ción detallamos.
La cursiva documental castellana denominada “precortesana”, presente en el
ámbito librario desde el último tercio del siglo XIV42, es la predominante. Los ejem-
plos que siguen nos permiten apreciar algunas de sus variantes, sus diferentes grados
de cursividad y caligrafismo y su interacción con las formas bastardas43.
41 LAC, I, ff. 14v, 17r, 42r, 43r, 53v, entre otros, además de una defectuosa manícula en el f. 47 r.
42 AGUSTÍN MILLARES CARLO, Tratado de Paleografía Española, 3ª ed., vol. I, 404 pp., 221-236.
Mª JOSEFA SANZ FUENTES, Paleografía de la Baja Edad Media, pp. 532-533. MARINA GURRU-
CHAGA SÁNCHEZ, La nomenclatura de las escrituras góticas cursivas castellanas en la ma-
nualística al uso: un repaso crítico: Signo. Revista de Historia de la Cultura Escrita, 6, Alca-
lá de Henares 1995, 241-252. BLAS CASADO QUINTANILLA, De la escritura de albalaes a la
humanística, un paréntesis en la historia de la escritura: II Jornadas Científicas sobre docu-
mentación de la Corona de Castilla (siglos XIII-XIV), U.C.M., Madrid 2003, 11-37. ÁNGEL
RIESCO TERRERO, La típica letra cortesana de los reinos de la Corona de Castilla en los tiem-
pos de los Reyes Católicos: Hidalguía, 304-305, Madrid 2004, 475-496. PALOMA CUENCA MU-
ÑOZ, La escritura gótica cursiva castellana: su desarrollo histórico: III Jornadas Científicas so-
bre documentación en la época de los Reyes Católicos, U.C.M., Madrid 2004, 21-33.
43 De acuerdo con el esquema que trazamos en L.A.C. II, pp. 25-29.
238 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
La fig. 5a presenta una cursiva formata, caligráfica, que responde a los mo-
delos cancillerescos tipificados. Las letras, derechas y de moderada angulosidad,
curvan sus astiles y se estilizan, especialmente en la primera línea de escritura.
Los envolventes son escasos y las curvas se truncan con frecuencia.
Fig. 5 a (f. 33 v)
Las precortesanas de las figs. 5b-5c muestran un trazado más rápido, ligero y
esquemático. Son, asimismo, reflejo de las grafías habituales en la cancillería real y
en las escribanías públicas castellanas, en las primeras décadas del siglo XV44.
Fig. 5 b (51 v)
Fig. 5 c (f. 37 r)
44 AGUSTÍN MILLARES, Tratado de Paleografía Española, III, láms. 298-300, 304-306 y 309-312.
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 239
La escritura rápida y esquemática de la fig. 5d, con escasa presencia en el ma-
nuscrito, es un ejemplo de precortesana currens, de trazos simples y disociados (se
aprecia en las vocales, nasales y eses altas), que economiza los rasgueos y las cur-
vas. Esta modalidad, bien constatada en la tradición literaria castellana desde fi-
nales del siglo XIV, nos recuerda a las grafías de los manuscritos G y T del Libro
de Buen Amor 45.
Fig. 5 d (f. 25 v)
La escritura precortesana presenta en numerosos asientos del registro capitu-
lar formas muy cursivizadas, que preludian las deformaciones gráficas de la se-
gunda mitad de la centuria, con ampulosos envolventes y enormes líneas abrevia-
tivas, que contrastan con el empequeñecido cuerpo de las letras, cuyos trazos, al
libre correr de la mano, a menudo desaparecen o se funden en incontables nexos.
Fig. 5 e (f. 25 v)
45 ID., ibid., II, lám. 232. ALBERTO BLECUA, Libro de Buen Amor (4ª ed.), Madrid 1998, pp. LII-
LV.
240 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
Fig. 5 f (f. 31 r)
Las figs. 5g-5h muestran dos de las grafías más frecuentes en el manuscrito
y atestiguan la fusión de la precortesana autóctona con las formas bastardas. La
asimilación de esta corriente muestra la creciente influencia de la curia aviñonen-
se y, en nuestra opinión, se ve reforzada por los permanentes contactos con la Co-
rona de Aragón. Estas formas híbridas, que hemos convenido en denominar “pre-
cortesanas bastardeadas” o “bastardas castellanizadas”, según la prevalencia de
una u otra corriente, presentan, intercalados entre los elementos precortesanos,
rasgos propios de la bastarda46. Entre los más frecuentes destacan: el trazado con
acusada inclinación a la derecha, los caídos agudos y ahusados de “f”, “p”, “r” y
“s”, la forma característica de “k” bastarda, la erre abierta en forma de “v”, que
convive con las erres derechas de cruceta, la “R” capital de cabeza triangular jun-
to con la redondeada precortesana, la “p” cursiva a modo de “phi”, astiles en ban-
derola, signos abreviativos a modo de lazada, en la forma de las bastardas y las mi-
núsculas aragonesas (vid. “florines”, “notario”, “nonbre”).
Fig. 5 g (f. 16 v)
46 GIORGIO CENCETTI, Lineamenti di storia della scrittura latina, Bolonia 1953-54 (ristampa a cu-
ra di GEMMA GUERRINI, Bolonia1997), 555 pp., 208-211. JOSEFINA Y Mª DOLORES MATEU IBARS,
Colectánea paleográfica de la Corona de Aragón (siglos IX-XVIII), vol. II, Barcelona 1980.
FRANCISCO GIMENO, La escritura gótica en el País Valenciano…, pp. 105-111. FRANCISCO GI-
MENO y JOSÉ TRENCHS, La escritura medieval de la Corona de Aragón (1137-1474): Anuario
de Estudios Medievales, 21, Barcelona 1991, 493-511, pp. 505-506.
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 241
Fig. 5 h (f. 51 r)
Una variante híbrida frecuente, idónea para manuscritos de factura corriente,
de formas mas redondeadas y breves astiles, aspecto achatado y ligeramente in-
clinada a la derecha, se muestra en la fig. 5i.
Fig. 5 i (f. 52 r)
En la cultura gráfica de los notarios de la catedral, la littera bastarda juega un
papel muy destacado en los albores del siglo XV, sin duda porque el influjo avi-
ñonés, preludiado desde mediados del siglo XIV, se vio reforzado con el ascenso
del aragonés Benedicto XIII al papado. En el manuscrito tienen reflejo las formas
documentales tipificadas, imitación de las pontificias, y, sobre todo, las bastardas
usuales, de ductus veloz y trazo descuidado.
Como se aprecia en las figs. 6 a-b, la bastarda cancilleresca formata, caligrá-
fica y de acusada fractura, se usa con preferencia para reproducir in extenso las lit-
242 FCO. ANTONIO CHACÓN / Mª TERESA CARRASCO / MANUEL J. SALAMANCA
terae de Benedicto XIII, que se imitaban tal y como venían de la sede cismática,
tomando carta de naturaleza en el modus scribendi de la curia conquense. En la fig.
6a se observa el cambio gráfico desde una escritura híbrida “bastardeada”, en las
cláusulas que anuncian la inserción del documento papal, a la bastarda pura, a par-
tir de la intitulatio “Benedictus episcopus, servus servorum Dey”, quizá trazadas
por la misma mano47. Lo mismo se constata cuando se transliteran otros docu-
mentos episcopales de la vecina sede segobricense.
Fig. 6 a (ff. 65v-66r)
En el ejemplo siguiente la bastarda muestra todo su artificio cancilleresco,
tanto en la fractura y estilización de los signos como en los marcados rasgueos.
Fig. 6b (f. 41r-v)
47 Vid. supra nota 35.
EL PRIMER LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DE LA CATEDRAL DE CUENCA 243
Concluimos este breve recorrido por las principales formas gráficas con una
modalidad de bastarda currens muy frecuente. En la mayoría de las páginas del re-
gistro capitular, cerca de un tercio de los asientos, aparece esta escritura de trazo
ligero y cursivo, que podría ser autógrafa del notario capitular, Mateo Sánchez. En-
tre las formas bastardas de “b”, “d”, “h”, “p” y “r” abierta, no faltan los elemen-
tos precortesanos (“A” de asa, “R” capital, “ese” sigmática y envolventes), en una
grafía híbrida que tiene paralelos cercanos en las escrituras usuales de los territo-
rios aragoneses (nótese, por ejemplo, la morfología de las señales abreviativas a
modo de lazada sobrepuesta).
Fig. 6c (f. 96 r)
La escritura del primer
Libro de Actas del Concejo de Oviedo (1499)
Jaime Fernández San Felices
Cuando nos planteamos este trabajo, nuestra intención era únicamente reali-
zar una serie de consideraciones sobre la escritura que puede encontrarse en el
primer libro de acuerdos municipales conservado en el Archivo Municipal de
Oviedo1, correspondiente a los años 1498 y 1499. La lectura atenta y la observa-
ción no sólo de este libro sino también de otros volúmenes del mismo archivo nos
han permitido realizar algunas consideraciones sobre el trabajo de los escribanos
y el uso de la escritura en el concejo de Oviedo a finales del siglo XV. Por ello, a
pesar de mantener el título con el que originalmente fue concebida, la presente
comunicación sobrepasa el horizonte del indicado libro para abrirse al espacio
más amplio del uso de la escritura en la escribanía del concejo ovetense, o lo que
es lo mismo, a las prácticas escriturarias que a finales de la Edad Media y co-
mienzos de la Edad Moderna se llevaban a cabo en el ayuntamiento de una pe-
queña ciudad de la periferia del reino de Castilla.
En todo caso, al primer libro de acuerdos del concejo ovetense corresponde
el protagonismo. Se trata de un volumen que contiene 106 folios numerados, 47
de los cuales pertenecen al año 1498 y los 59 restantes al año 1499. Además de es-
tos folios, el volumen presenta cuatro hojas en blanco en la parte delantera –entre
las que se incluye un folio con el título del volumen: «Acuerdos de los años de
1498 y 1499»– y dos en la parte trasera. Entre los acuerdos de 1498 y 1499 se in-
tercala otro folio, con el título «Acuerdos de 1499». Esta serie de folios debieron
ser añadidos cuando la encuadernación del libro fue sustituida y el libro, por tan-
to, nuevamente encuadernado. Ello sucedió muy probablemente durante el siglo
1 Archivo del Ayuntamiento de Oviedo (A.A.O.): Libro de Acuerdos 1 (1498-1499).
246 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
XIX,si tenemos en cuenta el tipo de letra empleada en esos títulos y el sello es-
tampado bajo el primero de ellos, cuya leyenda dice: «Ayuntamiento Constitu-
cional. Oviedo»2.
* * *
Para comenzar, debemos justificar la cronología de nuestro trabajo. Aunque
el límite propuesto por los organizadores de estas jornadas se sitúa en la intro-
ducción de la imprenta en nuestro país y parece que lo superamos con creces al
emplear un libro de los últimos años del siglo XV, la situación asturiana del mo-
mento explica este desfase. La imprenta de tipos móviles, inventada por Gutem-
berg apenas sobrepasada la mitad del siglo XV, tuvo una difusión rápida en el rei-
no de Castilla, pero en el momento de su introducción Asturias era una región
aislada y con un desarrollo económico precario. Este estado de abatimiento, uni-
do a su retraso cultural e intelectual, supuso que Asturias quedara al margen de es-
te movimiento de expansión.
Ya en el siglo XIX, Fermín Canella sitúa la introducción de la imprenta en el
Principado a mediados del siglo XVI3. Los investigadores que se han ocupado con
posterioridad del tema, como Antonio García Oliveros y Carmen Mourenza, co-
rroboraron esa afirmación, fechando con precisión en el año 1555 el estableci-
miento de la imprenta en la región, cuando el Cabildo de San Salvador establece
un contrato con el impresor gallego Agustín de Paz para la impresión de una se-
rie de breviarios y misales.
A pesar de que en décadas anteriores –posiblemente ya a finales del siglo xv–
circularon por Asturias impresos, se trata sin duda de ejemplares que tienen su
origen en talleres de fuera de la región o, como mucho, se deben al trabajo de al-
gún impresor ambulante que hubiera podido recalar ocasionalmente en Oviedo,
posibilidad esta última que parece dispuesto a considerar Antonio García Olive-
ros4. En definitiva, como reconoce Carmen Mourenza, «el retraso económico y
cultural hizo que la imprenta en Asturias significase simplemente un hecho aisla-
do y circunstancial, mientras que para el resto del país constituyó un claro signo
de modernidad»5.
2 Este libro de acuerdos ha sido estudiado y editado en su totalidad en dos libros de reciente pu-
blicación: MARÍA ÁLVAREZ FERNÁNDEZ, La ciudad de Oviedo y su alfoz a través de las actas
concejiles de 1498, Oviedo 2008; JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES, Libro de Acuerdos del con-
cejo de Oviedo (1499). Edición y estudio diplomático, Oviedo 2008.
3 FERMÍN CANELLA SECADES, El libro de Oviedo, Gijón 1990, p. 293.
4 ANTONIO GARCÍA OLIVEROS, La imprenta en Oviedo. Notas para su historia, Oviedo 1956, p. 9.
5 CARMEN MOURENZA, Historia de la imprenta en Asturias, Oviedo 1979, p. 17.
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 247
Es sobradamente conocida la influencia que la imprenta tuvo en el mundo de
la escritura. Si Elisa Ruiz afirma que «el advenimiento de la imprenta, al incor-
porar esos caracteres [los propios de la escritura humanística] como modelos de
los tipos móviles, aceleró el proceso, agilizó los mecanismos de aprendizaje y di-
fundió generosamente los diseños de unas letras que hasta entonces habían goza-
do de cierto derecho de exclusividad»6, podemos concluir que la ausencia de esta
tecnología supuso la perpetuación en Asturias de unos tipos gráficos que en otras
partes del reino comenzaban, al menos, a compartir su espacio con las novedades
humanísticas. Por lo tanto, aunque casi tres décadas hayan pasado desde la intro-
ducción de la imprenta en la península Ibérica, el mundo de la escritura gótica si-
gue siendo el exclusivo protagonista de los documentos asturianos de finales del
siglo XV.
* * *
Centrándonos en nuestro libro de acuerdos, y antes de entrar en los aspectos
paleográficos, hemos de intentar discernir –pues ello nos será de inestimable ayu-
da– el número de manos, esto es, de escribanos que intervienen en su redacción.
El protagonismo corresponde sin lugar a dudas a Alonso García de Carrió,
que redacta la mayor parte de los asientos. Por ello ocupará el lugar protagonista
en nuestro estudio. Alonso García se identifica continuamente como escribano del
concejo a lo largo del libro, comenzando por su primera página, donde deja ex-
presa constancia de su condición de tal7. Una significativa muestra de su implica-
ción en el funcionamiento de la corporación lo encontramos en el hecho de que lle-
ga a intervenir como procurador del concejo en importantes negocios. Así, nada
más comenzar el año 1499 es enviado por el concejo a la Corte de los Reyes Ca-
tólicos, encargado de interceder allí por los intereses del regimiento ovetense8.
Como resultado, regresa en posesión de una serie de provisiones y otras escritu-
ras otorgadas por los monarcas9, relativas a asuntos de suma importancia para la
ciudad10.
6 ELISA RUIZ GARCÍA, La escritura humanística y los tipos gráficos derivados: Introducción a la
Paleografía y la Diplomática General, Madrid 2004, pp. 149-176.
7 «Alonso García de Carrió, escrivano e notario público del Rey e Reyna nuestros señores en la
su Corte e en todos los sus regnos e señoríos, e escrivano del número e de los fechos e nego-
çios del regimiento e consystorio de la dicha çibdad». MARÍA ÁLVAREZ FERNÁNDEZ, La ciudad
de Oviedo y su alfoz.
8 «Yo, el dicho escribano, les fice relaçión e di cuenta de los negoçios a que nos enviaron pro-
curador a la Corte». A.A.O. Libro de Acuerdos 1 (1498-1499), f. 48.
9 «Y entregué las provisiones dellos segund las traya e las escrypturas». Ibídem, f. 48.
10 Ibídem, f. 51.
248 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
No debieron de quedar en absoluto descontentos los miembros del consisto-
rio con el trabajo de su escribano, pues el 5 de abril deciden que Alonso García via-
je a León –y a los demás lugares donde fuera necesario– a proseguir sus procura-
ciones en favor de la ciudad, en este caso en un asunto relacionado con la exención
de portazgos11.
Poco después, el 17 de abril, en cumplimiento de ese mandato, Alonso Gar-
cía se ausenta de su lugar en el consistorio, siendo sustituido por un escusador, en
este caso el escribano Diego Morán12, que asistirá asimismo a las reuniones del 29
de abril13 y del 24 de mayo14, aunque en esta última fecha parece que Alonso Gar-
cía estaba ya de vuelta en la ciudad, pues en ella se convoca a concejo para que el
escribano haga relación de los resultados de sus negociaciones en León, lo que
lleva a efecto ese mismo día15. En la siguiente sesión, Alonso García figura ya
reincorporado a su puesto16.
Durante su ausencia nadie tomó la responsabilidad de registrar las reuniones
concejiles en el libro de acuerdos, sino que fue el mismo Alonso García el que lo
hizo a su vuelta, siguiendo a buen seguro las notas tomadas por su sustituto en las
sesiones del concejo. No va a suceder lo mismo durante la segunda de sus ausen-
cias. En este caso es el escribano Pedro Fernández de Lavandera el que va a ac-
tuar como escusador. Y lo hace durante las sesiones del 30 de septiembre17, el 2
de octubre18 y el 9 de este mismo mes. En los dos primeros casos se recoge ex-
plícitamente en las actas, como hemos visto, la presencia de Pedro Fernández, pe-
ro no así en el último, en el que no se menciona qué escribano asiste al concejo.
En todo caso, la escritura nos revela la presencia del escusador. Porque en esta
ocasión va a ser otra la mano que asiente los acuerdos en el libro, la de Pedro Fer-
nández de Lavandera. Además, se da la curiosa circunstancia de que al final del
registro de la sesión del 2 de octubre este Pedro Fernández va a dejarnos la única
firma autógrafa que podemos encontrarnos en las actas correspondientes al año
1499.
En una segunda ocasión vamos a encontrarnos una escritura que no se co-
rresponde con la de Alonso García. En las seis sesiones que se celebran del 3 al
11 «Acordaron que yo, escribano, tornase a León e las otras partes neçesarias a entender en los
pleitos e negoçios de los portazgueros». Ibídem, f. 57v.
12 «Ante Diego Morán, escribano, mi escusador». Ibídem, f. 61v.
13 «Ante Diego Morán, mi escusador». Ibídem, f. 62.
14 «Ante el dicho Diego Morán, escribano». Ibídem, f. 62.
15 «Yo, escribano, le dava de la negoçiaçión de los portazgos». Ibídem, f. 62.
16 «Ante mí, Alonso García, escribano». Ibídem, f. 62.
17 «Escusando Pedro Fernández de Lavandera, escribano, a my, Alonso García, escribano». Ibí-
dem, f. 90v.
18 «Escusador el dicho Pedro Fernández, escribano». Ibídem, f. 90v.
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 249
15 de julio, ambos días inclusive, interviene en la redacción del libro de acuerdos
una mano que no podemos reconocer, pues no deja signo alguno de su identidad
en el libro, careciendo también de explicación alguna del escribano titular del con-
cejo acerca de su ausencia.
* * *
Por lo tanto, dado que el mencionado Alonso García ocupa el lugar prepon-
derante en la escribanía del concejo y a su mano debemos la mayor parte de este
primer libro de acuerdos, vamos a tomar su escritura como modelo para intentar
acercarnos a la que se practicaba en el concejo ovetense y, por extensión, en la
ciudad de Oviedo en este momento final del siglo XV.
Antes de entrar en el análisis puramente paleográfico, hemos de señalar lo
difícil que resulta definir y encasillar en una de las categorías existentes un tipo de
escritura, sobre todo si nos encontramos en una época de cambio e innovaciones.
A pesar de ello, el análisis minucioso de los rasgos más característicos de la es-
critura de Alonso García nos puede conducir a su clasificación y contextualización.
Se nos presenta la escritura de Alonso García con unos caracteres propios que
es necesario que destaquemos. Podemos calificarla como una escritura de módu-
lo pequeño, que se dispone de una manera racional y ordenada a lo largo de las pá-
ginas. El esquema diplomático se repite a lo largo de todo el libro y es el propio
de este tipo de documentos: el cuerpo de los asientos se sitúa en una columna cen-
tral mientras que el margen izquierdo se aprovecha para situar unos brevetes o la-
dillos que en unas pocas palabras –la mayoría de las ocasiones sólo en una– re-
sumen el contenido de cada uno de esos asientos y que constituirían –y aún lo
siguen haciendo hoy en día– un elemento de indudable ayuda para una consulta
posterior de los acuerdos. El margen derecho, ligeramente más amplio que el iz-
quierdo, queda por lo general vacío. Sólo en unas pocas ocasiones se utiliza para
disponer sobre él apuntes o aclaraciones sobre alguno de los puntos recogidos en
el cuerpo central del texto.
El encabezamiento de cada sesión rompe este esquema para ocupar todo el an-
cho de la página en un afán por destacarse de los asientos. En este encabezamiento
figuran, habitualmente por este orden, la data crónica, la data tópica y los asis-
tentes a la reunión cuyo desarrollo a continuación se detalla.
Junto al módulo pequeño de la letra, la escasa separación que Alonso García
deja entre las líneas y la regular disposición de éstas, con un cuidadoso alinea-
miento, conceden a su escritura un aspecto abigarrado y compacto, con páginas
que en ocasiones ofrecen una sensación densa y apretada. A pesar de ello, la des-
treza del escribano en la escritura da como resultado una disposición regular, po-
250 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
dríamos incluso decir que elegante. Sin duda alguna, la propia naturaleza de la es-
critura, con sus caracteres curvos y los habituales lazos y bucles, le otorgan un
grado de belleza estética difícil de igualar.
Si analizamos en detalle esta escritura y las características de cada una de sus
letras podemos ir repasando con fidelidad las formas gráficas que se consideran
propias de las escrituras góticas cortesanas, un tipo muy concreto de cursiva gó-
tica que es propio de la segunda mitad del siglo XV y que va a perdurar hasta bien
entrada la decimosexta centuria, especialmente en aquellas zonas que, como Ovie-
do, permanecieron más aisladas de la influencia de la Corte y de los grandes cen-
tros culturales y administrativos del reino castellano que, en último término, eran
los que determinaban la evolución de los formas de escritura.
Situado su origen en la Corte castellana, su influencia se extendió con rapi-
dez por todos los rincones del reino, en una época en que se conoce una mayor di-
fusión de los documentos emanados de la cancillería real –no debemos olvidar el
papel fundamental de los Reyes Católicos en la modernización y la eficacia del
aparato administrativo– y en la que no sólo aumenta el número de personas dedi-
cadas profesionalmente a la escritura –producto precisamente del aumento de la
demanda como consecuencia de las mayores necesidades de expedición de docu-
mentos– sino que aquéllos comienzan a dar muestras de una creciente movilidad
geográfica, como demuestra el propio Alonso García en sus viajes a la Corte co-
mo procurador del concejo.
Por ello, no debe de extrañarnos encontrar en el concejo de Oviedo un es-
cribano –del que por ahora, desgraciadamente, nada podemos conocer de su ori-
gen ni su formación– practicando una escritura sujeta completamente a las normas
que podríamos considerar «oficiales» y que realmente lo serán cuando Isabel I fir-
me en julio de 1503 una Pragmática en la que establece como requisito para la
validez de los documentos que estén escritos «fielmente de buena letra cortesana
e non procesada».
Se trata de una letra, tal y como podemos apreciar en el libro que estudiamos,
de ductus rápido, aunque no lo suficiente como para que el resultado no sea equi-
librado y regular. A pesar de ello, la velocidad del escribano imprime a su escri-
tura un índice considerable de cursividad, que se manifiesta fundamentalmente en
la proliferación de abreviaturas, de enlaces y de trazos envolventes, lo que nos re-
cuerda que nos estamos alejando ya del mundo de las cortesanas más puras, de lo
que podríamos calificar como «cortesana ortodoxa», para adentrarnos en el terre-
no de la escritura procesal.
Sin duda alguna, este rasgo de creciente cursividad puede derivar de la pro-
pia naturaleza del documento que estamos analizando. Hemos de tener en consi-
deración que un libro de acuerdos es, siguiendo la clasificación del profesor Pino
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 251
Rebolledo, un documento de uso interno, es decir, incluido dentro del grupo de
aquellos documentos que están destinados a representar el funcionamiento inter-
no del propio órgano municipal19. Por lo tanto, su uso estaría restringido, a no ser
en casos excepcionales, a los miembros de la corporación, fundamentalmente a los
propios escribanos. Los libros de acuerdos municipales son instrumentos de ges-
tión al que sólo unos pocos profesionales o cargos públicos accederían.
Si tenemos en cuenta estas premisas, no debe extrañarnos que los escribanos
que intervienen en su ejecución se olviden en ocasiones de la buena caligrafía y
opten por la rapidez en la escritura.
Como decíamos, en la escritura del escribano ovetense podemos encontrar
con asiduidad aquellos signos gráficos que están considerados como propios de la
escritura gótica cortesana. Si analizamos de forma individual y minuciosa algunas
de sus letras, podemos destacar por su significado para nuestro estudio las si-
guientes:
a. Cuando ocupa posición inicial de palabra, la a adopta la forma de dos cur-
vas cóncavas unidas en la parte superior, mientras que en otra posición se con-
vierte en la llamada «a de línea» o «de lineta», una especie de u a la que se su-
perpone un trazo vertical, que la cierra por la parte anterior y que por la posterior
se alarga hasta convertirse en el trazo inicial de la letra siguiente. Esta «a de line-
ta» alterna con la «a recta», procedente del periodo anterior y que conserva una
presencia todavía importante en esta escritura cortesana, especialmente al final de
palabra y cuando es necesario superponerle algún signo de abreviación, en cuyo
caso se prolonga con un trazo ascendente y envolvente que nace de su parte pos-
terior.
c. En posición inicial queda reducida a un pequeño trazo que forma un ángu-
lo que al unirse con la letra siguiente genera un conjunto de ligaduras muy carac-
terísticas. Para los sonidos ce y ci se emplea la c con cedilla (ç), tomando este úl-
timo signo formas variadas, desde pequeños trazos verticales bajo la letra hasta
formas envolventes de gran amplitud que pueden abarcar una o varias letras.
e. La e es otra letra que presenta formas características. Las pocas veces que
aparece iniciando un párrafo asume una forma que recuerda a la a mayúscula, con
un trazo ascendente en su parte delantera, alcanzando un módulo verdaderamen-
te destacado en comparación con el del resto de letras. En cambio, en el interior
de palabra –también al principio y al final en ocasiones– puede quedar reducida a
un simple trazo vertical u oblicuo, sobre todo cuando se dispone a continuación
19 FERNANDO PINO REBOLLEDO, Tipología de los documentos municipales (siglos XII-XVIII), Va-
lladolid 1991.
252 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
de algunas consonantes como d, k, r, t o ante otras como la l. En muchas ocasio-
nes, como veremos, la e desaparece víctima de la práctica abreviatoria, como su-
cede con asiduidad en grupos silábicos como res, nes, mes o des, siendo sustitui-
da por el correspondiente signo de abreviatura superpuesto al resto de letras.
o. La o se puede presentar de dos formas: semejante a una v, con un trazo
muy abierto; y en forma más o menos espiral. Esta última es una versión muy cur-
siva y suele ir precedida por un semicírculo, que queda aislado de la letra.
r. Por su parte, la r, cuando tiene que representar el sonido fuerte (rr), apare-
ce en su forma mayúscula, tanto si es a principio de palabra como en el interior.
En cambio, en la representación del sonido suave, tiende a quedar limitada a un
pequeño trazo, vertical o ascendente, pegado a la letra que le precede, actuando en
ocasiones como signo de abreviatura, o como un trazo horizontal, con un asta bas-
tante descendente en ocasiones, que enlaza sin solución de continuidad con la le-
tra posterior.
s. En la s podemos encontrar también las formas características de la escritu-
ra cortesana, combinándose la forma de sigma con la denominada «s alta», sin
que puedan determinarse unas reglas para tal alternancia. Lo único que podemos
constatar es la abrumadora mayoría de sigmas con respecto a la s alta. La sigma
se emplea indistintamente para representar los sonidos s y z, advirtiéndose una se-
ria vacilación en el uso de esos sonidos.
t. Puede recordar a la c, sobre todo cuando ocupa posición inicial de palabra,
pues adopta la forma de un pequeño trazo angular que liga con la letra que le si-
gue. En el interior de palabra lo más usual es la forma de cruz (+), con el asta ver-
tical algo más largo que el horizontal.
Resulta igualmente característico el uso de abreviaturas, lo que constituye un
signo más de esa rapidez y cursividad con las que Alonso García dota a su traba-
jo en el libro de acuerdos del concejo. Intentaremos de forma rápida ofrecer una
muestra de las palabras en las que emplea con mayor asiduidad abreviaturas para
reducir su extensión. Antes de eso, debemos indicar que el símbolo de abreviatu-
ra empleado en la mayoría de estos casos es un simple trazo horizontal, a veces li-
geramente curvado, situado sobre las letras conservadas de la palabra abreviada.
Algunas son de uso general en todo tipo de documentación de la época, pa-
labras habituales como pueden ser: dicho (dho), tiempo (tpo), iglesia (iglia), et-
cétera (eta), maravedíes (mrs), alguno (algo), ninguno (ningo), oficio (ofio), vecino
(vo), concejo (qo) y cuenta (qa).
También es muy frecuente el uso de abreviaturas en términos pertenecientes
al lenguaje jurídico, habitual en este tipo de documentos de índole administrati-
vo: justicia (justa), pena (pa), procurador (procuro), merced (mçd), testimonio (tes-
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 253
tio), carta (ca), mandamiento (mo), executivo (exo), derecho (deo), sentencia (sena)
y juramento (juro).
La terminación «miento», habitual en buen número de términos, se abrevia en
la forma mio, por ejemplo en aforamiento, conocimiento, nacimiento, acatamien-
to, regimiento, corregimiento y pedimiento.
Las palabras que se refieren a ocupaciones y profesiones también resultan
abreviadas: corregidor (corro), alcalde (alld), teniente (tee), çapatero (çapato), pre-
gonero (pregono), pellitero (pellito), escribano (esco, escno), licenciado (licdo), for-
nero (forno) y ferrero (ferro) son algunas de las que aparecen en el libro de acuer-
dos de 1499.
Del mismo modo, los nombres propios, tanto los de persona como los de lu-
gar, son repetidamente abreviados, como podemos ver en los casos de Alonso (Ao),
Gonzalo (Go), Juan (Juo), Diego (Do), María (Ma), Pedro (Po), González (Gso), Ro-
dríguez (Rso), Fernández (Frrs), García (Graa) y Oviedo (Ovio).
Como ya hemos indicado al tratar sobre alguna de las letras individual-
mente, es frecuente en ellas enlazar con las que las preceden o las siguen, des-
arrollando a causa de ello unas características especiales. La variedad de nexos
es enorme y afecta a un número considerable de grupos de sílabas formados
por una consonante y una vocal, como: as, ca, ce, ci, co, en, er, es y er, per-
diendo estas letras algunos de sus trazos al unirse a sus compañeras. También
los grupos de tres letras, formados generalmente por dos consonantes y una vo-
cal, forman uniones al compartir varios de sus rasgos. Es el caso de los grupos
formados por las letras sas, tas, tra, tre, tri, cra y cre, por señalar sólo algunos
ejemplos.
Entre los signos especiales, o signos de abreviatura, tenemos un conjunto de
grafías que sustituyen a sílabas completas. Por ejemplo, la v con un trazo oblicuo
doble cruzado sobre ella equivale a la sílaba ver, lo mismo que la s alta cruzada
por un trazo diagonal, simple o doble, se corresponde con ser. Por su parte, la sí-
laba con/com adopta a principio de palabra la forma de una especie de q inverti-
da. Especialmente significativas, por su continua repetición, son las diferentes
combinaciones que se producen entre la letra p y las vocales a y e (pra, pre, per).
En todas ellas, sobre la letra p inicial se disponen los trazos, formando bucles y la-
zos que se corresponden con cada una de esas sílabas.
Finalmente, no podemos olvidarnos del caso de la q, que también resulta abre-
viada en la representación de las sílabas qua, que, qui, a veces superponiendo la
vocal correspondiente a la propia q, en otras ocasiones envolviéndola con un tra-
zo redondeado que la rodea por su parte anterior.
Otro caso de superposición de letras podemos encontrarla en la r final de pa-
labra, que a continuación de una vocal adopta de manera usual –aunque no siem-
254 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
pre– la forma de una especie de bucle ascendente situado por encima de la vocal.
También la a se superpone con frecuencia sobre vocal, especialmente a final de pa-
labra, con una forma que recuerda a la actual arroba.
El progresivo avance de la cursividad puede percibirse también en la tenden-
cia a la desaparición de letras –tanto en el interior como al final de palabra– y a
su sustitución por los signos de abreviatura. Es el caso de la n, de la que Alonso
García prescinde sobre todo a final de palabra, sustituyéndola por un pequeño tra-
zo curvo que en la mayoría de los casos, sobre todo cuando la letra anterior es una
a, surge de esa misma letra y adopta una dirección ascendente. También en el in-
terior de palabra la n tiende a desaparecer, especialmente cuando antecede a las
consonantes p y b o cuando se trata del grupo n doble (nn), que se reduce a una
sola letra coronada por el signo de abreviatura.
También la e es una letra de la que se prescinde con asiduidad, en este caso
fundamentalmente en el interior de palabra y cuando forma parte de grupos con-
sonánticos como pe, res, dez, des, del, te, tes, y algunos más.
Por lo tanto, a pesar de su aspecto externo regular y estético, que recuerda a
la escritura gótica cortesana más «ortodoxa», la escritura del libro de acuerdos
que nos ocupa tiende a la cursividad de forma evidente. La pérdida de trazos den-
tro de las palabras, la separación de sílabas y el enlace de otras que no forman
parte de la misma palabra por razones de la rapidez en la escritura, de la acelera-
ción del ductus, son signos que hablan ya un lenguaje que nos acerca a la escritu-
ra procesal. A pesar de esos signos, creemos más conveniente introducir esta es-
critura en el mundo de la gótica cursiva redonda, la conocida tradicionalmente
como cortesana.
Esto se corresponde de manera muy estrecha con el panorama del resto de
escribanías concejiles del reino, o al menos con el de aquellas cuyas característi-
cas podemos conocer gracias al estudio de que han sido objeto sus actas capitula-
res.
Es el caso del concejo de Sevilla, donde Carmen del Camino encuentra en
los libros de acuerdos un amplio abanico de escrituras góticas cursivas, «desde
las cortesanas más cuidadas y caligráficas hasta las procesales más aceleradas,
desfiguradas e ilegibles»20.
También el de Guadalajara, escribanía en la que José Miguel López Villalba
reconoce diversas variantes de escrituras góticas cursivas, aunque sitúa a la corte-
sana como la más representativa entre ellas, aun cuando con el paso de los años
que abarca su estudio perciba cada vez con mayor nitidez casos de degeneración
20 CARMEN DEL CAMINO, La escritura al servicio de la administración concejil: Historia. Insti-
tuciones. Documentos, 31, Sevilla, 2004, 97-112.
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 255
que conducen a la procesal, con trazos desunidos e inconexos y con abreviaturas
cada vez más frecuentes21.
María Amparo Moreno Trujillo, que edita y estudia el primer libro de actas
del cabildo municipal de Granada, también identifica la escritura practicada por los
escribanos granadinos como gótica cursiva, aunque en este caso parece que el pro-
ceso evolutivo se encuentra algo más adelantado, pues habla ya inequívocamente
de escritura procesal22.
Finalmente, por reseñar un caso asturiano, Covadonga Cienfuegos, en su es-
tudio del libro de acuerdos del concejo de Avilés23, lo incluye dentro del mundo
de la gótica cursiva redonda, de la cortesana, destacando ésta por el predominio
de rasgos curvos envolventes y la proliferación de signos tan típicos de este tipo
de letra como los bucles y las espiras.
* * *
Volviendo al trabajo del escribano de concejo y al uso de la escritura por par-
te de la institución concejil como instrumento de gestión, resulta especialmente in-
teresante intentar diferenciar modelos gráficos diferentes y relacionarlos con usos
también diferentes de la escritura.
Para ello nos va a resultar esclarecedor acudir al llamado Libro de Pragmáti-
cas conservado en el Archivo del Ayuntamiento de Oviedo, en el que Alonso Gar-
cía de Carrió trabaja contemporáneamente a la redacción del libro de acuerdos
que nos ocupa.
El Libro de Pragmáticas24 consta de 201 folios de papel, en los que se reco-
gen los traslados de 179 documentos originales expedidos por la cancillería real,
datándose el primero de ellos en 1469 y el último de 154825.
Alonso García, como escribano de concejo, va a autorizar y a realizar de su
puño y letra un buen número de traslados durante los años en que se encuentra al
21 J. M. LÓPEZ VILLALBA, Las actas de sesiones del concejo medieval de Guadalajara, Madrid
1991.
22 M. A. MORENO TRUJILLO, Memoria de la ciudad. El primer libro de Actas del Cabildo de Gra-
nada (1497-1502), Granada 2005.
23 COVADONGA CIENFUEGOS ÁLVAREZ, Libro de Acuerdos del concejo de Avilés (1479-1492). Es-
tudio y transcripción, Oviedo 1999.
24 Su título es: Copia de las Pragmáticas, Reales Cédulas y cartas espedidas a la ciudad de Ovie-
do por los señores reyes don Fernando y doña Isabel, don Felipe 1º y doña Juana y el Empe-
rador don Carlos desde 1493 hasta 1548, título redactado tras la encuadernación llevada a ca-
bo en 1857 debido a la mala conservación de la original.
25 Mª PALMIRA VILLA GONZÁLEZ-RÍO, Catálogo-Inventario del Archivo Municipal de Oviedo, t.
II-2, Oviedo 1987, p. 697.
256 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
frente de la escribanía del concejo,26 como se encarga de explicitar en el propio li-
bro: «Yo, Alonso García de Carrió, escrivano e notario público real, vezino de la
çibdad de Oviedo e escrivano del número e de los fechos e negoçios del regimiento
della, doy fee en como...»27.
Si analizamos con algún detalle la escritura empleada por nuestro escribano
en la redacción de estos traslados, no podemos dejar de sorprendernos por las di-
ferencias que acusa con respecto a la que conocemos del libro de acuerdos. Se
trata de una escritura que podríamos calificar como caligráfica, realizada con su-
mo cuidado, en la que a pesar de abundar los nexos y las abreviaciones éstas se rea-
lizan sin caer en la excesiva cursividad y en los trazos retorcidos y envolventes que
caracterizan el libro de actas. El escribano desarrolla el texto con una disposición
regular sobre el soporte de la escritura, respetando escrupulosamente los márge-
nes y poniendo especial cuidado en que las líneas se sucedan de forma armonio-
sa, perfectamente alineadas, lo que revela un minucioso trabajo previo de prepa-
ración y pautado del papel.
Dentro de la escritura gótica cursiva de tipo cortesano, estamos cerca de la que
se practicaba en la cancillería real y en las oficinas más cuidadosas y elegantes, de
donde procedían los documentos que Alonso García está copiando. Esto nos lleva
lógicamente a pensar en la influencia que estos documentos ejercían sobre los es-
cribanos de la época, aunque trabajaran en ciudades tan alejadas de su núcleo ori-
ginal como Oviedo. El propio Alonso García viaja a la Corte y regresa cargado de
documentos reales, y como producto de ese doble contacto con el mundo de la es-
critura cortesana –el que le da su presencia en el lugar mismo donde se producen los
documentos y el que experimenta después siendo su portador y el encargado de co-
piarlos a un libro del concejo– no puede menos que «contaminarse» de una escritu-
ra que procura imitar en sus trabajos más importantes, como el del Libro de Prag-
máticas, produciéndose un buen ejemplo de lo que Carmen del Camino denomina
«una cadena de imitaciones por parte de oficinas de rango menor de lo que sucede
en otras de mayor rango»28. De ahí que Alonso García domine con tanta maestría dos
registros de escritura tan diferentes entre sí, hasta el punto de que sería difícil ima-
ginar que han sido realizados por la misma mano si los estudiásemos por separado.
Como explica la misma Carmen del Camino cuando habla del Libro de Pri-
vilegios de la ciudad de Sevilla «lo que queda claro es que la importancia conce-
dida a su contenido se ve plenamente correspondida y resaltada con la selección
26 Podemos citar a modo de ejemplo los siguientes documentos, en los que Alonso García da fe
expresamente de haber sido el encargado de su traslado: 37 (ff. 52v–54), 42 (ff. 55v–57v), 43
(ff. 57v–58), 44 (ff. 58–v), 46 (ff. 60–v) y 49 (ff. 62–v).
27 A.A.O.: Libro de Pragmáticas, f. 25.
28 CARMEN DEL CAMINO, La escritura al servicio de la administración concejil.
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 257
de unos elementos materiales y formales que contribuyen a destacar la concien-
cia que la ciudad tiene de su importancia, de su dominio de sus prerrogativas con-
seguidas a lo largo del tiempo y refrendadas por los documentos que en este libro
se recogen»29.
Efectivamente, en el Libro de Pragmáticas del concejo ovetense se van acu-
mulando documentos que son esenciales para la labor de gobierno y el funciona-
miento del regimiento de la ciudad y, por extensión, para la vida de sus habitan-
tes. Esto exige en primer lugar una solemnidad en su tratamiento, un especial
cuidado para esos documentos y para todos los actos que giran en torno a ellos,
como su traslado a un libro propio del concejo. Solemnidad y cuidado que se ma-
nifiestan, en este caso, en la escritura empleada.
En segundo lugar, la propia naturaleza del libro nos habla no sólo de la exis-
tencia de una mentalidad archivística y compiladora, impregnada de un carácter
eminentemente práctico –poder consultar y leer esos documentos con la mayor
comodidad posible–, sino que anuncia también un ánimo de perdurabilidad, un
intento por recoger, conservar y custodiar un patrimonio que se entiende de tras-
cendental importancia para la ciudad y para sus ciudadanos y que trasciende esa
mentalidad puramente práctica y funcional que, por ejemplo, también poseen los
libros de acuerdos. Estos últimos, que dejan de lado las situaciones excepciona-
les que suponían los documentos reales para sumergirse en las actividades coti-
dianas del concejo30, presentan, como hemos visto con más detenimiento, un do-
minio absoluto de la gótica cursiva realizada con un ductus mucho más acelerado
y descuidado, lo que lleva a alcanzar mayores cotas de cursividad.
* * *
Recopilando la información obtenida, podemos concluir situando a la escri-
banía del concejo de Oviedo y a los libros elaborados en ella, especialmente este
libro de acuerdos de los años 1498 y 1499, perfectamente insertada en el mundo
de la escritura castellana de la época, en pleno proceso de transición entre la gó-
tica cursiva redonda31, conocida tradicionalmente como cortesana, y la gótica cur-
siva redonda corriente, que desembocará en la escritura procesal, cambio que se
manifiesta en los signos de una y otra que vemos desfilar por los sucesivos asien-
tos, aun cuando sigan predominando los signos cortesanos sobre los procesales.
29 ID., ibíd.
30 ID., ibíd.
31 Seguimos la nomenclatura propuesta por Mª JOSEFA SANZ FUENTES, Paleografía de la Baja
Edad Media castellana: Anuario de Estudios Medievales, 21, Barcelona, 1991, 527-536.
258 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
Una evolución que debe ponerse en estrecha relación con la naturaleza de los
documentos y con el desarrollo de los concejos urbanos, inmersos en una vorági-
ne económica y administrativa en la que su cada vez mayor poder debe de ser co-
rrespondido con la puesta en práctica de un creciente número de tipos documen-
tales y de estrategias de creación y conservación de las formas escritas. Así, hemos
podido ver cómo un mismo escribano es capaz de variar su registro dependiendo
del documento sobre el que esté realizando su trabajo y del uso que a ese docu-
mento se le vaya a dar. Tampoco podemos olvidarnos, por lo tanto, de la influen-
cia que determinadas personas pudieron ejercer sobre el cambio de hábitos en de-
terminadas oficinas, especialmente en aquellas más modestas y por lo tanto más
fácilmente influenciables, y cómo la pericia o la habilidad técnica de determina-
dos escribanos puede tener hondas repercusiones en su entorno, contribuyendo a
introducir novedades adquiridas quizá en centros de mayor envergadura.
Sin embargo, esta impresión no debe hacernos olvidar la situación de Ovie-
do como ciudad periférica, cabeza de una región con un desarrollo inferior al de
muchas otras regiones de la monarquía en un sinfín de aspectos, uno de los cua-
les sería el de la producción documental. Causa y al mismo tiempo consecuencia
de ello sería el tamaño modesto y la sencilla organización de las escribanías con-
cejiles de la región.
Pero a pesar de todo, puede adivinarse cierto desarrollo y una incipiente co-
rriente de modernización impulsada por individuos preparados y bien dotados pa-
ra su trabajo que, como Alonso García de Carrió, se encuentran en disposición de
conocer e incorporar al ambiente en el que trabajan las innovaciones que se pro-
ducían en la cancillería real, verdadero punto neurálgico de la producción docu-
mental castellana.
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 259
Archivo del Ayuntamiento de Oviedo, Libro de Pragmáticas, f. 39.
260 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
Archivo del Ayuntamiento de Oviedo, Libro de Pragmáticas, f. 43.
LA ESCRITURA DEL PRIMER LIBRO DE ACTAS DEL CONCEJO DE OVIEDO 261
Archivo del Ayuntamiento de Oviedo, Libro de Acuerdos 1, f. 53v.
262 JAIME FERNÁNDEZ SAN FELICES
Archivo del Ayuntamiento de Oviedo, Libro de Acuerdos 1, f. 85.
Características gráficas de los talleres epigráficos rurales
ligados a la pintura
Natalia Rodríguez Suárez
Universidad de León
Creo que nunca se subrayará bastante el interés de las inscripciones en gene-
ral y, en este caso particular, el de las que forman parte como un todo, de una obra
de arte, cuyo sentido contribuye a explicar su significado último. Se trata de un ac-
to de publicidad.
De los tres factores que intervienen en la comunicación –el autor del men-
saje, el destinatario del mismo y el rogatario o profesional que materializa la
comunicación– este último se me antoja el más interesante de todos, al menos
desde el punto de vista paleográfico. Él es el artífice del conjunto escrito que
se ofrece a los ojos del lector. La complejidad de las tareas que lleva a cabo
hacen su labor difícil, y de ellos depende la mayor o menor eficacia de la co-
municación.
En no pocas ocasiones, estas labores eran realizadas por una misma persona,
en talleres epigráficos sencillos, adscritos, muchas veces, al mundo rural. En ellos,
el personaje que realizaba las inscripciones, no solía ser un profesional especiali-
zado, como lo podían ser los integrantes de una oficina industrial o un scripto-
rium monástico de relieve. Se trataba de alguien que sabía escribir, tenía ciertos
conocimientos de la técnica y realizaba, ocasionalmente, de manera más o menos
eficaz una inscripción1.
1 Mª. ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ, Centros escriptorios epigráficos de la provincia de Palen-
cia: De Litteris, manuscriptis, inscriptionibus. Festschrift zum 65. Geburtstag von Walter Koch,
herausgegeben von Theo Kölzer, Franz-Albrecht Bornschlegel, Christian Friedl, Georg Vo-
geler, Wien 2007, pp. 203-227. (=MARTÍN LÓPEZ, Centros escriptorios...).
264 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ
El resultado son las inscripciones que ya han sido definidas como inscripciones
de cultura rural, contrapuestas a las de cultura urbana2. Estos epígrafes rurales se
caracterizarían por resultar más toscos, y carecer, a veces incluso, de pautado. Todo
ello se debe a la inexperiencia del artífice. Por el contrario, las inscripciones urba-
nas están mucho más trabajadas, pues han pasado por cada una de las fases de la gé-
nesis de la inscripción, –la minuta, la ingrossatio, y la ordinatio3–.
La intención de este trabajo es dar a conocer, a través de cerca de una dece-
na de ejemplos castellano-leoneses, las particularidades paleográficas que pre-
sentan las inscripciones de cultura rural, y más concretamente de aquellas que sa-
lieron de los llamados centros profesionales. Centros que han sido definidos como
los talleres ligados a profesionales de la escultura o de la pintura4. Intentaré dis-
cernir además, no sólo quién realizó los epígrafes, sino también si intervinieron
uno o varios artífices, y aclararé un poco más, si cabe, cómo se llevaban a cabo las
inscripciones en los talleres epigráficos rurales ligados a la pintura.
He de advertir, sin embargo, que al tratarse de obras de arte con un carácter
rural y de maestros de segunda fila, la preocupación por la conservación de estas
piezas no ha sido la suficiente, por lo que en muchas de ellas se aprecia un im-
portante deterioro, que también alcanza a los epígrafes.
Las Fuentes
Una vez hecha esta salvedad, comenzaré por presentar los ejemplos que han
servido de base a este estudio. En la mayoría de los casos estaremos ante Expla-
nationes, algo que resulta lógico, si tenemos en cuenta que esta tipología de ins-
cripciones son las que mayor conexión tiene con la obra de arte. Así pues, muchas
de las escenas representadas ligan su significado y alcanzan una significación
cuando se completan con estos epígrafes explicativos5. Junto a éstas, se incluyen
una Datatio, una Intitulatio y una Roboratio. Todas ellas son también tipologías
2 VICENTE GARCÍA LOBO, Epigrafía palentina del románico: Palencia en los siglos del románi-
co, Aguilar de Campoo 2002, p. 248 y VICENTE GARCÍA LOBO, La escritura visigótica publi-
citaria: Paleografía I: La escritura en España hasta 1250, Burgos 2008, p. 76.
3 VICENTE GARCÍA LOBO, La epigrafía medieval. Cuestiones de método: Centenario de la Cáte-
dra de “Epigrafía y Numismática” Universidad Complutense de Madrid 1900/01-2000/01, Ma-
drid 2001, pp. 92-96.
4 MARTÍN LÓPEZ, Centros escriptorios ....
5 VICENTE GARCÍA LOBO y Mª. ENCARNACIÓN MARTÍN LÓPEZ, Las suscriptiones. Relación entre
el epígrafe y la obra de arte: Épigraphie et iconographie. Actes du Colloque tenu à Poitiers les
5-8 octobre 1995, Poitiers 1996, pp. 75-99 y VICENTE GARCÍA LOBO, La inscripción y la obra
de arte. Sus relaciones: Promonumenta, León 2001, pp. 6-10.
CARACTERÍSTICAS GRÁFICAS DE LOS TALLERES EPIGRÁFICOS RURALES 265
epigráficas que aportan una importante información sobre la obra pictórica a la
que acompañan.
Análisis paleográfico.
El análisis paleográfico de estos ejemplos es más que suficiente para reflejar
las características que poseen este tipo de inscripciones.
El primer ejemplo se encuentra en la iglesia de Santa María la Mayor de
Arévalo, en Ávila, y data de finales del siglo XIV, en torno a 1384. El conjunto epi-
gráfico acompaña a las pinturas murales del ábside de la iglesia y se localiza en
las filacterias que lleva el tetramorfos y en una banda que corre por debajo del
Cristo en majestad. La banda nos ofrece la fecha de realización y el promotor de
la obra. Desgraciadamente, su estado de conservación no nos permite completar
ninguno de estos datos. Pues, sólo leemos:
…se fizo en el ano del sennor de mil e CCC e …. anos …e mandolo fa-
cer F…
Fig . 1 Santa María la Mayor de Arevalo6
6 Todas las fotografías han sido tomadas del archivo fotográfico del Corpus Inscriptionun Hispa-
niae Mediaevalium (C.I.H.M.)
266 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ
Los caracteres gráficos que presenta la inscripción de la banda son los típicos
de la gótica minúscula solemne. Están distribuidos armónicamente y podemos de-
cir que la inscripción tiene un cierto carácter artificioso y decorativo a la vista.
Este recurso se ha alcanzado por la angulosidad de la letra, a la que hay que unir
la forma sinuosa que adoptan los puntos de interpunción. Sin embargo, estas ca-
racterísticas no son particulares de los talleres artísticos rurales, sino que resultan
rasgos comunes en ciertas letras góticas minúsculas.
La segunda parte del mensaje epigráfico, la que aparece en las cartelas del
tetramorfos, no está escrita en gótica minúscula, sino en la denominada gótica
mayúscula del siglo XIV. Si ambos letreros, según los especialistas, son coetá-
neos, rápidamente percibimos cómo los dos tipos de letra están conviviendo, la
letra arcaizante de las filacterias, y otra, que estaría, “más a la moda” en la ban-
da inferior.
Fig. 2 Santa María la Mayor de Arevalo
Se nos plantea entonces una pregunta: ¿por qué está sucediendo esto?, y ¿có-
mo se podría explicar? El artista que realiza la obra y que se convierte también en
rogatario del letrero de las filacterias, es un artista de segunda fila, como todos los
que vamos a analizar, y la forma de desarrollar el programa iconográfico es con-
servador; repite modelos pictóricos arcaizantes. Podría tratarse de un artista rural,
con un repertorio plástico heredado, quizás de un libro de modelos que había pa-
sado de generación en generación7. De ahí que las filacterias que acompañan a esa
iconografía tengan un modelo de letra también arcaico. El artista está reprodu-
ciendo un modelo, en el que seguramente las cartelas estaban escritas en letra gó-
tica mayúscula del siglo XIV, la letra utilizada en la fecha en la que se realizó ese
libro de modelos, y que cuando se copia en la iglesia de Santa María la Mayor de
Arévalo, resulta una grafía algo retardataria. Además, el texto de las cartelas pre-
senta errores, como por ejemplo, en la filacteria de Mateo no vemos ni la N de San,
ni la O de Mateo, que sustituye por una S, imitando el signo de separación de pa-
labras de la banda inferior.
Por el contrario, el mensaje de la banda es un texto original y diseñado para
este caso concreto, con la fecha alusiva a la realización de la obra y al promotor.
7 ROBERT WALTER SCHELLER, Exenplum: model-book drawings and the practice of artistic trans-
mission in the Middle Ages (ca. 900-ca.1470), Amsterdan 1995.
CARACTERÍSTICAS GRÁFICAS DE LOS TALLERES EPIGRÁFICOS RURALES 267
Esto nos invita a pensar que el texto del modelo de la banda hubo de tener un
ordinator “profesional” que sabía escribir y distribuir el discurso perfectamente,
y que estaba familiarizado con el nuevo tipo de escritura que nacía en ese mo-
mento: la gótica minúscula. Ese personaje prepararía el letrero que luego el artis-
ta, a modo de rogatario, terminaría de plasmar. Sin embargo, los letreros de las fi-
lacterias, por sus errores y por estar desarrollados en esa grafía más antigua,
muestran que son obra de una mano menos habituada a trabajar con inscripciones.
Me atrevería a decir que se trata del mismo artista, que en estos letreros actúa tam-
bién de ordinator y rogatario. El pintor copiaría el modelo iconográfico y los le-
treros de algún libro de modelos. Además, añadió algo personal, sin conocer su sig-
nificado último, se trata de la S vuelta de separación de palabras, que toma del
letrero de la banda inferior, pero que utiliza inadecuadamente.
Así pues, parece que en este primer ejemplo epigráfico ligado a la pintura ru-
ral, intervinieron dos personas distintas. Por un lado identificamos al artista-arte-
sano, que llevó a cabo la realización de las Explanationes de la obra. Algo lógico,
si pensamos en la conexión ya subrayada entre esta tipología epigráfica y la obra
de arte. Junto a él, otro rogatario más profesional, que realizó una inscripción pro-
pia y particular, para esa iglesia, recogiendo la fecha y el nombre del promotor de
la obra.
Ya tenemos entonces identificadas algunas de las características paleográficas
que tendrán este tipo de inscripciones: la perduración de modelos gráficos arcai-
cos, fruto de la supervivencia de modelos artísticos provenientes de épocas pasa-
das, obra de los propios pintores que actúan de rogatarios, y que, muchas veces,
imitan las grafías de los libros de modelos, sin entender su significado, de ahí que
en estos casos encontremos errores gráficos, fruto, precisamente, del analfabetis-
mo del artista. Y junto a esto, la convivencia con rogatarios profesionales, que in-
tervienen en una parte del mensaje, la que
no está ligada directamente a la pintura.
La imitación de modelos pasados de
moda es una de las características de mu-
chas de estas inscripciones asociadas a los
talleres rurales, no siendo las inscripcio-
nes de la iglesia de Santa María la Mayor
de Arévalo el único caso en el que se em-
plea una escritura retardataria. Así, en la
iglesia parroquial de Villanueva de la
Valdueza, en León, se aprecia esta misma
Fig. 3 Iglesia Villanueva de la Valdueza
(Archivo C.H.J.M.)
268 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ
característica en un grupo de pinturas murales, fechadas en la primera mitad del
siglo XV, y recuperadas recientemente. Entre ellas nos interesa especialmente un
pantocrátor con el tetramorfos, acompañado de las respectivas filacterias, y bajo
éste, y separándolo de otro tema iconográfico, otra inscripción, en una banda de
la que sólo son legibles tres letras, NTA.
Tanto las filacterias del tetramorfos, como las letras de la bandas, son carac-
teres gráficos del siglo XIV. Sin embargo, sabemos que fueron realzados en el si-
glo XV. También aquí las pinturas en general, y en este caso, el pantocrátor, es muy
retardatario para esas fechas; y tan arcaizante como su dibujo, son también los ca-
racteres gráficos. Seguramente, estaremos en una situación semejante al caso que
analizamos antes. El artista-artesano actúa de rogatario, está copiando la inscrip-
ción y el esquema plástico de un libro de modelos heredado. Pues, no hay que ol-
vidar que estamos en un ámbito rural y ante un maestro secundario, y precisa-
mente ésta será una de las características de este tipo de talleres, la pervivencia de
modelos gráficos arcaicos.
En las pinturas murales de la iglesia de Nuestra Señora del Rivero en San
Esteban de Gormaz, en Soria, ocurre algo similar.
La iglesia, conserva un ejemplo de pintura mural fechada en el siglo XV. La
parte que nos interesa se sitúa en el ábside, donde, de nuevo, aparece un tetra-
morfos con sus respectivos carteles.
Fig. 4 Iglesia de Nuestra Señora del Rivero.
Cualquiera que vea la pintura podría decir que está ante una obra arcaizante
y que no posee demasiada calidad. Con estos mismos adjetivos podríamos iden-
tificar a la inscripción. Estamos en el siglo XV y el personaje que realiza el epí-
grafe utiliza una grafía del siglo XIV, una grafía que, además, en algunos casos,
reinterpreta, o no desarrolla correctamente. Esto se aprecia, por ejemplo, en la A
de Mateo. Vemos que, otra vez aquí, el artista estaría trabajando como rogatario,
y que no es demasiado hábil en esta tarea. De nuevo, este fenómeno se produce en
Explanationes que solían venir recogidas en los modelos que utilizaban los artis-
tas.
Los ejemplos que vamos analizando muestran ya dos de las características de
estos talleres profesionales ligados a centros secundarios. Un cierto arcaísmo en
la letra, y no pocos errores, debidos sobre todo, al escaso dominio que tienen so-
CARACTERÍSTICAS GRÁFICAS DE LOS TALLERES EPIGRÁFICOS RURALES 269
bre la lectura y la escritura, los artis-
tas que están actuando también de ro-
gatarios.
El escaso conocimiento que de la
escritura poseen estos artistas-rogata-
rios, se hace patente también en el
uso incorrecto de los signos de sepa-
ración de palabras.
Ya lo habíamos adelantado con
el ejemplo de Santa María la Mayor
de Arévalo, pero en la iglesia de San-
ta María la Real en La Hiniesta
(Zamora) se nos hace aún más evi-
dente. La obra aparece en el muro es-
te de la iglesia, y su programa icono- Fig. 5 Iglesia de Santa María la Real.
gráfico es complejo. Las escenas
aluden a combates e individuos
ecuestres, y junto a ellos, la representación de distintos pasajes y personajes bí-
blicos. Algunos de estos personajes se identifican a través de las cartelas que por-
tan. Se trata de los reyes David y Salomón –representado dos veces–, y junto a es-
tos el profeta Zacarías.
Las inscripciones utilizan una letra en cuya base estaría la gótica mayúscula
y en la combinación de alfabetos de épocas anteriores. Es lo que se conoce con el
nombre de prehumanística8. El artista que realiza las filacterias es, una vez más,
un personaje de segunda fila, que comete errores iconográficos como llamar rey
Zacarías al profeta del mismo nombre.
Y es precisamente en esa cartela de Zacarías donde apreciamos el mal uso de
los puntos de interpunción. Estos aparecen, indebidamente, tras las dos primeras
aes de Zacarías. Esa mala interpretación de estos signos en los epígrafes realiza-
dos por artistas ya se adelantaba en el artículo “De scripturis in picturis”, que
analiza la zona este española9, por lo que debemos suponer que se podría hacer ex-
tensible al resto del territorio español.
Además, observando las letras de estas filacterias, vemos cómo presentan
cierta artificiosidad. Letras como la A o la R de ZACARIAS y de REI, terminan
8 La realización de estas cartelas no parece coetánea a la fecha que se ha dado a las pinturas,
1370-80, quizás se realizaron con posterioridad, superponiéndose a la pintura original. Así pa-
rece indicarlo la capa del rey Salomón cuyo trazado se adivina atravesando la filacteria.
9 FRANCISCO GIMENO BLAY, De Scripturis in pictura: Fragmentos. Revista de Historia del Arte,
nº 17-19, Madrid 1991, p. 177.
270 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ
sus trazos en formas florales y sinuosas. Lo que nos indica que este pintor, veni-
do a rogatario, desarrolla el mensaje, dándole un carácter muy personal. Esto no
supone que no sepa escribir o que no conozca las letras, sino que, además del ca-
rácter publicitario del mensaje, otorga al texto un valor decorativo. Por eso sus le-
tras se salen del estereotipo prefijado y reinventan trazos, o colocan signos en lu-
gares inapropiados.
Ese mismo carácter decorativo lo observamos en la inscripción que acompaña
a las pinturas murales, de mediados del siglo XIV, en la iglesia de la Asunción de
Nuestra Señora, en Martín Muñoz de las Posadas (Segovia). Representan el ci-
clo de la vida de San Andrés, y vienen acompañadas de una Explanatio que dice:
ESTA ES LA ESTORIA DE SANT ANDRES MA…
Fig. 6 Iglesia de la Asunción
Las pinturas han sido clasificadas por el profesor Gutiérrez Baños como “un
tanto rústicas”10. En cuanto a la letra, nosotros podemos afirmar que, una vez más,
se busca un cierto carácter decorativo en ellas. Así lo vemos en la doble curva fi-
nal de la R o en la forma de la O.
Pero, además, la escritura muestra que el ordinator, sea quien sea, no era de-
masiado hábil en el trabajo epigráfico. No es un experto de la escritura, porque ha-
ce una impaginatio torpe, sin utilizar regla. Además, vemos que marca la impagi-
natio, pero no se adapta a ella, y las letras tienen diferentes alturas. Comparemos,
por ejemplo, la S o la primera E con el resto, con la R o con la A. Existe cierto des-
ajuste que hace que el letrero pierda calidad. A ello cabria sumar el hecho de que
algunas letras no están escritas correctamente, es el caso de la O o la S de San que
más bien nos recuerda a una Z.
Todo esto nos sitúa de nuevo ante un rogatario poco preparado, que quizás
fuese el mismo pintor.
Ese carácter decorativo que venimos observando, lo apreciamos también en
las Explanationes y la Roboratio del retablo de la iglesia de San Andrés, en
Añastro (Burgos), en torno a 1400. Las pinturas sobre tabla están acompañadas
de Explanationes que recogen los nombres de los personajes.
10 FERNANDO GUTIÉRREZ BAÑOS, Aportación al estudio de la pintura de estilo gótico lineal en
Castilla y León: Precisiones cronológicas y corpus de pintura mural y sobre tabla, Madrid
2005, p. 111.
CARACTERÍSTICAS GRÁFICAS DE LOS TALLERES EPIGRÁFICOS RURALES 271
Fig. 7 Iglesia de San Andrés
Tanto la tipología de letra como la distribución nos indican que los mensajes
fueron realizados por un personaje que sí conocía el mundo de las inscripciones,
sabe escribir, conoce la técnica, y utiliza la denominada prehumanística, una es-
critura mayúscula que, como ya indicamos, recupera y mezcla distintos alfabetos
góticos e incluso el carolino11. Pero la particularidad gráfica que nos interesa des-
tacar es el amaneramiento de las letras, que son más decorativas de lo habitual, al-
go que se nos hace evidente en la A de angelus, que termina en un trazo floral, emi-
nentemente ornamental.
También en el caso de las inscripciones ligadas a las pinturas de la iglesia de
la Asunción de Nuestra Señora en Palacios de la Valduerna, León, apreciamos
estas mismas particularidades. La obra que representa escenas como la corona-
ción de la Virgen y la matanza de los inocentes, se data en torno a 1400. Dichas
escenas se enmarcan con una doble banda, en la cual se conserva parte de la Ro-
boratio de la obra.
Fig. 8 Iglesia de la Asunción
La Roboratio utiliza una mezcla de letras góticas del siglo XIII y XIV, e in-
cluso algunas grafías anteriores, de nuevo estamos ante escritura prehumanística,
y al igual que ya vimos en otros ejemplos, es una prehumanística con un fuerte ca-
rácter decorativo. La A es el caso más evidente, con dobles trazos muy lineales y
ornamentales. Es evidente que el mensaje es obra de un buen rogatario, que pri-
mero traza la minuta, y luego plantea el texto adaptándose a ella, y además, utili-
za los signos de interpunción perfectamente. La obra pictórica es muy esquemá-
tica, aunque el programa es de calidad. Eso mismo podríamos decir de la
inscripción, está bien trazada, pero en letras como la A o la F tiene ese mismo
gusto por los trazos esquemáticos sin rellenar. ¿Podríamos pensar entonces que es
el pintor el que actúa de rogatario?
11 WALTER KOCH, Inscripciones y estudios epigráficos de los países de lengua alemana: Estudios
humanísticos. Geografía, Historia, Arte, nº 18, León 1996, pp. 161-182.
272 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ
Fig. 9 Iglesia de Santa María
La inscripción de la iglesia de Santa María en Santa María de Riaza (Se-
govia) de la primera mitad del siglo XIV, resulta también sumamente interesante.
En ella podemos ver cierta vinculación entre el artista y el rogatario. Las escenas
que presenta aluden a la vida de Cristo y junto a ella se pintó la mayestas, donde
los signos de los evangelistas portan cartelas identificativas.
En las Explanationes de estas filacterias la letra empleada es la gótica del si-
glo XIV, sin embargo, lo que resulta más interesante para este trabajo son los erro-
res que se cometen en los mensajes publicitarios. Así en el símbolo de San Lucas,
se observa en el letrero del toro, en el que leemos: MARCS sin la O y un posible
SAN, con una N invertida. Parece que el rogatario olvidó poner el San y que lo co-
locó después del nombre. Son errores que si lo sumamos a que los letreros están
en el lugar inadecuado, pues San Marcos se representa con un toro y es Lucas
quien aparece como un león, podría indicarnos que no es buen ordinator, no com-
prende del todo lo que está escribiendo. Si a esto unimos que en la Edad Media
los signos de los evangelistas eran de sobra conocidos, y más aún por un artista,
pues eran representados una y otra vez, parece que lo que ocurrió es que el roga-
tario no entendía del todo lo que estaba escribiendo.
¿Qué explicación cabe darle entonces a estos errores? La confusión en el nom-
bre que identifica a cada personaje, me lleva a suponer que el artista no los copió
de un libro de modelos, sino que le facilitaron una minuta, con los nombres que
debía poner, sin especificar cual correspondía a cada personaje. Quizás quien le fa-
cilitó esta minuta fue quien encargó la obra, o un clérigo ligado a la iglesia, que
sí dominaba la escritura. Como los conocimientos de lectura y escritura del artis-
ta eran limitados, no supo colocar los letreros en el lugar que les correspondía, y
aún más, no entendía los grafemas, que ve como formas a imitar, a reproducir, de
ahí que cuando copia esa minuta dé la vuelta a algunas letras, o suprima otras.
CARACTERÍSTICAS GRÁFICAS DE LOS TALLERES EPIGRÁFICOS RURALES 273
Por eso, pensamos que no era un ordinator especializado y que pudo ser, de
nuevo, el propio artista el que realizó esta labor.
Así pues, los ejemplos aquí traídos nos permiten fundamentar el título del
trabajo: las características gráficas de los talleres rurales castellano-leoneses liga-
dos a la pintura. Estas serían:
– El carácter arcaizante de las grafías, derivada muchas veces de la copia de
modelos iconográficos arcaicos que incluían el texto de las filacterias. Lo
que se explica por el carácter rural de las inscripciones, alejadas de los gran-
des centros de producción.
– El mal uso y, por tanto, el mal entendimiento de muchos de los caracteres
utilizados. Véase por ejemplo los signos de separación de palabras, o in-
cluso de algunos grafemas. Lo que debe llevarnos a suponer que estamos an-
te un mal rogatario, un rogatario inexperto, que imita las grafías pero no al-
canza a entender su significado.
– La tercera característica consistiría en otorgar a los caracteres gráficos em-
pleados un cierto valor decorativo, reinterpretando trazos para hacerlos más
atractivos al espectador.
Antes de terminar, quisiera incluir una última inscripción. Se trata de los le-
treros que acompañan a las pinturas murales de la iglesia parroquial de Santa
María de Sacramenia (Segovia), fechadas en 1436. En el ábside de la iglesia se
representan: una mayestas y un ciclo alusivo a lo que parece alguna santa de ad-
vocación popular, en dos filas superpuestas. Los tres ciclos se separan por bandas
en las que se colocan inscripciones.
Son, de nuevo, inscripciones ligadas al ámbito rural, por ello poseen las ca-
racterísticas que hemos descrito. El primero de los letreros nos ofrece la data:
… DE MILL E QUATROCIENTOS E TREINTA E SEIS ANNOS….
Fig. 10 Iglesia de Santa María de Sacramenia
274 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ
Las letras empleadas son arcaizantes para la cronología que presentan. La lí-
nea de la impaginatio no es perfecta, sino algo sinuosa. La banda que contiene las
letras unas veces es más ancha y otras más estrecha, lo que hace que unas letras
sean más grandes que otras. Todo nos está indicando que estamos en un ámbito ru-
ral, y ante un rogatario no del todo hábil.
El problema surge al intentar leer la segunda línea, parecen signos confusos,
que no llegamos a entender. Por ello, intentando darle una explicación, pensamos
en el carácter decorativo de los signos gráficos. ¿Sería este un caso extremo? Es
decir, que quien realizó las letras las utilizase, en esta segunda franja, con un ca-
rácter únicamente decorativo y no como medio de comunicación, pues su mensa-
je concluía en la primera banda12. Resulta algo llamativo, pero no debemos obviar
la existencia de inscripciones ornamentales, que están surgiendo en estas mismas
fechas. Me refiero al uso decorativo que el mundo cristiano otorga, en este mismo
momento, a la escritura árabe13.
Pero puede tener otros significados. En las últimas jornadas de Poitiers la pro-
fesora E. Bozoky presentó un trabajo sobre determinadas frases o letras que apa-
recían en pergaminos, como en el MS 23 de la catedral de Canterbury14.
Fig. 11 Ms. 23 catedral de Canterbury.
Dichas letras, según indicaba el propio manuscrito, servían para proteger y cu-
rar a quien las recitaba o las llevaba escritas consigo. Se trataría de alguna frase
cifrada o de antiguos mensajes que, con el paso del tiempo y la copia reiterada, fue-
ron perdiendo su primitivo sentido. Estas frases tenían entonces un sentido apo-
12 VINCENT DEBIAIS, Messages de pierre. La lecture des inscriptions dans la communication mé-
diévale (XIIIe - XIVe siècle), Turnhout 2009, pp. 152-161.
13 NATALIA RODRÍGUEZ SUÁREZ, Multiculturalidad artística a través de la epigrafía: La multi-
culturalidad en las Artes y en la Arquitectura, T. I, Las Palmas de Gran Canaria 2006, pp. 447-
452.
14 Cf. RICHARD KIECKHEFER, Magic in the middle ages, Cambridge 1990.
CARACTERÍSTICAS GRÁFICAS DE LOS TALLERES EPIGRÁFICOS RURALES 275
tropaico, el mismo uso que tiene el león y el oso a la puerta de la colegiata de San
Isidoro. Así pues, quizás estas letras en la iglesia de Sacramenia pudieran tener es-
te sentido. Sin embargo, he de decir que soy escéptica, en esta mi segunda pro-
puesta, –quizás por mi ignorancia en el tema–, y me inclino más a creer en la pri-
mera opción, que el artista contara con modelos de letras y que las copiase en la
franja, aunque no siempre acertadamente. Pero no puedo afirmarlo con rotundidad,
pues no he encontrado otros ejemplos, que nos ayuden a aclarar esta inscripción15.
15 La dificultad de interpretación de esta segunda banda da mayor sentido si cabe a la publicación
de esta inscripción para que otros especialistas puedan sugerir posibles explicaciones a estos
mensajes.
Qui scripserunt scribant, semper cum Domino vivant.
Se terminó de imprimir
en la Imprenta Gofer
el día 3 de mayo de 2010,
festividad de la Invención de la Cruz