TEMA 5: HÍGADO.
1. INTRODUCCIÓN.
El hígado es el órgano más grande y pesada del aparato digestivo. Se encarga de la síntesis de
proteínas plasmáticas, la detoxificación, el almacenaje de vitaminas y glucógeno, así como la
producción y secreción de bilis.
La bilis es de carácter enzimático y se almacena en la vesícula biliar, cuyo vaciamiento es
regulado mediante sus esfínteres. Como repuesta a la ingesta de alimentos ricos en grasa, el
intestino delgado fabrica y secreta la hormona colecistoquinina (CCK) al torrente circulatorio,
estimulando la apertura de los esfínteres de la vesícula biliar y el tránsito de la bilis hacia el
duodeno, para la emulsión de las grasas.
Además de la secreción de la bilis, el hígado filtra toda nuestra sangre y las bacterias del intestino.
Por tanto, se trata de un órgano esencial para la vida. Hoy en día, los trasplantes de hígado
funcionan muy bien.
2. LOCALIZACIÓN ANATÓMICA.
El hígado abarca todo el hipocondrio derecho, la parte superior del epigastrio y una pequeña
parte del hipocondrio izquierdo. Su cara diafragmática se encuentra bajo la celda subfrénica
derecha, mientras que su cara visceral sobre el duodeno, el páncreas y el estómago (contacta con
él mediante el epiplón menor).
El hígado se encuentra protegido por la caja torácica a partir de la 5ª costilla, pero no debe
rebasar el reborde costal derecho. En casos de hepatomegalia, debido a la toma excesiva de
alcohol o a un carcinoma, supera dicho límite. Podemos medir su descenso en traveses de dedos
e incluso palpar su borde inferior en la fosa ilíaca derecha. Al tener una consistencia dura, es
posible detectarlo por percusión en la cavidad abdominal, ya que el sonido variará de timpánico
(fisiológico) a mate (significa que hay una estructura densa).
El hígado es un órgano intraperitoneal y supramesocólico (superior al mesocolon transverso),
ubicado bajo la celda subfrénica derecha. El peritoneo visceral reviste completamente la cara
visceral del hígado, uniéndose al estómago a través del epiplón menor. Dicho peritoneo se refleja
y continúa rodeando la cara diafragmática del hígado, a excepción del área desnuda de la que
nace el ligamento falciforme.
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En la siguiente imagen sagital, podemos observar un corte de la parte medio distal del estómago,
la bolsa omental, el páncreas retroperitoneal, el mesocolon transverso, el mesenterio recubriendo
a las asas intestinales.
Anteriormente el hígado se proyecta desde T5 sin rebasar el reborde costal, mientras que
posteriormente se extiende desde T9.
3. MORFOLOGÍA EXTERNA.
El hígado es un órgano semiovoide que presenta 2 caras y un borde.
CARA DIAFRAGMÁTICA O FRÉNICA: es lisa y se encuentra bajo la cúpula diafragmática
derecha, por lo que presenta cierta convexidad. En ella distinguimos:
CARA ANTERIOR.
CARA SUPERIOR.
CARA POSTEROSUPERIOR.
CARA DERECHA.
CARA VISCERAL O POSTEROINFERIOR.
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BORDE INFERIOR.
3.1. CARA DIAFRAGMÁTICA.
CARA ANTERIOR.
La cara anterior es convexa. Los ligamentos triangular derecho, coronario del hígado y triangular
izquierdo enmarcan el área desnuda y confluyen en el ligamento falciforme del hígado, que
divide al hígado en 2 lóbulos principales: lóbulo hepático derecho (de mayor tamaño) y lóbulo
hepático izquierdo (de menor tamaño). En esta imagen, no podemos ver la cara visceral, pero sí
el borde inferior del hígado con la presencia de la vesícula biliar.
El ligamento falciforme está constituido por una reflexión del peritoneo visceral del hígado que se
continúa con el peritoneo parietal anterior del abdomen. De su borde libre parte el ligamento
redondo del hígado, un vestigio de la primitiva vena umbilical. Cuando este conducto deja de ser
funcional, pierde su permeabilidad, se atrofia y se transforma en el ligamento redondo, una
estructura fibrosa que discurre por dentro del peritoneo que antes rodeaba a la vena umbilical,
trasladándose desde el ombligo hasta el ligamento falciforme del hígado.
CARA SUPERIOR.
En la cara superior se halla el área desnuda del hígado, una zona sin recubrimiento peritoneal
visceral que se prolonga desde el ligamento triangular derecho hasta el izquierdo y contacta
directamente con el diafragma. Desde su parte anterior nace el ligamento falciforme del hígado.
CARA POSTEROSUPERIOR.
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Desde la cara posterosuperior podemos ver los ligamentos triangulares derecho e izquierdo,
así como el ligamento coronario del hígado que rodea al lóbulo derecho salvo en una zona que
queda desprotegida.
Este área desnuda es territorio de la cara superior y en él se encuentran las venas hepáticas o
suprahepáticas izquierda, intermedia y derecha, así como el surco de la vena cava inferior,
la cual se encuentra pegada a la columna vertebral.
La vesícula biliar es ventral a la cara diafragmática. Cercana a la misma se encuentra el hilio
hepático, integrado por:
Vena porta hepática (entra).
Arteria hepática propia: antes de entrar en parénquima hepático se divide en la arteria
hepática izquierda (menor calibre) y la arteria hepática derecha (mayor calibre). De esta
última, surge la arteria cística.
Conducto hepático común (sale): su unión al conducto cístico origina el conducto
colédoco, que desemboca en la 2ª porción del duodeno.
En la vista anterior del borde inferior del hígado, solo se aprecia una pequeña parte de la vesícula
biliar, mientras que en la vista posterior se puede observar toda su estructura.
Aunque el ligamento coronario se suele ubicar en el lóbulo hepático derecho, a veces también
se distingue un ligamento coronario izquierdo. Ambos cuentan con un ligamento coronario
anterior (límite anterior del área desnuda) y un ligamento coronario posterior (limite posterior
del área desnuda), que se unen formando los ligamentos triangulares derecho e izquierdo. Por
tanto, entre los ligamentos triangulares se localiza dicho área desnuda, una zona en la que se
comunican las venas hepáticas con la vena cava.
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Abajo observamos una vista anterior del borde inferior del hígado. La zona convexa del hígado se
encuentra bajo la celda subfrénica derecha. Posteriormente a ella, se localiza la vena cava
inferior. El ligamento coronario hepático se trata de la continuación del ligamento triangular
derecho. El ligamento falciforme es la proyección anterior del revestimiento perineal del hígado,
que se continúa con el ligamento redondo del hígado.
CARA DERECHA.
La cara derecha se relaciona con la glándula suprarrenal y el riñón derecho, que se aloja en la
celda renal revestido completamente por grasa para evitar que sufra.
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3.2. CARA VISCERAL O POSTEROINFERIOR.
La cara visceral se orienta hacia abajo y hacia detrás, en relación con las vísceras de la cavidad
abdominal. Se separa de la cara diafragmática por el borde inferior, que cuenta con una parte
anterior aguda y una parte posterior roma.
En ella se encuentra la vena cava inferior, el hilio hepático y la vesícula biliar. La vena cava
inferior discurre bajo un pequeño ligamento a modo de ojal y se dirige hacia el corazón.
Desde esta cara podemos apreciar todos los lóbulos hepáticos:
Lóbulo derecho (mayor): a la derecha del ligamento falciforme.
Lóbulo izquierdo: a la izquierda del ligamento falciforme.
Lóbulo caudado o de Spiegel (más posterior): por detrás del hilio hepático y en relación con
vena cava inferior, que se ubica en la parte más posterior del abdomen.
Lóbulo cuadrado (más anterior): por delante del hilio hepático y en relación con la vesícula
biliar.
4. RECESOS PERITONEALES.
Los recesos son invaginaciones del propio peritoneo que forman cavidades mayoritariamente
virtuales importantes a nivel patológico, ya que constituyen focos de posibles infecciones.
Podemos diferenciar:
Receso hepatorrenal: separa la parte derecha de la cara visceral del hígado del riñón y la
glándula suprarrenal derechos.
Recesos subfrénicos: separa las caras anterior y superior del hígado del diafragma.
El área desnuda se halla entre ambos recesos.
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Área desnuda
El ligamento falciforme se proyecta hacia el hilio hepático, constituido por la vena porta, la
arteria hepática propia y el conducto hepático común. También podemos ver la vena cava inferior
y la vesícula biliar. Los recesos subfrénicos se extienden entre el hígado y el peritoneo parietal
del abdomen.
5. RELACIONES.
CARA DIAFRAGMÁTICA: zona convexa que ocupa la celda subfrénica derecha del diafragma
y se proyecta hacia la columna vertebral.
CARA VISCERAL.
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La vena cava inferior se sitúa entre el lóbulo caudado y el lóbulo derecho. Además, se
amarra a esta cara mediante el ligamento de la vena cava.
La vesícula biliar se localiza entre el lóbulo cuadrado y el lóbulo derecho. Su parte más baja
sobresale por el borde anterior del hígado.
LÓBULO IZQUIERDO.
- Impresión gástrica: el lóbulo izquierdo solo se relaciona con el estómago, aunque éste
también se proyecta hacia el lóbulo cuadrado.
LÓBULO CUADRADO.
- Impresión gástrica: el lóbulo cuadrado se asocia a la curvatura menor del estómago y
al epiplón menor.
LÓBULO DERECHO.
- Impresión renal y suprarrenal: la parte más posterior del lóbulo derecho se encuentra
separada del riñón y la glándula suprarrenal derechos por el receso hepatorrenal.
- Impresión duodenal: la parte medial del lóbulo derecho se relaciona con la 1ª porción
del duodeno.
- Impresión cólica: la parte más anterior del lóbulo derecho está vinculada al ángulo
colicohepático y a la parte derecha del colon transverso. Aquí se establece el ligamento
hepatocólico.
6. MEDIOS DE FIJACIÓN.
El hígado se mantiene en su posición a través de los siguientes medios de fijación:
TEJIDO CONJUNTIVO DENSO: une el hígado al diafragma.
VENA CAVA INFERIOR: estructura retroperitoneal de gran calibre que pasa por el orifico del
diafragma. En ella drenan las venas suprahepáticas, a través de las cuales se sostiene el
hígado.
PLIEGUES PERITONEALES:
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LIGAMENTO FALCIFORME: desde la cara inferior del diafragma y la pared anterior del
abdomen hasta la cara diafragmática anterior del hígado.
LIGAMENTOS CORONARIOS ANTERIOR Y POSTERIOR : desde la cara inferior del
diafragma hasta la cara diafragmática posterosuperior del hígado, donde constituyen los
límites anterior y posterior del área desnuda.
LIGAMENTOS TRIANGULARES DERECHO E IZQUIERDO : continuación de los
ligamentos coronarios anterior y posterior en los límites laterales del área desnuda.
LIGAMENTO REDONDO: obliteración de la vena umbilical que se extiende desde el hilio
hepático hasta el borde libre del ligamento falciforme.
EPIPLÓN MENOR: se ve reforzado por los siguientes ligamentos:
- LIGAMENTO HEPATO-DUODENAL: entre el hígado y la 1ª porción del duodeno.
- LIGAMENTO HEPATO-GÁSTRICO/GASTRO-HEPÁTICO: entre el hígado y la
curvatura menor del estómago.
En su cara posteroinferior se sitúa el orifico omental/epiploico o conducto de Winslow, a
través del cual se accede a la bolsa omental o transcavidad de los epiplones. Este
peritoneo se fija al hilio hepático, al que también proyecta internamente el ligamento
falciforme.
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Concretamente, el ligamento hepatoduodenal del epiplón menor rodea el hilio hepático y
contiene la triada portal (conducto colédoco, arteria hepática propia y vena porta), vasos
linfáticos y el plexo hepático. EXAMEN.
7. SEGMENTOS.
Generalmente, las personas pueden vivir sin problemas, tras extirparles una parte de su hígado y
ligar los vasos importantes, para evitar sangrados. Aunque el hígado presenta 4 lóbulos, podemos
dividirlo en 8 segmentos empleados por los cirujanos a la hora de realizar intervenciones
quirúrgicas. Dichos segmentos se enumeran en el sentido de las agujas del reloj:
LÓBULO CAUDADO (SEGMENTO I).
LÓBULO IZQUIERDO (3):
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SEGMENTO LATERAL IZQUIERDO:
- POSTERIOR (II).
- ANTERIOR (III).
SEGMENTO MEDIAL IZQUIERDO (IV).
LÓBULO DERECHO (4):
SEGMENTO MEDIAL DERECHO:
- POSTERIOR (VIII).
- ANTERIOR (V).
SEGMENTO LATERAL DERECHO:
- POSTERIOR (VII).
- ANTERIOR (VI).
La vena porta entra a través del hilio hepático, se ramifica y se continúa con las venas
suprahepáticas que drenan en la vena cava inferior.
Vena suprahepática derecha: entre los segmentos medial y lateral derechos.
Vena suprahepática media: entre los
lóbulos derecho e izquierdo.
Vena suprahepática izquierda: entre los
segmentos medial y lateral izquierdos.
La arteria hepática propia también se
introduce por el hilio hepático y se ramifica.
Por el contrario, las ramas del conducto
hepático común se reagrupan y salen por
dicho hilio. Debemos tener en cuenta toda esta
vascularización, para mantener funcionales los
segmentos restantes del hígado tras una
operación.
En la siguiente imagen, podemos observar el
entramado vascular correspondiente a cada
territorio hepático. A la hora de intervenir un
carcinoma hepático, es mejor si se localiza en la periferia que si lo hace en una zona interna. La
metástasis hepática sucede con mucha facilidad.
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8. VASCULARIZACIÓN.
La sangre entra al hígado a través de los siguientes vasos:
ARTERIA HEPÁTICA PROPIA: continuación de la arteria hepática común, a su vez
procedente del tronco celíaco, una rama visceral impar (medial) de la aorta abdominal. Antes
de acceder al parénquima hepático se divide en las arterias hepáticas izquierda y derecha.
De esta última, surge la arteria cística para la vascularización de la vesícula biliar.
El 20% del flujo sanguíneo hepático discurre a través de las arterias hepáticas izquierda y
derecha. Contienen sangre oxigenada para la vascularización nutricia del hígado.
VENA PORTA: surge de la convergencia entre la vena esplénica, a la cual se une
previamente la vena mesentérica inferior, y la vena mesentérica superior. Sus ramificaciones
se comunican con las venas suprahepáticas.
El 80% del flujo sanguíneo hepático fluye por la vena porta. Transporta sangre poco oxigenada
y rica en los principios inmediatos que son absorbidos durante la digestión, para la
vascularización funcional del hígado. La sangre que se dirige al lóbulo hepático derecho
procede del intestino delgado, el ciego, el colon ascendente y 2/3 del colon transverso
(recogida por la vena mesentérica superior). Por el contrario, la sangre trasladada al resto de
lóbulos pertenece al estómago, duodeno, páncreas y vías biliares.
La sangre sale del hígado por las venas suprahepáticas o hepáticas, que drenan en la vena
cava inferior para devolverla a la circulación general. *NOTA: las vena suprahepáticas no
acompañan a las ramas de la arteria hepática propia. Esta última sigue a la vena porta.
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8.1. VASCULARIZACIÓN ARTERIAL DEL DIGESTIVO.
La vascularización arterial del digestivo es llevada a cabo por las ramas viscerales impares que
surgen de la aorta abdominal:
TRONCO CELÍACO: irriga la porción abdominal del
esófago, el estómago, el bazo, el hígado, la parte superior
del territorio pancreático-duodenal y la vesícula biliar.
ARTERIA MESENTÉRICA SUPERIOR: alcanza la parte
inferior del territorio pancreático-duodenal, el yeyuno, el
íleon, el ciego, el apéndice, el colon ascendente y 2/3 del
colon transverso.
ARTERIA MESENTÉRICA INFERIOR: vasculariza 1/3 del
colon transverso, el colon descendente, el colon sigmoide
y la parte superior del recto.
8.2. VASCULARIZACIÓN VENOSA DEL DIGESTIVO.
La vena porta hepática recoge la sangre venosa de todo el
sistema digestivo subdiafragmático. El bazo forma parte de
nuestro sistema digestivo, pero no participa en la función
digestiva. Se trata de un órgano linfoide donde se filtra la sangre y se sintetizan linfocitos, por lo
que resulta fundamental para el mantenimiento de nuestras defensas. Éste recibe la sangre de la
arteria esplénica, a través de la cual se conecta al tubo digestivo. Una vez filtrada, dicha sangre se
traslada a la vena porta, a través de la vena esplénica, y fluye hasta el hígado, donde se filtra
atendiendo a criterios diferentes. El verdadero filtrado bacteriano de la sangre, procedente del
tubo digestivo, se produce en el hígado.
Como sabemos, la vena porta que aparece fruto de la fusión de la vena mesentérica superior con
la vena esplénica, en la cual tributa previamente la vena mesentérica inferior. En ella drenan la
vena pancreático-duodenal superior y las venas gástricas derecha e izquierda. El resto de
los vasos finalizan en la vena esplénica (venas gástricas cortas, venas pancreáticas y vena
gastro-epiploica izquierda), la vena mesentérica superior (vena pancreático-duodenal inferior,
vena gastro-epiploica derecha, venas yeyunales, venas ileares, vena ileocólica, vena cólica
derecha y vena cólica media) y la vena mesentérica inferior (vena cólica izquierda, venas
sigmoideas y vena rectal superior).
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La vena porta se divide en una rama derecha y una izquierda antes de entrar al hígado, las
cuales se continúan con las venas suprahepáticas que desembocan en la vena cava inferior y
retornan la sangre al circuito general al terminar en la aurícula derecha del corazón.
La sangre procedente de la cabeza, el cuello y el tórax drena en la vena cava superior, sin pasar
por el hígado. El esófago cuenta con 3 porciones:
Porción cervical: las venas esofágicas drenan en la vena tiroidea inferior, la vena
braquiocefálica y la vena cava superior.
Porción torácica: las venas esofágicas drenan en las venas hemiácigos, la vena ácigos y la
vena cava superior.
Porción abdominal: las venas esofágicas drenan en la vena gástrica izquierda, la vena porta,
las venas suprahepáticas y la vena cava inferior.
Los pacientes con patología hepática experimentan frecuentemente ingurgitación de las venas
esofágicas, con la formación consecuente de varices esofágicas.
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8.3. DRENAJE LINFÁTICO DEL DIGESTIVO.
GANGLIOS CELÍACOS: reciben la linfa del hígado, estómago, bazo, duodeno y páncreas.
GANGLIOS MESENTÉRICOS SUPERIORES: recogen la linfa del intestino delgado y la mitad
derecha del intestino grueso.
GANGLIOS MESENTÉRICOS INFERIORES: asimilan la linfa de la mitad izquierda del
intestino grueso.
Todos estos ganglios desembocan en el tronco intestinal, que conduce la linfa hasta la cisterna
del quilo o de Pecquet. Desde ahí, surge el conducto torácico entre los 2 pilares del diafragma
a nivel lumbar, que drena en la vena subclavia izquierda, concretamente en el ángulo
yugolosubclavio izquierdo o ángulo de Pirogoff izquierdo.
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Desde cualquiera de estos ganglios, las células pueden viajar hacia diferentes órganos. Ej.: el un
cáncer hepático puede hacer metástasis en el cerebro.
Si al hacer un PET los ganglios celíacos carecen de células tumorales, probablemente los
ganglios periféricos tampoco estén afectados. Por lo tanto, se trata de los ganglios centinelas de
la cavidad abdominal.
Los ganglios siempre acompañan a los grandes troncos vasculares. Debido a la gran cantidad de
ganglios que discurren por el borde superior del páncreas, este órgano tiene muchas posibilidades
de sufrir metástasis.
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9. INERVACIÓN DEL DIGESTIVO.
La inervación del digestivo es llevada a cabo por el SN Autónomo.
PARASIMPÁTICA:
NERVIO VAGO (X par craneal): sus neuronas salen del núcleo dorsal del tronco del
encéfalo y se extienden hasta el abdomen, donde se originan los troncos vagales anterior
y posterior, los cuales constituyen una serie de plexos nerviosos que alcanzan a
múltiples órganos y vísceras.
- Hígado y bazo.
- Estómago-esófago.
- Duodeno-páncreas.
- Intestino delgado.
- Mitad derecha del intestino grueso.
NERVIOS ESPLÁCNICOS PÉLVICOS (niveles medulares S2-S4): descienden hasta la
pelvis, donde se continúan con el plexo hipogástrico inferior (pélvico) y los ganglios
pélvicos, que alcanzan el intestino distal (mitad izquierda del intestino grueso).
De ahí que los tumores medulares a nivel de S2-S4 se asocien a incontinencias de los
esfínteres vesical y rectal.
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SIMPÁTICA:
TRONCOS SIMPÁTICOS: los nervios esplácnicos torácicos y lumbares se originan en
el asta lateral de la médula espinal a nivel T5-L2 y alcanzan los ganglios simpáticos. Éstos
constituyen 2 cadenas ganglionares a ambos lados de la médula, que conectan con una
serie de plexos distribuidos por la cara anterior de la aorta abdominal. Dichos plexos llegan
a todos los territorios del tubo digestivo y a la zona pélvica.
- Ganglio y plexo celíaco: hígado y bazo, estómago-esófago y duodeno-páncreas.
- Ganglio y plexo mesentérico superior: intestino delgado y mitad derecha del intestino
grueso.
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- Ganglio y plexo mesentérico inferior: intestino distal (mitad izquierda del intestino
grueso).
Los nervios esplácnicos mayor y menor se dirigen hacia los ganglios celíacos simpáticos (no
linfáticos) y, desde ahí, se trasladan al plexo hepático para inervar al hígado. El hígado se
encuentra por encima del estómago y, a nivel de dichas estructuras se localiza el plexo celíaco.
10. CONSIDERACIONES CLÍNICAS.
CIRROSIS HEPÁTICA.
La cirrosis es una enfermedad en gran medida irreversible. Se caracteriza por fibrosis difusa,
regeneración nodulillar parenquimatosa y alteración de la arquitectura hepática. Es decir, el tejido
crece en detrimento del parénquima, lo ahoga y deja de desempeñar su función.
En grandes bebedores, el hígado crece progresivamente, se hace graso y va perdiendo su
funcionalidad. Éstos lo advierten cuando ya tienen insuficiencia hepática.
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La fibrosis progresiva interrumpe el
flujo sanguíneo de la vena porta y se
produce una hipertensión portal, pues
la sangre procedente de los órganos
sanos no puede drenarse en la vena
cava inferior. *NOTA: normalmente la
hipertensión se asocia a las arterias,
pero en este caso concreto no. Las
causas incluyen:
Hepatopatía alcohólica (60 - 70%),
se podrían evitar con el abandono
del consumo de alcohol.
Hepatitis vírica tipo C (10%).
Enfermedades biliares (5 - 10%).
Hemocromatosis hereditaria (5%), un
tipo de discrasia sanguínea.
Cirrosis criptogénica (10-15%), de
origen genético.
MANIFESTACIONES DE LA
CIRROSIS.
En la cirrosis avanzada, las
manifestaciones clínicas son más evidentes. Es frecuente una historia de empeoramiento de la
ictericia, coluria, heces claras y ascitis. Como la sangre deja de ser filtrada, aparece la ictericia
y se adormecen los sistemas de comunicación cerebral, el paciente entra primero en obnubilación
y finalmente en coma. Además, fruto del hiperestrogenismo puede presentar alopecia pectoral,
ginecomastia y atrofia testicular.
HIPERTENSIÓN PORTAL.
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La resistencia al flujo sanguíneo portal, que provoca aumento de la presión venosa portal, puede
producirse a través de 3 mecanismos principales:
PREHEPÁTICO: obstrucción del flujo sanguíneo hacia el hígado.
POSTHEPÁTICO: obstrucción del flujo sanguíneo desde el hígado al corazón.
INTRAHEPÁTICO: cirrosis (una de las causas más frecuentes) u otras enfermedades
hepáticas.
Las consecuencias clínicas incluyen:
Ascitis (normalmente detectable cuando se acumulan 500 ml de líquido en el abdomen).
Formación de derivaciones (shunts) venosas porto-cava a través de anastomosis anatómicas.
Esplenomegalia congestiva.
Encefalopatía hepática.
HEPATITIS VÍRICA.
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La hepatitis vírica, causada por uno de los 5 virus (VHA, VHB, VHC, VHD o VHC), afecta al hígado
e incluye infección aguda y/o crónica, con lesión de hepatocitos, colestasis, necrosis, inflamación
del tracto portal y fibrosis. La lesión crónica en estado terminal puede conducir a la cirrosis con
pérdida de hepatocitos, fibrosis y nodulillos regenerativos. Los signos y síntomas frecuentes son la
ictericia, fatiga, dolor abdominal, disminución del apetito y náuseas. Sin embargo, el 80% de los
pacientes con infección por VHC no presentan signos ni síntomas.
Hoy en día, se puede curar y su sintomatología es muy similar, pues el parénquima deja de
funcionar.
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