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Blanco, 2008

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MARÍA VICTORIA

FERNÁNDEZ CASO RAQUEL


GUREVICH (coordinadoras)

Jorge Blanco
Silvia L. Bocero

Pablo Ciccolella. María Victoria Fernández


Caso
Raquel Gurevich Claudia E.
Natenzon

Silvina Quintero • Carlos


Reboratti

GEOGRAFÍA
Nuevos temas, nuevas preguntas Un
temario para su enseñanza
Editorial Biblos Claves para la
Formación Docente

Espacio y territorio: elementos


teórico-conceptuales implicados en
el análisis geográfico Jorge Blanco

Introducció
n

Los inicios del siglo xxi nos presentan un mundo complejo y cambian te,
en el que las contradicciones son cada vez más exacerbadas; lugares,
ciudades, regiones y países se hallan en rápida transformación. Pero no se trata de un
movimiento unidireccional ni fácilmente encasillable; an tes bien, estas
transformaciones parecen caracterizarse, al mismo tiempo, por la homogeneidad
y la diferenciación, la aceleración y el letargo, la uni ficación y la
fragmentación, la convergencia y la desigualdad, la inclusión y la
exclusión.
Nuevas tecnologías, nuevas necesidades sociales, nuevos actores, nue
vas formas de organización del trabajo, "novedades" que percibimos a
dia rio, pero que deberían obligarnos a reflexionar acerca de las permanen
cias, las resistencias, las articulaciones que están asociadas con cada uno
de estos aspectos.
Frente a la multiplicidad de procesos simultáneos y contradictorios, se
requiere de explicaciones complejas y de instrumentos variados que nos
ayuden a comprender el mundo contemporáneo: un mundo que se mueve
con distintas velocidades y que articula múltiples escalas.
¿Cómo se sitúa la geografia en esta realidad? ¿Qué aportes puede rea
lizar a su comprensión? ¿Qué conceptos de la disciplina pueden ayudar a
entender y a enseñar la complejidad del mundo contemporáneo? En
este capítulo la atención se concentrará en un concepto clave para la
discipli na -el de espacio geográfico, a fin de desarrollar algunas
perspectivas que lo hacen fructífero como herramienta para entender
y explicar parte de esta realidad.
El concepto de espacio geográfico se presta a distintas interpretaciones
y perspectivas. En esta oportunidad se señalarán algunas de ellas sin in
tentar presentar una definición acabada. La intención que guía este
tex
[ 37 ]

Jorgo
Blanco

to es la de abrir las múltiples facetas que aparecen involucradas en su de


finición y acercar algunas propuestas que se han presentado desde la geo grafia
crítica en los últimos años.

Sobre los conceptos clave en


geografía

A lo largo de la historia de la disciplina diferentes conceptos han ac tuado como


nociones clave a la hora de explicitar cómo se entendían las relaciones
entre la sociedad y el medio en el que vive. Estos conceptos cla ve
están en estrecha interacción con el temario de la disciplina: permiten una
lectura de los distintos temas y cuestiones, al tiempo que dan forma a la
construcción del temario. Así, por un lado, el concepto de espacio
geo gráfico está presente no sólo en los análisis teóricos sino en el
abordaje de cuestiones ambientales, urbanas, temáticas rurales,
cuestiones de desa rrollo local, de geografia política, de
circulación, etc. Por otro lado, muchos de los temas de investigación
en estas áreas quedan constituidos como ta les a partir de la perspectiva
adoptada sobre el espacio geográfico.
Roberto L. Corrêa (1995: 16) enuncia cuáles han sido esos conceptos
clave en la historia de la geografia, al sostener que "como ciencia social, la
geografia tiene a la sociedad como objeto de estudio, objetivada a tra
vés de cinco conceptos clave que guardar entre sí un fuerte grado de pa
Tentesco, pues todos ellos se refieren a la acción humana modelando la su
perficie terrestre: paisaje, región, espacio, lugar y territorio".
Desde la institucionalización de la geografia, paisaje y región han sido
conceptos ordenadores del quehacer de los geógrafos en el ámbito
acadé mico y han formado parte del temario escolar de la disciplina
durante lar gas décadas. Paisaje y región no son conceptos univocos y en
torno de ellos se han planteado diversas discusiones sobre su significado y
alcance (Ca pel, 1981). De manera análoga, en la actualidad son los
conceptos de es pacio, territorio y lugar los que se encuentran en el
centro de las preocu paciones de las principales corrientes de
pensamiento en la disciplina.
A mediados del siglo xx, el espacio geográfico comienza a ocupar un lu
gar central en el discurso geográfico. En principio, en el desarrollo de
las perspectivas neopositivistas, que hablaban de una ciencia espacial y de
procesos espaciales. Hacia la década de 1960, las corrientes radicales
también utilizan ese concepto de espacio, pero reformulado desde una
concepción muy diferente,
En las perspectivas neopositivistas el espacio es considerado, funda
mentalmente, a través de la noción de planicie isotrópica. La planicie iso
trópica es una superficie uniforme, con similitud de esfuerzo de movi miento
en cualquier dirección, sobre la cual los geógrafos neopositivistas

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados


en el análisis geográfico

SU

desplegaban sus modelos de la organización espacial. Tanto


los viejos mo delos de la localización industrial y los lugares centrales como sus
versio nes renovadas, o los que intentan representar la estructura interna
de las ciudades con sus gradientes de densidades y costos del suelo,
entre otros, asumían este supuesto de una "planicie de lugares iguales sobre la que
se desarrollan las acciones y mecanismos económicos que llevan a la diferen
ciación del espacio" (Corrêa, 1995: 21). Se trata de un espacio con propie
dades geométricas, que remiten a la distancia, la orientación y la cone
xión. La distancia, medida fundamentalmente a partir del costo del movi miento,
se transforma en un factor fundamental a la hora de explicar las localizaciones.
En la geografia humanista, por su parte, lugar hace las veces de con cepto clave,
en tanto que el espacio es considerado, fundamentalmente, en Su condición
de espacio vivido. El espacio vivido es percibido a través de los sentidos,
de la experiencia, de las ideas, en diferentes instancias que articulan el
espacio personal, el del grupo y el mítico-conceptual que "ex trapola más
allá de la evidencia sensorial y de las necesidades inmedia tas en
dirección hacia estructuras más abstractas" (Tuan, citado por Co rrêa,
1995: 30). El espacio "se transforma en lugar a medida que lo cono
cemos mejor y lo dotamos de valor" (Tuan, citado por Ferreira, 2000).
En el caso de la geografia crítica, los conceptos de espacio y espaciali dad
ocupan una posición central. Aun sin un significado unívoco, desde es ta
corriente el espacio está indisolublemente ligado a la organización y el
funcionamiento de la sociedad, en particular a los procesos de
producción y de reproducción social. En esta dirección serán profundizadas
algunas líneas para avanzar sobre el concepto de espacio.

Perspectivas sobre el espacio


geográfico
En todos los marcos conceptuales de referencia, la idea de espacio es tá
asociada con una cierta concepción de los procesos sociales. En esa re lación
entre espacio y sociedad Nicolás Hiernaux y Alicia Lindón (1993) realizan un
intento por clasificar las diferentes miradas que estuvieron en boga en las
últimas décadas.
Una primera perspectiva es aquella que concibe el espacio como sopor te,
como marco y continente de las acciones sociales. "Bajo la categoría de
espacio receptáculo o continente se están considerando aquellas
concep tualizaciones que tratan al espacio como un mero soporte o sustrato
sobre el cual se localizan elementos y relaciones; en otras palabras, como su
nombre lo indica, el espacio contiene objetos. Bajo esta premisa, sólo
es po sible plantear relaciones unidireccionales, con lo cual el espacio pierde
la

Jorge
Blanco

posibilidad de ejercer cualquier influencia sobre los elementos y las rela


ciones que en él se manifiestan. A lo sumo, en este espacio pueden expre
sarse relaciones entre los elementos, tales como la distancia, a su turno
simplificable y medible en tiempo y costo. De esta forma, en esta postura se incluyen
tanto aquellas perspectivas para las cuales el espacio es con tinente en
sentido empírico como también aquellas otras en las que la idea de
continente sería entendida a nivel mental y espiritual” (Hiernaux
do, fijo y, en alguna
Lindón, 1993: 91). El espacio aparece aqui como previamente delimita
medida, "dado”. En algunas de las versiones, este es pacio
delimitado es susceptible de ser descripto en términos de inventario de hechos
fisicos, sociales y económicos. Su función es ser mero escenario para el
despliegue de los procesos económicos y sociales sobre los que no
tiene ninguna influencia.
Una segunda línea interpretativa es la que concibe el espacio en direc ta
que
relación con la sociedad. Pueden diferenciarse aquí dos vertientes: las
entienden el espacio como producto de las relaciones sociales
y las que lo planteani Como una instancia de la totalidad social
El espacio como producto social enfatiza el carácter reflejo del espacio, su
dependencia de los procesos sociales que lo modelan y su adaptación,
de alguna manera mecánica, ante los cambios sociales. En esta línea, el
espacio es visto "como una «codificación o un «reflejo de la intencionali dad
ción de la
humana o la estructura social. Esto significa que cualquier explica
organización espacial [...] tenía que ser buscada en lo que per
manecía primariamente como aespacial" (Gregory y Urri, 1985: 2). Tren
te a la mirada simplificada de la sociedad que plantearon las
corrientes neopositivistas, en la que los modelos respondian a la distinción de la so
ciedad en productores y consumidores que actuaban siguiendo principios de
racionalidad económica, este énfasis en la producción social del espa cio
representa un avance significativo. Sin embargo, "el espacio
queda su bordinado a las otras instancias que operan en el
funcionamiento de la economía y de la sociedad en general"
(Hiernaux y Lindón, 1993: 100), es tando presente la idea de una causalidad
directa y no la de una relación dialéctica.
En los últimos años ha cobrado cuerpo un debate creciente acerca de la naturaleza de las
relaciones entre sociedad, espacio y tiempo. Es así co mo algunos geógrafos
han desarrollado una perspectiva según la cual el espacio es una instancia
de la totalidad social, en el mismo nivel y con la misma jerarquía que
las demás (Santos, 1996; Soja, 1993). Según esta perspectiva el
espacio participa como condicionante de los procesos socia les al
mismo tiempo que como su producto, en una secuencia de
opuestos como productor-producido, subordinante-subordinado, presupuesto-con
creción (Soja, 1985; Hiernaux y Lindón, 1993). En palabras de Doreen

Espacio y territorio elementos teórico-conceptuales implicados en el


análisis geográfico

Massey (1985: 12): "El espacio es un constructo social -sí. Pero


las relacio nes sociales están construidas sobre el espacio, y eso
marca una diferen cia"; y continúa:

Comprender la organización espacial de la sociedad, por tanto, es crucial. Es


central para nuestra comprensión de las maneras como funcionan
los procesos sociales; para nuestra conceptualización de alguno de
aquellos procesos, probablemente, y para nuestra capaci dad para
actuar sobre ellos políticamente, con certeza. (Massey, 1985: 17)

El carácter de condicionante no debe confundirse con un nuevo tipo de


determinismo del espacio sobre la sociedad; por el contrario, es
una invi tación a pensar en las condiciones en que los procesos sociales se
territo rializan, en la fijación y acumulación en el espacio de las decisiones socia
les de diferentes momentos y en el espacio construido como un medio a
través del cual las relaciones sociales son producidas y
reproducidas. Nue vamente Massey aporta unas preguntas que
permiten situar en claros términos el problema:

Argumentaria que uno no puede formular un mundo de formas y efectos espaciales,


en un modo que recuerdo a los años de 1960. Pe ro ¿qué hay del
reverso de ese problema? ¿Podemos tener teorias so ciales sin
contenido o delimitación espacial? ¿Podemos, válidamen te,
presentar procesos, estructuras y mecanismos generativas como si
ocurricran en la cabeza de un alfiler? ¿En qué sentido la forma es pacial
es constitutiva de las relaciones sociales? Si lo espacial no es
autónomo de lo social, ¿puede lo social ser teorizado
autónomamen te de su forma, requerimientos e implicaciones
espaciales? (Massey, 1985: 17-18)

En este contexto, una aproximación a la conceptualización del espacio


geográfico requiere, entre otras cuestiones, precisar la indole de la
rela ción entre espacio y vida social, aportar una visión sobre la
transforma ción de la naturaleza, identificar los principales procesos y
modalidades de producción social del espacio y reconocer la
historicidad intrínseca del espacio geográfico.

Una nota sintética sobre el concepto de


territorio

El concepto de territorio también ha ocupado un lugar central en


la geografia pero, a diferencia del de espacio, ha sido retomado por
práctica

Jorge
Blanco

mente todas las corrientes de pensamiento. En su acepción más generali


zada, el concepto de territorio lleva implícitas las nociones de apropiación, ejercicio
del dominio y control de una porción de la superficie terrestre, pero también
contiene las ideas de pertenencia y de proyectos que una so ciedad desarrolla en
un espacio dado.
Luego de realizar un análisis etimológico del término y de su uso en la literatura
geográfica, Marcelo Escolar (1993: 88) concluye que en su uso actual se
"recalcan las características sociales de esa tierra delimitada en su
dimensión jurisdiccional de efectivo dominio. De tal manera que «terri
torio terminaría significando un ámbito terrestre delimitado de cjercicio
excluyente del poder".
Si bien el ejercicio del poder, la política y la consecuente remisión al Estado están
presentes en todas las definiciones de territorio, hay algu nas que hacen hincapié
en otras dimensiones. Por ejemplo, en su diccio nario de términos
geográficos, Roger Brunet, Robert Ferras y Hervé Théry (1993: 480)
sostienen que "la noción de territorio es a la vez jurídi ca, social, cultural,
y también afectiva. El territorio implica siempre una apropiación del espacio.
El territorio no se reduce a una entidad jurídica (algunas de entre ellas nunca
dan lugar a un sentimiento de identidad co lectiva), y tampoco puede ser
asimilado a una serie de espacios vividos, sin existencia política o
administrativa reconocida [...]. El territorio tien de a la proyección sobre un
espacio dado de las estructuras específicas de un grupo humano, que
incluyen el modo de división y de gestión del espa cio, el ordenamiento
de ese espacio". Los autores recuperan, de esta ma nera, la intención de
apropiación con un sentido más amplio que el de la dimensión política.
La cuestión de la proyección sobre un espacio de ciertas estructuras
es tá también presente en Claude Raffestin (1993: 143-144), para quien el
territorio es el resultado de una acción conducida por un actor que se apropia
concreta o abstractamente de un espacio. De ahí que afirme que "el territorio
se forma a partir del espacio".
Por su parte, Wanderley Da Costa (1995) sostiene que en todo tiempo y lugar las
distintas sociedades han valorizado el espacio bajo modalida des particulares. En
ese proceso de valorización se pueden reconocer rela ciones culturales con
el espacio: desde los mitos, ritos y sacralizaciones hasta la impregnación de
cultura por la aplicación de su trabajo y sus téc nicas, por las formas de
apropiación y explotación de ese espacio, deriva das de sus necesidades y
su modo de producir. Esta proyección que hace todo grupo social de sus
necesidades, su organización del trabajo, su cul tura y sus relaciones de poder
sobre un espacio es lo que transforma ese espacio de vivencia y producción en
un territorio. La apropiación y trans formación de un espacio por parte de una
sociedad implica entonces la
Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en el
análisis geográfico

construcción de un territorio, su uso, su conversión en un "territorio


usa do" (Santos y Silveira, 2004).
El territorio puede entenderse así como la manifestación concreta, em
se hacen en
Dírica, histórica, de todas las consideraciones que en un plano conceptual
torno del espacio. Es con este sentido que, en algunas instan cias
de este texto, se remitirá al territorio en vez de hacerlo al espacio.

Espacio geográfico y procesos


sociales
El desarrollo de la vida social implica la búsqueda de la satisfacción
de un conjunto de necesidades, variables en distintos momentos
históri cos y en diferentes contextos geográficos, según los diversos
grupos socia les y según el particular nivel de desarrollo relativo
de las técnicas dis ponibles. La satisfacción de estas necesidades se
realiza a través de la vinculación con la naturaleza en los procesos de producción,
que son los destinados a la elaboración de los bienes y servicios que
satisfacen esas necesidades de reproducción social. Aunque Neil
Smith y Phil O'Keefe (1996) nos advierten que, en el funcionamiento
actual del capitalismo, la relación con la naturaleza no puede verse
vinculada directamente con las necesidades como única
determinación, dado que la producción de valo res de cambio es un
motor de la producción atendiendo a la satisfacción de una
necesidad imperiosa: la ganancia.
Entendido en términos amplios, el proceso de producción abarca no so lamente el
momento de producción propiamente dicho sino también la cir
culación. El proceso de reproducción social, a su vez, puede definirse
co mo la instancia de satisfacción de las necesidades sociales,
claramente di ferenciadas de acuerdo con las clases y los grupos
sociales. Visto desde las necesidades, durante el proceso de
reproducción social se realizan diver sas actividades de consumo de
bienes y servicios, en condiciones media das por las características
sociales, económicas, culturales y políticas de las personas y grupos,
abarcando ámbitos que van más allá de la impor tancia de las
relaciones económicas para la reproducción del mundo del trabajo, ya que
"otras relaciones sociales son también importantes, espe cialmente aquellas
ligadas a la familia, a la religión, a la escuela, a la co munidad
(Vasconcellos, 1996: 27).
Producción y reproducción social son procesos entrelazados, interpene trados y
que se definen en su mutua relación. Son, además, procesos que requieren de la
este sentido como puede
transformación material de la superficie terrestre y es en
ser entendida la frase: “Producir es producir espa cio" (Santos, 1990:
178). Sólo para señalarlo de modo esquemático, los pro cesos de
producción implican la articulación de recursos localizados, capital

44
Jorge
Blanco

fijo fijado (Moraes, 1998), mercados de mano de obra, infraestructura ener


gética y de circulación, en una localización que ocupa una cierta posición en relación
con un conjunto de localizaciones significativas. El proceso de pro ducción
implica el agregado de trabajo, en parte fijado, al espacio y la valo
rización de elementos fijados en procesos de producción anteriores.
Pero también las diferentes modalidades, intensidades y oportunida des de
reproducción social producen espacio. A título ilustrativo, los exten sos
suburbios residenciales de las ciudades, habitualmente llamados "ciu dades
satélites", pueden ser reconceptualizados como espacios en los que
predominan los procesos de reproducción social, con características parti
culares según se trate de grupos sociales de ingresos altos o bajos, con
un conjunto de servicios, por ejemplo, comerciales, sanitarios, educativos
y recreativos vinculados estrechamente con esa particularidad de
ingresos. Está claro así que al analizar las características de los procesos de
repro ducción social inmediatamente surge la vinculación con los procesos de
producción asociados. Por ejemplo, la vivienda responde simultáneamen
te a procesos de producción (de suelo urbano, de infraestructura, de
la propia unidad de vivienda) y también a la satisfacción de necesidades de
reproducción social (abrigo, protección, intimidad, etcétera).
¿Son estos procesos de producción y reproducción social independientes de las
condiciones materiales y simbólicas en que se desarrollan? Dicho de otra
manera, el espacio es el resultado de las características de esos pro
cesos? De acuerdo con lo que se ha venido sosteniendo, el espacio no
es só lo resultado de esos procesos sino también condición. Los procesos de pro
ducción existen como proyectos, se hacen viables, se organizan y se articu lan
a partir de las condiciones existentes en cada momento decisional.
Lo mismo puede decirse de los procesos de reproducción social, cuyo
"formato" no es abstracto sino efectivamente concreto en un contexto ma terial
particular. Quizá sea útil señalar, por ejemplo, la discusión acerca de si
los problemas sociales son problemas urbanos. La particularidad ur bana
de los problemas sociales hace que los términos del debate
estén con cretamente acotados a las condiciones del espacio en las
que se plantean; las respuestas a esos problemas, por lo tanto, son
respuestas urbanas. Del mismo modo puede pensarse cualquier política
para el mejoramiento de la vivienda rural: no es indiferente al
planteo de esa política el adjetivo rural' asociado con el
problema.

Materialidad y acciones

¿Cómo vincular la transformación material de la superficie


terrestre con las acciones que configuran esa transformación? ¿Cómo
relacionar las

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en el


análisis geográfico

ideas y las representaciones acerca del espacio con las


decisiones sociales que producen y son condicionadas por el
espacio? La propuesta de defini ción de espacio geográfico de
Milton Santos (1996: 51-52) aporta algunas aproximaciones a las
respuestas a estas preguntas. Luego de sucesivas definiciones
provisorias formuladas a lo largo de diferentes obras, este au tor
propone entender el espacio geográfico como "formado por un conjun
to indisociable, solidario y también contradictorio de sistemas de objetos y
sistemas de acción, no considerados aisladamente, sino como el marco
unificado en el cual se desarrolla la historia. [...] El espacio es
hoy un sis tema de objetos cada vez más artificiales, poblado por
sistemas de acción igualmente imbuidos de artificialidad, y cada vez más tendientes a fines
extraños al lugar y a sus habitantes. Los objetos no tienen realidad filo sófica,
esto es, no nos permiten el conocimiento, si los vemos separados de
istemas de acción. Los sistemas de acción tampoco se dan sin los sis temas de
objetos. Sistemas de objetos y sistemas de acciones interactúan. De
un lado, los sistemas de objetos condicionan la forma como se
dan las acciones y, de otro lado, los sistemas de acción llevan a la creación de
ob jetos nuevos o se realizan sobre objetos preexistentes. Es así
como el es pacio encuentra su dinámica y se transforma".
Esta propuesta es sumamente rica para la comprensión de diversas
cuestiones centrales para la geografia. En la definición se subraya el ca rácter
indisociable de los componentes materiales y decisionales en el es pacio
geográfico, unos imposibles de ser comprendidos sin los otros. Fren
te a una geografia que enumera cosas y objetos, esta perspectiva
remite siempre a la pregunta por los actores sociales y su
relación con esas cosas y objetos, con las formas espaciales.
Los sistemas de objetos hacen referencia a la materialidad del espa cio
geográfico, a los sucesivos agregados de formas espaciale
les que se in
corporan en relación con las formas existentes. Estos conjuntos
tienen distintas instancias de articulación entre sí, no necesariamente
armóni cas, y las decisiones sociales que crean y localizan esos
objetos no son in diferentes a la existencia previa de otros objetos
localizados y puestos en relación.
Los constructos fijados (edificios, infraestructura energética y de
circu lación, equipamiento industrial, patrimonio cultural, etc.) son
expresio nes de las relaciones sociales que les dieron origen, aunque
sobreviven a esos procesos y son refuncionalizados en cada momento. De ahi
que la his toria de los lugares esté presente sincrónicamente y que
estos objetos agregados vayan volviéndose una cualidad del espacio.
Estos constructos fijados pueden ser tipificados a partir de un
abordaje tecnológico, arqui tectónico, de las edades de los objetos
y, especialmente, desde el punto de vista funcional (Moraes, 1998).

Jorge
Blanco

La categoría de forma-contenido da cuenta de los objetos que contienen


fracciones de la sociedad. Los procesos que los animan, las
relaciones so ciales, el contexto histórico, quedan cristalizados en formas-
contenido que sirven a funciones específicas en el momento de su
concreción. Además de la intencionalidad de su creación, es el uso
social el que atribuye un con tenido a las formas espaciales, "es el consumo del
espacio creado el que lo califica como una forma-contenido" (Moraes, 1998: 150).
Y esta califica ción es la que permite considerarla también como forma-
momento, incor porándole más claramente su dimensión temporal, ya
que ante cada even to las formas son recreadas:

El evento, para realizarse, se encaja en la forma disponible más adecuada [o crea


nuevas formas, para que se realicen las fun ciones de las que ese
evento es portador. [...] Los movimientos de la sociedad,
atribuyendo nuevas funciones a las formas geográfi cas,
transforman la organización del espacio, crean nuevas situa ciones
de equilibrio y al mismo tiempo nuevos puntos de partida para un nuevo
movimiento. Para adquirir una vida, siempre reno vada por el
movimiento social, las formas -vueltas así formas-con tenido,
pueden participar de una dialéctica con la propia sociedad y así
formar parte de la propia evolución del espacio. (Santos, 1996: 83-
86)

La permanencia de estas formas construidas es denominada por Santos


como rugosidades, entendidas como formas durables o
efímeras, naturales y sociales, es decir, introducidas por el hombre. Las
rugosida des son lo que queda del pasado como forma, espacio
construido, paisa je, lo que resta del proceso de supresión,
acumulación, superposición, con el que las cosas se sustituyen y
acumulan en todos los lugares. Las rugosidades se presentan como
formas aisladas o como conjuntos" (San tos, 1996: 113).
En esta dinámica, las representaciones desempeñan un papel podero so
en el modelado de la espacialidad de la vida social. Las representacio
nes son centrales en la elaboración de proyectos, en los impulsos para la
acción. Pero, manteniendo la relación dialéctica, también la
producción social de la espacialidad se apropia y remodela las representaciones y sig
nificados del espacio mental, como parte de la vida social (Soja,
1993). Las intenciones, los intereses, las estrategias de los actores en
relación con el espacio suponen representaciones de éste, que se
plasman, a su vez, en las decisiones adoptadas.

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados


en el análisis geográfico
47

La articulación de actores y escalas

La materialidad de la vida social, las formas espaciales, están anima


das por las decisiones sociales. Las acciones son procesos dotados de pro
pósito, actos deliberados e intencionales, que se realizan en un cierto con texto
(Santos, 1996). Por medio de las acciones, los proyectos de los acto res
sociales se llevan a la práctica, condicionados por la materialidad efec
tivamente existente y por los proyectos de otros actores sociales, en un
diálogo que se estimula, se contrapone y obstaculiza, acelera o inhibe las
decisiones. En palabras de Edward Soja (1993: 158-159): "La
espacialidad concreta -la geografia humana efectiva-es, pues, un terreno
competitivo de luchas por la producción y reproducción sociales, de prácticas
sociales que visan, sea al mantenimiento y refuerzo de la espacialidad
existente,
sea a una reestructuración significativa y/o una transformación radical",
4 Esas prácticas sociales están situadas en el tiempo y en el espacio,
y, de
alguna manera, limitadas por las propiedades estructurales de los
siste mas sociales que son, simultáneamente, el medio y el resultado de
los ac tos sociales. Impulsadas por las necesidades, las acciones
humanas, rea lizadas a través de formas sociales, conducen a la creación y
al uso de for mas geográficas.
Las prácticas sociales son desarrolladas por un conjunto amplio de ac tores sociales,
que incluyen los individuos, las empresas, las organizacio nes y las
instituciones de todo tipo, incluyendo obviamente al Estado. En relación
con este último, David Harvey señala algunas de sus particulari
dades, al decir:

El Estado es diferente de otros agentes en diversos aspectos. Pri mero, el


territorio y la integridad del territorio son sus objetivos en un grado tal
que no es característico de los otros agentes. Segundo, en virtud de su
autoridad, puede dar forma más firme y cohesión a las alianzas
regionales de clase a través de las instituciones de la ley,
gobernancia, participación política y negociación, poder militar y
represión. Tercero, puede imponer límites relativamente firmes en
los, de otro modo, poroşos e inestables contornos geográficos.
Final mente, en virtud de sus poderes fiscales y de control de la política
monetaria y fiscal, puede promover y sostener activamente esa co
herencia regional estructural para la producción y el consumo para
lo cual el capitalismo tiende y toma a su cargo esas inversiones en
infraestructura que los capitalistas individuales no podrían afron
tar. (Harvey, 1985: 152)

Cabe, no obstante, hacer un señalamiento en relación con una


concep ción habitual: la del Estado como actor monolítico. Si bien es posible ho

Jorge Blanco

SIT
mogeneizar las funciones del Estado capitalista, es interesante recono cer
para cada situación particular la multitud de actores estatales que se
articulan con intereses, muchas veces, contradictorios. Y en esto pue de
incluirse tanto a organismos y dependencias del mismo nivel estatal (por
ejemplo, ministerios o secretarías del Estado nacional) como al
en cuentro en una situación concreta de intereses diferenciados entre
los actores estatales de diferentes niveles (por ejemplo, el Estado
nacional, un estado provincial y diversos municipios en torno de un problema
am biental).
El conjunto amplio de actores que fueron mencionados presenta desi
guales capacidades para imponer sus decisiones y condiciones, lo
que lle va a que algunos de ellos encuentren limitaciones efectivas para llevar
adelante sus proyectos. En este marco es que pueden pensarse los
actores como hegemónicos o hegemonizados, decisores o no
decisores.
Sólo para ejemplificar la variedad de actores que intervienen en cada
situación, Corrêa (1990) presenta una lista que no pretende ser exhausti va
de actores sociales "que hacen y rehacen la ciudad": los propietarios
de los medios de producción, los propietarios fundiarios, los promotores in
mobiliarios, el Estado, los grupos sociales excluidos. A ellos se les
podría agregar toda la amplia gama de organizaciones sociales que
actúan en la ciudad (sindicatos, organizaciones no gubernamentales,
el conjunto de instituciones de la sociedad civil); los ciudadanos, como
individuos, en ins tituciones estables o agrupados con fines específicos de
manera coyuntu ral; los diversos actores políticos que habitualmente se
encuadran dentro del Estado, etcétera
Una salvedad importante es no confundir el origen local de los actores como el
único relevante para analizar el conjunto de prácticas sociales. Un planteo
interesante en este sentido es el presentado por Pedro Pirez (1995)
que, partiendo de la pregunta sobre quiénes son los actores del es pacio local,
intenta responder distinguiendo los actores según su escala de
reproducción. En el espacio local confluyen actores cuya reproducción no está
limitada necesariamente al ámbito local, esto es, actores cuyo ámbi to de
reproducción de su poder (político, económico o simbólico) puede ser
la escala regional, nacional, supranacional o global. Sin embargo, las
de cisiones y las prácticas de estos actores son esenciales para
comprender el espacio local.
Esa vinculación entre diferentes niveles del espacio no se comprende si se
piensa que los actores están confinados en alguno de ellos. Antes bien, para
un mejor entendimiento de las acciones y de las prácticas so ciales es necesario
castrados y de inclusión
cuestionar la idea de escala que remite a conjuntos en
sucesiva. Sallie Marston (2000) propone revisar la noción de escala
desde una perspectiva constructivista y relacional, re

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en el análisis


geogrático
49

chazando el uso de escala como una categoría ontológica dada. En la


mis ma dirección, Philip Kelly (1999: 381) considera que "la escala es
una for ma epistemológica antes que una forma ontológica; se trata de
cómo com prendemos el mundo social, en lugar de alguna esencia
fundamental de la realidad".
La escala no es un patrón jerárquico preconcebido para ordenar el
mundo local, regional, nacional y global, sino que es el producto contin
gente de las tensiones existentes entre las fuerzas estructurales y las
prácticas de los agentes humanos. El análisis de la escala se concentra,
entonces, en los procesos que modelan y constituyen las prácticas
sociales en diferentes niveles de análisis. En este sentido, la escala
estaría defini da por procesos sociales que se despliegan en
diferentes ámbitos (o en dis tintos niveles) que se determinan
mutuamente. En tanto que, de modo complementario, los diferentes
ámbitos contribuyen a la definición de esos procesos. Los procesos
sociales operan a través de las escalas y no confinados en alguna
de ellas en particular:

Lo que se vuelve evidente es que la escala no provee un simple


continente para la acción, sino un sitio para la interacción entre
fuerzas sociales que operan a través de las escalas.
(Kelly; 1999: 381)

En esta perspectiva, el objetivo es considerar cómo se constituyen y


transforman escalas particulares, en respuesta a la dinámica
socioespa cial. En particular, Marston (2000: 221) sostiene que
"la escala se consti tuye y reconstituye en torno de relaciones
capitalistas de producción, re producción social y consumo, y que la
atención a estos tres tipos de rela ciones es crítica para entender
completamente la construcción social de la escala”. Puesto en
términos territoriales, así es como "en la medida en que el globo
está materialmente más interconectado, las dinámicas en una es cala están
crecientemente implicadas con otras escalas. Hablar de proce sos
locales, regionales, nacionales o aun globales carece de sentido; las re
laciones sociales son en verdad desarrolladas a través de las
escalas an tes que confinadas en ellas" (Kelly, 1999: 381).
En esta construcción social de la escala nuevamente ocupan un lugar
central el Estado y los actores capitalistas más concentrados. La
articula ción de procesos y escalas se da en el marco de constantes
tensiones que Neil Smith (citado por Marston, 2000) traduce en la
vigencia de pares de opuestos complementarios: igualación-
diferenciación, estabilidad-inesta bilidad, fijación-fluidez,
competencia-cooperación.

Jorge Blanco

Las sucesivas transformaciones de la


naturaleza

A lo largo de la historia, las distintas sociedades han ido transforman do,


recreando, la naturaleza. En los inicios de la humanidad aún era po
sible hablar de una "naturaleza natural", en el sentido de un funciona
miento exclusivamente basado en la dinámica de las leyes y los procesos
puramente naturales. Un momento en el que los ritmos de la naturaleza marcaban
el ritmo de la vida social. Pero la transformación radical que implica el trabajo
sobre la naturaleza cambió estructuralmente esta si tuación:

Aun en un sentido estricto, la naturaleza no es más muy natural desde que el


hombre trabaja; si, durante largo tiempo, el orden de magnitud de las
energías que él movilizaba no tenía nada en común con el orden de
magnitud de las energías naturales, y si no podia más que "rasgar
superficialmente la epidermis de la Tierra", sus medios de acción o
los efectos de sus acciones son en la actualidad lo suficientemente
poderosos como para plantear problemas de dimen sión
planetaria. (Brunet et al., 1993: 346)

Con la revolución agrícola y la domesticación comienza un paulatino proceso de


transformación de la naturaleza, llamado por algunos autores artificialización". Quizá el
término artificialización' evoca rápidamente una imagen de medio construido, de
agregado de objetos producto de la acción humana al espacio. En este
sentido, también se dice que el espacio urbano representa la máxima
artificialización de la naturaleza. Sin duda que ésta es una parte evidente y
claramente definida de la transforma ción de la naturaleza, pero hay otros
aspectos de similar importancia que pueden pasar desapercibidos.
Siglos (milenios en algunas zonas de la Tie rra) de tareas agrícolas
han modificado la estructura de los suelos; las conquistas militares, los
contactos entre civilizaciones, los intercambios comerciales y las
migraciones han producido una extraordinaria difusión y movilidad
de especies vegetales y animales y también de enfermeda des, a
lo largo del planeta (Arnold, 2000); la puesta en producción de ex tensas
regiones ha cambiado completamente la vegetación original. La in troducción y
difusión del uso de organismos genéticamente modificados os una faceta más de
este proceso, que lleva a grados elevados la tensión en tre
lo que puede
considerarse natural y lo producido socialmente. El pai--- saje
observable en grandes zonas agrícolas actuales es, ante los ojos inge
nuos, de cultivos que evocan la naturaleza, pero tal vez su condición más
destacada sea que estos cultivos se desarrollan a partir de objetos
técni cos sofisticados, como son las semillas genéticamente
modificadas combi nadas con la aplicación de un complejo sistema de
agroquímicos.
Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en
el análisis geográfico
51

En este marco cobra sentido la afirmación de que la naturaleza tam


bién es producida, lo que puede ser entendido más
precisamente a partir
de las observaciones de Neil Smith y Phil O'Keefe (1996:
291):

Decir que la naturaleza es producida no implica que cada átomo de cada árbol,
montaña o desierto es creado por los hombres, ni que cada átomo
del Empire State sea creado por los hombres; la materia no es
creada ni destruida. Significa que la actividad humana es res ponsable en
mayor o menor medida por la forma de la materia; el ta mano y la
forma de los edificios, la localización de los árboles o la
producción de hibridos, la fisonomia de las montañas, la extensión
espacial del desierto. [...] Detrás de la vaga y mecánica "dominación
de la naturaleza" encontramos en realidad la producción de la natu
ralcza.

Este conjunto de transformaciones implica sucesivos estadios de la na


turaleza o, dicho de otra manera, un sistema de naturalezas
sucesivas, históricas, resultado de la particular combinación de las
reglas que regu lan el funcionamiento de los sistemas físicos y biológicos y de
las prácti cas sociales. Esta naturaleza historizada puede observarse en las
grande: escalas y también en el análisis micro: en las prácticas agrícolas más so
fisticadas existe un registro informatizado de la historia de cada parcela, de la
composición del suelo y de su variación en función de cada ciclo de
cultivos, de los agregados de fertilizantes que se hacen en cada
campaña y de los rendimientos resultantes. En esta escala micro,
podría pensarse en cambios históricos registrados año tras año sobre la
naturaleza de ca da una de las parcelas dedicadas a las actividades agrícolas.
En esas prácticas sociales la naturaleza es apropiada y transformada, como parte de un
proceso de valorización del espacio que, según Moraes (1998), se
compone de cinco instancias: apropiación de los medios natura les,
creación de una segunda naturaleza, apropiación de la naturaleza ya
socializada, creación de formas espaciales humanas, apropiación de las for
mas creadas. Es necesario destacar el hecho de que esta segunda
natura leza se presenta, a los ojos de la sociedad, finalmente
como naturaleza, ya que "a fuerza de parecer naturales, los paisajes
natales, o familiares, de vienen «segunda naturaleza y, finalmente, naturaleza,
cualquiera sea su
ansformación, de wartificialización" (Brunet et al. 1993: 346). En palabras de
Soja (1985: 93):

La impresión de la primera naturaleza no está dada de manera ingenua o


independiente. Está siempre mediada y refundida como parte
de una segunda naturaleza que deriva de la aplicación orga
nizada y acumulativa de trabajo humano y de conocimiento. El es

Jorge Blarico

pacio de naturaleza fisica es así apropiado en la producción social de la


especialidad; literalmente hecho social. [...] la producción so cial de
la espacialidad abarca e incorpora la producción social de la
naturaleza, la transformación del espacio fisico en la creación de una
segunda naturaleza que manifiesta de manera concreta sus
orígenes esencialmente sociales.

Pero la apropiación y la transformación de la naturaleza no se limitan a la puesta en


producción, ya que "las propias áreas que aún continúan Avírgenes»,
bajo ciertos aspectos, no escapan a esa socialización general por la
que pasa la naturaleza. Como excepciones que son,
representan,
la sociedad en general y para el capital en particular, reservas terri toriales
estratégicas para valorización futura (con todos los recursos que contienen), o
reservas naturales bajo tutela del Estado que busca así pre servarles su
aspecto natural primitivo" (Moraes y Da Costa, 1987: 88).
ciones materiales.
Esta producción social de la naturaleza 10 se limita a las transforma
También el significado cultural de la naturaleza es pro ducido
socialmente (Smith y O'Keefe, 1996; Ortega Valcárcel, 2004).
Co mo señala Gabriela Nouzeilles (2002: 16):

La naturaleza nunca se nos ofrece cruda y completamente des provista de


sentido. Nuestras percepciones están siempre mediadas por aparatos
retóricos y sistemas de ideas que nos proveen las len tes a través
de las cuales hacemos significar paisajes y objetos. A pe sar de la
idea de inmediatez que evoca, la naturaleza está inserta en la historia y,
por lo tanto, sometida al cambio y la variación. Así co mo ha habido
diferentes definiciones a través del tiempo, en cada franja temporal se da
la copresencia conflictiva de sentidos diversos.

Las mediaciones entre la sociedad y la


naturaleza: el proceso de trabajo

Desde una perspectiva no determinista, es decir, que combine naturale za y


sociedad sin otorgarle a uno de estos términos el control único o domi nante,
John Agnew, David Livingstone y Alisdair Rogers (1996) han
iden tificado cuatro mediaciones, propuestas en distintas instancias del pensa
miento geográfico. La primera es que en el marco de la escuela del paisaje fue
la
idea de cultura la que se esgrimió como mediación entre la sociedad
y la naturaleza. En esta idea se incluían los componentes de cambio, difu sión e
intercambio, con un énfasis en las diferencias de las respuestas hu
manas ante ambientes similares. La segunda se desarrolla en la geografia
francesa de inspiración vidaliana, según la cual la historia o el paso del

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en


el análisis geográfico
53

tiempo podria ser el mediador de una relación que se moldea mutuamen te entre
la sociedad y la naturaleza. La tercera perspectiva se basa en la mediación del
trabajo, como un "proceso social que transforma a los seres humanos y
al entorno material" (Agnew et al., 1996: 237). Finalmente,
en el marco de la geografia de la percepción se ha propuesto una
cuarta al ternativa, basada en la distinción entre el conjunto de todas las
cosas ma teriales (sin división entre lo natural y lo humano) y la parte
consciente de este conjunto, que se articula entre el mundo exterior y
el mundo men tal a través de las diferencias históricas y culturales en
relación con el ambiente,
ceptualización
La postura generalizada en la geografia critica está basada en la con
marxista que sostiene que en la relación entre la sociedad y la
naturaleza hay una doble implicancia: la actividad humana cambia la
forma de la naturaleza al tiempo que moldea el carácter humano
y las re laciones entre las personas. Esto implica que las
relaciones entre las per sonas y la naturaleza se mediatizan a través
del trabajo, y que están es tructuradas social e históricamente (Umwin, 1995). El
trabajo humano, definido por relaciones sociales, es el principal agente de
transformación de la naturaleza y, en consecuencia, de la
producción del espacio. Como se trata de una tarea colectiva, gestada
en el seno de las relaciones sociales, es imposible pensarla como una
acción del hombre individual: los hombres se relacionan entre sí en el
proceso de producción siguiendo las normas de cada sociedad históricamente
constituida.
Es el trabajo humano el que habilita el desarrollo del proceso de valori
zación del espacio, en tanto que la aplicación de trabajo en la "apropiación
de los recursos propios del espacio, la construcción de formas
humanizadas sobre el espacio, la conservación de esos
constructos, las modificaciones, ya sea del sustrato natural, ya sea de las
obras humanas, todo eso representa creación de valor" (Moraes y Da Costa,
1987: 123). En este proceso se apro pia la naturaleza y se la transforma en
cada una de las naturalezas sucesi Vas que han sido enunciadas
precedentemente. En este proceso se agregan las formas construidas sobre
el espacio, transformando su materialidad y concretando las
intencionalidades, los objetivos y las representaciones de los actores
sociales en la implantación de las formas-contenido.

Las técnicas en el espacio


geográfico
Ya se ha señalado que el trabajo se materializa en el espacio
geográfi co en cada uno de los procesos de producción y de
reproducción social. Esa materialización requiere de nuevas mediaciones
entre las que se destacan las técnicas y las normas.

54
Jorge Blanco

Las técnicas pueden ser entendidas como un conjunto de procedimien tos


destinados a obtener un resultado. Tres son las cuestiones por
resal tar en la relación entre técnicas y espacio geográfico. En primer
lugar, ese carácter de mediador se da en el marco del proceso de trabajo
ypor ende, en el marco de las relaciones sociales.

El trabajo, no siendo más que una mediación entre el hombre y la


naturaleza, se constituye en una práctica creadora de objetos, cul
yo contenido existencial estaria definido por lo social y, en conse
cuencia, por las técnicas que el hombre ha creado, producido. Con
esto queremos significar que las técnicas no pueden separarse,
des ligarse del contexto social e histórico del cual son parte
esencial, puesto que este a la vez que las determina, es determinado
por ellas. De ahí que, cada época, cada momento de la historia
tenga la im pronta de sus técnicas. (Trinca, 1994: 196)

Esta inevitable determinación de las técnicas por el contexto social e


histórico debe entenderse en la amplitud de momentos por los que pasa el proceso
de incorporación de una nueva técnica: creación, adopción, difu sión,
obsolescencia. De allí que Paul Claval (1999: 195-196) sostenga:

No hay técnica ni cadena tecnológica sin un actor que la conciba, la ponga


en funcionamiento y controle sus etapas y resultados: las
técnicas se basan en esquemas que vinculan el objetivo
perseguido con las secuencias que deben recorrerse, los gestos
que hay que l'ca lizar y los medios que deben ser empleados.

en el espacio,
En segundo lugar, cabe señalar que las técnicas tienen una inscripción
se materializan en los objetos técnicos, entendidos en senti do
amplio, cuya creación y fijación responden a condiciones sociales y téc nicas
presentes en un momento histórico dado. La incorporación de obje tos
técnicos al espacio se da en el marco de un conjunto de objetos pree
xistentes, que condicionan las decisiones de incorporación y se vinculan de manera
solidaria o contradictoria con los nuevos objetos. Se plantea así la
y la
compatibilidad de las nuevas técnicas en relación con las preexistentes
posibilidad de pensar conjuntos de técnicas hegemónicas,
vinculadas con los actores hegemónicos. La misma idea puede
generalizarse hacia la aparición de familias de técnicas, es decir, de
paquetes de técnicas que funcionan articuladamente y se requieren unas a
otras. Un ejemplo claro lo constituyen los nuevos paquetes aplicados en la
agricultura, que inclu yen las semillas genéticamente modificadas, los
agroquímicos especializa dos y la maquinaria agrícola asociada.
En el caso de las redes puedo ha blarse de macrosistemas técnicos,
grandes estructuras que son la condi

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales


implicados en el análisis geográfico
55

ción para el desarrollo de otros objetos técnicos. En materia de tecnologia


de información y telecomunicaciones hay una tendencia a la
convergen cia, en la que las funciones de teléfonos celulares,
computadoras y televi sores se fusionan y se presuponen (Musso et
al., 2001).
En tercer lugar, coexisten en el espacio geográfico técnicas creadas e incorporadas en
de lo que resulta la
diferentes momentos, que responden a distintos procesos,
combinación de sistemas técnicos de diversas edades. De allí
que "la materialidad de un lugar puede ser datada, exactamente, por
intermedio de las técnicas: técnicas de la producción, del
transporte, de la comunicación, del dinero, del control, de la política
y, también, téc nicas de la sociabilidad y de la subjetividad. Las técnicas
son un fenóme no histórico, por eso es posible identificar el
momento de su origen. Esa datación es posible tanto en la escala de
un lugar, como en la escala del mundo" (Santos, 1996: 47). En este
sentido puede diferenciarse la edad de incorporación mundial de una
técnica con la edad de su adopción en el lu gar. Esta asincronía genética
de las técnicas se manifiesta en una sincro nía funcional: el espacio
geográfico se compone de objetos originados en diferentes momentos que funcionan en
tanto sistema en el momento ac tual (Santos, 1996).

Normas, regulaciones y
territorio
La materialización de las prácticas sociales, la apropiación y transfor mación
de la naturaleza, la articulación del espacio con las demás instan cias
de la totalidad social, se dan en el marco de un sistema de normas: un
conjunto de regulaciones que organizan el funcionamiento de un terri
torio. Este conjunto de regulaciones incluye desde la armazón jurídica
hasta los procedimientos que fija una gran empresa transnacional para la
organización del trabajo y la relación con sus cadenas de proveedores. La
normativa condiciona completamente los procesos de producción y de re
producción social, con una creciente unificación mundial a partir de la
adopción de modelos políticos similares, lo que lleva a afirmar
que esta mos frente a un período en el que "el orden mundial es cada vez
más nor mativo y, también, cada vez más normado” (Santos, 1996: 182).
Las normas "regulan el uso de los objetos, las relaciones entre empre sas y
trabajadores y, sobre todo, las relaciones entre los diversos segmen tos del Estado y
las esferas del mercado. De ese modo, las normas se ins talan en familias,
solidarias internamente, pero con vocación para susti tuir el conjunto normativo
vigente. Habría, así, una verdadera segmen tación normativa del territorio,
que contribuye a compartimentar el es pacio en fracciones con
mayor o menor aptitud para que los agentes pri

Jorge
Blanco

vados y los segmentos del Estado puedan realizar, con más fluidez, sus
actividades. Son áreas con densidad normativa distintas, en las
cuales se observa con claridad el dominio de un ritmo de regulación, esto es, el
rei no de las normas del mercado global», que buscan atenuar y a veces eli
minar las normas de la nación y del lugar" (Silveira, 2003: 20).
La normatización del territorio no debe limitarse al ambiente construi do:
en relación con la naturaleza hay un conjunto de normas que tienden
a regular su protección, las condiciones de uso y de transformación.
Algu nos ejemplos son los referidos a la protección normativa
derivada de la creación de parques nacionales, o a las leyes que
organizan el otorgamien to de concesiones y permisos de explotación
para los yacimientos mineros, petroleros o los recursos
pesqueros, o las licencias concedidas reciente mente para explotar
grandes extensiones de la selva amazónica.
Es también una normativa especifica la que habilita la diferenciación del
territorio a través de promociones especiales para el desarrollo de de
terminadas actividades localizadas en porciones seleccionadas del
territo rio, como pueden ser las leyes de promoción industrial. El
funcionamien to de monopolios territoriales originados en las políticas de
concesiones y privatizaciones de servicios públicos, la fragmentación y
la diferenciación generada por la implementación de normativas
selectivas referidas a la circulación (por ejemplo, peaje) y la creación
de recortes territoriales con normativas especiales respecto de su
funcionamiento económico, como las zonas francas o los "paraísos" fiscales, son
otros casos en los que queda en evidencia la diferencial densidad
normativa del territorio.
Estos ejemplos no debieran conducir a la conclusión de que la densidad
normativa en el territorio responde únicamente a la regulación que
efectúa el Estado. Las grandes empresas emiten también un conjunto de
normas de orden técnico y político, que tienen una enorme influencia
en la organi zación y en la forma de producir del conjunto de actores
articulados en tor no de un determinado circuito de producción.
Ejemplos de esta situación son la fijación de condiciones restrictivas
sobre la organización de los tam bos y las características del insumo
que requieren algunas de las grandes empresas lácteas y que luego
se comunican a los consumidores al publici tar el producto final; o la
imposición de un determinado tipo de variedad de un producto
agrícola para abastecer a alguna cadena de comidas rápidas,

Fijación y movilidad: las


redes
Una mirada sobre los principales componentes del espacio geográfico
sería incompleta si no considerara el movimiento, la circulación, la
inte racción, en definitiva, las redes. La perspectiva de las redes
coloca en pri

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en el


análisis geográfico

mer plano las relaciones, los flujos que conectan distintos sujetos-
actores territorios formando un conjunto articulado. Desde la geografia
interesan flujos de distintos tipos: de personas, de bienes, de
ideas, de información, de capitales. La creciente aceleración y
multiplicación de estos flujos es una de las características centrales del
mundo contemporáneo. La pers pectiva de las redes pone el acento en
esa interacción y, al mismo tiempo, enfatiza la configuración de un
espacio de relaciones, en el que interesan las posiciones relativas
del conjunto de sujetos-actores-territorios conside rados en la red,
tales como la jerarquía, la centralidad, la intermediación, el carácter
periférico de cada uno de sus nodos.
ficados. Daniel
La noción de red es polisémica, o sea, admite una pluralidad de signi
Parrochia (citado por Gras, 2001: 130) describe "la red co mo un
conjunto de objetos interconectados y reunidos por sus intercam bios de
materia e información". Alain Gras considera la definición insufi ciente
y agrega: las redes "son flujos, nodos, contactos a larga distancia si
guiendo vías" (Gras, 2001: 130).
Esta primera caracterización, que alude a los componentes de la red y
destaca, aunque tibiamente, la articulación, puede hacerse más com pleja.
En las redes pueden distinguirse al menos tres dimensiones: la in
fraestructura, que remite al conjunto de elementos materiales que per
mite establecer la relación; los flujos, que rediseñan las redes en la utili
zación efectiva de la infraestructura, y la infoestructura, que designa el
conjunto de elementos de información que hace funcionar las redes
(por ejemplo, las redes telefónicas y teleinformáticas que se asocian al
funcio namiento de los transportes) (Pumain y Saint Julien, 2004).
Todos estos elementos son articulados para su funcionamiento
efectivo por los opera dores de las redes, que gerencian y
organizan el conjunto. Resulta cen tral destacar, por lo tanto, la
presencia de dos componentes articulados: una arquitectura formal
y una organización social. La primera hace re ferencia, básicamente, a
los componentes materiales; la segunda pone de relieve que la forma
que adoptan esos componentes materiales no es in teligible sin poner en
evidencia quiénes son los actores que conforman esa red. En cierta
rialidad y decisiones
medida, la articulación de objetos y acciones, de mate
sociales, vuelve a reproducirse en esta conceptuali zación de la red.
Adentrarse en el componente organizacional de las redes implica in
corporar consideraciones acerca de los actores de la red, como en la defi
nición siguiente: "El término 'red' en español o 'network' en inglés es
par ticularmente útil para designar el conjunto de dispositivos de
los procesos de socialización que son operados y articulados por un
determinado refe rente social, es decir, agente, sujeto, actor,
empresa, individuo, institu ción, etc. La red expresa el carácter desigual,
combinado y contradictorio

Jorge
Blanco

de las relaciones de socialización en general, en la medida en que es el


re sultado de las elecciones de los agentes o de las
sobredeterminaciones ge nerales prácticas que operan sobre ellos. El
concepto de red implica, en tonces, un recorte subjetivo de los procesos
globales de socialización" (Di Cione, 2004: 5). En este tipo de
aproximación el acento está puesto en el actor-operador, es la red del
actor que opera práctica y simbólicamente.
Es de particular importancia considerar las redes desde una perspec tiva
dinámica: se puede rastrear su génesis, lo que lleva a indagar acerca de su
concepción, construcción-conformación y funcionamiento, y sus
transformaciones, lo que implica también concebirlas como cambiantes,
inestables, inacabadas, móviles en el tiempo, se trate de cambios en la
configuración material de las redes o en las operaciones del actor
(Musso et al., 2001; Raffestin, 1993).
Esta visión dinámica se traduce en el interés por los procesos de reti
culación, es decir, por aquel proceso que canaliza y facilita interacciones e
intercambios entre puntos privilegiados que aparecen como los nodos o los
cruces puestos en conexión por trayectos selectivos. Los procesos de reti
culación, en este sentido, son ineludiblemente históricos. La historia de
la reticulación es, por lo tanto, la de los procesos de conformación de
sus as pectos organizacionales y de su arquitectura material, impulsados por
ac tores que intervienen en el marco de un conjunto de normas.

Redes y territorio: vehículo de


tensiones
Las redes son elementos constitutivos del territorio pero, al mismo tiempo, traen
inevitablemente una perspectiva relacional, ya que remiten de manera
inequívoca a relaciones con otros territorios. "No existe terri torio sin red”,
afirman Denise Pumain y Thérèse Saint-Julien (2004: 91), dando
cuenta de que, en el proceso de apropiación efectiva de una
porción de la superficie terrestre, es necesario el control de la
movilidad, el esta blecimiento de lazos permanentes entre los lugares.
Circular y comunicar son aspectos centrales del cjercicio del poder,
y se realizan por medio de redes (Raffestin, 1993).
La creciente importancia de los flujos de todo tipo (personas, bienes,
información, ideas, órdenes, capitales) genera cambios en la organización del
territorio, llevando a algunos autores, como Pierre Veltz (1999), a ha blar de
territorios en redes, discontinuos y segmentados, articulados por
múltiples redes superpuestas y enmarañadas, en tensión con la vieja con
cepción del territorio de zonas.
La articulación de escalas a través de las redes es un aspecto central de la relación con
el territorio, por esta vía la "economia global está inme

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales


implicados en el análisis geográfico

diatamente presente en la economía local" (Veltz, 1999: 60). En


este caso el término 'redes está siendo utilizado en un sentido
amplio, incluyendo la constitución de redes empresariales, y no
sólo en el sentido restringido de infraestructura. Los actores se
despliegan de esta manera en las dis. tintas instancias territoriales, vinculando
los lugares con lo global.
El papel de las telecomunicaciones no es menor en esta
articulación de escalas:

Las redes de la comunicación instantánea tienden un puente in


material entre los diversos lugares" del territorio. Estas redes in
materiales permiten una articulación inédita entre los diferentes ni
veles escalares (continente, Estados, regiones, ciudades...). Los
dos extremos -local y global-- se encuentran, de hecho,
aproximados de manera novedosa a causa de los usos de las
nuevas tecnologías de la información (telecomunicación,
informática, transmisión de imáge nes). La irrupción de una casi
instantaneidad -que cobra todo su sentido por las transmisiones
de banda ancha en redes confiables, que permiten acceder al
mundo entero- plantea en nuevos términos la noción de espacio
geográfico. (Balis, 2001: 69)

Las conexiones, las vinculaciones, la circulación y la comunicación se realizan


en un marco de alta selectividad. Por su propia definición, las redes articulan
puntos selectos en una geometria variable. Esa inclui sión remite inmediatamente a
la exclusión de los no incluidos, porque la conexión solidariza los elementos
pero, al mismo tiempo, tiene el poten cial de excluir (Dias, 2005). Y son
los actores, operadores de ese disposi tivo de socialización, los que
concretan la selectividad, la inclusión y la exclusión. Es así como el
crecimiento de las disparidades en cuanto a la difusión de las
tecnologias de punta no puede sino acentuar las dispari dades
sociales ya efectivas. El acceso a los productos, a la red y a los ser
vicios implica costos no despreciables, que resultan selectivos
en rela ción con aquellos incluidos y aquellos excluidos (Bakis,
2001).
La hipermovilidad del mundo actual es altamente selectiva:
diferentes grupos sociales y diferentes individuos se posicionan de manera
diferen cial en relación con los flujos y las conexiones: "Algunas personas
son más responsables por esa movilidad que otras, algunas dan inicio a
los flujos y movimientos, otras no; algunas se quedan más que otras
en el extremo receptor: algunas están efectivamente aprisionadas por esa
movilidad” (Massey, 2000: 179). Es necesario destacar, además, que esa
hipermovilidad está acompañada por mayores instancias de
segregación y de fijación estrictamente delimitada, como lo muestra el
ejemplo del auge de las co munidades cerradas, que no son sólo
patrimonio de las sociedades ricas de Occidente, ya que hay
reportados casos en Estados Unidos, Europa occi

Jorge Blanca

dental, Europa oriental, Oriente Medio, Sudáfrica, Oceanía, América La


tina y China (Morley, 2005).
Milton Santos (1996: 222) señala un nuevo par de opuestos en relación con las
redes, ya que afirma que las redes provocan orden y desorden de manera
paralela: "Cuando es visto por el lado exclusivo de la producción de
orden, de la integración y de la constitución de solidaridades espacia les
que interesan a ciertos agentes, este fenómeno es como un proceso de
homogeneización. Su otra cara, la heterogeneización, es ocultada. Pero ella
está igualmente presente”. Las redes reproducen, de manera no me
cánica y en un cuadro dinámico, las diferencias en el territorio, y
ellas mismas se apoyan en las heterogeneidades del propio territorio.
redes se presentan, asimismo, como las garantes de la fluidez, dela facilidad de
movimiento que asegura la eficiencia y la velocidad de los flujos. El imperativo
de la fluidez del mundo contemporáneo está asocia do con fuertes
transformaciones en el territorio. La fluidez es siempre re lativa, la capacidad
de atraer actividades competitivas depende de una renovación técnica.
Santos (1996: 219) señala una cuestión crítica en re lación con la fluidez: no es
una categoria técnica, sino una entidad socio técnica, ya que en las innovaciones
técnicas están operando nuevas nor inas de acción, como la desregulación.
Las lógicas del territorio resultan así de la superposición de lógicas múltiples.
Lógicas necesariamente delimitadas y confinadas, por así de cirlo, en recortes
territoriales, del modo como las lógicas políticas se ten san en la relación
con procesos que sólo se hacen comprensibles cuando se los mira en un
conjunto relacional. Caben aquí como ejemplos no sólo los procesos
económicos, como los propios de las modalidades actuales de re producción
del capital por parte de los actores más dominantes, sino tam bién los
asociados con las dimensiones culturales y ambientales.

El espacio como lugar de


encuentro
C¿Es posible redefinir el espacio a partir del énfasis en las relaciones?)
Desde esta postura, Massey (2005: 104) afirma que "el espacio es
produc to de interrelaciones. Se constituye a través de interacciones desde lo in
menso de lo global hasta lo infimo de la intimidad", en concordancia con
los planteos que han sido presentados con respecto a la reconsideración
de la noción de escala.
El conjunto de relaciones definitorias del espacio -económicas, políti cas,
culturales, étnicas, de género, se despliega en el marco de la multi plicidad,
de las diferencias, de las posiciones que ocupan individuos y gru pos, en
articulaciones cada vez más extendidas. Esas relaciones económi

Espacio y territorio: elementos teórico-conceptuales implicados en el


análisis geográfico

cas, políticas y socioculturales, conformadas por estructuras internas de dominación


y subordinación, se extienden por todo el planeta desde el área local hasta
la internacional. Desde esta perspectiva Massey (2000: 184) vuelve a
definir el lugar como "lugar de encuentro", pensado como "momentos
articulados en redes de relaciones y entendimientos sociales, pero en el que
una gran proporción de esas relaciones, experiencias y en tendimientos
sociales se construyen en una escala mucho mayor de la que
acostumbrábamos definir".
Los ejemplos son múltiples: la presencia local de redes productivas a
gran escala, la circulación cultural e informativa -las grandes
cadenas de comunicación que forman espacios transnacionales,
por ejemplo-, los mi grantes -actuales y pasados-, los lugares de
paso entre rutas más am plias, los contactos con amigos, parientes, los
productos de distintos luga rés, forman parte del paisaje cotidiano. No se
trata de un elogio de la cir culación en sí misma, sino que en una
perspectiva relacional se enfatiza que también es posible explicar los
lugares desde una historia no intro vertida, desde una construcción a
partir de una constelación particular de relaciones sociales, que se
encuentran y entrelazan en un locus parti cular" (Massey, 2000: 184), lo que
habilita a denominarlo como un lugar de encuentro. Un ejercicio
interesante en esta dirección puede consistir en repensar la historia
de los lugares en sus múltiples articulaciones: ¿qué
cuencias traería esta mirada en la percepción de tantas localidades de la Argentina en
las que la inmigración, la producción para el mercado internacional,
otras ciudades, la
la presencia de capitales extranjeros, la emigración hacia
situación en el cruce de rutas, etc., forman parte de la historia
"acumulada" de la localidad?
El acento en las relaciones implica asimismo un devenir abierto. No son todas las
relaciones al estilo de "todo está relacionado con todo") sino las que
efectivamente están realizadas por las prácticas sociales, las que constituyen el
entramado para la definición del espacio en formación, nunca cerrado
Finalmente, una nueva recurrencia sobre dos aspectos que han sido ya
enfatizados a lo largo del trabajo: la copresencia conflictiva de estas múlti ples
relaciones y la permanencia de la diferenciación geográfica. El
primer aspecto debe situarse en un primer plano frente a los
discursos idealizados de la armonía del espacio (en particular en
relación con lo local). El segun do aspecto responde a los discursos
sobre la homogeneización asociada con la globalización, a veces
concebida como desterritorialización. Los procesos actuales muestran
una simultánea homogeneización y fragmentación, dife
renciaciones crecientes en el espacio geográfico y nuevas reconstituciones del
entramado de relaciones que interactúa con la historia acumulada de un lugar
para generar las nuevas especificidades (Massey, 2000).

Jorge
Blanco

Revisando el
recorrido

En este artículo se ha presentado una mirada sobre el espacio geográ


fico en un intento de aportar algunos elementos que permitan avanzar más allá
de una simple definición. Partiendo de una sintética revisión de los
conceptos clave en distintas perspectivas de la geografia, el eje se ha co
locado en "acercar" al concepto de espacio geográfico un conjunto de
refle xiones, aperturas temáticas y articulaciones que permitan
dotarlo de ma yor profundidad, insertarlo en una trama de procesos que,
al tiempo de ha cerlo operativo, abran el camino a la indagación sobre
referentes empiri. cos. Es decir, se aspira a que esta apertura pueda ser
aprovechada para pensar y discutir diversas situaciones del mundo
contemporáneo.
Con este propósito se han revisado la concreción de las relaciones so ciales
en el espacio; la conceptualización de la naturaleza con una pers
pectiva histórica; las mediaciones del trabajo, las técnicas y las normas en el
espacio como parte del proceso de reproducción de la sociedad. En los últimos
apartados el acento se ha puesto sobre las redes y las relaciones, con la
intención de aportar nuevas herramientas para la reflexión, nue vas
perspectivas para pensar el espacio.
El énfasis en los procesos, en las acciones, en las
posibilidades, en fin, en la incertidumbre de lo por venir, se traslada a la
aspiración en relación con las líneas aqui presentadas: de ninguna manera se trata de
una mi rada cerrada sino en construcción, a la espera de ser enriquecida con nue vas
discusiones.

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