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Freud y Lacan: Psicosis y Delirio

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PSICOSIS

Desde la perspectiva de Freud, desde la segunda tópica, plantea a la Psicosis como un conflicto
entre el Yo y el Mundo exterior. Va haber dos tiempos patológicos:

1. El de la desgarradura de la realidad, el desasimiento libidinal.


2. El retorno de lo reprimido. Intento de cura. Delirio y alucinaciones, vuelta a la realidad.

Para la psicosis Freud ubica en el primer momento que el Yo, al servicio del Ello se retira de la
realidad. El yo se retira de un fragmento de la realidad, hay una pérdida de la realidad. La
represión propiamente dicha realiza un retiro de las investiduras libidinales del objeto que se
vuelven al yo y lo magnifican. Una retracción de la libido. Desasimiento de la libido de
personas y cosas antes amadas. “El fin del mundo” que relata Schreber es la quita de la libido
de su mundo, su sepultamiento. Es un momento mudo.

Luego ocurre el retorno de lo reprimido o fracaso de la represión que es un intento de volver a


investir el mundo. POR ESO EL DELIRIO ES UN INTENTO DE CURACIÓN. Busca reconstruir su
mundo. Reconducir la libido a los objetos del mundo. Es un momento ruidoso, implica
síntomas más llamativos como las alucinaciones y los delirios.

Acá hay que ubicar el fenómeno patológico. Lo patológico en la psicosis, Freud lo ubica en el
primer tiempo inicial de huida de la realidad, la desgarradura. En cambio en el segundo
momento de la psicosis hay un intento de cura, de reestablecimiento.

Freud utiliza el historial de Schreber y plantea que

1) hay un retiro de las investiduras libidinales del objeto inconciliable al yo mediante la represión.
Esas investiduras vuelven a un punto de fijación predispuesto, que es la etapa narcisista. El
objeto al que le retira la libido es el Doctor Fleschig porque hay mociones homosexuales. Hay
un delirio de persecución. Cree ser la puta de fleshig.
2) Esto trae como consecuencia el desasimiento libidinal, el sepultamiento del mundo.
3) Luego esta la reconstrucción del mundo mediante el delirio de grandeza. La relación ahora no
es con Fleshig sino con Dios. Se va convertir en la mujer de Dios. No es cualquier mujer. Sino La
Mujer.

Freud distingue Paranoia de Demencia Precox según el punto de fijación, la eficacia de la


represión y según el retorno de lo reprimido.

La Paranoia tiene como punto de fijación el narcisismo que esta ligado a la elección de objeto
homosexual.

La demencia precox esta fijada al autoerotismo.

La represión en la Paranoia es pobre mientras que en la Demencia precox el desasimiento


libidinal se impone por sobre el intento de restablecimiento del mundo.

El retorno de lo reprimido en la Paranoia es mediante el delirio y va servir como intento de


curación mientars que en la demencia precox es mediante la alucinación.

Perspectiva lacaniana
Desde la perspectiva lacaniana podemos distinguir dos ejes: El eje sincronico y el eje
diacrónico.

En el Eje sincrónico encontramos a la forclusion del significante Nombre del Padre como
fenómeno propio de la psicosis en la constitución del sujeto.

Lacan produce este concepto que viene a resolver ese punto de impasse donde había caído
Freud con el mecanismo de proyección y al final decir que “lo cancelado adentro retorna desde
afuera”.

Lacan lo pone en relación con la bejahung, reemplazandolo por ausstossung, ya que esa es la
pérdida de un objeto, y la verferwung es la forclusión de un significante, que no es admitido
en el conjunto de los significantes. La verwerfung tiene un destino totalmente diferente ya que
se trata de una expulsión o no admisión al registro simbólico y por lo tanto el retorno es en el
registro real ¨lo cancelado adentro, retorna desde afuera¨. Todo lo rehusado en el orden
simbólico, reaparece en lo real. El mundo simbólico está constituido por los significantes que
se inscribieron originalmente, que han sido tomados por la behajung, mientras que lo que ha
quedado “fuera”, retornara en lo real.

El problema de que el significante Nombre del Padre este forcluido es que no va poder ser
articulado con la Metáfora Paterna dentro del conjunto de elementos simbólicos por lo que el
sujeto va a carecer de un articulador de los significantes, una ley, una carretera principal diría
Lacan.

La forclusión del Nombre del Padre (NP) se lee por sus consecuencias clinicas:

 Trastornos del lenguaje


 Ausencia de significación fálica y Deseo empobrecido
 Irrupción de un goce sin límites

La psicosis supone un trastorno del lenguaje porque aparecen significantes desencadenados,


elementos desconectados. Es el efecto de la cadena rota, son los significantes en lo real.

A estos trastornos del lenguaje Lacan los presenta como Fenómenos Elementales. Un
fenómeno elemental es aquel que nos permiten dar cuenta de la estructura subjetiva del
sujeto mediante un fenómeno observable y en la estructura de la psicosis se caracterizan por
la vivencia de que el sujeto no es dueño de sus pensamientos ni del control de su curso. Se le
presenta como algo autónomo, extraño, independiente. La noción lacaniana de fenómeno
elemental se encuentra en el de fenómeno de automatismo mental (elemento mínimo,
indivisible de una estructura) de Clerembault. Es una intersección de lo simbólico con lo real.

Distingue distintos tipos de fenómenos elementales como los Fenómenos de franja y el


Fenómeno de perplejidad que vemos en la diacronía de la psicosis.

Otro ejemplo de los trastornos del lenguaje son los neologismos. El significante adquiere una
plenitud de significación (intuición delirante) o como un vacio de significación (formula y
estribillo). Ambas detienen la significación porque esta vuelve sobre si misma y esto es efecto
del desencadenamiento del significante. Hay una independencia de la significación en estos
significantes que retornan en lo real y que al vaciarse de significación o ser tan pleno de ello
que ya no significan nada. Un significante asemantico. En Schreber tenemos el neologismo de
“almicidio” que remite a si mismo.

El significante tiene por lo tanto dos estados: Esta encadenado, articulado en lo simbolico o
está solo, suelto en lo real, aislado de la cadena y se presenta como un trastorno del lenguaje.

Sino está conectado con otro significante no es interpretable (en el sentido de interpretación
como formación del inconsciente) como ocurre con las alucinaciones o el delirio.

El fenómeno de alucinación adquiera la forma y la contundencia de una palabra que se


impone, una palabra cargada de un saber acerca del sujeto al que determina en el mismo
momento que lo interpela. A diferencia de un neurótico que podría tranquilamente negar o no
hacerse cargo de una palabra que emerge del inconsciente. En la alucinación la voz siempre
viene de afuera asi sea una voz auditiva o voces interiores. La voz siempre proviene de afuera
del campo del sujeto, siempre es impropia y extraña.

El delirio es un fenómeno elemental que tiene fases que no tienen el mismo valor y no
implican la misma posición del sujeto frente a él. No es igual la posición de Schreber al
comienzo del delirio cuando esta en una posición persecutoria con Fleschig que la de su delirio
al final cuando acepta esta voluntad divina y es La mujer de Dios. Lo que importa es la función
estabilizante que puede llegar a tener ciertas fases del desarrollo del delirio.

Hay que aclarar que no se trata que el psicótico ignore que estos fenómenos son de un orden
de realidad diferente. Se dan cuenta que las voces que escuchan no pueden escucharlas otros
pero el punto no es si esas voces son reales o no, sino que el sujeto tiene la certeza de que eso
significa algo decisivo para él. Tanto las alucinaciones hasta las interpretaciones delirantes le
conciernen al sujeto. Es algo inquebrantable. Hay una certeza.

La psicosis, también, queda por fuera de la lógica edipica a partir de la forclusion del Nombre
del Padre y la no operación de la Metafora Paterna por lo que va tener como consecuencia la
ausencia de significación fálica y el empobrecimiento del deseo, la cual permite que el objeto
se signifique como perdido, como objeto de la castración y se lo busque fantasmaticamente
bajo otras formas que adquieren forma fálica.

Si en el sujeto psicótico no esta la función reguladora del padre del Edipo, no hay un limite,
una regulación al goce. Al no operar la lógica de la castración, como consecuencia aparece la
irrupción de un goce ilimitado. Lo que se constata es que hay un padre pero no es el simbolico,
es Un-Padre-real. Es el padre de la exigencia del goce quien en vez de frenar, encausar y
prohibir, exige sin limites. En Schreber es la “voluptuosidad” y el sujeto lo vive de una manera
tortuosa, sufriente, como un exceso de excitación que lo invade, lo perturba, lo lleva a la
desesperación, lo empuja a esa transformación en mujer.

La solución de Schreber a este goce sin limites la alcanza en la metáfora delirante donde pasa
de ser la puta de Fleshig a ser La mujer de Dios. Le pone un limite al goce respondiendo con
una certeza sobre su ser “soy la mujer de Dios” e instaura una ley de orden cósmico que para
el vale como una ley que suple a la castración y a la legalidad falica.
En el eje diacrónico, es decir, en los distintos momentos de la psicosis, distinguimos tres
momentos:

 psicosis no desencadenada
 desencadenamiento
 modos de estabilización

Tambien esta la noción de pre-psicosis que no hay que confundirla con la psicosis no
desencadenada sino que corresponde más bien al desencadenamiento mismo.

Si hablamos de psicosis no desencandenada es porque en el sujeto puede que esté operando


una compensación imaginaria del Edipo ausente, es decir que la estructura puede estar
sostenida desde lo imaginario, por ejemplo, en la identificación con un semejante. En este
caso, el sujeto psicotico tiene una fuerte relación imaginaria con otro (a-a’). Puede estar
sostenido (Lacan da la imagen de que es como un taburete con tres patas; se sostiene, pero es
endeble). El sujeto actua “como si”, con muletas imaginarias.

Sin embargo, cuando un tercer elemento equis (como puede ser un encuentro sexual o ser
padre) requiere del significante nombre del padre para responder a una pregunta por la falta,
la ausencia de este significante que ordena, que polariza, que encauza el deseo tiene como
consecuencia el inicio de una cascada de significacion que lleva a un desastre en lo imaginario,
hasta que se alcanza un nivel en que el significante y el significado se estabilizan en la
metáfora delirante. Lacan llama Un-padre a ese tercero discordante que estorba la relación
imaginaria entre a-a’ y que llama a eso que no hay.

Hay dos momentos en el desencadenamiento: la prepscosis y la psicosis propiamente dicha

En la prepsicosis, el sujeto es confrontado con ese defecto que existe desde siempre, una falla
en la estructura sincrónica, la forclusion del significante del nombre del padre, que despliega
efectos diacrónicamente a partir de un momento determinado definido como el llamado del
sujeto a que un significante, el nombre del padre, responda pero el problema es que nunca ha
estado y, por lo tanto, esta experiencia de asomarse a un agujero significante provoca el
desencadenamiento.

Esto es posible constatarlo mediante dos fenómenos: El fenómeno de perplejidad y los


fenómenos de franja.

Fenomeno de perplejidad: no se trata de duda ni confusión ni estupor, se trata de la falta de


significado: hay significación pero no se sabe cuál es la significación. Es la significación de
significación. No remite a la ausencia del significado sino del significante. Clerambault lo
llamaba “fenómeno de detención del pensamiento”. Es la confrontación con la ausencia del
significante, con el agujero forclusivo. Es no poder responder, estar tildado, no hay reacción.
Marca el comienzo de la prepsicosis. El sujeto no entiende que pasa, se encuentra más
retraído, enfrenta ese agujero, esa falta.

Fenomenos de franja: la pregunta planteada por la falta del significante se manifiesta en estos
fenómenos. Son caracterizados por la irrupción de alucinaciones verbales elementales. Los
fenómenos de franja resultan para Lacan como el último eslabón que retiene al sujeto en lo
simbólico y no puede ser considerado sin tener en cuenta la experiencia correlativa del
crepúsculo de la realidad que lo amenaza en esos momentos en los que se encuentra
confrontado con la falta del significante que garantiza su posición en el orden simbólico.
Murmullos, fenómenos verbales pero que bordean lo asemantico, comentarios de actos, eco
del pensamiento, a nivel visual son destellos, brillos sutiles, generan una extrañeza del campo
perceptivo, hay extrañamiento de la realidad, no son imágenes visuales pero algo de la
realidad se altera. En Schreber los crujidos que escucha.

Fenómenos de franja: Para Lacan son aquellos fenómenos que aparecen al borde de la
estructura del lenguaje, es una relación directa con lo real. El alarido en Schreber describe un
fenómeno que ocurre en el cuerpo pero que no es registrado como tal sino que es vivido de
otra manera por el sujeto psicótico. Como si viniera de afuera. Es parecido a un pequeño
automatismo por su carácter de anideico, neutral.

Después de la prepsicosis, se ingresa a otra realidad construida por el delirio y las


alucinaciones. La prepsicosis plantea una pregunta que el sujeto no se hace y que además no
puede responder. Cuando no hay respuesta son los fenómenos de franja y perplejidad los que
producen el desencadenamiento propiamente dicho.

Hay una inercia dialéctica. El delirio le permite aportar un significado, un sentido nuevo a esos
significantes sueltos que vienen de lo real. El delirio permite una nueva significación a algo que
no tenia respuesta.

La estabilización es cuando se vuelve a unir el significante y el significado mediante una


metáfora delirante. Lacan la conceptualiza como el tratamiento de ese significante suelto a
través de la elaboración de saber del delirio como metáfora que estabiliza las significaciones e
introduce una fijación y localización del goce.

Como sabemos, el efecto del lenguaje y en especial la función del significante Nombre del
Padre, separa al goce del cuerpo y a partir de ahí el cuerpo se sostiene como construcción en
tanto hecho del discurso. Los modos de retorno de ese goce y de la palabra serán distintos asi
la función paterna hubiera operado.

El desencadenamiento de la psicosis se plantea, en relación al cuerpo, como efecto del


retorno del primer efecto del lenguaje: la fragmentación. Esta irrupción se siente como algo
que destruye el cuerpo, un derrumbe de lo imaginario. No es metaforica sino que se vivencia
como y se relata como tal y afecta tanto al cuerpo como la realidad. Frente a esas palabras
portadoras de goce, el psicótico responde con la desorganización del cuerpo.

Freud va decir que el psicótico responde a la fragmentación con el delirio como un intento de
reconstrucción libidinal del mundo. Lacan habla de un “reordenamiento de lo imaginario” a
partir de un imaginario que ha saltado en pedazos se construye un nuevo orden gracias a los
recursos que toma de lo simbolico que es el lenguaje. La escritura es una herramienta
simbolica que toman algunos psicóticos. La pintura es otra, la música tambien.

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