Ética y Responsabilidad en la IA
Ética y Responsabilidad en la IA
A medida que la inteligencia artificial (IA) continúa avanzando y transformando múltiples aspectos de nuestras vidas,
surge una necesidad crítica de abordar las cuestiones éticas y la responsabilidad asociadas con su desarrollo y
aplicación. En este artículo, exploraremos la importancia de la ética y la responsabilidad en la IA, así como los
desafíos y consideraciones clave que deben abordarse para construir un futuro consciente y sostenible en este
ámbito.
La Ética en la IA
La ética en la IA se refiere a la consideración de los valores y principios morales en el diseño, desarrollo y uso de
sistemas de inteligencia artificial. Implica la reflexión sobre el impacto de la IA en los seres humanos, la sociedad y el
medio ambiente, y cómo garantizar que la IA se utilice de manera justa, equitativa y responsable.
Uno de los aspectos éticos clave en la IA es la transparencia y aplicabilidad de los algoritmos y sistemas. Es
fundamental comprender cómo toman decisiones y qué factores influyen en esas decisiones. Además, se deben
abordar preocupaciones como el sesgo algorítmico, la discriminación y la privacidad de los datos para garantizar que
la IA no perpetúe injusticias o violaciones de derechos fundamentales.
La Responsabilidad en la IA
1. Transparencia y aplicabilidad: Los sistemas de IA deben ser transparentes y comprensibles para los usuarios y las
partes interesadas. Deben poder explicar cómo llegaron a una decisión y proporcionar justificación cuando sea
necesario.
2. Equidad y no discriminación: Se deben tomar medidas para evitar el sesgo algorítmico y garantizar que los
sistemas de IA no perpetúen la discriminación o la exclusión de ciertos grupos de personas.
3. Privacidad y protección de datos: La recopilación, el uso y el almacenamiento de datos deben realizarse de
acuerdo con las leyes y regulaciones de privacidad aplicables. Se debe garantizar la seguridad y la protección de los
datos personales.
4. Impacto social y económico: La IA debe considerar el impacto a largo plazo en la sociedad, incluyendo el empleo,
la distribución de la riqueza y el bienestar general. Se deben tomar medidas para minimizar los efectos negativos y
maximizar los beneficios.
5. Autonomía humana y control: La IA debe diseñarse de manera que respete y preserve la autonomía humana. Los
humanos deben tener el control final sobre las decisiones y acciones realizadas por los sistemas de IA.
La ética y la responsabilidad son componentes fundamentales en el desarrollo y aplicación de la inteligencia artificial.
Para construir un futuro consciente y sostenible en la IA, es crucial abordar cuestiones éticas como la transparencia,
la equidad y la privacidad, así como asumir la responsabilidad de garantizar un impacto positivo en la sociedad y el
bienestar humano.
Los desarrolladores, investigadores, legisladores y la sociedad en su conjunto deben colaborar para establecer
normas y regulaciones éticas, fomentar la educación y conciencia sobre la IA, y promover una discusión abierta y
continuada sobre los desafíos y oportunidades que esta tecnología plantea. Solo a través de un enfoque ético y
responsable podemos aprovechar todo el potencial de la IA mientras mitigamos sus riesgos y aseguramos un futuro
beneficioso para todos.
El año pasado el doctor chino He Jiankui anunció el nacimiento de bebés genéticamente modificados. Según algunos
científicos, su experimento podría traer efectos contraproducentes sobre la salud de los menores.
A finales del año pasado, la noticia del nacimiento de un bebé modificado genéticamente causó polémica en la
comunidad científica y distintos sectores sociales. El ADN del menor había sido modificado para que fuera inmune al
virus del sida. Hoy, se sabe que hay una segunda mujer embarazada de entre 12 y 14 semanas de gestación.
Si bien pareciese que un hito de esta magnitud tendría que celebrarse, en realidad son más los cuestionamientos e
interrogantes que han surgido a raíz de este acontecimiento; por ejemplo, la posibilidad de que los menores sufran
de trastornos como el mosaicismo.
El tema es que la edición genética, que ha sido descrito como uno de los avances más importantes en la ciencia,
sigue presentando demasiados peligros para gran parte de los científicos.
La técnica CRISPR (usada en los citados bebés) permite remplazar secciones de ADN en las células de cualquier
organismo, por ejemplo, genes que predisponen a sufrir algunas enfermedades, y ya se había aplicado en embriones
humanos. Sin embargo, investigaciones como la del Instituto Wellcome Sangerde Inglaterra constataron que la
técnica causa a menudo extensas mutaciones.
Según The New York Times, algunos científicos han manifestado que los datos que dio a conocer He Jiankui, el
científico atrás de la modificación genética en los bebés, sugieren varios posibles problemas derivados del proceso
de modificación.
Así por ejemplo Kiran Musunuru, genetista de la Universidad de Pensilvania que revisó dichos datos, sostuvo que
“existen evidencias claras de la presencia de un mosaico genético” en los embriones editados de ambas gemelas, ha
citado el diario.
¿Qué es el mosaicismo?
La Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU. explica en su portal web que el mosaicismo es un trastorno que
puede dar lugar a distintas modificaciones en diferentes células, como las células sanguíneas, células de piel u óvulo
y espermatozoides.
Se define como la presencia de dos o más poblaciones celulares con diferente composición genética en el mismo
organismo. Este fenómeno se debe a la aparición de errores en el ADN durante las múltiples divisiones mitóticas que
tienen lugar durante el desarrollo fetal.
Al producirse un error en la división celular trae como consecuencias problemas como el síndrome de Turner,
síndrome de Klinefelter o síndrome de Down.
Francisco Mojica, uno de los creadores de la técnica CRISPR, explicó a N+1 que el mosaicismo es cuando "una parte
del cuerpo estaría modificada de una forma y otra de manera diferente. Esta mezcla en el individuo tendría
consecuencias mucho más dramáticas porque es imposible predecir qué va a ocurrir". De tal manera, según el
genetista, “alguna de estas niñas o las dos podrían desarrollar problemas como por ejemplo ser más susceptibles al
virus de la gripe, u otras consecuencias que no conocemos".
"De acuerdo con experimentos previos que se han hecho en animales y que en una de las niñas se ha modificado
solamente el gen de uno de los progenitores y no del otro, podría significar que siguen siendo susceptibles a la
infección del virus del Sida. Puede ser que ni siquiera se haya conseguido nada", añade.
Recuperado de: https://elcomercio.pe/tecnologia/ciencias/mosaicismo-riesgo-enfrentan-bebes-geneticamente-
modificados-noticia-600401
CASO 3
Dos recientes casos, el de la ex primera dama de Estados Unidos Bárbara Bush y el del senador norteamericano John
McCain, han puesto en el tapete el mismo tema: cuándo rechazar el tratamiento médico y esperar la muerte.
Los familiares de la señora Bush –quien sufría de una severa enfermedad pulmonar obstructiva crónica– y del
senador McCain –quien padeció una agresiva forma de cáncer cerebral– anunciaron, mediante sendos comunicados,
que habían decidido rechazar los tratamientos médicos que los mantenían con vida y, por tanto, esperar la muerte.
La señora Bush murió a las 48 horas de esa decisión, el senador McCain a las 24 horas.
¿Qué significa rechazar un tratamiento al final de una enfermedad crónica? ¿Cuál es el momento de decir hasta aquí
nomás, “¡déjenme morir en paz!”?
El plantear que un ser humano pueda tener control sobre su propia muerte despierta intensas emociones.
Dependiendo de factores tales como religión, ética y moral, el público se pone en uno u otro bando de la
controversia.
Por un lado, están aquellos que sostienen que la vida debe respetarse a toda costa y que el ser humano de ninguna
manera debe atropellar el derecho fundamental de vivir. En profesión de su fe, argumentan que Dios es el único que
da la vida y el único que la puede quitar, y que el ser humano ha sido traído a este mundo para sufrir y que debe
morir purificado en dolor.
Por otro lado, están aquellos que dicen que el morir con dignidad debe ser una opción para todo ser humano, y que
al final de su vida, la persona debería tener a su completa disposición los medios para reducir su sufrimiento y morir
en tranquilidad y en completo control de la situación.
En su obra “El libro tibetano de la vida y la muerte”, Sogyal Rimpoché nos recuerda que cuando nace un niño, el ser
humano hace todo lo posible para hacerlo crecer y vivir, pero que cuando a ese mismo ser humano le toca el
momento de morir, los que lo rodean –incluido el médico– no saben cómo ayudarlo. Es decir, la persona es
abandonada a su suerte en un momento tan trascendental como su nacimiento.
El asunto, como magistralmente lo describe el doctor Atul Gawande en su libro “Ser mortal”, es que en su afán de
curar lo incurable la medicina moderna considera a la muerte el enemigo natural de su trabajo. El médico piensa que
ese enemigo debe ser combatido a toda costa, incluso a sabiendas de que el caso es incurable y que la muerte del
paciente es inevitable.
En su afán de no perder la batalla (a pesar de que ya la tiene perdida) y de que “siempre hay algo más que hacer la
medicina moderna ha convertido a la muerte en una derrota, deshumanizando un natural evento de la vida y que
deberíamos recibir con verdadera humanidad.
Al no recibir en la escuela de medicina ninguna educación para aceptar la muerte de un paciente terminal de
manera natural, el médico trata –en su ceguera– de prolongar una vida que él o ella sabe muy bien que no puede
salvar.
Por lo que estamos abogando en esta columna, amable lector, es que el ser humano, especialmente aquel afectado
por una enfermedad crónica o incurable, debe tener la potestad y la autonomía para decidir cómo quiere pasar los
últimos días de su vida, y esa decisión debe ser hecha cuando la persona está todavía con sus cinco sentidos y en
todos sus cabales. De otro modo corre el riesgo de que otros (hijos, cónyuges u otros familiares) tengan que tomar
dolorosas e injustas decisiones que ellos debieron adoptar en su momento. Es como dejarles el bulto después de
que ya no tenemos conciencia y no podemos decidir, es como dejarles un doble dolor.
Al respecto, en su libro “La conversación”, el doctor Ángelo Volandes esboza seis preguntas que todo médico
debería hacer a sus pacientes con una enfermedad incurable, sin esperar a que lleguen a la etapa terminal de la
enfermedad, es decir al punto en que ya no puedan expresarse claramente.
Si su doctor no se las ha preguntado, recorte este artículo y háblele de estos seis puntos para que él o ella sepan
desde ahora cuáles son sus deseos y pensamientos con respecto a su eventual muerte.
1. ¿Qué tipo de cosas son importantes para usted en su vida, y muy especialmente durante la etapa terminal de su
enfermedad?
2. Si la enfermedad lo coloca en la situación de que ya no es capaz de hacer las actividades que más le gustan,
¿habría tratamientos o procedimientos médicos que usted considere que son un exceso?
3. Sabiendo que no ha llegado aún a la etapa terminal de su enfermedad, ¿tiene algún temor con respecto al
cuidado de su salud cuando llegue ese momento?
4. ¿Tiene creencias espirituales, religiosas, filosóficas o culturales que lo guían al tomar decisiones médicas? ¿Las ha
conversado con sus médicos y familiares?
5. Si tuviera que elegir entre vivir más tiempo o tener una mejor calidad de vida, ¿por cuál optaría?
6. ¿Cuán importante es para usted morir en su casa?
—Corolario—
Hasta los años cuarenta, la gran mayoría de muertes en Estados Unidos ocurría en la casa, en la actualidad menos
del 20% sucede en ella. Eso indica que hospitales y unidades de cuidados intensivos les han arrebatado a las familias
la oportunidad de acompañar la muerte de un ser querido. Ambos, Bush y McCain, murieron en casa. ¿Ha pensado
usted, amable lector, dónde quisiera morir en caso de sufrir de una enfermedad crónica?
LAS MUJERES QUE SE RELACIONAN CON HOMBRES MAYORES PARA FINANCIAR UNA VIDA GLAMUROSA
En Kenia, mantener una relación con un "Sugar daddy" parece haberse hecho más frecuentes y más visibles: lo que
antes se escondía, ahora es público, en los campus universitarios, en bares y ahora en Instagram.
Eva, una estudiante de aviación de 19 años, estaba sentada en su minúscula habitación en cuarteles compartidos en
la localidad de Kitengela, Kenia, sintiéndose arruinada, hambrienta y desesperada.
Utilizó los 100 chelines kenianos que le quedaban en la cartera y tomó un autobús al centro de la ciudad, donde
buscó al primer hombre que le pagase por tener sexo con él. Tras 10 minutos en un callejón sórdido, Eva volvió a
Kitengela con 1.000 chelines, suficiente para comer el resto del mes. Hace seis años, cuando estaba en la
universidad, Shiro conoció a un hombre casado casi 40 años mayor. Al principio, recibía de él solo comestibles.
Luego fueron viajes al salón de belleza. Dos años después del comienzo de la relación, el hombre la mudó a un
nuevo apartamento porque quería que estuviera más cómoda. Dos años después, le dio a Shiro un pedazo de tierra
en el condado de Nyeri como muestra de compromiso.
A cambio, puede dormir con Shiro cuando le apetece. La experiencia de Eva es sexo transaccional en su forma
menos adornada, un encuentro rápido causado por la desesperación.
La historia de Shiro ilustra un fenómeno más complejo: el intercambio de salud y belleza por ganancias financieras
duraderas, motivado no por el hambre sino por las aspiraciones, embellecido por las estrellas de las redes sociales,
con frecuencia envuelto en las formas de una relación. Los hombres mayores siempre han usado los regalos, el
estatus y la influencia para comprar el acceso a mujeres jóvenes. El "sugar daddy", como se conoce en inglés a estos
hombres "de azúcar", probablemente ha estado presente en las sociedades durante tanto tiempo como la
prostitución.
Pero en Kenia, así como en otros países africanos, este tipo de relaciones parecen haberse hecho más frecuentes y
más visibles: lo que antes se escondía, ahora es público, en los campus universitarios, en bares y ahora en Instagram.
[…]
¿Es prostitución?
¿La ruptura de viejos tabúes alrededor del sexo representa una forma de empoderamiento femenino? ¿O es la
cultura del patrocinador simplemente otra forma en la que el cuerpo femenino puede ser subastado para el placer
de los hombres?
"Ha habido un creciente aumento del movimiento de mujeres en África y una creciente conciencia feminista", dice
Oyunga Pala, columnista de Nairobi. "A las mujeres que fueron vilipendiadas por ser sexualmente activas se les ha
otorgado la licencia de serlo. Hay menos humillación que antes". Pero si bien algunas feministas argumentan que
cualquier elección que hace una mujer es intrínsecamente feminista, porque fue hecha por una mujer, otros
cuestionan qué tan libre es realmente la opción de entrar en una relación patrocinada.
Mildred Ngesa, embajadora del grupo activista global Female Wave of Change, cree que después de décadas en las
que las mujeres han luchado por el derecho al voto, a poseer tierras o a ir a la escuela, la "opción" de participar en
estas relaciones está impregnada de contradicciones.
"Si decimos que tiene derecho a ser una prostituta, la enviaremos de vuelta a las fauces del patriarcado", asegura.
Pero, ¿es prostitución o algo diferente de una manera sutil pero importante?
Jane, la estudiante, hace una distinción, argumentando que "en estas relaciones, las cosas se hacen según tus
condiciones", y la doctora Kirsten Stoebenau, una científica social que ha investigado el sexo transaccional en Kenia,
está de acuerdo en que esto es significativo.
"Solo se convierte en trabajo sexual cuando la mujer que participa en estas relaciones describe a sus parejas
sexuales como clientes, cuando se describe a sí misma como involucrada en la economía sexual y cuando el
encuentro y el intercambio son prenegociados, explícitos, generalmente remunerados de inmediato y muchas veces
desprovistos de cualquier conexión emocional", dice.
Grace, la aspirante a cantante que lucha por poner comida en la mesa, tiene una perspectiva ligeramente diferente:
para ella, las similitudes con el trabajo sexual son más evidentes.
"Prefiero tener un patrocinador que estar de pie en la calle", dice. "Porque tienes a esa única persona que te está
apoyando... no necesitas dormir con tantos hombres".
El artista Michael Soi señala que Kenia sigue siendo en la superficie una sociedad religiosa con costumbres sexuales
tradicionales, pero solo en la superficie. Aquellos que deploran el sexo antes del matrimonio y la infidelidad en el
matrimonio raramente practican lo que predican, argumenta, y la condena de las relaciones "azucaradas" está
manchada por la misma hipocresía.
"Estamos constantemente bombardeados con ética moral y con lo que la religión permite y no permite. Pero es todo
fingido", dice. "Solo estamos enterrando nuestras cabezas en la arena y haciendo como si estas cosas no
sucedieran".
Para muchos jóvenes kenianos, los valores propugnados en las familias, las escuelas y las iglesias simplemente no se
alinean con las realidades económicas del país, o no pueden competir con las tentaciones materiales que, en la era
de la telerrealidad, la televisión y las redes sociales, son visibles en todas partes.
Incluso dentro de la familia, la mayoría de las chicas de Kenia son bombardeadas desde muy temprana edad con que
deben casarse con un hombre rico, no con uno pobre.
Se da por sentado en estas conversaciones que los hombres proporcionarán el dinero para la sobrevivencia de las
mujeres. Entonces, para algunos, es solo un pequeño paso para visualizar la misma transacción fuera del
matrimonio.
"¿Qué pasa con el sexo de todos modos?" pregunta Jane. "La gente simplemente hace que suene mal. Pero a veces,
no está mal en absoluto". Algunos nombres han sido cambiados.
*Nyasha Kadandara es una periodista y cineasta de Zimbabue que trabaja mayoritariamente en África subsahariana.
CASO 5
No es broma ni radicalismo insólito. Sí creo que en materia de lucha contra la discriminación hay que jugárnosla por
entero. Hay que ser drásticos y ejemplarizadores al punto de que podamos meter preso, si su perfidia
discriminadora es nítida y alevosa, a alguien que en sus redes sociales aliente que a otros peruanos se les cierre el
acceso al goce de derechos que les reconoce la Constitución.
El que comete un abierto acto de discriminación, como Zulema Alatrista que golpeó y profirió insultos racistas contra
Elena Viza en Arequipa, tiene que ser denunciado o investigado de oficio (si no fue detenido en flagrancia). De eso
no cabe duda y la fiscalía arequipeña ya está haciendo lo suyo en cumplimiento del Art. 323 del Código Penal.
Pero, ojo, el Art. 323 dice que comete delito “el que, por sí o mediante terceros, discrimina a una o más personas o
grupo de personas”, y el que “incita o promueve en forma pública actos discriminatorios”. Por lo tanto, el caso de
Inés Diez Canseco que, en un chat de socios del Regatas, clama por restringir derechos de las empleadas del hogar
en el club, encaja en esa figura. Que yo sepa, el Ministerio Público no ha hecho nada al respecto. Ni siquiera tiene
una fiscalía especializada en discriminación.
El que discrimina o promueve la discriminación está alentando a que se perjudique para toda la vida a otros,
cerrándoles puertas, negándoles reconocimientos, frenándoles salarios y ascensos. Es un delito con daños
sistemáticos e incalculables y, para remate, en gran medida normalizado en el Perú. Por eso, combatir la
discriminación es un mandato que el Estado, y todos sus poderes, deben hacer y gritar que lo hacen.
La lucha anticorrupción –prioridad que no discuto– se asocia a la discriminación, pues mucho de lo corrompido se
ampara en prejuicios a favor del corrupto y en contra de mayorías victimizadas por la corrupción. Por otro lado,
aunque las encuestas no suelen preguntarlo, presumo que muchos de los que simpatizan con la idea de combatir la
corrupción lo hacen con la idea de fomentar un ajuste de cuentas contra sinvergüenzas privilegiados. De ahí que la
percepción de que la acción de la justicia no es igual para todos es tan corrosiva.
El gobierno está ocioso y ciego en esta materia. El Ministerio de Cultura, que tiene un observatorio contra el
racismo, no hace visible esfuerzo alguno que demuestre que cumple con su misión. Las municipalidades son mucho
más diligentes haciendo cumplir ordenanzas contra la discriminación. Lamento que, en el caso del Callao y el cierre
parcial del Jorge Chávez, la desproporción y la polémica desplacen a lo esencial. Sigan adelante en el afán,
municipios, pero que quede claro que el motivo es la anti-discriminación y no otro.
Recuperado de: https://elcomercio.pe/opinion/rincon-del-autor/discriminacion-choleas-encano-fernando-vivas-
noticia-611690
CASO 6
El sistema mundial de protección de las personas refugiadas está inservible. Es evidente en todas partes, desde
Australia hasta los enormes campos de acogida de Sudán del Sur, pasando por las frías calles de Estambul o los
muros fuertemente fortificados de la Unión Europea.
En todo el mundo, 19,5 millones de personas se han visto obligadas a buscar refugio fuera de su país. Los gobiernos
tienen el deber de ayudarlas. Pero los países más ricos siguen tratando a las personas refugiadas como si fueran un
problema de otros.
Escondidos tras sus fronteras cerradas y temerosos de verse “inundados”, permiten por conveniencia que otros
países más pobres, principalmente de Oriente Medio, África y el sur de Asia, acojan a un increíble 86 por ciento de
todas las personas refugiadas.
Además, haciendo caso omiso de la mayoría de las peticiones de ayuda humanitaria, dejan a los organismos de la
ONU tan en bancarrota que ni siquiera pueden ya proporcionar alimentación suficiente a muchas personas
refugiadas.
Esta situación tiene que cambiar ya. Amnistía presenta ocho soluciones para que los líderes mundiales, en particular
los países más ricos, puedan comenzar a atajar juntos esta ingente crisis humanitaria.
1. Una solución importante es abrir rutas sin riesgos a un lugar seguro a las personas refugiadas. Esta medida
supone permitir que las personas se reúnan con sus familiares y proporcionarles visados para que no tengan que
gastar los ahorros de toda su vida ni que arriesgarse a morir ahogadas para llegar a un lugar seguro.
2. También supone reasentar a todas las personas refugiadas que lo necesiten . El reasentamiento es una solución
esencial para la mayoría de las personas refugiadas más vulnerables, como las supervivientes de tortura y las que
sufren problemas médicos graves.
Ahora mismo necesitan con urgencia esta ayuda vital 1,15 millones de personas. Pero de momento, las naciones
más ricas del mundo se ofrecen a reasentar a menos del 10 por ciento al año. Amnistía Internacional calcula que al
final de 2017 necesitarán reasentamiento 1,45 millones de personas refugiadas.
Salvar vidas
3. Los líderes mundiales deben también dar prioridad a salvar vidas. Nadie debería haber muerto cruzando una
frontera; sin embargo, casi 7.000 personas se ahogaron en el Mediterráneo sólo en los años transcurridos desde que
se produjo el primer gran naufragio en octubre de 2013.
En mayo de 2015, miles de personas que huían de la persecución en Myanmar estuvieron sufriendo durante
semanas a bordo de barcos, mientras Tailandia, Malasia e Indonesia discutían sobre quién debía ayudarlas.
Los Estados deben poner fin a estas situaciones invirtiendo en operaciones de búsqueda y salvamento y prestando
de inmediato ayuda a las personas en dificultades.
4. Además, viajen por tierra o por mar, a las personas que huyen de situaciones de persecución o de guerras se les
debe permitir cruzar las fronteras tengan o no documentos de viaje. Obligarlas a retroceder y levantar vallas
colosales no hace más que forzar a las personas a tomar rutas más peligrosas en busca de seguridad.
5. Todos los países deben investigar yenjuiciar a las bandas de traficantes que explotan a las personas refugiadas y
migrantes, y poner la seguridad de las personas por encima de todo lo demás. Amnistía estuvo recientemente con
supervivientes en el Sudeste Asiático que contaron que los traficantes mataban a las personas en los barcos cuando
sus familias no podían pagar el rescate. A otras las arrojaban al mar y dejaban que se ahogaran, y otras morían por
falta de comida y agua.
6. Los gobiernos deben también dejar de culpar a las personas refugiadas y migrantes de sus problemas económicos
y sociales y, en lugar de ello, combatir todas las clases de xenofobia y discriminación racial. No hacerlo es
totalmente injusto, fomenta las tensiones y el miedo a los extranjeros y, a veces, da lugar a violencia, e incluso a
muertes.
En Durban, Sudáfrica, al menos cuatro personas murieron, muchas más resultaron heridas de gravedad y más de un
millar, en su mayoría refugiados burundeses y congoleses, se vieron obligas a huir tras la violencia y los saqueos que
estallaron en abril y mayo de 2015.
Por ejemplo, la ONU ha recibido menos de la mitad de los fondos que necesita para ayudar a los cuatro millones de
personas refugiadas de Siria. Debido a ello, el 80 por ciento de las personas refugiadas que viven fuera de los
campos en Jordania se están viendo obligadas ahora a aceptar trabajos peligrosos y degradantes o a poner a sus
hijos a mendigar.
A la crisis olvidada de personas refugiadas de Sudán del Sur se ha destinado sólo un miserable 18 por ciento de los
fondos precisos para necesidades absolutamente básicas como los alimentos y las medicinas.
La gente muere mientras los gobiernos gastan miles de millones en controlar las fronteras. Deben garantizar
urgentemente todos los fondos necesarios para mitigar las crisis de personas refugiadas del mundo.
8. El mundo tiene muy poca memoria. Tras la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los países acordaron proteger
a las personas refugiadas por medio de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y de organismos
de la ONU como ACNUR.
Las vallas de alambre de espino y la falta crónica de fondos han hecho añicos esa visión de un mundo mejor. Al hacer
caso omiso de las señales de aviso, los líderes mundiales han permitido que se produzca una inmensa crisis
humanitaria global. A la larga, se resolverá poniendo fin a los conflictos y la persecución que obligan a las personas a
huir.
Pero nadie sabe cuándo ocurrirá esto. Mientras tanto, necesitamos soluciones radicales, un liderazgo visionario y
una cooperación global a una escala no vista en 70 años, y ello pasa por establecer sistemas sólidos de atención a
las personas refugiadas: permitirles solicitar asilo, tratar sus solicitudes con justicia, reasentar a las más vulnerables
y atender necesidades básicas como la educación y la atención de la salud.
Ninguna de estas ocho soluciones es imposible de lograr si los políticos escuchan a los millones de ciudadanos y
ciudadanas que están dando la bienvenida a las personas refugiadas y ponen la solidaridad y la compasión por
encima de la mezquina discusión sobre quién debe acoger a unos cuantos miles de estas personas.
CASO 7
La población mundial crece a velocidad de vértigo. ¿Habrá alimentos para todos? El dilema transgénico plantea
posibles soluciones. La controversia está servida....
ANTONI GRANELL lleva 15 años dedicado al tomate. Biólogo molecular del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) en Valencia, trabaja en un despacho desordenado dentro de un laboratorio. Persigue el secreto del
sabor del tomate. En 2012, descubrió un gen que hacía que uno de ellos fuera más dulce. Ahora ha encontrado la
combinación de genes que presuntamente regulan su sabor.
Granell desgrana los secretos del tomate. ¿Por qué ha empeorado su sabor? Entre 1961 y 2009, su producción
mundial se multiplicó por más de cinco, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación
y la Agricultura (FAO). Ese inmenso crecimiento tenía que basarse en un modelo agrícola de producción estable: más
kilos, mayor resistencia a las enfermedades y una maduración más lenta para trasladar el fruto a miles de kilómetros
de distancia. Las variedades tradicionales no ofrecían sin embargo estas ventajas. Para conseguirlas, el proceso de
mejora consistía en cruzar las variedades de siempre con otras de mayor rendimiento y resistencia. El origen del
tomate está en América, y allí conserva familiares silvestres. La esperanza era que, tras los cruces, el tomate bueno
retuviera solo el gen de la resistencia y desechara el resto. “Pero no es eso lo que ocurre. El gen resistente se queda
con sus colegas en la mayoría de casos”, dice Granell. “Y la variedad definitiva incluye miles de genes de la silvestre”.
Los agricultores del tomate han vivido un dilema. Podían optar por una producción variable, por culpa de las
enfermedades y con ejemplares más pequeños y desiguales, o por una producción fija, con un tamaño regular que
facilita la recolecta y el empaquetado. Cuando un agricultor consultaba qué hacer con su especie autóctona, Granell
le advertía de los cruces con otras variedades: “Representan la posibilidad de ampliar el negocio, pero también de
perder una modalidad”. Antoni Granell trabaja con otro biólogo molecular, Diego Orzáez. Entre los dos han creado
un tomate con más antioxidantes, con propiedades involucradas en la prevención del cáncer. Es un tomate oscuro.
Pero su aspecto por dentro es rojo. Los tomates mejorados de Granell y Orzáez se han concebido mediante edición
de genes de tomates: a pesar de no ser técnicamente transgénicos, se les considera así porque se ha producido
retoque de genes.
El primer transgénico comercializado de la historia fue justamente un tomate cuya maduración se quería alargar. Se
vendió en 1994 en Estados Unidos y fue un fracaso. Sus creadores prometían conservar el sabor, pero la especie era
mediocre. En 1996 empezó a comercializarse el maíz transgénico, que hoy sigue siendo el único cereal
genéticamente modificado en el mercado. Dos decenios después, el uso de los transgénicos se ha extendido. Por un
lado, se concibieron para crear plantas que resistieran a las plagas de forma que pudiera reducirse el uso de
herbicidas y pesticidas químicos, a menudo peligrosos para la salud, y, por otro, lograr un mayor rendimiento de las
cosechas, sobre todo de maíz, soja, colza y algodón.
Esta actividad plantea así soluciones al dilema que afronta un planeta cuya población crece a velocidad de vértigo.
¿Habrá alimentos para todos? La controversia entre la comunidad científica y los grupos ecologistas está
servida. Para conseguir un transgénico hay que introducir un gen de un organismo en otro con el objeto de obtener
un producto mejor, bien porque ofrezca una mayor resistencia contra los virus, viva con menos agua o produzca más
antioxidantes. ¿Y cómo se crea? La historia de Leandro Peña es un buen ejemplo para entenderlo. Peña investigaba
cítricos en Valencia. A mediados de los 2000, le llamaron de Brasil y Florida. La citricultura en esas dos regiones se
enfrentaba a un enemigo que podía hundir el negocio para siempre: una bacteria asiática conocida como dragón
amarillo. Nadie había sido capaz de pararlo. “La producción de cítricos en Florida prácticamente estaba
desapareciendo”, dice Peña.
Habrá 10. 000 millones de personas en 2050 en la Tierra. Los cultivos serán menores que hoy.
En uno de sus primeros viajes a Brasil, donde trabaja en estos momentos, alguien le explicó el caso de un campesino
vietnamita que se había dado cuenta de que cuando sus mandarinas estaban plantadas junto a guayabas podía
cosecharlas, pero cuando estaban con plátanos no se podían comer. “Viajé en 2009 a Vietnam para conocer a aquel
agricultor”, recuerda Peña. “Era un abuelillo descalzo”. Había algo en la guayaba que ahuyentaba al insecto que
transporta al dragón amarillo. Leandro Peña empezó por identificar los compuestos volátiles de la fruta. Para ello se
encerró en su laboratorio: “Le poníamos guayaba y el bicho se marchaba rápidamente en busca de aire limpio”.
Aislaron en otras plantas el gen que producía el mismo efecto repelente que la guayaba y lo introdujeron en un
naranjo. El proceso ha durado más de ocho años y deberán pasar cinco más para conocer los resultados exactos. Al
contrario que los tomates, los árboles frutales crecen con lentitud, y los experimentos con ellos se dilatan.
Aun así, no hay ninguna garantía de que la naranja con un gen que tiene el mismo efecto repelente que la guayaba
sea un éxito. ¿Qué pasa si ese gen afecta al sabor o el olor de las naranjas? ¿O si atrae a otro bicho que en Vietnam
no existía, pero sí en Brasil? Para minimizar el riesgo, Peña arrancó un proyecto paralelo con otra estrategia más
común en transgénesis (el proceso de transferir genes de un organismo a otro): crear una nueva variedad de naranja
con genes del insecto que transmite el dragón amarillo para que acabe con él cuando este llegue al árbol. Esta
estrategia tiene la ventaja de que los genes del insecto afectan menos al sabor de la naranja. La tercera vía contra
el dragón amarillo es la fumigación en masa.
Lejos de Brasil, en las afueras de Córdoba, el científico Francisco Barro ha conseguido un trigo sin gluten. Realiza su
investigación en el Instituto de Agricultura Sostenible, un centro del CSIC. Barro, que investiga el trigo desde
mediados de los noventa, cuando vivía en Reino Unido, tiene a su disposición un equipo y un laboratorio con
estanterías de metal, una cámara y un pequeño invernadero para sus cultivos. Aquí ha conseguido reducir el gluten
en el trigo hasta hacerlo desaparecer. El resultado consiste en un trigo transgénico que –a pesar de no tener gluten–
sabe igual. Barro ha logrado en los últimos tres años plantar una hectárea, hacer harina y después pan sin gluten.
También ha realizado pruebas en laboratorio con ratones. Su trabajo está en fase de experimentación clínica con
humanos, que pretendía llevar a cabo en hospitales andaluces. Pero diversas plataformas contra los
transgénicos llamaron a los centros sanitarios implicados en el experimento para advertirlos de las consecuencias.
Francisco Barro se defiende: “No tenemos nada que esconder. Los ecologistas se han puesto en contacto con los
hospitales, desde donde me han llamado un poco alterados. Esos grupos usan formas agresivas”. Algunos llamaron
al Ministerio de Agricultura para averiguar dónde había plantado Barro su trigo transgénico. El ensayo clínico se
llevará a cabo en el extranjero.
El ensayo clínico del trigo sin gluten, gestado en españa, se hará en el extranjero por presiones ecologistas.
Si su proyecto saliera adelante, los celiacos y los sensibles al gluten podrían volver a comer pan. Ahora el pan para
celiacos es poco saludable: “Se le añaden grasas de baja calidad, azúcares simples que disminuyen el valor
nutricional del pan sin gluten”, dice Izaskun Martín Cabrejas, responsable de Seguridad Alimentaria de la Federación
de Asociaciones de Celiacos. Martín Cabrejas admite que el uso comercial del trigo sin gluten es lejano. “Pero si se
valida algún día, sería fantástico”. En Greenpeace no comparten esa visión. Creen que los celiacos tienen alternativas
al gluten: “Hay solución a ese problema, por ejemplo, una alimentación más diversificada”, dice Luis Ferreirim,
responsable de agricultura de esa organización.
Si Barro tiene éxito, los consumidores verán por primera vez los beneficios reales de los transgénicos. Un caso similar
será si se consiguen tomates más sabrosos o con antioxidantes. Una de las críticas que hacen los detractores de los
transgénicos, que son peligrosos para la salud de los consumidores, se ha demostrado inconsistente. Ningún estudio
científico ha detectado problemas de este tipo causados por transgénicos. Después de revisar los estudios que se
han realizado a lo largo de 30 años, la National Academy of Sciences de Estados Unidos es taxativa: los alimentos
procedentes de organismos modificados genéticamente son tan seguros como los procedentes de cultivos
tradicionales. “No se han encontrado diferencias que impliquen un mayor riesgo de los transgénicos para la salud
humana”, aseguraban los científicos en un reciente informe.
Pero en Greenpeace siguen sin estar convencidos: “Mientras no se demuestre que no tienen efectos a largo plazo,
pedimos precaución”, asegura Luis Ferreirim. La comunidad científica tiene un problema con esa afirmación. Josep
Casacuberta, científico del CSIC en Barcelona y vicepresidente del panel de transgénicos de la EFSA (Autoridad
Europea de Seguridad Alimentaria), explica: “Cuando te preguntan: ‘¿Puedes estar seguro de que nunca habrá
efecto pernicioso para la salud?’. Tienes que decir que no. Nunca se sabe qué puede pasar en la escala evolutiva.
Pero si te lo plantean de una manera distinta: ‘¿Crees que hay algún riesgo asociado?’. También tienes que decir que
no”.
Pero, así como la controversia sobre la seguridad de los alimentos transgénicos va quedando atrás, el otro punto de
la polémica se mantiene. Los transgénicos nacieron, se decía, para salvar al mundo del hambre. Un día podrían
cultivarse de todo en todas partes; las plagas ya no serían un problema; y harían falta menos agua y hectáreas de
tierra. En 1985, Monsanto, multinacional estadounidense líder mundial en ingeniería genética de semillas y en la
producción de herbicidas, lanzó una campaña sobre transgénicos con la foto de una planta de maíz en el desierto
con este eslogan: “¿Es necesario un milagro para resolver los problemas del hambre?”. Luis Ferreirim, de
Greenpeace, responde a esa pregunta 30 años después: “Los transgénicos no son la solución a los problemas que
pretendían resolver”.
En 1996 empezó a venderse el maíz transgénico; 20 años después, el uso de transgénicos se ha extendido.
Recuperado de https://elpais.com/elpais/2016/11/13/eps/1478991954_147899.html
CASO 8
¿Es legítimo mentir? Las múltiples versiones del engaño
Published: June 14, 2022
“La palabra mentira no es nada armoniosa”, afirma la mordaz condesa viuda de Grantham, interpretada por la genial
actriz Maggie Smith, en la serie británica Downton Abbey, cuando le preguntan por la veracidad de uno de sus
comentarios.
Aunque nos disgusta que nos llamen mentirosos, las estadísticas muestran que mentimos más de lo que pensamos.
Parece que solo hay una clase de verdad, pero muchas categorías de mentiras. Se habla de mentiras
piadosas cuando se engaña para intentar evitar un mal. De medias verdades para ilustrar las afirmaciones equívocas.
De una gran mentira para enfatizar la escala e impacto de un embuste. De embrollo, referido a los juegos del
lenguaje ideados para despistar. De paparruchas para desechar las mentiras ingeniosas. Y hay muchas otras clases
de falsedades, con sus propios significados agravantes o atenuantes.
Esa es la primera acepción de la palabra mentira en el Diccionario de la Real Academia Española. Mentir implica, por
tanto, una cierta intencionalidad.
La profusión de términos para designar las mentiras manifiesta la astucia de los humanos, pero también un asiduo
comportamiento mendaz. Un conocido estudio del psicólogo norteamericano Robert S. Feldman muestra que las
personas mienten de media dos o tres veces cada 10 minutos cuando hablan.
El dato es chocante, porque quizás no somos plenamente conscientes de este proceder. Las razones de este
comportamiento son variadas:
La necesidad de expresar la autoestima o de ser reconocido por el grupo.
La tendencia a evitar conflictos (especialmente en el trabajo).
El deseo de tener razón, de proyectar solvencia o de manipular a otras personas para alcanzar nuestros
objetivos.
Contrariamente a la creencia de que la infancia es inocente, los resultados de la investigación empírica revelan que
los humanos comenzamos a desarrollar nuestra capacidad para engañar desde la temprana edad de los seis meses.
Las circunstancias del entorno, la educación y el ejemplo que proyectan los mayores son determinantes para evitar
acabar siendo un mentiroso compulsivo, una patología presente en defraudadores y estafadores.
Mienten todos
Algunos tienden a pensar que el hábito de mentir es una cuestión cultural, más usual por ejemplo en contextos
latinos que en anglosajones. Disiento de esta opinión, basado en mi experiencia sobre comportamientos análogos,
como por ejemplo el plagio o la copia en el ámbito académico, donde la incidencia es semejante con independencia
de los orígenes culturales.
Pienso que la divergencia no se da en la frecuencia del comportamiento, sino en el reproche social o desaprobación
moral que reciben estas conductas. En Estados Unidos o Reino Unido, la comprobación de que un político ha
mentido es causa suficiente para presentar la dimisión. Al menos así lo era en el pasado: recordemos el proceso
por impeachment al presidente Bill Clinton por haber mentido sobre sus relaciones extramaritales con una becaria.
En otros países, sin embargo, los votantes muestran mayor indulgencia ante enredos personales. Por otro lado, el
empleo de la mentira en política es tan extenso y descarado que se estudia en los ámbitos de la filosofía política y la
sociología.
La investigación empírica revela que la mayoría de la gente no cuenta con la habilidad para darse cuenta de que
alguien le está mintiendo: se estima que solo se reconocen un 50 % de los engaños.
No parece probado, pues, el conocido refrán que dice “antes se pilla a un mentiroso que a un cojo”. Los entendidos
explican que es más sencillo identificar al mendaz por el lenguaje no verbal: gestos, tics faciales o eludir la mirada del
otro son algunas pautas características del mentiroso.
Filosofía y mentira
Aunque la mentira sea patrón de nuestro comportamiento, los filósofos no han dejado de reprobarla desde la
perspectiva moral, la mayoría con matices. Platón, por ejemplo, justificaba la ocultación de la verdad cuando
resultaba en beneficio público. Un planteamiento parecido formuló siglos después John Stuart Mill, como aplicación
del utilitarismo: determinadas mentiras pueden cobrar sentido cuando benefician al máximo número de personas.
Immanuel Kant, sin embargo, fue taxativo en su condena de cualquier tipo de mentira, exponiendo un argumento
que ha sido motivo generalizado de chanza. Explica que el mandato de decir la verdad es tan categórico que incluso
si llamara a la puerta de nuestra casa un asesino, con la intención de matar a uno de sus habitantes, no se debería
mentir diciendo que su potencial víctima no está.
No obstante, el ejemplo contradice lo que haría cualquier persona bienintencionada, especialmente si queremos
salvar vidas. De hecho, tras la Segunda Guerra Mundial, se aludió a la perversidad intrínseca del planteamiento
kantiano, en referencia a los registros nazis de casas en las que se refugiaban ciudadanos judíos.
Algunos analistas de la obra de Kant han intentado explicar el significado que el filósofo quería dar a su
afirmación. Benjamin Constant, un filósofo británico que debatió con Kant sobre el tema, arrojaba sentido común
sobre el dilema, ilustrando el desatino del imperativo categórico kantiano:
“El principio moral que establece que ‘es un deber decir la verdad’, si se toma de forma incondicional, puede impedir
que funcione la sociedad (…) Decir la verdad es un deber solo cuando otra persona tiene el derecho a saber la verdad.
Pero nadie cuenta con ese derecho si existe un daño a terceros”.
Las claves acerca del deber de veracidad las proporciona Constant en el pasaje anterior. Así, existe la obligación de
decir la verdad cuando se dan dos condiciones:
1. La contraparte tiene derecho a saberla.
2. No hay daño a terceros.
Y se podría incluir también cuando no hay daños propios.
Veamos dos entornos distintos donde sería aplicable este planteamiento: el contexto privado de las relaciones
personales, y el entorno laboral, donde me referiré fundamentalmente a la empresa.
Mentiras y verdades en las relaciones personales
Un lugar común en muchas películas norteamericanas contemporáneas que tratan de desengaños amorosos es el
desenlace con la ruptura de la pareja: el engaño se considera traición y razón suficiente para la disolución del
vínculo.
La tesis detrás de esta narrativa moralizante es que en las relaciones de amor o amistad la sinceridad y la
transparencia proactiva, mutua y exhaustiva es un requisito para la estabilidad. La cuestión central no es el
mantenimiento de la lealtad, sino la comunicación de cualquier deslealtad, de forma completa y puntual.
En muchos de esos filmes, el desenlace es la ruptura pese a que el adúltero confeso, de ambos géneros, manifiesta
su contrición y propósito de enmienda. La razón es que la parte ofendida considera que la mentira es razón
suficiente para concluir la relación, con independencia de los sentimientos, la conveniencia o la autenticidad del
arrepentimiento.
Como patrón narrativo me parece una sobrerreacción no concorde con la prosaica realidad. En muchas parejas,
siempre que haya respeto y perdure el cariño, se produce la reconciliación.
Al contrario que ahora, en los 60 y 70 del siglo pasado el libertinaje era comportamiento habitual entre los
personajes de la pantalla grande. Por eso sorprende el cambio de la literatura cinematográfica, aunque
posiblemente sea acorde a los tiempos.
Pienso que practicar el perdón nos eleva y también nos hace más humanos. En la actualidad, mentir en las relaciones
personales, o el adulterio, no es delito en la mayoría de las democracias.
Más allá del deber de lealtad y sinceridad en las relaciones personales, pienso que tenemos un derecho a preservar
un espacio de intimidad personal, incluso con la pareja. Posiblemente sea requisito para la subsistencia de la misma
relación, y también de una legítima autonomía propia.
El engaño en el entorno empresarial
En el entorno empresarial, los directivos tienen un especial deber de sinceridad con sus accionistas, ya que actúan
como representantes fiduciarios de su inversión. Por ello, la responsabilidad por engaño en este ámbito se suele
elevar a fraude o estafa, con consecuencias no solo morales o deontológicas, sino también legales.
Otra cuestión más discutible es el deber de veracidad puntual y completa con otros stakeholders, tanto internos
(empleados) como externos (proveedores, clientes, competidores). Indudablemente, la mentira deliberada a los
clientes puede tener consecuencias legales, pero me pregunto si existe un deber de proceder con una transparencia
completa y puntual, algo que trataré en detalle en otro artículo, y que cuestiono.
Sun Tzu, uno de los maestros que han inspirado la estrategia militar y empresarial, afirmaba que “toda guerra se
basa en el engaño”. En su obra El arte de la guerra explica cómo los ardides incluyen maniobras falsas, ataques
fingidos, órdenes de batalla artificiosas y la creación de indicaciones aparentes de fuerza y debilidad en los intentos
de influir sobre las acciones del enemigo.
Un ejemplo paradigmático de una concepción estirada de la realidad, de los límites entre lo verdadero y lo
imaginable, lo proporciona Steve Jobs, cofundador de Apple e icono de la innovación. Bud Tribble, el ingeniero jefe
de software de la empresa, describía cómo Jobs creaba un campo de distorsión de la realidad, un término tomado de
la película de ciencia ficción Star Trek: “En su presencia, la realidad era maleable. Podía convencer a cualquiera de
prácticamente cualquier cosa. Esto desaparecía cuando no estaba él, pero era difícil hacer planes realistas”.
La intransigencia de Jobs tenía un objetivo muy simple: hacer que su gente produjera el mejor producto posible y, a
veces, esto significaba cumplir con fechas que parecían imposibles o comprobar varias veces la información y los
datos en busca de la perfección.
La supremacía de la sinceridad
CASO 9
La muerte de Ana Estrada y el estado de la eutanasia en Perú y en España
A los 47 años, Ana Estrada Ugarte se ha convertido en la primera persona en Perú en someterse a un
procedimiento de eutanasia. ¿Cuál es la situación en España?
Sergio Parra
PERIODISTA ESPECIALIZADO EN TEMAS DE CIENCIA, NATURALEZA, TECNOLOGÍA Y SALUD
El 21 de abril de 2024, Ana Estrada Ugarte, a los 47 años, se ha convertido en la primera persona en Perú
en someterse a un procedimiento de eutanasia, marcando un precedente histórico en la lucha por el
derecho a una muerte digna.
Su caso no solo refleja un cambio significativo en las legislaciones y la percepción social sobre la
eutanasia, sino también destaca su valiente activismo por la autonomía personal y la dignidad humana.
Ana Estrada padecía de polimiositis, una enfermedad rara y degenerativa que progresivamente inflamaba
y debilitaba sus músculos. Desde 2015, su vida cambió drásticamente al requerir intervenciones médicas
como la traqueotomía y la gastrostomía, lo que la dejó en dependencia permanente de cuidados médicos.
Sin embargo, su espíritu indomable la llevó a abrir el blog "Ana busca la muerte digna" en 2019, donde
compartía su deseo de acceder a la eutanasia y comenzó a movilizar a la sociedad y a las autoridades
peruanas hacia un cambio legislativo.
Después de una intensa batalla legal y social, en febrero de 2021, la Corte Superior de Justicia de Lima
sentó un precedente al ordenar al Ministerio de Salud respetar la voluntad de Ana de acceder a la
eutanasia, evitando la aplicación del Código Penal que hasta entonces penalizaba el "homicidio piadoso".
Este fallo fue ratificado por la Corte Suprema en julio de 2022, lo que finalmente permitió a Ana morir en
sus propios términos, como ella deseaba.
El comunicado de su abogada, Josefina Miró, destacó que el procedimiento se llevó a cabo conforme al
"Plan y Protocolo de Muerte Digna", aprobado por EsSalud, el seguro social estatal. "Ana partió
agradecida con todas las personas que se hicieron eco de su voz, que la acompañaron en su lucha y que,
de manera incondicional, apoyaron su decisión con amor y empatía", mencionaba la nota.
La historia de Ana Estrada es un testimonio de coraje, dignidad y la búsqueda implacable del derecho a
decidir sobre la propia vida. Su legado perdurará como un recordatorio de que, en las circunstancias más
difíciles, la voluntad de un individuo puede incitar cambios legislativos y transformar sociedades. Su vida y
su elección final resuenan como una llamada a la reflexión sobre los valores que definimos y defendemos
como sociedad en el tratamiento de la vida, la enfermedad y la muerte
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eutanasia-peru-espana_22122