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Ritual Jubileo 2025

Ritual en español para la apertura y clausura del Jubileo 2025 en las Diócesis del Orbe

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Miguel Mendoza
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DICASTERIO PARA LA EVANGELIZACIÓN

Sección para las cuestiones fundamentales


de la Evangelización en el Mundo

JUBILEO 2025

Textos Litúrgicos
Normas sobre la Concesión de la Indulgencia Jubilar

Ciudad del Vaticano


I
TEXTOS LITÚRGICOS
DICASTERO PER L’EVANGELIZZAZIONE
SEZIONE PER LE QUESTIONI FONDAMENTALI
DELL’EVANGELIZZAZIONE NEL MONDO

Città del Vaticano, 13 maggio 2024

Prot. N. IUBXXV/736/2024/P

Eminenza Reverendissima,
approssimandosi l’inizio del Giubileo 2025, la cui organizzazione e
celebrazione il Santo Padre ha affidato a questo Dicastero, si è provveduto a
assegnare ad una Commissione Liturgica appositamente costituita, il com-
pito di elaborare un Formulario della Santa Messa per l’Anno Giubilare, in
aggiunta ai due formulari precedentemente approvati da codesto Dicaste-
ro. L’iniziativa si impone per consentire sia ai pellegrini presenti a Roma
come pure a quanti celebreranno il Giubileo nelle Chiese locali, di vivere
l’esperienza giubilare in modo coerente e spiritualmente ricco di grazia, in
conformità alla Bolla di indizione Spes non confundit.
Al riguardo, a norma del can. 838, §§ 1-2 C.J.C. e dell’Art. 88 della Co-
stituzione Apostolica Praedicate Evangelium sono a sottoporre a codesto
Dicastero il testo che mi premuro compiegare alla presente (cfr. All.), per
tutti i previsti e rituali adempimenti.
Grato per l’attenzione che vorrà attribuire alla presente e per quanto
si vorrà determinare in merito, profitto ben volentieri della circostanza per
salutarLa con viva cordialità e confermarmi con sensi di profondo ossequio.

X Rino Fisichella
Pro-Prefetto

Mons. Graham Bell


Sottosegretario
Incaricato della Segreteria

A Sua Eminenza Reverendissima


Il Sig. Card. Arthur ROCHE
Prefetto del Dicastero per il Culto Divino
e la Disciplina dei Sacramenti
CITTÀ DEL VATICANO
DICASTERIUM DE CULTU DIVINO
ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM

Prot. N. 276/24

DICASTERII PRO EVANGELIZATIONE


SECTIONIS DE INSTITUTIS EVANGELIZATIONIS IN MUNDO

Instante Excellentissimo Domino Salvatore Fisichella, Archiepiscopo


tit. Vicohabentino, Propræfecto Dicasterii pro Evangelizatione – Sectionis
de Institutis Evangelizationis in Mundo, litteris die 13 mensis maii 2024
datis, vigore facultatum huic Dicasterio a Summo Pontifice FRANCISCO
tributarum, textum translationis in linguam anglicam, gallicam, germani-
cam, bispanicam, italicam, lusitanam ac polonicam trium formulariorum
Missæ, quæ perdurante anno iubilari, a die 24 mensis decembris 2024 ad
diem 6 mensis ianuarii 2026, adhiberi possunt, perlibenter confirmamus.
In textu imprimendo mentio fiat de hoc Decreto. Eiusdem insuper
textus impressi duo exemplaria ad hoc Dicasterium transmittantur.
Contrariis quibuslibet minime obstantibus.
Ex ædibus Dicasterii de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum,
die 13 mensis maii 2024, in memoria beatæ Mariæ Virginis de Fatima.

Arturus Card. Roche


Præfectus

L.S

X Victorius Franciscus Viola, O.F.M.


Archiepiscopus a Secretis
RITO DE APERTURA DEL AÑO JUBILAR
EN IGLESIAS PARTICULARES

Prenotandos

El siguiente Rito de Apertura del Jubileo del Año 2025 en las Iglesias
particulares concierne a las Iglesias de Rito Romano.
Las Iglesias orientales pueden, si lo desean, elaborar el Rito de apertura
en armonía con su propio ordo litúrgico, salvo el núcleo y la orientación
esencial del propio rito.

1. El día
El Santo Padre Francisco, en la Bula Spes non confundit, ha establecido
que el Año Jubilar se abra el 24 de diciembre de 2024, Solemnidad de la
Natividad del Señor, con la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San
Pedro del Vaticano. El domingo siguiente, 29 de diciembre de 2024, fiesta
de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, se celebrará la apertura del
Jubileo en las Iglesias particulares.

2. El lugar
La solemne apertura del Año Jubilar tiene lugar con la celebración de
la Eucaristía presidida por el obispo diocesano en la iglesia catedral, madre
de todas las iglesias de la diócesis. La Eucaristía de apertura del Jubileo es
única y se celebra en la catedral. Sin embargo, si en la diócesis, según el
Derecho Canónico, hay una concatedral, en ésta también puede tenerse
la celebración eucarística de apertura. Para la celebración en la iglesia
concatedral, el Obispo puede ser sustituido por un delegado designado
para la ocasión. Queda excluido que la celebración de apertura tenga lugar
en otras iglesias de la diócesis, incluidos santuarios o iglesias insignes.

3. La celebración
La celebración eucarística se configura como una misa estacional
(cf. Caeremoniale Episcoporum, 120). Todos los presbíteros, por tanto,
concelebran con el obispo; diáconos, acólitos, lectores y otros ministros
desempeñan su servicio (cf. Sacrosanctum Concilium, 26-28; Caeremoniale
Episcoporum, 119). Hay que procurar que la convocatoria llegue a todos los
fieles.
10 Prenotandos al Rito de Apertura

4. En el contexto de la celebración eucarística, el signo especial de


la solemne apertura del Año Jubilar es la peregrinación con la entrada
procesional de la Iglesia diocesana tras la cruz en la catedral, donde el
pastor de la diócesis ejerce su magisterio, preside los misterios divinos, la
liturgia de alabanza y súplica, y guía a la comunidad eclesial.

5. La procesión se desarrolla en tres momentos:


– la collectio (“reunión”) en una iglesia cercana u otro lugar ade-
cuado;
– la peregrinación;
– la entrada en la catedral.

6. La collectio
Para la collectio del pueblo de Dios, se elegirá, si es posible, una
iglesia significativa para la comunidad diocesana, con capacidad suficiente
para celebrar en ella los ritos introductorios, y situada a una distancia que
permita realizar una verdadera peregrinación.

7. Los momentos constitutivos de la collectio son: la antífona o canto


de apertura, el saludo, la invitación a bendecir y alabar a Dios, una exhor-
tación, la oración, la proclamación de la perícopa evangélica y la lectura de
fragmentos de la Bula de convocación del Jubileo Ordinario.

8. La peregrinación a la catedral
La peregrinación se dirige hasta la iglesia catedral para celebrar el día
del Señor en la fiesta de la Sagrada Familia e inaugurar así el Año Jubilar,
acogido como un don de Dios. Es el signo del camino de esperanza del
pueblo peregrino tras la cruz de Cristo, como se representa en el logotipo
del Jubileo: «En un mundo en el cual progreso y retroceso se cruzan, la
Cruz de Cristo sigue siendo el ancla de salvación: signo de la esperanza que
no decepciona porque está fundada en el amor de Dios, misericordioso
y fiel» (Papa Francisco, Audiencia general, Plaza de San Pedro – 21 de
septiembre de 2022). Es el camino de la Sagrada Familia de Dios que, en la
Iglesia de hoy, avanza hacia la Jerusalén celestial.

9. Por ello, se pide que la cruz que abra la peregrinación sea una cruz
significativa para la Iglesia diocesana, desde el punto de vista histórico-
artístico o vinculada a la piedad del pueblo. Debe estar debidamente
adornada, y si es tan grande que se requieren varias personas para llevarla,
se debe disponer de esa manera. Se coloca en el presbiterio, donde
Prenotandos al Rito de Apertura 11

permanece durante todo el Año Jubilar para ser venerada por los fieles,
cerca del altar: de hecho, «el contenido del Pan partido es la cruz de Jesús,
su sacrificio en obediencia amorosa al Padre» (Papa Francisco, Carta
apostólica Desiderio Desideravi, 7).

10. El diácono lleva el evangeliario, cofre de la Palabra viva del


Resucitado que, como la columna de fuego del Éxodo (cf. Éx 13,21-22),
camina delante de su pueblo, luz y guía para sus discípulos, especialmente
en este año de gracia.

11. Para acompañar la peregrinación, los llamados «salmos de


peregrinación» o «de entrada en el templo», como los Salmos 15 (14) («Señor,
¿quién puede hospedarse en tu tienda?»), 24 (23) («Del Señor es la tierra»),
84 (83) («Qué deseables son tus moradas»), 95 (94) («Venid, aclamemos al
Señor»), algunas partes del Salmo 118 (117), en el que se repiten versículos
como el 19, 20, 27, que aluden a una procesión ritual, el Salmo 122 (121)
(«Qué alegría, cuando me dijeron») y el Salmo 136 (135) («Dad gracias
al Señor porque es bueno»). Por su antigua función procesional, también
puede proponerse el canto de las letanías de los santos.

12. La entrada en la catedral


La entrada del pueblo de Dios en la catedral tiene lugar por la puerta
principal, signo de Cristo (cf. Jn 10,9). En el umbral, el obispo levanta la
cruz y, vuelto hacia el pueblo, con una aclamación lo invita a venerar el
«dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza»
(himno del Viernes Santo en la Pasión del Señor).

13. Una vez atravesada la puerta, el Obispo con los ministros se dirige
a la fuente bautismal, desde donde preside el rito de la conmemoración
del Bautismo, mientras los fieles se colocan en la nave mirando hacia a la
fuente bautismal. Si no es posible realizar la conmemoración del Bautismo
en la fuente bautismal, se hace en el presbiterio. El Obispo, entonces, con
los ministros procede procesionalmente al altar; los fieles van a sus asientos
asignados. La aspersión con agua es la memoria viva del Bautismo, la
puerta de entrada al camino de la iniciación sacramental y a la Iglesia. El
Bautismo, en efecto, es el «primer sacramento de la nueva Alianza. Por él
los hombres, adhiriéndose a Cristo por la fe y recibiendo el espíritu de hijos
adoptivos, se llaman y son hijos de Dios; unidos a Cristo en una muerte y
resurrección como la suya, forman con él un mismo cuerpo; ungidos con
la efusión del Espíritu, se convierten en templo santo de Dios y miembros
12 Prenotandos al Rito de Apertura

de la Iglesia, en un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un


pueblo adquirido por Dios (Bendicional, 933).

14. Si el baptisterio está fuera, el recuerdo del bautismo precede a la


entrada solemne en la catedral.

15. La celebración eucarística


La celebración de la misa constituye el vértice del rito de apertura
del Año Jubilar. «Como acción de Cristo y del pueblo de Dios ordenado
jerárquicamente, es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia,
universal y local, y para todos los fieles individualmente, ya que en ella
se culmina la acción con que Dios santifica al mundo en Cristo, y el culto
que los hombres tributan al Padre, adorándole por medio de Cristo, Hijo
de Dios, en el Espíritu Santo» (Ordenación General del Misal Romano, 16).
La celebración se desarrolla como de costumbre, utilizando el formulario
de la misa de la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Debe
predisponerse la celebración con especial cuidado en la preparación de lo
necesario, la participación de los ministros, la preparación de los himnos,
la oración de los fieles, la presentación de las ofrendas y las posibles
moniciones breves.

16. En la sacristía de la iglesia de la que parte la peregrinación


En la sacristía de la iglesia donde comienza la peregrinación a la
catedral se preparan:
– vestiduras litúrgicas para el obispo, los presbíteros concelebrantes,
los diáconos y otros ministros;
– la capa pluvial del Obispo;
– la cruz con los candelabros;
– el evangeliario;
– el incensario con incienso;
– antorchas o lámparas u otros signos, según las costumbres locales,
para los fieles en caso de que la celebración tenga lugar después de
la puesta del sol.
Rito de apertura del Año Jubilar 13

Ritos Iniciales
17. El 29 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José,
a la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia cercana o en otro
lugar adecuado, fuera de la iglesia catedral a la que se dirigirán. Si la
reunión está prevista después de la puesta del sol, pueden utilizarse
antorchas o lámparas encendidas.
18. Los ministros usan ornamentos de color blanco. El Obispo lleva capa
pluvial, que se quitará después de la procesión.
19. Mientras el Obispo y los ministros llegan a las sedes preparadas para
ellos, se puede cantar el Himno del Jubileo u otro canto apropiado.
20. El obispo, vuelto al pueblo, dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo,


y del Espíritu Santo.
Todos responden:
Amén.

A continuación, saluda al pueblo reunido:


El Dios de la esperanza,
que en el Verbo hecho carne
nos llena de toda alegría y paz en la fe,
por el poder del Espíritu Santo,
esté con todos vosotros.
Todos responden:
Y con tu espíritu.
21. El Obispo invita a bendecir y alabar a Dios:
Sal 32, 20-22
D.   Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo.
R. Bendito el Señor, nuestra esperanza.
D.   Con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre
confiamos.
R. Bendito el Señor, nuestra esperanza.
D.  Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo
esperamos de ti.
R. Bendito el Señor, nuestra esperanza.
14 Rito de apertura del Año Jubilar

O bien:

D. Bendito el Padre: que enviando su Verbo,


lo ha hecho signo de esperanza y sacramento de redención
para la humanidad.
R. Bendito el Señor, nuestra esperanza.
D.   Bendito el Hijo: que naciendo de la Virgen María,
nos ha abierto la puerta de la esperanza a una vida nueva.
R.. Bendito el Señor, nuestra esperanza.
D..   Bendito el Espíritu Santo: que manifestado en la Encarna-
ción, nos ha hecho herederos por el Bautismo de la esperanza
en la vida eterna.
R. Bendito el Señor, nuestra esperanza.
22. Después el obispo se dirige al pueblo con estas palabras:
Hermanos y hermanas,
el Misterio de la Encarnación de nuestro Salvador Jesucristo,
conservado en la comunión de amor de la Sagrada Familia de
Nazaret,
es para nosotros fuente de profunda alegría y de certera esperanza.
En comunión con la Iglesia universal,
mientras celebramos el amor del Padre
manifestado en la carne del Verbo hecho hombre
y en el signo de la cruz, ancla de salvación,
abrimos solemnemente el Año Jubilar para nuestra Iglesia de...
Este rito es para nosotros el preludio
de una rica experiencia de gracia y misericordia,
siempre dispuestos a responder
a cualquiera que nos pregunte por la esperanza que hay en nosotros,
especialmente en estos tiempos de guerra y desorden.
Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza, sea nuestro com-
pañero de viaje
en este año de gracia y consuelo.
El Espíritu Santo,
que hoy comienza en nosotros y con nosotros esta obra,
la lleve a término hasta el día de Cristo Jesús.
Rito de apertura del Año Jubilar 15

23. Terminada la exhortación y tras un breve momento de silencio, el


Obispo pronuncia la siguiente oración:
Oh Padre,
esperanza que no decepciona,
principio y fin de todas las cosas,
bendice el inicio de nuestra peregrinación
tras la cruz gloriosa de tu Hijo
en este tiempo de gracia;
venda las heridas de los corazones rotos,
afloja las cadenas que nos mantienen esclavos del pecado y
prisioneros del odio
y concede a tu pueblo la alegría del Espíritu
para que camine con renovada esperanza hacia la meta deseada,
Cristo tu Hijo y nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

24. A continuación, el diácono proclama el Evangelio.

EVANGELIO
Creed en Dios y creed también en mí; yo soy el camino y la verdad y la
vida.

Lectura del santo Evangelio según san Juan


14,1-7

E n aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No se turbe


vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En
la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría
dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os
prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde
estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis
el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas,
¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy
el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.
16 Rito de apertura del Año Jubilar

Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora


ya lo conocéis y lo habéis visto».
Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús.

25. Tras la proclamación del Evangelio, se hace una breve pausa de silen-
cio. A continuación, un lector lee algunos párrafos de la bula de con-
vocación del Jubileo Ordinario, elegidos entre los siguientes:

De la bula de convocación del Jubileo Ordinario


Spes non confundit (1; 3; 7; 25)
1. «Spes non confundit», «la esperanza no defrauda» (Rom 5,5).
Bajo el signo de la esperanza el apóstol Pablo infundía aliento
a la comunidad cristiana de Roma. La esperanza también
constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que según
una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años.
Pienso en todos los peregrinos de esperanza que llegarán a
Roma para vivir el Año Santo y en cuantos, no pudiendo venir
a la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo, lo celebrarán en las
Iglesias particulares. Que pueda ser para todos un momento
de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta»
de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la Iglesia tiene la
misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como
«nuestra esperanza» (1 Tim 1,1).
Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esperanza
como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que
traerá consigo el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del
futuro hace surgir sentimientos a menudo contrapuestos: de la
confianza al temor, de la serenidad al desaliento, de la certeza a
la duda. Encontramos con frecuencia personas desanimadas,
que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si
nada pudiera ofrecerles felicidad. Que el Jubileo sea para todos
ocasión de reavivar la esperanza.
Rito de apertura del Año Jubilar 17

3. La esperanza efectivamente nace del amor y se funda en el


amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz:
«Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios
por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos re-
conciliados, seremos salvados por su vida» (Rom 5,10). Y su
vida se manifiesta en nuestra vida de fe, que empieza con el
Bautismo; se desarrolla en la docilidad a la gracia de Dios y,
por tanto, está animada por la esperanza, que se renueva siem-
pre y se hace inquebrantable por la acción del Espíritu Santo.
En efecto, el Espíritu Santo, con su presencia perenne en el ca-
mino de la Iglesia, es quien irradia en los creyentes la luz de
la esperanza. Él la mantiene encendida como una llama que
nunca se apaga, para dar apoyo y vigor a nuestra vida. La espe-
ranza cristiana, de hecho, no engaña ni defrauda, porque está
fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos
nunca del amor divino.

7. Además de alcanzar la esperanza que nos da la gracia de


Dios, también estamos llamados a redescubrirla en los signos
de los tiempos que el Señor nos ofrece. Como afirma el Concilio
Vaticano II, «es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo
los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de
forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia
responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre
el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua
relación de ambas». Por ello, es necesario poner atención a
todo lo bueno que hay en el mundo para no caer en la tentación
de considerarnos superados por el mal y la violencia. En este
sentido, los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del
corazón humano, necesitado de la presencia salvífica de Dios,
requieren ser transformados en signos de esperanza.

25. Dejémonos atraer desde ahora por la esperanza y


permitamos que a través de nosotros sea contagiosa para
cuantos la desean. Que nuestra vida pueda decirles: «Espera
en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor» (Sal
27,14). Que la fuerza de esa esperanza pueda colmar nuestro
18 Rito de apertura del Año Jubilar

presente en la espera confiada de la venida de Nuestro Señor


Jesucristo, a quien sea la alabanza y la gloria ahora y por los
siglos futuros.

26. Al final de la lectura, el obispo pone incienso en el incensario y el


diácono inicia la procesión con estas palabras:
Hermanos y hermanas, avancemos en nombre de Cristo:
camino que conduce al Padre,
verdad que nos hace libres,
vida que ha vencido a la muerte.

27. A continuación comienza la peregrinación a la catedral donde se


celebra la misa. Precede el turiferario con el incensario humeante junto
con la cruz adornada y los ministros con velas encendidas o antorchas
a los lados de la cruz; después el diácono portando el evangeliario, a
continuación el Obispo y, tras él, los presbíteros, los demás ministros y
los fieles con, si es el caso, antorchas o lámparas encendidas.
Durante la peregrinación, el coro y el pueblo cantan las letanías de los
santos o himnos adecuados o algunos salmos (cf. Apéndice) con las
antífonas siguientes u otras elegidas convenientemente:

Ant. Jesucristo ayer, hoy y siempre.


Cf. Heb 13,8.20 A él honor y gloria por los siglos de los siglos.

O bien:

Ant. Alégrate, Virgen hija de Sión:


Cf. Zac 2,14 de ti nació Cristo, sol de justicia
por ti brilla la salvación del mundo

O bien:

Ant. Grandes y admirables son tus obras,


Ap 15,3 Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
Rey de los pueblos.
Rito de apertura del Año Jubilar 19

28. Llegados a la catedral, la procesión entra por la puerta principal. En el


umbral, el Obispo, tomando la cruz que ha sido llevada en procesión
(con la ayuda, si es necesario, de algunos ministros) la levanta y, de
cara al pueblo, invita a venerarla con la siguiente aclamación u otra
similar:
Salve, cruz de Cristo, única esperanza.
Todos responden:
En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.

A continuación, el Obispo devuelve la cruz y, con los ministros, se dirige


a la fuente bautismal, donde preside el rito del recuerdo del Bautismo,
mientras los fieles se colocan en la nave frente a la fuente. El Obispo invita
a la oración con estas o parecidas palabras:
Queridos hermanos y hermanas,
invoquemos a Dios, Padre todopoderoso,
para que bendiga esta agua,
que va a ser derramada sobre nosotros
en memoria de nuestro bautismo
y pidámosle que nos renueve interiormente.

Todos oran unos instantes en silencio. Después el Obispo, con las manos
extendidas, prosigue:
Dios todopoderoso,
fuente y origen de la vida del alma y del cuerpo,
bendice X esta agua, que vamos a usar con fe
para implorar el perdón de nuestros pecados
y alcanzar la ayuda de tu gracia
contra toda enfermedad y asechanza del enemigo.
Concédenos, Señor, por tu misericordia,
que las aguas vivas siempre broten salvadoras,
para que podamos acercarnos a ti
con el corazón limpio
y evitemos todo peligro de alma y cuerpo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
20 Rito de apertura del Año Jubilar

29. El obispo se rocía a sí mismo, a los concelebrantes, a los ministros y al


pueblo, atravesando la nave de la catedral precedido por el evangeliario
y la cruz. Mientras tanto, se interpretan las antífonas siguientes u otro
himno adecuado:

Ant. Rocíame con el hisopo, Señor:


Cf. Sal 50,9 y quedaré limpio;
Lávame: quedaré más blanco que la nieve.

O bien:

Ant. Lávame, Señor:


Cf. Sal 50,9 Quedaré más blanco que la nieve.

O bien:

Ant. Derramaré sobre vosotros un agua pura


que os purificará:
Ez 36,25-26 de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he
de purificar;
y os daré un corazón nuevo, dice el Señor.
30. El Obispo, con los ministros, se dirige al presbiterio donde se quita la
capa pluvial y se pone la casulla. El diácono, llegado al altar, deja sobre
éste el Evangeliario. La cruz se coloca cerca del altar, en un lugar bien
visible, donde permanecerá durante todo el Año Jubilar para la vene-
ración del pueblo de Dios. Cabe señalar que la cruz del presbiterio es
única. El Obispo besa el altar, lo inciensa junto con la cruz y se dirige a la
cátedra. Estos momentos pueden ser acompañados, después del himno
o de las antífonas interpretadas durante la aspersión, por una antífona
del tiempo de Navidad o por un himno adecuado o por el sonido de los
instrumentos musicales.

Si el baptisterio se encuentra en el exterior, la memoria del Bautismo


precede a la entrada solemne en la catedral. Si no es posible realizar la
conmemoración del Bautismo en la fuente bautismal, el Obispo con los
ministros se dirige al presbiterio mientras los fieles ocupan sus lugares
en la nave. El diácono, llegado al altar, deja sobre éste el Evangeliario. La
cruz se coloca cerca del altar. El Obispo, al llegar al presbiterio, se quita
la capa pluvial y se pone la casulla. Besa el altar, lo inciensa junto con la
Rito de apertura del Año Jubilar 21

cruz y se dirige a la cátedra. Se lleva un acetre con agua ante el Obispo


y éste procede a la bendición y a la aspersión como se ha indicado
anteriormente. Volviendo a la cátedra, el Obispo dice:
Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado
y, por la celebración de esta Eucaristía,
nos haga dignos de participar del banquete de su reino.
R. Amén.

31. A continuación se canta el Gloria. La celebración continúa como de


costumbre, utilizando el formulario de la misa de la fiesta de la Sagrada
Familia de Jesús, María y José.
RITO DE CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR
EN IGLESIAS PARTICULARES

Prenotandos

El siguiente Rito de Clausura del Jubileo del Año 2025 en las Iglesias
particulares concierne a las Iglesias de Rito Romano.
Las Iglesias orientales pueden, si lo desean, elaborar el Rito de clausura
en armonía con su propio ordo litúrgico, salvo el núcleo y la orientación
esencial del propio rito.

1. El día
El Santo Padre Francisco, en la Bula Spes non confundit, ha establecido
que el Año Jubilar se clausure en las Iglesias particulares el domingo 28 de
diciembre de 2024, fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

2. El lugar
La clausura del Año Jubilar tiene lugar con la celebración de la
Eucaristía presidida por el obispo diocesano en la iglesia catedral, madre
de todas las iglesias de la diócesis. La Eucaristía de clausura del Jubileo es
única y se celebra en la catedral. Sin embargo, si en la diócesis, según el
Derecho Canónico, hay una concatedral, en ésta también puede tenerse
la celebración eucarística de clausura. Para la celebración en la iglesia
concatedral, el Obispo puede ser sustituido por un delegado designado
para la ocasión. Queda excluido que la celebración de clausura tenga lugar
en otras iglesias de la diócesis, incluidos santuarios o iglesias insignes.

3. La celebración
La celebración eucarística se configura como una misa estacional
(cf. Caeremoniale Episcoporum, 120). Todos los presbíteros, por
tanto, concelebran con el obispo; diáconos, acólitos, lectores y otros
ministros desempeñan su servicio (cf. Sacrosanctum Concilium, 26-28;
Caeremoniale Episcoporum, 119). Hay que procurar que la convocatoria
llegue a todos los fieles. La celebración eucarística es la ocasión para dar
gracias al Señor por todo lo que ha obrado durante este año especial de
oración y conversión.
24 Prenotandos al Rito de Clausura

En la celebración cuídense de modo particular:


– la centralidad de la cruz en el Año Jubilar;
– la oración de los fieles;
– la presentación de los dones;
– la Comunión bajo las dos especies;
– el canto de acción de gracias;
– la oración sobre el pueblo o la bendición solemne;
– la despedida.

4. La cruz del Año Jubilar


La cruz, llevada en procesión en el rito de apertura del Año Jubilar
y expuesta durante todo el año cerca del altar, debe estar debidamente
adornada con flores.

5. La oración de los fieles


Como continuación de las alabanzas y súplicas que el pueblo elevó a
Dios durante el Año Jubilar, la oración de los fieles recoge las intenciones
de la asamblea intercediendo por la Iglesia y por el mundo entero. En el
rito se propone un formulario; sin embargo, conviene que cada comunidad
prepare la oración de los fieles que brote de su propia experiencia espiritual
y comunitaria vivida durante el Año. La forma propuesta prevé que el
diácono anuncie la intención de la oración; sigue un momento de silencio,
tras el cual el lector formula la oración a la que la asamblea responde
cantando.

6. La presentación de los dones


En la presentación de los dones, se lleva pan y vino para la comunión
de los fieles. En el espíritu del Jubileo, año en el que se redistribuyeron todos
los recursos para que a nadie le falte lo necesario, se puede concretar la atención
a los pobres sensibilizando a la comunidad sobre auténticos gestos de caridad
que continúan incluso después de la clausura del Año Jubilar, y preparando la
celebración para que, en la presentación de los dones, no falten los donativos
para los pobres (cf. Ordenación General del Misal Romano, 73).

7. La Comunión bajo las dos especies


Es oportuno distribuir la Comunión bajo las dos especies. «En esa
forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete
eucarístico, y se expresa más claramente la voluntad divina con que se
ratifica en la Sangre del Señor la Alianza nueva y eterna, y también la
Prenotandos al Rito de Clausura 25

relación entre el banquete eucarístico y el banquete escatológico en el reino


del Padre» (Ordenación General del Misal Romano, 281).

8. El canto de acción de gracias


Terminada la oración después de la comunión, el Obispo exhorta a
los fieles a bendecir al Señor por la gracia del Año Jubilar y la indulgencia.
A continuación, se entona un canto de acción de gracias.

9. La oración sobre el pueblo o la bendición solemne y la despedida del


diácono
La celebración eucarística termina con una oración sobre el pueblo
o con la bendición solemne. Los textos recuerdan los temas del Año
Jubilar e invocan sobre el pueblo la fuerza de la ayuda divina para que,
una vez terminada la experiencia especial del Jubileo, la comunidad que
ha experimentado el perdón pueda volver al ritmo cotidiano de la vida,
renovada por la gracia de un tiempo especial de oración y de cercanía al
Señor.
La despedida del diácono, tomada de la Primera Carta de Pedro,
sintetiza los temas del testimonio de fe, la esperanza y la conformación de
la propia vida al misterio celebrado.
26 Rito de clausura del AÑo Jubilar

Rito de clausura del Año Jubilar

Se utiliza el formulario de la misa de la fiesta de la Sagrada Familia de


Jesús, María y José.

10. A la hora señalada, los fieles se reúnen en la catedral. Cuando el


pueblo está reunido, entran el Obispo, los concelebrantes y los diáconos,
revestidos con ornamentos litúrgicos blancos. La asamblea canta el Himno
del Jubileo u otro himno apropiado.

11. El Obispo, después de haber besado e incensado el altar como de


costumbre, se dirige a la cátedra y dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo,


y del Espíritu Santo.

Todos responden:
Amén.

A continuación, el Obispo saluda al pueblo con estas palabras:


El Dios de la esperanza
que nos llena de toda alegría
y paz en la fe
por el poder del Espíritu Santo,
esté con todos vosotros.

Todos responden:
Y con tu espíritu.

12. El Obispo introduce la celebración con estas palabras:


Hermanos y hermanas,
hemos vivido juntos el Año Jubilar,
[que ha tenido su culmen en la peregrinación diocesana a
Roma].
Como un solo pueblo elevamos nuestra alabanza de acción de
gracias
y nuestra súplica a Dios, uniéndonos a aquellos
Rito de clausura del AÑo Jubilar 27

que a menudo no tienen voz ante los hombres,


pero que el Padre escucha y reconoce
como hijos predilectos: los enfermos, los ancianos, los presos,
los pobres.

A través de la indulgencia jubilar


el Señor ha hecho fluir un río de gracia y bendición.
A todos ha dado su esperanza y su paz,
ha fortalecido las manos débiles,
ha reafirmado las rodillas vacilantes,
nos ha dicho a cada uno de nosotros: ¡ánimo, no temáis!

Fortalecidos por esta experiencia de misericordia


y reavivados por el encuentro con él,
hoy como comunidad diocesana, pastor y pueblo,
mientras celebramos la santidad de la Familia de Nazaret,
queremos dar gracias en la Eucaristía
y volver a pedir perdón, reconociéndonos pecadores.

Tras una breve pausa de silencio, el diácono u otro ministro canta las
siguientes invocaciones:
Señor, que suscitas la fe, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Cristo, que inspiras la esperanza, Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, que generas la caridad, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.

O bien:

Señor, Hijo de Dios, que habiendo nacido de la Virgen María


te has hecho nuestro hermano, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
28 Rito de clausura del AÑo Jubilar

Cristo, Hijo del hombre, que conoces


y comprendes nuestra debilidad, Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, Hijo primogénito del Padre,
que nos haces una sola familia, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.

El Obispo concluye:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

A continuación se canta el Gloria. La misa continúa como de costumbre.


Rito de clausura del AÑo Jubilar 29

Oración universal u Oración de los fieles


13. Terminada la homilía, tras una pausa de silencio, se canta o recita el
Credo. Sigue la oración universal con estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas,
después de oír la Palabra de salvación,
elevamos al Padre, por medio del Hijo,
nuestra oración.
R. Dios, esperanza nuestra, escúchanos.

Diácono:
Oremos por la Iglesia.

Se hace una pausa de silencio tras la cual el lector pronuncia la oración:


Custodia del proyecto de salvación,
anuncie a todos de palabra y de obra
la fe en el Señor resucitado. R.

Diácono:
Oremos por el mundo entero.

Se hace una pausa de silencio tras la cual el lector pronuncia la oración:


Seducido por el amor del Verbo encarnado,
no ceda al rumor de las armas
sino que busque la armonía de la concordia y la paz. R.

Diácono:
Oremos por los afligidos.

Se hace una pausa de silencio tras la cual el lector pronuncia la oración:


Que no caigan en el desánimo,
sino que experimenten en sus corazones
el don de la esperanza cristiana. R.
30 Rito de clausura del AÑo Jubilar

Diácono:
Oremos por las familias.

Se hace una pausa de silencio tras la cual el lector pronuncia la oración:


Tomando como ejemplo la Sagrada Familia de Nazaret,
sean dóciles al plan de Dios,
que llama cada día a experimentar la novedad del amor. R.

Diácono:
Oremos por nuestra comunidad diocesana.

Se hace una pausa de silencio tras la cual el lector pronuncia la oración:


Vigorizados por el poder del perdón
y reavivados por la gracia del Año Jubilar,
pueda continuar en su camino de seguimiento del Evangelio. R.

El Obispo concluye:
Oh Padre,
en este Año Jubilar
has abierto a tu Iglesia el camino de la salvación
y has colmado a tus hijos con la esperanza que viene de ti.
Recibe nuestras buenas intenciones
y cumple nuestro deseo de convertir nuestras vidas a ti
para que lleguemos a ser verdaderos testigos del Evangelio.
Con la gracia del Espíritu Santo guía nuestros pasos
hacia la bienaventurada esperanza de encontrar tu rostro
en la Jerusalén celestial
donde tu Reino alcanzará su cumplimiento pleno y perfecto
y todo será realizado en Cristo, tu Hijo.
Él, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Rito de clausura del AÑo Jubilar 31

Rito de comunión

14. El obispo introduce el canto del Padrenuestro y continúa cantando


el embolismo: Líbranos, Señor. El pueblo responde cantando la
aclamación Tuyo es el Reino.

Canto de acción de gracias


15. Al final de la oración después de la comunión, el Obispo introduce un
canto de acción de gracias con estas palabras:
Hermanos y hermanas,
al concluir el Año Jubilar
queremos unir nuestras voces al canto de toda la Iglesia,
que hoy eleva su agradecimiento a Dios
por el don de la indulgencia.
A través de los sacramentos, la peregrinación,
la oración y la caridad
hemos tenido una intensa experiencia de la misericordia divina:
el Señor ha lavado nuestros pecados y nos ha colmado
de su gracia.
Durante este año hemos estado en comunión
en la fe, la esperanza y la caridad,
con todo el misterio de Cristo
distribuido en el ciclo de los tiempos litúrgicos.
Ahora, reavivados por esta experiencia de conversión,
volvemos al ritmo cotidiano de nuestras vidas.
Como los discípulos que vieron su rostro,
guardemos la alegría del encuentro con el Señor
y mantengamos sin vacilar la profesión de nuestra esperanza,
porque es fiel a lo ha que prometido.
La asamblea entona el himno Te Deum o un canto de acción de gracias.
32 Rito de clausura del AÑo Jubilar

Oración sobre el pueblo


16. Al final del himno, el Obispo, con las manos extendidas, pronuncia la
siguiente oración sobre el pueblo:
Descienda sobre esta tu familia, oh Padre,
la plenitud de tu gracia
y la abundancia de tus santos dones:
concede a tus fieles la fe que mueve montañas,
la esperanza que no defrauda,
la caridad paciente y benigna,
para que, sin alejarse de tu voluntad,
te dé gracias por tus innumerables beneficios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
O bien:

Bendición solemne

17. Terminado el himno, el Obispo imparte la bendición solemne del


modo acostumbrado:
El Padre,
que envió a su Hijo no para condenar,
sino para salvar el mundo,
aleje de vosotros todo mal y cumpla vuestros deseos de bien.
R. Amén.
El Hijo,
que ha llamado a sí a todos los cansados y oprimidos,
os conceda descanso y paz,
para que podáis esperar con confianza su regreso al final de los
tiempos.
R. Amén.
Rito de clausura del AÑo Jubilar 33

El Espíritu Santo,
que os ha colmado de su gracia en este Año Jubilar,
os conceda aplicar cada día en vuestra vida
lo que habéis experimentado en la fe.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.

18. A continuación, el diácono despide a la asamblea con estas palabras:


Adorad al Señor en vuestros corazones,
siempre dispuestos a responder
a todo el que os pregunte por la esperanza que está en vosotros.
Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.
MISSA PRO ANNO SANCTO
Hæc Missa adhiberi potest, cum colore proprio diei vel Temporis,
ubi peculiares celebrationes habentur occasione Anni Sancti, exceptis
sollemnitatibus, dominicis et festis, diebus Hebdomadæ sanctæ, Tridui
sacri, infra octavam Paschæ, feriis Adventus a die 17 ad 24 decembris
inclusive, diebus infra octavam Nativitatis, Commemoratione omnium
Fidelium Defunctorum et feria IV Cinerum.
Tempore vero Adventus, Nativitatis, Quadragesimæ et Paschæ, pro liturgia
Verbi lectiones de feria adhibeantur.

Ant. ad introitum Ps 26, 14


Exspécta Dóminum, viríliter age;
et confortétur cor tuum, et sústine Dóminum. (T.P. Allelúia.)

Collecta
Omnípotens sempitérne Deus,
fervens humáni cordis desidérium,
réspice benígnus pópulum tuum
per hoc grátiæ tempus peregrinántem,
ut, Christo refúgio salútis suæ coniúnctus,
ad beátæ spei finem felíciter adveníre possit.
Per Dóminum.

Super oblata
Oblatiónes famíliæ tuæ, quǽsumus, Dómine,
súscipe miserátus,
ut, sub tuæ protectiónis auxílio,
et colláta non perdat, et ad ætérna dona pervéniat.
Per Christum.
MISA PARA EL AÑO SANTO
Esta misa puede decirse, con el color propio del día o del Tiempo, en las
celebraciones particulares que tengan lugar durante el Año Santo, excepto
en las solemnidades, los domingos y las fiestas, los días de la Semana
Santa, el Santo Triduo Pascual, los días de la octava de Pascua, las ferias
de Adviento del 17 al 24 de diciembre, los días de la octava de Navidad, la
Conmemoración de todos los fieles difuntos, el Miércoles de Ceniza.
En los tiempos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, para la Liturgia
de la Palabra, se adoptan las lecturas del día.

Antífona de entrada Sal 26, 14


Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. (T.P. Aleluya.)

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
ardiente deseo del corazón humano,
mira con bondad a tu pueblo
peregrino en este año de gracia
para que, unido a Cristo, roca de salvación,
pueda llegar con alegría
a la meta de la bienaventurada esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas


Acoge, Señor, con bondad
las ofrendas de tu familia,
para que, bajo tu protección,
no pierda los dones ya recibidos
y alcance los eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
36 Missa pro Anno Sancto

Præfatio
Christus, spes unica
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
℣. Sursum corda.
℟. Habémus ad Dóminum.
℣. Grátias agámus Dómino Deo nostro.
℟. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,


æquum et salutáre,
nos tibi semper et ubíque grátias ágere:
Dómine, sancte Pater,
omnípotens ætérne Deus:
Hoc témpore grátiæ,
fílios tuos in unam famíliam cóngregas,
ut, vitæ Verbo illustráti,
mystérium Fílii tui crucifíxi et resurgéntis
summo gáudio célebrent.

Ipse, salus semper imploráta sempérque exspectáta,


omnes ad mensam suam vocat,
córporis ac spíritus vúlnera sanat,
contristátis lætítiam donat.

Propter hæc ómnia benevoléntiæ tuæ signa,


viva fide ad certiórem spem renáscimur
et nosmetípsos frátribus offérimus efficáci dilectióne,
Dóminum, donec véniat, præstolántes.

Per quem,
cum Angelis et ómnibus Sanctis,
hymnum laudis tibi cánimus,
sine fine dicéntes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus …


Misa para el Año Santo 37

Prefacio
Cristo, única esperanza
D.. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
D.. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
D.. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,


es nuestro deber y salvación, *
darte gracias siempre y en todo lugar, *
Señor, Padre Santo, †
Dios todopoderoso y eterno. **

En este tiempo de gracia


reúnes a tus hijos en una sola familia, *
para que, iluminados por la Palabra de vida, †
celebren con gozo el misterio
de tu Hijo crucificado y resucitado. **

Él, salvación siempre invocada y siempre esperada, *


llama a todos a su mesa, *
cura las heridas del cuerpo y del espíritu, †
da la alegría a los afligidos. **

Por todos estos signos de tu benevolencia, *


con fe viva renacemos a una esperanza más cierta *
y nos ofrecemos a nuestros hermanos con amor constante, †
a la espera del retorno del Salvador. **

Por él,
con los ángeles y todos los santos, *
te cantamos el himno de alabanza †
diciendo sin cesar: **

Santo, Santo, Santo …


38 Missa pro Anno Sancto

Ant. ad communionem Cf. Lc 4, 18. 19


Spíritus Dómini super me;
evangelizáre paupéribus misit me,
et prædicáre annum Dómini accéptum. (T.P. Allelúia.)

Post communionem
Deus,
qui nos uno pane réficis
et única spe susténtas,
tua nos páriter grátia corróbora,
ut, facti unum in Christo corpus et unus spiritus,
ad glóriam cum ipso resurgámus.
Qui vivit et regnat in sǽcula sæculórum.

Benedictio sollemnis
Benedícat vobis Dóminus, et custódiat vos.
R. Amen.

Illúminet fáciem suam super vos,


et misereátur vestri.
R. Amen.

Convértat vultum suum ad vos,


et donet vobis suam pacem.
R. Amen.

Et benedíctio Dei omnipoténtis,


Patris, et Fílii, X et Spíritus Sancti,
descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.
Misa para el Año Santo 39

Antífona de comunión Cf. Lc 4, 18.19


El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar el año de gracia del Señor. (T.P. Aleluya.)
Oración después de la comunión
Oh, Dios,
que nos alimentas con un mismo pan
y nos confortas con una misma esperanza,
danos también fuerza con tu gracia
para que todos juntos,
formando un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo,
resucitemos a la gloria con él.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición solemne
El Señor os bendiga y os guarde.
R. Amén.

Haga brillar su rostro sobre vosotros


y os conceda su favor.
R. Amén.

Vuelva su mirada a vosotros


y os conceda la paz.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,


Padre, Hijo X y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
40 Missa pro Anno Sancto

Ant. ad introitum Ps 89, 1-2


Dómine, refúgium factus es nobis a generatióne et progénie;
a sǽculo, et in sǽculum tu es. (T.P. Allelúia.)

Collecta
Deus, qui in plenitúdine témporum
Fílium tuum in mundum misísti Salvatórem,
concéde, quǽsumus,
ut in hoc sǽculo peregrinántes
lux paschális eius mystérii ad te,
únicam spem nostram, ducat.
Per Dóminum.

Super oblata
Quæ tuis altáribus exhibémus, Dómine,
hunc annum sanctum lætánter celebrántes,
sint tibi múnera accépta,
ut ipsíus æternitátis mereámur esse consórtes,
qui mortalitátem nostram sua mortalitáte curávit,
Iesus Christus, Dóminus noster, qui vivit.

Præfatio
Christus, spes vera
D.. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
D.. Sursum corda.
R. Habémus ad Dóminum.
D.. Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est,


æquum et salutáre,
nos tibi semper et ubíque grátias ágere:
Misa para el Año Santo 41

B
Antífona de entrada Sal 89, 1-2
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación;
desde siempre y por siempre tú eres Dios. (T.P. Aleluya).

Oración colecta
Oh Dios, que en la plenitud de los tiempos
enviaste a tu Hijo al mundo como Salvador,
te rogamos nos concedas
a quienes peregrinarnos en este mundo
que, con la luz de su misterio pascual,
nos guíe hasta ti, nuestra única esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas


Que te sean agradables, Señor,
las ofrendas que ponemos sobre tu altar,
celebrando con alegría este año santo,
para que, merezcamos ser partícipes de la eternidad
de aquél que con su muerte nos hizo inmortales,
Jesucristo, nuestro Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio
Cristo, Redentor de los hombres, ayer, hoy y siempre
D.. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
D.. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
D.. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
42 Missa pro Anno Sancto

Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus:


per Christum Dóminum nostrum.

Qui Fílius tuus, ante sǽcula génitus,


natus est in témpore de María Vírgine,
et a Spíritu Sancto unctus,
in nómine tuo annum grátia prædicávit:
consolatiónem míseris, captívis redemptiónem,
toti dénique humáno géneri salútem et pacem.

Ipse enim única est spes vera


quæ ómnium excédens exspectatiónem,
univérsa sǽcula irrádiat.

Et ídeo, cum Angelis et Sanctis univérsis,


te collaudámus, sine fine dicéntes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus ...

Ant. ad communionem Tit 2, 12-13


Iuste et pie vivámus in hoc sǽculo,
exspectántes beátam spem
et advéntum glóriæ magni Dei. (T.P. Allelúia.)

Post communionem
Sanctíficet nos, quǽsumus, Dómine,
mensa tua participátio, et præsta,
ut, quam Unigénitus tuus in cruce operátus est salútem,
omnes gentes per Ecclésiæ tuæ sacraméntum gratánter ac-
cípiant.
Per Christum.
Misa para el Año Santo 43

En verdad es justo y necesario,


es nuestro deber y salvación *
darte gracias siempre y en todo lugar, *
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, †.
por Cristo, Señor nuestro. **

El cual, Hijo tuyo engendrado antes de todos los siglos,


nacido en el tiempo de la Virgen María, *
y ungido por el Espíritu Santo,
anunció, en tu nombre, un año de gracia: *
el consuelo para los afligidos,
la liberación para los cautivos,
la salvación y la paz para todo el género humano. **

Él es la única y verdadera esperanza *


que, sobrepasando toda espera, *
ilumina todos los siglos. **

Por eso, con los ángeles y con todos los santos, *


te alabamos, diciendo sin cesar: *

Santo, Santo, Santo …


Antífona de comunión Cf. Tt 2, 12-13
Llevemos ya desde ahora una vida justa y piadosa,
aguardando la dicha que esperamos
y la manifestación de la gloria del gran Dios.
Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor,
que la participación en tu mesa nos santifique
para que todas las gentes reciban con gozo,
por el sacramento de tu Iglesia,
la salvación que tu Unigénito
llevó a cabo en la cruz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
44 Missa pro Anno Sancto

Oratio super populum


Adésto, Dómine, supplícibus tuis
et spem suam in tua misericórdia collocántes tuére propítius,
ut in sancta conversatióne tibi fidéles permáneant,
et, consequéntes sufficiéntiam temporálem,
promissiónis tuæ perficiántur herédes in ætérnum.
Per Christum.
℟. Amen.

Et benedíctio Dei omnipoténtis,


Patris, et Fílii, X et Spíritus Sancti,
descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.
Misa para el Año Santo 45

Oración sobre el pueblo


Hazte presente, Señor, a nuestras súplicas
y defiende en tu bondad
a cuantos ponen su esperanza en tu misericordia,
para que permaneciendo fieles en una vida santa,
y teniendo lo necesario para la vida temporal,
lleguen a ser herederos de tu promesa para siempre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,


Padre, Hijo X y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
46 Missa pro Anno Sancto

Ant. ad introitum Tit 3, 5.7


Deus salvos nos fecit per lavácrum regeneratiónis
et renovatiónis Spíritus Sancti,
iustificáti grátia ipsíus
herédes simus secúndum spem vitæ ætérnæ.
(T.P. Alleluia.)

Collecta
Deus, qui humáno géneri per Fílium Unigénitum
et salútis remédium et vitæ ætérnæ donum contulísti,
concéde ómnibus in ipso renátis
et velle quæ prǽcipis et posse,
ut pópulus ad regnum tuum vocátus
sit in fide stábilis, spe gaudens, et in caritáte éfficax.
Per Dóminum.

Super oblata
Réspice, Dómine, in fáciem Christi tui,
única spes nostra,
qui pro ómnibus redemptiónem trádidit semetípsum,
ut per eum ab ortu solis usque ad occásum
nomen tuum magnificétur in géntibus,
et una ubíque maiestáti tuæ exhibeátur oblátio.
Per Christum.
Misa para el Año Santo 47

C
Antífona de entrada Tit 3, 5.7
Dios nos salvó por el baño del nuevo nacimiento y de la renovación
del Espíritu Santo, para que, justificados por su gracia, seamos, en
esperanza, herederos de la vida eterna. (T.P. Aleluya).
Oración colecta
Oh, Dios,
que has dado al género humano,
por medio de tu Hijo Unigénito,
el remedio de la salvación y el don de la vida eterna,
concede, a cuantos han renacidos en él,
la gracia de querer y hacer cuanto ordenas,
para que el pueblo, convocado a tu reino,
permanezca estable en la fe,
gozoso en la esperanza
y eficaz en la caridad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, el rostro de Cristo, tu Hijo,
nuestra única esperanza,
que se entregó a sí mismo para redimir a todos
para que, por medio de él,
todas las gentes glorifiquen tu nombre
desde donde sale el sol hasta el ocaso,
y sea ofrecido, en todo lugar,
un mismo sacrificio a tu divina majestad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
48 Missa pro Anno Sancto

Præfatio
Christus, Deus et homo, Salvator omnium
D.. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
D.. Sursum corda.
R. Habémus ad Dóminum.
D.. Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R. Dignum et iustum est.

Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre,


nos tibi semper et ubíque grátias ágere:
Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus:
per Christum Dóminum nostrum.

In ipso enim promissiónes tuæ véteres adimpléntur,


umbra cedit lúmini,
mundus iam renovátur,
et homo nova fit creatúra.

Per oblatiónem sui semel in cruce factam,


fílios tuos, qui erant dispérsi,
vóluit in unum congregáre;
et exaltátus in glória, primogénitus in multis frátribus,
spem ætérni gáudii nobis pandit.

Unde et nos, Dómine, cum Angelis et Sanctis univérsis,


tibi confitémur, in exsultatióne dicéntes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus …

Ant. ad communionem Mt 28, 20


Ecce ego vobíscum sum ómnibus diébus,
dicit Dóminus,
usque ad consummatiónem sǽculi. (T.P. Allelúia.)
Misa para el Año Santo 49

Prefacio
Cristo, Dios y hombre, Salvador de todos.
D.. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
D.. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
D.. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,


es nuestro deber y salvación *
darte gracias siempre y en todo lugar, *
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, †
por Cristo, Señor nuestro **

En él se cumplen tus antiguas promesas, *


la sombra cede su lugar a la luz, *
el mundo se renueva †
y el hombre se convierte en nueva creatura. **

Por su oblación, una vez para siempre, en la cruz, *


quiso congregar en la unidad
a todos tus hijos dispersos; *
y exaltado en la gloria, primogénito de muchos hermanos, *
nos lleva a la esperanza de los gozos eternos. **

Por eso, Señor, *


con los ángeles y todos los santos *
te alabamos, diciendo sin cesar: †

Santo, Santo, Santo …

Antífona de comunión Mt 28, 20


Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de
los tiempos, dice el Señor. (T.P. Aleluya.)
50 Missa pro Anno Sancto

Post communionem
Cælésti pane roboráti, quǽsumus, Dómine,
ut, Evangélio vitæ iúgiter adhæréndo,
ferméntum vivíficans
et salútis instruméntum humáno efficiámur consórtio.
Per Christum.

Benedictio sollemnis
Pax Dei, quæ exsúperat omnem sensum,
custódiat corda vestra et intellegéntias vestras
in sciéntia et caritáte Dei, et Fílii sui,
Dómini nostri Iesu Christi.
R. Amen.

Et benedíctio Dei omnipoténtis,


Patris, et Fílii, X et Spíritus Sancti,
descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.
Misa para el Año Santo 51

Oración después de la comunión


Fortalecidos con el Pan del cielo te pedimos, Señor,
que, permaneciendo unidos a tu Evangelio,
seamos para toda la humanidad
fermento de vida e instrumento de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
La paz de Dios, que supera todo juicio,
custodie vuestros corazones y vuestros pensamientos
en el conocimiento y el amor de Dios
y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,


Padre, Hijo X y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
52 Lectiones pro Liturgia Verbi

LECTIONES PRO LITURGIA VERBI

Lectio I
Unxit me Dominus et evangelizare pauperibus misit me, et dare eis oleum
gaudii.

Léctio libri Isaíæ prophétæ


61, 1-3a. 6a. 8b-9

S píritus Dómini super me,


eo quod únxerit Dóminus me;
ad annuntiándum mansuétis misit me,
ut medérer contritis corde,
et prædicárem captívis indulgéntiam
et clausis apertiónem;
ut prædicárem annum placábilem Dómino,
et diem ultiónis Deo nostro,
ut consolárer omnes lugéntes,
ut pónerem lugéntibus Sion,
et darem eis corónam pro cínere,
óleum gáudii pro luctu,
pállium laudis pro spíritu mæróris.
Vos autem sacerdótes Dómini vocabímini,
minístri Dei nostri dicétur vobis.
Dabo opus eórum in veritáte,
et fœdus perpétuum fériam eis.
Et scient in géntibus semen eórum;
et germen eórum in médio populórum.
Omnes qui víderint eos cognóscent illos,
quia isti sunt semen, cui benedíxit Dóminus.

Verbum Dómini.
Lecturas para la Liturgia de la Palabra 53

LECTURAS
PARA LA LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura
El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres,
y darles un perfume de fiesta.

Lectura del libro de Isaías


61, 1-3a.6a.8b-9

E l Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí,


porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres,
para curar los corazones desgarrados,
proclamar la amnistía a los cautivos,
y a los prisioneros la libertad;
para proclamar un año de gracia del Señor,
un día de venganza de nuestro Dios,
para consolar a los afligidos,
para dar a los afligidos de Sión
una diadema en lugar de cenizas,
perfume de fiesta en lugar de duelo,
un vestido de alabanza en lugar de un espíritu abatido.
Vosotros os llamaréis «Sacerdotes del Señor»,
dirán de vosotros: «Ministros de nuestro Dios».
Les daré su salario fielmente
y haré con ellos un pacto perpetuo.
Su estirpe será célebre entre las naciones,
y sus vástagos entre los pueblos.
Los que los vean reconocerán
que son la estirpe que bendijo el Señor.

Palabra de Dios.
54 Lectiones pro Liturgia Verbi

vel
Lectio I
Caritas Dei diffusa est in cordibus nostris.

Léctio Epístolæ beáti Pauli apóstoli ad Romános


5, 5-11

F ratres:
Spes non confúndit, quia cáritas Dei diffúsa est in córdibus
nostris per Spíritum Sanctum, qui datus est nobis.
Ut quid enim Christus, cum adhuc infírmi essémus, secúndum
tempus pro ímpiis mórtuus est? Vix enim pro iusto quis
móritur; nam pro bono fórsitan quis et áudeat mori?
Comméndat autem caritátem suam Deus in nobis, quóniam,
cum adhuc peccatóres essémus, secúndum tempus Christus
pro nobis mórtuus est. Multo ígitur magis nunc, iustificáti in
sánguine ipsíus, salvi érimus ab ira per ipsum.
Si enim, cum inimíci essémus, reconciliáti sumus Deo per
mortem Fílii eius, multo magis reconciliáti salvi érimus in vita
ipsíus. Non solum autem, sed et gloriámur in Deo per Dómin-
um nostrum Iesum Christum, per quem nunc reconciliatión-
em accépimus.
Verbum Dómini.

Psalmus responsorius
Ps 88 21-22. 25 et 27
R. Misericórdias tuas, Dómine, in ætérnum cantábo.
Invéni David servum meum;
óleo sancto meo unxi eum.
Manus enim mea firma erit cum eo,
et brácchium meum confortábit eum. R.
Et véritas mea et misericórdia mea cum ipso,
et in nómine meo exaltábitur cornu eius.
Lecturas para la Liturgia de la Palabra 55

O bien:

Primera lectura
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos


5, 5-11

H ermanos:
La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se
nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiem-
po señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas
habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez
se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su
amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió
por nosotros.
¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre,
seremos por él salvados del castigo! Si, cuando éramos enemi-
gos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,
¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salva-
dos por su vida! Y no solo eso, sino que también nos gloriamos
en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obteni-
do ahora la reconciliación.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 88 (89), 21-22; 25. 27
R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder:
56 Lectiones pro Liturgia Verbi

Ipse invocábit me: «Pater meus es tu,


Deus meus et refúgium salútis meæ». R.

Alleluia et Versus ante Evangelium


Is 61, 1 (Lc 4, 18)
R. Allelúia, Allelúia.
Spiritus Domini super me;
evangelizare pauperibus misit me.
R. Allelúia.

Evangelium
Lc 4, 16-21
Misit me prædicare annum Domini acceptum.

✠ Léctio sancti Evangélii secúndum Lucam

I n illo témpore:
Venit Iesus Názareth, ubi erat nutrítus; et intrávit secúnd-
um consuetúdinem suam die sábbati in synagógam, et surréxit
légere. Et tráditus est illi liber Isaíæ prophetae. Et, ut revólvit
librum, invénit locum, ubi scriptum erat:
«Spíritus Dómini super me;
propter quod unxit me,
evangelizáre paupéribus misit me,
sanáre contrítos corde,
prædicáre annum Dómini accéptum
et diem retributiónis».
Et, cum plicuísset librum, réddidit minístro et sedit. Et ómn-
ium in synagóga oculi erant intendéntes in eum. Coepit autem
dícere ad illos: «Quia hódie impléta est hæc Scriptúra in áuribus
vestris».
Verbum Dómini.
Lecturas para la Liturgia de la Palabra 57

extenderé su izquierda hasta el mar,


y su derecha hasta el Gran Río. R.

Versículo antes del evangelio


Is 61, 1 (Lc 4, 18)
R. Aleluya, Aleluya.
El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí:
me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres.
R. Aleluya.

Evangelio
Me ha enviado a proclamar el año de gracia del Señor.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas


4, 16-21

E n aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado,


entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados,
y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo
del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde
estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a
decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Palabra del Señor.
APÉNDICE
FORMULARIOS PARA LA MISA

Estos formularios pueden utilizarse en las misas para el Año Santo.

Acto penitencial

1.
Señor, que suscitas la fe, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Cristo, que inspiras la esperanza, Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, que generas la caridad, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.

2.
Señor, que abriste los ojos de los ciegos y liberaste a los cautivos,
Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Cristo, que prometiste los cielos nuevos y tierra nueva, Christe,
eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, que ahora reinas a la derecha del Padre, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.

3.
Señor, luz que disipas las tinieblas, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Cristo, puerta que conduce a la salvación, Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, esperanza que no desvanece, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
62 Apéndice: Formularios para la misa

4.
Señor, nuestra esperanza, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Cristo, nuestro Salvador, Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, nuestra vida, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.

5.
Señor, defensor de los pobres, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Cristo, refugio de los débiles, Christe, eléison.
R. Christe, eléison.
Señor, esperanza de los pecadores, Kýrie, eléison.
R. Kýrie, eléison.
Apéndice: Formularios para la misa 63

Oración universal

1.
El Señor de la vida y de la historia
dé a la humanidad peregrina en el tiempo
el auxilio del Espíritu,
para que descubra los caminos del bien
y llegue a proclamar: «Jesús es el Señor».
Invoquemos al Padre celestial con firme esperanza.
R. Padre nuestro, escúchanos.

Escucha, Padre, nuestra oración:


haz que todos los hombres te conozcan,
único Dios verdadero,
y aquel a quien has enviado, Jesucristo tu Hijo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

2.
Hermanos y hermanas,
dirijamos nuestra oración al Padre,
que en Cristo abre a todos los hombres
las puertas de la esperanza y de la vida.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Oh Padre, que nos concedes la alegría de permanecer en tu casa


para cantar la alabanza de tu nombre
y sacar fuerzas de tu amor,
ilumina nuestras vidas con tu Espíritu
y haznos testigos de la esperanza evangélica.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
64 Apéndice: Formularios para la misa

3.
La Palabra de Dios que hemos escuchado
es el fundamento de nuestra fe,
alimento de nuestra esperanza y fermento de fraternidad.
Invoquemos al Padre por las necesidades del mundo.
R. Ilumínanos y sostennos, Señor, en nuestro camino.

Oh Padre, que en Cristo tu Hijo has dado al hombre


la verdad que lo ilumina,
la senda que le muestra el camino,
la vida que lo renueva continuamente,
sostennos con la fuerza de tu Espíritu,
para que progresemos cada día
en tu amor y en la esperanza del Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

4.
Al Padre, que nos llama a participar
en la alegría de su reino,
dirijamos con unanimidad y confianza
nuestra oración.
R. Mantén la esperanza en nosotros, Señor.

Oh Padre,
que acompañas y sostienes siempre a tu Iglesia
peregrina en el mundo,
despierta con la luz y la fuerza de tu Espíritu,
una esperanza viva en nosotros,
para que aprendamos a reconocer los signos de tu presencia
en los acontecimientos de la historia.
Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
Apéndice: Oraciones para la peregrinación 65

ORACIONES PARA LA PEREGRINACIÓN

Salmos

Salmo 15 (14) El justo vive en la presencia del Señor


Salmo de David.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda


y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente


y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua,


el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.

El que considera despreciable al impío


y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,

el que no presta dinero a usura


ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.

Salmo 24 (23) El Señor, Rey de gloria, entra en su templo


Salmo de David.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,


el orbe y todos sus habitantes:

Él la fundó sobre los mares,


él la afianzó sobre los ríos.
66 Apéndice: Oraciones para la peregrinación

¿Quién puede subir al monte del Señor?


¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,


que no confía en los ídolos
ni jura con engaño.

Ese recibirá la bendición del Señor,


le hará justicia el Dios de salvación.

Esta es la generación que busca al Señor,


que busca tu rostro, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,


que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?


El Señor, héroe valeroso,
el Señor valeroso en la batalla.

¡Portones!, alzad los dinteles,


que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?


El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria.

Salmo 84 (83) Canto de peregrinación


Al director. Según la oda de Gat. De los hijos de Coré. Salmo.

¡Qué deseables son tus moradas,


Señor del universo!

Mi alma se consume y anhela


los atrios del Señor,
Apéndice: Oraciones para la peregrinación 67

mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;


la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa,


alabándote siempre.
Dichoso el que encuentra en ti su fuerza
y tiene tus caminos en su corazón.

Cuando atraviesan áridos valles,


los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;

caminan de baluarte en baluarte


hasta ver al Dios de los dioses en Sión.

Señor del universo, escucha mi súplica;


atiéndeme, Dios de Jacob.

Fíjate, oh Dios, escudo nuestro,


mira el rostro de tu Ungido.

Vale más un día en tus atrios


que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.

Porque el Señor Dios es sol y escudo,


el Señor da la gracia y la gloria;
y no niega sus bienes
a los de conducta intachable.

¡Señor del universo, dichoso el hombre


que confía en ti!
68 Apéndice: Oraciones para la peregrinación

Salmo 95 (94) Invitación a la adoración

Venid, aclamemos al Señor,


demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,


aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,


soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,


son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,


la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,


bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,


y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:


«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba


y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

Durante cuarenta años


aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera


que no entrarán en mi descanso».
Apéndice: Oraciones para la peregrinación 69

Salmo 118 (117) Himno de acción de gracias

Dad gracias al Señor porque es bueno,


porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:


eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:


eterna es su misericordia.

Digan los que temen al Señor:


eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,


y el Señor me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;


¿qué podrá hacerme el hombre?

El Señor está conmigo y me auxilia,


veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor


que fiarse de los hombres,

mejor es refugiarse en el Señor


que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,


en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban cerrando el cerco,


en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,


ardiendo como fuego en las zarzas;
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,


pero el Señor me ayudó;
70 Apéndice: Oraciones para la peregrinación

el Señor es mi fuerza y mi energía,


él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria


en las tiendas de los justos:

«La diestra del Señor es poderosa,


la diestra del Señor es excelsa».

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.

Me castigó, me castigó el Señor,


pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas de la salvación,


y entraré para dar gracias al Señor.

Esta es la puerta del Señor:


los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste


y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos


es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,


ha sido un milagro patente.

Este es el día que hizo el Señor:


sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación;


Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,


os bendecimos desde la casa del Señor.

El Señor es Dios, él nos ilumina.


Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Apéndice: Oraciones para la peregrinación 71

Tú eres mi Dios, te doy gracias;


Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,


porque es eterna su misericordia.

Salmo 122 (121) Saludo a Jerusalén, ciudad de paz


Canción de las subidas. De David.

¡Qué alegría cuando me dijeron:


«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies


tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada


como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,


las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia,


en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:


«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».

Por mis hermanos y compañeros,


voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
72 Apéndice: Oraciones para la peregrinación

Salmo 136 (135) Himno al amor y a la bondad de Dios


Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.
Solo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.
El sol para regir el día:
porque es eterna su misericordia.
La luna y las estrellas para regir la noche:
porque es eterna su misericordia.
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.
Apéndice: Oraciones para la peregrinación 73

Arrojó en el mar Rojo al faraón y a su ejército:


porque es eterna su misericordia.

Guio por el desierto a su pueblo:


porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:


porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:


porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:


porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:


porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:


porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel su siervo:


porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación
se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:


porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:


porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:


porque es eterna su misericordia.
74 Apéndice: Letanía de los Santos

Letanía de los Santos

Pueden añadirse algunos nombres de santos, especialmente de la Iglesia


particular o de los Patronos.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.


Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Santa María, Madre de Dios, ruega, por nosotros.


San Miguel, ruega, por nosotros.
Santos ángeles de Dios, rogad, por nosotros.

San Juan Bautista, ruega, por nosotros.


San José, ruega, por nosotros.

Santos Pedro y Pablo, rogad, por nosotros.


San Andrés, ruega, por nosotros.
San Juan, ruega, por nosotros.
Santos apóstoles y evangelistas, rogad, por nosotros.

Santa María Magdalena, ruega, por nosotros.


Santos discípulos del Señor, rogad, por nosotros.

San Esteban, ruega, por nosotros.


San Ignacio de Antioquía, ruega, por nosotros.
San Lorenzo, ruega, por nosotros.
Santas Perpetua y Felicidad, rogad, por nosotros.
Santa Inés, ruega, por nosotros.
Santos mártires de Cristo, rogad, por nosotros.

San Gregorio, ruega, por nosotros.


San Agustín, ruega, por nosotros.
San Atanasio, ruega, por nosotros.
San Basilio, ruega, por nosotros.
San Martín, ruega, por nosotros.
Santos Cirilo y Metodio, rogad, por nosotros.
Apéndice: Letanía de los Santos 75

San Benito, ruega, por nosotros.


San Francisco, ruega, por nosotros.
Santo Domingo, ruega, por nosotros.
San Francisco [Javier], ruega, por nosotros.
San Felipe Neri, ruega, por nosotros.
San Juan María [Vianney], ruega, por nosotros.
Santa Catalina [de Siena], ruega, por nosotros.
Santa Teresa de Jesús, ruega, por nosotros.
Santos y santas de Dios, rogad, por nosotros.

Muéstrate propicio, líbranos, Señor.


De todo mal, líbranos, Señor.
De todo pecado, líbranos, Señor.
De la muerte eterna, líbranos, Señor.
Por tu encarnación, líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección, líbranos, Señor.
Por el envío del Espíritu Santo, líbranos, Señor.

Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos.


Para que gobiernes
y conserves a tu santa Iglesia, te rogamos, óyenos.
Para que asistas al papa
y a todos los miembros
del clero en tu servicio santo, te rogamos, óyenos.
Para que envíes trabajadores a tu mies, te rogamos, óyenos.
Para que concedas paz y concordia
a todos los pueblos de la tierra, te rogamos, óyenos.
Para que tengas misericordia
de todos los que sufren, te rogamos, óyenos.
Para que nos fortalezcas y asistas
en tu servicio santo, te rogamos, óyenos.
Jesús, Hijo de Dios vivo, te rogamos, óyenos.

Cristo, óyenos, Cristo, óyenos.


Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos.
II
NORMAS SOBRE LA CONCESIÓN
DE LA INDULGENCIA JUBILAR
PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

SOBRE LA CONCESIÓN DE LA INDULGENCIA


DURANTE EL JUBILEO ORDINARIO DEL AÑO 2025
CONVOCADO POR SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO

“Ahora ha llegado el momento de un nuevo Jubileo, para


abrir de par en par la Puerta Santa una vez más y ofrecer la
experiencia viva del amor de Dios” (Spes non confundit, 6). En
la bula de convocación del Jubileo Ordinario del 2025, el Santo
Padre, en el momento histórico actual en el que “la humanidad,
desmemoriada de los dramas del pasado, está sometida a
una prueba nueva y difícil cuando ve a muchas poblaciones
oprimidas por la brutalidad de la violencia” (Spes non confundit,
8), llama a todos los cristianos a hacerse peregrinos de esperanza.
Esta es una virtud que hay queredescubrir en los signos de los
tiempos, los cuales, encerrando “el anhelo del corazón humano,
necesitado de la presencia salvífica de Dios, requieren ser
transformados en signos de esperanza” (Spes non confundit,
7), que deberá provenir sobretodo de la gracia de Dios y de la
plenitud de su misericordia.
Ya en la bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la
Misericordia del 2015, el Papa Francisco subrayó cuánto adquiría
la Indulgencia en ese contexto “una relevancia particular”
(Misericordiae Vultus, 22), pues la misericordia de Dios “se
80 Penitenciaría Apostólica

transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de


Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo,
consecuencia del pecado” (ibid.). Análogamente hoy el Santo
Padre declara que el don de la Indulgencia “permite descubrir
cuán ilimitada es la misericordia de Dios. No sin razón en la
antigüedad el término «misericordia» era intercambiable con
el de «indulgencia», precisamente porque pretende expresar la
plenitud del perdón de Dios que no conoce límites” (Spes non
confundit, 23). La Indulgencia es entonces, una gracia jubilar.
Por este motivo, también con ocasión del Jubileo Ordinario
del 2025, por voluntad del Sumo Pontífice, este “Tribunal de
Misericordia”, a quien corresponde disponer todo lo que concierne
a la concesión y al uso de la Indulgencia, pretende motivar los
ánimos de los fieles para desear y alimentar el pío deseo de obtener
la Indulgencia como don de gracia, propio y peculiar de cada Año
Santo y establece las siguientes prescripciones, para que los fieles
puedan usufructuar de las “disposiciones para poder obtener
y hacer efectiva la práctica de la indulgencia jubilar” (Spes non
confundit, 23).
Durante el Jubileo Ordinario del 2025 permanece en
vigor cualquier otra concesión de Indulgencia. Todos los fieles
verdaderamente arrepentidos, excluyendo todo afecto al pecado
(cfr. Enchiridion Indulgentiarum, IV ed., norm. 20, § 1) y movidos
por espíritu de caridad y que, en el curso del Año Santo, purificados
a través del sacramento de la penitencia y alimentados por la
Santa Comunión, oren por las intenciones del Sumo Pontífice,
podrán conseguir del tesoro de la Iglesia, plenísima Indulgencia,
remisión y perdón de sus pecados, pudiéndose aplicar a las almas
del Purgatorio en forma de sufragio:

I.- En las sagradas peregrinaciones


Los fieles, peregrinos de esperanza, podrán conseguir la
Indulgencia Jubilar concedida por el Santo Padre si emprenderán
una pía peregrinación:
Penitenciaría Apostólica 81

hacia cualquier lugar sagrado jubilar: participando devota-


mente en la Santa Misa (siempre que lo permitan las normas li-
túrgicas se podrá utilizar especialmente la Misa propia por el Ju-
bileo o bien, la Misa votiva: para la reconciliación, por el perdón
de los pecados, para pedir la caridad y para fomentar la concor-
dia); en una Misa ritual para conferir los sacramentos de inicia-
ción cristiana o la Unción de los enfermos; en la celebración de
la Palabra de Dios; en la Liturgia de las Horas (oficio de lecturas,
laudes, vísperas); en el Via Crucis; en el Rosario mariano; en el
himno del Akathistos; en una celebración penitencial, que con-
cluya con las confesión individual de los penitentes, como está
establecido en el rito de la Penitencia (forma II);
en Roma: en al menos una de las cuatro Basílicas Papales
Mayores: de San Pedro en el Vaticano, del Santísimo Salvador en
el Laterano, de Santa María la Mayor, de San Pablo Extramuros;
en Tierra Santa: en al menos una de las tres Basílicas: del
Santo Sepulcro en Jerusalén, de la Natividad en Belén, de la
Anunciación en Nazaret;
en otras circunscripciones eclesiásticas: en la iglesia catedral
u otras iglesias y lugares sagrados designados por el Ordinario
del lugar. Los Obispos tendrán en cuenta las necesidades de los
fieles, así como la oportunidad misma para mantener intacto
el significado de la peregrinación con toda su fuerza simbólica,
capaz de manifestar la necesidad apremiante de conversión y de
reconciliación;

II.- En las pías visitas a los lugares sagrados


También, los fieles podrán conseguir la Indulgencia jubilar
si, individualmente o en grupo, visitarán devotamente cualquier
lugar jubilar y ahí, durante un período de tiempo adecuado, re-
alizarán adoración eucarística y meditación, concluyendo con el
Padre Nuestro, la Profesión de Fe en cualquier forma legítima e
invocaciones a María, Madre de Dios, para que en este Año Santo
82 Penitenciaría Apostólica

todos “puedan experimentar la cercanía de la más afectuosa de las


madres que nunca abandona a sus hijos” (Spes non confundit, 24).
Con la especial ocasión del Año jubilar, se podrán visitar
también, además de los insignes lugares de peregrinación
anteriormente dichos, estos otros lugares sagrados con las mismas
condiciones:
en Roma: la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, la
Basílica de San Lorenzo al Verano, la Basílica de San Sebastián
(se recomienda vivamente la devota visita llamada “de las siete
Iglesias”, tan querida por San Felipe Neri), el Santuario del Divino
Amor, la Iglesia de Santo Spirito in Sassia, la Iglesia de San Pablo
alle Tre Fontane, lugar del Martirio del Apóstol, las Catacumbas
cristianas; las iglesias de los caminos jubilares dedicadas
respectivamente al Iter Europaeum y las iglesias dedicadas a las
Mujeres Patronas de Europa y Doctoras de la Iglesia (Basílica de
Santa María sopra Minerva, Iglesia de Santa Brígida en Campo
de’ Fiori, Iglesia de Santa María della Vittoria, Iglesia de Trinità
dei Monti, Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, Basílica de San
Agustín en Campo Marzio);
en otros lugares del mundo: las dos Basílicas Papales menores
de Asís: de San Francisco y de Santa María de los Ángeles; las
Basílicas Pontificias de la Virgen de Loreto, de la Virgen de
Pompeya, de San Antonio de Padua; cualquier Basílica menor,
iglesia catedral, iglesia concatedral, santuario mariano, así como,
para utilidad de los fieles, cualquier insigne iglesia colegiada o
santuario designado por cada Obispo diocesano o eparquial,
como también santuarios nacionales o internacionales,
“lugares santos de acogida y espacios privilegiados para
generar esperanza” (Spes non confundit, 24), indicados por las
Conferencias Episcopales.
Los fieles verdaderamente arrepentidos que no podrán
participar en las solemnes celebraciones, en las peregrinaciones
y en las pías visitas por graves motivos (especialmente todas las
monjas y los monjes de clausura, los ancianos, los enfermos, los
Penitenciaría Apostólica 83

reclusos, como también aquellos que, en hospitales o en otros


lugares de cuidados, prestan servicio continuo a los enfermos),
conseguirán la Indulgencia jubilar, con las mismas condiciones
si, unidos en espíritu a los fieles en presencia, particularmente
en los momentos en los cuales las palabras del Sumo Pontífice
o de los Obispos diocesanos sean trasmitidas a través de los
medios de comunicación, recitarán en la propia casa o ahí donde
el impedimento les permita (p. ej. en la capilla del monasterio,
del hospital, de la casa de cuidados, de la cárcel…) el Padre
Nuestro, la Profesión de Fe en cualquier forma legítima y otras
oraciones conforme a las finalidades del Año Santo, ofreciendo
sus sufrimientos o dificultades de la propia vida;
III.- En las obras de misericordia y de penitencia
Además, los fieles podrán conseguir la Indulgencia jubilar
si, con ánimo devoto, participarán en las Misiones populares,
en ejercicios espirituales u otros encuentros de formación sobre
los textos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia
Católica, que se realicenen una iglesia u otro lugar adecuado,
según la intencióndel Santo Padre.
No obstante la norma según la cual se puede conseguir solo
una Indulgencia plenaria al día (cfr. Enchiridion Indulgentiarum,
IV ed., norm. 18, § 1), los fieles que habrán emitido el acto
de caridad en favor de las almas del Purgatorio, si se acercan
legítimamente al sacramento de la Comunión una segunda vez
en el mismo día, podrán conseguir dos veces en el mismo día la
Indulgencia plenaria, aplicable solo a los difuntos (se entiende al
interno de una celebración Eucarística; cfr. can 917 y Pontificia
Comisión para la interpretación auténtica del CIC, Responsa ad
dubia, 1, 11 jul. 1984). A través de esta doble oblación, se realiza
un laudable ejercicio de caridad sobrenatural, por el vínculo
mediante el cual están unidos en el Cuerpo místico de Cristo
los fieles que aun peregrinan en la tierra, junto con aquellos que
ya han terminado su camino, pues “la indulgencia jubilar, en
virtud de la oración, está destinada en particular a los que nos
84 Penitenciaría Apostólica

han precedido, para que obtengan plena misericordia” (Spes


non confundit, 22).
Pero, de manera más peculiar, precisamente “en el Año
jubilar estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza
para tantos hermanos y hermanas que viven en condiciones
de penuria” (Spes non confundit, 10): por lo tanto, la Indulgen-
cia está unida también a las obras de misericordia y de peni-
tencia, con las cuales se testimonia la conversión emprendida.
Los fieles, siguiendo el ejemplo y el mandato de Cristo, sean
estimulados a realizar más frecuentemente obras de caridad o
misericordia, principalmente al servicio de aquellos hermanos
que se encuentran agobiados por diversas necesidades. Rede-
scubran más precisamente “las obras de misericordia corpora-
les: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir
al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a
los presos, enterrar a los muertos” (Misericordiae vultus, 15) y
redescubran asimismo “las obras de misericordia espirituales:
dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir
al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar
con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos
y por los difuntos” (ibid.).
Del mismo modo, los fieles podrán conseguir la Indulgencia
jubilar si se dirigirán a visitar por un tiempo adecuado a los
hermanos que se encuentran en necesidad o en dificultad
(enfermos, encarcelados, ancianos en soledad, personas con
capacidades diferentes…), como realizando una peregrinación
hacia Cristo presente en ellos (cfr. Mt 25, 34-36) y siguiendo las
habituales condiciones espirituales, sacramentales y de oración.
Los fieles, sin duda, podrán repetir tales visitas en el curso del Año
Santo, obteniendo en cada una de ellas la Indulgencia plenaria,
incluso cotidianamente.
La Indulgencia plenaria jubilar podrá ser conseguida
también mediante iniciativas que ayuden en modo concreto y
generoso al espíritu penitencial que es como el alma del Jubileo,
redescubriendo en particular el valor penitencial del viernes:
Penitenciaría Apostólica 85

absteniéndose, en espíritu de penitencia, al menos durante un día


de distracciones banales (reales y también virtuales, inducidas,
por ejemplo, por los medios de comunicación y por las redes
sociales) y de consumos superfluos (por ejemplo ayunando o
practicando la abstinencia según las normas generales de la Iglesia
y las especificaciones de los Obispos), así como otorgando una
proporcionada suma de dinero a los pobres; sosteniendo obras de
carácter religioso o social, especialmente en favor de la defensa y
protección de la vida en cada etapa y de la calidad de la misma,
de la infancia abandonada, de la juventud en dificultad, de los
ancianos necesitados o solos, de los migrantes de diversos Países
“que abandonan su tierra en busca de una vida mejor para ellos
y sus familias” (Spes non confundit, 13); dedicando una adecuada
parte del propio tiempo libre a actividades de voluntariado, que
sean de interés para la comunidad u otras formas similares de
compromiso personal.
Todos los Obispos diocesanos o eparquiales y aquellos que
en el derecho son equiparables a ellos, en el día más oportuno de
este tiempo jubilar, en ocasión de la principal celebración en la
catedral y en cada una de las iglesias jubilares, podrán impartir
la Bendición Papal con anexa Indulgencia plenaria, conseguible
por todos los fieles que reciban tal Bendición con las habituales
condiciones.
Para que sea pastoralmente facilitado el acceso al sacramento
de la Penitencia y conseguir el perdón divino a través del poder de
las Llaves, los Ordinarios locales están invitados a conceder a los
canónigos y a los sacerdotes, que en las Catedrales y en las Iglesias
designadas para el Año Santo podrán escuchar las confesiones
de los fieles, las facultades limitadamente al foro interno, de las
cuales, para los fieles de las Iglesias orientales, en el can. 728, § 2
del CCEO, y en el caso de una eventual reserva, aquellas para el
can. 727, excluyendo, como es evidente, los casos considerados
en el can. 728, § 1; mientras que, para los fieles de la Iglesia latina,
las facultades referidas en el can. 508, § 1 del CIC.
86 Penitenciaría Apostólica

En este sentido, esta Penitenciaría exhorta a todos los


sacerdotes a ofrecer con generosa disponibilidad y dedicación
de sí, la más amplia posibilidad a los fieles de aprovechar los
medios de la salvación, asumiendo y publicando horarios
para las confesiones, en acuerdo con los párrocos o rectores
de las iglesias vecinas, encontrándose en el confesionario,
programando celebraciones penitenciales con fechas fijas y
frecuentes, ofreciendo también la más amplia disponibilidad
de sacerdotes que, por alcanzar el límite de edad, no tienen
encargos pastorales definidos. Además, según las posibilidades
se recuerde, en conformidad con el Motu proprio Misericordia
Dei, la oportunidad pastoral de escuchar las Confesiones
también durante la celebración de la Santa Misa.
Para agilizar la tarea de los confesores, la Penitenciaría
Apostólica, por mandato del Santo Padre, dispone que los
sacerdotes que acompañarán o se unirán a peregrinaciones
jubilares fuera de la propia Diócesis, puedan valerse de las
mismas facultades de las cuales fueron provistos en la propia
Diócesis por la legítima autoridad. Especiales facultades serán
después conferidas por esta Penitenciaría Apostólica a los
penitenciarios de las basílicas papales romanas, a los canónigos
penitenciarios o a los penitenciarios diocesanos instituidos en
cada circunscripción eclesiástica.
Los confesores, después de haber instruido a los fieles sobre
la gravedad de los pecados a los cuales viene anexa una reserva
o una censura, determinarán, con caridad pastoral, apropiadas
penitencias sacramentales, tales que les conduzcan lo más
posible a un arrepentimiento estable y, según la naturaleza de
los casos, invitarán a la reparación de eventuales escándalos y
daños.
Finalmente, la Penitenciaría invita vivamente a los Obispos,
en cuanto detentores del triple munus de enseñar, de guiar y
de santificar, a cuidar la exposición clara de las disposiciones
y principios aquí propuestos para la santificación de los fieles,
teniendo en cuenta de modo especial las circunstancias del lugar,
Penitenciaría Apostólica 87

de la cultura y de las tradiciones. Una catequesis adecuada a las


características socio-culturales de cada pueblo, podrá proponer
de manera eficaz el Evangelio y la totalidad del mensaje cristiano,
radicando más profundamente en los corazones el deseo de este
don único, obtenido en virtud de la mediación de la Iglesia.
El presente Decreto tiene validez durante todo el Jubileo
Ordinario del 2025, independientemente de cualquier disposición
en contrario.
Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría Apostólica,
el 13 de mayo de 2024, Memoria de la Beata Virgen María de
Fátima.

Angelo Card. De Donatis


Penitenciario Mayor

S.E. Mons. Krzysztof Nykiel


Regente
ÍNDICE
I
Textos Litúrgicos

Carta del Dicasterio para la Evangelización . . . . . . . . 5


Decreto del Dicasterio para el Culto Divino . . . . . . . . 7
Rito de Apertura del Año Jubilar . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Rito de Clausura del Año Jubilar . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Misa para el Año Santo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
Lecturas para la Liturgia de la Palabra . . . . . . . . . . . . 52

Apéndice

Formularios para la Misa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61


Oraciones para la peregrinación . . . . . . . . . . . . . . . 65
– Salmos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
– Letanía de los Santos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74

II
Normas sobre la Concesión de la Indulgencia Jubilar

Penitenciaría Apostólica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
TIPOGRAFÍA VATICANA

Common questions

Con tecnología de IA

The logistical and symbolic preparations in the cathedral for the Jubilee Year opening ceremony are carefully orchestrated to facilitate the liturgical celebration and embody its theological themes. Key preparations include the adornment of the significant cross according to diocesan traditions, arranging liturgical vestments for the clergy, and setting the altar with necessary liturgical items . The preparation of the sanctuary reflects readiness to host a profound spiritual event, elevating the symbolism of sacred space as a tangible expression of divine grace . Such arrangements ensure the seamless execution of rituals, supporting the overarching Jubilee theme of renewal and divine encounter .

The blessing and aspersion with water during the Jubilee Year serve as powerful sacramentals symbolizing purification and renewal. They recall Baptism, the foundational sacrament of Christian identity, reminding the faithful of their rebirth in Christ and the call to live out their baptismal vows . This rite invokes divine grace for the congregation's spiritual renewal, reinforcing the ongoing journey of conversion and sanctification . The use of water links physical and spiritual cleansing, deeply engaging the participants in the mystery of salvation and underscoring the Jubilee theme of grace and transformation in communal life .

Music and hymns are integral to the Jubilee Year rituals, aiming to enhance participation and uplift the congregation. Psalms traditionally associated with pilgrimage are suggested, such as Psalms 15, 24, and 84, which spiritually frame the journey of the faithful . Additionally, the Gloria is sung after the initial blessing and aspersion to celebrate the Eucharistic sacrifice and the unity in Christ . These musical elements are designed to deepen the worship experience, ensuring that the liturgy is not just an observance but an active engagement of faith, reinforcing the themes of hope and praise throughout the ceremonies .

The Eucharist is crucial in the Jubilee Year's liturgical celebrations, symbolizing the summit of worship where divine grace and human adoration converge. It is described as the 'center of all Christian life' and essential to the sanctification of the world in Christ . During the opening ceremony, the Eucharist is celebrated using the liturgy of the Holy Family's feast, highlighting its pivotal role in uniting the faithful with Christ's sacrifice . In the closing ceremony, the Eucharist acts as the focal thanksgiving event, with all priests concelebrating alongside the bishop, marking the culmination of the Year of Grace with communal gratitude . This underscores the Eucharist's role in fostering ecclesial unity and spiritual renewal during the Jubilee Year .

Local customs are preserved in the Jubilee Year celebrations by adapting the universal liturgical norms to resonate with local traditions, thus ensuring a meaningful experience for the faithful. For instance, local customs determine the specific props like lights or customs specific to celebrations held post-sunset to enhance communal participation in culturally relevant ways . Additionally, while the overarching structure of the celebration follows the Roman Rite, dioceses with a concatedral can adjust certain elements as directed by diocesan bishops, ensuring local customs are honored without deviating from the essential liturgical elements . This balance respects the cultural context while maintaining liturgical integrity, fostering a sense of belonging and participation among the community .

Scripture serves a foundational role in the liturgical celebrations of the Jubilee Year, acting as a guiding force during processions and the Eucharist. During processions, the Book of the Gospels leads the assembly, likened to the pillar of fire guiding the Israelites, symbolizing Christ's living presence and directing the faithful . The use of chosen Psalms emphasizes themes of pilgrimage and divine guidance . In the Eucharist, scripture readings form the basis of reflection, aligning the liturgical calendar with biblical themes pertinent to Christ's work and presence, reinforcing communal hope and unity . Consequently, scripture illuminates the worship experience, linking the narrative of salvation to the lived experience of the faithful .

The procession in the opening ceremony of the Jubilee Year holds profound theological significance, representing the journey of the Church towards God's kingdom. It begins at a designated church and moves to the cathedral, symbolizing the pilgrimage of the people of God and guided by sacramental symbols like a significant cross and the Book of the Gospels . The procession is accompanied by specific Psalms and possibly the litany of saints, evoking the communal journey and the eschatological hope in Christ . This ritual demonstrates the Church's forward movement in faith, underlining themes of unity, spiritual renewal, and divine guidance embodied in the sacramental life and the Word .

The concept of 'family' in the Jubilee Year is manifested through the thematic focus on the Holy Family during specific liturgies, reflecting on familial virtues and spiritual unity. Celebrations coincide with the feast of the Holy Family of Jesus, Mary, and Joseph, underscoring familial bonds within the context of divine love and guidance . This theme invites the faithful to reflect on their familial roles and their representation of heavenly values in family life. Such integration serves both to venerate the Holy Family as a model and to extend its spiritual values to all believers, reinforcing communal and familial ties as central to the Christian vocation .

The cross is a central symbol in the Jubilee Year, representing the hope and salvation rooted in Christ's love and mercy. It is emphasized as an 'anchor of salvation' and a sign of hope . The cross is adorned, and if large, requires several people to carry it during processions . It is placed in the presbytery to be venerated, serving as a reminder of Christ's sacrifice and a focal point for the faithful . During the opening and closing ceremonies, the cross is prominently involved, marking both the start and end of the Jubilee Year .

During the liturgical celebrations of the Jubilee Year, the commemoration of Baptism is pivotal as it marks the beginning of one's journey in faith and incorporation into the Church. Upon entering the cathedral, the bishop leads the rite of Baptism commemoration at the baptismal font, if accessible, to remind the faithful of their initiation into the sacramental life . The sprinkling of water serves as a 'living memory' of Baptism and the entrance into the Church . This act underscores the theme of renewal and unity within a life of faith, uniting participants as members of God's holy people .

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