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Desigualdad de género y concursos de belleza

El capítulo explora cómo las expectativas sobre la apariencia femenina y masculina, especialmente en concursos de belleza como Miss America, reflejan la desigualdad de género. Se discute la cosificación de las mujeres y cómo los estándares de belleza irrealistas afectan la autopercepción y la socialización de género. Además, se examinan las diferencias biológicas y sociales entre sexo y género, y cómo estas influyen en la percepción cultural de las mujeres en la sociedad contemporánea.

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Desigualdad de género y concursos de belleza

El capítulo explora cómo las expectativas sobre la apariencia femenina y masculina, especialmente en concursos de belleza como Miss America, reflejan la desigualdad de género. Se discute la cosificación de las mujeres y cómo los estándares de belleza irrealistas afectan la autopercepción y la socialización de género. Además, se examinan las diferencias biológicas y sociales entre sexo y género, y cómo estas influyen en la percepción cultural de las mujeres en la sociedad contemporánea.

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John Steel/Shutterstock

capítulo

11 Sexo y
género

C
Pregunta de enfoque del capítulo

¿Cómo reflejan las expectativas sobre la apariencia femenina y


masculina, especialmente el peso, la desigualdad de género?

uando me senté en el teatro en el hotel Aladdin on the Strip [en


Las Vegas, Nevada], estaba rodeado por un mar de coronas. Una multitud
de pequeñas niñas y adolescentes asistieron al certamen [de Miss America,
concurso de belleza y talento de Estados Unidos], muchas llevando las
coronas y bandas que representaban sus mayores victorias en los desfiles.

Sentada en medio de la sección que animaba a la señorita Kansas, rodeada


de margaritas de cartulina sobre varas de madera, con la cara de
la señorita Kansas en el centro y gritos de "¡vamos, muchacha!",
me sentí como si estuviera en

una convención política o en un


renacimiento religioso. También
se encontraban en la sección de

la señorita Kansas, sin ninguna

margarita, una niñita, su madre (que había competido dos


veces en el desfile de la señorita
Nevada) y su abuela, que estaba
sentada frente a mí. La niña de

Katie Stam, miss America 2009, habla con sus fans


en la Feria Estatal de Indiana, en Indianapolis. ¿Qué opinión te merecen los concursos de belleza?
EN ESTE CAPÍTULO

• Sexo: la dimensión biológica


• Género: la dimensión cultural

Estratificación de género en la perspectiva histórica y contemporánea


Género y socialización
Desigualdad de género contemporánea
Perspectivas en la estratificación de género
• Temas de género en el futuro

doce años observó el desfile con ojos muy abiertos toda la noche. No
llevaba ninguna corona o banda, pero se veía inteligente en un
vestido de terciopelo negro.
Después de la parte dedicada al talento, la niña se volvió hacia mí
y preguntó: "Cuando yo esté en el concurso Miss America quiero
tocar el piano y el saxofón como mi prueba de talento. Puedo
cambiar de uno a otro. ¿Crees que eso funcionaría?"
"Bien, ciertamente eso sería distinto", contesté.

"Bueno, entonces eso me ayudaría a ganar."


"¿Así que realmente quieres ser Miss America algún
día?"
La niña inclinó la cabeza, con la cara solemne. Antes de
hice una pausa.
que contestara,

"Bueno, puedes lograrlo, pero tú sabes, hay tantas otras cosas que
hacer además de ser una reina de belleza..."

La niña no me escuchó. Estaba embelesada observando cuando la

señorita Oklahoma era coronada Miss America 2006. Todas las demás

jóvenes de la audiencia, las que tenían corona y las que no, se juntaron
coreando las palabras de la famosa canción, que a la nueva Miss America
se le brindaba como serenata en la voz del gran maestro de ceremonias
(Continúa)

Ajusta tu enfoque

¿Cómo pueden los recursos y la estructura económica de


una sociedad influenciar la estratificación de género?
• ¿Cuáles son los agentes primarios de la socialización de
género?
¿Cómo refleja el lugar de trabajo contemporáneo la estratificación
de género?
¿Cómo difieren las perspectivas funcionalistas, del conflicto y
feminista en la estratificación de género?
-
345
346
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
del concurso, Bert Parks, quien murió en 1992: "Aquí está, la Miss
America, aquí está, tu ideal..."
describe
-Hilary Levey (2007:72), estudiante graduada en sociología por la Universidad de Princeton
sus pensamientos al asistir a un concurso de Miss America. Aunque Levey nunca
compitió en un concurso de belleza, su madre fue elegida Miss America (de Michigan) en
1970.

uchas niñas se parecen a la que Hilary Levey


en-
contró en el concurso de Miss America: Tienen los cora- zones
puestos en ser elegidas ganadoras de un concurso de belleza o talento
como Miss America o Miss Estados Unidos. Decenas de miles de
concursos de belleza, desde concursos en bikini de la playa local
hasta competencias de conoci- mientos, se realizan
anualmente. Dos competencias ---el programa de conocimientos
de Miss America y el concur- so de Miss Estados Unidos-
convocan más de 7500 con- cursantes locales y regionales a lo
largo del país cada año (Banet-Weiser, 1999).
Por supuesto, no todos los concursos son
idénticos. Por ejemplo, los organizadores de Miss America
afirman que su competencia se enfoca tanto en el talento como
en la be- lleza y que existe "para ofrecer oportunidades
personales y profesionales a las mujeres jóvenes y para
promover sus voces en la cultura, la política y la comunidad"
(Miss Ame- rica, 2008). En cambio, Miss Estados Unidos, que
es parte del sistema de Miss Universo y cuyo dueño es en
parte Do- nald Trump, se originó como un concurso de "belleza
en traje de baño" patrocinado por una empresa de trajes
de baño. Actualmente, Miss Estados Unidos y su equivalente
más joven, Miss Teen USA (señorita adolescente), siguen
buscando modelos femeninas que sobresalgan en trajes de
baño y en vestidos de noche y que puedan
promover una variada colección de productos que van
desde loción bron-

♦ Tabla 11.1 La cosificación de las mujeres

Aspectos generales de la cosificación

A las mujeres se les identifica en primer lugar como


"hembras", mientras que sus cualidades y logros
personales reciben una importancia secundaria.

Las mujeres son vistas como "todas iguales".


A las mujeres se les ve como subordinadas y
pasivas, así que se les puede "hacer cosas", por
ejemplo, discriminarlas, acosarlas y practicar la
violencia con ellas.

A las mujeres se les ve como fácilmente


ignoradas o de poca importancia.
ceadora hasta ostentosos diamantes (Angelotti, 2006). Sin importar lo diferente que puedan ser las
metas establecidas, estos concursos de talento y
belleza se tratan en realidad de belleza y apariencia físicas.
Por ello, concursos como Miss America, Miss Estados Unidos, Miss Universo y Miss Teen USA han sido
objeto tanto de alabanza como de crítica, debido a la forma en
que retratan a las niñas y a las jóvenes. Algunos consi-
deran que los concursos de belleza son buenos
para
las mujeres porque alientan logros individuales y
promueven la confianza en sí mismas. A menudo se alaba a las
gana- doras por ser modelos positivos para las jóvenes, parti-
cularmente si la que posee el título se mantiene libre de
escándalos durante el año de su reinado. Sin embargo,
algunos críticos afirman que estos actos promueven un
ideal de belleza irreal que no es alcanzable para ma- yoría de
la gente y que no es necesariamente deseable en el mundo
real (véase Banet-Weiser, 1999). Otros críticos creen que los
concursos son degradantes para las mujeres porque las
participantes son clasificadas "como caballos. de
carreras" y les dan una banda para colocársela alrede-
dor del cuello (Corsbie-Massay, 2005:1). Algunos ana-
listas feministas sostienen que los concursos de belleza
cosifican a las mujeres (Watson y Martin 2004).
la

¿Qué es cosificación? La cosificación es el proceso mediante el cual algunas personas tratan a otras como si

La cosificación en función de la preocupación


cultural por las "apariencias"

A las mujeres se les ve a menudo como objetos de atracción


sexual, no se les considera seres humanos completos, por
ejemplo, cuando se les mira fijamente.
Algunos ven a las mujeres como partes corporales
despersonalizadas, por ejemplo, "pedazo de trasero". La
sexualidad despersonalizada se utiliza con propósitos
culturales y económicos, como en las industrias de los medios
de comunicación, publicidad, moda, cosméticos y
pornografía.

A las mujeres se les ve como objetos que pueden comprarse,


los cuales confieren cierto estatus y que son "de
decoración" (algunas veces coleccionados) y
exhibidos por hombres y, en ocasiones, por otras mujeres.
A las mujeres se les evalúa según los criterios
limitados de "belleza" imperantes, y con frecuencia se
sienten presionadas por cumplir con las normas de apariencia.
Tu

Tal

pa

do

vid

tan

POS

COL

con

Fuente: Schur, 1983.

Cuadro 11.1 La sociología y


la vida cotidiana

¿Cuánto sabes sobre imagen


corporal y género?
347
CAPÍTULO 11 SEXO Y GÉNERO
2. Estudios recientes muestran que más de 95% de los hombres expresan insatisfacción en
cuanto a algunos aspectos de sus cuerpos.
Verdadero
Falso

V
>>
F
1. La mayoría de la gente tiene una percepción precisa de su apariencia física.
F

V
>>
F

V
F

>
>
>
V

V
‫ד ד ד‬
F

F
3. Muchas jóvenes y mujeres creen que estar ligeramente "pasadas de peso" las hace menos
"femeninas" 4. El atractivo físico constituye en mayor medida una parte central de la
autopercepción para las
mujeres que para los hombres.
5. Las participantes en concursos de belleza como Miss America se han mantenido más o menos igual
respecto a la talla corporal a lo largo de la historia de estos certámenes.
6. La delgadez se ha considerado siempre sinónimo del cuerpo "ideal" para las mujeres.
7. Las mujeres fisicoculturistas se han ganado la aceptación total en la sociedad.
8. Los medios desempeñan un papel importante en la formación de las percepciones de la sociedad
acerca del cuerpo ideal de la mujer.
Respuestas en la página 348

fueran objetos o cosas, no seres humanos. Por ejemplo,


cosificamos a las mujeres -o a los hombres- cuando los
juzgamos estrictamente con base en su apariencia física más
que en sus cualidades individuales, atributos o accio- nes
(Schur, 1983). Aunque los hombres puedan ser trata- dos
como objetos en algunas sociedades, la cosificación de las
niñas y las mujeres está muy difundida y es particu-
larmente común en Estados Unidos y en muchas otras na-
ciones (tabla 11.1). Respecto a los concursos de belleza, los
organizadores buscan desviar esta crítica al dar a las
participantes una oportunidad para hablar acerca de ellas
mismas y sobre sus intereses, o de contestar preguntas que
supuestamente mostrarán que son inteligentes y conoce- doras
de los acontecimientos actuales. Sin embargo, al fi- nal de cada
concurso se enfatiza el atractivo físico de las ganadoras más a
menudo que la verdadera sustancia de su vida (Angelotti,
2006). Aunque alguna gente piensa que Miss America y
competencias similares son un vestigio del pasado,
muchas mujeres y hombres del siglo XXI están
fuertemente influenciados por las imágenes que proyec-
tan estos concursos acerca de la belleza, la apariencia del
cuerpo, raza/etnia, identidad y consumismo (Watson y Martin,
2004).

Algunas diferencias entre hombres y mujeres son bio-


lógicas por naturaleza; sin embargo, muchas
diferencias entre sexos se generan socialmente. Estudiar
sociología nos hace conscientes de las diferencias que
se relacionan con el género (un concepto social), así
como las que se basan en la constitución biológica o
sexo de una persona. En este capítulo examinamos el
tema del género: qué es y cómo nos afecta. Antes
de leer, pon a prueba lo que sabes acerca de la
imagen del cuerpo y el género al contestar el
cuestionario del cuadro 11.1.
Sexo: la
dimensión biológica
Mientras que la palabra género se utiliza a menudo para
referirse a las distintas cualidades de los hombres y las
mujeres (masculinidad y feminidad) que son creadas cul-
turalmente, el sexo se refiere a las diferencias biológicas y
anatómicas entre hembras y machos. En el centro de estas
diferencias está la información de los cromosomas, transmitida en
el momento en que un niño es concebido. La madre
contribuye con un cromosoma X y el padre ya sea con
uno X (productor de un embrión femenino) o uno Y (productor
de un embrión masculino). En el nacimiento, los varones
y las niñas se distinguen por las características
sexuales primarias: los genitales utilizados en el
proceso reproductivo. En la pubertad, una producción
mayor de hormonas da como resultado el desarrollo de característi- cas
sexuales secundarias: los rasgos físicos (diferentes a los
órganos reproductores) que identifican el sexo de un
individuo. En las mujeres esto incluye busto más grande,
caderas más anchas, hombros más estrechos, una capa de

sexo diferencias biológicas y anatómicas entre


mujeres y hombres.

características sexuales primarias los genitales


utilizados en el proceso reproductivo.

características sexuales secundarias rasgos físicos


(diferentes a los órganos reproductores) que
identifican el sexo de un individuo.
348
PARTE 3 INEQUIDAD SOCIAL

Cuadro 11.1 La sociología y

1. Falso.
la vida cotidiana

Respuestas al cuestionario sobre


imagen corporal y género
Muchas personas no tienen una percepción muy precisa de sus propios cuerpos. Por ejemplo, muchas
jóve- nes y mujeres se ven a sí mismas "gordas” cuando no lo están. Algunos jóvenes y hombres
tienden a creer que necesitan tener músculos pectorales y de brazos bien desarrollados, espaldas anchas y
una cintura estrecha. 2. Verdadero. En estudios recientes, hasta 95% de los hombres pensaron que necesitaban
mejorar algún aspecto de sus
cuerpos.

3. Verdadero. Más de la mitad de las mujeres adultas en Estado Unidos están actualmente a dieta , y más de tres
cuartos de las mujeres con un peso normal piensan que están "demasiado gordas". Recientemente, jovencitas de
menor edad han adquirido preocupaciones similares. Por ejemplo, en un estudio se halló que 80% de las niñas de
cuarto grado de primaria vigilaban su peso.
4. Verdadero. Las mujeres han sido socializadas para creer que ser físicamente atractivas es muy
importante. En investiga- ciones se ha establecido que el peso y la forma del cuerpo eran determinantes
centrales en la percepción del atractivo físico de las mujeres.
5. Falso.

6. Falso.

7. Falso.
Durante las décadas de 1980 y 1990, las concursantes del certamen Miss America y otros concursos de belleza a nivel
nacional han reducido la talla corporal, volviéndola más delgada y menos curvilínea. En la
actualidad, se pone más énfasis en estar físicamente en forma, pero las concursantes ganadoras
generalmente tienen mucho menos peso corporal que una mujer promedio de la misma estatura y edad.
La imagen "ideal" del cuerpo para las mujeres ha cambiado varias veces. Una perspectiva positiva del cuerpo obeso ha
prevalecido a lo largo de la mayor parte de la historia; sin embargo, en el siglo xx en Estados
Unidos, esta perspectiva dio paso a la "aversión a la grasa".
Pese a que el fisicoculturismo entre las mujeres ha ganado cierta aceptación, se espera de las mujeres fisi-
coculturistas que sean "femeninas" y no se sobredesarrollen.
8. Verdadero. En Estados Unidos, las mujeres son bombardeadas con publicidad, programas de televisión y
películas que contienen imágenes de mujeres que generalmente representan un ideal al que la mayoría no puede
llegar.
Fuentes: basado en Fallon, Katzman y Wooley, 1994; Kilbourne, 1999; Seid, 1994; y Turner,
1997.

tejido graso por todo del cuerpo, y la


menstruación. Para los hombres, incluyen mayor desarrollo de
genitales, una voz más profunda, mayor altura, una musculatura
más de- sarrollada y más pelo en el cuerpo y en la cara.

Hermafroditas/transexuales
El sexo no siempre está bien definido. En
ocasiones, un desequilibrio hormonal antes del nacimiento
produce una persona hermafrodita en la que la
diferenciación sexual es ambigua o incompleta. Los
hermafroditas tien- den a tener alguna combinación de
genitales de hombre y mujer. En un caso, por ejemplo, un
hombre con cro- mosomas normales (XY) nació con un
pene de sólo un centímetro de largo y una abertura urinaria
similar a la de una mujer. Algunas personas pueden ser
genéticamente de un sexo pero tener la identidad de
género del otro. Esto es verdad para un transexual, una
persona en quien las estructuras del cerebro relacionadas con
el sexo que definen la identidad de género son opuestas a
las de los órganos sexuales físicos del cuerpo de la
persona. En consecuencia, los transexuales sienten a menudo
que son del sexo opuesto al de sus genitales. Los transexuales
pueden percatarse de este conflicto entre la identidad de género y el sexo físico desde los años
preescolares. Algu- nos toman tratamientos hormonales o se someten a
unaoperación de cambio de sexo para alterar sus genitales,
con objeto de lograr un cuerpo congruente con su sentido de
identidad sexual. Muchos transexuales que reciben
tratamientos hormonales o procedimientos quirúrgicos
continúan llevando vidas que consideran compatibles con
su identidad sexual.

Las sociedades de Occidente reconocen la existencia de dos sexos únicamente; algunas otras sociedades
recono- cen tres: hombres, mujeres y berdaches (o
hijras o xaniths), hombres biológicos que se
comportan, visten, trabajan y son tratados, en la
mayoría de los casos, como mujeres. La aproximación
más cercana a un tercer sexo en las socieda- des
occidentales es un travesti, un hombre que mujer o una mujer
que vive como hombre, pero no altera sus genitales.
Aunque a los travestis no se les trata como un tercer
sexo, a menudo "pasan" como miembros de ese sexo
porque su apariencia y sus modales caen dentro del rango
de lo que se espera de los miembros del otro sexo.
vive como

La transexualidad puede ocurrir junto con la homose- xualidad, pero con frecuencia esto no
es el caso. Algunos
349
CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
investigadores creen que tanto la transexualidad como la
homosexualidad tienen una causa prenatal común como la
liberación hormonal críticamente programada, debido al estrés
en la madre o la presencia de ciertos químicos hor- monales
durante los pasos críticos del desarrollo fetal. Los investigadores
continúan examinando este tema y debaten los orígenes de la
transexualidad y la homosexualidad.

Orientación sexual
La orientación sexual se refiere a la preferencia de un
individuo por relaciones emocionales y sexuales con
miembros del sexo opuesto (heterosexualidad), con el
mismo sexo (homosexualidad), o con ambos (bisexua-
lidad). Algunos académicos creen que la orientación
sexual tiene sus raíces en factores biológicos presentes en el
nacimiento; otros consideran que la sexualidad tiene tanto
componentes biológicos como sociales que no están
predeterminados en el nacimiento.
Los términos homosexual y gay se utilizan más a me- nudo
asociados con hombres que prefieren relaciones con el mismo
sexo; el término lesbiana se usa asociado a las mujeres que
prefieren relaciones con el mismo sexo. Los individuos
heterosexuales, que prefieren relaciones con el sexo opuesto,
son llamados algunas veces normales. Sin embargo, es
importante notar que es mucho menos pro- bable que las
personas heterosexuales sean etiquetadas por su
orientación sexual que las personas que son gays,
lesbianas o bisexuales.
¿Qué criterio utilizan los científicos sociales para clasifi- car
a los individuos como gays, lesbianas u homosexuales? En un
contundente estudio sobre sexualidad de mediados de la década de 1990,
investigadores de la Universidad de Chicago establecieron tres
criterios para identificar a las personas como homosexuales o
bisexuales: (1) atracción sexual hacia las personas de su
propio sexo, (2) involucra- miento sexual con una o más
personas del propio sexo, y (3) autoidentificación como gay,
lesbiana o bisexual (Mi- chael et al., 1994). De acuerdo con
este criterio, entonces, el haberse involucrado en un acto homosexual no
mente clasifica a una persona como homosexual.
necesaria-
De hecho, muchos de los que contestaron en este estudio de la
Uni- versidad de Chicago indicaron que aunque
tuvieron por lo menos un encuentro homosexual cuando fueron
jóvenes, ya no estaban involucrados en conductas homosexuales
y nunca se identificaban como gays, lesbianas o bisexuales.

para
Los estudios han examinado cómo se relaciona la orientación
sexual con la identidad. La socióloga Kristin G. Esterberg
(1997) entrevistó a mujeres lesbianas o bi- sexuales
determinar cómo "llevan a cabo❞ la identi- dad lesbiana o
la elección de la
bisexual durante actividades diarias como
ropa y el estilo del peinado, y cómo utili- zan el
lenguaje del cuerpo y la conversación. Según Ester-
berg (1997), algunas de las mujeres se veían a
sí mismas como "lesbianas de nacimiento", mientras
que otras ha- bían experimentado cambios en su
identidad, de acuerdo
con los entornos sociales, edad y condiciones políticas,
como periodos específicos en sus vidas. Otro estudio ob-
servó a hombres gays y bisexuales. El especialista en
de- sarrollo humano Ritch C. Savin-Wiliams (2004),
encontró que los jóvenes gays/bisexuales a menudo
creen, desde temprana edad, que son diferentes a otros
niños:
El patrón que más caracterizó la conciencia de los jó- venes, la interpretación y las respuestas afectivas de las
atracciones de la juventud, consistió en un deseo abru-
mador de estar en compañía de hombres. Querían to- car,
oler, ver y escuchar masculinidad. Esta conciencia se
originaba desde recuerdos anteriores de la niñez; en este
sentido, "siempre se sintieron gays".
Sin embargo, la mayoría de los niños y los jóvenes se
da- ban cuenta de que estos sentimientos no eran típicos de
los otros hombres y se sentían incómodos cuando otros
trataban de hacer que se adaptaran a las definiciones cul-
turales establecidas de la masculinidad, como mostrar un mayor
interés en los deportes de equipo, competencias y
persecuciones agresivas.
El término transgénero se creó para describir a las per- sonas cuya apariencia, conducta o autoidentificación no
corresponden a las reglas sociales comunes de la expresión
de género. El transgenerismo se utiliza en ocasiones
para referirse a aquéllos que se cambian de ropa,
transexuales y a otras categorías principales. Aunque
algunos grupos de- fensores de gays y lesbianas se
oponen al concepto de trans- género por ser algo sin
sentido, otros lo aplauden porque consideran que puede
ayudar a unificar diversas categorías de personas con
base en la identidad sexual. Diversas or- ganizaciones de
gays, lesbianas y personas transexuales se
odio han unificado en su deseo de reducir crímenes por otras formas de
homofobia, es decir, el prejuicio extremo dirigido a
los gays, lesbianas, bisexuales y otros que se perciban como
no heterosexuales.

hermafrodita persona en la que la diferencia sexual


es ambigua o incompleta.

transexual persona en la que las estructuras del


cerebro relacionadas con el sexo que definen el
género son opuestas a los órganos sexuales del
cuerpo.

travesti hombre que vive como mujer o mujer que vive como hombre, pero no se alteran los genitales.
orientación sexual preferencia sexual de una
persona por relaciones emocionales y sexuales con
miembros del sexo opuesto (heterosexualidad), del
mismo sexo (homosexualidad), o ambos
(bisexualidad).

homofobia prejuicio extremo dirigido a los gays,


lesbianas, bisexuales y otros que se perciben
como no heterosexuales.
y
850
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
Género: la
dimensión cultural

El género se refiere a las diferencias entre hombres y


mujeres cultural y socialmente construidas que se
en- cuentran en los significados, creencias y prácticas
aso- ciadas con la "feminidad" y la "masculinidad". Aunque
las diferencias biológicas entre mujeres y hombres son
muy importantes, en realidad la mayoría de las “diferen- cias
género". De
sexuales" se convierten socialmente en "diferencias de
acuerdo con los sociólogos, los procesos sociales y
culturales y no los "dones" biológicos son los factores
más importantes al definir lo que son las mujeres los
hombres, lo que deberían hacer y qué clase de rela- ciones
existen o deberían existir entre ellos. La socióloga Judith
Lorber (1994:6) resume la importancia del género:

El género es una invención humana, como el lenguaje,


el parentesco, la religión y la tecnología; como éstos, el
género organiza la vida social humana en forma de pa-
trones culturales. El género organiza las relaciones so-
ciales en la vida diaria, así como en la mayoría de las
estructuras sociales, como la clase social y las jerarquías de
organizaciones burocráticas.
y

Virtualmente todo lo social en nuestras vidas tiene


género: la gente continuamente distingue entre hombres y
muje- res y los evalúa de forma diferente. El género es una
parte integral de la experiencia diaria tanto de mujeres
como de hombres (Kimmel y Messner, 2004).
Un análisis de micronivel del género se enfoca en
cómo los individuos aprenden los roles de género y
adquieren una identidad de género. El rol de género se
refiere a las actitudes, conducta y actividades que se
definen social- mente como apropiadas para cada sexo y
que se apren- den a través del proceso de socialización. Por
ejemplo, en
gene-

la sociedad de Estados Unidos se espera


tradicionalmente que los hombres demuestren
agresividad y rudeza, mien- tras que
de las mujeres se espera que sean pasivas y educa- das. La identidad de género es la percepción
personal de sí mismo como mujer o como hombre.
Establecida ralmenteentre los dieciocho meses y los
tres años de edad, la identidad de género es un poderoso
aspecto de nuestro autoconcepto. Aunque esta
identidad es una percepción individual, se desarrolla
mediante la interacción con otros. Como resultado, la
mayor parte de las personas forman una identidad de
género que combina con su sexo biológico: la mayoría de
las mujeres biológicas piensan de sí mismas como
mujeres, y la mayoría de los hombres biológicos
pien- san de sí mismos como hombres. La conciencia del
cuerpo es parte de la identidad de género. La
conciencia corporal es la forma en que una persona
percibe y siente acerca de su cuerpo; también incluye el hecho
de darse cuenta de las condiciones sociales que contribuyen a
este autoconoci- miento (Thompson, 1994). Considera, por
ejemplo, estos comentarios de Steve Michalik, un ex míster Universo:

Yo era pequeño y débil. y mi hermano Anthony era


grande y agraciado, y mi viejo no se andaba con ro- deos
acerca de amarlo y odiarme... En el momento en que yo
llegaba de la escuela decía: "Tú, bueno para nada,
pequeño estúpido, ¿qué haces tan temprano en casa?".
Su manera favorita de torturarme era decirme que me iba a
llevar a una casa hogar. Íbamos transi- tando por
algún lugar de Brooklyn y al pasar por un edificio con
barrotes de hierro en las ventanas deten'.. el auto y me decía:
"Bájate. Esta es la casa hogar donde te pondremos".
Yo me quedaba ahí parado sollozando en la acera; tendría tal
vez ocho o nueve años entonces (citado en Klein, 1993:273).

A medida que crecemos, nos damos cuenta, como lo hizo


Michalik, de que la apariencia física de nuestros cuerpos
nos sujeta a la aprobación o desaprobación de los demás.

¿De qué forma contradicen estas dos figuras las


expectativas del género tradicional? ¿Consideras esta
tendencia saludable?
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Maxim Tupikov / Shutterstock
SO
Ta
OVlue/Shutterstock
Darren Hubley/Shutterstock

No todos los anoréxicos son mujeres y no todos los físicoculturistas son hombres. Sin
embargo, Susan Bordo afirma que estas dos actividades son manifestaciones del
mismo deseo: evitar tener carne suave y flácida.

Ser pequeño y débil pueden considerarse atributos positi- vos


para las mujeres, pero negativos para los "verdaderos
hombres."

Un análisis de macronivel sobre el género examina las


características de la estructura externa del individuo que
perpetúan la desigualdad de género. A estas estructuras se
les ha llamado instituciones de género, lo que significa
que el género es una de las mejores formas en las que se
El
organiza la vida social en todos los sectores de la sociedad.
género está incrustado en las imágenes, ideas y lenguaje
de una sociedad, y se utiliza como medio para
dividir el trabajo, asignar recursos y distribuir poder. Por
ejemplo cada sociedad lo usa para asignar ciertas tareas a
mujeres y hombres, las cuales van desde el cuidado de los
niños hasta la guerra, y premia de manera diferente a
quienes las realizan.
Estas instituciones son reforzadas por un sistema de
creencias en el género, lo que incluye todas las ideas
acerca de los atributos masculinos y femeninos
que se consideran válidos en una sociedad. Este sistema
de creencias se vuelve legítimo mediante la religión,
ciencia, ley y otros valores sociales (Lorber, 1994,
2005). Por ejemplo, los sistemas
de creencias en el género pueden modificarse a través del tiempo a medida que los roles de género cambian. Actual- mente,
muchos padres cuidan a sus hijos pequeños y existe una
aceptación mucho mayor de este cambio de roles. Sin
embargo, los estereotipos populares acerca de hombres y

género diferencias entre hombres y mujeres


cultural y socialmente construidas que se
encuentran en los significados, creencias y
prácticas asociadas con la "feminidad" y la
"masculinidad".

rol de género actitudes, conducta y actividades que se


definen socialmente como apropiadas para cada
sexo y que se aprenden mediante el proceso de
socialización.

identidad de género percepción personal de sí


mismo como mujer o como hombre.

conciencia corporal forma en que una persona


percibe y siente acerca de su cuerpo.
CAPÍTULO 11 → SEXO Y GÉNERO
351
352
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
mujeres, así como de normas culturales acerca de la
apa- riencia y conductas propias del género sirven para
reforzar las instituciones ligadas al género en la sociedad.

El significado social del género


El género es una construcción social con importantes
consecuencias en la vida diaria. Igual que los estereotipos
acerca de la raza/etnia han construido nociones de supe- rioridad
e inferioridad, los estereotipos de género sostie- nen que los
hombres y las mujeres son inherentemente diferentes en
atributos, conducta y aspiraciones. Los este- reotipos definen a
los hombres como fuertes, racionales, dominantes,
independientes y menos preocupados por su apariencia.
Las mujeres están estereotipadas como débiles, emocionales,
educadas, dependientes y ansiosas acerca de su apariencia.
El significado social de los estereotipos de género
se ilustra con los problemas alimenticios. Los tres problemas
alimenticios más comunes son anorexia, bulimia y obesi- dad.
Con la anorexia, la persona ha perdido por lo menos
25% del peso corporal debido a un temor compulsivo a
engordar (Lott, 1994). Con la bulimia, la persona se excede
consumiendo grandes cantidades de comida y después la
purga mediante el vómito inducido, ejercicio excesivo, laxantes o
ayuno. Con la obesidad, las personas tienen 20% o más de su
peso deseable, tal como se establece en la profesión médica.
Para una mujer de 1.65 metros, son al- rededor de 11.3 kg; para
un hombre de 1.55 metros, son alrededor de 13.6 kg (Burros,
1994:1).
La socióloga Becky W. Thompson señala que,
basán- dose en los estereotipos, las principales víctimas
de los problemas de comida se supone que son mujeres
blancas, de clase media y heterosexuales. Sin embargo,
estos pro- blemas también existen entre mujeres de color, de la
clase trabajadora, lesbianas y algunos hombres. De acuerdo con
Thompson, las explicaciones acerca de la relación entre el
género y los problemas de comida deben tener en cuenta un
complejo conjunto de factores sociales, incluida la
socialización del género y las respuestas de las mujeres a
problemas como racismo y abuso emocional, físico y sexual
(Thompson, 1994; véase también Wooley, 1994).
El fisicoculturismo es otra experiencia ligada al
género. El fisicoculturismo es el proceso de cultivar
deliberada- mente un aumento en la masa y la fuerza de los
múscu- los del esqueleto por medio de levantamiento y
empuje de pesas (Mansfield y McGinn, 1993). En el
pasado, el fisicoculturismo era una actividad
predominantemente masculina; el poder implícito en la
musculatura, domi- nación y virilidad (Klein, 1993). Hoy en día,
un número creciente de mujeres participan en esta actividad.
Como las experiencias de género, los problemas de la
comida y el fisicoculturismo tienen más en común de lo que
podamos pensar. Los estudios sobre mujeres de la especialista
Susan Bordo (2004) han señalado que el cuerpo anoréxico y
el cuerpo musculoso no son opuestos, sino que ambos están
unidos por un enemigo común, la carne suave y flácida.
En otras palabras, el cuerpo puede ser convertido en ob- jeto tanto por la dieta compulsiva como por
el fisicocultu-
rismo compulsivo.

Sexismo
El sexismo es la subordinación de un sexo, usualmente el femenino, basada en la superioridad
supuesta del otro sexo. El sexismo dirigido a la mujer
tiene tres componen- tes: (1) actitudes negativas hacia la
mujer; (2) creencias estereotipadas que refuerzan,
complementan o justifican el prejuicio; y (3) actos
discriminatorios que excluyen, dis- tancian o mantienen a
las mujeres separadas (Lott, 1994).
¿Pueden los hombres ser víctimas de sexismo? Aunque las mujeres suelen ser el blanco de
comentarios y prácticas sexistas, los hombres pueden ser
víctimas de suposicio- nes sexistas. De acuerdo con la
psicóloga social Hilary M. Lips (2001), un ejemplo de
sexismo dirigido contra los hombres es la idea equivocada
de que es más perjudicial que mueran las mujeres
soldados que los hombres soldados.
Como el racismo, el sexismo se utiliza para justificar el trato discriminatorio. Cuando las mujeres participan en
lo que se considera esfuerzos inapropiados del género en
el lu- gar de trabajo, en la casa o en actividades de
esparcimiento, éstas a menudo encuentran que son el blanco de
prejuicios y discriminación. Manifestaciones obvias de
sexismo se hallan en la devaluación del trabajo de la
mujer y en las prácticas de contratación y promoción que
efectivamente excluyen a las mujeres de una organización y las
confinan al fondo de la jerarquía organizacional. Aun en la
actualidad, algunas mujeres que entran en ocupaciones no
tradiciona- les, como bombero y soldador, o profesiones
como dentista y arquitecto, encuentran obstáculos que los
hombres no enfrentan (véase "¡La sociología
funciona!").
El sexismo está entrelazado con el patriarcado, un sistema jerárquico de organización social en el
que las estructuras culturales, políticas y
económicas están controladas por hombres. En
cambio, el matriarcado es un sistema jerárquico de
organización social en el que las estructuras culturales,
políticas y económicas están controladas por
mujeres; sin embargo, pocas sociedades (si es que
hay) han sido organizadas de esta forma. El pa- triarcado
se refleja en la manera en que los varones pueden
pensar acerca de su posición como hombres como algo
so- brentendido, mientras que las mujeres pueden deliberar
acerca de lo que deberían ser sus posiciones en la
socie- dad (véase en el cuadro 11.2 un ejemplo).
Como explica la socióloga Virginia Cyrus (1993:6):
"Bajo el patriarcado, los hombres son vistos como
jefes 'naturales' del hogar, candidatos presidenciales,
ejecutivos de corporaciones, presidentes de escuelas,
las subordinadas de
etc. Las mujeres, en cambio, son
los hombres, desempeñan papeles de apoyo como
ama de casa, madre, enfermera y secretaria". La
desigualdad de género y una división del trabajo
basada en la dominación masculina son casi universales, como
veremos en la siguiente explicación sobre el
origen de la estratificación basada en el género.
353
CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
¡La sociología
funciona!

Discriminación institucional: las mujeres


en una cultura de vestidores
Noticia: Morgan Stanley, una institución bancaria,
deberá pagar 46 millones de dólares en un caso con
cargos por discriminación sexual sistémica.

Respuestas: "Estoy muy contenta de que se haya


lle- gado a un buen acuerdo para todos", dijo la
principal demandante Allison Schieffelin, una ex
corredora de bolsa a quien se le concedió un arreglo de 12
millones dólares, (citado en Shell, 2007).
"Esto manda un mensaje a los empleadores de cual- quier
parte de que los alegatos por discriminación de- ben
ser tomados con seriedad", dijo Elizabeth Grossman,
abogada de la Comisión de Igualdad en el Empleo
(Equal Employment Opportunity Commission) (citado en
Shell, 2007).

Durante décadas, los sociólogos han llamado la atención


sobre el hecho de que tanto la discriminación individual, como
la institucional -basadas en el sexo, raza/etnia, y otras
características y atributos devaluados de miembros de grupos
subordinados- están ampliamente difundidas (Benokraitis y
Feagin, 1995). Los juicios anteriores sobre discriminación
sexual complicaban generalmente detalles sobre la cruda
conducta de los empleados varones hacia las mujeres, o
pornografía en el lugar de trabajo, o exigen- cias de jefes
varones para que las empleadas mujeres los
acompañaran a los clubes nudistas y otros sitios objetables
como parte de sus obligaciones relacionadas con el
trabajo (Anderson, 2007). Sin embargo, el caso de Morgan
Stanley no supuso ninguno de estos temas y en cambio se
enfocó en las oportunidades de las mujeres para capacitarse,
ganar nuevos clientes, promociones e igualdad en el
salario; todos factores relacionados con la discriminación
institucional, previamente definida (en el capítulo 9) como las
prácticas diarias de organizaciones e instituciones que tienen
un im- pacto perjudicial en los miembros de grupos
subordinados.
En el caso de Morgan Stanley, el banco de inversio- nes
de Wall Street, las empleadas no fueron tomadas en cuenta
para los nuevos clientes, les pagaron menos que a los
empleados varones y a menudo fueron ignoradas
para las promociones. Aunque Morgan Stanley negó to- dos
los cargos, la empresa estuvo de acuerdo en pagar por
lo menos 46 millones de dólares para arreglar esta clase de
demanda interpuesta por ocho corredoras actuales y ex
empleadas. Una de las cuestiones más relevantes en este caso
tuvo que ver con la forma en la que las cuentas se distribuían
en las sucursales de la empresa. De acuerdo con la demanda
que se interpuso, prevalecía una "cultura de vestidores" en la
que las cuentas a menudo eran dadas a los compañeros de
golf basándose en un sistema de "rangos de poder" que
dictaba cómo serían distribuidas las cuentas de los corredores
que se retiraban o se iban y cómo eran asignadas las nuevas.
Un nuevo sistema que entró en vigor después del pleito
automatizará la distribu- ción de las cuentas, los corredores recibirán
información escrita acerca de ello y podrán acceder más
fácilmente a la información los individuos que crean que están
siendo discriminados (Anderson, 2007).
La teorización sociológica y la investigación han au- mentado la conciencia pública de que las prácticas coti- dianas de las
organizaciones e instituciones pueden tener un efecto
negativo y diferencial en los individuos que his-
tóricamente han sido excluidos de los lugares de trabajo, como
las empresas de Wall Street, que tradicionalmente han sido
dominadas por hombres blancos. Aunque se ha ganado
mucho gracias a la legislación y la litigación para reducir
la discriminación institucional, casos recientes. como el juicio
de Morgan Stanley por sesgo sexual de- muestran que todavía
queda mucho por hacer antes de que las mujeres
verdaderamente tengan oportunidades iguales en el
trabajo.

Reflexión y análisis

¿Por qué es importante para todos los empleados sentir


que están siendo tratados justamente en el trabajo?
¿Son algunas situaciones de empleo más resistentes al
cambio que otras? ¿Qué piensas?

Estratificación de género en la
perspectiva histórica y
contemporánea

¿Cómo llegan a definirse las tareas en una


sociedad como "trabajo de hombre" o "trabajo
de mujer"? Tres factores son importantes al
determinar la división de labores por género en una
sociedad: (1) el tipo de base de subsistencia,
sexismo subordinación de un sexo, usualmente el femenino, basada en la supuesta superioridad del
otro sexo.

patriarcado sistema jerárquico de organización social en el que las estructuras culturales, políticas y económicas
están controladas por hombres.

matriarcado sistema jerárquico de organización social en el que las estructuras culturales, políticas y económicas están
controladas por mujeres.

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354
INEQUIDAD SOCIAL
PARTE 3 *

Cuadro 11.2 La sociología en la


perspectiva global

¿El surgimiento del feminismo


islámico en el Medio Oriente?

Me gustaría que todas las jóvenes musulmanas se rela-


cionaran con Iman, ya sea que usen o no el hiyab (chal
para la cabeza). Los jóvenes también disfrutarán las
aventuras de Iman ¡porque ella es una muchacha ruda e
inteligente! Iman obtiene sus superpoderes por tener una
fe muy fuerte en Alá, o Dios. Resuelve muchos de los
problemas explicando ciertas partes del Corán que
se relacionan con la historia.

-Rima Khoreibi, autora de Dubai (Emiratos Árabes


Unidos), explica que ha escrito un libro acerca de una
heroína islámica que es mujer porque le gustaría disipar
la creencia ampliamente sostenida de que el
sexismo en su cultura está profundamente enraizado en
el Islam (véase [Link], 2007; Kristof,
2006).

Aunque Rima Khoreibi y muchos otros autores que han es-


crito relatos de ficción y otros reales sobre niñas y mujeres que
viven en el Medio Oriente no niegan generalmente que
el sexismo existe en sus regiones o que está
profundamente entrelazado con el patriarcado en todo el
mundo, se opo- nen a la percepción de que el Islam es
inherentemente mi- sógino (tener odio o un fuerte prejuicio
contra las mujeres).
Tal como se define en este capítulo, el patriarcado es un
sistema jerárquico de organización social en el que las es-
(2) la oferta y la demanda de empleos, y (3) en qué
medida son compatibles las actividades del cuidado de los
niños que realiza la mujer con ciertos tipos de trabajo. Como se
define en el capítulo 5, la subsistencia se refiere a los
medios a través de los cuales una sociedad satisface las necesidades
vestido. Recordarás
básicas de la vida, entre ellas alimento, casa y
que las sociedades se clasifican, basándose en la
subsistencia, como sociedades de caza y recolección,
sociedades agrícolas y de pastoreo, socieda- des agrarias,
sociedades industriales y sociedades posin- dustriales. Las
primeras tres de estas categorías son todas sociedades
preindustriales.

Sociedades preindustriales
La primera división de trabajo conocida entre mujeres y
hombres es la de las sociedades de caza y recolección. Mien-
tras el hombre caza animales salvajes, las mujeres
recolectan raíces y bayas. Existe una relación relativamente
equita- tiva porque ninguno de los dos sexos tiene la habilidad
de proveer todo el alimento necesario para la supervivencia.
Cuando los animales salvajes están cerca, tanto los hom- bres
como las mujeres pueden cazar. Cuando se encuentran
lejos, la caza se vuelve incompatible con el cuidado de los
niños (lo que tienden a hacer las mujeres porque amaman-
tan a los más pequeños) v las mujeres están en desventaja
Rima Khorebi
Cortesía
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Página de inicio de Las aventuras de Iman.

tructuras culturales, políticas y económicas son


controladas por hombres. La influencia de la religión en
el patriarcado
(Lorber, 1994). En
en términos de contribución al abastecimiento de comida
la mayoría de las sociedades de caza y recolección las mujeres
son socias económicas plenas con el hombre; las relaciones
entre ellos tienden a ser coopera- tivas y relativamente
igualitarias (Chafetz, 1994; Bonvillain, 2001). Existe poca
estratificación social de cualquier índole debido a que la gente
no adquiere comida de más.
En las sociedades agrícolas, que se desarrollaron hace diez o doce mil años, una fuente continua de alimento se vuelve
disponible. La gente puede cultivar sus propios ali-
mentos debido a herramientas manuales como la pala y
el azadón. Las mujeres hacen una importante contribución a la
producción de alimentos porque el cultivo con
azadón es compatible con el cuidado de los niños. Existe un
alto grado de igualdad en los géneros porque ningún sexo
con- trola el abastecimiento de comida.
Cuando la humedad inadecuada en un área hace im- posible la siembra del cultivo, entonces el pastoreo, do-
mesticación de grandes animales para abastecer
alimento, se desarrolla. El pastoreo lo realizan
principalmente los hombres, y las mujeres contribuyen
relativamente poco en la producción de la subsistencia
en estas sociedades. En al- gunas sociedades pastorales
las mujeres tienen un estatus relativamente bajo; su
principal valor es su habilidad para producir
descendencia para que el linaje familiar pueda
preservarse y existan suficientes hombres para
proteger al
355
CAPÍTULO 11 SEXO Y GÉNERO

constituye un tema de gran interés


para los estudiosos, par-
ticularmente aquellos que aplican un
planteamiento femi- nista a sus
explicaciones del porqué existen
desigualdades persistentes entre
mujeres y hombres y cómo son
mayores en algunas regiones del mundo
que en otras.
De acuerdo con algunos estudios de especialistas so-
bre el género, una nueva forma de pensamiento
feminista está surgiendo entre las mujeres
musulmanas. A menudo llamado "islam feminista" o
"feminismo islámico", este en- foque está basado en
la creencia de que una mayor igual- dad de géneros
sería posible en el mundo musulmán si las enseñanzas del
islam, según se expone en el Corán, el libro sagrado
islámico, se siguieran más de cerca. El feminismo
islámico está basado en el principio de que las mujeres mu-
sulmanas deberían mantener su lealtad al islam como parte
esencial de su autodeterminación e identidad, pero que
también deberían trabajar para cambiar el control
patriarcal acerca de la forma básica de ver el mundo (Wadud,
2002). Según el periodista Nicholas D. Kristof (2006), tanto el
islam como el cristianismo evangélico han ido aumentando en
años recientes debido a que ambas religiones proporcionan
"un firme código moral, confianza espiritual y sentido del
orden a la gente irritada por el caos y la inmoralidad a
su alrededor, y a que ofrecen dignidad al pobre!"
Las feministas islámicas creen que el surgimiento del is-
lam puede contribuir a mayor, y no a menor igualdad para las
mujeres. Desde esta perspectiva, las historias acerca de
personajes tales como Iman pueden ayudar a las niñas
y a las jóvenes a darse cuenta de que pueden mantener sus
más profundas convicciones religiosas y su chalina (hiyab)
y, al mismo tiempo, trabajar por una mayor igualdad y más
oportunidades para ellas mismas. En Las aventuras de Iman,
la heroína siempre lleva una chalina rosa alrededor del cue-
llo, y la utiliza para cubrirse el cabello cuando reza a Alá. Iman
hace referencia al Corán cuando explica a otros que se espera
que los musulmanes sean tolerantes, amables y correctos.
Para Iman, la religión es una forma de emancipa- ción, no una
extensión del patriarcado.
El feminismo islámico es muy diferente de lo que la mayoría de la gente piensa sobre el feminismo occidental (particularmente
respecto a temas como el uso del hiyab o el hecho de que
en Arabia Saudita una mujer puede poseer un vehículo
de motor pero no puede manejarlo legalmente). Sin
embargo, el cambio está claramente en camino en muchas
regiones del Medio Oriente y en otras áreas del mundo,
conforme el rápido desarrollo econó- mico y la urbanización
cambien velozmente las vidas de muchas personas.

Reflexión y análisis

¿Por qué la desigualdad de las mujeres es un tema


complicado de estudiar en todas las naciones? ¿Qué
parte desempeña la cultura en la definición de las
funciones de las mujeres y los hombres en diversas
sociedades? ¿Cómo influyen las creencias
religiosas en lo que consideramos conductas
"apropiadas" e "inapropiadas" para hombres, mujeres
y niños? ¿Qué piensas?

grupo contra ataques (Nielsen, 1990). Aun así, la relación entre


hombres y mujeres es más equitativa que en las socie- dades
agrarias, las cuales se desarrollaron antes, hace alre- dedor de ocho
mil a diez mil años.

En las sociedades agrarias, la desigualdad de género y


la dominación de los hombres se institucionalizan. Las socie- dades
agrarias dependen de cultivos de labranza realizados por
animales de tiro o por arados y equipo mecánico. De- bido a
que las tareas agrarias requieren más trabajo y mayor
fuerza física que las de la agricultura, los hombres se
invo- lucran más en la producción de alimentos. Se ha
sugerido que las mujeres están excluidas de estas tareas
porque son consideradas demasiado débiles para la labor y
porque se estima que las responsabilidades del cuidado de
los niños son incompatibles con el trabajo de tiempo
completo que requieren esas tareas (Nielsen, 1990). La
mayor parte de la población mundial vive, por lo
general, en sociedades agra- rias en diversas etapas
de industrialización.
¿Por qué aumenta la desigualdad social en las socieda-
des agrarias? Los expertos no pueden ponerse
de acuerdo en una respuesta; sin embargo, algunos sugieren
resultado de la propiedad privada. Cuando la
que es el
gente ya no tiene que moverse continuamente en busca de
comida puede tener un excedente. Los hombres ganan
el control sobre la disposición de éste y el sistema
de parentesco, y este control sirve a los intereses de
los hombres (Lorber, 1994).
La importancia de producir sucesores "legítimos" que here- den los excedentes aumenta significativamente, y las
muje- res se aíslan y se restringen más a medida que los
hombres procuran asegurar la legitimidad de sus hijos.
La virginidad premarital y la fidelidad marital son
necesarias; los deslices son castigados (Nielsen, 1990). Sin
embargo, algunos estu- diosos afirman que la dominación
masculina existía antes de la propiedad privada (Firestone, 1970;
Lerner, 1986).

Sociedades industriales
Una sociedad industrial es aquella en la que la manufactura o
producción mecanizada ha remplazado la agricultura como la
forma más importante de actividad económica. A medida
que las sociedades se industrializan, el estatus de las mujeres tiende a declinar más. La industrialización en Estados Unidos
creó una brecha entre el trabajo no remu- nerado realizado por la
mujer en el hogar y el trabajo re- munerado que se realizaba
cada vez más por los hombres y por las jóvenes solteras
(Amott y Matthaei, 1996). Cuando las familias necesitaban
dinero extra, sus hijas trabajaban en las fábricas de hilados hasta
que se casaban. En 1990, por ejemplo, 22% de las mujeres
blancas solteras que ha- bían nacido en Estados Unidos estaban
en la fuerza laboral remunerada. Debido a que el trabajo de
manufactura no era compatible con las responsabilidades del cuidado
de los
PARTE 3 *
INEQUIDAD SOCIAL
356

niños, sólo 3% de las mujeres casadas estaban empleadas, y


únicamente cuando eran muy pobres (Amott y Matthaei, 1996).
Cuando se volvió más difícil ganarse la vida con la agricultura,
muchos hombres encontraron trabajo en las fábricas, donde su
principal responsabilidad a menudo era supervisar el trabajo de
las mujeres y los niños. Los hom- bres comenzaron a presionar
para obtener una clara divi- sión entre "el trabajo del
hombre" y "el trabajo de la mujer", así como en la diferencia
del salario correspondiente (más alto para los hombres y más
bajo para las mujeres).
En Estados Unidos, la división del trabajo entre los
hombres y las mujeres en las clases media y alta cambió
sig- nificativamente con la industrialización. Los hombres eran responsables
de ser "los que ganaban el pan"; las mujeres eran
consideradas “las amas de casa”. En este nuevo “culto a la domesticidad"
(al cual también se hace referencia como el "culto a la verdadera
feminidad"), el hogar se convirtió en una esfera personal
privada en la que las mujeres creaban un paraíso para la
familia. Los que apoyaban el culto a la do- mesticidad
afirmaban que las mujeres eran las guardianas naturales de la
esfera doméstica y que los niños eran su res- ponsabilidad.
Mientras tanto, el papel de los "que ganaban el pan" puso
demasiada presión en los hombres que soste- nían a sus
familias: ser un buen proveedor se consideraba un signo de
masculinidad (Amott y Matthaei, 1996). Sin embargo, esta
división del trabajo por géneros aumentó la subordinación
económica y política de las mujeres. Como resultado, muchas
mujeres blancas enfocaron sus esfuerzos en conseguir un marido
que fuera capaz de traer a casa un buen salario. Las mujeres
solteras y las viudas y sus hijos empezaron a vivir una existencia
sombría, hacinadas en áreas decadentes de la ciudad, donde a menudo
eran inca- paces de mantenerse a sí mismas con sus míseros
salarios.
El culto a la verdadera masculinidad no sólo aumentaba la
dependencia de las mujeres blancas de los hombres, tam- bién se
convirtió en una fuente de discriminación contra las mujeres de color, con
base tanto en su raza como en el hecho de que muchas de
ellas tenían que trabajar para so- brevivir. Las mujeres
blancas de la clase trabajadora, em- pleadas, estaban
estereotipadas de forma similar, al mismo tiempo que se volvían
más dependientes económicamente de sus maridos porque sus
salarios eran mucho más bajos.
A medida que la gente cambiaba del estilo de vida
rural agrario a una existencia urbana, la conciencia del cuerpo
aumentó. La gente que trabajaba en oficinas a menudo se volvía
sedentaria y exhibía un deterioro físico por falta de
Ly actividad. Conforme se construyeron
gimnasios para com- batir esta falta de condición física, se desarrolló una
nueva imagen de masculinidad. Mientras que el "fornido agricul-
tor" o el "hombre robusto de trabajo" había sido la imagen
idealizada de la masculinidad, ahora el hombre de clase media que
hacía ejercicio y levantaba pesas vino a encarnar este ideal
(Klein, 1993).
A finales del siglo XIX, las mujeres de clase media co-
menzaron a preocuparse por la condición física. A medida que
la industrialización progresaba y la alimentación se volvía más
abundante, el símbolo social del peso corporal
y
la talla cambiaron. Antes, se había considerado un signo de estatus elevado tener algo de
sobrepeso, pero ahora un cuerpo esbelto reflejaba un
estatus social elevado. Para la búsqueda del estatus
de un hombre de clase media, una mujer más delgada
se convirtió en el símbolo del éxito de su marido. Al
mismo tiempo, el exceso de peso corporal fue visto como un
reflejo de insuficiencia moral o
personal una falta de fuerza de voluntad (Bordo, 2004).

Sociedades posindustriales
En el capítulo 5 se define las sociedades posindustriales como aquellas cuya tecnología soporta una
economía ba- sada en el servicio y la información. En tales
sociedades la división del trabajo en empleo pagado se basa
cada vez más en si la gente proporciona o utiliza información o
está empleada en trabajos de servicio como ayuda en los
mostradores de restaurantes de comida rápida o bien, tra- baja
en el cuidado de la salud. Tanto para mujeres como para
hombres en la fuerza de trabajo, la educación formal es
cada vez más crucial para el éxito económico y social. Sin
embargo, mientras algunas mujeres se han trasladado a
ocupaciones empresariales, administrativas y profesiona- les,
muchas otras han permanecido en el sector de servicios de
baja remuneración, el cual brinda pocas oportunidades
para progresar.
¿Cambiará la tecnología la división del trabajo por gé- neros en las sociedades posindustriales? Los expertos no están
de acuerdo en los efectos que tienen las computado- ras,
internet, la web, los teléfonos celulares y muchas nue- vas
formas de tecnología en comunicaciones en el rol de las
mujeres en la sociedad. Por ejemplo, algunas escritoras
feministas tenían un punto de vista pesimista del impacto
de las computadoras y los monitores sobre la salud y se-
guridad de las mujeres, prediciendo que las que cumplían
funciones secretariales y administrativas experimentarían
un aumento de vista cansada, dolores de cabeza y proble- mas
como el síndrome del túnel carpiano. Sin embargo, algunos
médicos expertos ahora creen que tales problemas se extienden
tanto a hombres como a mujeres, ya que las computadoras
se han vuelto omnipresentes en la vida de más personas. El
término "24/7" ha llegado a significar que una persona
está disponible "veinticuatro horas al día, siete días a la
semana" por teléfono celular, localizador de bolsi- llo,
fax, correo electrónico y otras formas de
comunicación, sin importar que esté en la oficina o "de
vacaciones" a cua- tro mil millas.
¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en las relaciones de género en el lugar de trabajo?
Aunque algunos analistas suponían que el desarrollo
tecnológico reduciría las fronte- ras en el trabajo entre
mujeres y hombres, los investigado- res han
encontrado que el estereotipo del género asociado
con los empleos específicos ha permanecido
notablemente estable, aun cuando la naturaleza del
trabajo y las habili- dades para realizarlo se hayan
transformado de manera radical. Hoy en día,
hombres y mujeres continúan siendo
segregados en diferentes ocupaciones, y esta
segregación
357
CAPÍTULO 11 SEXO Y GÉNERO
es particularmente visible dentro de los lugares de
trabajo (como se explica más adelante en el
capítulo).
¿Cómo cambia la división del trabajo en las
familias de las sociedades posindustriales? Por diversas
razones, más hogares son dirigidos por mujeres sin
ningún hombre adulto presente. Como se muestra en el
perfil de censo, el porcentaje de los hogares de Estados
Unidos dirigidos por una madre soltera con niños de menos
de dieciocho años ha aumentado.
El capítulo 15 analiza una serie de razones por las que
la actual división del trabajo en las áreas domésticas se da
entre las mujeres y sus hijos, más que entre mujeres y
hom- bres. Considérese, por ejemplo, que casi un cuarto
(23%) de todos los niños de Estados Unidos solamente viven
con su madre en comparación con casi 5% que nada más
reside con su padre; entre los niños afroamericanos, 48% vive
úni- camente con su madre (Oficina del Censo de Estados Uni- dos,
2007). Esto significa que las mujeres en estos hogares
verdaderamente cargan con un peso doble, tanto el de las
responsabilidades familiares como el de la necesidad de
mantener un empleo redituable en la fuerza laboral.
Incluso tanto en los hogares de una sola persona como en
los de dos padres la programación de dispositivos para el
"ahorro de trabajo" (si es que se tienen los medios)
significa, a menudo, que una persona debe tener algún
tiempo libre para aprender cómo realizar la programación.
De acuerdo con los analistas, el tiempo libre está
profundamente divi- dido entre los géneros, y las mujeres tienen
menos tiempo para "jugar en la casa" que los hombres y
los niños. Algunos sitios web buscan atraer a las mujeres que
tienen recursos económicos pero poco tiempo haciendo posible
que com- pren, reúnan información, usen la "banca electrónica"
y se comuniquen con otras personas a cualquier hora del día y
de la noche.

En las sociedades posindustriales como Estados Uni- dos,


más de 60% de las mujeres adultas están en la fuerza
laboral, lo que significa que encontrar tiempo para los
hi- jos, ayudar a sus padres de edad avanzada y cumplir
con las demandas del lugar de trabajo seguirá
depositando una carga muy pesada en ellas, a pesar de
vivir en una economía orientada a la información y el
servicio.
La forma en que la gente acepta las nuevas tecnologías
y el efecto que éstas tienen en la estratificación del
género se relacionan con el modo en que la gente
socializa dentro de los roles de los géneros. Sin
embargo, la estratificación basada en el género sigue
teniendo sus raíces en las estruc- turas sociales
más grandes para las que las personas tienen
poca capacidad de control.

Género y socialización

Aprendemos la conducta apropiada de los géneros


a tra- vés del proceso de socialización. Nuestros
padres, maes- tros, amigos y todos medios sirven
como instituciones de
PERFIL DE CENSO

Madres solteras con


hijos menores de 18
años

Númer
o de
hogar
es
(en
millon
es)
9

65
4

2
1
O
0
1990
2006

Como se muestra en la gráfica, el número de


familias estadounidenses encabezadas por madres
solteras au- mentó de casi 6600000 en 1990 a cerca de 8400 000
en 2006. Para propósitos del censo, una madre
soltera es identificada como una mujer viuda,
divorciada, separa- da o que nunca se ha casado y
que tiene hijos menores de 18 años de edad que viven
en casa. En contraste, sólo 2095000 de padres de
familia tienen hijos menores de 18 años viviendo en casa.
Del total de 36468000 vivien- das familiares con hijos menores
de 18 años de edad reportados en 2006 en Estados Unidos,
25982000 se componían de parejas casadas y sus hijos. En
tu opinión, ¿cuáles son las implicaciones que tienen
estas cifras para las familias en el futuro?
Fuente: Oficina del Censo de Estados Unidos.

género que nos comunican nuestras más tempranas y a


menudo más duraderas creencias acerca de los significa-
dos sociales de ser hombre o mujer, y acerca de pensar y
comportarse de manera masculina o femenina. Algu- nos roles
de género han cambiado drásticamente en los últimos años;
otros siguen, en gran medida, sin cambios desde hace mucho
tiempo.
Muchos padres prefieren niños que niñas debido a ideas estereotipadas acerca de la relativa importancia de los
hombres y las mujeres para el futuro de la familia y
la sociedad. A pesar de que algunos padres prefieren
niños que niñas debido a que creen en viejos mitos acerca
de la inferioridad biológica de las mujeres, las
investigaciones sugieren que las expectativas sociales
también juegan un gran papel en esta preferencia. Estamos
socializados para creer que es importante tener un hijo,
especialmente si es el primero. Por muchos años, se supuso
que un varón po- dría mantener a sus padres en sus últimos
años y continuar con el apellido familiar.
A través de las culturas, los niños han sido preferidos en lugar de las niñas, en particular cuando el número de hijos que
los padres pueden tener es limitado por condi- ciones
legales o económicas. Por ejemplo, en China, donde
358
PARTE 3 INEQUIDAD SOCIAL
se regula estrictamente el número de hijos a uno por fa- milia,
una cantidad desproporcionada de fetos femeninos son abortados.
En Estados Unidos, un estudio reciente en- contró que los estadounidenses
de origen chino también favorecían fuertemente a los varones y
no a las mujeres: al- familias tenían hijos adicionales en un
esfuerzo para gunas producir descendencia masculina, mientras
otros padres se involucraban en técnicas de fertilización selectiva con la
esperanza de producir un heredero varón. En la India, la
práctica de abortar fetos de mujeres está muy difundida y el
infanticidio femenino ocurre con frecuencia. Como resultado, tanto
la India como China tienen un creciente excedente de hombres
jóvenes que enfrentarán la falta de mujeres de su misma edad,
y los estadounidenses de origen chino en Estados Unidos
pueden experimentar una situa- ción similar en el futuro.
En la Unión Americana, sin duda se lleva a cabo cierta
selección de sexo mediante el aborto. Sin embargo, la ma- yoría
de las mujeres buscan el aborto debido a factores so-
cioeconómicos, relaciones problemáticas con las parejas,
preocupaciones relativas a la salud y falta de disponibilidad o
habilidad para cuidar a uno u otro niño (Lott, 1994).

Padres y socialización de género


Desde el nacimiento, los padres actúan hacia los niños
basándose en su sexo. A los bebés varones se les percibe menos
frágiles que a las niñas y tienden a ser tratados más rudamente
por sus padres. A las bebés se les considera más "lindas,
dulces y adorables" y reciben un trato más gentil. Los padres
influyen mucho en el desarrollo del rol de gé- nero de los niños al
transmitirles, tanto abierta como dis- cretamente, sus propias
creencias sobre éste. Cuando las bebés lloran, los padres les
responden más rápido y son más propensos a hablarles y a
cantarles (Wharton, 2004).
Los juguetes de los niños reflejan las expectativas
de gé- nero de los padres. Los juguetes apropiados para los niños
incluyen juegos de computadora, tractores y otros vehícu-
los, equipo deportivo y juguetes bélicos como pistolas y soldados.
Los juguetes de las niñas incluyen muñecas "Bar- bie", maquillaje
y artículos del hogar. No es probable que las elecciones de
juguetes de los padres para sus hijos cambien en un futuro
cercano. En un estudio se mostró a un grupo de estudiantes
universitarios diapositivas de juguetes y se les pidió que
decidieran cuáles comprarían para niñas y niños. La mayoría dijo
que compraría pistolas, soldados, jeeps, herramientas de
carpintería y bicicletas rojas para niños; para las niñas serían
muñecas, platos, juegos de cos- tura, joyeros y bicicletas rosas
(Fisher-Thompson, 1990).
Cuando los niños crecen lo suficiente para ayudar
con los quehaceres de la casa, a menudo se les asignan
diferen- tes tareas. Las de mantenimiento (como cortar el
césped) son encargadas a los niños, mientras que las
domésticas (como las compras, cocinar y recoger la mesa) a
las niñas. Las tareas también pueden ser asignadas con
base en las elecciones laborales futuras y las
características personales. Las niñas que están a cargo de labores
domésticas, como cuidar a los hermanos menores, pueden
aprender con-
ductas de crianza que más tarde se
traducirán en empleos como
enfermeras o maestras de escuela.
Los niños pueden aprender lo
relacionado con computadores y otros
tipos de tecnología que los llevarán a
diferentes opciones de carrera.

con

ingre-
En el pasado, la mayoría de los estudios de socializa- ción de género se
centraban en las familias blancas de clase
media y se prestaba poca atención a las
diferencias étnicas (Raffaelli y Ontai, 2004). De
acuerdo con estudios previos, es menos probable
que se asignen tareas relacionadas el género a los niños
medios y altos que a los
provenientes de familias con sos
niños con antecedentes de ingresos más bajos.
Además, las tareas relacionadas con el género
ocurren menos frecuentemente en las familias
afroamericanas, donde tanto hijos como hijas tienden a
socializarse hacia la independencia, trabajo y el cuidado
de los niños (Bardwell, Cochran y Walker, 1986; Hale-
Benson, 1986). La socióloga Patricia Hill Collins
(1991) considera que es menos probable que las madres
afroame- ricanas socialicen a sus hijas hacia roles
subordinados; en cambio, es probable que les enseñen una
postura crítica que les permita lidiar con las
contradicciones.
En contraste, estudios más recientes sobre la socializa- ción en las familias latinas de Estados Unidos
sugieren que las adolescentes que descienden de
mexicanos, puertorri- queños, cubanos o de otros de países
de Centro y Suda- mérica reciben diferente socialización de
género de sus padres que la de sus hermanos (Raffaelli y
Ontai, 2004). A las latinas se les asigna horarios más
estrictos para perma- necer en casa y se les permite menos
interacción con los miembros del sexo opuesto que a los
adolescentes varones en sus familias. Las reglas para las
citas, actividades esco- lares y trabajos de medio tiempo son
más restrictivas para las jóvenes debido a que muchos
padres quieren proteger a sus hijas y mantenerlas más
cerca del hogar.
A través de las categorías de clases y raciales/étnicas, las madres juegan generalmente un rol más fuerte en
la socialización de las hijas, en tanto que los padres hacen
más para socializar a los hijos (McHale, Crouter y
Tucker, 1999). Sin embargo, muchos padres están
conscientes del efecto que la socialización de género
tiene sobre sus hijos y realizan un esfuerzo deliberado
para proporcionarles experiencias no sexistas. Por
ejemplo, un estudio encon- tró que las madres con puntos de
vista no tradicionales alientan a sus hijas a ser
independientes (Brooks-Gunn, 1986). Muchos padres
también toman un rol activo al so- cializar a sus hijos
para que sean individuos considerados y cuidadosos
que no viven según los estereotipos tradi- cionales. Sin
embargo, los compañeros a menudo hacen que la
socialización no tradicional de género sea mucho
más difícil para los padres y los hijos (véase Rabinowitz
y Cochran, 1994).

Los compañeros
y la socialización de género
Los compañeros ayudan a los niños a conocer los estereo- tipos del rol de género prevalecientes, así
como la conducta de género apropiada e
inapropiada (Hibbard y Buhrmester,
1998). Durante los años prescolares, los compañeros
del mismo sexo tienen un poderoso efecto sobre la
manera enque los niños ven sus roles de
género (Maccoby y Jacklin, 1987); los niños son
mejor aceptados socialmente cuando se adhieren a las
normas sociales implícitas que rigen las formas
"adecuadas" de cómo deben actuar las niñas y los
niños en situaciones sociales y qué prohibiciones existen
en tales casos (Martin, 1989).
Los grupos de compañeros varones ejercen más
presión en los niños para que hagan cosas “masculinas”
de la que los grupos de mujeres ejercen en las niñas
para que realicen cosas "femeninas". Por ejemplo, las
niñas visten jeans y otra ropa de "niño", juegan soccer
y softball y se involucran en otras actividades
tradicionalmente asociadas con hombres. En cambio, si un
niño lleva un vestido, juega a la rayuela con niñas y se
involucra en otras actividades asociadas con ser femenino
será ridiculizado por sus compañeros. Esta distinción entre el
y niñas refuerza el
valor relativo de las conductas de niños
mensaje cultural de que las actividades y conducta
masculinas son más importantes y más acepta- bles (Wood, 1999).
Durante la adolescencia, a menudo los compañeros son
agentes más fuertes y eficaces de la socialización de género
que los adultos (Hibbard y Buhrmester, 1998). Se piensa
que los compañeros son especialmente importantes en el
desarrollo de la identidad de género (Maccoby y Jacklin, 1987).
Se cree que el vínculo masculino que ocurre durante la
adolescencia refuerza la identidad masculina (Gaylin, 1992) y
que alienta las actitudes de género y la conducta estereotipada
(Huston, 1985; Martin, 1989). Por ejemplo, los compañeros
varones tienen la tendencia a ridiculizar e intimidar a otros
acerca de su apariencia, estatura y peso. Aleta Walker recuerda
dolorosamente que caminaba por los pasillos de la escuela
cuando los niños se hacían hacia

Los padres, los compañeros y la sociedad en


general influyen sobre nuestras percepciones
acerca de la conducta de género apropiada.
mangostock/shutterstock
los lados pegándose a los casilleros y gritaban "¡carga
an- cha!". En la hora del almuerzo, los niños hacían una actua- ción
al verla comer su almuerzo y frecuentemente hacían sonidos
como gruñidos o mugidos (Kolata, 1993). Debido a que la
aceptación de los compañeros es muy importante tanto para
los hombres como para las mujeres durante sus dos
primeras décadas, estas acciones pueden tener conse-
cuencias muy perjudiciales para las víctimas.
Como adultos jóvenes, los hombres y las mujeres toda- vía reciben de sus compañeros muchos mensajes relacio-
nados con el género. Entre los estudiantes universitarios, por
ejemplo, los grupos de compañeros se organizan en su mayor
parte en torno a las relaciones de género y juegan un rol
importante en la elección de las carreras y el esta- blecimiento
de relaciones íntimas de largo plazo (Holland y Eisenhart,
1990). En un estudio de mujeres estudiantes universitarias en
dos universidades (en uno principal- mente blancas, y en el
otro predominantemente afroame- ricanas), las antropólogas
Dorothy C. Holland y Margaret A. Eisenhart (1990)
descubrieron que el ambiente de com- pañeros impulsaba a
las mujeres al mundo del romance en el
que su atracción hacia los hombres contaba mucho. Aunque al principio los compañeros no influían en las elecciones
de las mujeres sobre sus carreras y especializa- ciones,
sí influían en si las mujeres se empeñaban en al- canzar sus
metas originales, cambiaban su curso de acción o eran
"descarriladas" (Holland y Eisenhart, 1981, 1990).

Profesores, escuelas
y socialización de género
Desde prescolar hasta la universidad, las escuelas operan como una institución por género. Los maestros proporcio-
nan importantes mensajes acerca del género, tanto a tra- vés del
contenido formal de sus tareas asignadas como de las
interacciones informales con los estudiantes. Algunas veces,
los mensajes relacionados con el género por parte de los
maestros y otros estudiantes refuerzan los roles de género que
han sido enseñados en casa; sin embargo, los maestros
también pueden contradecir la socialización de los
padres. Durante los primeros años escolares de un
niño, la influencia de los profesores es muy poderosa; mu-
chos niños pasan más horas al día con sus maestros que
con sus propios padres.
De acuerdo con algunos investigadores, la cantidad y la varía entre la educación
calidad de las interacciones maestro-estudiante a menudo
de las niñas y la de los niños (Well- housen y Yin, 1997). Uno
de los mensajes que los profeso- res pueden comunicar a sus
estudiantes es que los niños son más importantes que las
niñas. La investigación a través de los últimos treinta años
muestra que el sesgo
de género
no intencional ocurre prácticamente en todos los ambien- tes
educacionales. El sesgo de género consiste en
mostrar
sesgo de género conducta que muestra favoritismo
hacia un género por encima del otro.
359
CAPÍTULO 11 SEXO Y GÉNERO
360
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
favoritismo hacia un género por encima del otro. Los
investigadores consideran firmemente que los maestros dedican
más tiempo, esfuerzo y atención a los niños que a las
niñas (Sadker y Sadker, 1994). A los hombres se les pide que
contribuyan más y se les llama con mayor frecuencia en clase,
aunque ellos no lo hagan voluntariamente.
Las interacciones entre maestro y alumno influyen no
sólo en el aprendizaje del alumno, sino también en su au-
toestima (Sadker y Sadker, 1985, 1986, 1994). Un estudio
completo sobre el sesgo de género en las escuelas sugirió
que
la autoestima de las niñas en la escuela se mina me- diante
experiencias tales como (1) una falta relativa de atención de
los maestros; (2) acoso sexual por parte de los compañeros
hombres; (3) los estereotipos e invisibilidad de las mujeres
en los libros de texto, en especial en los textos de ciencias y
matemáticas; y (4) el sesgo en los exámenes basado en
suposiciones sobre la importancia relativa de la habilidad
cuantitativa y visual-espacial, en comparación con la habilidad
verbal, en la que las niñas comúnmente sobresalen. Los hombres
blancos pueden tener una mayor autoestima porque reciben
más atención del profesor que todos los demás estudiantes
(Sadker y Sadker, 1994).
Los maestros también influyen en cómo los
estudiantes se tratan entre sí durante las horas de clase.
Muchos profe- sores utilizan la segregación sexual como una
forma de or- ganizar a los estudiantes, de lo que resulta una
competencia innecesaria entre mujeres y hombres. En un
estudio, por ejemplo, un maestro dividió su clase en "niños
abomina- bles" y "niñas chismosas" para un juego de
matemáticas y permitió a los estudiantes hacer el ritual de
palmadas "dame cinco" cuando un grupo obtenía una
punto (Thorne, 1995). A menudo, la competencia basada
en los géneros refuerza los conceptos erróneos acerca de las
habilidades y atribu- tos de niños y niñas y puede contribuir a la
discriminación abierta y velada dentro y fuera del salón de clases.
by

El efecto del sesgo de género es particularmente


pro- blemático si los profesores toman una actitud de "los ni-
ños serán niños" cuando los niños y los jóvenes hacen
observaciones despectivas o demuestran una conducta
agresiva contra las niñas y las jóvenes. Cuando las niñas

4.5

13 14 15 16 17 18 19 2020

se quejan de acoso sexual, es decir, avances sexuales no deseados,


peticiones de favores sexuales u
otras con- ductas verbales o físicas de
naturaleza sexual, a veces sus
preocupaciones son ignoradas o
subestimadas por los maestros y los
administradores de la escuela. El acoso
sexual está prohibido por la ley y los maestros y
los admi- nistradores están obligados a investigar
tales incidentes, así como los asuntos relativos a la
igualdad de oportuni- dades de las mujeres para practicar
deportes.

Deportes y socialización de
género
Los niños pasan más de la mitad de su tiempo fuera de la escuela jugando, pero el tipo de juegos
practicados algunas veces difieren según el sexo del
niño. Los estudios indican que los niños están
socializados para participar en juegos altamente
competitivos, con reglas y con un número mayor de
participantes de los que juegan las niñas. Las niñas
gene- ralmente están socializadas para jugar con otras niñas, en
grupos de dos o tres, en actividades como la rayuela y
sal- tar la cuerda, que suponen un mínimo de
competitividad. Otra investigación indica que los niños
demuestran actitu- des más favorables hacia los juegos y
deportes que implican ejercicio físico y competencia de lo
que lo hacen las niñas. Algunos analistas creen que esta
diferencia de actitud está ligada con ideas respecto a cuál es
la conducta de género apropiada para niños y niñas
(Brustad, 1996).
Para los hombres, el deporte competitivo se convierte en un medio para “construir una identidad masculina, una
salida legítima de la violencia y agresión y una vía para
una movilidad ascedente" (Lorber, 1994:43). Para las mujeres,
ser una atleta y una mujer puede significar estados
contra- dictorios. Un estudio realizado en la década de 1980 en-
contró que las jugadoras de basquetbol de la universidad
partes. En la
lidiaron con esta contradicción dividiendo sus vidas en
cancha de basquetbol, las mujeres "se hacían las atletas";
empujaban, aventaban, cometían faltas, corrían rápido,
sudaban y maldecían. Fuera del campo, "se hacían las
mujeres"; después del partido se bañaban, se vestían, se
aplicaban maquillaje y se arreglaban el cabello, aun
cuando
de aprendizaje más
Los maestros a menudo utilizan la competencia entre niños y niñas porque esperan hacer la actividad
interesante. Aquí, una niña de
secundaria dirige a otras niñas contra los
niños en un concurso de traducción de
español. ¿Cuáles son las ventajas y
desventajas de las competencias
en clase basadas en el género?
O Monkey Business Images / Shutterstock
Doug James / Shutterstock
sólo se subían a una camioneta para un largo camino a
casa (Watson, 1987). Sin embargo, los investigadores de
un es- tudio más reciente concluyeron que las percepciones
acerca de las mujeres atletas pueden estar cambiando.
Específica- mente, las ideas acerca de lo que constituye la
imagen del cuerpo ideal para las niñas y las mujeres está
transformán- dose a medida que más mujeres se
involucran en activida- des de acondicionamiento físico y
competencias atléticas. En una encuesta, mujeres y hombres
jóvenes calificaron con mayor puntuación el cuerpo
atlético femenino que el de la modelo anoréxica (Heywood y
Dworkin, 2003).
Desde la promulgación en 1972 del Título IX, que
exige igualdad de oportunidades en los
programas aca- démicos y atléticos para las mujeres,
la participación de las niñas y las jóvenes en los
deportes ha aumentado sustancialmente. Más niñas
juegan fútbol soccer y soft- bol y participan en otros
deportes que antes eran vistos como actividades
"masculinas". Sin embargo, aun con es- tos cambios en las tres
últimas décadas, sólo 42% de los atletas de las preparatorias y
universidades son mujeres. Según el sociólogo Michael A.
Messner (2002), las niñas y las mujeres se han
emancipado por su entrada en los de- portes; sin
embargo, la segregación sexual de las mujeres y
hombres atletas, así como los entrenadores, aún persiste.
La mayoría de los deportes están rigurosamente divi-
didos en partidos femeninos y masculinos y, a menudo, la
financiación de los programas atléticos se divide de ma-
nera desequilibrada entre los de hombres y los de muje- res.
La suposición acerca de la fisiología de los hombres y las
mujeres y de las capacidades atléticas influyen en los tipos
de deportes en los que los miembros de cada sexo son
alentados a participar. Por ejemplo, las mujeres que se
involucran en actividades que se supone son "mascu-
linas" (como fisicoculturismo) pueden ignorar sus críti-

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En años recientes, las mujeres se han involucrado


más en los deportes profesionales a través de
organizaciones tales como el WNBA (Asociación
Femenil de Basquetbol de Estados Unidos); sin
embargo, la mayoría de los deportes permanecen
rigurosamente divididos en eventos femeninos y eventos
masculinos. ¿Piensas que la cobertura de los eventos
universitarios y profesionales de las mujeres y los hombres que
realizan los medios difieren?
cas o lograr redefinir la actividad o sus resultados como "femeninos" o propios de la mujer (Klein, 1993; Lowe, 1998). Algunas
mujeres fisicoculturistas no quieren que sus cuerpos se
"sobrentrenen". Han aprendido que es más probable que
ganen competencias femeninas de fisico- culturismo si se
ven y posan “más o menos dentro de los lineamientos de las
modelos de moda" (Klein, 1993:179). En su estudio de más
de 100 personas conectadas con el fisicoculturismo de
mujeres, la socióloga María R. Lowe (1998) encontró que las
"mujeres de acero" (las mujeres fisicoculturistas) viven en un
mundo donde el tamaño y la fuerza deben equilibrarse con una
inclinación hacia la gracia y la feminidad.
Un optimismo cauteloso es posible en relación con la naturaleza cambiante de los deportes y la socialización de género,
basado en diversos estudios de mujeres en los de- portes
(Heywood y Dworkin, 2003; Messner, 2002). Clara- mente,
han ocurrido cambios que pueden influir de manera positiva en
la socialización de género tanto de niñas como de niños; sin
embargo, parece que aún queda mucho por hacer para llegar
a una mayor equidad de género en el área de los deportes.
Por ejemplo, cómo los medios reportan los encuentros
deportivos de mujeres y hombres y los atribu- tos (como el
atractivo físico) que éstos resaltan respecto a las competidoras
femeninas mientras que enfatizan las ha- bilidades
atléticas de los competidores masculinos.
Recientemente, los tribunales en estados como Califor- nia han indicado a algunas escuelas y universidades que deben aumentar su
proporción de atletas femeninas, lo que en ciertos casos
significa que la participación femenina en deportes
universitarios llegue a 1.5% en la proporción de la población total
de estudiantes. También se ha advertido a las universidades
que agreguen equipos deportivos feme- ninos, como de
hockey, con objeto de ofrecer una diversi- dad de deportes
más amplia en la que las atletas femeninas. y los
entrenadores puedan participar (Thomas, 2009).

Medios de comunicación masiva y


socialización de género
Los medios, incluidos los periódicos, revistas, televisión y cine, son poderosas fuentes de creación de estereotipos de género.
Aunque algunos críticos afirman que los me- dios simplemente
reflejan los roles de género existentes en la sociedad, otros
señalan que tienen una habilidad única para dar forma a las
ideas (véase el cuadro 11.3). Piensa en el impacto que puede
tener la televisión en los niños si pasan despiertos un tercio
de su tiempo viéndola, como se ha estimado. Desde los dibujos
animados de los niños hasta los espectáculos para
adultos, los programas de tele- visión son clasificados por el
sexo, y muchos están dirigi- dos a los hombres. Se muestran
más papeles de hombres

acoso sexual avances sexuales no deseados, peticiones


de favores sexuales u otras conductas verbales o físicas
de naturaleza sexual.
361
CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
362
PARTE 3 INEQUIDAD SOCIAL

Cuadro 11.3 Enfoque del género en los


medios de comunicación

"Nunca puedes ser demasiado bella"y la


cirugía plástica en las adolescentes
Noticia: La cirugía cosmética es la recompensa de
las adolescentes por aprobar los exámenes
Los padres de las adolescentes chinas les están
permitiendo la cirugía estética como recompensa por
su arduo trabajo en la escuela. Tres hospitales en
Guangzhou reportaron que 90% de sus pacientes de
cirugía plástica eran graduadas de la secundaria... cuyos
padres estaban pagando la cirugía para recom-
pensarlas por haber pasado los exámenes de ingreso a la
universidad.
-Ananova News Service (2005)

Noticia: Adolescentes optan por la cirugía estética.


Yo soy solamente talla 32B, así que el tener un busto más
grande me haría sentir más feliz con mi ropa... Podría
usar mejores blusas y no tendría que recurrir a usar
sostenes con relleno para crear la ilusión de un busto más
grande.
---Kimberley Brooke, estudiante universitaria del Reino Unido,
describe por qué está interesada en someterse a una cirugía
estética (citado en Atkins, 2005). Noticia: Para más chicas
adolescentes, cirugía plástica para adultos.
Mi familia estaba disgustada porque era muy joven.
Pero les expliqué que se trataba de sentirme
segura.
-Nicole Castro, de Estados Unidos, explica por qué
se realizó una cirugía de implante de busto (citado
en Boodman, 2004:A1).

Aunque tanto los hombres como las mujeres buscan la


ci- rugía plástica, la mayoría de los procedimientos se llevan a
cabo en mujeres. En Estados Unidos y otras naciones, el
número de mujeres jóvenes que buscan procedimientos
tales como la rinoplastia (reconstrucción de la nariz), im-
coste vlad ionut / Shutterstock

En el pasado, la cirugía estética se realizaba principalmente en personas mayores y en individuos que


necesitaban reconstrucción como resultado de
defectos congénitos o accidentes.
Actualmente, los adolescentes de todo el
mundo se realizan cirugías por elección para
ser más "bellos" o más "perfectos".

plantes de pecho y liposucción parece estar aumentando (Boodman, 2004).

que de mujeres, y los personajes de los varones tienen


actuaciones notablemente diferentes a los de las mujeres. En
general, los hombres son más agresivos, constructi- vos y
directos, y son recompensados por sus acciones. En cambio,
las mujeres son retratadas con actuaciones res- petuosas hacia
otras personas o manipuladoras mediante el desamparo o la
seducción para obtener lo que quieren.
En la televisión de horario estelar, varios cambios
sig- nificativos en las últimas tres décadas han reducido la forma de
estereotipar el género; sin embargo, los hombres todavía
exceden a las mujeres en los personajes principa- les y
a menudo están "a cargo" en cualquier escena en la que
están representados roles tanto de hombres como de mujeres.
En la popular serie de la cadena televisora ABC Grey's
Anatomy, por ejemplo, el número de roles de mu-
jeres y hombres está equilibrado, pero los
personajes de los hombres representan generalmente a
los cirujanos de nivel más alto en el hospital, mientras que
los persona- jes femeninos son residentes, internas o
enfermeras. En programas con personajes
predominantemente femeni- nos, como Desperate
Housewives de la ABC, las mujeres son casi siempre muy
atractivas, delgadas y, por último, histéricas o condescendientes
cuando interactúan con los personajes masculinos (Stanley, 2004)
La publicidad, ya sea en televisión y carteleras o en las revistas y periódicos, puede ser muy persuasiva. La
inten- ción del mensaje es clara para mucha gente: si
abrazan las nociones de masculinidad y femineidad, su éxito
perso- nal y social está asegurado; si compran los
productos y servicios correctos, podrán resaltar su
apariencia y ganar
363
CAPÍTULO 11 SEXO Y GÉNERO
¿Por qué desean someterse las mujeres jóvenes
a pro- cedimientos quirúrgicos para hacer sus cuerpos
más “be- llos" o más "perfectos"? De acuerdo con
algunos analistas, la presión para mejorar la
apariencia procede principal- mente de los
conocidos; sin embargo, otros investigado- res afirman
que la forma en que los medios interpretan las historias
acerca de la apariencia personal influye en cómo
pensamos acerca de nosotros mismos y de las
mejoras que podamos creer que nuestros cuerpos
necesitan. Si esta aseveración es correcta, el enfoque de
los medios juega un papel importante en el creciente
fenómeno de las mujeres jóvenes que optan por una
mejora o cambio estético.
Por ejemplo, los reality shows pueden alentar a las per-
sonas a creer que la cirugía estética tal vez sería la respuesta
a sus problemas. Estos programas están producidos de
tal forma que los atributos negativos de la apariencia
del "an- tes" de una persona se enfatizan y a menudo se
exageran, mientras que los aspectos positivos de "después" se
resaltan cuidadosamente y se aumentan para las audiencias
de los medios. Este tipo de enfoque da al público una
percepción de que las cosas originalmente eran peor de lo que
eran, de que después todo es mucho mejor de lo que es
y de que la cirugía es un asunto simple. Tales historias
tienen a menudo una profunda influencia en la forma en
que los espectado- res se ven a sí mismos y a los demás. Y
en algunos casos, la presentación de los medios sugiere
incluso que deberíamos querer vernos como una celebridad.
Aunque organizaciones como la Sociedad Estadouni- dense de
Cirugía Plástica Estética (American Society for Aes- thetic
Plastic Surgery), la sociedad de cirujanos plásticos cer-
tificados, alientan a los médicos a evaluar cuidadosamente a los
adolescentes en factores tales como el nivel de madurez físico y
emocional antes de practicar la cirugía (véase Ame- rican
Society for Aesthetic Plastic Surgery, 2003), esta clase de
escrutinio puede ser confundido por la intensa presenta- ción
de los medios sobre historias acerca de la apariencia que
sugieren que somos defectuosos, por la publicidad que utiliza
modelos para vender todo tipo de productos y por los
anuncios de mejoras físicas y cirugía plástica que están
omnipresentes en los periódicos, revistas y en los espectá-
culos de televisión por cable. Las revistas para adolescentes,
incluidas Teen, Vogue y Seventeen, por lo general traen anun-
cios de productos como tabletas de hierbas que aumentan el
busto, y a menudo tienen artículos acerca de "problemas"
asociados con tener senos pequeños. Los videos musicales
hacen a las adolescentes conocedoras del tamaño de su busto al ser
constantemente bombardeadas con imágenes de mujeres
parcialmente cubiertas, generosamente dota- das (Quart,
2003). Algunos investigadores han descubierto que las revistas
populares generalmente describen a muje- res muy altas y
delgadas como bellas y a aquellas que son más bajas o
gruesas como no bellas. Como consecuencia de la constante
exposición a imágenes de cuerpos altos y del- gados en los
medios, muchas mujeres empiezan a compa- rarse a sí
mismas con un tipo de cuerpo que es inalcanzable para 99%
de todas las mujeres (Kilbourne, 2000).
Está claro que la industria de los medios es un gran nego- cio que hace miles de millones de dólares al vender revistas,
producir espectáculos de televisión y buscar públicos a tra- vés
de otros muchos caminos; sin embargo, es importante para
todos nosotros, como consumidores de los medios,
preguntarnos si nos están vendiendo imágenes ideales de
belleza que no sólo son inalcanzables sino que además nos
sujetan a procedimientos tales como la cirugía estética, que
puede tener consecuencias adversas. La psicóloga Nancy
Etcoff de Harvard Medical School hace notar que la cirugía
plástica no es sólo "alguien moviendo una varita mágica y
luego te ves mejor. Te estás exponiendo a ti mismo a peli- gros
potenciales" (citada en Kornblum, 2004).

Reflexión y análisis

¿Deberíamos preocuparnos por las niñas y las jóvenes


que se obsesionan tanto con su apariencia que están
dispuestas a seguir procedimientos arriesgados que
pueden no tener el resultado que esperan lograr?
¿Qué piensas?

poder sobre otras personas. En los anuncios


comerciales, se suelen representar los papeles de los
hombres de ma- nera diferente a los de las mujeres: es
más probable que los varones salgan trabajando o
actuando fuera de casa y no dentro, mientras que las
mujeres es más probable que se muestren haciendo tareas
limpieza, compras o
domésticas como cocinar, la
cuidando a los niños. Como tal, los anuncios por
televisión pueden actuar como agentes de
socialización al mostrar a los niños y a los demás lo que
son las actividades designadas a las mujeres y a los hom-
bres (Kaufman, 1999).
Un estudio realizado por el sociólogo Anthony J.
Cor- tese (2004) encontró que las mujeres, sin
importar lo que estuvieran haciendo en un anuncio en
particular, eran mostradas frecuentemente como
jóvenes, bellas y seduc- toras. Aunque tales
representaciones pueden vender pro-
ductos, también pueden tener el efecto de influir en cómo
nos percibimos a nosotros mismos y a los otros respecto
a temas de poder y subordinación.

Socialización de género en adultos


La socialización de género continúa a medida que las mu- jeres y los hombres completan su
capacitación o educa- ción y se unen a la fuerza laboral.
Los hombres y mujeres son instruidos en el tipo de
conducta "apropiada" para personas de su sexo en un
trabajo u oficio en particular, tanto por sus empleadores como
por sus compañeros de trabajo. Sin embargo, la socialización
de los hombres no suele incluir una medida para ver si el trabajo
se puede combinar exitosamente con tener una familia; a menudo se
presupone que los hombres pueden con ambos. Sin
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
364

embargo, aún en la actualidad, la razón que se da para


que una mujer no incursione en algunas carreras y
profesiones es que el trabajo no es conveniente para
ellas debido a sus supuestas responsabilidades en el
cuidado de los niños.
Puede ocurrir una socialización de género diferente
cuando la gente alcanza los cuarenta y entra a la “mediana edad".
Como se analiza en el capítulo 12, existe un do- ble estándar
de envejecimiento que afecta a las mujeres más que a los
hombres. A menudo, se considera que los hombres están en el
apogeo de su éxito a medida que sus cabellos se vuelven
grises y en sus caras asoman algunas arrugas. En cambio, no
sólo otras personas en la sociedad hacen que las mujeres de
mediana edad se sientan como si ya estuvieran "de salida"
sino que las campañas publici- tarias multimillonarias llaman
continuamente la atención sobre cada debilidad, cada kilo subido y
cada centímetro de carne flácida, cada arruga o cana de las
mujeres.
Para entender cómo desarrollamos un autoconcepto re-
lacionado con el género y cómo aprendemos a sentir,
pensar y actuar de forma femenina o masculina debemos
compren- dernos a nosostros mismos. Examinar la socialización de
género nos hace conscientes del efecto de nuestros padres,
hermanos, maestros, amigos y medios de comunicación en
nuestras perspectivas acerca del género. Sin embargo, la
perspectiva de socialización de género ha sido criticada en
varios aspectos. La socialización de género de la niñez puede no
afectar a las personas tanto como han sugerido algunos
analistas. Por ejemplo, el tipo de trabajo que las personas
realizan como adultos puede tener menos que ver con la
forma en que socializaron en la niñez que con la forma en que
son tratados en el lugar de trabajo. Desde esta perspec- tiva,
las mujeres y los hombres actuarán de la manera que les
proporcione más recompensas y ocasione los menores
castigos (Reskin y Padavic, 2002). Asimismo, las teorías de
socialización de género pueden ser utilizadas para culpar a
las mujeres por su propia subordinación. Por ejemplo, si
suponemos que los problemas de las mujeres pueden atri-
buirse a ellas mismas, las estructuras sociales existentes que perpetúan
la desigualdad de género serán ignoradas. Ahora examinaremos
algunas de esas fuerzas estructurales.

Desigualdad de
género contemporánea
De acuerdo con expertos feministas, las mujeres experi-
mentan desigualdad de género como resultado de la discri-
minación económica, política y educativa. La posición de las
mujeres en el sector laboral de Estados Unidos refleja su
completa subordinación en la sociedad.

División en función del

género en el trabajo remunerado


El lugar donde estén ubicadas las personas en la
estructura profesional del mercado laboral tiene un efecto
impor- tante en sus salarios. El lugar de trabajo es otro
ejemplo de

una institución por género. En los países industrializados, la mayoría


de los trabajos están segregados
por género y por raza/etnia. La
socióloga Judith Lorber (1994:94)
proporciona este ejemplo:

En un lugar de trabajo en la ciudad de


Nueva York, por ejemplo, en una fábrica
de bolsas de mano, un paseo a través de
los diversos departamentos puede
revelar que los propietarios y los
administradores son hombres blancos; sus
secretarias y contadoras son mujeres blan- cas y
asiáticas; las que levantan pedidos y las procesa-
doras de información son mujeres afroamericanas;
los obreros son latinos que cortan piezas y
latinas que las cosen; los hombres
afroamericanos están empacando y cargando el
producto terminado; y las mujeres de Eu- ropa
Oriental que no hablan inglés están haciendo el
aseo al final. El lugar de trabajo como un todo parece
estar integrado por raza, grupo étnico y género, pero
los trabajos individuales están marcadamente
segregados de acuerdo con las características sociales.
Lorber indica que en la mayoría de los lugares de tra- bajo los empleados están segregados por género o
todos son del mismo género. El trabajo segregado por
género se refiere a la concentración de mujeres y hombres
en dife- rentes puestos, empleos y lugares de trabajo
(Reskin y Pa- davic, 2002). En 2006, por ejemplo, 97% de
las secretarias en Estados Unidos eran mujeres; 88% de los
ingenieros eran hombres (Oficina del Censo de Estados Unidos,
2007). Para eliminar los trabajos segregados por género
en Estados Unidos, más de la mitad de los hombres o todas las
mujeres tendrían que cambiar de puestos. Ade- más,
las mujeres están severamente subrepresentadas en las
corporaciones más altas de Estados Unidos. Sólo cerca de
10% de los trabajos ejecutivos de las compañías de For-
tune 500 son dirigidos por mujeres, y sólo ocho mujeres son
las directoras generales de esas compañías.
Aunque el grado de segregación por género en el mer- cado laboral profesional (incluidos médicos,
dentistas, abogados, contadores y gerentes) ha
declinado desde la década de 1960, la segregación
étnico-racial ha perma- necido profundamente arraigada
en la estructura so- cial. Como señala la socióloga
Elizabeth Higginbotham (1994), las mujeres
afroamericanas profesionales se en- cuentran
limitadas a empleos en ciertos sectores del mer- cado
laboral. La mayoría están concentrados en el sector
público (por ejemplo, maestros, trabajadores en
asistencia social, bibliotecarios, defensores
públicos y miembros de autoridad en
universidades públicas) más que en el sector
privado (por ejemplo, en grandes corporaciones,
impor- tantes bufetes de abogados, instituciones
educativas pri- vadas y hospitales privados). No
están equitativamente representadas las mujeres
blancas ni la gente de color en todas las
categorías de oficios, como se muestra en la
tabla 11.2.

La segmentación del mercado laboral, la división de em- pleos en categorías con


condiciones de trabajo diferentes, da como
resultado que las mujeres tengan empleos separa-
dos y desiguales (Amott y Matthaei, 1996; Lorber,
2005). La
Tabla 11.2 Porcentaje de la fuerza laboral en Estados Unidos representado
por mujeres, afroamericanos e hispanos en las ocupaciones seleccionadas
La Oficina del Censo de Estados Unidos reúne información que muestra qué porcentaje de
la fuerza laboral total es realizada por mujeres, afroamericanos e hispanos. Como se
expresa en esta tabla, mujeres se refiere a personas del sexo femenino en todas las
categorías étnico-raciales, mientras que afroamericanos e hispanos se refiere tanto a
mujeres como a hombres. Con base en esta tabla, ¿en cuál de los oficios es más
probable que se emplee a hombres blancos? ¿En cuáles ocupaciones es menos probables
que se los emplee?
365
CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
Mujeres
Afroamericanos
Hispanos

Todas las ocupaciones


46.6
11.3
10.9

Especialidad gerencial y profesional


(todas)
50.0
8.3
5.1

Ejecutiva, administrativa y gerencial


46.0
7.9
5.6

Especialidad profesional
53.7
8.6
4.7

Asistente administrativo, de ventas y técnico (todos)


63.7
11.4
9.1

Técnicos asistentes y ocupaciones relacionadas


53.4
10.3
7.5

Empleos en ventas
49.4
9.1
8.7

Empleos en el sector servicios (todos)


60.4
17.9
16.3

Trabajadores domésticos privados


96.2
12.1
32.8

Trabajadores de servicio de limpieza y construcción


46.0
20.7
23.8

Encargados, enfermeras, ayudantes, asistentes del servicio de salud.


Operadores, maestros de obra y obreros
89.2
29.4
11.5

23.3
15.6
17.7

Fuente: Oficina del Censo de Estados Unidos

brecha salarial entre hombres y mujeres es la consecuencia


mejor documentada sobre el trabajo segregado por
género (Reskin y Padavic, 2002). La mayoría de las mujeres
traba- jan en puestos con menores sueldos y menos
prestigiosos, con pocas oportunidades de progreso. Debido
a que mu- chos empleadores suponen que los hombres son los
pro- veedores, se espera que ganen más dinero que las mujeres
con el objeto de mantener a sus familias. Durante muchos
años a las mujeres se les visto como las que ganan el salario
complementario en una casa donde el hombre es el jefe, sin
importar el estado civil de las mujeres. En
consecuencia, no se les ha visto como trabajadores
legítimas, sino principal- mente como esposas y madres
(Lorber, 2005).
El trabajo segregado por el género afecta tanto a
hom- bres como a mujeres. A los hombres se les
suele hacer a un lado en ciertos trabajos. Quienes
entran en los puestos dominados por mujeres a menudo
tienen que justificarse a sí mismos y probar que son
“verdaderos hombres". De- ben luchar con estereotipos
(gay, "debilucho" y pasivo) por estar interesados en dicho
trabajo (Williams, 2004). Aunque estas suposiciones no
sacan a los hombres de los puestos dominados por las
mujeres, sí afectan la forma en que manejan su identidad de
género en el trabajo. Por ejemplo, los hombres en oficios tales
como enfermeros enfatizan generalmente su
masculinidad, logran distan- ciarse de sus colegas
femeninas y tratan de moverse rá- pidamente a
posiciones administrativas y de supervisión (Williams,
2004).
La segregación laboral por género contribuye a la estra-
tificación en la sociedad. La segregación laboral es
estructu- ral; no ocurre simplemente porque los
trabajadores tengan diferentes habilidades,
motivaciones y necesidades materia-
les. Como resultado de la segregación de género y racial, los
empleadores pueden pagar a muchos hombres de color y a
todas las mujeres menos dinero, promoverlos con
menos frecuencia y proporcionarles menos beneficios.

Equiparación salarial
(valor comparable)
La segregación laboral contribuye a una brecha salarial, la disparidad entre los salarios de mujeres y hombres. Se calcula
al dividir el salario de las mujeres entre el de los hombres
para obtener una razón, también conocido como índice
salarial (Reskin y Padavic, 2002). Por lo ge- neral, las
mujeres ganan aproximadamente 80 centavos por cada
dólar que ganan los hombres; sin embargo, esta cifra
representa hombres y mujeres que trabajan 35 horas
por semana y no compara hombres y mujeres que
desem- peñan el mismo trabajo. Como se muestra en la
figura 11.1, las mujeres en todos los niveles educativos
reciben menos salario que los hombres con el mismo nivel de
educación. A través de diferentes categorías de empleo, los datos
siguen demostrando esta disparidad. Además, la brecha
salarial es aún mayor para las mujeres de color. Aunque
las mujeres blancas en 2006 ganaban 80% de lo que los
hombres blancos, las mujeres afroamericanas ga-
naban solamente 68% y las latinas 58% de lo que ganaban

brecha salarial término utilizado para describir la disparidad entre los salarios de las mujeres y de los hombres.
366
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
Por edad

100%

75%

50%

25%

Hombres
Mujeres
Mujeres
Mujeres edades 15-24 edades 25-34 edades 35-44

Por grupo racial/étnico

100%
75%

50%

25%
Mujeres edades 45-54
Mujeres edades 55-64

Hombres blancos
Mujeres
blancas
Hombres
Mujeres afroamericanos afroamericanas
Hombres hispanos
Mujeres
hispanas

Por ocupación

100%

75%

50%

25%

Hombres Mujeres Hombres


Mujeres Hombres Mujeres ejecutivos ejecutivas
profesionales profesionales vendedores vendedoras

Figura 11.1 La brecha salarial


Personal de
servicio Hombres
Personal de
servicio Mujeres

Por edad: pese a que el sueldo promedio de los hombres varía en función de la edad, el de las mujeres
siempre es más bajo que el de los hombres en el mismo grupo de edad, y a medida que las mujeres
envejecen, la brecha se ensancha cada vez más. Las mujeres de 16-24 años ganan 93
centavos de dólar por cada dólar ganado por los hombres de la misma edad, pero las
mujeres de 55-64 años sólo ganan 72 centavos por cada dólar ganado por los hombres con
edades de 55-64 años.
Por grupo racial/étnico: en todos los grupos étnico-raciales, los ingresos de los
hombres siguen siendo más altos que los de las mujeres en la misma categoría.
Por ocupación: sin importar su ocupación, las mujeres reciben, en términos generales,
sueldos más bajos.
Fuente: Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, 2007a.

los trabajadores blancos (Departamento de Estadísticas


Laborales de Estados Unidos, 2007). La brecha aumenta a medida
que crece el salario de una persona: mientras que 48% de
las personas que ganan 20 000 a 25000 dólares al año son
mujeres, las mujeres constituyen menos de 10% de las
personas que ganan más de 200 000 dólares año
(Johnston, 2002). Asimismo, entre trabajadores mayores, la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor.
Las ganancias de las mujeres tienden a aumentar más
lenta- mente que las de los hombres cuando son jóvenes
y luego caen cuando las mujeres llegan al final de los
treinta y principios de los cuarenta, mientras que los
salarios de los
OLisa F. Young/Shutterstock

¿Qué estereotipos están asociados con los hombres en las


posiciones orientadas hacia las mujeres? ¿Y con las
mujeres en los oficios orientados hacia los hombres?
¿Crees que tales estereotipos cambiarán en un futuro
cercano?

hombres tienden a aumentar conforme su edad es mayor


(Reskin y Padavic, 2002)
La equiparación salarial o el valor comparable es la
creencia de que los salarios deberían reflejar el valor de un
trabajo, no el género o raza del trabajador. ¿Cómo puede
determinarse el valor comparable de distintas clases de em-
pleo? Una forma es comparar el trabajo actual de las
mujeres y los hombres y ver si existe una disparidad en los
salarios pa- gados a cada uno. Para ello, los analistas dividen
un empleo en sus componentes, tales como la educación,
capacitación y habilidades requeridas; la magnitud de la
responsabilidad por el trabajo de otros, y las condiciones
de trabajo, y luego asignar puntos a cada uno (Lorber,
2005). Para que exista la equiparación salarial, a los hombres
y las mujeres en oficios que reciben el mismo número de
puntos se les debería pagar lo mismo. Sin embargo, la
equiparación salarial existe para muy pocos trabajos, y ha
habido poco cambio a través de las dos últimas décadas en
muchos empleos. Por ejemplo, por cada dólar ganado por
los hombres, las mujeres en la misma ocupación ganan 90
centavos como asistentes (secretarias, empleados, etc.), 87
centavos como meseras en restaurantes, 70 centavos como
abogadas y 63 centavos como gerentes fi- nancieros
(Departamento de Estadísticas Laborales de Esta- dos
Unidos, 2008).

Trabajo remunerado y trabajo


familiar Como ya se expuso, el primer gran
cambio en las relacio- nes entre la familia y el trabajo
ocurrió con la Revolución industrial y el surgimiento
del capitalismo. El culto a la do- mesticidad mantuvo
a muchas mujeres de las clases media y alta fuera de la
fuerza laboral durante este periodo. Al principio, la clase
las que tenían
trabajadora y las mujeres pobres fueron
que lidiar con el conflicto trabajo/familia.
Actualmente, sin embargo, el tema abarca todo el
espec-
OS Andrejs Pidjass / Shutterstock

tro económico (Reskin y Padavic, 2002). La típica


mujer casada en Estados Unidos combina el trabajo
remunerado en la fuerza laboral con el trabajo familiar
como ama de casa. A pesar de que este cambio ha
ocurrido a nivel social, individualmente las mujeres
llevan la carga del problema.
Aun con cambios drásticos en la participación feme- nina en el sector laboral, la división del trabajo en la fa- milia
permanece esencialmente igual. La mayoría de las
mujeres casadas ahora comparten la responsabilidad
en el papel de proveedor, pero muchos hombres no
aceptan su parte en las responsabilidades domésticas
(Reskin y Pada- vic, 2002). En consecuencia, muchas
mujeres tienen una "jornada doble" o "segundo turno"
debido a sus responsa- bilidades duales de trabajo
remunerado y no remunerado (Hochschild, 1989, 2003).
Las mujeres que trabajan tienen menos tiempo para
dedicarse a las labores de la casa; si los esposos no
participan en las tareas domésticas rutinarias, algunas
simplemente no se llevan a cabo o se realizan con
menos frecuencia. Aunque el ingreso que muchas
mujeres obtienen es esencial para la supervivencia
económica de sus familias, todavía tienen que gastar
parte de sus ingre- sos en la manutención de la familia,
como en guarderías, restaurantes de comida rápida y
lavanderías, en un in- tento por realizar sus obligaciones.
Las responsabilidades domésticas consumen una gran cantidad de tiempo y energía, especialmente en familias con niños
pequeños. Aunque ciertos tipos de trabajos de la
casa se puede posponer, a menudo las
necesidades de los niños no pueden ser ignoradas o
retrasadas. Cuando los pequeños están enfermos o los
eventos de la escuela no

valor comparable (o equiparación salarial) creencia de que los salarios deberían reflejar el valor del trabajo,
no el género o raza del trabajador.
367
CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
368

se pueden programar con base en el trabajo, los


padres (en particular las madres) pueden experimentar
conflictos de rol estresantes ("¿Seré una buena empleada o una
buena madre?"). Muchas mujeres que trabajan no sólo se cuidan
a sí mismas, sus esposos y sus hijos, sino que también cuidan a
sus parientes de edad avanzada o a sus parientes políti- cos.
Algunos analistas se refieren a estas mujeres como a "la
generación sándwich", atrapadas entre las necesidades de sus
hijos pequeños y las de sus parientes de edad avanzada.
Muchas mujeres tratan de resolver este problema pospo- niendo el
tiempo libre y el sueño. Cuando Arlie Hochschild entrevistó a
madres que trabajan, encontró que hablaban acerca de
dormir "en la forma en que una persona ham- brienta habla
acerca de la comida" (1989:9). Tal vez ésta es una de las razones por
las que, en una investigación más reciente, Hochschild (1997)
descubrió que algunas mujeres casadas y con hijos
encontraban mayor satisfacción en el trabajo y que laboraban
más horas, debido a que les gus- taba más dicho trabajo
que enfrentar las presiones en casa.

Perspectivas en la
estratificación de género
Las perspectivas sociológicas de la estratificación de género
varían en su enfoque para examinar los roles de género y las
relaciones de poder en la sociedad. Algunas se centran en
los papeles de las mujeres y los hombres en las esferas
domésticas; otras resaltan desigualdades que surgen de una
división de género de las labores en el lugar de trabajo. Otras
más logran integrar tanto las esferas públicas como las privadas
en su análisis. El Repaso de conceptos subraya los
aspectos clave de cada perspectiva sociológica de la so-
cialización de género.

Perspectivas
económicas funcionalistas y
neoclásicas
Como hemos visto, la teoría funcionalista ve al
hombre y a la mujer realizando distintos roles,
importantes para la

REPASO DE CONCEPTOS
supervivencia de la familia y la sociedad. La división labo- ral más básica es biológica:
Los hombres son físicamente más fuertes y las
mujeres son las únicas capacitadas para tener y
amamantar hijos. Los sistemas de creencias de
gé- nero fomentan suposiciones acerca de la
conducta apro- piada para hombres y mujeres y
pueden tener un efecto en el tipo de trabajo que realiza
cada uno de ellos.

La importancia de los roles de género tradicionales De acuerdo con los analistas funcionalistas
como Talcott Parsons (1955), los roles de las
mujeres como nodrizas y cuidadoras son aún más
pronunciados en las sociedades industrializadas
contemporáneas. Mientras que el esposo realiza las
tareas prácticas de proporcionar apoyo econó-
mico y tomar decisiones, la esposa asume las tareas ex-
presivas de brindar afecto y apoyo emocional a la
familia. Esta división de labores familiares asegura que
las tareas sociales importantes se realicen; también
proporciona es- tabilidad para los miembros de la familia.
Esta visión ha sido adoptada por diversos analistas po- líticamente conservadores, quienes aseveran que las
rela- ciones entre hombres y mujeres se dañan cuando
ocurren cambios en los roles de género y, como
consecuencia, la vida familiar sufre. Desde esta
perspectiva, la división tra- dicional del trabajo entre
hombres y mujeres es el orden natural del universo.

El modelo de capital humano Las explicaciones funcionalistas de la segregación de género ocupacional son
similares a las perspectivas económicas neoclásicas, como
las del modelo de capital humano (Horan, 1978; Kemp,
1994). De acuerdo con este modelo, las personas varían
ampliamente en la cantidad de capital humano que traen al
mercado laboral. El capital humano se adquiere con la
educación y la capacitación laboral; es la fuente de la
productividad de una persona y puede ser medido en
términos de rendimiento de la inversión (salarios) y el costo
(escolaridad o capacitacion) (Stevenson, 1988; Kemp,
1994).
Desde esta perspectiva, lo que las personas ganan es resultado de sus propias elecciones (por
ejemplo, la clase
Perspectivas sociológicas sobre la estratificación de género
Perspectiva

Funcionalista

Del conflicto

Enfoqu
es feministas
Enfoque

Análisis de macronivel acerca de los papeles de las mujeres


y los hombres

Poder y diferencias económicas entre hombres y


mujeres

El feminismo debería ser aceptado de manera que


se reduzca el sexismo y la desigualdad de
género.
Teoría/hipótesis

Los roles de género tradicionales garantizan la realización de las tareas expresivas e instrumentales

Modelo de capital humano

El poder económico y político disparejo realza las desigualdades sociales basadas en el género.
1. Feminismo liberal
2. Feminismo radical
3. Feminismo socialista
4. Feminismo multicultural
369
CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
y
de capacitación, educación y experiencia que
acumulan) de la necesidad del mercado laboral (demanda)
de una disponibilidad (oferta) de cierta clase de
trabajadores en puntos específicos en el tiempo. Por
ejemplo, los analistas del capital humano afirman que las
mujeres disminuyen su capital humano cuando abandonan la
fuerza laboral para comprometerse en tener hijos y cuidarlos.
Mientras las mujeres están fuera de la fuerza laboral, su capital
hu- mano se deteriora por falta de uso. Cuando regresan al
trabajo, ganan salarios más bajos que los hombres porque
tienen menos años de experiencia laboral tienen "atro-
y fiado el
capital humano", pues su educación y capacitación
pueden haberse vuelto obsoletos (Kemp, 1994: 70).
Otros modelos económicos neoclásicos atribuyen la
brecha salarial a factores tales como (1) las diferentes can-
tidades de energía que gastan los hombres y las mujeres en su
trabajo (las mujeres que gastan energía sustancial en su
familia y en llevar la casa tienen menos energía para dedicarla
a su trabajo), (2) las elecciones laborales que realizan las
mujeres (buscar oficios dominados por mu- jeres para
poder emplear más tiempo con sus familias), y (3) la
aglomeración de mujeres en algunos oficios (re- ducción
salarial porque la oferta de trabajadores excede la demanda)
(Kemp, 1994).

Evaluación de las perspectivas económicas fun-


cionalistas y neoclásicas Aunque Parsons y otros
funcionalistas no respaldaron específicamente la división
laboral de género, sus análisis sugieren que es natural y
tal vez inevitable. Sin embargo, los críticos afirman que los
problemas inherentes en los roles de género
tradicionales, incluidas las características personales del rol de
hom- bres y mujeres y los costos sociales, se encuentran
mi- nimizados por este enfoque. Por ejemplo, se supone
que los hombres son "máquinas de dinero" para sus
familias cuando tal vez preferirían pasar más tiempo en
las activi- dades relacionadas con la crianza de los niños.
Además, se supone que el lugar de la mujer es en el
hogar, suposición que ignora el hecho de que muchas mujeres
tienen traba- jos debido a la necesidad económica.

la
Por añadidura, el enfoque funcionalista no adoptó una
visión crítica de la estructura de la sociedad (especialmente de
las desigualdades económicas), misma que hace que las
oportunidades educativas y laborales estén más disponibles
para unos que para otros. Además, omite examinar las rela-
ciones de poder implícitas entre hombres y mujeres o
con- siderar el hecho de que las tareas asignadas a las
mujeres y a los hombres son valoradas de manera desigual
por sociedad (Kemp, 1994). Similarmente, el modelo de
capital humano se origina en la premisa de que las
personas son valoradas en función de su capital
humano en un mercado abierto y competitivo donde
la educación, capacitación y otras características que
resaltan el trabajo se toman en cuenta. Desde esta
perspectiva, quienes ganan menos di- nero (a menudo
hombres de color y todas las mujeres) no tienen a quien
culpar, sino a sí mismos.
David Adamson / Shutterstock

Perspectivas del conflicto


De acuerdo con muchos analistas del conflicto, la división laboral
por
género en las familias y en el lugar de trabajo proviene
del control y dominio masculino sobre las muje- res y los
recursos. Las diferencias entre hombres y mujeres pueden
existir en términos de poder económico, político, físico o
interpersonal. La importancia del monopolio mas- culino
en cualquiera de estos terrenos depende del signi- ficado
de ese tipo de poder en una sociedad (Richardson, 1993). En
las sociedades de caza y recolección y en las de agricultura, el
dominio masculino sobre las mujeres está limitado debido a que
todos sus miembros deben trabajar para sobrevivir (Collins,
1971; Nielsen, 1990). En las socie- dades agrarias, sin embargo,
el dominio sexual masculino está en su punto más alto. Los
jefes del hogar ganan un mo- nopolio no sólo de poder físico,
sino también económico, y las mujeres se vuelven una
propiedad sexual.
Aunque la capacidad de los hombres para utilizar el poder físico para controlar a las mujeres disminuye en las
sociedades industriales, los hombres siguen siendo jefes del
hogar y controlan la propiedad. Además, los hombres ga-
nan más poder gracias a su predominio en los oficios me- jor
pagados y prestigiosos y en las oficinas más selectas. En
contraste, las mujeres tienen la capacidad de intercambiar sus
recursos sexuales, compañerismo y apoyo emocional en el
mercado del matrimonio por el apoyo financiero de los hombres
y el estatus social; como resultado, sin em- bargo, las mujeres
como grupo permanecen sometidas a los hombres (Collins,
1971; Nielsen, 1990).
No todos los hombres son igualmente privilegiados; algunos analistas sostiene que las mujeres y los hombres de las
clases altas son más privilegiados, debido a su poder
económico, que los hombres en posiciones de la clase baja y
toda la gente de color (Lorber, 1994).
Gordon Brown, primer ministro del Reino Unido, habla
en una conferencia de prensa en Londres. En la política siempre hay preponderancia de hombres. ¿Cómo interpretaría
este desequilibrio un teórico del conflicto?

Fotorreportaje
70

¿Cómo "hacemos género"


en el siglo XXI?

¿
Qué formas distintivas de actuar y sentir son características de
las mujeres? ¿De los hombres? Por siglos, la gente ha utilizado
una dicotomía masculino/femenino para contestar estas pre-
guntas y, en el proceso, ha identificado las con- ductas de
mujeres y hombres como opuestas en muchos aspectos:
se supone que los hombres son "hombres de verdad❞ y
encuentran la concepción normativa de la mas- culinidad
siendo agresivos, independientes y poderosos, mientras
que las mujeres se suponen que deben demostrar
su feminidad al ser pasivas, dependientes y débiles.
Sin embargo muchos teóricos, utilizando una
perspec- tiva de interaccionismo simbólico, sugieren que el
género es algo que hacemos, en lugar de que sea un
conjunto de atributos masculinos y femeninos que residen dentro
del individuo. Los sociólogos Candace West y Don H. Zim-
merman (1987) acuñaron el término "hacer género" para
referirse al proceso por el cual creamos socialmente dife-
rencias entre hombres y mujeres que no están basadas en factores
naturales, esenciales o biológicos, sino en las co- sas que
hacemos en nuestras interacciones sociales. De acuerdo con
West y Zimmerman (1987), la responsabilidad está
implícita en el proceso de hacer género: sabemos que nuestras
acciones serán evaluadas por los demás basándose en lo bien
que piensen que cumplimos con las concepcio- nes normativas
de actitudes apropiadas y actividades
q

uela gente espera de nuestra categoría sexual (las acciones


so- cialmente requeridas que identifican a una persona como
pertenecientes al género masculino o femenino).
¿Cuál es la principal diferencia en estos dos
enfoques? Estos puntos de vista están basados en diferentes
suposi- ciones. La dicotomía masculino/femenino se fundamenta en la
suposición de que las mujeres y los hombres tienen,
inherentemente, diferentes características, mientras que el
concepto de hacer género se basa en la suposición de
que, a través de nuestras interacciones con otros producimos,
reproducimos y sustentamos los significados sociales que están
en concordancia con el género en una sociedad deter- minada,
en cualquier punto específico del tiempo (en otras palabras,
esos significados cambian de manera regular y de un lugar a
otro). Enfocándonos en el género como un logro (más que en
algo que está previamente establecido), los interaccionistas
simbólicos enfatizan que la resistencia de ciertos individuos a las
normas de género existentes se puede probar y que el cambio
social es posible. Las teo- rías de la interacción simbólica también
nos advierten que es menos probable que el cambio tenga
lugar cuando las personas se sientan en la necesidad de
justificarse ante otros por su comportamiento como mujer o como
hombre (Fenstermaker y West, 2002).
Monkey Business Images / Shutterstock
Cuando veas las fotos de estas tres páginas, piensa so- bre cómo las personas en cada caso están
“haciendo gé- nero" en la vida diaria. ¿Están
haciendo género con base en que lo que perciben son
las expectativas normativas de otros? ¿O están
haciendo género como ellos creen que es adecuado?
¿Qué piensas?
Género y apariencia
¿Cómo se manifiesta el género en un viaje de
compras? Consideremos, por ejemplo, las
diferencias de atuendo en esta foto. Para el
hombre una salida casual implica usuar sandalias, unos
pantalones cómodos y una playera sport. Para la
mujer un bien armado atuendo con tacones, vestido
y zapatos combinados, maquillaje y peinado esmerados.
En

refle

Crete

han

act

Com

Género y carreras profesionales En las


últimas décadas, más mujeres se han
convertido en doctoras y abogadas que
en el pasado. ¿Cómo afectó esto la forma
en que las personas hacen género en
ambientes que reflejan su profesión?
¿Se ven y actúan las mujeres más
como sus colegas masculinos, o los
hombres han cambiado su apariencia y
actividades en el trabajo como
consecuencia de tener mujeres como
colegas?
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Género e interacción social ¿Cómo
se ve que aquí
que los hombres hacen género después de
su juego de basquetbol? Considera, por
ejemplo, lo que tienen puesto, cómo están
sentados y cómo se comunican con los demás.
Si en esta foto hubiera dos mujeres en lugar de
dos hombres, ¿de qué manera serían
diferentes su ropa, acciones y expresiones?
Género y vida hogareña
A pesar de que en años recientes más
hombres han asumido una mayor
responsabilidad en la casa respecto a las
tareas del hogar y el cuidado de los niños,
a las mujeres se les suele ver como las
principales cuidadoras de los hijos.
¿Nuestra sociedad todavía las considera más
que a los hombres responsables del
bienestar de los hijos?
371

CAPÍTULO 11
SEXO Y GÉNERO
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Género y éxito
Cuando oyes que se refieren a alguien como "persona de negocios acaudalada", ¿tiendes a pensar que
es hombre o mujer? ¿Están los típicos accesorios de éxito, como los autos de lujo y los aviones
privados costosos, más asociados con la forma de hacer género de los hombres o con la de las
mujeres? ¿Crees que esta situación cambiará en el futuro?

Reflexión y análisis

1. Si asistes a una clínica médica por primera vez y te


dicen que te va a atender "la persona encargada
de la guardia", ¿supondrías automáticamente que
esa persona es un hombre? De ser así, ¿por qué?
2. ¿Depende tu conducta social del contexto de género?
En otras palabras, ¿te comportas de manera diferente si a
tu alrededor sólo hay miembros del mismo sexo que si te
encuentras en situaciones mezcladas? Pro-
porciona un ejemplo específico de una situación en que hayas
sentido la necesidad de adaptar tu conduc- ta debido a las
expectativas sociales y de género. 3. ¿Crees que las
diferencias marcadas en la forma de
vestir de dos personas cuando se ven en una cita
puede afectar el resultado de su encuentro? ¿Por
qué sí o por qué no?

sexism in the classroom

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372
Recurre al video

Mira el video de la ABC ¿Son más inteligentes los


hombres? Sexismo en el salón de clases (adelántalo al minuto
4:33), disponible en el sitio web complementario de
Kendall y por medio de las cuentas de Cengage Learning
eResources. Este reporte especial se enfoca en la
experiencia del destacado neurobiólogo Ben Barres, quien
se convirtió de mujer a hombre transexual a la edad de cuarenta
años. Habiendo estado activo en su campo siendo Bárbara y siendo
Ben, el Dr. Barres ha ganado una perspectiva única en la
percepción tendenciosa de hombres y mujeres en la
ciencia. Cuando veas el video, piensa en las fotografías, en los
comentarios y en las preguntas que encontraste en este
reportaje fotográfico. Después de que lo hayas visto,
considera otra pregunta: ¿cómo reflejan las experiencias
de vida y los logros profesionales de Ben Barres el
concepto de "hacer género" de West y Zimmerman?
ARE MEN SMARTER? SEXISM IN THE CLASSROOM?

[Link]
‫אום‬
En las sociedades industrializadas, las personas que
ocupan las posiciones privilegiadas en corporaciones, uni-
versidades, medios de comunicación y gobierno, o quienes
tienen una gran riqueza son las que tienen el máximo
poder (Richardson, 993). Sin embargo, la mayoría son hombres.
Los teóricos del conflicto en la tradición marxista afir- man que
piedad
la estratificación de género se deriva de la pro-
privada de los medios de producción; algunos
hombres no solamente ganan control sobre la propiedad
y la distribución de mercancías, sino también obtienen
poder sobre las mujeres. De acuerdo con Federico Engels y
Carlos Marx, el matrimonio sirve para reforzar el dominio
mascu- lino. Los hombres de clase capitalista instituyeron el
matri- monio monogámico (una institución por género) para que
pudieran estar seguros de la paternidad de sus descendien-
tes, especialmente hijos varones, para que heredaran su ri-
queza. Los analistas feministas han examinado esta
teoría, entre otras, al tratar de explicar el dominio masculino y
la estratificación de género.

Perspectivas feministas
El feminismo, la creencia de que las mujeres y los
hom- bres son iguales y deberían ser valorados de igual
ma- nera y tener los mismos derechos, es aceptado tanto por
hombres como por mujeres. Comparte con los estudios
acerca de los hombres el punto de vista de que el género es un
concepto construido socialmente que tiene importan- tes
consecuencias en la vida de todas las personas (Craig,
1992). Según el sociólogo Ben Agger (1993), los hombres
pueden ser feministas y proponer teorías feministas; tanto
los hombres como las mujeres tienen mucho en común
cuando tratan de obtener un mejor entendimiento de las causas
y consecuencias de la desigualdad de género. En las
últimas tres décadas se han formado muchas organizacio- nes
para
defender causas que únicamente afectan a mujeres o a
hombres y ayudar a las personas a comprender mejor la
desigualdad de sexos (véase cuadro 11.4).
La teoría feminista busca identificar formas en que las
normas, roles, instituciones y expectativas internas limi-
tan la conducta de las mujeres. También trata de demos- trar
cómo el control personal de las mujeres opera aun dentro de la
restricción de una relativa falta de poder (Stewart, 1994).

Feminismo liberal En el feminismo liberal, la igual- dad de


género está equilibrada con la igualdad de opor-
tunidades. El origen de la opresión femenina radica en la
falta de igualdad de derechos civiles y oportunidades edu-
cativas. Sólo cuando estas restricciones en la participación de la
mujer sean eliminadas podrán tener la misma opor-
tunidad de éxito que los hombres. Este enfoque señala la
importancia que juega el género-rol en la socialización y
sugiere que necesitan realizarse cambios acerca de lo que
los niños aprenden de sus familias, maestros y
medios de comunicación sobre las actitudes y conductas
masculinas y femeninas apropiadas. Los feministas
liberales luchan por mejores opciones en cuanto al cuidado
infantil, el
derecho de la mujer para elegir el aborto y la
eliminación de la discriminación sexual en el lugar de
trabajo.

Feminismo radical Según los feministas radicales, el


dominio masculino causa todas las formas de opresión humana,
incluido el racismo y la diferenciación de clases (Tong, 1989).
A menudo, las feministas radicales rastrean las raíces del
patriarcado en las responsabilidades de la mujer en la
maternidad y la crianza de los niños, lo que las hace
dependientes de los hombres (Firestone, 1970; Chafetz,
1994). Desde el punto de vista de las feministas radicales, la
opresión femenina es deliberada y su justifica- ción ideológica
para esta subordinación está dada por ins- tituciones como los
medios de comunicación y la religión. Para que la condición
de la mujer mejore, las feministas afirman que el
patriarcado debe ser abolido. Si las institu- ciones
generalmente tienen género, instituciones alternati- vas como las
organizaciones de mujeres en busca de una mejor salud,
cuidado diario y albergues para víctimas de la violencia
doméstica y violación deberían desarrollarse para satisfacer las
necesidades de la mujer.

Feminismo socialista Los feministas socialistas sugie- ren que la opresión de la mujer es resultado de sus roles duales como
trabajadoras remuneradas y no remunera- das en la
economía capitalista. En el lugar de trabajo, las mujeres
son explotadas por el capitalismo; en el hogar por el
patriarcado (Kemp, 1994). Las mujeres son fácilmente
explotadas en ambos sectores; se les paga salarios bajos y
tienen pocos recursos económicos. La segregación laboral
por género es "el mecanismo primario en la sociedad capi-
talista que mantiene la superioridad de los hombres sobre las
mujeres porque impone los salarios bajos para la mujer en
el mercado laboral" (Hartmann, 1976:139). En conse- cuencia, las
mujeres deben realizar las tareas domésticas, ya sea para
obtener apoyo económico de un hombre me- jor
remunerado o para estirar sus propios salarios (Lorber, 1994). De
forma de lograr la
acuerdo con las feministas socialistas, la única
igualdad de géneros es eliminando el capitalismo y
desarrollando una economía socialista que brinde
remuneraciones y derechos iguales para las mujeres.

Feminismo multicultural Recientemente, los acadé- micos y activistas


han considerado las experiencias de las mujeres de color desde
una perspectiva feminista. Las ex- periencias de las mujeres
afroamericanas y latinas/chicanas han sido de particular interés
para algunos analistas socia- les. Basándose en los derechos
civiles y los movimientos fe- ministas de fines de la década de
1960 y principios de la de 1970, algunos feministas
contemporáneos negros se han en- focado en las
experiencias culturales de las mujeres afroame- ricanas. La
hipótesis central de este análisis es que la
raza,

feminismo creencia de que las mujeres y los hombres


son iguales y deberían ser valorados de igual manera y
tener los mismos derechos
373
CAPÍTULO 11 *
SEXO Y GÉNERO
374
INEQUIDAD SOCIAL
PARTE 3

Cuadro 11.4 Tú puedes hacer


la diferencia

Afiliarse a organizaciones para vencer


el sexismo y la desigualdad de géneros
Durante las últimas cuatro décadas, muchos estudiantes -
como tú se han involucrado activamente en organi- zaciones que
buscan desmantelar el sexismo y reducir las desigualdades
basadas en el género en Estados Unidos y en otras
naciones. Dos personas hablan acerca de la im- portancia de la
defensa feminista para las mujeres y los hombres:

Fui educada en una ética feminista pura, sin adulterar...


[Pero] el feminismo en el que fui educada era muy cere-
bral. Forzaba a un mundo lleno de personas a
cambiar la forma en que pensaban acerca de las mujeres.
Quiero más que sus mentes. Quiero ver que lo
hagan... Sé que sentada sin intervenir no obtendré lo que
quiero de mi movimiento. Y es mío... No te engañes al
pensar que el feminismo está pasado de moda. El
movimiento es nuestro y lo necesitamos... La próxima
generación se acerca (Neuborne, 1995: 29-35).
-Ellen Neuborne, reportera de USA
Today

Para los hombres que están confundidos (es decir, que


enfrentan problemas relacionados con sus vidas
emo- cionales, sexualidad, su lugar en la sociedad y
políticas de género), en otras palabras, yo y prácticamente
cualquier otro hombre que haya conocido alguna vez, el
feminismo ofrece el mejor camino para la compren- sión
de la política de tales problemas personales y cómo
terminar con ellos (Jensen, 1995:111).
-Robert Jensen, profesor de periodismo en la
Universidad de Texas en Austin

Si te interesa unirte a una organización que trata con el pro-


blema del sexismo o que organiza actividades como Take
Back the Night, acto anual que promueve la conciencia de la
violencia contra las mujeres, ponte en contacto con la
ofi- cina de actividades estudiantiles de tu universidad.
Hay oportunidades para participar en las organizacio- nes locales, estatales y nacionales que promueven los de-
rechos de las mujeres o de los hombres. A continuación
algunos ejemplos:

The National Organization for Women (NOW por sus si- glas
en inglés, Organización Nacional para las Mujeres), 1100 H
St. NW, 3er piso, Washington, DC 20005. (202) 628-8669.
NOW trabaja para terminar con el sesgo de género y busca
una mayor representación de la mujer en todas las áreas de
la vida pública. En internet, NOW proporciona enlaces para
otros recursos feministas: [Link]

National Organization for Men Against Sexism (NOMAS por


sus siglas en inglés, Organización Nacional para Hombres en
Contra del Sexismo), P.O. Box 455, Louisville, CO 80027. (303)
666-7043. NOMAS presenta una postura profeminista que
busca terminar con el sexismo y una postura afirmativa
sobre los derechos de los gays y las lesbianas.

En internet:

MenWeb (Men's Voices Magazine) es una revista electró-


nica que ofrece apoyo y defensa a los hombres. Consta de
artículos sobre el movimiento de los hombres y un
calendario nacional de los eventos masculinos, así como
enlaces a otros sitios. [Link]

clase y género son fuerzas que oprimen


simultáneamente a las mujeres afroamericanas (Hull, Bell-
Scott y Smith, 1982). Los efectos de estos tres estados
no se pueden explicar ade- cuadamente como "doble" o
"triple" obstáculo (raza + clase + género una mujer
afroamericana pobre) porque estas características
atribuidas no se pueden simplemente sumar una a la otra. En
cambio, son de naturaleza multiplicativa (raza x clase x género);
diferentes características pueden ser más significativas en una
situación que en otra.
Por ejemplo, una mujer adinerada (clase) puede
estar en una posición privilegiada en comparación con gente de
color (raza) y hombres de posiciones socioeconómicas más
bajas (clase), aunque esté en una posición subordinada
en comparación con un hombre blanco (género) de la clase ca-
pitalista (Andersen y Collins, 1998). Con el fin de analizar la
compleja relación entre estas características, las experien-
cias vividas por mujeres afroamericanas y otras "personas
acalladas" deben ser escuchadas y examinadas dentro del contexto
de condiciones históricas y sociales determinadas.
Otro ejemplo de estudios feministas multiculturales es el trabajo de la psicóloga Aída Hurtado (1996), quien exploró
la identificación cultural de las latinas/chicanas. Según Hur- tado,
existen diversas diferencias entre los puntos de vista del
mundo sobre las mujeres blancas (no latinas) que participan en el
movimiento femenino y muchas chicanas que tienen un fuerte
sentido de identidad con sus propias comunidades. Hurtado
(1996) sugiere que las mujeres de color no poseen el
“privilegio relacional" que tienen las mujeres blancas de-
bido a su proximidad con el patriarcado blanco a través de
sus esposos, padres, hijos y otros. Como otros feministas multi-
culturales, Hurtado apela a "políticas de inclusión", creando
estructuras sociales que lleven a una conducta positiva y
lle- ven a más personas a un diálogo acerca de cómo
mejorar la vida social y reducir desigualdades. Los
fennistas que anali- zan raza, clase y género sugieren que la
igualdad sólo ocurrirá cuando todas las mujeres, sin importar
raza etnia, clase, edad, religión, orientación sexual o habilidad o falta
de ella, sean tratadas más equitativamente (Andersen y Collins,
1998).
Jose Gil/Shutterstock
escord LIVES
Soves
STAND UP
DEFEND
THOSE WHO ARE
AR
SL
Sv
Las latinas se han involucrado crecientemente en el activismo en
causas que les son importantes. Esta mujer participa en una
marcha en favor de las pruebas científicas con animales.
prendas de vestir y clases de acondicionamiento físico, y puros
y bares y "clubes para caballeros". La popularidad de su libro
sugiere, entre otros, que los temas de desigualdad de género y
de los roles de los hombres y mujeres en la so- ciedad están
muy lejos de quedar resueltos.

Cuestiones de
género en el futuro
Durante el siglo pasado, las mujeres realizaron progresos
significativos en la fuerza laboral (Reskin y Padavic, 2002). Las
leyes prohibieron la discriminación sexual en el lugar de
trabajo y en la escuela. Los programas de acción afirma- tiva
ayudaron a que las mujeres fueran más visibles en la
educación, el gobierno y el mundo profesional. Más muje- res
entraron en el terreno político como candidatas en lu- gar de
como voluntarias en las oficinas de campaña de los candidatos
varones (Lott, 1994).

Evaluación del conflicto y perspectivas feministas El


conflicto y las perspectivas feministas brindan conoci-
mientos dentro de los aspectos estructurales de la
desigual- dad de género en la sociedad. Estos enfoques
enfatizan factores externos a los individuos que contribuyen a
la opre- sión de las mujeres blancas y gente de color; sin
embargo, han sido criticados por enfatizar las diferencias entre
hom- bres y mujeres sin tomar en cuenta los aspectos que
compar- ten. Los enfoques feministas también han sido
criticados por su énfasis en el dominio de los hombres sin un análisis co-
rrespondiente de las formas en que algunos varones
pueden estar oprimidos también por el patriarcado y el
capitalismo.
375
Muchos hombres se unieron a movimientos para au- mentar su conciencia, reconociendo que lo que es perju- dicial para
las mujeres también puede serlo para ellos. Por ejemplo,
los salarios más bajos de las mujeres en la fuerza
laboral disminuyen los salarios de los hombres de la misma
forma; en una familia con dos cheques de pago, las mujeres
a quienes se les paga menos contribuyen menos a las
finanzas, colocando así un peso mayor en el hombre para que
gane más dinero.

Recientemente, el debate acerca de si el movimiento feminista ha


disminuido el bienestar de los niños y los hombres ha
continuado. El sociólogo William J. Goode (1982)
sugiere que algunos hombres se han sentido "bajo
ataque" por las demandas de igualdad de las mujeres,
pues ellos no se ven a sí mismos como responsables de las
condiciones sociales tales como el patriarcado, sino que
atribuyen sus propios logros al trabajo arduo y a la inteli-
gencia, no a los patrones sociales construidos a partir de la
dominación y subordinación femeninos.
CAPÍTULO 11

En medio de estos cambios, sin embargo, muchos te- mas sobre género permanecen sin resolverse. En la fuerza laboral, la
segregación de género y la brecha salarial todavía son un
problema. Aunque las mujeres siguen estrechando la
brecha salarial, ganan cerca de 80 centavos por cada dó- lar
comparado con los hombres y los analistas creen que la
disminución puede atribuirse, en parte, al auge económico
(para algunos) del decenio de 1990. Los empleadores han
tenido que buscar empleados basándose en el mérito (más que
la raza, clase y género) con objeto de tener el número y tipo
de trabajadores que necesitan para satisfacer las de-
mandas de la competencia mundial (Barakat, 2000).

En Stiffed: The Betrayal of the American Man (Petrifi-


cados: La traición del hombre americano), la autora y pe-
riodista Susan Faludi (1999) sostiene que los hombres no están
tan preocupados por la posibilidad de que el movi-
miento feminista disminuya su propia importancia, como
por la crisis de identidad que experimentan provocada por
el actual énfasis social en la salud, poder, fama y
apariencia (a menudo hasta la exclusión de valores
sociales significa- tivos). Según Faludi, los hombres están
cada vez más cons- cientes de la imagen de su
cuerpo y gastan sumas de dinero cada vez más
grandes en cosméticos para hombres, salud,
Aunque algunos empleadores han implementado po- líticas de licencia familiar, éstas no relevan a la mujer de
Zurijeta / Shutterstock
SEXO Y GÉNERO
Algunos analistas consideran que los enfoques
contemporáneos sobre la educación no satisfacen las necesidades de
los niños y que tal vez son responsables de su declive en los logros
académicos. ¿Qué piensas de este asunto?
376
PARTE 3
INEQUIDAD SOCIAL
la carga doméstica en la familia. Los analistas creen que el peso de
una "doble jornada" o "segundo turno" proba- blemente
preservará la desigualdad de las mujeres en el hogar y en el
lugar de trabajo durante una generación más (Reskin y
Padavic, 2002).
¿Cómo afectarán los problemas económicos de
princi- pios del siglo XXI la desigualdad de género en Estados
Uni-

Repaso del capítulo


• ¿Cómo difieren el sexo y el género?
El sexo se refiere a las categorías biológicas y a las manifes-
taciones de feminidad y masculinidad. En resumen, el sexo es
(generalmente) con lo que hemos nacido; el género es lo
que adquirimos mediante la socialización.

• ¿Cómo difieren los roles de género y la


identidad de género de las instituciones de género?
El rol de género abarca las actitudes, conductas y activida-
des que la sociedad asigna a cada sexo y que se aprenden
por medio de la socialización. La identidad de género es
una percepción individual de uno mismo, ya sea como mujer o
como hombre. En contraste, las instituciones de género
son
esas características estructurales que perpe- túan la
desigualdad de género.

¿Cómo afecta la naturaleza del trabajo a la


igualdad de género en las sociedades?
En la mayoría de las sociedades de caza y recolección existen
relaciones bastante equitativas entre las mujeres y los hom- bres
debido a que cualquiera de los sexos tiene la habilidad de
proveer la comida necesaria para la supervivencia. En las
sociedades agrícolas existe un grado justo de igualdad de género
porque ningún sexo controla el abastecimiento de comida. En las
sociedades agrarias, el dominio masculino. es muy evidente; las
tareas agrarias requieren más trabajo y fuerza física y las mujeres,
a menudo, están excluidas de ellas porque son vistas como
demasiado débiles o muy atadas a las actividades del cuidado de
los hijos. En las sociedades industrializadas hay una brecha entre
el trabajo no remune- rado realizado por las mujeres en el hogar y
el trabajo rea- lizado por los hombres y las mujeres. También
existe en el mercado una brecha salarial entre las mujeres y los
hombres.

• ¿Cuáles son los agentes clave de la


socialización de género?
Los padres, compañeros, maestros y escuelas, deportes y
los medios de comunicación son agentes de socialización que
dos y alrededor del mundo? Es muy pronto para decirlo, pero la precipitación de la crisis económica
probablemente la sentirán con más fuerza las
mujeres que los hombres, en particular los
individuos que ya estaban en un riesgo social y
financiero mayor. ¿Qué piensas que se pueda hacer
para proporcionar más oportunidades iguales a niñas
y mujeres, aun en tiempos económicos difíciles?

tienden a reforzar los estereotipos de la conducta


apropiada del género.

¿Qué causa la desigualdad de género en


Estados Unidos?

La desigualdad de género es consecuencia de la discrimi-


nación económica, política y educacional contra la
mujer. En la mayoría de los lugares de trabajo, los empleos
son se- gregados por género o la mayoría de los empleados
son del mismo género. Aunque el grado de segregación
de género en el lugar de trabajo profesional ha declinado
desde la dé- cada de 1970, la segregación racial y étnica sigue
estando profundamente arraigada.

• ¿Cómo está relacionada la segregación laboral con la brecha salarial?


Muchas mujeres ocupan puestos en trabajos de menos
prestigio y peor pagados que los hombres. Esta
segregación. laboral lleva a una disparidad, o brecha
salarial entre los salarios de las mujeres y los de los hombres.
Aun cuando las mujeres estén empleadas en el mismo trabajo
que los hombres, en promedio no reciben un mismo pago o un
pago comparable.

• ¿Cómo difieren los funcionalistas y los teóricos del conflicto en su opinión sobre la división de
labores por género?
Según los analistas funcionalistas, el rol de las mujeres
en las sociedades industrializadas contemporáneas como
proveedoras de cuidados es crucial para asegurar
que las tareas clave de la sociedad se cumplan. El
esposo realiza las tareas prácticas de sustento
económico y de toma de decisiones; la esposa asume las
tareas expresivas de proporcionar afecto y apoyo emocional a
su familia. De acuerdo con los analistas del conflicto, la
división de gé- nero del trabajo dentro de las familias y el
lugar de trabajo, particularmente en las sociedades
agrarias e industriales, se origina debido al control y
dominio del hombre sobre las mujeres y los recursos.

CENGAGENOW"
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