Trabajo final
Laura Sofía Quiñones Ladino
Universidad Nacional de Colombia
Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales
Descentralización y régimen territorial
Ruvin Ariel Huffington Rodriguez
2024-2
Introducción
El ordenamiento territorial en Colombia es un tema de profunda relevancia para el desarrollo
sostenible, la equidad regional y la construcción de paz. Sin embargo, este proceso ha estado
históricamente marcado por la concentración del poder económico y político en unos pocos
centros urbanos, lo que ha generado profundas desigualdades regionales y marginalización de
vastas áreas del territorio nacional. Este ensayo busca demostrar la relación entre el
ordenamiento territorial y esta concentración de poder, analizando los conceptos de espacio,
espacialidad y territorio, la configuración espacial y territorial de Colombia, la organización del
Estado colombiano y las perspectivas históricas y prácticas de la descentralización. Para ello, se
recurre a autores como Boisier, Delgado Mahecha, Estupiñán Achury, Coraggio, Brieger y otros,
cuyas aportaciones teóricas y críticas enriquecen el análisis. A lo largo de este ensayo, se
argumentará que la concentración del poder en unos pocos centros ha dificultado un
ordenamiento territorial equitativo y sostenible, y que es necesario promover un modelo de
desarrollo con base popular para superar estas desigualdades.
Primera unidad temática: Conceptos de espacio, espacialidad y territorio
La geografía contemporánea se ha caracterizado por su capacidad para adaptarse a los cambios
sociales, políticos y epistemológicos del mundo actual. Dos textos fundamentales para
comprender estas transformaciones son "Debates contemporáneos sobre la geografía
contemporánea" de Ovidio Delgado Mahecha y "Espacio-espacialidad y transdisciplinariedad
en geografía" de Luis Montañez. Mientras Delgado Mahecha analiza los debates teóricos y
metodológicos que han marcado la disciplina, Montañez profundiza en los conceptos de espacio
y espacialidad, proponiendo un enfoque transdisciplinario para abordar los problemas
geográficos.
Los conceptos de espacio, espacialidad y territorio son fundamentales para entender las
dinámicas sociales, políticas y culturales que configuran el mundo en que vivimos. Aunque a
menudo se utilizan de manera intercambiable, cada uno de estos términos tiene un significado
específico y una carga teórica particular. El espacio proporciona el marco general en el que se
desarrollan la espacialidad y el territorio. La espacialidad, por su parte, da cuenta de cómo los
seres humanos experimentan y transforman el espacio, mientras que el territorio introduce una
dimensión de poder y control que delimita y organiza el espacio.
La geografía es una disciplina fundamental para entender las complejas relaciones entre
la sociedad y el espacio, ya que proporciona herramientas para analizar cómo los seres
humanos interactúan con su entorno (Delgado Mahecha, 2003, p. 12).
Configuraciones espaciales y territoriales
● Espacio:
○ Producción: economía: producir, consumir, distribuir. Procesos de apropiación del
espacio
○ Creación: también se crea el espacio
○ Ecocreación: habitar con la naturaleza
● Lugar: Representa la cotidianidad, no lo local. Es un campo de relaciones
○ Producción
○ Deseo
○ Habitar
○ La cotidianidad
○ El bien-estar
● Territorio:
○ Espacios lugares de ejercicio de poder
○ Espacios, lugares de la trama de la vida
Montañez también destaca la importancia de entender el espacio desde una perspectiva cultural y
simbólica. Según el autor, "el espacio no solo es un escenario de acciones humanas, sino también
un elemento constitutivo de identidades y prácticas sociales" (Montañez, 2005, p. 35). Este
enfoque resalta la dimensión subjetiva del espacio, que es moldeada por las percepciones,
valores y significados que las personas le atribuyen. De esta manera, Montañez propone una
geografía más cercana a las realidades sociales y culturales de las comunidades.
Llegados a este punto cobra gran importancia entrar en la categoría de la geopolítica como una
herramienta indispensable para analizar los conflictos y las desigualdades que caracterizan el
mundo contemporáneo. Por ejemplo, la competencia por recursos naturales como el agua, el
petróleo o los minerales estratégicos es un tema geopolítico clave que tiene implicaciones
económicas, sociales y ambientales. Además, la geopolítica nos permite entender cómo las
decisiones de actores poderosos afectan a comunidades enteras, a menudo de manera desigual y
excluyente.
Segunda unidad temática: Configuración espacial y territorial en Colombia
La constitución política de 1991 marcó un cambio significativo en la configuración territorial de
Colombia al reconocer al país como un Estado unitario con autonomía para sus entidades
territoriales (departamentos, municipios y distritos), este hito marcó tres puntos fundamentales
para la reconfiguración territorial del país:
1. Reconocimiento de la autonomía territorial: Los departamentos y municipios
adquirieron competencias para administrar sus propios recursos, planificar su desarrollo y
gestionar servicios públicos. Esto significó un avance hacia la democratización del poder
y la participación local.
2. Creación de las entidades territoriales indígenas: La Constitución reconoció a los
territorios indígenas como entidades territoriales con autonomía para gobernarse según
sus usos y costumbres. Esto fue un paso importante hacia la inclusión de las comunidades
indígenas en la estructura del Estado.
3. Fortalecimiento de los municipios: Los municipios se convirtieron en la base de la
organización territorial, con responsabilidades en áreas como educación, salud,
saneamiento básico y planeación urbana.
Pese a ello, el panorama de la configuración política-territorial en Colombia se evidencia en la
distribución desigual de la población y los recursos, así como en la fragmentación territorial
causada por conflictos históricos y la explotación de recursos naturales. Boisier señala que “el
espacio es un palimpsesto en el que se superponen múltiples capas de significados y relaciones
sociales” (p. 15). Esta idea es fundamental para entender cómo el territorio colombiano ha sido
moldeado por intereses económicos y políticos.
Estupiñán Achury (2006) analiza la crisis del modelo territorial colombiano, señalando que la
centralización histórica del poder y los recursos ha generado desigualdades regionales profundas.
El autor argumenta que “el modelo territorial colombiano ha privilegiado el desarrollo de las
zonas urbanas en detrimento de las rurales, lo que ha exacerbado las brechas sociales y
económicas” (p. 95).
Esta crisis se manifiesta en varios aspectos:
● Desigualdad Regional: Mientras que las ciudades principales concentran la mayor parte
de la inversión pública y privada, las regiones periféricas enfrentan problemas como la
falta de infraestructura, el acceso limitado a servicios básicos y la pobreza extrema.
● Conflictos por la Tierra: La concentración de la propiedad rural en manos de pocos ha
generado tensiones sociales y conflictos armados. Izquierdo (1999) señala que “la disputa
por la tierra es uno de los factores clave que explican la violencia en Colombia” (p. 22).
● Degradación Ambiental: La explotación indiscriminada de recursos naturales, como la
minería y la deforestación, ha tenido un impacto negativo en el medio ambiente,
especialmente en regiones como la Amazonía y el Pacífico.
Tercera unidad temática: Organización y estructura del Estado colombiano
Es innegable la apertura (por lo menos formal) del terreno de la política y la nueva gama de
derechos constitucionalmente protegidos, además de novedosos mecanismos de participación
que aparentemente resultan en la ampliación de los canales existentes para la intromisión de las
bases históricamente excluidas de la política en dicho ámbito. Sin centrar nuestras energías en
desconocer las conquistas alcanzadas con el 91, al poner en consideración sus alcances con el
anteriormente definido desarrollo endógeno y por lo tanto, las condiciones del potenciamiento de
los individuos que habitamos el territorio nacional dadas por la parte más política de nuestro
neoliberalismo, encontramos estrecheces antiguas en la vida política y social -aunque con otro
rostro- renovadas.
Es imposible negar la flexibilización del régimen político post 91, sin embargo, esta
flexibilización, por ejemplo en el ejecutivo no deja de ser un cambio superficial en las formas de
concentración del poder que se llevan empleando a lo largo de la vida republicana de nuestro
país. Ejemplo de ello es la persistencia de los partidos tradicionales en el poder constituido del
país en sus diferentes dimensiones, pues 7 de los últimos 8 presidentes han contado con el apoyo
absoluto de los partidos tradicionales, siendo la única excepción el partido liberal durante los dos
periodos del Uribato, por la disidencia tácita de Vélez. Sumado a lo anterior, el componente
violento tan característico de la historia política colombiana tuvo al magnicidio de Pizarro León
Gómez, Jaime Pardo Leal y el genocidio de la UP un refrenamiento cruento por parte de la élite
anquilosada en el poder.
Lo anterior hace de ejemplo para mostrar cómo el cambio político expresado en la carta no es
compatible con las viejas formas de mantenimiento del poder político y económico reutilizadas
por el régimen, implicando así, una verdadera limitante a apuestas que desconcentren el poder
tendencialmente aglomerado en la región andina del país, sumado a la nueva forma de
acumulación que erosiona aún más las proyecciones de organización descentralizada para la
producción desde abajo, nos hace pensar en un reboot de las antiguas estructuras de dominación.
Cuarta unidad temática: Perspectivas teóricas y prácticas de la descentralización
La descentralización en Colombia ha sido un proceso marcado por avances y retrocesos,
influenciado por contextos políticos y económicos complejos, y profundamente condicionado
por el legado del centralismo conservador heredado desde la Constitución de 1886. Este
centralismo ha sido una constante en la producción y reproducción del poder político en el país,
consolidando un modelo de Estado que concentra las decisiones y los recursos en las élites
urbanas, mientras margina a las regiones periféricas. Este modelo ha perpetuado desigualdades
históricas, donde las dinámicas de poder han favorecido a unos pocos centros urbanos en
detrimento de vastas zonas rurales y territorios étnicos, que han sido sistemáticamente excluidos
de los procesos de desarrollo y toma de decisiones.
En la década de 1980, como señala Brieger (2002), América Latina experimentó una ola de
reformas neoliberales que promovieron la descentralización como una estrategia para reducir el
tamaño del Estado y mejorar la eficiencia en la prestación de servicios. Sin embargo, en
Colombia, este proceso no logró superar las prácticas clientelistas y corruptas que han
caracterizado la política local y regional. La descentralización, en lugar de empoderar a las
comunidades, se convirtió en un mecanismo para la contratación irregular y la ejecución
mediocre de proyectos, muchos de los cuales fueron fundamentales para la incursión en
territorios históricamente abandonados por el Estado y afectados por el conflicto armado. Lejos
de ser una herramienta para la democratización y el desarrollo local, la descentralización bajo el
modelo neoliberal se convirtió en un vehículo para la expansión de los capitales transnacionales,
que encontraron en estos territorios una puerta abierta para la explotación desmedida de los
recursos naturales. Esta dinámica ha tenido consecuencias devastadoras para el medio ambiente,
con la destrucción de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y la contaminación de fuentes
vitales como el agua, que no solo son esenciales para la subsistencia de las comunidades locales,
sino para la supervivencia misma de la humanidad.
El neoliberalismo, como modelo económico, ha dificultado la descentralización al priorizar la
privatización y la reducción del gasto público, lo que ha limitado la capacidad de las entidades
territoriales para gestionar sus recursos y promover un desarrollo local autónomo y sostenible.
Como plantea Boisier (2004), el desarrollo endógeno, que busca fortalecer las capacidades
locales y promover la participación ciudadana, ha sido marginado por las políticas neoliberales,
que privilegian la lógica del mercado sobre las necesidades de las comunidades. Este enfoque ha
generado una dependencia de las regiones frente a los intereses de actores externos, tanto
nacionales como internacionales, que ven en los territorios colombianos una fuente de riqueza
extractiva, pero no un espacio de vida digna para sus habitantes. La falta de inversión en
infraestructura, educación y salud en las regiones periféricas es una muestra clara de cómo el
neoliberalismo ha profundizado las desigualdades y ha obstaculizado un verdadero proceso de
descentralización.
A pesar de estos desafíos, la descentralización sigue siendo una herramienta clave para fortalecer
la democracia local y promover el desarrollo territorial. Sin embargo, para lograrlo, es necesario
superar las limitaciones impuestas por el neoliberalismo y avanzar hacia un modelo de desarrollo
más inclusivo y participativo. Este modelo debe estar centrado en un enfoque humanista que
reconozca la potencia de los individuos y las comunidades como actores principales de su propio
desarrollo. Se trata de construir una espacialidad en la que convivan la reproducción digna de la
vida humana y la reproducción de la naturaleza, entendiendo que ambas son interdependientes y
esenciales para la sostenibilidad del planeta.
Un ordenamiento territorial con base popular es fundamental para lograr una descentralización
real y efectiva. Este enfoque debe involucrar a las comunidades como principales decisoras y
realizadoras de las iniciativas que surjan desde el conocimiento de sus propias realidades. Las
comunidades, que han sido históricamente oprimidas por un Estado centralista y excluyente,
deben ser las protagonistas de su propio destino, construyendo desde abajo un modelo de
desarrollo que responda a sus necesidades y aspiraciones. El Estado, en este contexto, debe ser
entendido como una instancia de distribución y apoyo, pero no como el único actor con
capacidad de decisión. Se trata de superar la lógica vertical del poder y avanzar hacia un modelo
horizontal, donde las comunidades tengan la autonomía y los recursos necesarios para gestionar
sus territorios de manera sostenible y equitativa.
En conclusión, la descentralización en Colombia enfrenta grandes desafíos, pero también ofrece
oportunidades para construir un modelo de desarrollo más justo y sostenible. Para lograrlo, es
necesario superar las limitaciones del neoliberalismo, fortalecer las capacidades locales y
promover la participación ciudadana. Un ordenamiento territorial con base popular, que
involucre a las comunidades como protagonistas de su propio desarrollo, es fundamental para
lograr una descentralización real y efectiva. Este proceso debe pasar por el Estado, pero no
terminar en él, entendiendo que el verdadero poder reside en las comunidades y en su capacidad
para construir un futuro digno y sostenible para todos. Solo así se podrá superar el legado del
centralismo conservador y avanzar hacia un modelo de desarrollo verdaderamente democrático e
inclusivo.
Conclusión
El ordenamiento territorial en Colombia enfrenta grandes desafíos, pero también ofrece
oportunidades para construir un modelo de desarrollo más justo y sostenible. Para lograrlo, es
necesario superar las limitaciones del neoliberalismo, fortalecer las capacidades locales y
promover la participación ciudadana. Un ordenamiento territorial con base popular, que
involucre a las comunidades como protagonistas de su propio desarrollo, es fundamental para
lograr una descentralización real y efectiva. Este proceso debe pasar por el Estado, pero no
terminar en él, entendiendo que el verdadero poder reside en las comunidades y en su capacidad
para construir un futuro digno y sostenible para todos. Solo así se podrá superar el legado del
centralismo conservador y avanzar hacia un modelo de desarrollo verdaderamente democrático e
inclusivo.
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