2. ¿QUÉ ES EL BIENESTAR EMOCIONAL?
2.1 Hay que saber cuándo salirse de la lluvia.
Todos tratamos de adquirir el bienestar emocional. Al menos procuramos
alcanzar un estado de mente y cuerpo que sea tan satisfactorio como sea
posible. Cuando estamos cansados, bostezamos y nos estiramos, o nos vamos
a dormir; cuando nos sentamos en una silla dura, cambiamos de posición para
disminuir la incomodidad. Cuando el sol nos quema demasiado, nos
cambiamos a la sombra. Por la misma razón, cuando tenemos hambre no sólo
queremos comer sino que lo hacemos; de lo contrario estamos inquietos y nos
levantamos sin poder concentrarnos. Y cuando tenemos sed hacemos todo lo
posible por extinguirla. En suma, tratamos de satisfacer las necesidades de
nuestro cuerpo con el fin de sentirnos animados.
Este “saber cuando salirse de la lluvia” es un principio básico, para conseguir
vivir bien la vida. Es una extensión del instinto de autoconservación. De modo
similar, nuestra mente nos presiona hacia el placer, el reconocimiento, una
relativa posición y la seguridad. La obtención de esa dignidad de la mente y el
espíritu, constituye los fundamentos del bienestar emocional. Todos tendemos
a mejorar nuestro equilibrio interior.
2.2 El bienestar emocional es el bienestar total.
“No sólo de pan vive el hombre.” Tiene una mente lo mismo que un cuerpo, y
en esa mente radican las emociones que ha de satisfacer para sentirse
contento. El bienestar emocional abarca todo lo que tiene relación con el
estado emocional, intelectual, espiritual, ético, educacional, social y económico
-el bienestar total de la personalidad. Se encuentra emocionalmente satisfecho
cuando participa activa y de buena gana en la mayor parte de las situaciones
en que se encuentra, y aún más, cuando puede satisfacer la mayor parte de
sus necesidades con facilidad.
Otro modo de explicar esto es decir que la mente, como conjunto, está en
armonía con lo que nos rodea. El ego, el id y el superego no deben de estar en
lucha uno contra otro, a tal grado que el hombre se sienta insatisfecho. A todos,
tarde o temprano, los empuja algo más que un mero remordimiento de
conciencia. Pero esos arranques ocasionales son más o menos normales. Es
el equilibrio básico de la mente el que debe estar correcto. Ni el ego, ni el id, ni
el superego rigen la mente por separado sino como una entidad.
2.3 Hay que ser una persona íntegra y sana.
El bienestar emocional no significa, sin embargo, que usted conserve un estado
pasivo de la mente, exactamente como si estuviera sentado y calentándose
junto al fuego. Tal bienestar es un estado activo de la mente, en el que se
crean oportunidades, pero que al mismo tiempo trae consigo la libertad y el
dominio de sí mismo, y hasta el sentimiento de que usted tiene que promover
fuentes de nuevas realizaciones. Una tarea bien hecha, aun siendo pequeña,
produce una satisfacción que crea nuevo contento.
Para obtener el bienestar emocional, por consiguiente, es necesario ver
primero qué sucede dentro de nosotros mismos, y ser conscientes de lo que
ocurre en derredor. En segundo lugar, hay que aplicar ese conocimiento a la
conducta diaria, en un esfuerzo consciente por mejorar las actitudes
emocionales. En tercer lugar, hay que cambiar nuestra situación ambiental,
pero solamente cuando comprendamos plenamente las razones que tenemos
para ello y percibamos una clara necesidad de hacerlo así. Estos son los
primeros pasos para alcanzar el estado de bienestar emocional.
2.4 El encuentro de una nueva perspectiva.
La historia de Jorge ilustra los puntos anteriores:
Cuando Jorge me consultó por primera vez, estaba profundamente preocupado porque no podía
“encontrarse a él mismo”, aunque frisaba ya en los cuarenta años. Se sentía despechado ante la
perspectiva de tener que trabajar durante el resto de su vida como carpintero y ebanista, que
había sido su profesión en los veinte años anteriores. Aunque había sido feliz en su trabajo,
ahora estaba seguro de que éste ya no le satisfacía, Hablando después con él me di cuenta que
había estado tan estrechamente envuelto en sus problemas que no había podido ver el bosque
por ver los árboles. Sin comprenderlo, permaneció en un trabajo en el que había envejecido.
En visitas subsiguientes mencionó su gusto por el tallado en madera y la escultura, un punto que
yo acepté anhelante: “Es obvio, Jorge, que usted tiene más talento creador del que utiliza; y esta
es la razón, pienso yo, de que se sienta desdichado. ¿Ha considerado usted la posibilidad de
dedicarse a la escultura?”
La cara de Jorge se iluminó y, cuando se retiraba me dijo: “Usted me ha tratado un punto, doctor,
sobre el que quiero pensar”.
Cuando Jorge regresó a su casa comenzó a considerar más de cerca su situación. Comprendió
que no podía despreciar sus verdaderos deseos si quería tener éxito en cuanto a su felicidad y
no en sentido superficial.
Algún tiempo después encontró Jorge trabajo en una iglesia, en el tallado de bajorrelieves en
piedra. Un día pasó el arquitecto de la iglesia y admiró el trabajo de Jorge, y pidió a éste que
ensayara la ejecución de la cabeza de uno de los profetas, y Jorge convino en ello. Durante la
siguiente semana trabajó muy duro, poniendo su corazón y su alma en el trabajo. Y éste resultó
pleno de carácter y fuerza -el carácter y la fuerza que Jorge sentía ahora dentro de si. De
manera inconsciente, como puede verse, él había deseado crear una bella obra de arte, y su id
no le permitió descansar hasta que obtuvo lo deseado. El resultado fue que a Jorge se le
contrató como escultor en la iglesia y, desde entonces se ha sentido satisfecho y feliz.
Ahora usted pregunta: “¿Por qué Jorge no se había dado cuenta de que era
infeliz en su trabajo anterior y tratado de encontrar uno más agradable?” La
razón es que procedía de una familia pobre, y había tenido que trabajar muy
duro cuando mozalbete para ayudar a sostener esa familia; en consecuencia,
su sentido de responsabilidad no le había permitido procurarse un trabajo que
le ofreciera una entrada segura. Aunque su familia no dependió de él por
mucho tiempo, había continuado, sin saberlo, sintiendo que su felicidad
personal tenía que doblegarse ante las necesidades de ella. Pero su
inconsciente liberó su mensaje en forma de una depresión, lo que forzó a Jorge
a dar un paso positivo.
El caso de Jorge ilustra un modo de obtener el bienestar emocional:
aprender un nuevo medio de considerar una evaluación de si mismo en
relación con la situación que lo rodea, y encontrar luego un nuevo modo de
vivir. Para Jorge éste era relativamente fácil, porque albergaba una gran
cantidad de fuerza emocional para principiar el nuevo camino; pero pueden
liarse muchos ejemplos, aunque algunos de nosotros necesitemos más
autoexploración que otros. Buscando y utilizando la dádiva divina, dondequiera
que esté, puede uno fijar y alcanzar por sí mismo una meta más alta y
satisfactoria, y dar a la propia vida más significado.
El caso de Carlota representa otra ilustración de este punto:
Carlota era una muchacha frustrada e infeliz a la edad de veinte años. Trabajaba en el almacén
de su padre que, como única hija que era, heredaría un buen día. En cierta ocasión me dijo: “Mi
padre quiere que tome posesión del almacén, pero yo no encuentro absolutamente ningún
interés en vender. Me gustaría más un trabajo en que pudiera manejar cifras. Creo que él lo
siente, pero no puedo decírselo directamente porque no quiero lastimarlo”.
Aunque Carlota manejaba las cosas de tal modo que guardaba en apariencia buenas relaciones
con la gente y vendía razonablemente bien, era obvio para mi que en su fuero interno se sentía
tímida y reticente. Su padre creía que estaba haciendo lo mejor para ella, y no podía entender su
falta de interés en el almacén; él no comprendía que ella en realidad pudiera encontrar otro
trabajo en el que utilizase mejor su talento natural. Y la devoción de Carlota por su padre le
impedía ver que podría, con el tiempo, complacerlo más a la vista de su felicidad que siguiendo
lo que él creía más conveniente para ella. El psicoanálisis le ayudó a reconocer esto y a liberar
sus sentimientos lo suficiente para hallar una dirección.
Principió por asistir a una escuela nocturna y, después de un par de años de intenso trabajo, le
dijo a su padre que deseaba ser profesora de matemáticas Presentó su examen, recibió su
licenciatura y dio clases durante varios años. Posteriormente se le nombró maestra en una
escuela, y su padre se sintió sumamente feliz y orgulloso de la capacidad de su hija para
encontrar su propio lugar en la vida. Así, al tener una nueva perspectiva, pudo encontrar su tarea
en la vida, y con ella su bienestar.
No hacer nada por la propia vida y bienestar constituye un enfoque negativo de
las dificultades. Con ello solamente pone la posibilidad de obtener el bienestar
emocional y de aprender a adaptarse a uno mismo y a los que lo rodean, a un
camino que trae la felicidad. Más que en ningún otro caso se aplica aquí la
frase, “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. El diferir el día cuando
se principia a sentir y a pensar en la justa dirección no produce nada. La mente
no opera de modo tan sencillo. Los problemas sólo se mantienen así en
suspenso hasta que uno decide finalmente a resolverlos de algún modo, o es
compelido a ello. Se engaña uno a si mismo si cree que las cosas se resuelven
por sí solas.
Como muchas otras personas, usted tiene grandes impulsos en su interior que
le ayudarán a obtener el bienestar emocional. ¿Aceptará usted el reto?
Demuestre que puede hacer algo con su vida.
2.5 “¿Dónde está el denuedo?”.
Es probable que todos hayamos oído alguna inolvidable historia de valor. Era
quizá la historia de un joven que tenía encanto, habilidad, y, acaso la más
grande de todas las virtudes, la humildad.
Cuando conocí a López, era el propietario de una importante compañía en una de las más
grandes ciudades del mundo, pero no siempre había tenido dinero y posición. Lo cierto es que
en su primer trabajo ganaba diez dólares a la semana como aprendiz, vendiendo espacio
publicitario en un negocio pequeño, aunque lo cierto es que al principio no vendía nada. Tenía
miedo -miedo de la ciudad, de la gente, pero, más que todo de sí mismo. Los días pasaban y él
no hacía nada.
Finalmente el patron llamó a López a su oficina: “¿Dónde está su ánimo?”, le preguntó con voz
tranquila. “¿Se siente usted a gusto consigo mismo? Le contratamos a usted sencillamente por
ver sí demostraba habilidad. ¿Está dejando usted perder esa habilidad ahora, cuando puede
construirse un futuro por si mismo?”
López se sintió humillado. Sentía indignación y rabia, y no pudo decir una palabra. Pero se fue a
casa decidido a probar que la fe del patron en su habilidad era justificada. Al día siguiente vendió
espacio publicitario, y lo mismo al otro día y al subsiguiente. Y lo hizo así porque su patrón había
tenido el acierto de decirle precisamente lo que debía decirle. Cuatro semanas después López
pedía un ascenso. Cuando se estudiaron sus informes se descubrió que tenía tantas comisiones,
que había ganado más dinero que el mismo jefe.
Esto dio a López su punto de partida, el impulso que necesitaba para hacer algo de sí mismo.
Fue una lección que nunca olvidó.
Años más tarde almorzaba con su antiguo patrón, de quien había llegado a ser gran amigo. La
crisis de 1929 fue muy fuerte, y su primer patrón perdió la mayor parte de su capital; se sentía
deprimido, y desconsolado; la vida parecía no tener para él ningún significado. López le dijo,
medio en broma, medio en serio: “¿Dónde está su valor? ¿No tiene usted confianza?” y ambos
se echaron a reír.
Dos semanas después López tuvo una llamada de larga distancia de parte de su antiguo patrón,
en la que le hablaba de su nuevo trabajo y le daba las gracias por la ayuda. La breve-reunión
que había tenido le hizo ver que, durante las catorce semanas que había recorrido las calles sin
empleo, él fijó solamente la atención en su fracaso en vez de tener en cuenta sus capacidades y
los nuevos métodos de emplearlas.
A pesar de los duros reveses sufridos, fue capaz de dirigir su miseria. Apenas comprendió que
sus pensamientos negativos habían estado impidiéndole una acción constructiva, buscó la
oportunidad de cambiar las condiciones de vida que estaba soportando, y pudo transformar esas
condiciones y recuperar el éxito. Supo que toda situación tiene algo en potencia que puede ser
realizado. Y lo vio así porque era realista. No se sentó con los brazos cruzados a desear y a
soñar que algo apareciera en su camino. Recordó el “¡Busca y encontrarás!”, pues sólo el
hombre que busca adquiere el bienestar emocional.
2.6 Las reacciones de una persona dependen de su comprensión interna.
El patrón de López había tenido valor y lo había empleado para encontrar
su bienestar.
Pero, ¿dónde reside su valor? Y, además, ¿lo está usted utilizando? ¿Cuál es
el factor que vuelve fuerte a una persona y débil a otra, ese factor que hace
que un hombre se anonade al afrontar una dificultad en apariencia pequeña, y
que otro permanezca en pie en medio de dificultades casi insuperables?
La respuesta radica en el modo de reaccionar ante la situación que se afronta;
las reacciones dependen de la actitud interna, y la actitud interna se basa en el
conocimiento de si mismo, de lo que la persona es en realidad.
2.7 La actitud interna depende de lo introspección.
La actitud interna depende de tres factores:
1) la capacidad de percibir las cosas;
2) la capacidad de referir esas cosas a una situación dada;
3) la habilidad para continuar observándolas.
Todos ellos están directamente vinculados a la voluntad de explorarse a sí
mismo y a su propia situación en la vida, así como a la energía e implacabilidad
con que se practique esa introspección. La autoeducación es la curiosidad y la
inclinación natural a aprender -en este caso acerca de uno mismo.
2.8 La introspección depende de la fuerza autoeducativa.
La autoeducación -debido a que el camino es, en el más amplio sentido, un
proceso de autoeducación a través del cual crecen las emociones- depende del
esfuerzo que se ponga en obtener y emplear la introspección emocional. Al
grado de esta fuerza, al poder de conducirse a sí mismo es a lo que llamo
fuerza autoeducativa. Esta fuerza contiene energía, libido. Ella contiene la
fuerza del autoanálisis y la de autoinspección que, si se tiene éxito, ponen a
funcionar la fuerza de autodescubrimiento o la de autorrevelación. Solamente
después de que la fuerza de autonivelación germina en el conocimiento de si
mismo se puede principiar la propia instrucción. Todas esas inclinaciones que,
dentro de uno, consciente o inconscientemente tienden a desarrollar el
conocimiento de si mismo, ayudan a establecer la propia identidad -la total y
verdadera personalidad- deslindar las relaciones con el mundo circundante, y a
producir el bienestar emocional.
La fuerza autoeducativa forma parte de nuestro Ego, al cual le proporciona
energía y resistencia. Es parte de nuestra búsqueda, de nuestro anhelo de
saber. Este deseo varía en cada individuo y depende, como lo mencioné antes,
de la energía del Ego, la cual a su vez depende de la energía de las fuerzas
instintivas y de las relaciones que éstas guardan con el Ego. La autoeducación
connota un proceso consciente, aunque fundamentalmente es un proceso
inconsciente, puesto que surge de nuestra inherente inclinación a la curiosidad.
Dado que el elemento sexual está inmerso en esta tendencia, parte de los
procesos de autoeducación están cargados de sexualidad, aunque sea
inconscientemente. Tal explicación puede causarle a uno sorpresa. Pero basta
recordar que la curiosidad está ligada al impulso sexual como lo demuestra la
curiosidad de los niños por saber cómo han nacido, y lo dicho será más
comprensible.
La curiosidad es la raíz de la ciencia y de la investigación científica. Aunque
al principio se encuentren dificultades en el estudio científico de la mente, a
medida que se es más exacto y lógico en las observaciones de los modelos de
la propia conducta y de su evolución, más científico se torna el método de
quien explora.
2.9 ¿Por qué no aprendemos por experiencia?
Si vemos una sartén que humea, sabemos ciertamente por pasadas
experiencias que no debemos de tocarla. Por la misma razón, si corremos para
alcanzar un autobús, y el conductor arranca cuando hemos alcanzado la
puerta, debemos saber que no vale la pena ponernos furiosos por ello.
Tenemos que comprender que sólo a nosotros nos perjudica el convertir en
grandes tragedias aquellas cosas que no pueden cambiarse, y que ninguna
satisfacción obtendremos con esa conducta. ¿Pero, por qué volvemos a
hacerlo mismo en la siguiente ocasión?
La razón de que no aprendamos por la experiencia es que nuestras pautas
originales de hábitos interfieren con el reconocimiento de la lección que las
nuevas experiencias puedan darnos, y evitan por consiguiente que la
incorporemos a nuestros métodos de vida.
Un buen nadador no olvida nunca cómo se nada, ni un buen conductor
olvida cómo se maneja un coche, ni un muchacho cómo se monta una bicicleta.
Este mismo tipo de formación de hábitos ocurre en nuestra vida emocional. Si
nuestros sentimientos se han desarrollado de un modo constructivo, nada se
interpondrá para evitar que reaccionemos en forma constructiva ante las
experiencias nuevas, porque seremos capaces de actuar de acuerdo con
nuestras pautas de hábitos buenos, en los que estamos ya bien adiestrados.
Sin embargo, si la cólera, el miedo o el resentimiento están presentes de
manera inconsciente, aunque no sepamos por qué, nos encontramos
reaccionando en forma negativa ante las nuevas experiencias. Lo que sucede
entonces es que nuestras emociones hostiles han impedido que nuestras
tendencias constructivas respondan a esas nuevas experiencias.
Es imposible que respondamos normalmente si no descubrimos y
convertimos en conscientes nuestros sentimientos inconscientes. A medida que
continúan los procesos de autoeducación, se irán descubriendo mejor los
sentimientos ocultos. Se educará uno a sí mismo por el propio esfuerzo y, por
consiguiente, se estará más apto para separar el activo del pasivo (los
impulsos constructivos de los impulsos destructivos). Se sabrá entonces cómo
descartar el pasivo y cómo desarrollar el activo.
Para que la fuerza autoeducativa llegue a desarrollarse debidamente, sería
lo ideal que usted tuviese siempre conocimiento de los efectos de sus
experiencias y acciones pasadas sobre su vida emocional presente. Las
aprovecharía así para evitar cualquier género de conducta que supiera que
pudiese tener efecto nocivo sobre su bienestar, emocional. Pero esto es difícil,
porque el inconsciente es más poderoso que la fuerza autoeducativa por sí
sola. Lo que puede hacerse, sin embargo, es tratar, hasta donde sea posible,
que el inconsciente forme parte de la conciencia, convirtiendo en activos los
sentimientos, pensamientos e ideas que se han ocultado o reprimido.
2.10 La solución de los problemas tiene su raíz en el inconsciente.
La dificultad de encontrar soluciones adecuadas para la mayor parte de
nuestros problemas consiste en que éstos suelen tener raíces profundas en el
inconsciente. Por eso es tan difícil dar un consejo a las personas sobre una
situación específica. Con mucha frecuencia el único consejo que puede darse
es: “Sea usted constructivo al enfrentarla.”
Pero no es muy útil para una persona decirle que sea constructiva o que
emita pensamientos positivos cuando su inconsciente se resiste a hacerlo.
Solamente podrá resolver su problema conociendo el aspecto consciente,
además del aspecto inconsciente de dicho problema -por el conocimiento
íntimo de sí misma y de su situación. Dar a una persona una solución cómoda
a su problema en realidad no resuelve éste, a menos que estemos seguros que
ella responde verdaderamente a sus motivaciones inconscientes.
La mayor parte de las personas dan consejos en función de lo que ellas
hacen, descuidando el hecho de que quien busca un consejo puede estar
demasiado inhibido para seguirlo. Muchas veces damos un consejo a
sabiendas de que si fuéramos nosotros los que estuviéramos envueltos en esa
situación, sentiríamos mucho temor de actuar como lo aconsejamos. Es por
esta razón que los programas de radio y televisión, o los libros y folletos que
dicen cómo se debe obrar en tal o cual situación, sin el conocimiento real de la
persona (de sus sentimientos inconscientes) están condenados al fracaso. En
principio, tales obras parten del pensamiento y la acción conscientes. Pero,
como la mayor parte de nuestra conducta es inconsciente, no nos prestan
mucha ayuda en el logro de un esfuerzo consciente por medio del mero poder
de la voluntad para hacer una cosa u otra, si el inconsciente está empujando en
otra dirección. Eso puede dar resultado por corto tiempo, pero, cuando menos
se piense, el inconsciente restablecerá sus impulsos y volverá a dirigir a la
persona de acuerdo con sus deseos.
Esto no significa, naturalmente, que nunca se deba pedir consejo. Todos
debemos hacerlo, un día u otro; es perfectamente natural, siempre que sea uno
mismo quien tome la decisión final, de acuerdo con los propios y verdaderos
sentimientos, y no siguiendo a ciegas los dictados de otra persona.
2.11 Con el autoexamen llega la capacidad de ayudarse a sí mismo.
Con el autoexamen llega el propio reconocimiento y con el propio
reconocimiento llega la ayuda propia y la habilidad para pensar por si mismo. El
individuo tiene que llevar sus impulsos a la autoeducación y a la
autoinstrucción, de tal manera, que pueda descubrir dentro de si todo lo que se
obtiene por autorrevelación y por el conocimiento de lo que en
realidad se desea. Esta es la razón del examen de sí mismo y de que intentar
de mirar en su interior. Todos tenemos la capacidad de autoeducarnos y de
transformarnos, aunque todos tendamos a resistirnos a la transformación. Hay
en cada uno de nosotros una fuerza que nos impele al conocimiento, al
reconocimiento y al adiestramiento propios y ésta la sienten con más rigor los
que no ocultan o reprimen (bloquean) esa fuerza. Esto quiere decir que, aquél
cuyo inconsciente tiene menos pugnas con la mente consciente, cuenta con
mayor energía y posibilidades de autodesarrollo. Una razón elemental por la
que muchos de nosotros no buscamos el autoconocimiento es que estamos
engañados por el temor y los errores de concepto. Tememos comprender que
nuestras acciones tienen su punto de partida, consciente o inconsciente, en
nuestras propias mentes, motivadas por nuestros deseos, esperanzas,
temores, ambiciones y sueños. Reconocer este hecho significa que debemos
asumir toda la responsabilidad de nuestras acciones, y muchos de nosotros
creemos, merced a una educación inadecuada, que otras personas poseen
dominio sobre nuestras vidas. Gran parte de nosotros prefiere, de hecho, -vivir
así. Pero todos podemos aprender, en alguna medida, a dirigir nuestro
inconsciente, en particular al Id, y a controlar, por tanto, nuestras acciones.
Entonces tendremos los medios para buscar el bienestar emocional
Por desgracia, muy pocos de nosotros reconocemos la importancia de
buscar el autoconocimiento en su verdadero origen: dentro de nuestro propio
ser. La historia de la humanidad describe a Sócrates con sus palabras:
“Conócete a ti mismo!” y a Polonio en el Hamlet de Shakespeare con su
discurso “Sé sincero con tu propio ser...”, como voces solitarias en un mundo
sordo a sus consejos. El hombre, engañado por sus propios sentidos, se lanza
a buscar en las demás personas y cosas las respuestas que solamente él
puede darse.