TFG Libertad de Expresión
TFG Libertad de Expresión
PARTÍDO POLÍTICO
TFG
Grado en derecho
Curso 2016-2017
1
Índice:
Abreviaturas. (p. 3)
1) Antecedentes de hecho e introducción. (p. 4 - 5)
2) Desarrollo, por orden cronológico, de las cuestiones formuladas en el
supuesto seleccionado. (pp. 6 - 40)
3.I) agosto de 2015. (pp. 6 - 10)
3.II) 14 de noviembre de 2015. (pp. 10 - 11)
3.III) enero de 2016. (p. 11)
3.IV) agosto de 2016. (p. 11)
3.V) septiembre de 2016. (p. 11)
3.VI) noviembre de 2016. (pp. 11 - 12)
3. VII) diciembre de 2016. (p. 12)
3.VIII) Comienzos del 2017. (p. 12)
3.IX) 23 de febrero de 2017. (pp. 12 - 14)
3.X) 25 de febrero de 2017. (pp. 14 - 17)
3.XI) 27 de febrero de 2017. (pp. 17 - 19)
3.XII) 28 de febrero de 2017. (p. 19)
3.XIII) 2 de marzo de 2017. (pp. 19 - 20)
3.XIV) 4 de marzo de 2017. (pp. 21 - 22)
3.XV) 5 de marzo de 2017. (pp. 22 - 23)
3.XVI) 17 de marzo de 2017. (pp. 23 - 28)
3.XVII) 18 de marzo de 2017. (pp. 28 - 35)
3.XVIII) Semanas siguientes al 18 de marzo de 2017. (p. 35)
3.XIX) 20 de marzo de 2017. (pp. 35 - 40)
3) Conclusiones finales. (pp. 41 - 44)
4) Bibliografía. (pp. 45 - 46)
5) Apéndice jurisprudencial. (p. 47)
2
ABREVIATURAS.
Art. (Artículo)
AN (Audiencia Nacional)
CC.AA. (Comunidades Autónomas)
C. DD. (Congreso de los diputados)
CE (Constitución Española)
CC.GG. (Cortes Generales)
CP (Código Penal)
FyA (Fuerza y Acción)
FF. y CC. De seguridad del estado (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado)
LECrim (Ley de Enjuiciamiento Criminal)
LO (Ley Orgánica)
LOPJ (Ley Orgánica del Poder Judicial)
LOPP (Ley Orgánica de Partidos Políticos)
SS (Siguientes)
TEDH (Tribunal Europeo de Derechos Humanos)
TC (Tribunal Constitucional)
TS (Tribunal Supremo)
3
1) ANTECEDENTES DE HECHO.
4
3- El periodista Deyverson, autor de las publicaciones que acusaban los hechos
desmentidos en los puntos anteriores, redacto estas noticias sin confirmar en
ningún momento su veracidad, limitándose a plasmar rumores existentes.
Los temas a estudiar en este supuesto son en su mayoría delitos que se van a ver
agravados por una condición de odio hacia las víctimas, cuando la incitación o
exaltación al odio en sí misma no sea el propio delito a analizar. No obstante, antes de
profundizar en las posibles responsabilidades que cada tipo pueda acarrear se estudiará,
a nivel filosófico los orígenes y consecuencias de estas acciones y, desde un punto de
vista crítico, si la respuesta actual a estas situaciones es la más adecuada para tratar de
resolver los conflictos.
La especial condición de alguno de los acusados, como puede ser la de un
parlamentario, o la de alguna de sus víctimas también será motivo de estudio al por
menor a fin de concretar, no solo las consecuencias legales ante las que nos
encontramos, sino también las posibles etapas procesales que deberemos sortear;
pudiendo estas salirse de lo que consideraríamos un proceso ordinario.
5
2) DESARROLLO, POR ORDEN CRONOLÓGICO, DE LAS CUESTIONES
FORMULADAS EN EL SUPUESTO SELECCIONADO.
3.I) agosto de 2015
En agosto de 2015 Theo y Alexis, dos raperos conocidos artísticamente como “MC
Fuerza” y “MC Acción” publican, como coautores, un álbum titulado “La ley del
altísimo” en el que se pueden encontrar canciones con un claro mensaje islamófobo.
Entre esas canciones destacan dos: “En su Santo Nombre”, donde podemos apreciar
estrofas como “No quedará en estas tierras / ni un solo musulmán. / Nuestros puñales
irán directos / al corazón de tu Imán (...) La ley del Altísimo / contra los tuyos / vamos
a obedecer / y en su santo nombre, / sacrificaremos a todo hombre / y a toda mujer” y
por otra parte la canción “Cruzada”, donde se rapean frases como “Escuchad, moros: /
la auténtica Cruzada / ya no se hace en Tierra Santa / se hace dejando vuestros
cuerpos / cubiertos por mantas” (...) “A vuestros hijos un gran favor / les vamos a
conceder / haciendo que mueran / incluso antes de nacer”.
“Proteger los sentimientos de las personas contra las ofensas no es un objetivo
apropiado para la ley”1
Carentes de valor artístico, burdas, denostables, turbias, feas, absurdas, de mal gusto,
soeces, ignorantes, bestias y, sobre todo, sin que quepa lugar a dudas en torno a este
último calificativo, legales.
Cuando se enarbola la bandera de la libertad de expresión, poca gente, por no decir
ninguna, lo hará para defender a individuos como los acusados o ideas como las que los
dos raperos, “MC Fuerza” y “MC Acción”, pretenden representar a través de sus
canciones; pero no nos engañemos, ceder o permitir que estos dos hombres cumplan una
condena es solo abrir la caja de pandora hacia un incierto horizonte en el que los límites
a la libertad de expresión caen en un vacío arbitrario que pone en jaque, no solo el
ejercicio libre de este derecho fundamental, sino el libre desarrollo del resto de
libertades que, inequívocamente dependen directa o indirectamente de la potestad que el
individuo tenga para expresar sus ideas, sean cuales sean. Lo que se discute entonces, en
cualquier debate que incluya entre los puntos de la confrontación un caso que ponga en
duda la libertad de la que tratamos, es el derecho en abstracto, nunca para un caso
particular.
La importancia de la libertad de expresión debe ser entendida entonces de manera
que, “al menos en determinados supuestos, llega a ocupar lo que suele denominarse
una posición preferente con respecto a otros derechos fundamentales”2 y por lo tanto
tratada con sumo cuidado a la hora de limitarla, si es que fuera deseable esto último,
más allá de los mínimos de veracidad plasmados en el art. 20 d) CE y estableciendo
estas restricciones únicamente en caso de información de hechos, que no de expresión.
La razón de esto último es “sencillamente, que no resulta lógicamente predicable de
ella: las opiniones o juicios de valor pueden ser razonables o irrazonables, inteligentes
o estúpidos, oportunos o inoportunos, etc.; pero, al no tratarse de hechos, no pueden
ser jamás verdaderos o falsos.”3.
Esta visión, opuesta al menos a una gran parte de la contradictoria jurisprudencia
constitucional sobre la libertad de expresión, no debe ser entendida como una utópica
perspectiva de un derecho fundamental bajo la cual reinaría la anarquía, sino como una
posición de que la máxima proximidad a la libertad donde “El discurso del odio y el que
1
WALDRON, J.: The harm in hate speech, Harvard university press, Cambridge, 2012, p.106.
2
DÍEZ-PICAZO GIMENEZ, L. M.: Sistema de derechos fundamentales, Aranzadi SA, Navarra, 2008, p.
330.
3
DÍEZ-PICAZO GIMENEZ, L. M.: Sistema de derechos fundamentales, op. cit., p. 333.
6
repugna, el político, el artístico, todo es libre de entrar en el mercado de las ideas”4 es,
no solo deseable y necesaria; también es una realidad en sociedades no antitéticas a la
española, como la estadounidense, donde la libertad de expresión goza de un carácter
claramente prevalente sobre el resto de derechos y libertades, “ese carácter prevalente
hace que la libertad de expresión sea relativamente inmune a la idea de
proporcionalidad que caracteriza la aproximación europea.”5.
Así pues, como creo que se ha tratado de explicar, la idea no es tanto si la apología
de un delito, como máxima representación de ese anhelado ideal de libertad, puede
causar algún daño o no. Creo que, fríamente, es difícil pensar que no pueda generar
ningún efecto negativo sobre la población, que cualquier persona pueda expresar sus
pensamientos sin cortapisa alguno. La historia da prueba de la facilidad con la que la
gente toma malas decisiones a la hora de seguir consignas. No obstante, lo que debe
determinar y primar el posicionamiento en pos de una libertad son dos consignas: La
primera, el lugar en el que nos situa inclinar la balanza cara un tono más restrictivo.
Esto es, presentar una sociedad que solo permita las ideas cómodas para el “status quo”
y que dificulta cualquier tipo de cambio social. Es decir, ir en contra del concepto de
que “la libertad de expresión es válida no solamente para las informaciones o las ideas
acogidas con favor o consideradas inofensivas o indiferentes, sino también para
aquellas que contrarían, chocan o inquietan al Estado o a una parte cualquiera de la
población.”6 y de las opciones que gracias a esta definición se le posibilitan a la
población a la que, gracias a esta ausencia de restricciones, se le permite elegir entre el
más amplio de los abanicos. La segunda; que aun suponiendo que la libertad, llevada a
sus penúltimas consecuencias fuera negativa, debería criticarse que el medio de lucha
contra los posibles efectos negativos que esta tenga sea la violencia del estado, como
bien apuntaba Vives Antón “No se trata de que la apología sea inocua; sino, quizás, de
que algunos daños o peligros bien reales, que proceden del ejercicio de algunas
libertades no pueden, en el marco de un ordenamiento jurídico racional, combatirse
por medio de la restricción de la libertad. Tal vez (...) en algunos ámbitos la libertad
haya de defenderse por sí misma, esto es, sin ayuda de la coacción estatal” 7. Esto es,
quizás el problema no sea tanto lo que se permite enunciar a las personas en una
sociedad supuestamente libre, sino el método de lucha que empleamos contra estos
mensajes.
No debe haber lugar a duda, prácticamente cualquier tribunal del Reino de España a
2017 condenaría a los dos raperos, no parece haber margen posible para maniobrar
viendo la jurisprudencia establecida, más de actualidad hoy en día que nunca, contra los
delitos de odio tipificados en el código penal. Los tribunales se han arrogado el poco
honorífico título de guardianes de la moral y cercenan, según entiendan en cada
momento, ya que, hablando de discursos de odio y análogos “no parece que pueda
hablarse de una noción inequívoca de cuáles pueden ser considerados como tales
discursos, tampoco en nuestro ordenamiento”8; la libertad “Lo que denotan es
justamente lo contrario al sentir general, que no broma ni humor negro tampoco, que
4
LEWIS, A.: Freedom fot the thought that we hate, Basic books, New York, 2007, p. IX.
5
RODRÍGUEZ MONTAÑÉS, T.: Libertad de expresión, discurso extremo y delito, Tirant lo Blanch,
Valencia, 2012, p.133.
6
STEDH De Haes y Gijsels, del 24 de febrero de 1997 (TOL304.494)
7
VIVES ANTÓN, T. S.: Sistema democrático y concepciones del bien jurídico: el problema de la
apología del terrorismo, Tirant lo Blanch, Valencia, 2006, p. 38.
8
DÍAZ LÓPEZ, J. A.: El odio discriminatorio como agravante penal, sentido y alcance del artículo 22.4ª
CP, Aranzadi, Navarra, 2013, p. 77.
7
de serlo, de sumo mal gusto.”9 educaba la Audiencia Nacional al tiempo que condenaba
a un internauta a dos años de prisión y 18 meses de multa por una serie de “tweets”
como “Marta del Castillo era feminista y se tiró al rio porque se moja por la igualdad”
(incluidos en la misma sentencia) que consideraban delictivos según los artículos 510.1
y 578 CP.
Efectivamente, lo más probable es que estas canciones acarrearan para sus autores la
condena por un delito de odio, contra los derechos fundamentales y de las libertades
públicas garantizados por la Constitución, del artículo 510.1 b) CP (LO 10/1995) “1.
Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce
meses: b) Quienes produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten
a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra
clase de material o soportes que por su contenido sean idóneos para fomentar,
promover, o incitar directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o
violencia contra un grupo, una parte del mismo, o contra una persona determinada por
razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a
la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a
una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual,
por razones de género, enfermedad o discapacidad.”. Y que este sería doblemente
agravado, debido a la difusión potencial del material grabado por los dos raperos, que
finalmente se consumó en un video carácter viral en la red, acorde con el punto 3 del
citado artículo 510 CP “Las penas previstas en los apartados anteriores se impondrán
en su mitad superior cuando los hechos se hubieran llevado a cabo a través de un
medio de comunicación social, por medio de internet o mediante el uso de tecnologías
de la información, de modo que, aquel se hiciera accesible a un elevado número de
personas.” y el siguiente punto 4 del mismo “Cuando los hechos, a la vista de sus
circunstancias, resulten idóneos para alterar la paz pública o crear un grave
sentimiento de inseguridad o temor entre los integrantes del grupo, se impondrá la
pena en su mitad superior, que podrá elevarse hasta la superior en grado.” Lo que
acarrearía para Theo y Alexis unas penas de prisión de 4 años y un día a 6 años y multa
de doce meses y un día a 18 meses; más condena, en cualquier caso, que un homicidio
imprudente, un allanamiento de morada con violencia o la sustracción de un hijo menor.
Por dos canciones.
Los problemas de este tipo penal son que “no se sancionan meros actos
preparatorios de infracciones penales”10, comenzando por la sencilla apreciación de
que, pese a que la provocación al odio sea delito, el odio en sí mismo, como cualquier
emoción o sentimiento, no lo es; “en ambos casos, el legislador ha decidido tipificar
como delitos conductas caracterizadas por la creación de un clima de hostilidad contra
determinadas minorías. Esta clase de delitos suele conocerse con el nombre de “delitos
de clima””11. Como consecuencia nos encontramos en un escenario en el que el
legislador ha decido castigar acciones que no han sucedido y que no está probado de
ningún modo que vayan a suceder con seguridad o lo que es lo mismo, está adelantando
el castigo al hecho, si es que ese llegara. De esto se deduce que “el delito de clima no
sólo mira hacia el pasado (hacia el hecho ya cometido), sino también hacia el futuro (el
hecho venidero, que aún está por llegar)”12. En segundo lugar que, salvo que se
pretenda la futura creación de un orwelliano ministerio del amor, si uno tiene libertad de
9
SAN 2/2017, del 26 de Enero, Sala de lo Penal (TOL5.950.309)
10
GOMEZ, V.: Protección penal de la libertad de expresión e información, una interpretación
constitucional, Tirant lo Blanch, Valencia, 2012, p. 96.
11
GOMEZ, V.: Protección penal de la libertad de expresión e información, una interpretación
constitucional, op. cit., p. 96.
8
tener una idea, por asquerosa u ofensiva que esta sea, debe tener el derecho de
expresarla y difundirla, sino nos quedamos en papel mojado a la hora de defender un
derecho: “los derechos a la libertad ideológica y a la libertad de expresión permiten,
inicialmente, no solo asumir cualquier idea, sino expresarla e, incluso, difundirla, y
acomodar a ella el desarrollo de la vida propia.”13
En cuanto a la competencia para enjuiciar a Theo y Alexis por estos delitos
relacionados con el artículo 510 CP, la responsabilidad recaería en la Audiencia
Nacional, no sin alguna que otra polémica jurídica mediante ya que, si bien es cierto que
estamos acostumbrados a las imágenes en las instalaciones de la AN de investigados por
causas relacionadas en mayor o menor medida con el terrorismo, puede que esto no sea
tan competencialmente cristalino.
La gran grieta que siembra esta tan afianzada sensación que los casos de terrorismo
competen a la audiencia nacional viene motivada por la total ausencia de una referencia
a este tipo de delitos en el art. 65 de la LOPJ, donde se regulan las competencias penales
de la AN y donde por lógica, al tratarse de un tema de tan relevantes consecuencias a
efectos penales, debería haber al menos una reseña. La solución a este vacío, la
Disposición Transitoria única de la LO 4/1988 de reforma de la LECrim “Los Juzgados
Centrales de Instrucción y la Audiencia Nacional continuarán conociendo de la
instrucción y enjuiciamiento de las causas por delitos cometidos por personas
integradas en bandas armadas o relacionadas con elementos terroristas o rebeldes
cuando la comisión del delito contribuya a su actividad, y por quienes de cualquier
modo cooperen o colaboren con la actuación de aquellos grupos o individuos.
Conocerán también de los delitos conexos con los anteriores.”, que se apoya en la
posibilidad de evitar el juez natural y dirigir las acciones contra otros órganos, que nos
ofrece el art. 89 de la LOPJ “La Ley de planta y demarcación puede establecer, como
órganos distintos, en aquellos partidos en que fuere conveniente, los Juzgados de
Primera Instancia y los Juzgados de Instrucción.”. y la jurisprudencia constitucional
“Ahora bien, la norma constitucional no tutela un pretendido derecho al juez natural,
en el sentido del juez más próximo en sentido territorial al justiciable, sino un derecho
al juez ordinario, lo que significa el juez establecido por el legislador y que merece un
tratamiento orgánico y funcional común con el de los demás órganos jurisdiccionales
[…]Tampoco asegura la norma constitucional un juez concreto […]pues los factores
de casualidad y aleatoriedad en las normas de reparto entre jueces previamente
competentes sirven precisamente para preservar la imparcialidad.”14. Del mismo modo
se evita los juzgados centrales de lo penal al tratarse de un delito penado con más de 5
años de prisión y por lo tanto, siguiendo el art. 14.3 de la LECrim “Para el
conocimiento y fallo de las causas por delitos a los que la Ley señale pena privativa de
libertad de duración no superior a cinco años o pena de multa cualquiera que sea su
cuantía, o cualesquiera otras de distinta naturaleza, bien sean únicas, conjuntas o
alternativas, siempre que la duración de éstas no exceda de diez años, así como por
delitos leves, sean o no incidentales, imputables a los autores de estos delitos o a otras
personas, cuando la comisión del delito leve o su prueba estuviesen relacionadas con
aquéllos, el Juez de lo Penal de la circunscripción donde el delito fue cometido, o el
Juez de lo Penal correspondiente a la circunscripción del Juzgado de Violencia sobre
la Mujer en su caso, o el Juez Central de lo Penal en el ámbito que le es propio, sin
perjuicio de la competencia del Juez de Instrucción de Guardia del lugar de comisión
12
GOMEZ, V.: Protección penal de la libertad de expresión e información, una interpretación
constitucional, op. cit., p. 97.
13
STS 259/2011, del 12 de abril, Sala Segunda (TOL2.138.812)
14
STC 181/2005, del 2 de noviembre, Sala Primera (TOL508.703)
9
del delito para dictar sentencia de conformidad, del Juez de Violencia sobre la Mujer
competente en su caso, en los términos establecidos en el artículo 801, así como de los
Juzgados de Instrucción competentes para dictar sentencia en el proceso por
aceptación de decreto.”.
De este modo el proceso debería iniciarse con una querella, pudiendo actuar la propia
fiscalía de oficio en este caso.
Parece no haber mucho que señalar de las xenófobas y escuetas declaraciones que los
dos raperos enunciaban en el momento en el que anunciaban su salto a la política
“porque este país necesita urgentemente reaccionar frente a la nueva invasión
musulmana”, más allá de señalar el hecho de que nos encontramos ante un discurso que
parece estar recibiendo un gran calado en grandes y diferentes partes del mundo
occidental; pero aquí se debe manifestar las, más que razonables dudas, a tenor de la
lógica contra la que se postula este trabajo y siguiendo la legislación vigente; de que
estas declaraciones puedan ser pasadas por alto sin más comentarios.
Los problemas que pueden surgir en este momento guardan una relación con el art.
510 CP que se ha estado empleando en el punto anterior, centrándonos esta vez en su
punto 1 apartado c). “Públicamente nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan los
delitos de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en
caso de conflicto armado, o enaltezcan a sus autores, cuando se hubieran cometido
contra un grupo o una parte del mismo, o contra una persona determinada por razón
de su pertenencia al mismo, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la
ideología, religión o creencias, la situación familiar o la pertenencia de sus miembros
a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual,
por razones de género, enfermedad o discapacidad, cuando de este modo se promueva
o favorezca un clima de violencia, hostilidad, odio o discriminación contra los
mismos.” y es que, como se puede apreciar, no se incluye, en ningún momento una
referencia al alcance temporal acerca de este artículo.
¿Dónde y cuándo empieza a declararse un acto como los penados al principio de este
artículo? ¿Podría sentirse ofendida la población musulmana ante la comparativa de una
emigración con la de una conquista militar? ¿Debería sentirse el pueblo español, los que
así se consideren al menos como herederos territoriales del reino visigodo, dañados
moralmente ante lo que sería una trivialización o banalización de unos hechos mucho
más graves? ¿O tal vez tendrían que encontrarse bajo una situación de amenaza los
musulmanes ante los que se “necesita urgentemente reaccionar” y nos encontraríamos
de nuevo ante los tipos penales redactados en el punto anterior? Es por razones como
esta por las que el TC ha redactado en múltiples sentencias que “En el contexto de estos
asuntos de relevancia pública, es preciso tener presente que el derecho al honor tiene
en nuestra Constitución un significado personalista, en el sentido de que el honor es un
valor referible a personas individualmente consideradas.”15 Deduciendo de aquí que
difícilmente un grupo puede sentirse, en su conjunto, ofendido.
Es este el gran escollo, imposible de sortear cuando nos aventuramos a hacernos con
un discurso políticamente correcto y a imponerlo sobre toda una sociedad, ese punto
donde fijar el límite, un límite relativo y móvil en el tiempo y entre las personas, que
debe hacerse con una supuesta verdad absoluta.
Este ejercicio de comparativa, manifiestamente ridículo, solo pretende poner sobre
este trabajo lo que ya se recalcaba en el punto anterior, la imposibilidad e indeseabilidad
15
STC 107/1988, del 9 de junio, Sala Primera (TOL109.338)
10
de establecer unas rígidas reglas de control sobre un discurso que, como se acaba de ver,
puede dar lugar a todo tipo de reacciones, muchas veces incluso contradictorias, según
el interprete y el mensaje a regular. De todos modos, esta expresión encontraría un más
que posible encaje en un mensaje político, sin duda de corte radical, pero que aún
ofensivo no se situaría “fuera del ámbito de protección de dicho derecho las frases y
expresiones ultrajantes u ofensivas, sin relación con las ideas u opiniones que se
expongan, y por tanto, innecesarias a este propósito”16
En conclusión, nos encontraríamos ante un enunciado que, incluso en nuestro
restrictivo panorama, siempre en comparativa con otros como los citados anglosajones;
pasaría sin mayor repercusión que las consecuencias políticas que pudiera causar a sus
responsables a la hora de querer mantener un debate de opiniones. Soportado esta idea
por la obvia razón de que esta frase “no tiene un sentido unívoco de apoyo o alabanza
[…] sino que es lo suficientemente ambigua como para que en caso de duda se este al
`favor liberatits´”17.
11
podrán presentar proposiciones no de ley a través de las cuales formulen propuestas de
resolución a la Cámara.” en la que, apelando a la necesidad de garantizar que la
actividad de los partidos políticos cumpla con la Constitución, insta al Gobierno a
iniciar los trámites tendentes a “declarar ilegal la formación política Fuerza y Acción”.
Se encuentran, de todos modos, incoherencias en la actuación que el C.DD. propone
al gobierno, principalmente teniendo en cuenta los plazos y el tiempo en el que se
establece esta proposición no de ley. La propia LO 6/2002 nos ofrece en su artículo 5.2
un periodo de veinte días para que sea el propio gobierno el que actúe “Cuando de la
documentación presentada se deduzcan indicios racionales en relación con la ilicitud
penal del partido, el Ministerio del Interior lo pondrá en conocimiento del Ministerio
Fiscal, dentro del plazo de veinte días a que se refiere el artículo anterior, mediante
resolución fundada que irá acompañada de los elementos probatorios disponibles para
apreciar dichos indicios.” con referencia al artículo 4.2 del mismo texto legal “Dentro
de los veinte días siguientes a la presentación de la documentación completa en el
Registro de Partidos Políticos, el Ministerio del Interior procederá a practicar la
inscripción del partido. Dicho plazo quedará, sin embargo, suspendido si se considera
necesario iniciar alguno de los procedimientos previstos en el artículo siguiente.”.
Esto es, nos vemos ante una situación en la que, meses después del registro del FyA
como partido político, cuando ya en sus inicios se avistaban sus ideas de manera
cristalina, y tras haberse por lo tanto cumplido el plazo de 20 días que nos otorga la ley,
el C.DD. pide ahora al gobierno que ilegalice el partido. Esto, si bien sería posible, no
deja de ser sorprendente y dejaría un amplio margen al oportunismo político y no a una
acción legal motivada por los motivos pretendidos en la exposición de la propia ley
donde, como se ha explicado en el “iter temporal” de la fundación del partido, no se
realizó ninguna acción legal encaminada a la ilegalización de la fuerza política de
extrema derecha.
En diciembre de 2016, tras una exitosa campaña de captación, el partido FyA alcanza
la cifra de 12.000 afiliados.
12
en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público
protegido por la ley.” Y que se debe desarrollar de la manera más literal posible, como
así se ha pronunciado el tribunal constitucional cuando dice que “La libertad ideológica
indisolublemente unida al pluralismo político que, como valor esencial de nuestro
ordenamiento jurídico propugna la Constitución, exige la máxima amplitud en el
ejercicio de aquélla y, naturalmente, no sólo en lo coincidente con la Constitución y
con el resto del ordenamiento jurídico, sino también en lo que resulte contrapuesto a
los valores y bienes que en ellos se consagran, excluida siempre la violencia para
imponer los propios criterios, pero permitiendo la libre exposición de los mismos en los
términos que impone una democracia avanzada.”18. Queda por lo tanto bastante
esclarecido que las declaraciones de Theo, aunque pudieran violentar a parte de la
población deben ser entendidas dentro de ese bien superior que es la libertad de
expresión como evolución de una libertad ideológica propia de un sistema abierto donde
se permite un debate de ideas, de todas ellas.
No obstante, como en la casuística de las canciones, es más que probable que Theo
fuera llevado ante un tribunal penal por las declaraciones que emite en este inicio de
campaña para las elecciones a CC.GG. y siendo así, volviendo sobre los delitos del art.
510 CP que se nombraban anteriormente, debería hacerse una matización sustancial
sobre el sujeto a encausar ya que, en este momento Theo es, a todos los efectos, el
presidente de FyA, un partido político plenamente inscrito en el Registro de Partidos
Políticos del estado.
El registro del partido político como tal es fundamental a la hora de analizar estos
hechos porque, si bien sería posible investigar individualmente a Theo por sus
declaraciones como particular, en lo que seguiría un proceso muy similar al relacionado
con las canciones, donde se debería mantener del mismo modo un criterio en pos de la
libertad de expresión, máxime si hablamos de un representante político; estamos ante un
escenario que, en virtud de la ley de partidos políticos nos puede desplazar a otra
situación. Es el art. 3 en su punto 4 de la nombrada LO 6/2002 la que con su enunciado
“Los partidos políticos adquieren personalidad jurídica por la inscripción en el
Registro de Partidos Políticos que, a estos efectos, existirá en el Ministerio del Interior,
previa presentación en aquel del acta fundacional suscrita por sus promotores,
acompañada de aquellos documentos que acrediten el cumplimiento de los requisitos
previstos en la presente ley Orgánica.” nos recuerda que el partido ha adquirido
personalidad propia, por lo tanto, acorde con el art. 31 bis del CP donde se nos
especifica que “En los supuestos previstos en este Código, las personas jurídicas serán
penalmente responsables:” es decir, que puede emanar responsabilidad penal de estos
entes jurídicos y siguiendo lo establecido en el art 31 “El que actúe como administrador
de hecho o de derecho de una persona jurídica, o en nombre o representación legal o
voluntaria de otro, responderá personalmente, aunque no concurran en él las
condiciones, cualidades o relaciones que la correspondiente figura de delito requiera
para poder ser sujeto activo del mismo, si tales circunstancias se dan en la entidad o
persona en cuyo nombre o representación obre.” se puede entender que la
responsabilidad penal de Theo puede ser deducida también como administrador del
partido político, al ser el mismo, presidente de dicha organización.
Sin embargo, no es baladí que la inclusión de los partidos políticos en este tipo del
CP no fue, ni sencilla ni tan evidente como debería haber sido y que en un principio se
barajó su exclusión en el debate parlamentario que, finalmente, concluyó con su plena
inclusión en pos de una regeneración democrática “La exclusión de exigencia de
responsabilidad penal a organismos públicos resulta lógica habida cuenta su
18
STC 20/1990, del 5 de febrero, Sala Segunda (TOL80.313)
13
naturaleza y fines. Pero no ocurre lo mismo con la exención de los partidos políticos y
las asociaciones sindicales del régimen de responsabilidad penal previsto en el Código
Penal para las personas jurídicas, que constituye un privilegio injustificado que no
colabora en absoluto a la regeneración democrática ni a combatir la corrupción
política de nuestro país, que lejos de disminuir sigue aumentando día a día.”19 ya que,
aunque “En efecto, la responsabilidad criminal de las personas jurídicas está pensada
para que opere en el ámbito del Derecho Penal económico y afecte a los agentes de la
vida económica y los partidos políticos y los sindicatos, ni tienen en la económica su
espacio natural den juego, ni son agentes de la vida económica, sino de la vida política.
Sin embargo, cuando adoptan este roll (de agentes de la vida económica) tienen que
hacerlo con todas las consecuencias y al margen de cualquier privilegio No debe
olvidarse que es difícil encontrar un caso de corrupción política en el que no esté por
medio, directa o indirectamente, un partido político y que el hecho de otorgarle un
privilegio en este ámbito —ajeno s sus fines constitucionales— carece totalmente de
justificación.”20 permitiendo así la hipótesis desarrollada de la responsabilidad por
administración de un ente con personalidad jurídica.
14
falsa, lo que refuerza el requisito de la imputación concreta y categórica, que excluye
la tipicidad de las imputaciones meramente genéricas (véanse Sentencias de 30 de
enero de 1986, 17 de noviembre de 1987, 15 de julio de 1988 y 6 de febrero de 1990),
de modo que la imputación que da lugar a la calumnia ha de ser «precisa, concreta,
terminante y determinada respecto a los hechos» (véanse Sentencias de 16 de enero de
1969 y 21 de octubre de 1975), pues el tipo de calumnia requiere - aparte de la
necesaria intención difamatoria- la existencia de un elemento objetivo integrado por
imputaciones concretas, terminantes e inequívocas, aptas para deducir la del tipo
delictivo falsamente imputado (cfr. Sentencia de 27 de diciembre de 1990).”21
Es decir, con este delito no nos reducimos a una simple persecución de los posibles
daños que pueda sufrir el honor de una persona al ser mencionada y agraviada en
público: para estos casos, si entrarían en la ecuación penal delitos como el de injuria o
inclusive el de denuncia falsa, tipificados en los arts. 208 y SS. CP y 456 y SS CP
respectivamente. Nos encontramos pues, ante la situación en la que la mera publicación
del contenido, como bien refleja la sentencia anteriormente citada, provocaría una
persecución pública a los partidos políticos fundamentada, obviamente, en hechos
falsos; esto es, con la intención deliberada del que publicita la información, de causar
los efectos expuestos por el Tribunal Supremo, a sabiendas, apareciendo el animus
difamandi como el elemento diferenciador clave “no basta como elemento subjetivo la
conciencia de la falsedad de la imputación, sino que siendo la calumnia e injuria
especies gemelas que agotan las infracciones contra el honor, el animus difamandi
debe ser común a las dos, a modo de superconcepto subjetivo que las une, de manera
que la diversidad estará en el elemento objetivo que, por lo que respecta a la calumnia,
está constituido por la falsa imputación de un hecho delictivo y como tal, concreto y
categórico, a diferencia de las meras expresiones ofensivas, ya sean imprecativas, ya
ilativas, propias de la injuria, siquiera la falsa atribución delictiva en que se basa la
calumnia no exige una corrección técnico-jurídica o acierto en el nomen iuris
imputado, lo que reduciría el ámbito de tal especie delictiva poco menos que a los
juristas y letrados.”22.
Así pues, analizando tanto la jurisprudencia propuesta como el tipo penal al que se
enfrenta el periódico y en su defecto, Deyverson, como administrador, por un
razonamiento similar al seguido a la hora de desarrollar la posible responsabilidad penal
del partido político y sus dirigentes en el punto anterior; lo crucial a la hora de encausar
por calumnias y no otro delito sería el elemento de la veracidad.
La veracidad, que cita el art. 205 CP cuando hace referencia a “conocimiento de su
falsedad” o “temerario desprecio a la verdad” (“formula de corte anglosajón, que hace
referencia a la publicación de noticias sin confirmar suficientemente las fuentes o sin
asegurarse de su “veracidad” […] infringiendo los más elementales deberes de
cuidado, lo que desde el punto de vista intencional puede entenderse como dolo
eventual.”)23 es, junto con el ánimo de difamar ya expuesto con anterioridad, uno de los
elementos fundamentales a la hora de definir este tipo penal. Un elemento que se apoya
en un derecho fundamental recogido en la CE cuando enuncia que se reconoce y protege
el derecho a “A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio
de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto
profesional en el ejercicio de estas libertades.” lo que lo convierte en un derecho
“integrado por dos aspectos complementarios que configuran la doble cara de una
misma moneda: de una parte, el del periodista a “informar verazmente”, y, de otra, el
21
STS, del 22 de mayo de 1993, Sala Segunda (TOL5.101.631)
22
STS, del 30 de octubre de 1990, Sala Segunda (TOL2.382.323)
23
MORETÓN TOQUERO, M. A.: Delitos contra el honor: la calumnia, Bosch, Barcelona, 2001, p. 15.
15
de los ciudadanos a “recibir puntualmente” esa información, ya que, también por
expreso mandato constitucional, ellos son legítimos titulares de ese derecho.”24
Veracidad no obstante “no como sinónimo de verdad entendida como verdad
absoluta, que como tal no está en poder de nadie. El concepto manejado es un concepto
de veracidad subjetiva, que hace referencia a la infracción de los deberes mínimos de
cuidado por parte de quien informa sin una mínima diligencia en la constatación de esa
información o de la fiabilidad de las fuentes.”25 como se puede apreciar en la
jurisprudencia del TC “Ahora bien, en la interpretación de esta exigencia que ha
prevalecido en la jurisprudencia de este Tribunal, veracidad no equivale a realidad
incontrovertible de los hechos. La veracidad de la información viene, así, a ser
entendida como exigente al que la difunda de un deber de buscar la verdad. Una
especial diligencia que asegura la seriedad del esfuerzo informativo, que no está
constitucionalmente protegido para servir de vehículo a simples rumores, invenciones o
insinuaciones” 26.
Es decir, a modo de síntesis doctrinal, no se puede hablar tanto de veracidad en
sentido resultadista, sino como un proceso en el que se han seguido los cauces
apropiados a fin de asegurar un resultado, con casi total independencia de este “La
generalidad de la doctrina especializada en la materia, así como la desbordante
jurisprudencia de los tribunales españoles pronunciada al efecto, hacen coincidir este
requisito con el específico deber de diligencia del informador, que se traduce en su
peculiar labor de comprobación de la información que transmite, previa y debidamente
contrastada con datos objetivos e imparciales (fuentes fidedignas), siguiendo así la
pausa interpretativa marcada en el año 1960 por la celebérrima Sentencia del TS de
los EEUU de América en relación al asunto New York Times versus Sullivan.”27
En cuanto al delito de calumnia en si mismo, debe destacarse que se trata de un delito
clasificable dentro del ámbito privado de la persona. No sería una tarea fácil, como en
cualquier acción que involucre el elemento del honor, iniciar medidas sobre una ofensa
sin la participación más que activa del que debería sentirse ofendido o molesto y por
ello este delito solo puede perseguirse en virtud de una querella particular.
Desde aquí podemos extraer tres puntos muy resaltables de este tipo penal: en primer
lugar, la responsabilidad civil, es decir, en derecho privado, que puede emanar de las
acciones relacionadas con el delito de calumnia. Como se encuentra redactado en el
artículo 116 CP “Toda persona criminalmente responsable de un delito lo es también
civilmente si del hecho se derivaren daños o perjuicios. Si son dos o más los
responsables de un delito los jueces o tribunales señalarán la cuota de que deba
responder cada uno.”. Esta acción puede “llevarse a cabo conjuntamente con la penal,
o bien por separado. Pero de conformidad con el art. 112 LECrim., ejercitada
únicamente la acción penal se entenderá también utilizada la civil, a no ser que el
perjudicado la renunciase o reservase expresamente para ejercitarla después del juicio
penal” 28.
En segundo lugar el término de “exceptio veritatis”, concepto regulado en el propio CP
en su artículo 207 “El acusado por delito de calumnia quedará exento de toda pena
probando el hecho criminal que hubiere imputado.” que bien podría ser considerado
24
CARMONA SALGADO, C.: Calumnias, injurias y otros atentados al honor: Perspectiva doctrinal y
jurisprudencial, Tirant lo Blanch, Valencia, 2012, p. 104.
25
MORETÓN TOQUERO, M. A.: Delitos contra el honor: la calumnia, op. cit., p. 16.
26
STC 41/1994, del 15 de febrero, Sala Primera (TOL82.449)
27
CARMONA SALGADO, C.: Calumnias, injurias y otros atentados al honor: Perspectiva doctrinal y
jurisprudencial, op. cit., p. 53.
28
MORETÓN TOQUERO, M.A.: Delitos contra el honor: la calumnia, op. cit., p. 26.
16
como una clase de eximente completa de la responsabilidad penal aunque la doctrina se
incline, considero que acertadamente, en mantener separado este término de esa
categoría, partiendo de la base de que la calumnia no deja de ser una colisión de delitos,
“(uno, el propio delito de calumnia; otro, el delito que se atribuye)”29 donde solo uno
de ambos puede ser cierto y donde la presunción de inocencia que impera en nuestro
ordenamiento jurídico favorece en primer lugar al presunto culpable del delito de
calumnias, siendo entonces el querellante quien debe ofrecer pruebas del ilícito penal y
entrando en este momento en juego el supuesto uso de la “exceptio veritatis”. En esta
situación la figura jurídica que se analiza no sería tanto un caso exculpatorio, sino que
inclinaría la balanza de la colisión que se ha mencionado anteriormente a favor del
acusado del delito de calumnias como razona el Tribunal Supremo cuando asegura
“Claro es que tal presunción, al igual que ocurre con la falsedad de la imputación,
queda destruida bien por el querellado, bien por la prueba aportada por otro conducto
al proceso. Más aún, si prospera la exceptio veritatis, automáticamente decaerá
también el ánimo de infamar puesto que la falsedad es prolegómeno obligado de la
culpabilidad.”30
Por último y siguiendo en este ambiente de delitos de ámbito privado entraría en
juego una figura especial denominada escrito de perdón, regulado en el art. 215 CP “El
perdón del ofendido o de su representante legal, en su caso, extingue la acción penal
sin perjuicio de lo dispuesto en el segundo párrafo del número 5º del apartado 1 del
artículo 130 de este Código.” sin embargo, como se puede apreciar, el propio CP
impone una limitación a esta capacidad exculpatoria por parte del calumniado cuando
asegura que “No obstante, el CP hace una salvedad: el órgano judicial puede rechazar
la eficacia del perdón otorgado por los representantes de los menores e incapacitados
y ordenar la continuación del procedimiento o el cumplimiento de la condena
(art.130.4 CP). Con esta previsión el legislador persigue garantizar especialmente los
intereses del menor o incapaz.”31
Esa noche, personas no identificadas realizan pintadas amenazantes en las sedes de
ambos partidos lo que supone un delito de daños tipificado en el art. 263 CP “El que
causare daños en propiedad ajena no comprendidos en otros títulos de este Código,
será castigado con multa de seis a veinticuatro meses, atendidas la condición
económica de la víctima y la cuantía del daño.”, que incluso podría considerarse como
un tipo agravado en atención al 6º punto del mismo artículo cuando dice que “Se hayan
ocasionado daños de especial gravedad o afectado a los intereses generales.”, de
considerar la sede de un partido, en plena campaña electoral a escasos días de los
comicios, como un punto de interés general para la sociedad.
17
delito de calumnias por parte de Theo que aprovecha la posibilidad que se le ofrece en
el debate para intentar asociar a Susana Sánchez, como candidata del Partido
Socialdemócrata, con ilícitos gravemente penados políticamente e intentar conseguir
una suerte de rédito electoral en los inminentes comicios.
Esa motivación resultadista solo puede ser entendida como un posicionamiento claro
de cara a difamar públicamente la reputación de su contrincante, es decir, tenemos un
claro ejemplo de la figura del “animus difamandi” que se ha analizado para el caso del
reportaje publicado por el medio dirigido por Deyverson, pero el problema aquí tiene
unos importantes matices que deberían cambiar la resolución de este asunto.
Lo que causa una situación crítica en el caso del reportaje anterior es su misma
esencia informativa o periodística, es ahí donde se implementa una responsabilidad
mayor que en cualquier otro ámbito; pero en este caso, en medio de un debate político
se debe ser mucho más tolerante ya que, el bien que se persigue intentando proteger, el
honor del personaje público defendido, puede resultar mucho menor que el mal causado
al limitar según que comportamientos del debate público, como bien nos dice la
jurisprudencia europea cuando asegura que “si bien el peticionario usó, para referirse a
un funcionario público, un lenguaje que podría afectar su reputación, los artículos
hacían referencia a problemas de gran interés para el público y muy controvertidos,
añadiendo que las armas verbales utilizadas eran previsibles en la arena política y el
debate abierto acerca de una solución política controvertida era más importante que
cualquier perjuicio a la reputación y el honor de los funcionarios públicos”32. Es cierto
que las calumnias poseen una doble dimensión, que su influencia en la vida de las
personas trasciende, muchas veces el mero ámbito jurídico que estamos acostumbrados
a analizar ya que “es conveniente recordar aquel dicho popular que afirma «calumnia,
que algo queda», y que trasladado al ámbito de la jurisdicción criminal se resume de
forma certera en unas palabras de RUIZ VADILLO, señalando que «quien sale
absuelto de un proceso penal no siempre queda indemne moral y socialmente de lo que
fue objeto de acusación […] Aunque el proceso penal es el instrumento necesario para
juzgar aquellas conductas que, a priori, pueden ser constitutivas de delitos o faltas, lo
cierto es que dicho instrumento se convierte en una «inmensa desgracia»(personal,
familiar, de salud, laboral, económica, moral etc… para quien lo sufre, según recuerda
la Exposición de Motivos de la LECrim. de 1882. En efecto, la imputación penal
supone una desvaloración jurídico-social, aunque como contrapunto se le reconozca al
imputado la posibilidad de ejercitar su derecho de defensa”33.
Se da pues una situación en la que, teniendo en cuenta los sujetos involucrados y,
siendo coherentes con la defensa de la libertad de expresión ya esgrimida en este
trabajo, debe, en un caso de colisión como este, colocar dicha liberad en una posición de
privilegio con respecto a otros posibles derechos, posición que incluso para nuestro TC,
bastante más restrictivo que el de otros países como ya se ha comentado, ocupa en
algunas ocasiones; cuando llega a plantear la supuesta superioridad jerárquica de este
derecho en caso de problemas en lo que, sin lugar a dudas, podría calificarse como un
supuesto principio de “in dubio pro libertatem” “Pues bien, cuando con motivo del
ejercicio de la libertad de expresión e información resulta afectado el derecho al
honor, el órgano judicial está obligado a realizar un juicio ponderativo de las
circunstancias del caso concreto, con el fin de determinar si la conducta del agente
pudiera estar justificada por hallarse dentro del ámbito de las libertades de expresión e
información, de suerte que si falta tal ponderación o resulta manifiestamente carente
32
STEDH Lingens vs Austria, del 8 de julio de 1986, (TOL216.239)
33
HERRERA DEL REY, J. J.: “La imputación injusta: el principio calumnia que algo queda” en Revista
La Toga del colegio de abogados de Sevilla, nº 177, Sevilla, 2010, p. 33.
18
de fundamento se ha de entender lesionadas aquellas libertades.”34.
En cuanto a la competencia para enjuiciar a Theo por estas declaraciones, en
atención al quantum de la pena, en el caso de que efectivamente se le procediera a
enjuiciar por un delito de calumnias, serían los juzgados de lo penal, conforme al
artículo 14.3 de la LECrim “Para el conocimiento y fallo de las causas por delitos a los
que la Ley señale pena privativa de libertad de duración no superior a cinco años o
pena de multa cualquiera que sea su cuantía, o cualesquiera otras de distinta
naturaleza, bien sean únicas, conjuntas o alternativas, siempre que la duración de éstas
no exceda de diez años, así como por delitos leves, sean o no incidentales, imputables a
los autores de estos delitos o a otras personas, cuando la comisión del delito leve o su
prueba estuviesen relacionadas con aquéllos, el Juez de lo Penal de la circunscripción
donde el delito fue cometido, o el Juez de lo Penal correspondiente a la circunscripción
del Juzgado de Violencia sobre la Mujer en su caso, o el Juez Central de lo Penal en el
ámbito que le es propio, sin perjuicio de la competencia del Juez de Instrucción de
Guardia del lugar de comisión del delito para dictar sentencia de conformidad, del
Juez de Violencia sobre la Mujer competente en su caso, en los términos establecidos
en el artículo 801, así como de los Juzgados de Instrucción competentes para dictar
sentencia en el proceso por aceptación de decreto.” Y debería ser un proceso iniciado
siempre, a razón del ámbito de los delitos privados a los que pertenece la calumnia
como se desarrolla en el punto anterior, por la supuesta calumniada, esto es; Susana
Sánchez (tanto a título personal como si lo hiciera en nombre de su partido, que podría
sentir su persona dañada.
19
que se defiende en una primera instancia para los textos de las canciones que los dos
raperos grababan a mediados del año 2015. Si bien fuertes e incluso extremistas, no se
puede apreciar ningún delito en estas declaraciones pre electorales teniendo en cuenta
una serie de circunstancias que alejan del todo la posibilidad de que exista dicho ilícito
penal en este momento. Y es que como señala la jurisprudencia del Tribunal Supremo
español “El delito de amenazas tiene como objetivo la protección del bien jurídico de la
considerada en su faceta más subjetiva y psicológica, como es el derecho a la
tranquilidad, y en su aspecto más objetivo como el derecho a comportarse y moverse
libremente sin la intimidación que supone una amenaza proferida.”35 lo que debe llevar
irremediablemente a intentar dilucidar, bajo estas declaraciones emitidas por los
candidatos al congreso de los diputados, ¿Qué es la regeneración cristiana? Y ¿Quién es
el pueblo? Sin estos dos factores sería imposible imputar un delito de amenazas o
incitación al odio, todo debido a la inconcreción de las frases ya que, resulta obvio que,
si no se puede saber ni quién cumpliría los requisitos para “ser llevado a la horca” ni
quién sería el que ejecutaría tal acción, difícilmente puede uno sentirse realmente
atemorizado, al menos desde una perspectiva jurídica.
No obstante, si nos ceñimos a la realidad actual y, a lo que podría haber sido el
resultado de un proceso judicial con los hechos anteriormente redactados se debe
señalar que es costumbre y norma diaria observar como en nuestro ordenamiento
jurídico se “sanciona la simple exteriorización de una intención o propósito sin
necesidad de que vaya acompañado de ningún resultado ni, tan solo, de actos externos
que doten de credibilidad el anuncio”36 lo que, pese a carecer de sentido, vendría de
algún modo a permitir un supuesto encaje de las complicaciones señaladas en el párrafo
anterior y saltar esos escoyos lógicos que se pretendían resaltar. Es decir, es más que
probable que Theo, por estas palabras, terminara inmerso en un proceso penal que y
este, terminara con su condena.
Sin embargo, del mismo modo, sin ninguna duda, el desarrollo de esta lógica
anteriormente explicada nos encamina hacia una situación en la que se “dificulta el
entender que el bien jurídico afectado sea la libre formación de la voluntad de la
persona”37 por lo que sigue sin resultar convincente el uso de las amenazas que en
ocasiones se emplea en nuestro ordenamiento jurídico y, por ello también, se debería
renunciar a cualquier acción punitiva. En este momento se da una situación encaminada
a una análoga a la que se analizaba cuando se estudiaban los denominados “delitos de
clima” con todos los problemas también enunciados y a lo que cabría añadir, a fin de
concretar más la postura contraria a la penalización de este tipo de declaraciones que, en
palabras de la propia fiscalía del Tribunal Supremo se debe dar una “[…] incitación
directa al odio, la discriminación o la violencia contra esos grupos, o indirecta a la
comisión de actos constitutivos de genocidio, y sin que tampoco, aunque en esas obras
se contengan conceptos, ideas o doctrinas discriminadoras u ofensivas para grupos de
personas, pueda apreciarse que solo con esos actos de difusión se venga a crear un
clima de hostilidad que suponga un peligro cierto de concreción en actos específicos de
violencia contra aquellos.”38.
35
STS, del 17 de junio de 1998, Sala Segunda (TOL217.942)
36
VELÁZQUEZ BARÓN, A.: Las amenazas, Bosch, Barcelona, 2004, p. 8
37
VELÁZQUEZ BARÓN, A.: Las amenazas, op. cit., pp. 8-9.
38
DOLZ LAGO, M. J.: “Los delitos de odio en el código penal tras la modificación operada por lo
1/2015. Breve referencia a su relación con el delito del art. 173 CP”, p. 29.
20
El día de las elecciones, 4 de marzo, FyA obtiene 606.557 votos (2,38% de las
papeleas emitidas), consiguiendo que tanto Theo como Alexis alcancen la condición de
diputados en el Congreso. Hecho modificante de los actos procesales que hasta ahora se
han estudiado. En un discurso en tono triunfalista, Theo realiza las siguientes
declaraciones: “Hoy es el día en el que los españoles han dicho lo que quieren. Quieren
fuerza y acción frente a quienes han vendido la patria a los extranjeros. Quieren verlos o
fuera de nuestra tierra o debajo de ella”.
En este caso se puede apreciar una circunstancia diferencial con el resto de
declaraciones extremistas o de carácter agresivo que se han reflejado hasta el momento
y es que, en un primer instante, se puede llegar a apreciar similitudes con el resto pero,
la expresión “[…]frente a quienes han vendido la patria a los extranjeros […]” será
fundamental a la hora de expresar las divergencias de esta declaración.
Tal y como expresa la jurisprudencia del Tribunal Supremo, en cuanto a lo que
definir las amenazas jurídicamente se refiere “el mal anunciado ha de ser futuro,
injusto, determinado y posible que dependa exclusivamente de la voluntad del sujeto
activo y produzca la natural intimidación en el amenazado.”39 es decir, los elementos
dubitativos que se apreciaban anteriormente desaparecen en este momento al relacionar
esta frase con la anterior declaración de Theo en el debate electoral del 27 de febrero
cuando aseveraba que “los atentados terroristas islámicos están fomentados por el
Partido Socialdemócrata y por todos los partidos que están vendiendo esta Nación a sus
enemigos”. Lo que propicia esta citada relación entre ambas declaraciones es la
posibilidad de concretar el sujeto que es objeto de las amenazas. Esta sería la gran
diferencia con respecto a las otras situaciones de corte similar, que en este caso se puede
determinar, como precisa necesario la señalada jurisprudencia, el sujeto al que se hace
referencia y además la amenaza, en especial la de expulsión del territorio nacional en lo
que se parecía como una forma indiscriminada, teniendo en cuenta el contexto pre-
electoral del que se trataba, que lo dota de una cierta veracidad y podría acentuar de
manera positiva la posibilidad de ese mal.
Con respecto a ese último punto, señalar el artículo 170 CP “Si las amenazas de un
mal que constituyere delito fuesen dirigidas a atemorizar a los habitantes de una
población, grupo étnico, cultural o religioso, o colectivo social o profesional, o a
cualquier otro grupo de personas, y tuvieran la gravedad necesaria para conseguirlo,
se impondrán respectivamente las penas superiores en grado a las previstas en el
artículo anterior.” Ya que, efectivamente, la amenaza de expulsión no encajaría en los
tipos recogidos en el artículo 169 pero es evidente, a tenor de la literalidad de este
artículo que “no se especifica si los males con que se amenaza han de ser constitutivos
de algunos de los delitos enumerados en el CP art. 169 (vida, libertad, integridad,
etc…), o también podría tener cabida cualquier delito.”40 con lo que el encaje de las
amenazas en esa afirmación, descontada la otra insinuación realizada, también podría
ser entendida como una amenaza penal en un sentido estrictamente jurídico.
Así pues, como bien nos indica el 169 CP al que se hace referencia en el posterior
artículo “El que amenazare a otro con causarle a él, a su familia o a otras personas con
las que esté íntimamente vinculado un mal que constituya delitos de homicidio,
lesiones, aborto, contra la libertad, torturas y contra la integridad moral, la libertad
sexual, la intimidad, el honor, el patrimonio y el orden socioeconómico, será castigado:
1.º Con la pena de prisión de uno a cinco años, si se hubiere hecho la amenaza
exigiendo una cantidad o imponiendo cualquier otra condición, aunque no sea ilícita, y
39
STS 755/2009, del 13 de julio, Sala Segunda (TOL1.577.909)
40
LLOBET ANGLÍ, M.: “Amenazas y chantaje” en “Memento práctico penal 2016” (MOLINA
FERNÁNDEZ, F. Dir.), Ed. Francis Lefebvre, Madrid, 2016, p. 873.
21
el culpable hubiere conseguido su propósito. De no conseguirlo, se impondrá la pena
de prisión de seis meses a tres años.
Las penas señaladas en el párrafo anterior se impondrán en su mitad superior si las
amenazas se hicieren por escrito, por teléfono o por cualquier medio de comunicación
o de reproducción, o en nombre de entidades o grupos reales o supuestos.
2.º Con la pena de prisión de seis meses a dos años, cuando la amenaza no haya
sido condicional.” con lo que, partiendo de la premisa de interpretar las declaraciones
del entonces candidato Theo como un enunciado condicional, no se puede entender de
otro modo alternativo, las responsabilidades penales serían las indicadas en el punto 2º
de este tipo penal.”
Por su parte, Alexis, en referencia al 40% de abstención registrado en los comicios
que los convierten en diputados, señaló: “Hay muchos españoles que hoy, con su
silencio, han sido muy claros: no quieren perpetuar esta farsa. No quieren más política
de palabras. No quieren más campañas electorales. No quieren que una falsa mayoría
les imponga nada. Nos están diciendo: sólo queremos regirnos por lo que nuestra
conciencia española y cristiana nos dicta. Nos están diciendo: id allí y comunicadles a
todos esos traidores que su fin ha llegado. Y eso haremos: iremos a sentarnos entre ellos
y a anunciarles que pronto verán el Parlamento arder”.
En el caso de las declaraciones emitidas por Alexis, más allá de la múltiple
interpretación que se puede dar a sus palabras, cabe destacar la ausencia de un tipo
penal en el CP español que castigue las amenazas al poder legislativo y se resalta este
hecho ya que, por el contrario, sí que se encuentra el equivalente castigo en caso de
amenazas contra el poder ejecutivo, art. 504 CP o las injurias graves, entendiendo
injurias como un delito “similar” al de las amenazas, a los diferentes órganos
legislativos del estado y las CC.AA. art. 496 CP.. Por lo tanto, en este caso las
declaraciones de Alexis no deberían tener mayores consecuencias que unos jugosos
titulares en la prensa en la jornada post electoral marcada por la citada consecución del
acta de diputados por los otrora raperos Theo y Alexis.
Al día siguiente, preguntado en rueda de prensa Theo por estas declaraciones, indicó
que: “nuestro secretario general ha expresado lo que muchos se niegan a oír: la
democracia es una farsa. La voz del Pueblo no se puede sustituir. Por eso yo invito a
todos los que de verdad quieren formar parte de esta reconquista que se hagan sentir el
próximo día 17” [día previsto para la solemne apertura de la legislatura].
En esta declaración no se encuentra ninguna acción que sea calificable como un ilícito
penal, no obstante, es clave señalar este momento como el punto exacto en el que Theo
se convierte, a todos los efectos, en el promotor de la manifestación que efectivamente,
tendrá lugar el día 17 aprovechando la apertura de la legislatura iniciada tras las
elecciones generales. Esta posición, como bien indica la jurisprudencia cuando asevera
que. “[…] él fue el promotor y organizador de la manifestación, que convocó para que
acudiesen en dicho día y hora a las mujeres, hijos y compañeros de los trabajadores,
dando a conocer la convocatoria a cuantos individuos pudo, instándolos, a concurrir,
hasta qué fue detenido; por lo que el concepto de autor, del delito por el que ha sido
condenado está perfectamente ajustado a los números 2 .º y 3.º del artículo 14 del
Código Penal ya que organizó el acto, como se ha dicho, indujo a cuantas, personas
pudo para que acudieran a la reunión y cooperó directa y principalmente a su
ejecución con el acto de la convocatoria sin el cual la manifestación no hubiera tenido
22
lugar.”41. será relevante en sobre manera a la hora de determinar responsabilidades
penales. Es esta definición que nos aporta la jurisprudencia la que nos indicia, con
requerimientos del tipo “sin el cual la manifestación no hubiera tenido lugar” lo que nos
puede guiar a apuntar a Theo como el promotor de dicha manifestación que, a efectos
finales pudiera tener un organizador técnico diferente.
Se debe señalar como hecho de carácter circunstancial que, a la hora de realizar este
llamamiento, es decir, ser el promotor de la manifestación que como veremos a
continuación se llevó a cabo; ni Theo ni Alexis, aunque en este caso resulte irrelevante
para este último, ostentaban la condición de diputado. Dicha condición debe adquirirse
cumpliendo los requisitos establecidos en el art. 20 del Reglamento del Congreso de los
diputados que enuncia 3 requisitos fundamentales para conseguir dicho estatus: “El
Diputado proclamado electo adquirirá la condición plena de Diputado por el
cumplimiento conjunto de los siguientes requisitos:
1º Presentar en la Secretaría General la credencial expedida por el correspondiente
órgano de la Administración electoral.
2º Cumplimentar su declaración de actividades en los términos previstos en la Ley
Orgánica del Régimen Electoral General.
3º Prestar, en la primera sesión del Pleno a que asista la promesa o juramento de
acatar la Constitución.
2. Los derechos y prerrogativas serán efectivos desde el momento mismo en que el
Diputado sea proclamado electo. Sin embargo, celebradas tres sesiones plenarias sin
que el Diputado adquiera la condición de tal, conforme al apartado precedente, no
tendrá derechos ni prerrogativas hasta que dicha adquisición se produzca.”
23
seguridad ciudadana que en su artículo 30, si bien solo a efectos jurídicos de la propia
ley, lo define como “se considerarán organizadores o promotores de las reuniones en
lugares de tránsito público o manifestaciones las personas físicas o jurídicas que hayan
suscrito la preceptiva comunicación. Asimismo, aun no habiendo suscrito o presentado
la comunicación, también se considerarán organizadores o promotores quienes de
hecho las presidan, dirijan o ejerzan actos semejantes, o quienes, por publicaciones o
declaraciones de convocatoria de las mismas, por las manifestaciones orales o escritas
que en ellas se difundan, por los lemas, banderas u otros signos que ostenten o por
cualesquiera otros hechos pueda determinarse razonablemente que son directores de
aquellas.”
Las responsabilidades penales de ocupar la posición anteriormente descrita derivan
de los redactado ene l art.514 CP “Los promotores o directores de cualquier reunión o
manifestación comprendida en el número 1.º del artículo anterior y los que, en relación
con el número 2.º del mismo, no hayan tratado de impedir por todos los medios a su
alcance las circunstancias en ellos mencionadas, incurrirán en las penas de prisión de
uno a tres años y multa de doce a veinticuatro meses. A estos efectos, se reputarán
directores o promotores de la reunión o manifestación los que las convoquen o
presidan.” lo que nos lleva a tener que argumentar la calificación de manifestación
ilícita que damos a la concurrencia organizada por Acción inmediata. Los parámetros
para esta clasificación los encontramos ene l art. 513 CP cuando el legislador redactó
que “Son punibles las reuniones o manifestaciones ilícitas, y tienen tal consideración:
1.º Las que se celebren con el fin de cometer algún delito.
2.º Aquéllas a las que concurran personas con armas, artefactos explosivos u
objetos contundentes o de cualquier otro modo peligroso.” y, como se verá a
continuación, se observó la presencia, de hecho, se hizo uso, de objetos que encajarían
en la definición aportada por el punto 2º del artículo anterior.
No obstante, al margen de la calificación posterior que se le pueda dar a la
manifestación a tenor de los objetos empleados en la misma, la citada reunión, como así
fue, no debe ser prohibida en un principio.
La policía establece un cordón de seguridad, pero tanto Vigaray como otros sujetos
consiguen saltarlo y, abalanzándose contra el vehículo descapotable que transportaba al
jefe del Estado, Vigaray arrojó una antorcha apagada a la cara de éste exclamando: “¡La
próxima vez encendida!”, siendo detenido inmediatamente. Acto seguido, se produjeron
disturbios y una serie de cargas policiales contra los adeptos de FyA que se saldaron con
120 detenidos y más de 300 heridos entre policías y activistas. Es en este momento
cuando, entre otros ilícitos penales que a continuación e detallarán y expondrán, se
acierta a calificar la manifestación como ilícita, acorde con lo presentado anteriormente.
En primer lugar, una vez resuelto que, efectivamente se emplearon en la
manifestación a estudiar, armas u objetos de carácter peligroso y antes de comenzar el
análisis de las posibles consecuencias del uso de dichas armas, se debe hacer una
reflexión sobre el tipo penal al que se está haciendo referencia en este momento. Esta
aclaración viene dada de manera imperativa ante la posible duda que pueda surgir del
conflicto de dos tipos penales: Por un lado, los delitos de manifestación ilegal,
agravados como se ha argumentado por el uso de un tipo concreto de objetos en la
misma. Por otro, nos encontramos con que el CP incluye, de manera explícita en su
basto elenco de artículos un tipo concreto para las manifestaciones ante la sede
parlamentaria, esto es, el art. 494 CP “Incurrirán en la pena de prisión de seis meses a
un año o multa de doce a veinticuatro meses los que promuevan, dirijan o presidan
manifestaciones u otra clase de reuniones ante las sedes del Congreso de los
24
Diputados, del Senado o de una Asamblea Legislativa de Comunidad Autónoma,
cuando estén reunidos, alterando su normal funcionamiento.”.
En este momento se produce la colisión entre los dos tipos penales, en un caso en el
que resulta imposible la aplicación de ambos ante la posibilidad de incurrir en un bis in
ídem. La solución viene debe ser otorgada acorde con los principios rectores que el
propio CP entrega para estas situaciones en su artículo 8º, concretamente en el primero
de sus puntos cuando indica que “Los hechos susceptibles de ser calificados con
arreglo a dos o más preceptos de este Código, y no comprendidos en los artículos 73 a
77, se castigarán observando las siguientes reglas: 1.ª El precepto especial se aplicará
con preferencia al general.”. Es decir, el criterio de especialidad debe primar en
cualquier situación en la que fuere posible su aplicación. El problema surge cuando no
es posible realizar tras especialización entre dos tipos penales, como es el caso presente
ya que, se encuentran en un choque frontal la perturbación del orden regular del
funcionamiento de una de las cámaras con la asistencia a una manifestación portando
medios peligrosos. Se debe obviar el punto primero del art. 513 CP ya que, si solo
estuviéramos ante un caso de manifestación celebrada con el fin de cometer un delito,
este sería, de manera innegable, la alteración relevante del funcionamiento de la
asamblea y como “parece que no hay otra alteración relevante del funcionamiento de
una asamblea legislativa que la perturbación del orden de sesiones”43 porque “Hay que
recordar que el bien jurídico protegido es la paz del lugar para la libre formación de
la voluntad de los legisladores.”44; el citado criterio de especialidad nos llevaría, de
manera inequívoca en este caso, a acudir a los tipos penales de los arts. 494-497 CP para
hallar la respuesta.
No obstante, el artículo 513 es, en sí mismo, un tipo alternativo que se completa con el
cumplimiento de uno de los supuestos que el mismo posee por lo que el criterio de
especialidad entre los artículos anteriormente mencionados carece de utilidad en este
caso. Nos vemos entonces abocados a acudir al punto 4º del art. 8 CP “En defecto de los
criterios anteriores, el precepto penal más grave excluirá los que castiguen el hecho
con pena menor.”, lo que se conoce como el criterio de alternabilidad. Así pues, las
condenas aplicables a Vigaray y a Theo, serán las recogidas en los arts. 513 y 514 CP en
base al razonamiento expuesto hasta este punto.
Llegado este momento, Theo ya ostenta la condición de diputado en las CC.GG. por
lo que, para proceder a su enjuiciamiento, motivado por las causas explicadas
anteriormente, no se puede seguir un camino ordinario, sino que, en virtud de lo que la
CE expone en su artículo 71 “Los Diputados y Senadores gozarán de inviolabilidad por
las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones.
2. Durante el período de su mandato los Diputados y Senadores gozarán asimismo
de inmunidad y sólo podrán ser detenidos en caso de flagrante delito. No podrán ser
inculpados ni procesados sin la previa autorización de la Cámara respectiva.
3. En las causas contra Diputados y Senadores será competente la Sala de lo Penal
del Tribunal Supremo.” se debe solicitar el permiso a la cámara correspondiente, en este
caso el Congreso de los Diputados, que, mediante suplicatorio, deberá proceder a
permitir la investigación de Theo por parte del también citado en dicho artículo de la
carta magna, Tribunal Supremo. Esta figura del suplicatorio como emanación de la
inmunidad parlamentaria que tienen los diputados, que les otorga un tratamiento, cuanto
menos diferente al del resto de los ciudadanos no ha estado ajena a las críticas y al
debate político y jurídico. El TC quiso aclarar en la medida de lo que le corresponde el
43
LASCUARÍN SÁNCHEZ, J. A.: “Delitos contra las instituciones del Estado y la división de poderes”
en “Memento práctico penal 2016”, op. cit., p. 1747.
44
Auto AN, del 4 de octubre de 2012 (TOL2.650.771)
25
perfil que ha de mantener esta figura redactando la siguiente descripción de la propia
inmunidad: “Igualmente, es claro que la inmunidad no ha sido concebida para
operar, de facto, una extensión de los límites de la prerrogativa, en parte vecina, de la
inviolabilidad. Mucho menos ha sido preservada por el constituyente de 1978 para
generar zonas inmunes al imperio de la Ley.”45
El desarrollo normativo de esta vía especial se contempla, en primer lugar cuando a
la hora de analizar los artículos de previo funcionamiento la LECrim, en su artículo 666
se refiere a estos como “Serán tan sólo objeto de artículos de previo pronunciamiento
las cuestiones o excepciones siguientes: (siendo de relevancia para nosotros el 5º de los
puntos donde se establece) 5.ª La falta de autorización administrativa para procesar en
los casos en que sea necesaria, con arreglo a la Constitución y a Leyes especiales.”.
Siendo actualmente, los suplicatorios, los únicos casos que se adaptan a este quinto
punto del artículo en todo el derecho español. En esta situación, las consecuencias en
caso de negativa de la citada autorización vienen recogidas en el artículo 677 del mismo
texto legal “Si el Tribunal estima procedente el artículo por falta de autorización para
procesar, mandará subsanar inmediatamente este defecto, quedando entre tanto en
suspenso la causa, que se continuará según su estado, una vez concedida la
autorización. Si solicitada ésta se denegare, quedará nulo todo lo actuado y se
sobreseerá libremente la causa. Contra el auto en que se desestime esta excepción no
se dará recurso alguno, y se observará lo dispuesto en el párrafo segundo del artículo
anterior.” y de donde se deduce la importancia procesal de dicha autorización.
Al margen de los artículos citados, dedicados a estos actos de carácter previo, la
propia LECrim enuncia el camino a seguir a la hora de iniciar un procedimiento judicial
contra personas que ostenten el cargo de diputado o senador. Para ello es necesario
acudir a los artículos 750 y ss cuyo “espíritu” se resumen en el enunciado del primero
de estos arts. “El Juez o Tribunal que encuentre méritos para procesar a un Senador o
Diputado a Cortes por causa de delito, se abstendrá de dirigir el procedimiento contra
él si las Cortes estuvieren abiertas, hasta obtener la correspondiente autorización del
Cuerpo Colegislador a que pertenezca.”. En resumen, esta autorización posee un
carácter imperativo y la negativa de las cámaras a otorgarla implica el sobreseimiento
de la causa, con respecto al parlamentario implicado, que no de la causa en sí.
En lo que al momento de solicitar el suplicatorio relacionado con la investigación
penal que se pretende abordar sobre el diputado Theo, el TC ha venido a resolver una
disputa afirmando que, solo en el momento de la imputación, lo que hoy es la figura del
investigado, es pertinente dicha aprobación de las cortes ya que “desde una perspectiva
procesal, el suplicatorio no puede considerarse en todo supuesto e incondicionalmente
como previo a la incoación del proceso o al inicio de actuaciones instructoras, sino a
la decisión judicial de inculpación, quedando garantizado en todo caso el derecho de
defensa mediante el traslado de la imputación, por lo que ninguna indefensión ni
infracción del derecho a un proceso con todas las garantías se produce por esta forma
de actuación.”46
Como referencia adicional es necesario hacer mención a la Ley de 9 de febrero de
1912 declarando los Tribunales que han de entender en el conocimiento de las causas
contra Senadores y Diputados ya que en ella se hace referencia, por ejemplo, a que las
causas abiertas serán resueltas por la sala de lo penal del TS, como ya se indicaba en la
actual LECrim, pero haciendo la precisión de que esta norma se aplicará también en el
caso de diputados solamente electos. Un texto legislativo este “cuya vigencia es
45
STC 206/1992, del 27 de noviembre, Pleno del TC (TOL81.986)
46
STC123/2001, del 4 de junio, Sala Segunda (TOL12.984)
26
discutida tanto en doctrina como en jurisprudencia”47 debido tanto a su posible
obsolescencia como a la contradicción que pudiera generar con leyes más actuales. No
obstante, es importante resaltar la falta de consenso con respecto a esta ley.
Aclarada la situación procesal que involucrará a Theo en el momento en el que este
sea acusado, se debe proceder ahora con los otros actos susceptibles de carácter
delictivo que se aprecian en el momento de la manifestación; siendo protagonista de
estos en esta ocasión, Vigaray. Antes de continuar con los actos punibles observados en
las actuaciones del líder de la asociación que convocó la manifestación, como nota
aclaratoria ante algo que puede resultar obvio de por sí, la constitución manifiesta en su
artículo 1.3 que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.”
y concreta más adelante, en el artículo 56 CE que “El Rey es el Jefe del Estado” con lo
que las referencias a esta figura de Jefe de Estado serán, en todo caso al Rey y por lo
tanto serán aplicables los arts. dispuestos en el capítulos II del título XXI CP.
En cuanto a lo que la acción realizada por Vigaray se refiere, debemos distinguir dos
tipos penales diferentes en la misma acción y no excluyentes entre sí, es decir, que de
ser culpable de ambos entrarían en un concurso ideal a la hora de realizar el computo de
las penas siguiendo las directrices del art. 77 CP.
La primera de estas posibles responsabilidades penales es, sin duda, la que más
dudas generará, básicamente por la ausencia de información en el supuesto acerca de las
consecuencias finales de la propia acción. Se trata de un posible caso de lesiones al rey,
tipificado en el artículo 486.2 CP “El que les causare cualquier otra lesión, será
castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años.” (la referencia a otra lesión
viene dada por el punto previo, donde se hace hincapié en los tipos penales de lesiones
más graves, arts. 149 y 150 que, del mismo modo también acarrean penas más graves en
este caso) en lo que, como en el caso del homicidio, es “una regulación paralela a la
del artículo anterior, en la que se producen agravaciones proporcionadas respecto de
las correlativas figuras comunes.”48. Se necesitaría saber entonces, el alcance del
impacto producido tras arrojar Vigaray la antorcha a la cara del rey, debiendo interpretar
después si ese resultado cumple con la definición de lesión que el Tribunal Supremo nos
da ante la ausencia de una propia descripción en el cuerpo del CP “En la doctrina se ha
considerado que una lesión corporal se debe apreciar siempre que exista un daño en la
sustancia corporal, una pérdida de sustancia corporal, una perturbación de las
funciones del cuerpo, o una modificación de la forma de alguna parte del cuerpo. Pero,
fuera de estos casos, también se ha entendido por lesión la producción de malestares
físicos de cierta entidad, como la producción de terror o de asco.”49. En resumen, el
resultado penal con respecto al posible delito de lesiones al rey dependerá de si las
consecuencias del lanzamiento del objeto se adaptan o no a la descripción aportada por
la jurisprudencia. En caso negativo, de todos modos, se podría estar ante un tipo
estándar de maltrato de obra recogido en el artículo 147.3 CP que, en este caso, no sufre
alteración alguna por tratarse la víctima del Jefe del Estado. No obstante podría
apreciarse una circunstancia modificadora de la responsabilidad penal genérica, de
carácter agravante como la recogida en el art. 22 4º “Cometer el delito por motivos
racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o
creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo,
orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su
47
LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, J.: Instituciones de derecho procesal penal, Ediciones jurídicas de
Cuyo, Mendoza, Argentina, p. 200
48
VIVES, A., CARBONELL, M.: Comentarios al código penal de 1995, Tirant lo Blanch, 1996,
(TOL198.243)
49
STS 785/1998, del 9 de junio, Sala Segunda (TOL5.133.851)
27
discapacidad.” si se deduce que la única motivación de Vigaray para atentar contra el
rey era la meramente ideológica y al no haber un tipo penal específico para tratar el
maltrato de obra contra el rey.
En segundo lugar, con la expresión “¡La próxima vez encendida!” se está
incurriendo de forma inequívoca en un ilícito penal de amenazas al rey, tipificado en el
art. 490.2 CP “Con la pena de prisión de tres a seis años será castigado el que
amenazare gravemente a cualquiera de las personas mencionadas en el apartado
anterior, y con la pena de prisión de uno a tres años si la amenaza fuera leve.”. La
jurisprudencia en cuanto al delito propio de amenazas a la corona no es amplia ni
mucho menos, pero los altos tribunales ya han dejado resuelto cualquier posible atisbo
de dudas que pudiera surgir en otros delitos de características similares. En una de las
múltiples sentencias referidas a la quema de retratos del monarca, enjuiciando a los
acusados por un delito de injurias contra la corona, la Audiencia Nacional ya expresó
que “Quemar en público, en las circunstancias descritas, la fotografía o la imagen de
una persona comporta una incitación a la violencia contra la persona y la institución
que representa, fomenta sentimientos de agresividad contra la misma y expresa
una amenaza”50. De esta sentencia se puede extraer fácilmente que, si una quema de
fotografías es interpretada como una amenaza para el monarca, una amenaza
propiamente dicha no tendrá visos de ser defendible en un proceso penal.
La competencia para enjuiciar a Vigaray por los delitos cometidos, corresponderá a
la Audiencia Nacional acorde con lo redactado en el art. 65 LOPJ “La Sala de lo Penal
de la Audiencia Nacional conocerá:
1.º Del enjuiciamiento, salvo que corresponda en primera instancia a los Juzgados
Centrales de lo Penal, de las causas por los siguientes delitos:
a) Delitos contra el titular de la Corona, su Consorte, su Sucesor, altos organismos
de la Nación y forma de Gobierno.”
Del mismo modo es necesario destacar que tanto Theo como Vigaray serán los
responsables a efectos civiles de las consecuencias causadas en la manifestación según
el art. 4.3 de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión.
“Los participantes en reuniones o manifestaciones, que causen un daño a terceros,
responderán directamente de él. Subsidiariamente, las personas naturales o jurídicas
organizadoras o promotoras de reuniones o manifestaciones responderán de los daños
que los participantes causen a terceros, sin perjuicio de que puedan repetir contra
aquéllos, a menos que hayan puesto todos los medios razonables a su alcance para
evitarlos.”. Esta precisión se realiza para el caso de que resultaran absueltos de los
hipotéticos procesos penales ya que, en caso contrario, simplemente se debería atener a
lo recogido en el art. 116 CP “Toda persona criminalmente responsable de un delito lo
es también civilmente si del hecho se derivaren daños o perjuicios. Si son dos o más los
responsables de un delito los jueces o tribunales señalarán la cuota de que deba
responder cada uno.”.
50
SAN 494/2017, del 21 de febrero, Sala de lo Penal (TOL5.989.712)
28
inductor de dichas torturas al Comisario de la Policía Nacional, señor Camarasa. En
portada, aparece una fotografía del Sr. Camarasa con un sello encima con el lema
“Juzgado y condenado por alta traición”.
Las acusaciones que se realizan por parte del diario Nuestra Fuerza, que tiene en
Deyverson su máximo responsable de edición, vuelven a traer a colación la temática de
las calumnias, siendo en este caso contra el comisario Camarasa al que se le acusa de
ser el inductor de unas supuestas torturas. La figura del inductor se presenta solo en
aquellos casos en los que una provocación termine culminando en un hecho delictivo y
que, de acorde con lo dispuesto en el art. 28 CP “Los que inducen directamente a otro u
otros a ejecutarlo.” es considerado autor del delito a todos los efectos y por lo tanto le
correspondería la misma pena que al artífice de dichas torturas.
No obstante, una comisión parlamentaria posterior esclarece los hechos y se
demuestra que, nuevamente, las noticias emitidas por el diario Nuestra Fuerza, es decir,
respaldadas por Deyverson, eran de carácter falso.
Aunque se comparte la gran mayoría del razonamiento redactado a la hora de
denunciar las calumnias sobre los partidos políticos y su financiación, también
publicada en este diario, en esta situación nos encontramos con la peculiaridad de que la
victima de esta actuación es un cargo público, un comisario en este caso, lo que en
virtud del art. 215 CP modifica, o posibilita la modificación, del inicio de las
actuaciones contra el medio de comunicación “Nadie será penado por calumnia o
injuria sino en virtud de querella de la persona ofendida por el delito o de su
representante legal. Se procederá de oficio cuando la ofensa se dirija contra
funcionario público, autoridad o agente de la misma sobre hechos concernientes al
ejercicio de sus cargos.” al permitir a la fiscalía dicha autonomía iniciadora.
Los intentos de endosar falsos delitos, normalmente relacionados con una suerte de
“mala praxis” en el ejercicio de sus funciones a las FF. Y CC. de seguridad del estado
no son, para la jurisprudencia española, una novedad en absoluto. De hecho, es posible
encontrar en la misma ejemplos que se adaptan casi perfectamente a casos como el que
se están tratando y que, sirven al propósito de entender como los tribunales españoles
conciben estas declaraciones. Así, el Tribunal supremo entendió en una situación muy
similar: “Concibió el propósito de desplegar una campaña basada en el descrédito
personal y el desprestigio profesional de las personas encargadas de la investigación, y
singularmente del Instructor Judicial y del Jefe Policial ya indicados, a quienes
presentó de forma deliberada e inveraz como personas corruptas, movidas por el deseo
de manipular la investigación para proporcionar falsos culpables”51. Del mismo modo,
conviene recordar que para que una calumnia sea tal, que en este caso sin duda resulta
serlo, en palabras del mismo órgano judicial “No bastan atribuciones genéricas, vagas
o analógicas, sino que han de recaer sobre un hecho inequívoco, concreto y
determinado, preciso en su significación y catalogable criminalmente, dirigiéndose la
imputación a persona concreta e inconfundible, de indudable identificación, en radical
aseveración, lejos de la simple sospecha o débil conjetura, debiendo contener la falsa
asignación los elementos requeridos para la definición del delito atribuido, según su
descripción típica, aunque sin necesidad de una calificación jurídica por parte del
autor.”52, requisitos que en este caso se cumplen sobradamente, siendo el comisario
Camarasa el sujeto determinado sobre el que recaen las falsas acusaciones.
Todo lo concerniente a la portada que incluye la foto del comisario con el cuño
sobrepuesto en el que se incluía la leyenda de “juzgado y condenado por alta traición”
supone en sí mismo un problema jurídico cuya solución y posterior toma de decisión en
51
STS, del 14 de febrero de 2001, Sala Segunda (TOL31.350)
52
STS 451/1995, del 1 de febrero, Sala Segunda (TOL 5.155.973)
29
la calificación de los hechos arrastrará tras de sí unas consecuencias muy relevantes.
En primer lugar, la opción que podría resultar más sencilla, sería optar por emplear la
clasificación de estos hechos utilizando las herramientas del delito de amenazas
recogido en el art. 169 CP “El que amenazare a otro con causarle a él, a su familia o a
otras personas con las que esté íntimamente vinculado un mal que constituya delitos de
homicidio, lesiones, aborto, contra la libertad, torturas y contra la integridad moral, la
libertad sexual, la intimidad, el honor, el patrimonio y el orden socioeconómico, será
castigado” y agravadas en este caso por una de las situaciones recogidas en el art. 170.2
CP “Serán castigados con la pena de prisión de seis meses a dos años, los que, con la
misma finalidad y gravedad, reclamen públicamente la comisión de acciones violentas
por parte de organizaciones o grupos terroristas .” y es precisamente en esta última
aclaración destinada a agravar la pena principal donde surgen las complicaciones de este
incidente con la portada.
Este citado problema surge por lo que podría ser considerado una duplicidad existente
en el CP español entre el art. citado en la parte superior y las referencias que se
encuentran en el capítulo VII del título XVII del mismo cuerpo legislativo.
El art. 579.1 CP dice que “Será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a
la prevista para el delito de que se trate el que, por cualquier medio, difunda
públicamente mensajes o consignas que tengan como finalidad o que, por su contenido,
sean idóneos para incitar a otros a la comisión de alguno de los delitos de este
Capítulo” teniendo que encontrar la referencia en el art. 573 bis.1 4ª “ Los delitos de
terrorismo a los que se refiere el apartado 1 del artículo anterior serán castigados con
las siguientes penas: Con la de prisión de diez a quince años si se causara cualquier
otra lesión, o se detuviera ilegalmente, amenazara o coaccionara a una persona.”
enunciando el citado artículo anterior lo siguiente “Se considerarán delito de terrorismo
la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad,
la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio, los recursos
naturales o el medio ambiente, la salud pública, de riesgo catastrófico, incendio, contra
la Corona, de atentado y tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones o
explosivos, previstos en el presente Código, y el apoderamiento de aeronaves, buques u
otros medios de transporte colectivo o de mercancías, cuando se llevaran a cabo con
cualquiera de las siguientes finalidades:
1.ª Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el
funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales
del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de
hacerlo.
2.ª Alterar gravemente la paz pública.
3.ª Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional.
4.ª Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella.”
Así pues, la disyuntiva tendría una doble dimensión. Por un lado, si el delito se lleva a
cabo con una de las finalidades que enuncia como condición sine qua non y en segundo
lugar, si se tiene la suficiente seguridad para aplicar el criterio de especialidad, como
nos dicta el CP en su art. 8.1 CP.
La conclusión obtenida, al menos a parecer propio, es que se plantea la difusión de un
mensaje que tiene como finalidad incitar a otros a cometer un delito contra la vida de las
personas y que, en última instancia, soporta una finalidad de subversión del orden
constitucional o alteración de la paz pública, como han demostrado en anteriores
declaraciones y acciones desde tanto la organización juvenil como de su partido matriz
o del periódico dirigido por Deyverson. Por estos motivos, debería ser la segunda
opción la que se seleccione finalmente.
30
Como conclusión, Vigaray debería ser condenado por otro delito de calumnias,
tipificado en el art. 205 CP que se sumaría a la anterior condena por el mismo delito
motivada por la atribución de una falsa financiación ilegal.
Esa tarde, en el Congreso de los Diputados, estando en su turno de palabra, Theo, en
nombre de FyA, expone que: “renunciamos a toda vía de entendimiento con
torturadores y traidores. A partir de ahora sólo hablaremos en el campo de batalla”.
Acto seguido, la presidenta del Gobierno, Sra. Soraya Rajoy, interviene para inquirir a
Theo por el sentido exacto de sus palabras, momento en el que Alexis se levanta de su
escaño y grita: “Significa que vais a salir todos de aquí con los pies por delante y le
vamos a prender fuego a este edificio”. Alexis es inmediatamente expulsado del
hemiciclo por el presidente del Congreso en base a la potestad que le otorga el art. 104
del reglamento del congreso “Al Diputado y orador que hubiere sido llamado al orden
tres veces en una misma sesión, advertido la segunda vez de las consecuencias de una
tercera llamada, le será retirada, en su caso, la palabra y el presidente, sin debate, le
podrá imponer la sanción de no asistir al resto de la sesión.”
Ya en los pasillos, en declaraciones a los periodistas que allí lo abordan, Alexis dice:
“Basta de tonterías: somos Fuerza y Acción. Hoy es una jornada de ira y desde aquí
hago un llamamiento: ¡que todos los que nos apoyan salgan a la calle y tomen lo que
es suyo!”.
Pese a la gravedad de las palabras enunciadas por Theo en primer lugar y Alexis en
respuesta a la presidenta del gobierno, tratándose de un diputado en medio de una sesión
parlamentaria el debate concluye en el momento en el que nuestro texto constitucional
redactó en su art. 71.1 que “Los Diputados y Senadores gozarán de inviolabilidad por
las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones.”, artículo que, no exento de
polémica, el propio tribunal ya ha tenido que interpretar en más de una ocasión para
aseverar que “La inviolabilidad es un privilegio de naturaleza sustantiva que garantiza
la irresponsabilidad jurídica de los parlamentarios por las opiniones manifestadas en
el ejercicio de sus funciones, entendiendo por tales aquéllas que realicen en actos
parlamentarios y en el seno de cualquiera de las articulaciones de las Cortes
Generales o, por excepción, en actos exteriores a la vida de las Cámaras que sean
reproducción literal de un acto parlamentario, siendo finalidad específica del
privilegio asegurar a través de la libertad de expresión de los parlamentarios, la libre
formación de la voluntad del órgano legislativo al que pertenezcan”53. Esta definición
encaja perfectamente con la causa que se está planteando en torno a las declaraciones
que los dos diputados de Fuerza y Acción realizaron tanto en sede parlamentaria antes
de ser Alexis expulsado por el presidente como, en aras de lo expuesto por el Tribunal
Constitucional, para las declaraciones posteriores a la prensa, interpretando estas como
una manifestación externa de la vida parlamentaria, es decir, de su campo de actuación
como diputado y entrando entonces dentro de esa prerrogativa que es la inviolabilidad
por las opiniones vertidas.
De este modo ambas declaraciones que, bajo otras circunstancias y con otros sujetos
protagonistas podrían incurrir en varios delitos como amenazas o incitación al odio,
deben ser observadas meramente desde un prisma político. Sin mayores consecuencias.
Unos minutos más tarde, sobre las 19:50, Alexis, en compañía de un numeroso
grupo de afiliados de Acción inmediata, irrumpen, durante el rezo del Magrib, en una
mezquita provistos de garrafas con sangre de cerdo y comienzan a rociar a los fieles allí
congregados con ella, provocándose una reyerta en la que hubo 40 heridos, sin que sea
posible determinar si Alexis, quien resultó también herido, lesionó a alguna de las
personas allí presentes.
53
STC 243/1988, del 19 de diciembre, Sala Primera (TOL80.090)
31
En primer lugar, el derramamiento de sangre de cerdo en la mezquita debería ser
condenado acorde con un delito de injurias del art. 208 CP “Es injuria la acción o
expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o
atentando contra su propia estimación. Solamente serán constitutivas de delito las
injurias que, por su naturaleza, efectos y circunstancias, sean tenidas en el concepto
público por graves, sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado 4 del artículo
173.”cabiendo la posibilidad de ser agravado el propio acto al venir este impulsado por
motivos xenófobos recogidos en el art. 22 4ª CP “Cometer el delito por motivos
racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o
creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo,
orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su
discapacidad.” Acto seguido ocurren toda la serie de incidentes violentos que se saldan
con la cifra de 40 heridos entre ambos bandos. En este caso, lo que el CP atribuye a
situaciones de este carácter es, al menos a primera vista un delito de riña tumultuaria,
tipificada en el art. 154 CP “Quienes riñeren entre sí, acometiéndose tumultuariamente,
y utilizando medios o instrumentos que pongan en peligro la vida o integridad de las
personas, serán castigados por su participación en la riña con la pena de prisión de
tres meses a un año o multa de seis a 24 meses.”. Delito que tiene tras de sí un gran
bagaje de investigación y jurisprudencia, tanto por ser una situación que, al menos en
comparativa con otras que se han dado previamente en este supuesto, ocurre con gran
frecuencia, como por ser un tema confuso sobre el que cabe realizar un debate jurídico
cuanto menos, interesante.
En cuanto a lo que el origen de este tipo penal se refiere, que servirá para entender la
aplicación que se realiza en este caso y en cualquiera otro de características similares el
Tribunal Supremo se pronunció hace casi 4 décadas para intentar esclarecer la
naturaleza de este tipo penal enunciando que: “la llamada riña tumultuaria fue ideado
por las legislaciones, con mayor o menor aceptación de la siempre repudiable
responsabilidad objetiva, al objeto de evitar la impunidad de homicidios o lesiones
cuyo autor directo y material era ignorado a virtud de la plural confusión del mutuo
ataque de los contendientes, pero conociéndose, en cambio, concomitantes lesiones de
mayor o menor gravedad en la causación del resultado, con la consiguiente traducción
de responsabilidad decreciente para éstos partícipes conocidos a modo de
"responsabilidad en cascada" o de "complicidad correspectiva”54.
Así la jurisprudencia entiende que, en lo que al delito en sí mismo se refiere, su
sustento y lógica, se trata de un “delito de participación en riña cuya aplicación se
sostiene en el presente motivo supone un delito de peligro concreto por la utilización de
medios o instrumentos idóneos para quebrantar la integridad física de las personas con
intervención de una pluralidad de individuos"55. Del mismo modo la doctrina está de
acuerdo en calificar el delito de riña tumultuaria como una suerte de delito de situación
más que de un hecho concreto “la riña tiene su base fundamental en los supuestos en
que aquellos hechos consistan en la producción de resultados de muerte y/o lesiones y
no haya constancia sobre quién o quiénes han sido los autores de los mismos, dato este
impediente de la posibilidad de atribución de responsabilidad por tales resultados.”56.
Un delito que como se citaba anteriormente en palabras del TS pretende luchar contra la
impunidad, aunque, con ello, pueda atropellar algunos principios rectores del derecho y
que no están exentos de polémica como se verá más adelante.
54
STS, del 12 de noviembre de 1979, Sala Segunda (TOL2.305.384)
55
STS 1586/1997, del 18 de diciembre, Sala Segunda (TOL407.756)
56
GRACIA MARTÍN, L., FERNÁNDEZ IBÁÑEZ, E. y MAYO CALDERÓN, B.: El delito de
participación en riña, Tirant lo Blanch, Valencia, 2007, p. 19.
32
En cuanto al caso concreto de Alexis, que es la razón principal que motiva este
análisis del delito de riña y, en unas acertadas palabras del TS en relación con otro
incidente que se adaptan de una manera extraordinaria a la situación que nos ocupa “Lo
cierto es que allí hubo una "batalla campal" en la que fueron muchos los que
participaron, […] y que, por tanto, debió condenarse únicamente por el delito de riña
tumultuaria”57. Este sería el resumen que se debería extraer, a mi juicio particular, de lo
acaecido en los incidentes de la mezquita en los que se vio involucrado Alexis. No por
una ferviente corriente favorable al propio delito de riña que yo pretenda defender, en
absoluto; de hecho, como inciso considero que la propia existencia del delito de riña
tumultuaria atenta directamente contra la presunción de inocencia; sino porque, una vez
que existe, debe ser considerado como el tipo penal que más se adapta al caso concreto.
De todos modos esta última decisión no es unánime en lo que a opinión jurídica se
refiere ya que “En la doctrina y en la jurisprudencia, sin embargo, no existe acuerdo
acerca de si para que una situación de acometimiento violento recíproco, como la
descrita hasta aquí, pueda ser calificada objetivamente como riña, tienen que concurrir
aún otros requisitos, ahora ya de naturaleza subjetiva, que se concretan en la
disposición o actitud personal que asuman los contendientes ante la situación material
o externa de riña. La cuestión que debe aclararse es si el concepto objetivo de riña
requiere o no que los contendientes hayan aceptado mutua y libremente la práctica del
proceso de agresiones violentas recíprocas.”58.
La cuestión es que, más allá de la ausencia del supuesto requisito de aceptación de la
violencia por parte de los contendientes en el artículo del CP que se encarga de la
redaccion de este delito, lo cual nos puede encaminar a tomar la decisión de que esta no
es necesaria o, al menos, indispensable; lo que resulta difícilmente comprensible es que,
en un delito que, como ya se expuso busca evitar la impunidad aún a costa de
reconocerse a sí mismo la ignorancia sobre lo ocurrido en una determinada situación; de
hecho su propia existencia se basa en el desconocimiento, trate de determinar según que
actitudes que además pueden ser progresivas y escalonadas en una misma reyerta. Por
este motivo no debe ser tomada como condición para el propio tipo la existencia o
ausencia de una parte detonante de la reyerta.
De este modo Alexis debería ser encausado por este delito de riña tumultuaria y por
uno de injurias acorde con lo redactado anteriormente y siguiendo el mismo proceso
explicado para el caso de Theo ya que, ambos ostentan la condición de diputados y por
ende es necesaria la inclusión de la figura del suplicatorio para poder proceder, por parte
del TS con el enjuiciamiento de Alexis por los delitos nombrados.
Asimismo, cerca de las 20:30h de ese mismo día, cuatro individuos no identificados
abordan en la vía pública al Sr. Camarasa, abriendo fuego contra él y causándole la
muerte. Encima del cuerpo dejan una copia de la portada de ese día de Nuestra fuerza y
se dan a la fuga.
Este hecho debe ser calificado como un delito de asesinato tipificado en el art. 139.1
1ª CP “Será castigado con la pena de prisión de quince a veinticinco años, como reo de
asesinato, el que matare a otro concurriendo alguna de las circunstancias siguientes:
1.ª Con alevosía.” teniendo en cuenta la sorpresiva actuación que dio lugar al crimen y
la descripción de alevosía que se nos entrega en la jurisprudencia del TS que encuentran
varios tipos de este agravante “ la alevosía requiere de un elemento normativo que se
cumple si acompaña a cualquiera de los delitos contra las personas; de un elemento
instrumental que puede afirmarse si la conducta del agente se enmarca, en un actuar
57
Auto TS 03/06/2015, Sala Segunda (TOL5.195.753)
58
GRACIA MARTÍN, L., FERNÁNDEZ IBÁÑEZ, E. y MAYO CALDERÓN, B.: El delito de
participación en riña, op. cit., p. 61.
33
que asegure el resultado, sin riesgo para su persona, en algunas de las modalidades
que doctrina y jurisprudencia distingue en el asesinato alevoso; y de un elemento
culpabilístico, consistente en el ánimo de conseguir la muerte sin ofrecer a la víctima
posibilidad alguna de defensa. En cuanto a los modos, situaciones o instrumentos de
que se valga el agente para asegurar el resultado excluyendo toda defensa y
consiguiente riesgo para su persona, se distinguen tres supuestos de asesinato alevoso.
La alevosía llamada proditoria o traicionera, si concurre celada, trampa o
emboscada; la alevosía sorpresiva, que se materializa en un ataque súbito o
inesperado; y la alevosía por desvalimiento, en la que el agente se aprovecha de una
especial situación de desamparo de la víctima que impide cualquier manifestación de
defensa.”59 encajando los hechos descritos que le costaron la vida al comisario
Camarasa en la denominada alevosía proditoria que encuentra lo que tal vez sería una
descripción más detallada en otra sentencia del mismo órgano judicial “La modalidad
alevosa puesta en práctica por el acusado responde a la
denominada "alevosía proditoria", equiparable a la asechaza, insidia, emboscada o
celada, en la que el agresor no se manifiesta a la víctima, permaneciendo oculto para
mejor ejecutar su plan letal, actuado en el momento propicio sobre seguro y sin riesgo
alguno para su persona que provenga de posibles reacciones del agredido o de un
tercero que acuda en su defensa.” 60
En este momento entra en juego la opción que se ha decidido escoger a la hora de
enjuiciar los hechos relacionados con la publicación con la imagen del fallecido ya que,
si se hubiera optado por la decisión de optar por el terrorismo como calificativo, por
alguna de las variables ya expuestas, no asumir dicha portada como un acto terrorista,
las consecuencias de este asesinato terminarían en este preciso punto; con una condena
de 15 a 25 años para el/la/los/las culpables de dicha acción. No obstante, si por la
contra, como es este caso particular, se ha decidido argumentar que, jurídicamente, de
acuerdo a la legislación actual, más allá de cualquier otro criterio, la publicación de la
portada supone un acto de terrorismo se deben realizar, también ahora, una serie de
precisiones.
Si como se redactaba, la amenaza hubiera sido enmarcada en un panorama de
terrorismo, se deberá hacer lo propio con la muerte que se supone, dicha publicación,
terminó provocando. Para ello y siguiendo el mismo razonamiento que cuando se
escribía sobre la relación de artículos que conllevaban a la condena por terrorismo;
entendiendo que esta muerte perseguía de algún modo subvertir el orden constitucional,
o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o
de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a
realizar un acto o a abstenerse de hacerlo o alterar gravemente la paz pública se debe
aplicar el contenido del art. 573 bis.1, en este caso la 1ª de las partes del mismo, donde
nos especifica que en casos como este, el acto de terrorismo será penado “Con la de
prisión por el tiempo máximo previsto en este Código si se causara la muerte de una
persona.”.
En ese caso y con el código penal actual, tras la reforma mediante LO del año 2015,
sería la pena de prisión permanente revisable: “No hay que olvidar que la reciente LO
1/2015, de 30 de marzo, reintroduce en nuestro ordenamiento, bajo la denominación de
prisión permanente revisable, una pena de prisión de duración indeterminada, o
perpetua ya que puede prolongarse hasta el fallecimiento del penado, y que, con
carácter general, exige un mínimo de 25 años para acceder a la primera revisión (art
59
STS 451/2009, del 27 de abril, Sala Segunda (TOL1.956.968)
60
STS 1721/2003, del 23 de diciembre, Sala Segunda (TOL352.312)
34
92 a), y en los supuestos más graves de treinta y cinco años (art 78 bis).” 61. Esta sería
entonces la condena que debería recaer sobre los autores materiales del asesinato.
En cuanto a la competencia para el enjuiciamiento de estos hechos, al seguir este
segundo hilo argumental y retrotrayéndonos al razonamiento empleado anteriormente,
al tratarse de un delito relacionado con el terrorismo y, cuya pena excede los 5 años,
sería la Sala de lo penal de la Audiencia Nacional.
El 20 de marzo de 2017 la Sala especial del Tribunal Supremo dicta sentencia en que
se declara ilegal “Fuerza y Acción” en atención, de acuerdo con su FJ 2 “a la manifiesta
contradicción de sus fines políticos con el conjunto de valores y principios que inspiran
la Constitución vigente y, en particular, con la igual dignidad y derechos de toda
persona”.
El proceso de ilegalización de un partido político es, a todas luces, uno de los actos
más delicados, por expresarlo de una manera sutil, a los que puede enfrentarse cualquier
sistema que se denomine a sí mismo democrático, libre y plural. La propia LO de
partidos políticos ya define estas asociaciones haciendo referencia a su especial
importancia en la exposición de motivos: “Por otra parte, aunque los partidos políticos
no son órganos constitucionales sino entes privados de base asociativa, forman parte
esencial de la arquitectura constitucional, realizan funciones de una importancia
constitucional primaria y disponen de una segunda naturaleza que la doctrina suele
resumir con referencias reiteradas a su relevancia constitucional y a la garantía
institucional de los mismos por parte de la Constitución.” en lo que podría ser
entendido como el desarrollo de las premisas que ya la constitución, en su art. 6 emplea
para referirse a estas organizaciones: “Los partidos políticos expresan el pluralismo
político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son
instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su
actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura
interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”
Pese a esa calificación de extremadamente delicado, en España, la disolución de
partidos políticos, se rige por un procedimiento que podría ser calificado como
61
STS 791/2016, del 20 de octubre, Sala Segunda (TOL5.856.903)
35
ordinario. Esto es, las resoluciones encaminadas a proclamar la ilegalidad de una
formación política no son tomadas por el TC sino por la sala especial del TS de acuerdo
a lo establecido en el art. 61.1 6º LOPJ “De los procesos de declaración de ilegalidad y
consecuente disolución de los partidos políticos, conforme a lo dispuesto en la Ley
Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos.” o la Audiencia Nacional en su
defecto si se tratase de temas relacionados con asuntos de terrorismo y bandas armadas
basándose en el mismo argumento, fundamentado en la disposición transitoria única de
la ley 8/1988 como en el caso de las canciones analizadas al principio de este trabajo.
Esta situación es, cuanto menos problemática a la hora de intentar hacer una valoración
de la definición y los roles que la carta magna y la ley de partidos otorga a las
instituciones políticas privadas por antonomasia y el tratamiento que luego, a la hora de
ejecutar medidas penales contra estos, se les da.
No obstante, no son pocos los autores que no comparten esta visión y que ven en las
causas de disolución de la LO 6/2002 solamente “causas de anticonstitucionalidad, en
cuanto constituirían ataques a los principios y valores de la carga magna y su
disolución judicial supone, en realidad, una verdadera declaración de
inconstitucionalidad del partido político en cuestión […] podría decirse entonces que
la Ley vendría a establecer un sistema de inconstitucionalización de los partidos
políticos.”62
Una vez señalada la dudosa naturaleza ordinaria del proceso de disolución de
partidos debemos incidir y adentrarnos en el propio proceso que, en el sistema judicial
español se manifiesta de dos maneras diferenciadas y, para la jurisprudencia española,
compatibles entre sí. Estas son la vía penal “Cuando incurra en supuestos tipificados
como asociación ilícita en el Código Penal.” (art 10.2 a)) y la vía civil “Cuando
vulnere de forma continuada, reiterada y grave la exigencia de una estructura interna y
un funcionamiento democráticos, conforme a lo previsto en los artículos 7 y 8 de la
presente Ley Orgánica o cuando de forma reiterada y grave su actividad vulnere los
principios democráticos o persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o
imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante las conductas a que se
refiere el artículo 9.” (art. 10.2 b) y c)). En el caso estudiado, leyendo la resolución
judicial que se aporta con el supuesto de hecho, nos encontraríamos ante una vía de
disolución civil, motivada por el argumentario del art. 10.2 c) y basándose en la citada
búsqueda de la destrucción del sistema establecido. Algo que, por otra parte, los
miembros de FyA nunca se molestaron en ocultar o negar, más bien se vanagloriaban de
dichas posturas políticas.
En relación con esta serie de actitudes la jurisprudencia del TS es meridianamente
clara y no deja lugar alguno a la posibilidad, independientemente de la opinión que cada
cual pueda tener, de la cabida de esta serie de fuerzas en el sistema político español:
“las ideologías son en el ordenamiento constitucional español absolutamente libres y
deben encontrar en el poder público la primera garantía de su indemnidad, a la que no
pueden aspirar, sin embargo, quienes se sirven para su promoción y defensa de medios
ilícitos o violentos y se sirven de la intimidación terrorista para la consecución de sus
fines. Son esos medios y no las ideas o los objetivos políticos pacíficamente perseguidos
a los que está destinada la reacción del poder público en defensa del marco de
convivencia pacífica diseñado por el constituyente para que en él tengan cabida todas
las ideas.”63. Es decir, el TS pretende asentar, más que una suerte de ideologías básicas,
los medios apropiados para defenderlas de una manera que no se produzcan colisiones
62
FERREIRO BAAMONDE, X.: El proceso de disolución de partidos políticos, Iustel, Madrid, 2008, pp.
35 y 37
63
STC 99/2004, del 27 de mayo, Sala Primera (TOL409.917)
36
irreparables que conduzcan a la supresión de libertades esenciales recogidas incluso por
organismos internacionales: “La única exigencia que se impone al pluralismo político
por el propio Texto constitucional, en plena sintonía con el Convenio de 4 de
noviembre de 1950, para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades
Fundamentales, es que la defensa de sus postulados por los partidos políticos debe
hacerse respetando la legalidad y por cauces democráticos, nunca a través de la
violencia ni cercenando derechos fundamentales de los demás, esto es, jamás
aprovechándose de un marco constitucional, como es el derivado de nuestra Norma
Suprema, para lesionar unos derechos fundamentales de la persona que ostentan un
nivel no inferior de protección. Así lo indicábamos en la Sentencia de esta Sala de 27
de marzo de 2003.”64.
Una vez aclarada la naturaleza de este proceso y recibida la sentencia toca analizar
las consecuencias que, de facto, tendrá dicha sentencia. Como síntesis es correcto
afirmar que “La disolución del partido político implicará, necesariamente, la pérdida
de personalidad jurídica del mismo. […] En consecuencia, el partido disuelto perderá
toda su capacidad para ser titular de relaciones jurídicas y de derechos y obligaciones
y deberá cesar en todas sus actividades de carácter político y asociativo.” 65. Esto es, a
todos los efectos, la destrucción social del partido para evitar una posible continuación
de las actividades ilícitas que se estaban llevando a cabo en su estructura. Como parte de
esta citada eliminación social del partido lleva aparejado conforme a lo establecido en el
art 12.1 c) de la LOPP, la apertura de un proceso para la liquidación del patrimonio, que
se efectuará por unos liquidadores designados por la Sala Especial del TS y cuyo fin no
se entiende como recaudatorio, al tener que destinarse el montante total a causas de
objeto humanitario si este resultara positivo, sino como un encauzamiento a unos fines
adecuados de los medios que el partido posee.
Si bien en cuanto a lo que al partido se refiere la norma es, sin estar exenta de la
polémica ya escrita, clara; tampoco se deja demasiado lugar a la interpretación en lo que
a los individuos se refiere. Esto es, militantes que podrían participar en diferentes
candidaturas o integrases en otras asociaciones políticas porque, en palabras del Juez
Garzón “no se trata de suspender las actividades de un partido político para privar a
los ciudadanos de un medio de expresión (libertad de expresión), o de participación
democrática (libertad ideológica), sino que es ese mismo grupo, el que, a través de sus
responsables, quebrantando las normas que permiten su existencia legal, violenta a los
propios ciudadanos, situándose fuera de la ley, privándoles del ejercicio de aquellos
derechos; y, esa situación, debe ser así declarada, y desde luego no consentida, porque
su sostenimiento perjudica y agrede a todos los demás y al ordenamiento jurídico.”66.
En el mismo ámbito se encuentran los posibles efectos que pudiera tener una
declaración de ilegalidad sobre unos cargos electos, como el caso que nos ocupa,
diputados Theo y Alexis.
No es posible asimilar una sanción penal que de algún modo incluya la suspensión
de sus cargos como diputados aun siendo la formación que los haya llevado hasta ese
puesto declarada ilegal. Como bien recoge el texto constitucional en su art. 67.2 “Los
miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”, es
decir, el mandato de diputado es de carácter individual y por lo tanto la relación del
diputado electo con el partido político una vez ha sido elegido este no puede guardar
más vinculo que el simbólico, pero en ningún caso transportar consecuencias jurídicas.
Tampoco la LOPP incluye ninguna referencia explícita a la perdida de la condición de
64
STS, del 26 de marzo de 2005, Sala Especial (TOL590.597)
65
FERREIRO BAAMONDE, X.: El proceso de disolución de partidos políticos, op. cit., p. 120.
66
Auto AN, del 26 de agosto de 2002 (TOL172.274)
37
cargo electo por mor de la ilegalización de un partido político por lo que, ateniéndonos
al principio de autonomía reglamentaria de las cámaras recogido en el art. 72 CE “Las
Cámaras establecen sus propios Reglamentos, aprueban autónomamente sus
presupuestos y, de común acuerdo, regulan el Estatuto del Personal de las Cortes
Generales. Los Reglamentos y su reforma serán sometidos a una votación final sobre
su totalidad, que requerirá la mayoría absoluta.” y observando la ausencia de una
referencia como la que sería necesaria para dicha perdida de condición en el art. 22 del
reglamento del CC. DD. donde se enuncian las causas de perdida de la condición de
diputado “El Diputado perderá su condición de tal por las siguientes causas:
1. Por decisión judicial firme que anule la elección o la proclamación del Diputado.
2. Por fallecimiento o incapacitación del Diputado, declarada ésta por decisión
judicial firme.
3. Por extinción del mandato, al expirar su plazo o disolverse la Cámara, sin
perjuicio de la prórroga en sus funciones de los miembros, titulares y suplentes, de la
Diputación Permanente, hasta la constitución de la nueva Cámara.
4. Por renuncia del Diputado ante la Mesa del Congreso.” se puede deducir que, a
todos los efectos Theo y Alexis mantienen su condición de diputados en las CC. GG.
No se debe obviar que, en palabras de la citada jurisprudencia la idea de este proceso
de ilegalización es evitar una serie de actividades que se consideran perjudiciales para el
sistema de libertades actual, no mantener fuera del ámbito parlamentario ningún tipo de
ideas en concreto.
Caso diferente serían las posibles consecuencias sobre un hipotético grupo
parlamentario que hubiera surgido tras las elecciones en representación de FyA. En esa
situación el TS podría, porque ya lo ha hecho en otras ocasiones, autorizar la supresión
de dicho grupo, aunque la ley nada establece en torno a esa prerrogativa que se otorgan.
De todos modos, Theo y Alexis, como únicos cargos electos tras las elecciones
generales y, en base a lo establecido en el art. 23.1 del reglamento del C.DD. “Los
Diputados, en número no inferior a quince, podrán constituirse en Grupo
Parlamentario. Podrán también constituirse en Grupo Parlamentario los Diputados de
una o varias formaciones políticas que, aun sin reunir dicho mínimo, hubieren obtenido
un número de escaños no inferior a cinco y, al menos, el quince por ciento de los votos
correspondientes a las circunscripciones en que hubieren presentado candidatura o el
cinco por ciento de los emitidos en el conjunto de la Nación.” no cumplen los requisitos
necesarios para la fundación de dicho grupo de modo que no es relevante a la hora del
estudio de las consecuencias.
Notificada la anterior sentencia a “Fuerza y Acción”, ésta interpone recurso de
amparo ante el Tribunal Constitucional por vulneración del derecho a la participación
política.
El TC como máximo intérprete de la CE ha sido cargado con una figura de especial
naturaleza, denominada Recurso de Amparo y recogido en el art. 43 de la LO 3/1979
del TC de la siguiente manera “Los derechos y libertades reconocidos en los artículos
catorce a veintinueve de la Constitución serán susceptibles de amparo constitucional,
en los casos y formas que esta Ley establece, sin perjuicio de su tutela general
encomendada a los Tribunales de Justicia. Igual protección será aplicable a la
objeción de conciencia reconocida en el artículo treinta de la Constitución.”. Esta
figura puede ser definida también como la única vía judicial perteneciente a una suerte
de jurisdicción alternativa que se puede encontrar en el derecho español, la
constitucional.
La base del recurso de amparo que Theo y Alexis presentan pretende fundamentarse
en la supuesta violación de su derecho de participación política, recogido en el art. 23
38
CE en sus puntos 1 y 2 “Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos
públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en
elecciones periódicas por sufragio universal. Asimismo, tienen derecho a acceder en
condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que
señalen las leyes.”. No obstante, el recurso tiene dudosos visos de prosperar ante dos
obstáculos fundamentales: En primer lugar, que los derechos de participación recogidos
en el art. 23 CE no se pueden ver limitados a una posición institucional como bien
indica el propio TC “en relación con el derecho a participar en los asuntos públicos a
que se refiere el artículo 23.1 de la Constitución Española. Se entiende, pues, y
expresamente así se afirma, que en el art. 23.1 CE no se incardinan "sólo los estrictos
derechos de participación en las instituciones propias de la organización de un Estado,
sino todos aquéllos que se reputan como fundamentales de la persona con amparo en
la Constitución Española, a través de los cuales tal persona participa en los asuntos de
la comunidad”67. En segundo lugar que no se persigue, a tenor de lo descrito por el
tribunal y la jurisprudencia, la participación política de sus ideas, sino la serie de
actividades consideradas indeseables y ligadas a la asociación ilegalizada ya que,
entraría en colisión con otra serie de derechos fundamentales.
La resolución de este tipo de recursos, de acuerdo con lo establecido en el art. 53 de
la misma ley solo puede implicar un otorgamiento o una denegación del amparo. Ante
una denegación del recurso por medio de la correspondiente sentencia la ley no deja
lugar a dudas “Contra las sentencias del Tribunal Constitucional no cabe recurso
alguno, pero en el plazo de dos días a contar desde su notificación, las partes podrán
solicitar la aclaración de las mismas.” (art. 93.1 LO 3/1979) con lo que se podría
interpretar que ante una posible denegación del amparo solo cabría una revisión de la
misma mediante el sistema de aclaración: “Ahora bien, la interpretación que el
Tribunal ha realizado del concepto mismo de aclaración resulta muy restrictiva, en
coherencia con lo previsto en el art. 267 LOPJ, impidiendo que este mecanismo
procesal extraordinario sirva para modificar el contenido mismo de sus resoluciones”68.
No obstante, si existe una opción jerárquicamente superior a la posible resolución del
TC mediante el amparo. España, como estado parte firmante del Convenio para la
Protección de los Derechos y Libertades Fundamentales se acoge a una posible
resolución emanada por parte del TEDH. Este organismo, sin embargo, no emitirá un
recurso contra la sentencia que haya podido publicar el TC con respecto al amparo de
Theo y Alexis. Según el art. 34 del propio convenio “El Tribunal podrá conocer de una
demanda presentada por cualquier persona física, organización no gubernamental o
grupo de particulares que se considere víctima de una violación, por una de las Altas
Partes Contratantes, de los derechos reconocidos en el Convenio o sus protocolos. Las
Altas Partes Contratantes se comprometen a no poner traba alguna al ejercicio eficaz
de este derecho.” es decir, resolverá sobre la posible violación de la que la parte se
declare víctima, no sobre una sentencia anterior. A pesar de esto existe una relación
directa entre esta posible vía supranacional y el citado recurso ante el TC ya que, en el
art. 35.1 del mismo convenio se especifica que “Al Tribunal no podrá recurrirse sino
después de agotar las vías de recursos internas, tal como se entiende según los
principios de derecho internacional generalmente reconocidos y en el plazo de seis
meses a partir de la fecha de la resolución interna definitiva.”. La relación entre el
amparo y el posible recurso ante el TEDH como vía superior nace, no de la vinculación
entre sentencias sino de la necesidad de agotamiento de todas las vías nacionales previas
67
STC 167/2001, del 16 de julio, Sala Segunda (TOL277.823)
68
PÉREZ TREMPS, P.: El recurso de amparo, Tirant lo Blanch, Valencia, 2004, p. 334.
39
a la posibilidad de presentar el recurso. Es lo que se conoce como un requisito de
procebilidad.
Esta sería pues, ante la imposibilidad material de recurrir a nivel interno una
sentencia del TC, la vía más apropiada si se quisiera obtener una resolución favorable
ante la negativa de un recurso de amparo.
3) CONCLUSIONES FINALES.
40
1. Consecuencias de la declaración de ilegalidad de “Fuerza y Acción” y, en
particular, sobre la condición de diputados de Theo y Alexis
Los hechos y situaciones que se darán tras la ilegalización de FyA no son, a priori,
tan destacados como podría parecer tras un primer análisis. La más directa consecuencia
será la pérdida de la personalidad jurídica por parte del partido, que debe disolverse,
amén de suprimirse todas las relaciones que este hubiera creado o que tuviera en activo
en ese momento. Del mismo modo, se procederá a la liquidación material de los bienes
que el partido, que recordemos consiguió la nada desdeñable cantidad de 12.000
afiliados, hubiera podido obtener. Estos deben ser reinvertidos en causas con fines
humanitarios como acción reconductora de la actividad del partido declarado ilegal por
la sentencia.
En lo que involucra a los dos raperos, diputados a posteriori, la ilegalización del
partido no supondrá en ningún caso la pérdida de su condición de diputados, como
cargos electos que son ni para Theo ni para Alexis. Es imperioso resaltar la
individualidad del cargo electo en nuestro sistema electoral, un cargo que no está sujeto
a mandato imperativo y que, por lo tanto, pertenece al diputado a título exclusivo. Por
ello la ilegalización del partido no surte efecto alguno sobre el individuo.
Del mismo modo, al no haber formado en el C.DD. un grupo parlamentario propio por
no cumplir los requisitos necesarios para dicha acción tampoco sucederá nada relevante
en cuanto a la organización de su agenda como representantes políticos que son.
41
De todos modos, se hace la precisión, en este caso, de que, atendiendo al historial
jurisprudencial en España, en un tema como es el de la libertad de expresión que, puede
que esté más de actualidad que nunca en nuestros días por todas las causas relacionadas
con manifestaciones en las redes sociales de que; con una gran seguridad ambos raperos
afrontarían penas de prisión. Estas serían relacionadas con delitos de incitación al odio,
que tan problemáticos resultan a mi entender por la multitud de factores, arbitrarios
incluso en ocasiones, que entran en juego a la hora de delimitar y determinar estos
llamados “delitos de clima” y acarrearían penas desproporcionadas a todas luces que
superarían a las que llevan aparejadas otros delitos que, al menos socialmente, parecen
tener mayor relevancia.
42
manera clara y directa al honor de las personas que se encontraban en ese momento en
un espacio especialmente destinado al culto de dicha religión.
La otra acción penal cometida es calificada como un delito de riña tumultuaria, no
sin aclarar las posibles dudas que puedan existir por le hecho de suponer casi una
emboscada por parte del grupo encabezado por Alexis hacia los musulmanes
concentrados en la mezquita. Ante la imposibilidad de determinar de manera concreta
los autores materiales de dichas lesiones se procede a usar esta figura penal de carácter
generalista a fin de evitar una sensación de impunidad ante los hechos acaecidos.
8. En caso de que exista responsabilidad de Theo y Alexis por alguno de los anteriores
hechos, ¿cuáles serían los sucesivos pasos procesales a seguir? ¿qué órganos
jurisdiccionales serían competentes?
La competencia para enjuiciar a Theo y Alexis varía dependiendo del punto
cronológico al que nos refiramos. En un primer momento, en la problemática penal
surgida del contenido de sus canciones será la Audiencia Nacional la encargada de,
acorde con la ley al tratarse de asuntos relacionados con terrorismo, enjuiciar a Theo y
Alexis.
No obstante, cuando los dos raperos adquieren la condición de diputados, de manera
completa, pasan a disponer de la prerrogativa de la inmunidad parlamentaria, creada
para garantizar la no judaización de la vida parlamentaria. Por este motivo sería preciso
43
recurrir a la figura del suplicatorio, esto es, que la cámara a la que pertenecen, el
Congreso de los Diputados en su caso, autorice el enjuiciamiento de los dos diputados
por parte del Tribunal Supremo que es, siempre en estos casos, el competente para
conocer de los posibles delitos e investigaciones relacionadas con diputados sobre los
que se ha concedido el permiso a proceder penalmente.
44
4) BIBLIOGRAFÍA.
- DÍAZ LÓPEZ, J. A.: El odio discriminatorio como agravante penal, sentido y alcance
del artículo 22.4ª CP, Aranzadi, Navarra, 2013, p. 77.
- DOLZ LAGO, M. J.: “Los delitos de odio en el código penal tras la modificación
operada por lo 1/2015. Breve referencia a su relación con el delito del art. 173 CP”, p.
29.
- HERRERA DEL REY, J. J.: “La imputación injusta: el principio calumnia que algo
queda” en Revista La Toga del colegio de abogados de Sevilla, nº 177, Sevilla, 2010, p.
33.
- LEWIS, A.: Freedom fot the thought that we hate, Basic books, New York, 2007, p.
IX.
45
- LLOBET ANGLÍ, M.: “Amenazas y chantaje” en “Memento práctico penal 2016”
(MOLINA FERNÁNDEZ, F. Dir.), Ed. Francis Lefebvre, Madrid, 2016, p. 873.
- PÉREZ TREMPS, P.: El recurso de amparo, Tirant lo Blanch, Valencia, 2004, p. 334.
- WALDRON, J.: The harm in hate speech, Harvard university press, Cambridge, 2012,
p.106.
46
5) APÉNDICE JURISPRUDENCIAL.
47