Texto Expositivo sobre La Convivencia Armoniosa
Introducción
La convivencia armoniosa dentro de los centros educativos constituye uno de los
principales factores que inciden en la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje y en
el desarrollo integral de los estudiantes. Dicha convivencia se construye sobre prácticas
que implican respeto, diálogo y colaboración mutua, así como sobre la aplicación
consciente de valores éticos y morales por parte de los actores escolares. Estos valores no
solo orientan el comportamiento individual, sino que además definen las dinámicas
colectivas en la institución, impactando directamente en el clima laboral y el logro
educativo (González, 2010; Isla, 2011).
Diversos estudios, tanto teóricos como empíricos, demuestran que el deterioro de la
convivencia escolar está estrechamente vinculado a la falta de estrategias de
comunicación efectiva, al debilitamiento del respeto mutuo y a una gestión inadecuada de
los conflictos. Esto no solo genera tensiones entre el personal educativo, sino que afecta
la percepción de los estudiantes sobre la justicia, el liderazgo y el modelo de ciudadanía
dentro de la escuela (Sevilla Galán, Herrera Soto & Gutiérrez López, 2019). En este
contexto, se vuelve crucial reflexionar sobre prácticas concretas que contribuyan al
fortalecimiento de una convivencia pacífica y sostenible en el ámbito educativo.
Desarrollo
Uno de los aspectos clave para alcanzar la convivencia armoniosa es la comunicación
efectiva. Esta se basa en la capacidad de los actores escolares para expresar con claridad
sus ideas y emociones, al tiempo que escuchan activamente y brindan retroalimentación
constructiva. Sin embargo, investigaciones realizadas en instituciones educativas como el
Liceo Cristiano Bethesda evidencian que, aunque los docentes y directivos reconocen la
importancia de la comunicación, muchas veces esta no se da de forma adecuada, lo que
provoca malentendidos y conflictos laborales (López Gutiérrez, Garmendia Herrera &
Reyes Varela, 2022).
Según Puerta (2018), la comunicación efectiva debe ser participativa, horizontal y
orientada a la cooperación, especialmente en contextos educativos donde se busca formar
ciudadanos críticos. Desde esta perspectiva, los equipos directivos deben fomentar
espacios permanentes de diálogo y evaluación, donde la voz de los docentes sea valorada,
y se genere un clima de confianza que permita corregir desaciertos y mejorar
continuamente las prácticas pedagógicas (Marín Espinoza, Ticay Guadamuz & Palma
Ruiz, 2020).
El segundo eje fundamental es el respeto mutuo, valor que se manifiesta en la aceptación
de las diferencias, la promoción de la equidad y el reconocimiento del otro como sujeto
digno. El respeto, tal como lo plantea Vicente (2018), es la base de cualquier relación
ética, ya que permite la coexistencia pacífica en un entorno diverso. En los estudios de
Benza Távara (2016) y Mendoza Rián (2014), se evidencia que una cultura institucional
basada en el respeto promueve relaciones laborales más sólidas, reduce el estrés
profesional y mejora el desempeño colectivo.
En instituciones donde no se practica el respeto mutuo, se presentan situaciones de
discriminación, abuso de poder o indiferencia, que afectan no solo el bienestar del
personal, sino también la imagen institucional y la experiencia educativa de los
estudiantes (Pavón, Paisano & Góngora, 2014). Por ello, es fundamental que el liderazgo
educativo promueva este valor desde el ejemplo, tal como lo establece el Código de
Conducta Ética de los Servidores Públicos (Asamblea Nacional, 2009), destacando la
honestidad, la integridad y la justicia como principios rectores del servicio público.
El tercer elemento crucial es la resolución de conflictos, entendida como un conjunto de
habilidades y disposiciones para identificar, abordar y transformar desacuerdos de
manera no violenta. Como sostienen Rivera y Soza (2016), muchos de los conflictos en el
ámbito escolar no se originan por diferencias profundas, sino por la falta de habilidades
para gestionarlos. De la Peña Cadenas (2014) añade que una cultura de paz debe incluir
formación continua en estrategias de mediación, negociación y empatía.
Asimismo, el acompañamiento pedagógico a docentes noveles, tal como lo documentan
López Gutiérrez y Aragón Sánchez (2019), puede convertirse en un espacio privilegiado
para enseñar prácticas de resolución de conflictos y liderazgo emocional. En este sentido,
el enfoque de la convivencia escolar no puede ser meramente correctivo, sino preventivo,
integrando la educación emocional, los valores y la formación ética como ejes
transversales del currículo (Gentile, 2019; Gómez, 2011).
Conclusión
La convivencia armoniosa en los espacios educativos no es un resultado espontáneo, sino
el fruto de una construcción constante basada en valores éticos, prácticas colaborativas y
liderazgo comprometido. La evidencia muestra que la comunicación efectiva, el respeto
mutuo y la resolución de conflictos son pilares fundamentales para garantizar un clima
institucional saludable y una formación integral. Implementar estrategias metodológicas
centradas en la convivencia, fortalecer el acompañamiento pedagógico y cultivar una
cultura ética en todos los niveles de la comunidad educativa son desafíos ineludibles en la
actualidad. Lograrlo no solo impacta el ambiente laboral, sino que transforma
profundamente la vida escolar y social de los estudiantes.
Referencias
López Gutiérrez, B. A., Garmendia Herrera, I. A., & Reyes Varela, B. S. (2022). Práctica
de valores éticos y morales del equipo directivo y docente, y su incidencia en el ambiente
laboral del Liceo Cristiano Bethesda del turno matutino, durante II semestre del año 2021
[Tesis de licenciatura, UNAN-Managua]. UNAN-Managua.
Sevilla Galán, E. A., Herrera Soto, E. S., & Gutiérrez López, M. J. (2019). Estrategias
metodológicas para la convivencia escolar [Tesis de licenciatura, UNAN-Managua].
UNAN-Managua..